El fotógrafo que coloreó la vida de la España en blanco y negro

18 Nov

JUAN GYENES

por Carlos Fuentes

Europa estaba a punto de derrumbarse y él soñaba con llegar a América. Pero el viaje acabó en Madrid. Y aquí János Gyenes, húngaro, judío y fotógrafo, fue retratista de reyes, artistas y famosos de la sociedad española de la segunda mitad del siglo XX. Ahora, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, la Biblioteca Nacional expone la obra de este francotirador de estudio que plasmó el apogeo de la dictadura, su decadencia y el inicio de la democracia. El legado de Gyenes, además de la élite artística nacional, incluye fotografías de actores y músicos canarios que tocaron la gloria en aquella España en blanco y negro.

Muchos han visto alguna foto de Gyenes. Quizá sin saber que el autor húngaro era su autor. Durante dos décadas su retrato de 1976 de los reyes de España fue la imagen oficial que colgaba en edificios públicos, colegios y oficinas. Años antes, en 1955, Gyenes retrató a Francisco Franco en el Palacio de El Pardo. Su imagen más lograda, un retrato oscuro pero sereno, fue utilizada por Franco para dar sensación de paz y normalidad cumplidos sus primeros treinta años en el poder. Es la foto del sello más popular de la dictadura. Pero sería injusto asociar a Gyenes a una imagen anacrónica. El autor húngaro, ya nacionalizado español como Juan Gyenes, fue ante todo el notario gráfico de la vida social, el teatro, del incipiente auge de la economía de consumo en España. “Su amor era su trabajo y su familia. Era incansable”, explica su hija Irenka Gyenes. “Le recuerdo con su máquina al hombro. Retrataba el arte y la belleza, a grandes de España que salían al mundo y a grandes del mundo que venían a España. Simpático y afectivo, tenía gran psicología y captaba enseguida a la gente. El secreto estaba en hacer visible lo invisible: captar el alma dentro del cuerpo”.

Gyenes nace el 21 de octubre de 1912 como János Gyenes, hijo del violinista Izsó Gyenes y de la joven de ascendencia judía Irénke Reményi. Los Gyenes residen en Kaspovár, al sur de Hungría, en cierta prosperidad económica y una boyante vida cultural en entreguerras. Pero la paz familiar dura poco. En 1928 el divorcio paterno fuerza el traslado del joven Gyenes. Se muda con su padre a Gyòr, a medio camino entre Viena y Budapest. Dos años después, al cumplir dieciocho, viaja a buscar un trabajo en la capital húngara. Es un país venido a menos. En 1920, finalizada la Primera Guerra Mundial, Hungría ya había perdido dos tercios de su territorio, pero la capital vive un periodo efervescente en lo cultural a orillas del Danubio. La primera oportunidad le llega a Gyenes de la revista Színházi Élet (Vida teatral). El fotógrafo debutante empieza a retratar a artistas y deportistas, y comienza ya a practicar una de sus máximas laborales: “Ver con los oídos, oír con los ojos”.

 Reportero en Budapest

Retrata a Pau Casals y a Nijinski. En Viena y Salzburgo fotografía al pianista ruso Prokófiev. De su incipiente trabajo gráfico sobresale la cobertura en 1934 de una reunión en Roma del dictador italiano Benito Mussolini, el rey de Siam y los primeros ministros de Hungría y Austria. El año nuevo trae un encargo clave en la vida de János Gyenes. Debe fotografiar la visita a Budapest de Eduardo de Inglaterra y una mujer americana llamada Wallis Simpsom. Se trata de tener fotos del romance que iba a cambiar la historia del Reino Unido. Gyenes sortea la vigilancia y, desde un andamio, fotografía a la pareja en plena calle. Pero es interceptado por un policía, al que se ve obligado a entregar cámara y carretes. No importa, Színházi Élet publica días después un reportaje sobre Eduardo y la divorciada Simpsom. ¿Cómo? Gyenes llevaba dos cámaras, entregó una a la policía y salvó el material oculto. Ser precavido se convierte en otra máxima de trabajo. “Era un reportero muy bueno, y así logró el reportaje con el que todos soñaban”, indica Fernando Olmeda, autor de la biografía Gyenes, el fotógrafo del optimismo y comisario de la exposición del centenario. “Fue una exclusiva sonada. Si no llega a llevar dos cámaras, y tener el ingenio de esconder una cuando aquel policía le pidió el carrete, esa exclusiva no se habría producido”.

