Muere Sandro, la primera estrella pop de América Latina

6 Ene

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por Carlos Fuentes

Siempre apareció radiante en las tapas de sus discos. Guapería con sonrisas brillando bajo sus peinados de pladur negro. Con planta de novio ideal, el sueño del suegro perfecto. Pero más allá de las pintas, Sandro –en realidad Roberto Sánchez Ocampo (Buenos Aires, 1945)– codificó como pocos el alma del argentino medio. Pionero del rock cantado en español y más tarde superhéroe de la canción romántica, estaba allí donde medio siglo atrás apareció el beat porteño. Con los pioneros, en el baño ya legendario de La Perla de Once: Tanguito, Litto Nebbia y Luis Alberto Spinetta, Manal y Los Gatos; con Miguel Ángel Peralta sentado en La Cueva armando Los Abuelos de la Nada. Sandro adaptaba a las estrellas norteamericanas (de Bill Haley a Jerry Lee Lewis) y, desde su debut en 1963 junto a Los De Fuego con una versión de Elvis Presley (You’re the devil in disguise, reconvertida en Eres el demonio disfrazado), cargó con un apodo, el Elvis latino, que terminó por imponerse al de Gitano.

La fiesta rock duró diez años. Porque Sandro encontró una veta que no había visto nadie en la canción romántica, de la balada al bolero descafeinado. Desde finales de los años sesenta su progresión como fenómeno de masas fue imparable. La leyenda dice que fue el primer latino al que una mujer lanzó su ropa interior al escenario. Lo cierto es que sí fue el primer artista latino en llenar el Madison Square Garden de Nueva York en una de las primeras transmisiones vía satélite de una actuación musical. “Tenía swing y gran sensualidad. Se convirtió en una estrella masculina puntera, la primera de la canción melódica latina”, explica Claudio Gabis, fundador de Manal y afincado en Madrid. “Quizá su estilo rockero se terminó por desdibujar, pero como ídolo latino fue el primero, sobre todo para la mujer”. En 1970, anota Gabis, Sandro era la imagen de moda en las tiendas de discos de Nueva York. “Ya estaba por todas partes; Ricky Martin, Chayanne o Alejandro Sanz no se entienden ahora sin Sandro”. Tampoco fenómenos de masas como Julio Iglesias, Roberto Carlos o Raphael.

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Olvidado un tiempo, reivindicado con orgullo desde los años ochenta, con programa de televisión incluido (Querido Sandro) y la aristocracia del rock argentino citándolo en voz alta (Charly García, Pedro Aznar, León Gieco, Bersuit Vergarabat…), Sandro reapareció en directo en 1993 con dieciocho recitales consecutivos en el teatro Gran Rex de Buenos Aires. Sumó 60.000 espectadores, récord aún vigente. Luego cantaron por él bandas de pedigrí contemporáneo como Divididos y Los Fabulosos Cadillacs, logró el premio Grammy Latino por toda una carrera y hasta El Puma, que adoptó su nombre por una canción de Sandro, se apuntó al baile de homenaje. Se sabía que la salud no lo acompañaba, pero ya es triste que una crisis séptica haya marchitado la imagen resplandeciente del primer cantante que creyó en el pop latino.

Publicado en el diario Público en enero de 2010

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