Archivo | diciembre, 2012

La alegre música africana de los ciegos de Malí

18 Dic

Amadou & Mariam

AMADOU & MARIAM

por Carlos Fuentes

Se equivocó quien pensó que apenas eran otra anécdota simpática llegada de África. Quince años y siete discos grandes después, los malíes Amadou Bagayoko y Mariam Doumbia han logrado trasladar su afro-pop ardiente y pegajoso a sitios nuevos en la música actual. El cuento feliz de la pareja de ciegos de Bamako reivindica audacia y superación ante la tristeza contagiosa de estos días de cólera.

Esta es la historia de una lucha cotidiana, el cuento optimista de una pareja de invidentes africanos que, lejos de caer en el derrotismo, hizo de la necesidad virtud para defender su carrera artística en una de las minas sonoras del oeste de África. El guitarrista Amadou Bagayoko y la cantante Mariam Doumbia ya habían publicado cuatro discos entre 1999 y 2003, pero fue la aparición de un socio europeo el factor que terminó por diseñar ese sonido ardiente y pegajoso que caracteriza el afro-pop de la pareja de ciegos más famosa de Malí. Con la llegada de Manu Chao a Bamako, provocada por la escucha accidental de una canción del dúo mientras viajaba en taxi por las calles de París, la música de Amadou & Mariam dio un salto en calidad y proyección internacional en el disco Dimanche à Bamako (2004). Paso adelante en profundidad de campo, con el sonido pespuntado con retazos de música global que caracteriza al superhéroe que una vez fue capitán de Mano Negra. Y el resto, valga el tópico, es historia. Pero una historia de las buenas, de esas que conviene leer en días de cólera para, por si aún quedan dudas, entender que el mundo no acaba hoy. Y que es mejor seguir camino a estar bloqueado en la melancolía de la derrota pasajera.

amadou et mariam

Amadou Bagayoko, que antes de conocer a Mariam Doumbia, ya participaba en los recitales que el seminal grupo Les Ambassadeurs ofrecía cada noche en el hotel de la estación de trenes de Bamako, luce contento y satisfecho. Ahora se cumplen treinta años de su unión, sentimental y artística, con Mariam tras conocerse en un colegio para ciegos. Él, que pronto cumplirá 58 años, perdió la visión a los dieciséis. Mariam, cuatro años más joven, sufrió una enfermedad a los cinco. En 1982 comenzaron a cantar juntos en la orquesta Eclipse dirigida por Idrissa Soumaouro. “Nuestra música ha evolucionado mucho estos años porque cada vez que grabamos hemos intentado añadir novedades a nuestras canciones”, cuenta por teléfono el guitarrista. “Ahora somos más universales porque hemos adoptado aspectos de la música electrónica, pero también del jazz y del blues. Esta voluntad también se puede ver en la diversidad de instrumentos que utilizamos, a balafón y kora tradicionales añadimos otros contemporáneos. Y eso ha permitido evolucionar a nuestra música hacia mayor universalidad”. ¿Y esta mayor proyección internacional ha cambiado también a las personas? “No, no creo”, responde, “seguimos siendo los mismos Amadou y Mariam, aunque quizás sí se han modificado algunas de nuestras preocupaciones. Tener éxito y ser conocidos a nivel mundial nos ha permitido implicarnos más en otros aspectos humanitarios. En ese sentido sí que hemos cambiado, pero quizá desde fuera no se vea. Nunca esperas éxito tan grande que permita que tus canciones sean conocidas por tanta gente a nivel mundial. A veces habíamos pensado en ser conocidos en nuestro ámbito, pero no en todo el planeta”.