En 1936 viaja a Berlín para cubrir los Juegos Olímpicos de 1936. La olimpiada de Hitler, pero también el éxito del atleta negro Jesse Owens, a quien Gyenes retrata ante el desconcierto, y la rabia, de los jerifaltes nazis. A finales de ese año desembarca en París como Jean Gyenes, corresponsal de Színházi Élet. Retrata a Marlene Dietrich en un restaurante zíngaro y recibe una propuesta de trabajo de The New York Times. Pero Gyenes viaja primero a Londres, donde Alexander Korda lleva London Film Productions. Realiza en Sudán la fotografía de la película Las cuatro plumas y acepta el empleo de corresponsal volante en el diario americano. Firma como John Gyenes y en 1938 cubre en El Cairo la boda del rey Farouk. Tres meses después repite boda real en Albania, cuando la amenaza nazi era ya realidad en Europa. Pero Gyenes regresa a Salzburgo para fotografiar otra vez a Toscanini. En el muestrario del nazismo en que se ha convertido el certamen austriaco, John Gyenes conoce la huida de amigos a Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Vientos de guerra, vienen malos tiempos para ser judío en Europa. Imposible regresar a Hungría, mejor está en Egipto.

Desde El Cairo envía imágenes de las pirámides y del Nilo, composiciones de vuelo artístico con bailarinas en Giza, pero también visitas siniestras como la que Goebbels realiza en abril de 1939 al monumental entorno de Giza. Con la invasión de Polonia arranca la Segunda Guerra Mundial y tampoco El Cairo es ciudad segura. John Gyenes, veintiocho años, fotógrafo en ciernes, prepara su huida a Estados Unidos con la promesa de su amigo Joe Pasternak de trabajo como fotógrafo de cine en Hollywood. Para salir de Egipto muchas personas con ascendencia judía acuden a embajadas de países más o menos neutrales. España es uno, y el nuevo representante franquista en El Cairo está dispuesto a atender solicitudes de otras embajadas para dar permisos de viaje y visados de tránsito a diplomáticos y militares. En la primavera de 1940, János-John Gyenes embarca en un buque italiano que hace la ruta Alejandría-Barcelona. Quiere visitar Madrid, que el personal franquista en Egipto vende como ciudad segura para captar talento extranjero. Pero Gyenes sueña con un viaje mayor: subir en Bilbao al transatlántico que haga el viaje soñado Londres-Nueva York.

Próxima estación: Madrid

Gyenes llega a un país devastado por la guerra civil y al poco tiempo decide quedarse. Nunca la aclarará del todo, pero es la decisión más importante de su vida. En Madrid es uno de los fotógrafos que empieza a ocupar el vacío dejado por los retratistas republicanos. Ya en 1941 realiza la foto del rodaje de Crucero Baleares, película propagandística del régimen que luego veta el Ministerio de Marina. Y se empieza a relacionar con la farándula. John H. Gyenes retrata a Concha Piquer, José Greco, Amparo Rivelles y al torero Manolete. En enero de ese año consigue trabajo en el afamado estudio que el fotógrafo Campúa tiene en la Gran Vía madrileña, ya renombrada por las autoridades franquistas como avenida José Antonio. Con Campúa nace otra costumbre de Gyenes. Como no tiene derecho a firmar sus fotografías, que van acreditadas a Estudio Campúa, empieza a pedir a sus retratados que le rubriquen con su dedicatoria la imagen. De esta forma Gyenes podrá acreditar luego que él es el autor de la fotografía.

