Archivo | julio, 2011

AfroCubism, la rumba cubana que se bailó en el desierto

28 Jul

por Carlos Fuentes

¡Comandante!”. La carcajada se oye en todo el salón. Es Bassekou Kouyate recibiendo al trovador cubano Eliades Ochoa. Luego se unirá Toumani Diabaté para cerrar el triángulo que ha hecho posible la reunión de músicos de Cuba y Malí en el proyecto AfroCubism. Heredero del espíritu de aquella maravilla por accidente llamada Buena Vista Social Club, este segundo intento de unión de las dos orillas del productor británico Nick Gold regresa ahora a España para presentarse el jueves en Madrid. “Esta música no pertenece a Cuba ni a Malí, pero al mismo tiempo es patrimonio de los dos pueblos”, afirma el tañedor de kora Toumani Diabaté, ilusionado como niño con zapatos nuevos después de haber grabado con Ali Farka Touré, Taj Mahal, Björk, Ketama y Damon Albarn.

AfroCubism es hijo del empeño. Cuando la discográfica World Circuit impulsó Buena Vista Social Club en 1996, la reunión en La Habana estaba prevista con músicos cubanos y malíes. Pero la burocracia retrasó los pasaportes africanos (“el consulado cubano está en Burkina Faso y envié mi documentación, pero el visado no llegó a tiempo”, se lamenta aún Kouyate). Y lo que era reunión transatlántica quedó en la antología del son, el bolero y la guajira con Compay Segundo, Omara Portuondo, Ibrahim Ferrer, Rubén González y Orlando ‘Cachaíto’ López más Ry Cooder. Luego vinieron la película de Win Wenders, una gira sinfín… y doce millones de discos vendidos en todo el mundo.

Catorce años después, Gold levantó el teléfono y volvió a llamar a Bamako: “Bassekou, ¿sigues interesado en grabar con los cubanos?”. Por supuesto, el as del ngoni (pequeño ancestro del banjo) ni dudó. “Imagínate que el tren pase dos veces por delante de tu casa”, bromea quien, no olviden el nombre, será la próxima estrella de la música africana. El productor inglés puso lugar y fecha: invierno de 2008 en un estudio de Coslada (Madrid). Nacía AfroCubism.

afrocubism

¿Pero qué es AfroCubism? “Es un hermanamiento sincero, con todo corazón. Cuba siempre tuvo la música africana muy cerca, quizá por la emigración. Allá tenemos muchos toques de origen africano y en Malí aún late la influencia del son cubano de los años 60”, explica Eliades Ochoa, líder del Cuarteto Patria, el hombre que junto a Santiago Auserón rescató del olvido a Compay Segundo. “Somos una familia que se ha encontrado por la música”, anota Bassekou Kouyate. “Hemos aprendido mucho unos de otros porque sabemos que la vida es una escuela y el que se crea que ya lo sabe todo, mal va. Siempre hay algo que aprender y en AfroCubism tenemos una escuela con puertas abiertas que marcará época”, añade Eliades Ochoa sobre un proyecto que completan la voz de Kasse Mady Diabaté, Djelimady Tounkara (guitarra), Lassana Diabaté (balafón), Baba Sissoko (tama) y el Cuarteto Patria.

AfroCubism es más que Buena Vista Social Club, no es lo mismo y no son comparables”, remata Toumani Diabaté, el imperial griot de la kora de Malí. “Este proyecto une dos músicas poderosas que han estado muchos años madurando con calidad. Y de la mezcla sale algo nuevo que nadie había escuchado antes. Es música nacida del amor, de la solidaridad y la humildad. Cantamos a la paz, al amor, a la historia de nuestros pueblos. No cantamos a gente famosa sino al campesino de Cuba y Malí, a nuestro patrimonio cultural de tantos siglos. No es música para beber cerveza y salir de fiesta, no; aquí tocamos en nombre de la leyenda, de la historia y la geografía”.

bassekou-kouyate

No es nueva la querencia caribeña de los africanos. En los años 60, el padre de la independencia de Malí, Modibo Keita, impulsó un programa de estudios musicales de artistas africanos en La Habana. Y de esa semilla latina nació una generación de artistas malíes arrimados al universo sabroso de la rumba y el son montuno. Conjuntos como Maravillas de Mali, Rail Band y Orquesta Nacional amenizaban la ola de optimismo que inundó los clubes de Bamako. “En los años 70 bailábamos con la Orquesta Aragón, todos sabíamos cantar Guantanamera y El manisero”, recuerda Toumani Diabaté mientras tararea el ritmo pegajoso del Oriente cubano, “y muchos artistas aprendimos a tocar la música con la que nos divertíamos. Incluso compusimos canciones en honor a Lumumba con clave cubana, con congas y todo lo que tanto nos influyó”. “¡Es que yo escuché antes Guantanamera que la música malí!”, anota Kouyate.

