Enamorado de la vida (aunque a veces duele)

6 Ene

MARIO PACHECO

por Carlos Fuentes

En un país huérfano de grandes productores, Mario Pacheco brilló sobre la medianía durante el último cuarto de siglo. Con ingenio y entusiasmo timoneó la renovación del flamenco, amplió miras más allá de las fronteras y logró lo que cualquier disquero sueña: vender música por prestigio de marca. Nuevos Medios, el sello que creó en 1982, atesora un catálogo crucial para el universo independiente.

Leyenda de su tiempo, Mario Pacheco Villarejo (Madrid, 1950-2010) vivió la vida que quiso, a caballo entre su inicial pasión por la fotografía y la dedicación a tiempo completo en labores de producción discográfica y promoción musical. Catalizador de la escena cultural que tuvo delante, siempre persona antes que personaje, su ojo de francotirador de vanguardia situó en órbita sonidos que casi nadie había escuchado antes, amparó artistas esquinados en lo marginal y, con el timón firme del entusiasmo, faenó en aguas internacionales para acercar grupos y álbumes que permitieran mirar más allá de la punta del muelle en la España que llegó después de la dictadura. Pasará a la historia por su proyecto más logrado, la disquera Nuevos Medios, que creó en 1982 para dar salida a las nuevas generaciones del flamenco que tocaban a la puerta detrás de Caracol, Camarón y Paco de Lucía. Pero Mario Pacheco, antes que nada buena gente, también se caracterizó por su desobediencia a corsés sociales, a divisiones por cuestión de raza, origen social o nivel económico. Tanta atención prestaba al nuevo álbum de Keith Jarrett como a la ocurrencia juvenil de unos gitanos que venían a revolucionar los conceptos rígidos del flamenco. Cuesta, y mucho, escribir en pasado, pero esta es la historia del hombre que sacudió la caspa cutre de la espalda al nuevo patrimonio inmaterial de la humanidad.

EL FOTÓGRAFO DE WIGHT

En 1970, Pacheco se escapó del verano de Londres para su primera audacia. Bajó hasta la isla de Wight para fotografiar la tercera edición del festival hippie. Y aquel 31 de agosto captó la salida a escena de Jimi Hendrix, primera de sus imágenes icónicas. Lo recordó dos semanas antes de fallecer en conversación con Diego A. Manrique para El País: “Llevaba un carrete y una Rolleiflex, nada adecuada para un foso lleno de gente. Iban pasando Moody Blues, Jethro Tull y muchos más; yo esperé y pillé a Hendrix en una pose perfecta”. Otro mito, ya español, también cayó en su objetivo. En 1979, PolyGram pensaba envolver a Camarón en una imagen de discoteca, estilo Los Chichos, para la portada del transgresor álbum La Leyenda del Tiempo. Pero Mario Pacheco ofreció una alternativa: un humeante perfil en claroscuro del cantaor de la Isla que se ganó el apoyo del productor Ricardo Pachón. Años después siguió retratando a sus jóvenes flamencos, hasta que en 2007 plasmó en crudo blanco y negro a Los Planetas para La Leyenda del Espacio. “De todos los que empezaron con sellos independientes en los 80, Mario fue el más íntegro y siempre se mantuvo fiel a sus principios, a su independencia”, dijo J tras conocer su fallecimiento, ocurrido el pasado 25 de noviembre en Madrid.

PROMOTOR DE LO IMPOSIBLE

Como era difícil vivir del arte (y lo intentó como promotor de conciertos para Smash, Silvio, Toti Soler o Sisa en universidades y colegios mayores, incluso en un garaje junto a Iván Zulueta), Pacheco conectó con Edigsa y amplió al sur el catálogo del sello barcelonés. En 1971 debutó como productor con Pau Riba, al que grabó Jo, la dona i el gripau apenas con un magnetófono Nagra. “Pau quería grabar en su casa de Formentera, donde no tenía luz ni agua ni nada, y en Edigsa dijeron: “A ver cómo se las apaña este tío para producir el disco”. Yo lo monté todo como pude, con medios pedestres, pero conseguimos terminar el trabajo”, recordó en 2001 a Luis Lapuente. Tras salir de Edigsa (“rechazaron a Alaska y Paraíso, me cortaron las alas. Ya no me divertía, y me largué”), Mario Pacheco se lanzó a la autogestión: nacía Nuevos Medios. Punto y aparte.

Como distribuidor, primero logró licencias de Hannibal, ECM y Rough Trade. Con Tony Wilson sumó a Factory Records, el mítico sello que agitó el baile en The Haçienda: “Nuestra relación nació de la manera más insospechada. Había oído cosas suyas, no sé cómo conseguí el teléfono, arreglé una cita y me planté en Manchester para cerrar un trato. Allí ni sabían lo que era España, creo que fui el primer español que veían. Cuando llegué se acababa de morir Ian Curtis, pero yo ni lo sabía. Vino a esperarme Tony Wilson a la estación y la relación fue divina desde el principio. Entre nosotros no había facturas ni promoción, éramos marginales de verdad, casi antisistema. Factory era independiente con todas las consecuencias; no querían hablar más que con un tipo como yo, un español que no sabían ni quién era, nada de multinacionales”. En 1983, siete minutos y medio hicieron historia. El maxi Blue Monday, de New Order, se vendió como pan dulce y esas cincuenta mil copias permitieron que Nuevos Medios impulsara su flanco editorial sin abandonar catálogos de Stax, Fania, Egrem, World Circuit, Melopea o Discos Fuentes. Mérito suyo es el aprecio español por artistas como The Smiths, Violent Femmes, Happy Mondays, Bola de Nieve, Spinetta, Litto Nebbia, Ali Farka Touré, María Teresa Vera, Benny Moré…

