Leve susurrar de canciones

9 Dic

Juana Molina

JUANA MOLINA

Por Carlos Fuentes

Nunca la etiqueta cantautora sonó tan reduccionista. Ni el adjetivo electrónica distorsionó tanto la comprensión cabal de un universo musical tan delicado. Abstracto verso suelto en el país del rock en castellano, la argentina Juana Molina es todavía una incógnita rara para el público hispano. La mujer que cambió éxito televisivo por canción inteligente habla aquí de fuegos fatuos, África y bosques melódicos.

juana molinaLa casa de Juana Molina es una escapatoria del ruido. Y de la fiebre de vivir. El pueblo de Ricardo Rojas está treinta kilómetros tierra argentina adentro, frente a la capital y al río de la Plata, al costado de la carretera panamericana. Llegar hasta aquí ha llevado dos horas en transporte público y, ahora, por esta calle estrecha, en una esquina perdida de un poblado periférico del conurbano de Buenos Aires, pasa un viejo Ford Falcón color gris verdoso. Guiño de memoria metálica al peor tiempo de la dictadura que, en 1976, obligó al exilio a la familia de la anfitriona. Juana Molina (Buenos Aires, 1962), hija del cantante de tangos Horacio Molina y de la actriz Chunchuna Villafañe (con ella huyó de la vesania y el horror, seis años de exilio, primero Madrid, luego París), ultima los ensayos para dos conciertos solitarios. Está en plena transición tranquila entre discos. El último, Un día (Domino Records), data ya de 2008. Atrás quedan otros cuatro, como Tres Cosas (2002), su osadía equiparada en méritos por The New York Times con Brian Wilson (Smile), Björk (Medúlla) y Kanye West (The College Dropout). Juana Molina sabe que se la espera, pero no tiene prisa. “Las giras me han impedido sentarme a componer. Y no soy de las que componen en los viajes”, explica esta voz leve de la canción pespuntada con electrónica amable.

¿Cómo nace una de sus canciones?

Necesito unos días para sumergirme en el futuro mundo. Y la distracción no me ayuda. Empiezo superficialmente y, de golpe, entro en la historia para ver hacia dónde quiero ir. Esto lleva dos, tres semanas, y una vez dentro no me detengo. Es un túnel por el que voy. Ahí las cosas vienen solas, si vienen de otra forma no me interesan: suelen ser superficiales y probablemente descartables. Cada canción tiene su surgir, una línea musical, una sucesión de acordes o de notas te inspiran hacer otra cosa. Al final llegan las letras, siempre tras la música. Me interesa más la música, la letra es una excusa para cantar melodías. Cuando canto siempre aparece alguna palabra o frase incluida en la melodía, ese es el tema de la canción. A veces resuelvo rápido, otras veces cuesta más porque cuando pongo letra siento que la canción pierde su lenguaje propio y abstracto. De golpe, con la letra, se hace más terrenal. Muchas veces dudo: me convenzo de que esa melodía necesita una letra para ser cantada, pero a veces veo que las letras sacan a las melodías de su lugar y la música se vuelve más pesada.

juana molina poster

¿Qué llevó a este sonido tan cálido en el país del rock en castellano?
No lo sé. Quizá por eso me costó tanto ser acá, siempre me sentí sapo de otro pozo. Será eso. Cada uno es sus influencias, las influencias son despertadores y no son voluntarias. Ocurre aunque no quieras. Y hay otras que te gustan y no te quedan, no son para vos. Cuando era más chica me gustaba mucho el funk y la música negra, pero de eso no hay nada en mí. Me gustaría citarlas como influencias, pero no hay nada en lo que hago. Sí están Ravel, Eduardo Mateo, Beatles, Stewart Copeland, Violeta Parra… los escuché, pero no sé qué tengo de ellos. Nacer en una familia muy crítica hizo que mi forma de escuchar sea tan crítica. Por eso me critico mucho y compongo cosas que luego descarto… son necesarias para limpiarme, aunque me lleve tiempo hacerlas. Sé que no van a ir a ningún lugar, pero me salen y no puedo evitarlo. Lo único que puedo evitar es que se publiquen. Muestro lo que quiero dar. No es lo mismo que te critiquen por algo que te gusta que lo hagan por algo que ni a ti misma te gusta.

¿Utiliza la electrónica como fin o más como medio?
Me sorprende cada vez que me preguntan por la electrónica. No siento que use electrónica, uso teclado. Si un teclado es electrónica, entonces sí. Me gustaría hacer música electrónica, es uno de los lenguajes que más me interesan pero no lo sé manejar. Querría hacer un disco bailable, pero no sé cómo. Imagino algo, pero lo hago y suena a otra cosa. De la idea al hecho hay muchos filtros, las capacidades, las posibilidades. Como un nadador que cree que mueve los brazos como el otro, pero el otro tiene un estilo hermoso y no se sabe bien por qué.

Quizá porque ha sabido encontrar lo hermoso en la sencillez eléctrica…

El tilde de folktrónica que se puso a mi música, que no me parece errado, se debe al simple hecho de que uso guitarra acústica. Si yo hiciera lo mismo con una eléctrica no sé cómo lo llamarían. Uso acústica porque es la que tengo, con la que me siento cómoda, pero si encontrara una guitarra eléctrica igual de cómoda y que me sugiriera la misma cantidad de cosas… son los instrumentos los que te sugieren qué hacer. No es lo mismo una guitarra que otra, no es lo mismo un sonido que otro. Para mí no existe el demo. No me sale componer pensando en que luego sonará distinto, porque ya el timbre del instrumento me sugiere lo próximo que vendrá encima. Y ese timbre no puede ser distinto. Es como un bosque lleno de árboles: el sonido de un demo es el tronco del árbol y el timbre son todas las ramas. Cuando entras a un bosque, las ramas ya están mezcladas, los timbres se van mezclando. Si cambiara todos los instrumentos y tocara la misma música con otros, sería como un bosque sin ramas. ¿Cómo llegó a mi sonido? Es una pregunta sin respuesta, llego yendo.