Se nota que los músicos de AfroCubism están contentos. Acaban de triunfar en el Royal Albert Hall de Londres (allí recogieron el premio Songlines a la mejor colaboración intercultural de la temporada), en festivales de jazz de Dinamarca, Marruecos, Estados Unidos y Francia. Ya les esperan en Noruega, Suecia y Finlandia. Señores, ¿les queda algo por hacer? “Por supuesto, siempre nos va a quedar algo por intentar. Llevar AfroCubism a La Habana, a Cuba”, afirma Eliades Ochoa. “¡Y a Malí!”, exclama Toumani Diabaté. “Sería una inmensa alegría para todos los artistas que han participado en el proyecto, una gran felicidad para el pueblo de Cuba y para todos los malienses. Sería el mayor regalo que podríamos llevarnos a casa. Sería como ganar dos premios Grammy mandados a hacer de encargo para AfroCubism”. Y las carcajadas retumban por tres, a medio camino entre Malí y Cuba.

Publicado en el diario Público el 28 de julio de 2011

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“La Europa que conquistó el mundo está en crisis”

18 Jul

GILBERTO GIL & ADRIANA CALCANHOTTO

por Carlos Fuentes 

Primero aparece Gilberto Passos Gil Moreira (Salvador de Bahía, 1942), tan ágil y elegante que parece tener un pacto con el diablo. A su lado, Adriana da Cunha Calcanhotto (Porto Alegre, 1965) asume pronto el rol de la estudiante aventajada que es. Se dirige al maestro como “profesor”, sonríen y, como si fueran dos africanos que no se han visto hace tiempo, se preguntan por la vida, las familias, por las cosas de la música. La canción brasileña, un mundo aparte que el licenciado Gil y la alumna Calcanhotto repasarán ante dos mil personas en el festival La Mar de Músicas, que se celebra en la ciudad de Cartagena. Ella estrena O micróbio do samba, y él está de gira con el folclor nordestino de Fé na festa. Dos caras de un mismo Brasil.

Están separados por veinticinco años, una generación, y los tres mil kilómetros entre Salvador y Porto Alegre…

Gilberto Gil: “Eso es Brasil. Una civilización, un proyecto de civilización muy rico y muy diverso, con elementos de varias culturas. Es justo eso. Rio Grande do Sul tiene una cultura muy fuerte, importante, con los temas campesinos y toda la cosa del sur porteño. Además de todo lo italiano, lo alemán… y Bahía es, por supuesto, una fuente permanente de cosas que se han unido todo el tiempo a la cultura de Brasil. Nos separa una distancia, pero cultural y espiritualmente no estamos tan lejos. Todo el tiempo hemos estado cerca. Porque Rio Grande do Sul representa un Brasil específico, propio, un Brasil que se enorgullece de sus características, pero que está encantado también con su condición inaugural. Por el sur, Rio Grande inaugura un país importante y grande como es Brasil. Y Bahía, lo mismo… Caetano [Veloso] gusta decir que los gauchos, allá donde estén, se identifican primero como gauchos. Incluso antes de decir su nombre. Dicen: soy gaucho y luego fulano de tal”.

Adriana Calcanhotto: “Pensaba que eso era algo personal, yo soy gaucha”.

G.G.: “No, no, con todos… se encuentran con nosotros en otros lugares de Brasil, o fuera del país, y lo primero que dicen es que son gauchos”.

¿Son tan diferentes esos dos Brasil?

G.G.: “Son diferentes, pero hay esa cosa de pertenecer, de estar encantados con pertenecer a algo propio, a Brasil, una civilización específica y distinta”.