amadou bagayokoDebe ser así. De hecho, su nuevo disco, Folila (Because Music, 2012), ofrece una invitación al baile. “En el idioma bambara, la palabra folila significa “vengan todos juntos a hacer música” y lo hemos titulado así porque en el disco hemos invitado a algunos amigos”, explica Amadou Bagayoko. “Las canciones fueron grabadas en tres lugares diferentes, en Estados Unidos, en África y en Europa, porque quisimos dar una dimensión universal a los nuevos temas. Planteamos este disco como encuentro de músicos de diferentes estilos, del rock al blues y los ritmos tradicionales”. Sin embargo, el álbum final es el producto de cambios sobre la marcha. Porque el plan original era grabar Folila en un formato doble: registrar las canciones con arreglos, digamos, tradicionales y también añadir un segundo disco con las mismas piezas pasadas por un tamiz más global. ¿Que haya quedado todo en un solo disco supone cierto fracaso? “No lo creo”, rebate Amadou Bagayoko. “Es cierto que al principio planteamos grabar dos álbumes diferentes, pero durante la grabación íbamos cayendo en la cuenta de que todo lo que hacíamos tenía un punto de conexión. Y finalmente decidimos combinar todo lo logrado en esas sesiones para publicar la música en un único disco”. En Folila participan artistas occidentales como el francés Bertrand Cantat (Noir Désir), Santigold, TV On The Radio y Jake Shears (Scissors Sisters). “Muchas de las colaboraciones suelen surgir a partir de encuentros en festivales en los que coincidimos con otros artistas. Y suele ser gente con la que hemos tenido la oportunidad de tocar en un escenario. En el caso de Bertrand Cantat, él nos fue a ver actuar y así surgió la idea de una futura colaboración. Con TV On The Radio nos encontramos en Nueva York. Así surgen colaboraciones con las que buscamos una diversidad basada en la diferencia. Buscamos artistas capaces de aportar otros colores, otras formas de hacer música y otras voces a nuestras canciones. Y todo ese proceso nos enriquece como músicos y como personas”.

mariam doumbia¿Y el hecho de que sean ciegos juega algún papel en la proyección lograda en los últimos tiempos? Porque, con el debido respeto, hay quienes dicen que la repercusión internacional de Amadou & Mariam tiene que ver con cierta caridad mal entendida con África. Amadou Bagayoko no esquiva la pregunta. Es más, parece que la esperaba. “Creo que nuestro éxito tiene mucho que ver con el valor, con el hecho de que seamos dos personas ciegas y que no nos hayamos quedado quietas en nuestro mundo. Eso ha sido muy apreciado por el público. Y nuestro éxito depende mucho de nuestro valor y de nuestra determinación, es lo que la gente ha valorado mucho”. No es habitual esta visión de África, donde parece que solo hay novedades cuando llegan malas noticias. Porque África, por desgracia, se sigue asociando a pobreza, guerra y discriminación. Y quizá la música de Amadou & Mariam permita que el mundo occidental abra los ojos. “Estoy absolutamente de acuerdo con este análisis que haces de África. Y por eso nuestra lucha es hacer ver otras caras de África. Porque es cierto que hay problemas graves en África, pero también hay otras muchas cosas… la alegría, la cultura y una gran solidaridad entre las personas. Nuestro combate es hacer ver al resto del mundo esas otras partes positivas de nuestro continente, otros aspectos que por desgracia no son tan conocidos como las malas noticias”.

Sin embargo, la actualidad última de Malí no augura buenos tiempos. En el norte del país la rebelión tuareg ha sido vampirizada por grupos de islamistas radicales, se ha comenzado a aplicar la ley islámica sharía, se tienen noticias de primeras lapidaciones y, a lo peor, el horizonte de una guerra civil abierta amenaza con acabar con el desarrollo sostenido que Malí había experimentado en la última década. Cuesta no preguntarse qué opinaría Ali Farka Touré de los combates fanáticos en su región natal. “Todo lo que está ocurriendo en el norte de mi país es algo muy lamentable para todos los malíes”, reconoce Amadou Bagayoko. “No es para nada una situación ventajosa para ninguno de nuestros compatriotas y ya es necesario encontrar una solución definitiva a ese conflicto. Pero los músicos solo podemos ofrecer las canciones como zona de encuentro. Nuestra música siempre se concibió como un lugar de encuentro entre culturas diferentes, incluso dentro de nuestro país. La música como un lugar de disfrute común de la alegría. Siempre hemos cantado para que la gente se pueda dar la mano, y seguiremos en este empeño aunque ahora no corran buenos tiempos”.