En junio Gyenes se casa con Sofía Vázquez y, tras sugerencia casi orden del ministro de Asuntos Exteriores, se nacionaliza español con el nombre de Juan Gyenes. En 1944 se produce otro golpe de fortuna. Oye hablar de una joven manchega que busca suerte en Madrid. Es María Antonia Abad Fernández y pasará a la historia del cine como la primera actriz española que llegó a triunfar en Hollywood. Gyenes retrata a la joven y lleva sus fotos a la revista Semana: nace Sara Montiel. Otro pilar social del fotógrafo fue su cercanía a familias de la nobleza y la burguesía españolas. Como la Casa de Alba: en 1943 retrata el regreso a España de Cayetana, futura duquesa de Alba. En unas vacaciones en Suiza retrata a la actriz Audrey Hepburn, lo que apuntala su prestigio como fotógrafo de mujeres en la alta sociedad. Y todas quieren una foto de Gyenes.

Se cumplen siete años de residencia en España y Juan Gyenes decide abrir estudio propio. En el centro de Madrid, entre Callao y Plaza de España, Estudio Gyenes abre el 29 de enero de 1948. Esa tarde se inaugura también un “libro de oro” para dedicatorias de alcurnia: Jacinto Benavente, Fernando Rey y Carmen Franco, Wenceslao Fernández Flórez y Conchita Montes, pero también de estrellas de paso como el actor norteamericano Gary Cooper. Son años volcados en el teatro, retrata montajes de Buero Vallejo, Alfonso Paso, Tamallo y Adolfo Marsillach. “Conoció a Antonio el bailarín, a Lucero Tena, Margot Fonteyn, a los Luca de Tena… fotografiaba todos los estrenos y ha dejado un legado de fotografías maravilloso”, subraya Fernando Olmeda. “Gyenes fue testigo con la cámara de esa época magnífica”. De este periodo son dos extraordinarios retratos de Carmen Amaya, “la única mujer que sabe bailar con pantalones”, y de Antonio, a quien capta en Londres.

En el ecuador del siglo, Juan Gyenes ya está consagrado entre las clases más pudientes del franquismo. Falta, empero, popularizar su fotografía. Y Semana es su vehículo hacia el gran público. En otoño de 1948 se encarga de las fotos de portada, ya sin estrellas foráneas como Ava Gadner, Judy Garland o María Félix. Gyenes comienza a retratar a jovencitas españolas que destacan por su belleza. Y así se llama su serie para el popular semanario, Bellezas españolas. En verano viaja a San Sebastián y a la Costa del Sol para fotografiar el auge del primer turismo extranjero en la España franquista. En 1958 retrata al mismo dictador para la portada de ABC. Repetirá en 1960 con Franco de uniforme en El Pardo. El trato con políticos y casas reales se hace habitual con la cobertura de bodas monárquicas en Roma, una visita al conde de Barcelona en su exilio de Estoril y, en 1952, un primer retrato del príncipe Juan Carlos. A Puskas, el futbolista húngaro, le fotografía junto Di Stéfano en el estadio del Real Madrid. Participa en las tertulias del Café Gijón y de Revista de Occidente, retrata a viajeros como Dalí y Cocteau. En 1952 publica La Catalogne et les Baléares, primer gran libro fotográfico de Juan Gyenes. Su estreno internacional como retratista español se produce dos años después con la exposición en París de Espagne la Belle et les belles d´Espagne, paisajes de Andalucía, Cataluña, País Vasco, Baleares, Madrid y las ciudades Toledo, Ávila, Segovia y Cuenca.