A.C.: “Yo soy gaucha, pero siempre me encantó Bahía por identificación y por contraste. Es interesante porque Caetano me encantó de una manera explícita, arrebatadora… muchos años después, ya trabajando con Moreno [Veloso, hijo de Caetano], me ha mostrado la profundidad de la influencia de Gil en mi labor y en mi vida. La extensión de la influencia de Gil, algo de lo que yo no me había dado cuenta hasta entonces. Moreno me decía “no, no, eso no es Caetano, eso es Gil”. Y yo había puesto todo en la cuenta de Caetano, incluso cosas que no eran de Caetano. Moreno es muy preciso, y muy cuidadoso con esas cosas”.

G.G.: “Recuerdo cuando Moreno era muy pequeño, cuatro o cinco años, y se ponía: “no, papá, esto es Gil, esto es Gil… esto es música brasileña, sí, pero es Gil, es la música de Gil” [risas]. Él siempre ha tenido cuidado de diseñar una identidad propia, con excelencia… Moreno es de los pocos músicos de Brasil que pueden hacer música que yo toco, con los mismos arreglos. Conoce todo”.

¿Y ese respeto por las raíces es extensivo a las nuevas generaciones?

G.G.: “Sí, sí, bastante, muchísimo. Por Chico [Buarque], Milton [Nascimento], por toda la generación anterior; incluso antes, por [Dorival] Caymmi, por João Gilberto, Luiz Gonzaga… por todos los grandes creadores brasileños de todos los tiempos. Desde que tenemos radio y discos hay toda una comunidad de música popular que se comunica, que se reconoce como una unidad y una identidad, con hombres y mujeres cantantes, autores, músicos de Brasil”.

¿Es tan diferente la música que la generación de Gil hacía de la que ahora se trabaja con tecnologías nuevas y comunicación casi inmediata?

A.C.: “Lo mismo ocurrió cuando ellos se apropiaron de la guitarra eléctrica”.

G.G.: “Ella y toda su generación, si escuchamos sus músicas, la forma de componer, cómo escriben poemas, las formas de armonías y melodías… se siente claramente la bossa nova, la Jovem Guarda, Roberto Carlos, todo eso”.

A.C.: “Es que nos gusta hacer las cosas con transparencia”.

G.G.: “Y con gusto, con orgullo, con el sentido de pertenecer, de decir: “yo soy una consecuencia de algo que ocurrió antes y eso me hace lo que soy ahora, me da la cualidad y me da la potencia que tengo. Y puedo pasar adelante”.

A.C.: “Venimos contrastando para avanzar, con mucho respeto y orgullo”.

¿Será que la música brasileña es la primera que ha conquistado el mundo, la primera música globalizada?

G.G.: “Junto a la americana. Se puede decir que América tuvo ayuda, como decía un presidente norteamericano. Los americanos llegaban con la bandera, la conquista, la economía, muchas veces por la guerra, y enseguida llegaba la cultura. Estados Unidos ha estado ayudado por esta fuerza extracultural que utilizaba la cultura para imponerse, para hacerse presente como civilización. Brasil no fue eso: lo hizo a través de su cultura, las músicas, con el Cinema Novo, que eran los medios del siglo pasado. Por eso quizá la cultura brasileña sea más fuerte, porque partía de un país no tan fuerte como Estados Unidos”.

Quizá por eso Brasil no tiene enemigos…

A.C.: “No hay antibrasileñismo, como sí que hay antiamericanismo”.

G.G.: “Sin duda, la música brasileña es una de las más apreciadas y queridas del planeta. Si no la primera, somos la segunda”.

Gilberto Gil en 1992

Porque la música también juega un papel social. Es memoria de conciencia y transmisora de valores, más allá de la política…

G.G.: “Sí, por supuesto. Con todo, con la condición de proponer discursos, evaluaciones de lo que es la vida, cuestiones éticas, morales y espirituales. Una búsqueda de equilibrio entre la materialidad de la vida y la espiritualidad de las cosas del alma. En toda la tradición de la música en Brasil tenemos una fuerza muy profunda de la escritura, de las palabras y, por supuesto, de las músicas. Músicas que utilizan elementos muy profundos mediterráneos, de Portugal y de España, de Italia, Grecia… y otras más recientes desde Estados Unidos y Europa. Y luego están las cosas locales, indígenas, cosas negras de África, que han sido una aportación mayor, extraordinaria, para el desarrollo de la música en Brasil. La cultura brasileña es una cultura propiamente política”.

