El malo de la película

2 Dic

Emir Kusturica

EMIR KUSTURICA

por Carlos Fuentes

Melancólico y provocador, pocos artistas son capaces de construir un universo propio como Emir Kusturica lo hizo con Papá está de viaje de negocios, Underground y Gato Negro, Gato Blanco. Ahora ultima la adaptación de la seminal novela Un puente sobre el Drina, pero su última pirueta es la transformación de Tiempo de Gitanos en una ópera-punk. Emir Kusturica, el chico malo del cine europeo, habla de películas, música y, ya es costumbre, la tragedia de Yugoslavia.

Al fondo se mantiene en pie un trozo del decorado de la ópera-punk El Tiempo de los Gitanos, un par de sillas baratas y una mesita de té avejentada como un salón de bar popular en la Serbia profunda. No sobra tiempo, mejor ir al grano. ¿Esto es una ópera? “¿Quién sabe? Podría serlo, pero también puede ocurrir que alguien vea la obra como ópera, otros lo hagan como teatro o quizá como teatro musical. ¿Quién sabe qué interpretación hará cualquier espectador? ¿Y a ti te ha gustado?”. Retrata bastante bien lo que debió ser la Yugoslavia rural, antes y después de Tito. A ratos evoca Un puente sobre el Drina. “¿Conoces ese libro?”. Emir Kusturica sonríe, tiende la mano y empieza a hablar. Debería comenzar una entrevista, aunque el director y músico serbio no está muy por la labor. Quizás prefiere Kusturica una conversación sin guión fijo, con el cine, la música y el conflicto yugoslavo como ejes de la charla. Ante el mismo pedazo de decorado de la historia épica de los Balcanes que continúa al fondo.

emir kusturica

Cuesta creer que este hombre de sandalias de pescador, calcetines negros y camiseta de Menorca sea el enfant terrible del cine europeo último. Pero Emir Kusturica (Sarajevo, 1954) suele decir lo que piensa y lo que piensa, claro, no gusta a todos. De visita en Cartagena con su adaptación de El Tiempo de los Gitanos (1988) en el festival La Mar de Músicas, el cineasta serbio no esquiva preguntas. Cine, para empezar. “Vivimos unos tiempos muy raros. Hoy hay un montón de autores y de directores que no están haciendo su propio cine. En los tiempos en que Fellini y Antonioni estaban vivos, ellos asistían a festivales. Los festivales servían para presentar películas de autores, no encargos de grandes producciones como pasa hoy. Diseñadores de mercado desarrollan productos orientados de los que ya se sabe que van a tener gran éxito. Y la fórmula para tener éxito en el cine de hoy es ser lo más estúpido que se pueda ser, lo más superficial que se pueda ser y lo menos intelectual que puedas. Entonces serás muy exitoso, todo lo contrario a lo que ocurría en época de Fellini y Antonioni”. ¿Y no hay otro cine? “En el cine de hoy manda el superpoder del dinero, con sus estúpidos actores famosos muy bien parecidos que desfilan felices por las alfombras rojas”. ¿Y cuál es su papel en un escenario tan negro como lo pinta? “Seguir haciendo mi cine. Me gustaría ayudar a extender el poder de la cultura de mi país, la cultura de los serbios, hasta los últimos momentos de mi vida”.libro

La vida de Emir Kusturica, que él mismo narra en el libro de memorias ¿Dónde estoy en esta historia?, comenzó en un popular barrio multiétnico, entre las cinco montañas de Sarajevo. Cuenta que el cine lo salvó de la calle y que el salvavidas fue la beca que obtuvo en 1974 para estudiar bellas artes en Praga. El cine, y la música, como puertas a un mundo nuevo. “Mi percepción de la vida siempre ha sido desde un punto de vista internacional. Me considero un alumno de Joe Strummer, The Clash y Sex Pistols. Sinceramente creo que el arte es una forma de entender la vida. Siempre entendí el mundo del arte como una forma sincera y poderosa de hacer camino en la vida. Lo que aprendí de la música punk, de la música que se hizo durante los años 70 y 80, fue cómo tratar la vida como una visión idealista de justicia e igualdad. Y estos son valores sociales que ahora son muy añorados. Los punks disfrutaban con la música, no hacían música de una manera exclusiva. No eran excluyentes ni diseñaban un mundo formal para la gente. No buscaban hacer música con formas preconcebidas para gustar al gran público. Utilizaban la música y buscaron una música muy fuerte porque la vida estaba sacudiendo muy duro fuera, en las calles de sus ciudades. Por eso amaré siempre la música y el cine de los años 70 y 80”.