amadou bagayoko & mariam doumbia

Entretanto, la vida continúa. Amadou & Mariam siguen en una gira internacional mientras su nuevo álbum no deja de cosechar parabienes. Rolling Stone ya lo ha destacado como uno de los mejores discos de la primera mitad del año. E incluso su hijo Sam Bagayoko ha afianzado el trío SMOD, también con ayuda de Manu Chao. Después de esta década espléndida, ¿queda algo por lograr, algún sueño por cumplir? “En la vida hay que ser ambicioso y tener ganas de ir siempre más allá, pero creo que nosotros ya hemos llegado más lejos de lo que nunca habíamos soñado”, explica Amadou Bagayoko. “Ahora disfrutamos una situación que supera con creces cualquiera de nuestros sueños, pero seguimos apegados a nuestra realidad. Aunque tengamos más éxito, lo compartimos con nuestra gente, con nuestras familias, amigos, hermanos… con toda esa gente que nos quiere. El éxito de nuestras canciones no nos ha alejado de nuestra realidad social ni de nuestros orígenes. Nunca hemos pensado de una manera distinta porque ahora nuestra música tenga tanto éxito en todo el planeta”.

La estación que era una fiesta

les ambassadeursCon siete discos publicados desde la presentación con Je Pense à Toi (1998), la proyección de Amadou & Mariam ha desbordado fronteras. Pero antes del éxito, el guitarrista ya había probado las mieles de la fama nacional. Entre 1974 y 1980, Amadou Bagayoko integró Les Ambassadeurs, uno de los grupos pioneros de la música malí. Creado en 1971 como zona de encuentro entre sonidos tradicionales, jazz y ritmos latinos, el conjunto titular del hotel de la estación ferroviaria de Bamako dio un salto de calidad con la incorporación, en 1973, del cantante albino de la voz de oro, Salif Keita. “Les Ambassadeurs fue, sobre todo, una escuela para los músicos de Malí”, recuerda Amadou. “En aquella época empecé a aprender a tocar cualquier tipo de música. Mis años en Les Ambassadeurs fueron una gran escuela cultural donde aprendí las músicas de África, pero también otros sonidos como el blues, el jazz o el rock”. Intérpretes como Idrissa Soumaouro, Kanté Manfila o Sory Bamba afianzaron la reputación de Les Ambassadeurs, que compartía trono con otras bandas influyentes como Super Rail y Orchestra Badema, esta última liderada por la voz trémula de Kasse Mady Diabaté, ahora en AfroCubism. “Fue una época de mucha alegría, y también de aprendizaje”.

Publicado en la revista Rockdelux en octubre de 2012

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Leve susurrar de canciones

9 Dic

Juana Molina

JUANA MOLINA

Por Carlos Fuentes

Nunca la etiqueta cantautora sonó tan reduccionista. Ni el adjetivo electrónica distorsionó tanto la comprensión cabal de un universo musical tan delicado. Abstracto verso suelto en el país del rock en castellano, la argentina Juana Molina es todavía una incógnita rara para el público hispano. La mujer que cambió éxito televisivo por canción inteligente habla aquí de fuegos fatuos, África y bosques melódicos.

juana molinaLa casa de Juana Molina es una escapatoria del ruido. Y de la fiebre de vivir. El pueblo de Ricardo Rojas está treinta kilómetros tierra argentina adentro, frente a la capital y al río de la Plata, al costado de la carretera panamericana. Llegar hasta aquí ha llevado dos horas en transporte público y, ahora, por esta calle estrecha, en una esquina perdida de un poblado periférico del conurbano de Buenos Aires, pasa un viejo Ford Falcón color gris verdoso. Guiño de memoria metálica al peor tiempo de la dictadura que, en 1976, obligó al exilio a la familia de la anfitriona. Juana Molina (Buenos Aires, 1962), hija del cantante de tangos Horacio Molina y de la actriz Chunchuna Villafañe (con ella huyó de la vesania y el horror, seis años de exilio, primero Madrid, luego París), ultima los ensayos para dos conciertos solitarios. Está en plena transición tranquila entre discos. El último, Un día (Domino Records), data ya de 2008. Atrás quedan otros cuatro, como Tres Cosas (2002), su osadía equiparada en méritos por The New York Times con Brian Wilson (Smile), Björk (Medúlla) y Kanye West (The College Dropout). Juana Molina sabe que se la espera, pero no tiene prisa. “Las giras me han impedido sentarme a componer. Y no soy de las que componen en los viajes”, explica esta voz leve de la canción pespuntada con electrónica amable.

¿Cómo nace una de sus canciones?