El teatro centra Ballet español, libro de 1953, y también fotografía a tonadilleras como Concha Piquer, Juanita Reina y Carmen Sevilla. Retrata a Antonio Gades y Lola Flores. La pintura también depara alegrías. Gyenes se autorretrata en el Prado ante Las Meninas. “Aprendí mucho de los pintores. Cómo iluminaron sus pinturas (Rembrandt), cómo colocaron sus figuras (Velázquez), cómo reunían un grupo de amigos (Frans Hals), cómo retrataban una figura de interior (Vermeer). ¿Cómo no admirar una goyesca?”. Fotografía a Dalí y a Picasso en un primer encuentro antológico en Francia, luego a Miró por consejo del autor del Guernica. Entre otros pintores que posan para Gyenes está el canario César Manrique, con quien entabló una amistad devuelta en forma de viajes a la isla del pintor. En su estudio retrata a la joven voz de la canción isleña María Mérida, imagen que luego será portada de varios discos. También al tenor Alfredo Kraus, que posa divertido con una guitarra. Rompe la férrea timidez del modisto Balenciaga, y recibe el halago de Claudio de la Torre, director del Teatro María Guerrero, por Don Juan, “a quien vemos retratado”, escribe el dramaturgo canario, “como si saliera de las sombras del pasado, entre la bruma de su conciencia, tocado a veces de luz gracias a la magia de Gyenes”.

El fotógrafo se arrima al toro. Retrata a matadores (Antonio Mejías, Parrita, Belmonte) y al teórico mayor de la fiesta, José María de Cossío. En 1957 este trabajo taurino centra el libro Tauromachie, con prólogo de Belmonte. En el cine también hay progresos. España potencia su política de captación de rodajes de inversión extranjera y Gyenes aprovecha viajes a festivales internacionales de cine para retratar a Liz Taylor, Sofía Loren, Cary Grant, Gina Lollobrigida, Errol Flynn, Silvana Mangano, María Félix y Gloria Swanson. En París se las arregla para entrar en el camerino de Ingrid Bergman y en Sevilla fotografía a Brigitte Bardot en 1958. De vueltas a París retratará a Romy Schneider junto a Alain Delon y, en 1961, en Suiza logra fotografiar al esquivo Charles Chaplin en su refugio europeo por la paranoia anticomunista en Hollywood. Todos valoran su búsqueda del retrato ideal. “Con su equipo de retocadores intentaba obtener la mejor imagen posible de la persona fotografiada. Por un lado, con la idea de dar gusto al cliente, y por otro, lograr la perfección. Y si eso significaba que había que quitar una verruga u otra cosa, las quitaba, porque él consideraba la fotografía como un arte”, explica su biógrafo, Fernando Olmeda.

Gyenes, marca internacional

En el artista Gyenes siempre late el alma de reportero gráfico. Y en 1959 sale a la luz con la imagen que capta de la visita de Eisenhower a Madrid, en un viaje que supone un aldabonazo para el progresivo reconocimiento exterior de la dictadura de Franco. Y es una foto genial, digna de un veterano fotoperiodista político: el coche que lleva al presidente norteamericano y al dictador español es captado desde el quinto piso de la Torre de Madrid, en Plaza de España. A pesar de que ya es noche cerrada se puede distinguir el saludo de Eisenhower al público en las aceras. Quizá sea esta la imagen más vistosa de la entrada de España en el contexto internacional, con las luces de Madrid brillando a mayor gusto del dictador. Cuatro años después, en 1963, otra fotografía de alto vuelo muestra el prestigio al alza de Gyenes. Recibe una llamada de Wallis Simpson, ya duquesa de Windsor, para reservar una sesión con su esposo, Eduardo de Inglaterra. De los treinta minutos convenidos, la cita en Madrid se alargará tres horas. Los duques conocen la historia de las fotografías robadas en Budapest treinta años antes. Y Eduardo escucha el cuento de Gyenes entre carcajadas.

El reconocimiento de Juan Gyenes alcanza nivel mundial con una exposición en la Royal Photographic Society de Gran Bretaña. Esta muestra, la segunda dedicada a un fotógrafo español, se inaugura en Londres en mayo de 1966. Al año siguiente fotografía en Nueva York documentos originales de exploradores españoles de América del Norte y retrata a Teresa Berganza cuando actúa con Alfredo Kraus. En Madrid se incorpora como fotógrafo al Teatro Español, donde permanecerá hasta 1988. Pero no descuida su proyección exterior y, en 1968, exhibe 52 fotografías en la muestra El lente español de la Oficina Española de Turismo en Nueva York. ¿Gyenes fotógrafo con influencias? Su biógrafo cree que no. “Él siempre decía lo que mucha gente dice que afirmaba Franco: “Haga usted como yo, que no me meto en política”. Gyenes estimaba más importante la luz que las ideologías, era más importante su trabajo que el contexto en el que trabajaba. Se adaptó al tiempo histórico que le tocó vivir”, precisa Olmeda.