Mundo aparte, Kusturica reivindica el acervo cultural serbio en cuanto tiene ocasión. En su cine –de la suburbial ¿Te acuerdas de Dolly Bell? a la década de gloria con Papá está de viaje de negocios, Tiempo de gitanos, Underground y Gato Negro, Gato Blanco— y en la música que hace con The No Smoking Orchestra. No sorprende su expansión al hablar de Serbia, de los serbios. “Ivo Andric, Nikola Tesla… tenemos tantas personalidades importantes en literatura, ciencia, deporte, sobre todo si se valora que Serbia es una nación de solo siete millones de personas. Siete millones que siempre han vivido comprimidas entre los países del oeste y los del este”. ¿Y por qué se tiene a los serbios como los malos de todas las películas? “Por inseguridad y por el punto de vista ideológico preconcebido que hay en Europa occidental. Serbia siempre es considerada culpable por nuestra vinculación con Rusia. Solo por eso. Y así llevamos los últimos 250 años. Incluso en el contexto del socialismo marxista, cuando los serbios fueron utilizados para luchar contra el imperio otomano. Es la única razón por la que siempre se nos cataloga como pueblo culpable. Es un problema eterno”, responde Kusturica. “Pero no olvidemos que Serbia fue el único país en Europa del este cuyos jóvenes no fueron a la guerra cuando Alemania intentó invadir Rusia. Todos los demás, los chicos croatas, los checos, los bosniacos… todos participaron en aquel ataque de la Alemania nazi contra Rusia en la Primera Guerra Mundial”.

Kusturica (concierto)

¿Y usted se siente culpable? “Todo el mundo se puede sentir culpable, pero tengo muy claro que mi culpabilidad solo existe ante mis hijos, ante mi esposa y ante mis familiares y amigos. Ante toda la gente que está próxima, porque a veces te equivocas con ellos, pides disculpas. Pero no me siento culpable ante el mundo entero”. En Sarajevo, su ciudad natal, hay muchos que no piensan lo mismo. Puede hacer la prueba: nombrar a Kusturica es como mentar al diablo. “Sarajevo no existe, la ciudad de Sarajevo es una creación del mundo político occidental. En los años 90 se hizo la guerra para diseñar una ciudad multiétnica y, acabado el combate, ya hemos visto que la ciudad multiétnica no existe. Hoy la población de Sarajevo es musulmana en un 97%”. Igual que en Banja Luka, la capital serbia de Bosnia. “Sí, pero ellos no fingen que viven en una región multiétnica. Ellos son serbios y quieren vivir como serbios en tierra de Serbia”. Es una forma de verlo. “Como decir que Izetbegovic fue uno de los culpables de la guerra, pero se ha dado la gran paradoja: a los serbios se nos considera un pueblo culpable por pensar que gente como él fue la culpable de la guerra”.

Es un conflicto de casi tres siglos. Andric ya escribió que la historia es un bucle cíclico en los Balcanes. En repetición permanente. “Se podría ver un región sin problemas étnicos, sin tensiones entre diferentes grupos étnicos pero la historia de los Balcanes está muy vinculada a la violencia, a la rivalidad y, en varias ocasiones, a la guerra. Todas las guerras, desde la primera balcánica hasta la segunda mundial, se dieron porque Alemania quiere llegar a Rusia”. Y Serbia está siempre con los rusos. “Las consecuencias de la división de Europa en dos y la importancia política de Rusia en el este tuvieron un fuerte impacto en Serbia. Pero está llegando al final porque el mundo occidental ya no se puede permitir económicamente estar sin presencia en Rusia y en los países del este. Rusia siempre fue el objetivo de Estados Unidos y de sus socios en Europa, porque ese mundo no era cómodo para los occidentales. Ahora tenemos una gran frontera católica en Croacia, y ocurre no porque los serbios sean buenos o malos chicos sino porque estamos muy vinculados a Rusia. La historia serbia siempre estuvo sometida a la propaganda. Y Rusia siempre fue el gran objetivo de las grandes potencias europeas: Napoleón quiso conquistar Rusia, Hitler quiso conquistar Rusia… y ahora los norteamericanos quieren hacer lo mismo con Rusia y se preparan metiendo mano en sus recursos económicos… y si alguien no me cree, puede informarse en los cuarteles generales de la OTAN”.