Necesito unos días para sumergirme en el futuro mundo. Y la distracción no me ayuda. Empiezo superficialmente y, de golpe, entro en la historia para ver hacia dónde quiero ir. Esto lleva dos, tres semanas, y una vez dentro no me detengo. Es un túnel por el que voy. Ahí las cosas vienen solas, si vienen de otra forma no me interesan: suelen ser superficiales y probablemente descartables. Cada canción tiene su surgir, una línea musical, una sucesión de acordes o de notas te inspiran hacer otra cosa. Al final llegan las letras, siempre tras la música. Me interesa más la música, la letra es una excusa para cantar melodías. Cuando canto siempre aparece alguna palabra o frase incluida en la melodía, ese es el tema de la canción. A veces resuelvo rápido, otras veces cuesta más porque cuando pongo letra siento que la canción pierde su lenguaje propio y abstracto. De golpe, con la letra, se hace más terrenal. Muchas veces dudo: me convenzo de que esa melodía necesita una letra para ser cantada, pero a veces veo que las letras sacan a las melodías de su lugar y la música se vuelve más pesada.

juana molina poster

¿Qué llevó a este sonido tan cálido en el país del rock en castellano?
No lo sé. Quizá por eso me costó tanto ser acá, siempre me sentí sapo de otro pozo. Será eso. Cada uno es sus influencias, las influencias son despertadores y no son voluntarias. Ocurre aunque no quieras. Y hay otras que te gustan y no te quedan, no son para vos. Cuando era más chica me gustaba mucho el funk y la música negra, pero de eso no hay nada en mí. Me gustaría citarlas como influencias, pero no hay nada en lo que hago. Sí están Ravel, Eduardo Mateo, Beatles, Stewart Copeland, Violeta Parra… los escuché, pero no sé qué tengo de ellos. Nacer en una familia muy crítica hizo que mi forma de escuchar sea tan crítica. Por eso me critico mucho y compongo cosas que luego descarto… son necesarias para limpiarme, aunque me lleve tiempo hacerlas. Sé que no van a ir a ningún lugar, pero me salen y no puedo evitarlo. Lo único que puedo evitar es que se publiquen. Muestro lo que quiero dar. No es lo mismo que te critiquen por algo que te gusta que lo hagan por algo que ni a ti misma te gusta.

¿Utiliza la electrónica como fin o más como medio?
Me sorprende cada vez que me preguntan por la electrónica. No siento que use electrónica, uso teclado. Si un teclado es electrónica, entonces sí. Me gustaría hacer música electrónica, es uno de los lenguajes que más me interesan pero no lo sé manejar. Querría hacer un disco bailable, pero no sé cómo. Imagino algo, pero lo hago y suena a otra cosa. De la idea al hecho hay muchos filtros, las capacidades, las posibilidades. Como un nadador que cree que mueve los brazos como el otro, pero el otro tiene un estilo hermoso y no se sabe bien por qué.

Quizá porque ha sabido encontrar lo hermoso en la sencillez eléctrica…

El tilde de folktrónica que se puso a mi música, que no me parece errado, se debe al simple hecho de que uso guitarra acústica. Si yo hiciera lo mismo con una eléctrica no sé cómo lo llamarían. Uso acústica porque es la que tengo, con la que me siento cómoda, pero si encontrara una guitarra eléctrica igual de cómoda y que me sugiriera la misma cantidad de cosas… son los instrumentos los que te sugieren qué hacer. No es lo mismo una guitarra que otra, no es lo mismo un sonido que otro. Para mí no existe el demo. No me sale componer pensando en que luego sonará distinto, porque ya el timbre del instrumento me sugiere lo próximo que vendrá encima. Y ese timbre no puede ser distinto. Es como un bosque lleno de árboles: el sonido de un demo es el tronco del árbol y el timbre son todas las ramas. Cuando entras a un bosque, las ramas ya están mezcladas, los timbres se van mezclando. Si cambiara todos los instrumentos y tocara la misma música con otros, sería como un bosque sin ramas. ¿Cómo llegó a mi sonido? Es una pregunta sin respuesta, llego yendo.

Juana Molina¿Le sorprende el alcance de su obra en países de habla no hispana?

