Archivo | mayo, 2012

Sobrevivir para cantarla

17 May

Gino Paoli 2009

GINO PAOLI

por Carlos Fuentes

Ha escrito tantos himnos cotidianos que la etiqueta de mito queda corta. Cronista del alma sentimental del italiano medio, vividor como gato silvestre, esta leyenda de la canción mediterránea exprime su medio siglo de sabiduría musical en clave de jazz. Reflexivo pero rotundo, este perro viejo genovés habla de la vida, del amor y de la muerte. Él, suicida frustrado, que a punto estuvo de no contarla.

Gino Paoli (Monfalcone, 1934) es un legítimo superviviente. Criado en la Italia de posguerra, entre las cenizas del fascismo, este cantante atesora una vida sin parangón fácil. Crecido en Génova, el autor mediterráneo (“mi identidad está más cerca de Barcelona o Marsella que de Milán”) ha entregado radiografías sentimentales del pueblo italiano. En 1959 debutó con Senza parole, primera estación de un repertorio que incluye piezas esenciales como Sapore di Sale, Senza Fine o Il Cielo en una Stanza. Leyenda construida a golpes (“si te sabes levantar, la derrota merece la pena”) y ciertas dosis de suerte divina (en 1963 se pegó un tiro en el pecho y desde entonces vive con una bala alojada en el pericardio), Gino Paoli vuelve ahora reconvertido en cantante de jazz tras haber sido, por este orden, voz de canción ligera, estrella en San Remo, pintor, cazatalentos (descubrió a Lucio Dalla y Fabrizio de André) y político comunista.

Discúlpeme, pero no es fácil entrevistar a un superviviente…

[risas] Sí, es difícil porque hay un problema: no hay mucha gente como yo”.

Viendo cómo está el patio, ¿ha merecido la pena vivir esta vida?

Es difícil mirar el mundo como está ahora, sin una certeza, sin seriedad. Es un mundo de apariencia e imagen, no de sustancia. Me causa desasosiego, pero hay algo más importante: la esperanza, el optimismo. Ahora existe un horizonte que puede ser y que espero que sea, que haya un futuro, un mañana. Escribo ahora, como siempre he escrito, no para contentar el gusto de la situación sino para hablar de lo que es importante. Y por encima de todo está la sustancia y después la emoción. La emoción es preguntarse cómo, por qué; es la pregunta más importante. Son las cosas más importantes para un escritor, el por qué y el si. Son las madres de lo que uno escribe. Y se escribe no para contentar sino para enriquecer a los otros. Quizá hoy la esperanza somos los supervivientes”.

Y en tiempos de mucha respuesta y poca pregunta, ¿qué aporta un músico?

La respuesta es siempre un dogma, una certeza, y yo no creo en las certezas. Las preguntas provocan otras preguntas, pero jamás una respuesta. La respuesta es definitiva, es un dogma. Las preguntas sirven para provocar otras preguntas, para ampliar tu visión. La gente pretende respuestas siempre y la primera respuesta que pretende la sociedad es la religión, es la vida eterna, una vida sin muerte. Es la respuesta principal que la gente pretende para conseguir tranquilidad. Tener una respuesta sin lógica es lo que pretende la gente. Todas las respuestas que proyectan un beneficio para la humanidad las corta la religión. ¿El mundo es el centro del universo? No, no es el centro”.

Gino Paoli

Quizá porque esas preguntas sin respuestas generan miedo…

El miedo lo crea la religión cuando tiene respuestas para todo. Todas las reglas, como los Diez Mandamientos, son no, no, no… no robar porque tienes miedo a que te robe, no matar porque tienes miedo a que te asesine. Siempre está el miedo. La única regla, que no es regla, del hombre como yo lo entiendo es el honor. Yo no golpeo a un hombre cuando me apoyan otros diez porque va contra mi honor, no pego a un niño porque va contra mi honor. No hago cosas porque tengo vergüenza de esas cosas, ese es el honor. No es que tenga miedo sino que no quiero ir contra mi honor. Esa es mi única regla en la vida”.

Esos valores intangibles son ahora mercancía de segunda mano…

Ahora parece que tú no haces algo no porque vaya contra tu honor sino porque tienes miedo de que te penalicen, pero no es así. Yo no hago cosas que no quiero, no por la pena sino porque van contra mi honor. Y se acabó. Hay un problema enorme que se llama racismo, negación del otro, y es un problema biológico. Si un animal tiene un territorio para vivir siempre habrá otro animal que quiera ese espacio. Todo lo que sucede ahora está relacionado con el espacio vital. Y después hay otro problema: el hombre tiene la necesidad de ser aprobado por los demás, como si el valor sólo existiera si es aprobado por los demás. Así se llega al momento en el que solo la imagen es lo importante, parece que sólo importa que los demás te vean. Es una búsqueda del éxito como única forma de existir: si no te ven, no existes. Puedo entender que un niño vea así la vida, pero cuando eres adulto tú vales lo que vales y no lo que los demás dicen que vales. Es el muro de la pura imagen, porque parece que solo la imagen es lo importante y no la sustancia. Es un mundo de mierda”.