Adriana Calcanhotto

Dice Rubén Blades que los cinco años que pasó como ministro de Panamá lo habían hecho mejor músico y mejor persona. ¿Y a usted?

G.G.: “Creo que sí, también. No sé si por el hecho de haber sido ministro de Cultura, pero sí por todo lo que significó vivir aquellos casi seis años y todo lo que vino después. Cómo llegaba mi presencia a la vida brasileña y fuera, ya como representante de mi país. Me permitió calmarme, asumir la vida mucho más tranquilo después de haber vivido algo tan difícil como es la política”.

A.C.: “En esa época me preguntaban mucho: ¿Qué piensas sobre Gil como ministro? Y yo decía: bueno, si él está contento, estoy contenta. Pero estaba dividida porque ser ministro no permite escribir canciones, aunque me gustaba mucho ver a una persona ética como él integrando el Gobierno de mi país”.

¿Y está el mundo tan mal como parece?

G.G.: “Está difícil a causa de cambios naturales que no son sólo un cambio sino una mutación muy grande por la imposición definitiva del industrialismo, del consumismo, del productivismo, de la aceleración de la tecnologización de todos los medios de creación. Una econometría que mide todo y que provoca un cambio extraordinario en el alma humana, en la psique y el cuerpo humano”.

A.C.: “Es una situación límite porque el planeta está agotado”.

G.G.: “Y ha provocado una crisis muy fuerte. ¿Cómo preparar el futuro, cómo garantizar el futuro? Con un crecimiento extraordinario de población, ¿cómo producir más y más para satisfacción de toda esta gente? Más coches, más aviones, más barcos, más energía, más bosques, más agua… De ahí esta revuelta de los comunes por lo que debe pertenecer a todos. El capitalismo más el industrialismo más la aceleración tecnológica han impuesto a la vida una aceleración que ha causado esta crisis. No hablo sólo en negativo, hay aspectos positivos: Internet, células madre y nanotecnología… son cambios positivos, pero imponen una mutación de la vida humana”.

A.C.: “Me encanta vivir en este tiempo. Nunca pensé que pudiera vivir esta época, la idea de poder hacer música en mi casa y compartirla con alguien que está en Tokio o en Madrid. Pensaba que eso iba a ocurrir dentro de cien años, en otra generación. Es fantástico y soy optimista, pero la velocidad de esos cambios, la aceleración, ha causado una crisis ética. Y eso es lo más grave”.

G.G.: “Es una crisis de poder. Ahora la humanidad se pregunta: ¿podemos? Algo que antes no se preguntaban tantos, ahora es una pregunta universal”.

A.C.: “Estamos todos tan cerca en Internet, no entiendo por qué hay guerras”.

G.G.: “Ahora se hace muy claro que la guerra no es necesaria para los grandes propósitos del ser humano. Esa secuencia de mayor desarrollo, mayor poder y mayores enfrentamientos ya no es lógica, naturalmente lógica como ha sido en el pasado. Con más poder, más fuerza; con más fuerza, más potencia; y con más potencia, más creación… más, más, más. Hoy se comprende la entropía de la aceleración. Cuánto más rápido se anda quizá menos se alcanza. Esto no había antes, cuando progreso significaba adelante siempre. Ahora el progreso amenaza la vida. En China, para que todos tengan un coche, será un sacrificio absurdo de ríos, tierras, aire… por primera vez en la historia de la humanidad, más puede significar menos y menos puede significar más”.

¿Cómo se ve desde un Brasil que crece esta crisis en Europa?

G.G.: “Europa, los que conquistaron el mundo, los de Extremadura que llegaron a Chile, Venezuela, México, los Pinzón, los Valdivia, e Inglaterra con su imperio y Alemania con su pesadilla… están en crisis. Los que eran más ahora son menos, y los que eran menos ahora son más: Brasil, India, Sudáfrica… y es bueno que sea así porque es la única manera de recomponer, reciclar y repensar el mundo”.

¿Será este siglo el momento de América Latina y África?

G.G.: “En este sentido, sí, como nueva contribución al concepto de civilización”.

A.C.: “Cuando yo nací, Brasil era el país del futuro y no se creía que llegaría el futuro, pero ha llegado y somos un país del presente”.