Time of the Gypsies

Entretanto, Serbia sigue acumulando fracasos. El último, la pérdida de Kosovo. “Con esa independencia, apoyada por los americanos y por casi todos los gobiernos europeos, se amputó con apariencia de legalidad un pedazo que forma una parte legítima del territorio histórico de Serbia, y todo para ayudar a la creación de una Gran Albania. Estados Unidos quiere crear la gran Albania”. ¿Se imagina a Serbia en Europa? “Yo ya soy europeo”. En la Europa política y económica, en la UE. “¿Europa política? Según a lo que te refieras al decir “ser parte de Europa”. ¿Ser europeo es ser alemán? Países como España, Grecia o Italia ya están pasando por graves dificultades. ¿Adónde va la Europa política y económica? ¿Estamos seguros de que sobrevivirá a la crisis? Mientras hay un gigante que sigue creciendo, China, no sabemos qué va a ocurrir con Europa”.

emir brasil

Menos excesivo que su música, más personal que su cine, las memorias de Emir Kusturica son una suerte de exorcismo bipolar. ¿Dónde estoy en esta historia? (Península, 2012) rinde cuentas de los tiempos de loca juventud en un Sarajevo antes del último martirio y, al tiempo, trata de ajustar cuentas con las turbulencias del pasado aún presente. “Es un ejercicio de devoción personal a los años de mi infancia y mi adolescencia”, explica el director serbio, “también un homenaje a mis padres, que se esforzaron mucho para que yo, un chico de Sarajevo, pudiera realizar los estudios de cine con los que soñaba”. Y revela, “e intenta explicar”, según su autor, cómo era aquello de ser niño en la Yugoslavia de Tito. Pero el niño que se hizo mayor no puede obviar lo que llegó después. 150.000 muertos, la última gran guerra en Europa. Y aquí Kusturica suele ir por la libre. “Me decidí a escribirlo ahora porque se han escrito tantas mentiras, han existido tantas provocaciones ideológicas, muchas malas interpretaciones. Dije: voy a escribir mis opiniones para contestar a todo esto. Y este libro reúne mis reacciones ante el mundo”.

Con escenas hilarantes junto a Johnny Depp en Sarajevo (se hicieron buenos amigos durante el rodaje de El sueño de Arizona en 1992), una burla grosera al Angelopoulos de la colosal La mirada de Ulises y su versión de la pelea posterior en la playa de Cannes, el relato de Kusturica supura por la herida serbia. Quizá de ahí nazca su pelea contra el mundo. ¿O Serbia no cometió errores, no se ha equivocado como cualquier pueblo. “Eso es propaganda. ¿Cómo pueden estar equivocadas siete millones de personas? A Serbia nos otorgan el papel de chicos malos en un mundo con conflictos en muchos otros sitios. Como aún se sigue matando civiles en Afganistán mientras los soldados cantan American Pie. Esa es una de las razones por las que los serbios somos los malos a ojos del mundo”. ¿Porque tienen razón? Kusturica ríe, se ríe con ganas, y se pierde entre los muros de metacrilato del auditorio El Batel. Dentro ya desmontaron el cartón piedra de El Tiempo de los Gitanos.

Publicado en la revista Rockdelux en octubre de 2012

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Una respuesta to “El malo de la película”

  1. burn the fat feed the muscle opinion 31 de mayo de 2013 a 14:01 #

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