AfroCubism, la rumba cubana que se bailó en el desierto

28 Jul

por Carlos Fuentes

¡Comandante!”. La carcajada se oye en todo el salón. Es Bassekou Kouyate recibiendo al trovador cubano Eliades Ochoa. Luego se unirá Toumani Diabaté para cerrar el triángulo que ha hecho posible la reunión de músicos de Cuba y Malí en el proyecto AfroCubism. Heredero del espíritu de aquella maravilla por accidente llamada Buena Vista Social Club, este segundo intento de unión de las dos orillas del productor británico Nick Gold regresa ahora a España para presentarse el jueves en Madrid. “Esta música no pertenece a Cuba ni a Malí, pero al mismo tiempo es patrimonio de los dos pueblos”, afirma el tañedor de kora Toumani Diabaté, ilusionado como niño con zapatos nuevos después de haber grabado con Ali Farka Touré, Taj Mahal, Björk, Ketama y Damon Albarn.

AfroCubism es hijo del empeño. Cuando la discográfica World Circuit impulsó Buena Vista Social Club en 1996, la reunión en La Habana estaba prevista con músicos cubanos y malíes. Pero la burocracia retrasó los pasaportes africanos (“el consulado cubano está en Burkina Faso y envié mi documentación, pero el visado no llegó a tiempo”, se lamenta aún Kouyate). Y lo que era reunión transatlántica quedó en la antología del son, el bolero y la guajira con Compay Segundo, Omara Portuondo, Ibrahim Ferrer, Rubén González y Orlando ‘Cachaíto’ López más Ry Cooder. Luego vinieron la película de Win Wenders, una gira sinfín… y doce millones de discos vendidos en todo el mundo.

Catorce años después, Gold levantó el teléfono y volvió a llamar a Bamako: “Bassekou, ¿sigues interesado en grabar con los cubanos?”. Por supuesto, el as del ngoni (pequeño ancestro del banjo) ni dudó. “Imagínate que el tren pase dos veces por delante de tu casa”, bromea quien, no olviden el nombre, será la próxima estrella de la música africana. El productor inglés puso lugar y fecha: invierno de 2008 en un estudio de Coslada (Madrid). Nacía AfroCubism.

afrocubism

¿Pero qué es AfroCubism? “Es un hermanamiento sincero, con todo corazón. Cuba siempre tuvo la música africana muy cerca, quizá por la emigración. Allá tenemos muchos toques de origen africano y en Malí aún late la influencia del son cubano de los años 60”, explica Eliades Ochoa, líder del Cuarteto Patria, el hombre que junto a Santiago Auserón rescató del olvido a Compay Segundo. “Somos una familia que se ha encontrado por la música”, anota Bassekou Kouyate. “Hemos aprendido mucho unos de otros porque sabemos que la vida es una escuela y el que se crea que ya lo sabe todo, mal va. Siempre hay algo que aprender y en AfroCubism tenemos una escuela con puertas abiertas que marcará época”, añade Eliades Ochoa sobre un proyecto que completan la voz de Kasse Mady Diabaté, Djelimady Tounkara (guitarra), Lassana Diabaté (balafón), Baba Sissoko (tama) y el Cuarteto Patria.

AfroCubism es más que Buena Vista Social Club, no es lo mismo y no son comparables”, remata Toumani Diabaté, el imperial griot de la kora de Malí. “Este proyecto une dos músicas poderosas que han estado muchos años madurando con calidad. Y de la mezcla sale algo nuevo que nadie había escuchado antes. Es música nacida del amor, de la solidaridad y la humildad. Cantamos a la paz, al amor, a la historia de nuestros pueblos. No cantamos a gente famosa sino al campesino de Cuba y Malí, a nuestro patrimonio cultural de tantos siglos. No es música para beber cerveza y salir de fiesta, no; aquí tocamos en nombre de la leyenda, de la historia y la geografía”.

bassekou-kouyate

No es nueva la querencia caribeña de los africanos. En los años 60, el padre de la independencia de Malí, Modibo Keita, impulsó un programa de estudios musicales de artistas africanos en La Habana. Y de esa semilla latina nació una generación de artistas malíes arrimados al universo sabroso de la rumba y el son montuno. Conjuntos como Maravillas de Mali, Rail Band y Orquesta Nacional amenizaban la ola de optimismo que inundó los clubes de Bamako. “En los años 70 bailábamos con la Orquesta Aragón, todos sabíamos cantar Guantanamera y El manisero”, recuerda Toumani Diabaté mientras tararea el ritmo pegajoso del Oriente cubano, “y muchos artistas aprendimos a tocar la música con la que nos divertíamos. Incluso compusimos canciones en honor a Lumumba con clave cubana, con congas y todo lo que tanto nos influyó”. “¡Es que yo escuché antes Guantanamera que la música malí!”, anota Kouyate.

Se nota que los músicos de AfroCubism están contentos. Acaban de triunfar en el Royal Albert Hall de Londres (allí recogieron el premio Songlines a la mejor colaboración intercultural de la temporada), en festivales de jazz de Dinamarca, Marruecos, Estados Unidos y Francia. Ya les esperan en Noruega, Suecia y Finlandia. Señores, ¿les queda algo por hacer? “Por supuesto, siempre nos va a quedar algo por intentar. Llevar AfroCubism a La Habana, a Cuba”, afirma Eliades Ochoa. “¡Y a Malí!”, exclama Toumani Diabaté. “Sería una inmensa alegría para todos los artistas que han participado en el proyecto, una gran felicidad para el pueblo de Cuba y para todos los malienses. Sería el mayor regalo que podríamos llevarnos a casa. Sería como ganar dos premios Grammy mandados a hacer de encargo para AfroCubism”. Y las carcajadas retumban por tres, a medio camino entre Malí y Cuba.

Publicado en el diario Público el 28 de julio de 2011

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