Otro mérito de Brasil es haber superado la barrera racial, ahora que en Europa se vuelven a utilizar las diferencias como armas contra el otro…

G.G.: “En Brasil estamos en un proceso de avance. La construcción del país, de la economía y de la cultura ha sido hecha con contribuciones de todos, de africanos, europeos, asiáticos, indígenas locales… Nos acostumbramos a ser varios, a ser diversos, a conocer la diferencia y a identificar la diferencia como identidad. En Brasil, el diferente es idéntico. Hay tensión, hay conflicto, sí, pero hay un horizonte de solución y de armonización que todos buscan. Brasil es un país que se gusta popular, que se quiere popular, plural”.

A.C.: “En Angola soy el enemigo. No me tratan bien, salvo que me reconozcan como Adriana la brasileña o que yo diga que soy brasileña. Entonces, la reacción cambia: “ah, eres brasileña, no hay problema”.

G.G.: “Brasil es otra cosa, es una mezcla de razas, una mezcla mística”.

Gilberto Gil

Actor principal del tropicalismo, el movimiento que agitó la cultura brasileña en los años sesenta, Gilberto Gil acaba de cumplir 69 años pero mantiene activo su compromiso con la canción como herramienta de progreso humano. Autor carismático, investigador incansable de los orígenes negros y europeos de las músicas brasileñas, en 1968 fue encarcelado y forzado al exilio en Londres con su amigo Caetano Veloso. Compositor de piezas emblemáticas como Soy loco por ti América o Vamos fugir, ha publicado más de medio centenar de discos. En su trabajo más reciente, Fé na festa, explora sonidos del nordeste del país con ritmos y danzas añejas como forró, baião, maxixe, xaxado o xote. Entre 2003 y julio de 2008 fue ministro de Cultura junto al presidente Lula.

Adriana Calcanhotto & Gilberto Gil

Adriana Calcanhotto

Hija de baterista de jazz y bailarina, Adriana Calcanhotto ha hilvanado en veinte años una carrera de prestigio e inmenso aprecio popular. Debutó interpretando a Caetano Veloso, Roberto y Erasmo Carlos, Titãs y Lupicínio Rodrigues, pero pronto desveló una musicalidad propia que oscila entre la bossa-nova, el pop y la electrónica más amable. Autora de miniaturas sonoras que ya están cerca del clásico (Esquadros, Devolva-me), ha colaborado con la generación última que viene abrillantando la nueva canción brasileña (Moreno Veloso, Kassin, Domênico Lancelotti) y con la mejor poética nacional contemporánea (Waly Salomão, Antônio Cícero, Arnaldo Antunes). En 2004 convirtió en disco de oro su delicioso álbum de canciones infantiles Adriana Partimpin. Está casada con la cineasta Suzana de Moraes, hija del poeta y compositor Vinicius de Moraes.

Publicado en el diario Público el 18 de julio de 2011

Rubén Blades: “La corrupción es un problema moral; no te compran si tú no te vendes”

11 Jul

Por Carlos Fuentes

Todos vuelven, y Rubén Blades ha vuelto. El cantante panameño retorna a la música tras cinco años como ministro de Turismo. Rebosante de energía y con quince proyectos simultáneos en camino. Está regrabando sus discos clásicos, prepara un álbum de tangos, otro en portugués y colaboraciones con su compatriota Cheo Feliciano y con el guitarrista flamenco Paco de Lucía. “Voy a grabar un disco de boleros con mi ídolo. Aún tenemos que discutir cómo, cuándo y cuánto, pero hace tiempo que deseamos trabajar juntos y es ahora o nunca. Es un honor porque Paco tiene una calidad especial como músico y como persona, lo quiero mucho”, señala el autor de Buscando América después de reivindicar el compromiso de “defender el argumento en la calle, asumir riesgos desde la trinchera pública” y combatir la “calamidad” de la corrupción. “Se requiere una conciencia nacional, pública y privada, sin egoísmo, sin falta de solidaridad y sin una obsesiva persecución de lo material a expensas de lo espiritual”, afirma el compositor, actor y licenciado en leyes en conversación desde Panamá antes de actuar en escenarios de Madrid, Huesca, Vitoria y Barcelona. “La gente quiere la tortilla, pero sin que le rompan los huevos”, lamenta el compositor del reciente Cantares del subdesarrollo.