Siempre tengo miedo de que no venga nadie a mis conciertos, siempre viví con ese miedo dentro. No sé muy bien por qué ocurre. La primera vez que toqué en Londres, desde las primeras notas sentí una comunión increíble con el público. Fue estupendo, capté que las trescientas personas aprobaban lo que hacía. No sé si es masivo, pero siento que hay una comunión. Me siento muy celta, lo celta me conmueve, su música, las gaitas me conmueven. No sé dónde tengo ese gen celta, pero en algún lado lo tengo. Yo veo roca, pasto y niebla y ya me siento como en casa. Siento algo mío, aunque nací en Argentina, hija de un cantante de tango y nieta de españoles. Pero escucho canciones de Thomas Campion cantadas por Alfred Deller y no puedo estar con alguien. Me conmuevo, entro en estado casi de shock. La música antigua inglesa me deshace, me deshace realmente porque me llega a un lugar al que no llegan otras. También me pasa con algunas cosas africanas: me dejan perpleja, deshecha, desarmada… es algo realmente profundo que está dentro. No sé de dónde viene, pero lo tengo.

¿Y ayudó esta huella para su conexión africana con Congotronics?

Fue una experiencia muy intensa, por decirlo de la forma más cercana que se pueda decir. Había choques culturales muy fuertes, no fue simple. Los códigos son fundamentales para llevar algo adelante y, al principio, piensas que todos lo entendieron, pero al primer mes ves que nadie entendió nada de nadie. Pero me interesó intentar llegar a entendernos un poco. Es lo que más me gustó de esa experiencia. Ver cómo sienten, por qué sienten, por qué sienten una cosa y no otra. Fui más observadora que otra cosa, como nunca, porque yo de natural soy muy activa. Siempre estoy sacando punta al lápiz para trazar una línea fina a las cosas. Sentí que había mucho que no se decía, muchos percibíamos que había algo flotando que no se decía. Y quise descifrar eso para sentirme más cómoda y no quedarnos en sí, bien, esto es un encuentro con africanos en un proyecto multicultural pero no entendemos nada de nadie. Lo sufrí, pero al final logré lazos fuertes, verdaderos. Fue complejo, pero igual me encantó hacerlo.

Juana Molina en Lunes del ParaninfoDifícil imaginar la carrera de Juana Molina sin una disquera extranjera…

¡Yo qué sé! En Argentina se dio una situación incómoda cuando empezaba: muchos iban a verme porque conocían mi nombre por la televisión. De ese público, y era enorme, no sé cuántos quedaron porque les gustaba. Iba a un concierto y a la mitad había mucha menos gente. Al final, apenas cincuenta. Pero era un alivio, y yo algunas veces preguntaba: ¿empezamos de nuevo ahora que estamos los que queremos estar? A partir de ellos se fue formando otro público. Fichar por Domino hizo que más gente se enterara y se diera ese titular ridículo: “Vuelve triunfante de Europa”. Pero no creo que eso te dé más público, sí da posibilidad de que más gente te conozca. Hoy no estamos para que un disco tenga dos oportunidades, estoy condenada a que a mucha gente nunca le guste lo que hago. Sé que jamás me va a dar segunda oportunidad. Cuando empecé me decían que estaba loca, ¿no quieres poner algunas otras cosas a tus canciones? (risas) Pero yo no sacrifiqué una exitosa carrera de actriz para hacer algo que no me guste. No lo hago para tener éxito, lo hago porque si no lo hago me muero. Y muy de a poco, pero a paso seguro, empecé a tener más adeptos. Aunque sé que a la mayoría de la gente no le gusta mi música a la primera: escucharme es como aprender a aprender otro idioma.

Congotronics vs Rockers

África y las cintas robadas

Lo último de Juana Molina fue el proyecto Congotronics vs Rockers (2011), la reunión de grupos occidentales (Deerhoof, Skeletons, Wildbirds & Peacedrums) con la polirritmia febril de los congoleños Konono Nº1 y Kasai All Stars. Para la argentina era una cuenta pendiente y un mal recuerdo: “Tuve curiosidad por lo africano cuando vivía en Francia, pero ocurrió una desgracia lamentable que no pude remediar. En 1982, cuando ya volvía de Europa, pasé meses grabando discos prestados y programas de radio en cintas caseras. Reuní cuatrocientos casetes de noventa minutos, pero me robaron todo al llegar acá. Y nunca más recuperé esa música”, explica. “No me pude recuperar de la pérdida de gran parte del alimento musical de seis años en Europa, fue como si me hubieran lobotomizado. Olvidé esas músicas y ya nunca más compré discos”. Y ahora, ¿cómo se guía? “Hay tal cantidad de oferta que antes debes informarte, leer para saber qué quieres comprar. Voy a una tienda de discos, me quedo parada en medio de las góndolas y me voy sin nada porque no sé qué elegir”,  admite Juana Molina. “Por suerte, existe YouTube y descubro cosas por casualidad, pero me falta curiosidad. No soy tan curiosa para estar investigando”.