¿Y qué puede hacer una canción?
“La canción es una patada en el culo de tu pensamiento. Es una manera para provocar a tu pensamiento. La misión del artista es crear para provocar tu pensamiento”.

Pausa Relax di Gino Paoli - Concerto

Usted ha vivido la popularización de la música y la industrialización de la cultura. Ahora la música no es un disco, es un archivo en un ordenador. ¿Ha influido esta evolución en la esencia de los creadores?

No, no. Puede influir para que puedas utilizar otros medios de grabación. La música ahora se hace para gustar, para contentar. Con la comercialización, todo es igual. Y no sólo sucede en la música. Esta masificación se reproduce en más ámbitos de las manifestaciones humanas. Una vez preguntaron a Indro Montanelli qué opinaba sobre el periodismo y respondió que está mucho mejor que cuando él empezó, aunque ya no hay grandes periodistas. Quiso decir que el nivel técnico puede ser más alto, pero ya no hay distinción porque todo está homogeneizado. No se ve una diferencia. Y el culpable es el consumismo. Se trata de condicionar al público para que ame lo mismo y así cueste menos”.

Porque una sociedad clónica es más barata…

Eso es. El consumismo quiere que todos seamos iguales para conseguir ese objetivo que le beneficia. El individualismo no funciona con el consumismo. Si compras algo, no eres quien elige sino que te lo han impuesto. Lo único que tenemos para evitar esto es el conocimiento. Porque la libertad es la hija del conocimiento. Cuando era joven hablábamos durante horas. Porque no había televisión, que es el gran medio del consumismo. Y la televisión es el caballo de Troya del consumismo. ¡Joder, no es posible que exista solo esa marca de jabón! El consumismo ha condicionado el gusto de las personas. Y la libertad no es poder hacer una cosa sino poder elegir qué cosa quieres hacer”.

¿Por qué la sociedad, sobre todo el joven, confunde la idea de libertad?

Voy a poner un ejemplo familiar. Mi hijo vino un día y me dijo que el mejor guitarrista del mundo es George Benson. Y yo le dije que podía ser, pero le sugerí que escuchara diez o doce discos de guitarristas que yo conozco. Al tiempo, mi hijo volvió y me dijo: “Papá, puede ser que el mejor guitarrista sea Tal Farlow”. ¿Por qué mi hijo puede cambiar de opinión? Porque ahora conoce a Tal Farlow después de haber escuchado a diez guitarristas. La libertad es la hija del conocimiento. Más conocimiento da más libertad a la gente, ya que si la gente no conoce no puede tener la libertad para poder elegir lo que más gusta”.

¿Y se puede erradicar esta epidemia mundial?

Hemos vivido de pequeños egoísmos, de categorías, de regiones, del lobby de las naciones. Hoy el problema es mundial, con pequeños egoísmos que van a provocar el desastre. ¿Esto es bueno o malo? Puede ser el fin o puede ser el punto de partida. Si no se entiende que estamos en el mismo barco, este es el fin. Y los tecnócratas lo pueden salvar, no sé si salvar, pero al menos sí evitar el desastre de Europa. El de los tecnócratas es un gobierno que no está para contentar como lo están los políticos, pero si cae Italia, cae España y viceversa. Todos estamos en un mismo barco. Si hay alguien que puede salvarlo son los tecnócratas y no políticos preocupados por contentar con políticas populistas”.

En eso Italia lleva ventaja, allí Berlusconi fue el populista maestro…

El éxito de este personaje radicó en que buena parte de los italianos son unos cretinos. Y no tienen conocimiento suficiente para ver esto. No quieren que les toquen su parcela y la mayoría de ellos están condicionados, esa es la razón de Berlusconi. No olvide que Berlusconi comenzó a condicionar a toda Italia hace más de 30 años y el país ha estado abocado a tener un gusto masivo”.

¿Fue una política de terror maquillada como una comedia?

Sí, así fue. Berlusconi es una figura tan trágica que se convierte en cómica. La tragedia a veces se convierte en algo cómico. Como una pieza de Ionesco en la que se entiende esta dualidad entre drama y comedia”.

Si usted hubiera muerto en 1963 no habría visto esa obra de teatro bufo…

Aún no sé cómo hemos llegado hasta aquí. Cuando era joven no estábamos tan condicionados, era mucho más fácil ser libre. Giorgio Gaber lo resumió muy bien en una ocasión: “Antes teníamos un enemigo a combatir fuera, ahora es más difícil porque el enemigo está en nosotros”. Es nuestro yo manipulado”.

