Archivo | marzo, 2013

El día que el Che Guevara paseó de turismo por Madrid

30 Mar

Che Guevara en Madrid 1959

Por Carlos Fuentes

La muerte de Hugo Chávez ha devuelto a la iconografía política buena parte de su potencial popular, su indiscutible relevancia en las calles de América Latina. Por encima de Perón, Sandino, Zapata e incluso de Bolívar, el rostro combativo del presidente de Venezuela se equipara al de su sobreviviente mentor cubano, Fidel Castro, y quizá se gane un lugar en el altar revolucionario que preside el retrato que Korda hizo al Che Guevara en 1960. Meses antes de la foto crucial en La Habana, que luego pobló pisos universitarios y ondeó en cualquier lucha por una causa perdida, un reportero madrileño había cubierto, en exclusiva, la primera visita del Che a España. Fue en junio de 1959, pleno Madrid franquista. El dirigente cubano hizo turismo por un día, visitó plazas de toros y avenidas, compró en Gran Vía y evitó cualquier contacto político. De esa visita histórica, el primer viaje de un líder de la Revolución al extranjero, quedó un puñado de fotos que permanecieron inéditas hasta 1996. Entre ellas, un retrato del Che en la Ciudad Universitaria de Madrid: quizá la imagen que mejor condensa rasgos y actitudes en aquel guerrillero heroico que murió fusilado en Bolivia en 1967.

César Lucas tenía dieciocho años y siete días. Quería ser fotógrafo de prensa, reportero gráfico, y ya se había ganado un puesto en la agencia Europa Press. Junto al periodista del diario Pueblo Antonio Olano, que había conocido al Che durante los días de Sierra Maestra, el 14 de junio de 1959, ocho de la tarde, recibió al viajero cubano en el aeropuerto de Barajas. Ernesto Guevara, el Che, había sido despedido en La Habana con honores de comandante al comenzar el periplo internacional que suponía la presentación del nuevo régimen cubano en el exterior. Un viaje oficial de once semanas de duración por Siria, India, Birmania, Japón, Indonesia, Ceilán, Pakistán, Yugoslavia, Sudán y Marruecos. El primer destino era El Cairo, lo que obligó al Che a hacer una escala técnica en el Madrid de 1959. La capital de la dictadura de Francisco Franco, caudillo por la gracia de Dios, quien el 2 de abril había inaugurado la tumba de José Antonio Primo de Rivera en el Valle de los Caídos. El 31 de julio iba a nacer el grupo terrorista ETA y, a final de año, el presidente norteamericano Eisenhower llegaría en visita relámpago para, a la postre, avalar la continuidad franquista.

César Lucas foto Che

A esa España de penurias llegó el Che Guevara con un permiso de estancia de veinte horas, con la única condición de no protagonizar actos políticos. “Fuimos a su hotel en Plaza de España y luego a cenar, él no quería dormir por tener la hora cambiada por el vuelo. Y nos acercamos a la Casa de Campo, a una feria de productos agrícolas regionales”, recuerda César Lucas. A bordo de varios taxis, el Che Guevara, Antonio Olano y César Lucas, también la escolta oficial del líder cubano (el capitán Omar F. Cañizares contaría luego el periplo en su libro Primer viaje del Che al exterior), visitaron a primera hora la ciudad en un domingo de verano. Pasearon de amanecida por la plaza de Oriente, el Palacio Real, varios campos de deporte y la plaza de toros (en Vistalegre, con el Che pisando el albero). “Quiso visitar la Ciudad Universitaria para ver la Facultad de Medicina, pues él era médico de formación”, indica César Lucas ante la imagen más icónica de la visita del Che a Madrid. Su foto de la mañana del 15 de junio de 1959.