Juana Molina¿Le sorprende el alcance de su obra en países de habla no hispana?

Siempre tengo miedo de que no venga nadie a mis conciertos, siempre viví con ese miedo dentro. No sé muy bien por qué ocurre. La primera vez que toqué en Londres, desde las primeras notas sentí una comunión increíble con el público. Fue estupendo, capté que las trescientas personas aprobaban lo que hacía. No sé si es masivo, pero siento que hay una comunión. Me siento muy celta, lo celta me conmueve, su música, las gaitas me conmueven. No sé dónde tengo ese gen celta, pero en algún lado lo tengo. Yo veo roca, pasto y niebla y ya me siento como en casa. Siento algo mío, aunque nací en Argentina, hija de un cantante de tango y nieta de españoles. Pero escucho canciones de Thomas Campion cantadas por Alfred Deller y no puedo estar con alguien. Me conmuevo, entro en estado casi de shock. La música antigua inglesa me deshace, me deshace realmente porque me llega a un lugar al que no llegan otras. También me pasa con algunas cosas africanas: me dejan perpleja, deshecha, desarmada… es algo realmente profundo que está dentro. No sé de dónde viene, pero lo tengo.

¿Y ayudó esta huella para su conexión africana con Congotronics?

Fue una experiencia muy intensa, por decirlo de la forma más cercana que se pueda decir. Había choques culturales muy fuertes, no fue simple. Los códigos son fundamentales para llevar algo adelante y, al principio, piensas que todos lo entendieron, pero al primer mes ves que nadie entendió nada de nadie. Pero me interesó intentar llegar a entendernos un poco. Es lo que más me gustó de esa experiencia. Ver cómo sienten, por qué sienten, por qué sienten una cosa y no otra. Fui más observadora que otra cosa, como nunca, porque yo de natural soy muy activa. Siempre estoy sacando punta al lápiz para trazar una línea fina a las cosas. Sentí que había mucho que no se decía, muchos percibíamos que había algo flotando que no se decía. Y quise descifrar eso para sentirme más cómoda y no quedarnos en sí, bien, esto es un encuentro con africanos en un proyecto multicultural pero no entendemos nada de nadie. Lo sufrí, pero al final logré lazos fuertes, verdaderos. Fue complejo, pero igual me encantó hacerlo.

Juana Molina en Lunes del ParaninfoDifícil imaginar la carrera de Juana Molina sin una disquera extranjera…

¡Yo qué sé! En Argentina se dio una situación incómoda cuando empezaba: muchos iban a verme porque conocían mi nombre por la televisión. De ese público, y era enorme, no sé cuántos quedaron porque les gustaba. Iba a un concierto y a la mitad había mucha menos gente. Al final, apenas cincuenta. Pero era un alivio, y yo algunas veces preguntaba: ¿empezamos de nuevo ahora que estamos los que queremos estar? A partir de ellos se fue formando otro público. Fichar por Domino hizo que más gente se enterara y se diera ese titular ridículo: “Vuelve triunfante de Europa”. Pero no creo que eso te dé más público, sí da posibilidad de que más gente te conozca. Hoy no estamos para que un disco tenga dos oportunidades, estoy condenada a que a mucha gente nunca le guste lo que hago. Sé que jamás me va a dar segunda oportunidad. Cuando empecé me decían que estaba loca, ¿no quieres poner algunas otras cosas a tus canciones? (risas) Pero yo no sacrifiqué una exitosa carrera de actriz para hacer algo que no me guste. No lo hago para tener éxito, lo hago porque si no lo hago me muero. Y muy de a poco, pero a paso seguro, empecé a tener más adeptos. Aunque sé que a la mayoría de la gente no le gusta mi música a la primera: escucharme es como aprender a aprender otro idioma.

Congotronics vs Rockers

África y las cintas robadas

Lo último de Juana Molina fue el proyecto Congotronics vs Rockers (2011), la reunión de grupos occidentales (Deerhoof, Skeletons, Wildbirds & Peacedrums) con la polirritmia febril de los congoleños Konono Nº1 y Kasai All Stars. Para la argentina era una cuenta pendiente y un mal recuerdo: “Tuve curiosidad por lo africano cuando vivía en Francia, pero ocurrió una desgracia lamentable que no pude remediar. En 1982, cuando ya volvía de Europa, pasé meses grabando discos prestados y programas de radio en cintas caseras. Reuní cuatrocientos casetes de noventa minutos, pero me robaron todo al llegar acá. Y nunca más recuperé esa música”, explica. “No me pude recuperar de la pérdida de gran parte del alimento musical de seis años en Europa, fue como si me hubieran lobotomizado. Olvidé esas músicas y ya nunca más compré discos”. Y ahora, ¿cómo se guía? “Hay tal cantidad de oferta que antes debes informarte, leer para saber qué quieres comprar. Voy a una tienda de discos, me quedo parada en medio de las góndolas y me voy sin nada porque no sé qué elegir”,  admite Juana Molina. “Por suerte, existe YouTube y descubro cosas por casualidad, pero me falta curiosidad. No soy tan curiosa para estar investigando”.

Publicado en la revista Rockdelux en octubre de 2012

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