La gran dama del bolero cubano

3 Sep

OLGA GUILLOT

Por Carlos Fuentes

Su nombre fue borrado de los libros oficiales, apenas fue citada en diccionarios musicales. Y su voz profunda, imponente, desapareció de la radio y las vitrolas cubanas. Pero quedó para siempre grabada a fuego, de San Antonio a Maisí. En Miami, donde se exilió hace cincuenta años, falleció el 12 de julio la auténtica reina del bolero cubano, Olga Guillot. Tenía 87 años.

Nieta de tenor e hija de soprano, debutó en La Habana con su hermana en el dúo Hermanitas Guillot. En 1944 se unió al conjunto Siboney de Isolina Carrillo y actuó en el cabaret Zombie. Al año siguiente debutó en disco con una versión de Stormy Weather. En 1946, Miguelito Valdés la invitó a grabar boleros en Nueva York, donde coincidió con Mario Bauzá, Arsenio Rodríguez y Machito. En 1948 rodó la película mexicana La Venus de Fuego y poco después grabó su primer éxito, el bolero de Chamaco Domínguez Miénteme. En 1958 viajó a Francia, donde compartió cartel con Edith Piaf como luego hizo con Sinatra. Fue la primera cantante latina que actuó en el Carnegie Hall. De vuelta a Cuba, su fama creció con piezas rotundas como Tú me acostumbraste, La noche de anoche y Vete de mí. En televisión presentó El Show de Olga Guillot, y fue artista principal en el cabaret Tropicana, donde cantó con Nat King Cole.

Salió de Cuba en febrero de 1961 y se estableció en México con la hija que tuvo con el compositor René Touzet. Allí rodó otra docena de películas. Ganó catorce discos de oro y diez de platino. Radicada en Miami, su genio se apagó hasta que, con el resurgir del bolero en Buena Vista Social Club, reclamó su lugar. Faltaba Yo (2001) la devolvió a los escenarios y el mundo supo otra vez del temperamento hecho canción. No era la Guillot un carácter cualquiera: en Madrid se negó a suspender un concierto tras caerse en el hotel. “¿Suspender el show? Antes muerta”. Cantó, y triunfó, con dos costillas rotas. Después volvió el silencio, hasta que un infarto acabó con su voz de hormigón. Medios oficiales cubanos ignoraron la noticia de su muerte. Pero Olga Guillot deja una autobiografía inédita. Pondrá las cosas en su sitio. Ya lo recordó su hija en el velatorio: “Antes de ella, las mujeres no habían escuchado en escena los reproches que una mujer le hace a un hombre”.

Publicado en la revista Rockdelux en septiembre de 2010

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