Cambian los vientos políticos. El rey, al que Gyenes fotografió en mangas de camisa en 1974, reacciona al intento golpista del 23 de febrero de 1981. Otra vez una imagen de Gyenes juega un papel importante: es la foto elegida por The Times para ayudar a la democracia en España. La relación con la Casa Real se afianza: retrata a la pareja, a sus hijos, y también momentos íntimos como entierros y ceremonias reales. En plano más lúdico, Gyenes entra en la noche marbellí, donde fotografía a Aga Khan en la apertura de Puerto Banús. En Madrid retrata a Imelda Marcos, quien luego reclamará su presencia para unas fotos en Manila. Y a Pekín envía una selección de fotos españolas para apoyar las incipientes relaciones diplomáticas con la República Popular China.

En 1977 Aleixandre recibe el Nobel de literatura y Gyenes completa un póquer de españoles con Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez y Severo Ochoa. Ha retratado a los cuatro. También capta la renovación política: Adolfo Suárez, Fernández-Ordóñez o Gutiérrez Mellado en los primeros gobiernos de UCD, y luego a los socialistas Narcís Serra y Ana Tutor. Entre las figuras históricas que pasan ante su cámara destacan Alberti y Tarradellas, Vallejo-Nájera y Ángel Suquía. El 16 de marzo de 1978 es el único fotógrafo en la boda de la duquesa de Alba. La ceremonia es cubierta por la Agencia Efe, pero Gyenes logra aval personal de la novia para hacer varias fotos. También cubre la entrada de la primera mujer en la Real Academia Española, Carmen Conde, en 1979. A final de ese año Gyenes ingresa en la Real Academia de las Bellas Artes. Fotografía el éxito mundial de Antonio Gades, a quien había dado trabajo como botones en su estudio, donde retrata a nuevos valores como Verónica Forqué, Massiel, Karina, Isabel Pantoja o Victoria Vera. Edita memorias en 1983 pese a su cierto hermetismo de años atrás (“no me da tiempo a escribir mi vida porque la estoy viviendo”) y, en 1984, Gyenes entrega un dramático retrato en rompecabezas de Dalí para la portada de ABC por los ochenta años del pintor. En Londres se reúne con la princesa Diana en un homenaje fotográfico a Rubinstein y luego sella su regreso emocional a Hungría con una visita a Kaspovár, donde exhibe un resumen de su trayectoria. Es el ajuste de una gran cuenta pendiente.

En 1989 Gyenes realiza un libro sobre las embajadas históricas del Reino de España en las principales capitales de Europa. También retrata a Cela y Gala, Aznar y Ana Belén, Victoria Abril y Norma Duval… en fin, la nueva generación de la política, la sociedad y la cultura. Ese mismo año viaja a París para retratar a la volcánica actriz mexicana María Félix. “Una belleza sobrenatural”, según el fotógrafo, que al año siguiente publicará el libro artístico Dalí-Picasso-Miró. Son las postrimerías de su vida de leyenda, con retratos esporádicos a figuras como Plácido Domingo, homenajes y reconocimientos oficiales. Juan Gyenes muere el 18 de mayo de 1995 en una clínica de Madrid. Dos días antes había fallecido su amiga Lola Flores. Ambos comparten honores y pésames en los periódicos y las revistas. La Biblioteca Nacional acaba de exponer Gyenes, maestro fotógrafo una selección del millón de negativos que su familia donó a España. “Era muy simpático, afectivo con todo el mundo y terriblemente sensible, tenía una gran psicología y captaba enseguida a la gente”, recuerda su hija Irenka sobre un autor clave para explicar el retrato español del siglo XX.

Publicado en el magazine Canarias3puntocero en noviembre de 2012

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