Usted casi pierde la batalla por asuntos de amor. ¿Cómo contempla ahora su intento de suicidio? ¿Se explica por qué no murió, suerte o destino?

El suicidio fue un intento de ser libre. Eso es el suicidio y no pasó porque la muerte llega cuando tiene que llegar, no cuando tú quieres. Pero llegará”.

Ahora la gente se suicida por deudas, ya nadie se mata por amor…

Es síntoma de cómo están las cosas. El valor más importante es el dinero”.

Y el poder…

El poder es una consecuencia del dinero. Berlusconi tuvo poder porque tenía mucho dinero. Pero yo nunca miro a una persona por su dinero o por su éxito. La dictadura no es sólo cuando hay un dictador. También existe la dictadura derivada del culto al dinero, la dictadura del instante. Son la misma cosa. Son situaciones en las que también se suprime, se corta la libertad de la persona”.

Jazz (otra vez) en tiempos de cólera

Gino Paoli encontró el jazz en tiempos de guerra. “Había un tanque americano estacionado en mi calle y de él salía la trompeta de Louis Armstrong; era 1945 y me enamoré de esa música”, recuerda el cantante, que luego profundizó en Nat King Cole, Tony Bennett y Billie Holiday con discos llegados de Francia. Ya en los años 60, el guitarrista Wes Montgomery versionó su Senza Fine. Tras medio siglo de canción, en 2007 atendió la petición del trompetista Enrico Rava para un único concierto con la élite del jazz transalpino. “Me explicó la voz que buscaba e insistió en que esa voz era yo. Hicimos una actuación y gustó tanto que después hicimos tantas que ya he perdido la cuenta”, explica Gino Paoli. El álbum Milestones plasmó el regreso de este gigante, ahora ampliado con Un Incontro In Jazz (2011). Música sin imposturas. “Ser artista es un oficio, como ser carpintero. Sé que soy artista, no sé en qué posición estoy, pero soy artista. Y el artista siempre busca experiencias porque toda experiencia es importante, y un artista no debe mirar atrás”. ¿Y el éxito? “El éxito es un accidente, un accidente no buscado. Sólo quiero expresarme como persona”.

Publicado en la revista Rockdelux en marzo de 2012

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¡Atención! Lo bueno ya viene

8 May

Por Carlos Fuentes

Maestro vida, Rubén Blades (Panamá, 1948) vuelve a la música con energías nuevas después de pasar cinco años como ministro de Turismo de su país. Tras el disco “Cantares del subdesarrollo”, editado hace tres temporadas, el mejor cronista del barrio latino regresará a final de mes con un álbum grabado con su amigo y veterano cantante Cheo Feliciano (Puerto Rico, 1935). “Eba say ajá”, que así se llama el invento de estas dos leyendas de la canción caribeña, da cuerpo a un proyecto antiguo que los dos ex componentes de Fania All Stars, músicos de largo recorrido que suman entre ambos medio centenar de discos publicados, pergeñan desde hace siete años. Pocos detalles se han adelantado hasta ahora de “Eba say ajá”, pero sí se sabe que el repertorio está compuesto por canciones emblemáticas de los dos intérpretes latinos, que han sido elegidas de forma recíproca, y varias piezas de nueva factura.

“Eba say ajá” toma su nombre de una expresión popular, dicha en spanglish, que tanto Rubén Blades como Cheo Feliciano suelen soltar en sus conciertos: “Everybody say ajá”. Un portavoz de Ariel Rivas Music, la promotora que ha hecho posible esta producción, explica que el disco responde a las señas de identidad de los dos gigantes de la salsa: “Cheo prefirió apelar a la amistad que los une y a las banderas que representan, mientras que Rubén no dejó su enfoque social, donde nos invita actuar de una forma responsable para poder rescatar a cada país”. “Eba say ajá” se edita el 29 de mayo, pero ya se puede escuchar un primer tema, “Lo bueno ya viene”, y aquí llega el regalo sonoro de hoy porque está disponible una descarga gratuita en www.rubenblades.com

Que ustedes lo disfruten… ¡lo bueno ya viene!

La ciudad de colores que prohibió pintar de negro

3 May

VALPARAÍSO

Por Carlos Fuentes

En tiempos lúgubres a este lado del mar reconforta cruzar el gran Atlántico para conocer una ciudad colgada de los cerros. Un lugar de casitas de colores con las ventanas abiertas que prohibió, y lo hizo por ley, pintar sus casas de negro. Valparaíso, que así se llama este lugar, fue durante siglos el puerto de referencia para todos los barcos que realizaban el viaje de circunvalación por América del Sur. No existía, claro, ese invento humano de ingeniería contra la geografía llamado canal de Panamá. Y a este cronista, que siempre ha sentido una extraña devoción por los lugares detenidos en el tiempo, Valparaíso se ha brindado ahora como un pantalán para el optimismo en tiempos de cólera.