¿Quién es Rubén Blades después de haber sido político?
“Tengo varias facetas que forman parte de una misma persona. Nunca he tenido que ubicarme en un plano y abandonar otro porque todo lo que hago tiene integridad, forma parte de un núcleo. Lo que pienso, digo y hago son una sola cosa, todo está conectado. No he dejado de ser político por ahora volver a la música, como tampoco dejé de ser músico por incursionar en la política, ni dejo de ser actor por ser músico o político. Más importante aun, tampoco he dejado de ser persona o de verme afectado por lo que ocurre a mi alrededor por ejercer distintas aptitudes. O perseguir múltiples intereses que influyen en mi educación general y en mi interpretación del mundo”.

¿Y qué ha aportado la experiencia política al músico?
“Mi trabajo público, servir al país, a mi pueblo, fue un ejercicio de solidaridad social, algo real. En cinco años no hice discos, ni películas, y eso me hizo un ser menos egoísta, más paciente, más educado en la realidad política. No es sólo cantar, denunciar, proponer o protestar. También hay que salir a defender el argumento a la calle, asumir riesgos desde la trinchera pública. Enfrentar la contradicción que se plantea cuando nuestra actividad artística sostenida por comentario urbano nos crea una situación económica holgada, distinta a la de lo que describimos. Salir de la comodidad que plantea la distancia del hecho criticado y encararlo en el terreno del riesgo personal da validez y consistencia al argumento musical, que empezó en 1969 con
Juan González. La experiencia política me hace mejor ser humano y me da derecho a sentir orgullo por tener coherencia, saber que lo que escribo no es simplemente una pose, un cuento. Todo me hace mejor cantante, mejor músico y escritor, mejor ser humano”.

¿Comparte la indignación del pueblo, en especial de la gente joven, cuando critica lo que entiende como un pobre trabajo de los políticos?
“Claro. Pero le indico al pueblo, joven o adulto, que la culpa de que en política y sector privado haya gente corrupta, sinvergüenza, mediocre, sin imaginación y sin deseo verdadero de servir al país la tenemos todos. La corrupción no es un problema político: es un problema moral, espiritual, es una calamidad nacional. Es una soberana estupidez afirmar que el que va al Gobierno va a robar, o que el Gobierno corrompe a la gente. Lo que ocurre en muchos casos es que pocos ciudadanos participan en el proceso político de forma responsable. Votan por gente sin tener realmente intención de fiscalizar el desempeño de quien envían al trabajo administrativo, o no consideran personalmente reemplazar a los que critican, participando de la administración pública. Lo escuché una y otra vez: “No entro en el Gobierno porque me ensucio”. Es absurdo. Si no cambiamos a los que criticamos, ¿cómo carajo vamos a salir de ellos? Cuando trabajé cinco años lo hice con afecto, espíritu y no robe, ni actué deshonestamente. Dejé de ganar dinero como artista y dí mi tiempo completo, cinco años, a hacer bien las cosas y educar a través del ejemplo. Pocos hacen eso, por desgracia, dejar sus ocupaciones exitosas, que dan bienestar económico, y trabajar en el Gobierno, hacerse responsables ante el pueblo. Sobre los jóvenes, voten con sensatez y participen del proceso. Y acuérdense de esto: no te compran si no te vendes”.

Latinoamérica crece en estadísticas, pero la desigualdad social aún es un reto por superar. ¿Ha cambiado su perspectiva acerca del objetivo y los medios para lograrlo después de estar cerca de políticos y empresarios?
“Todas las respuestas existen, los programas existen, las capacidades existen. Lo que no hay es voluntad de solucionar problemas. E incluyo al sector privado. Las desigualdades sociales no pueden simplemente ser explicadas desde una perspectiva de diferencias materiales, económicas o falta de oportunidades. Se manifiestan en forma de actitud abandonada; existen en educación, en falta de solidaridad social, pobreza de espíritu, ausencia de amor patrio. Hay gente que no quiere a su país ni a su prójimo. ¿Cómo arreglas eso? Fui el único de cinco hermanos en graduarse de universidad. ¿Por qué? Aprendí desde el Gobierno, en el campo de acción, que si hay voluntad y claridad de objetivos, el Gobierno funciona y la gente se beneficia. Salí convencido de que el proceso político puede dar resultados. Se requiere conciencia nacional, pública y privada, y no egoísmo, el “juega vivo”, falta de solidaridad y una obsesiva persecución de lo material a expensas de lo espiritual. La gente quiere el omelette [tortilla] pero sin que le rompan los huevos. Pero eso sólo pasa en las [películas] cómicas”.