EL DIRECTOR DEL SILENCIO

Aunque se estrenó en 1982 con el sencillo Coplas Retrógradas, de Chicho Sánchez Ferlosio, el camino editorial de Nuevos Medios ganó velocidad con su apuesta por el flamenco y el jazz. Con su compañera, Cucha Salazar, Pacheco frecuentaba garitos de lo jondo (“no teníamos dinero y nos quedábamos en la barra”), donde firmó a Pepe Habichuela. Y el guitarrista marcó el rumbo: Pata Negra (Blues de la Frontera, mejor disco español de los años 80 para la revista Rockdelux), Ketama… Nacía el nuevo flamenco: Ray Heredia, La Barbería del Sur, Martirio, José El Francés, Miguel Poveda, Mayte Martín, Diego Carrasco, Duquende, Tomasito, Willy Giménez y Chanela, Son de la Frontera… “Al principio”, recordaba su ideólogo, “el público se lo tragaba, pero los medios no. Y los músicos tampoco tanto. No estaba tan preparado nadie, ni nosotros”. Tampoco fue fácil, sin confundir al público, combinar la apuesta por el flamenco con el acercamiento a la nueva ola. Vaya, la Movida. “Al principio me parecía una chorrada, pero luego nos dimos cuenta de que estaba bien, de puta madre. Recapacité y fiché a Golpes Bajos y a La Mode. No eran pop anglosajón, no eran ni pop ni rock en realidad, y tenían cierto componente literario, lírico”. Con El Eterno Femenino, segundo disco de La Mode, Pacheco rozó lo perfecto y con Golpes Bajos, uno de sus grandes éxitos comerciales. “La Mode nunca gozó del consenso general que arropó a Golpes Bajos, con los que todos estaban de acuerdo. Todo el mundo se puso de acuerdo en que era el primer grupo de la Movida que realmente tocaba. Eran los más originales, salían con detallitos soul, y Germán Coppini triunfaba como cantante. Sus letras no eran tan sencillotas, eran mucho más elaboradas, más poéticas. Lo nuestro empezó con el típico contrato de servilleta de cafetería: aquí te pillo, aquí te mato”.

A medio camino entre dos mundos, con el paréntesis glorioso grabado con el dúo Vainica Doble (Taquicardia), apareció la música africana y el jazz híbrido de flamenco. En 1988, Pacheco y su amigo Joe Boyd (al que luego prologó su libro de memorias, Blancas Bicicletas) pergeñaron la aventura que iba a anunciar la eclosión de la música étnica. Con ayuda de la periodista Lucy Durán reunieron en Londres al malí Toumani Diabaté, a los gitanos de Ketama y al bajista Danny Thompson. Del encuentro de kora y cajón nació el disco Songhai, quizá el mejor resumen sonoro de la filosofía de riesgo que identifica a Nuevos Medios, continuado seis años después con Songhai 2. “Quiero pensar que esa fórmula inspiró a Nick Gold para Buena Vista Social Club o a Fernando Trueba para Lágrimas Negras. Otra veta descubierta fue el jazz bastardo, putativo del flamenco. “Porque el jazz es la máxima verdad de la música”. Carles Benavent, Jorge Pardo (suya es la mejor definición de Mario Pacheco: “el director del silencio”, con permiso de Litto Nebbia: “quizá el mejor productor de música de buen gusto en España durante los últimos 20 años”) y Joan Albert Amargós prestigiaron la labor de una compañía que, sin ambages, se convirtió en la Motown del flamenco. “Siempre hemos hecho lo que hemos querido. Nunca quisimos ser modernos por obligación. Me gusta vivir en un país donde puedes comprar una cinta de la Niña de los Peines en una gasolinera, pero es terrible que te ignoren. Hemos dado la talla, pero la radio y la televisión no han estado a la altura. Radio 3 se llena de licenciados que odian la música y la caspa invade Madrid. Es terrible”.

Para el logotipo de Nuevos Medios, Mario Pacheco y David Miró persiguieron al abuelo del segundo y al final Joan Miró, cansado de tanta pejiguera, agarró dos bolígrafos y pintó en un cuaderno, de azul y rojo, el emblema de la disquera del parque del Retiro. Veinte años después, en 2002, Pacheco aceptó elegir trece discos como resumen de lo mejor de dos décadas de producción musical para la revista EfeEme. En su selección coexisten las almas distintas de Nuevos Medios, el flamenco y el pop, el jazz y la canción latinoamericana. Por orden de preferencia, como producciones originales, destacan El Eterno Femenino, de La Mode (1982); A Santa Compaña, de Golpes Bajos (1984); Taquicardia, de Vainica Doble (1984); Estoy Mala, de Martirio (1986); Blues de la Frontera, de Pata Negra (1987); Songhai, de Ketama, Toumani Diabaté y Danny Thompson (1988); Songhai 2, de Ketama, Toumani Diabaté y José Soto (1994); Quien No Corre, Vuela, de Ray Heredia (1991); Veloz Hacia Su Sino, de Jorge Pardo (1993); y Túmbanos Si Puedes, de La Barbería del Sur (1995). Entre las antologías brillan Las Grandes Canciones del Genial Artista Cubano, de Bola de Nieve (1990); Criollísima, de Chabuca Granda (2000); y Afrodisia presenta Spanish Grooves (2001). En el decimocuarto lugar de la lista bien podría entrar La Habana Era Una Fiesta, disco que Mario Pacheco dejó terminado junto al productor cubano René Espí para rescatar las huellas musicales españolas en las radios habaneras durante los años 40 y 50, en plena dictadura de Batista.

Publicado en la revista Rockdelux en enero de 2011

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