Ni los enciclopedistas se ponen de acuerdo al determinar el origen de esta urbe portuaria, arrabalera, colgada de los cerros, que se extiende como observatorio panorámico sobre el azul turbio del océano Pacífico. Por explicarnos: existen dos versiones que sitúan el topónimo Valparaíso (que, es lógico, procede de la unión entre los términos “valle” y “paraíso”). La teoría más antigua, pero no por ello menos discutible, señala que fue el descubridor del puerto, el navegante y militar español Juan de Saavedra, quien otorgó este nombre en honor de su pueblo natal, Valparaíso de Arriba, en la provincia manchega de Cuenca.

Otra versión histórica atribuye la designación del puerto chileno a la soldadesca del navegante genovés Juan Bautista Pastene, que deslumbrada por la belleza del lugar habría bautizado la zona Val del Paraíso. De ahí al actual Valparaíso apenas van cuatro siglos y varias contracciones lingüísticas. Aunque, al margen de este debate histórico nunca resuelto, los vecinos de la ciudad han terminado con toda discusión: para sus actuales trescientos mil habitantes la ciudad se llama Valpo. Así, a secas, con no poco cariño de sabor chileno.

Caminar Valparaíso es un ejercicio recomendable para la salud del cuerpo. Sus cerros obligan a transitar entre callejuelas estrechas, callejones sin salida y no pocos peldaños. Pero también para el bienestar del espíritu. Aquí se mantiene en activo el diario más antiguo de América Latina, “El Mercurio de Valparaíso”, todavía instalado en un edificio-monumento de estilo neoclásico francés, y aquí siguen llegando artistas jóvenes para aprender a pintar una gama infinita de colores que va cambiando según sea la orientación diaria de la luz del sol.

“La casuela”, del pintor Gonzalo Etcheto

En la parte alta del sector sureño, ahora convertido en apeadero de turistas y parejas de enamorados, aparece el argentino Gonzalo Etcheto en plena faena: pintor autodidacta de la ciudad de Mendoza, se ha especializado en el retrato colorista de las casas caleidoscópicas de Valparaíso. “Con esto vivo, y de esto quiero vivir”, señala el artista sin negar que el alimento para el alma no alcanza, a veces, para llenar la heladera. Ahora el mendocino expone su obra optimista en la galería Bahía Utópica, nombre que no se antoja más apropiado para su menester positivo. Y la sala de arte está ubicada en Cerro Alegre, qué gracia, en la frontera del casco histórico de la ciudad, patrimonio mundial desde 2003.

Son infinitos los paseos posibles por Valparaíso y, aunque uno disponga de la espléndida ayuda de un amigo local (en mi caso, un erudito de Valparaíso y de muchas otras cosas más), lo mejor es actuar como un flâneur, con el permiso poético de Baudelaire. Dicho en plata: dejarse llevar en un rumbo sin brújula, caminar por pura intuición. Pasear sin mapa en los bolsillos para descubrir la esquina nunca imaginada, el olor a sanguche de palta, el eco del vocero de los pescados del día, el puestecito de maní tostado y cotufas dulces, el carrito de los panchos calientes…. O centenares de grafitos urbanos, porque Valparaíso es un museo inmenso al aire libre. También para acercarse, a bordo de uno de los ascensores vetustos que sobreviven a la desmemoria, a la casa de Pablo Neruda, llamada La Sebastiana, levantada sobre un cerro color jardín trufado por calles con mosaicos con versos emocionantes de Federico García Lorca.

Y para cumplir con una liturgia antigua del viajero aprendiz de todo, maestro de nada: parroquia, cementerio y plaza de mercado. La Iglesia de la Matriz sigue en pie después de ver pasar a piratas (Francis Drake arrasó la ciudad en 1578: como únicos tesoros se llevó el cáliz de plata y las dos vinajeras para la misa) y ser construida otra vez tres siglos después. En el cementerio de Playa Ancha, fundado en 1887, descansan los restos de los próceres locales, memoria vieja de los tiempos pasados que aquí fueron mejores. Y en el mercado de abastos, como ocurre en todo Chile, mirar a los ojos saltones de sardinas con escamas vivas como espejos mágicos, palometas negras disfrazadas para el camuflaje y peces sable que ya no amenazan a nadie. U oler el yodo fuerte del piure, sabor intenso como el que regalan el picoroco, las almejas gigantes y el bígaro vivo. Son los ingredientes de esta receta para el optimismo, regada con pisco sour y jugo fresco de limones verdes. En Valparaíso, aquí donde los males del espíritu se esconden, rendidos ya a la evidencia de que es mejor vivir que lamentar.