¿Veremos algún día una Latinoamérica unida? ¿Qué impide esta unión?
Décadas atrás le preguntaron a un presidente de Panamá qué necesitaba su país para ser como Suiza, y él respondió: los suizos. Esa unión no se ha dado por la infección que existe en los espíritus de nuestra gente, por la ausencia de credibilidad en las instituciones públicas y falta de liderazgo nacional dirigido a un objetivo claro y posible. No es nuevo. Lo que pasó con Simón Bolívar sigue vigente. Los beneficios de la integración latinoamericana serían enormes, de la capacidad de negociación internacional en materias múltiples de interés hasta complementar nuestras economías compartiendo fortalezas para disminuir las carencias con un mercado común. Pero los nacionalismos mal entendidos, los egos, la ignorancia de gran parte de nuestras poblaciones, la falta de confianza en los argumentos políticos y la ausencia de un sentido nacional de propósito… todo eso nos derrota. Debajo de la costra del colonialismo está la no resuelta realidad del complejo, personal y colectivo. Seguimos siendo dedos, no hemos aprendido aún a ser manos. Podemos, y por eso hay que seguir intentándolo. Si no se acaba el mundo en 2012, voy a intentar doctorarme en Derecho en la Universidad de Columbia. Quiero plantear nueva propuesta de administración, basándola en una revisión absoluta de nuestros paradigmas organizativos, de la Constitución a los códigos que reglamentan nuestro funcionamiento social”.

Política aparte. Pronto cumplirá 63 años. ¿En qué forma se encuentra? ¿Se escribe mejor con tantos años acumulados de experiencia?
“Por ahora me siento bien y, aunque en términos médicos estoy bien, después de los 50 nadie vuelve a estar sano. Espiritualmente me siento más fuerte y es sumamente importante. Se escribe mejor con el tiempo, se entiende mejor lo que se escribe y por qué. Se edita uno con más claridad, va al punto, entiende que a nuestra edad el mejor momento para hacer las cosas es ahora. Escribí
Maestra vida con 32 años, más cerca del personaje de Ramiro que de Carmelo. Ahora estoy más cerca de Carmelo y entiendo esa letra mucho mejor, ya no como testigo [sino] como protagonista. He tenido la suerte de aprender y evolucionar. No se escribe mejor simplemente por cumplir años. Hay que entender para proponer con sentido. Aunque la ausencia de comprensión jamás ha disuadido al ignorante de compartir su ignorancia con nosotros”.

¿Y es consciente de la importancia que tuvo, tiene, “Buscando América” para todos los que hablamos español?
En realidad no debo comentar, el tiempo lo dirá, o las investigaciones académicas. Mis temas tienen aún vida y por eso sigo trabajando, aunque no suenen en la radio frecuentemente. Es interesante que en Latinoamérica se han producido, desde Siembra, cambios políticos que se veían imposibles en 1978, por partidos y tendencias políticas que no tenían la menor oportunidad de llegar al poder en elecciones populares. Alguien me comentó que el cambio de actitud fue también consecuencia del trabajo de muchos artistas latinos. Eso lo definirá mejor otra persona; no puedo hacerlo, ni puedo comentar sobre eso”.

Dijo una vez que los chicos de la música urbana, de Calle 13 a Tego Calderón, son los trovadores del tiempo presente. En otra clave musical, quizá con otro lenguaje, pero son los cronistas del barrio latino…
Cada generación inventa su lenguaje y su forma de expresión. Tienen toda la validez que les da su existencia como representantes urbanos, describiendo la realidad de un momento específico. No sé si lo que hacen durará en el tiempo. Nadie lo sabe cuando se empieza. Pero lo que están diciendo tienen que decirlo y refleja una realidad actual, aunque no nos guste o no la admitamos. Ellos no necesitan ser comparados con otra cosa para tener validez. Son lo que son: importantes y necesarios a mi entender”.

Publicado en el diario Público en julio de 2011