Publicado en la revista Rockdelux en octubre de 2012

Mañana será otro día…

6 Dic
earth nightFotografía compuesta por múltiples imágenes de la Tierra
en noches sin nubes desde el satélite Suomi NPP
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El malo de la película

2 Dic

Emir Kusturica

EMIR KUSTURICA

por Carlos Fuentes

Melancólico y provocador, pocos artistas son capaces de construir un universo propio como Emir Kusturica lo hizo con Papá está de viaje de negocios, Underground y Gato Negro, Gato Blanco. Ahora ultima la adaptación de la seminal novela Un puente sobre el Drina, pero su última pirueta es la transformación de Tiempo de Gitanos en una ópera-punk. Emir Kusturica, el chico malo del cine europeo, habla de películas, música y, ya es costumbre, la tragedia de Yugoslavia.

Al fondo se mantiene en pie un trozo del decorado de la ópera-punk El Tiempo de los Gitanos, un par de sillas baratas y una mesita de té avejentada como un salón de bar popular en la Serbia profunda. No sobra tiempo, mejor ir al grano. ¿Esto es una ópera? “¿Quién sabe? Podría serlo, pero también puede ocurrir que alguien vea la obra como ópera, otros lo hagan como teatro o quizá como teatro musical. ¿Quién sabe qué interpretación hará cualquier espectador? ¿Y a ti te ha gustado?”. Retrata bastante bien lo que debió ser la Yugoslavia rural, antes y después de Tito. A ratos evoca Un puente sobre el Drina. “¿Conoces ese libro?”. Emir Kusturica sonríe, tiende la mano y empieza a hablar. Debería comenzar una entrevista, aunque el director y músico serbio no está muy por la labor. Quizás prefiere Kusturica una conversación sin guión fijo, con el cine, la música y el conflicto yugoslavo como ejes de la charla. Ante el mismo pedazo de decorado de la historia épica de los Balcanes que continúa al fondo.

emir kusturica

Cuesta creer que este hombre de sandalias de pescador, calcetines negros y camiseta de Menorca sea el enfant terrible del cine europeo último. Pero Emir Kusturica (Sarajevo, 1954) suele decir lo que piensa y lo que piensa, claro, no gusta a todos. De visita en Cartagena con su adaptación de El Tiempo de los Gitanos (1988) en el festival La Mar de Músicas, el cineasta serbio no esquiva preguntas. Cine, para empezar. “Vivimos unos tiempos muy raros. Hoy hay un montón de autores y de directores que no están haciendo su propio cine. En los tiempos en que Fellini y Antonioni estaban vivos, ellos asistían a festivales. Los festivales servían para presentar películas de autores, no encargos de grandes producciones como pasa hoy. Diseñadores de mercado desarrollan productos orientados de los que ya se sabe que van a tener gran éxito. Y la fórmula para tener éxito en el cine de hoy es ser lo más estúpido que se pueda ser, lo más superficial que se pueda ser y lo menos intelectual que puedas. Entonces serás muy exitoso, todo lo contrario a lo que ocurría en época de Fellini y Antonioni”. ¿Y no hay otro cine? “En el cine de hoy manda el superpoder del dinero, con sus estúpidos actores famosos muy bien parecidos que desfilan felices por las alfombras rojas”. ¿Y cuál es su papel en un escenario tan negro como lo pinta? “Seguir haciendo mi cine. Me gustaría ayudar a extender el poder de la cultura de mi país, la cultura de los serbios, hasta los últimos momentos de mi vida”.libro

La vida de Emir Kusturica, que él mismo narra en el libro de memorias ¿Dónde estoy en esta historia?, comenzó en un popular barrio multiétnico, entre las cinco montañas de Sarajevo. Cuenta que el cine lo salvó de la calle y que el salvavidas fue la beca que obtuvo en 1974 para estudiar bellas artes en Praga. El cine, y la música, como puertas a un mundo nuevo. “Mi percepción de la vida siempre ha sido desde un punto de vista internacional. Me considero un alumno de Joe Strummer, The Clash y Sex Pistols. Sinceramente creo que el arte es una forma de entender la vida. Siempre entendí el mundo del arte como una forma sincera y poderosa de hacer camino en la vida. Lo que aprendí de la música punk, de la música que se hizo durante los años 70 y 80, fue cómo tratar la vida como una visión idealista de justicia e igualdad. Y estos son valores sociales que ahora son muy añorados. Los punks disfrutaban con la música, no hacían música de una manera exclusiva. No eran excluyentes ni diseñaban un mundo formal para la gente. No buscaban hacer música con formas preconcebidas para gustar al gran público. Utilizaban la música y buscaron una música muy fuerte porque la vida estaba sacudiendo muy duro fuera, en las calles de sus ciudades. Por eso amaré siempre la música y el cine de los años 70 y 80”.

Mundo aparte, Kusturica reivindica el acervo cultural serbio en cuanto tiene ocasión. En su cine –de la suburbial ¿Te acuerdas de Dolly Bell? a la década de gloria con Papá está de viaje de negocios, Tiempo de gitanos, Underground y Gato Negro, Gato Blanco— y en la música que hace con The No Smoking Orchestra. No sorprende su expansión al hablar de Serbia, de los serbios. “Ivo Andric, Nikola Tesla… tenemos tantas personalidades importantes en literatura, ciencia, deporte, sobre todo si se valora que Serbia es una nación de solo siete millones de personas. Siete millones que siempre han vivido comprimidas entre los países del oeste y los del este”. ¿Y por qué se tiene a los serbios como los malos de todas las películas? “Por inseguridad y por el punto de vista ideológico preconcebido que hay en Europa occidental. Serbia siempre es considerada culpable por nuestra vinculación con Rusia. Solo por eso. Y así llevamos los últimos 250 años. Incluso en el contexto del socialismo marxista, cuando los serbios fueron utilizados para luchar contra el imperio otomano. Es la única razón por la que siempre se nos cataloga como pueblo culpable. Es un problema eterno”, responde Kusturica. “Pero no olvidemos que Serbia fue el único país en Europa del este cuyos jóvenes no fueron a la guerra cuando Alemania intentó invadir Rusia. Todos los demás, los chicos croatas, los checos, los bosniacos… todos participaron en aquel ataque de la Alemania nazi contra Rusia en la Primera Guerra Mundial”.

Kusturica (concierto)

¿Y usted se siente culpable? “Todo el mundo se puede sentir culpable, pero tengo muy claro que mi culpabilidad solo existe ante mis hijos, ante mi esposa y ante mis familiares y amigos. Ante toda la gente que está próxima, porque a veces te equivocas con ellos, pides disculpas. Pero no me siento culpable ante el mundo entero”. En Sarajevo, su ciudad natal, hay muchos que no piensan lo mismo. Puede hacer la prueba: nombrar a Kusturica es como mentar al diablo. “Sarajevo no existe, la ciudad de Sarajevo es una creación del mundo político occidental. En los años 90 se hizo la guerra para diseñar una ciudad multiétnica y, acabado el combate, ya hemos visto que la ciudad multiétnica no existe. Hoy la población de Sarajevo es musulmana en un 97%”. Igual que en Banja Luka, la capital serbia de Bosnia. “Sí, pero ellos no fingen que viven en una región multiétnica. Ellos son serbios y quieren vivir como serbios en tierra de Serbia”. Es una forma de verlo. “Como decir que Izetbegovic fue uno de los culpables de la guerra, pero se ha dado la gran paradoja: a los serbios se nos considera un pueblo culpable por pensar que gente como él fue la culpable de la guerra”.

Es un conflicto de casi tres siglos. Andric ya escribió que la historia es un bucle cíclico en los Balcanes. En repetición permanente. “Se podría ver un región sin problemas étnicos, sin tensiones entre diferentes grupos étnicos pero la historia de los Balcanes está muy vinculada a la violencia, a la rivalidad y, en varias ocasiones, a la guerra. Todas las guerras, desde la primera balcánica hasta la segunda mundial, se dieron porque Alemania quiere llegar a Rusia”. Y Serbia está siempre con los rusos. “Las consecuencias de la división de Europa en dos y la importancia política de Rusia en el este tuvieron un fuerte impacto en Serbia. Pero está llegando al final porque el mundo occidental ya no se puede permitir económicamente estar sin presencia en Rusia y en los países del este. Rusia siempre fue el objetivo de Estados Unidos y de sus socios en Europa, porque ese mundo no era cómodo para los occidentales. Ahora tenemos una gran frontera católica en Croacia, y ocurre no porque los serbios sean buenos o malos chicos sino porque estamos muy vinculados a Rusia. La historia serbia siempre estuvo sometida a la propaganda. Y Rusia siempre fue el gran objetivo de las grandes potencias europeas: Napoleón quiso conquistar Rusia, Hitler quiso conquistar Rusia… y ahora los norteamericanos quieren hacer lo mismo con Rusia y se preparan metiendo mano en sus recursos económicos… y si alguien no me cree, puede informarse en los cuarteles generales de la OTAN”.

Time of the Gypsies

Entretanto, Serbia sigue acumulando fracasos. El último, la pérdida de Kosovo. “Con esa independencia, apoyada por los americanos y por casi todos los gobiernos europeos, se amputó con apariencia de legalidad un pedazo que forma una parte legítima del territorio histórico de Serbia, y todo para ayudar a la creación de una Gran Albania. Estados Unidos quiere crear la gran Albania”. ¿Se imagina a Serbia en Europa? “Yo ya soy europeo”. En la Europa política y económica, en la UE. “¿Europa política? Según a lo que te refieras al decir “ser parte de Europa”. ¿Ser europeo es ser alemán? Países como España, Grecia o Italia ya están pasando por graves dificultades. ¿Adónde va la Europa política y económica? ¿Estamos seguros de que sobrevivirá a la crisis? Mientras hay un gigante que sigue creciendo, China, no sabemos qué va a ocurrir con Europa”.

emir brasil

Menos excesivo que su música, más personal que su cine, las memorias de Emir Kusturica son una suerte de exorcismo bipolar. ¿Dónde estoy en esta historia? (Península, 2012) rinde cuentas de los tiempos de loca juventud en un Sarajevo antes del último martirio y, al tiempo, trata de ajustar cuentas con las turbulencias del pasado aún presente. “Es un ejercicio de devoción personal a los años de mi infancia y mi adolescencia”, explica el director serbio, “también un homenaje a mis padres, que se esforzaron mucho para que yo, un chico de Sarajevo, pudiera realizar los estudios de cine con los que soñaba”. Y revela, “e intenta explicar”, según su autor, cómo era aquello de ser niño en la Yugoslavia de Tito. Pero el niño que se hizo mayor no puede obviar lo que llegó después. 150.000 muertos, la última gran guerra en Europa. Y aquí Kusturica suele ir por la libre. “Me decidí a escribirlo ahora porque se han escrito tantas mentiras, han existido tantas provocaciones ideológicas, muchas malas interpretaciones. Dije: voy a escribir mis opiniones para contestar a todo esto. Y este libro reúne mis reacciones ante el mundo”.

Con escenas hilarantes junto a Johnny Depp en Sarajevo (se hicieron buenos amigos durante el rodaje de El sueño de Arizona en 1992), una burla grosera al Angelopoulos de la colosal La mirada de Ulises y su versión de la pelea posterior en la playa de Cannes, el relato de Kusturica supura por la herida serbia. Quizá de ahí nazca su pelea contra el mundo. ¿O Serbia no cometió errores, no se ha equivocado como cualquier pueblo. “Eso es propaganda. ¿Cómo pueden estar equivocadas siete millones de personas? A Serbia nos otorgan el papel de chicos malos en un mundo con conflictos en muchos otros sitios. Como aún se sigue matando civiles en Afganistán mientras los soldados cantan American Pie. Esa es una de las razones por las que los serbios somos los malos a ojos del mundo”. ¿Porque tienen razón? Kusturica ríe, se ríe con ganas, y se pierde entre los muros de metacrilato del auditorio El Batel. Dentro ya desmontaron el cartón piedra de El Tiempo de los Gitanos.

Publicado en la revista Rockdelux en octubre de 2012