Es una foto redonda, aunque su autor la tomó en formato vertical. Con la luz de la primera hora, Ernesto Guevara de la Serna, 31 años, aparece en un cruce de calles. Uniforme verde olivo y botas militares. En dirección contraria al letrero para los peatones. De gesto marcial con la mano agarrada al cinturón, la otra apretando un periódico. Detrás, al fondo, un autobús que se marcha hacia no se sabe dónde, y el franquista Arco de la Victoria, al que el Che da la espalda. Pocas imágenes condensan tanto la controvertida personalidad del retratado. César Lucas sonríe: “Cuando esta foto salió a la luz en la exposición de 1996 un historiador de la fotografía diseccionó así esta imagen, pero yo lo único que recuerdo cuando la tomé es que no quería que la cámara se moviera por nada del mundo”. La mejor foto madrileña del Che Guevara se tomó con una suerte de ingenio y destreza. Su autor aprovechó el giro de su cámara Rolleiflex para ampliar el alcance: “Eran las siete de la mañana y yo tenía que hacer ver que estábamos en Madrid, que el Che estaba en Madrid”, recuerda César Lucas, “levanté la cámara para poder coger el Arco de la Victoria al fondo y disparé”. Y así hasta completar 42 fotos con cuatro rollos de película en blanco y negro.

Che Gran Vía MadridDe Ciudad Universitaria a Gran Vía, desayuno caliente en la cafetería California y primera anécdota callejera. “En aquellos momentos no había mucha gente que conociera en España las caras de los revolucionarios cubanos, sólo sabían que eran barbudos, así que por la calle escuchabas a peatones decir “mira, esos deben ser los cubanos y el de la gorra debe ser Fidel Castro”, porque entonces pocos sabían quién era de verdad el Che Guevara”, explica César Lucas. “La gente se descolocaba al ver al Che en el Madrid de Franco, perdido en medio de una calle desierta sin saber muy bien adónde ir. Era una imagen con algo de surrealismo”. En el café California, empero, una camarera reconoció al guerrillero cubano e incluso se hizo una foto con él a pie de barra. En esa instantánea con Carmen Muñoz el Che posa despistado, ausente, sin mirar a cámara. “No era muy hablador, sí buen observador, con preguntas interesantes. Tosía bastante, por lo bajo, pero con nosotros fue simpático y cordial. Eso sí, no era muy hablador”, recuerda su fotógrafo español. César Lucas también captó al Che Guevara durante la compra en Galerías Preciados, que abrieron en domingo festivo para él, de una máquina de escribir antes de retomar viaje hacia El Cairo. Ernesto Guevara volvería a pasar por Madrid en su viaje de regreso a Cuba (repitió por tercera vez en 1965, ya disfrazado como el uruguayo Ramón Benítez en su camino hacia el Congo). Pero guerrillero y fotógrafo nunca volverían a coincidir. “Al llegar al aeropuerto me preguntó si fumaba y al decirle sí sacó tres puros de su chaqueta. Me los regaló y yo me los fumé”, recuerda César Lucas.

César Lucas (mosaico Che en Madrid 1959)Fue el único producto de la compañía del Che porque el reportaje gráfico de César Lucas nunca se publicó. “Salió una nota pequeñita en el diario Pueblo, aunque sin foto de la visita”. Así hasta su redescubrimiento público en 1996 a raíz del proyecto sobre la historia visual del franquismo Las fuentes de la memoria. “Con las fotos del Che Guevara en Madrid no gané ni un duro, pero me han proporcionado muchos recuerdos, satisfacciones y prestigio profesional. Pero nunca me han reportado beneficios crematísticos ni yo los reclamo”, explica Lucas, autor también del polémico desnudo de la cantante Marisol para la revista Interviú en 1976, luego primer jefe de fotografía en el diario El País y en varias publicaciones del Grupo Zeta. “Vivimos una gran época para el periodismo en España, cuando se trabajaba en una redacción de periodistas y no en una oficina. Fue un privilegio vivir la profesión en aquellos momentos de finales del franquismo y la llegada de la democracia, esos días se empezaban a abrir las ventanas, aunque duró poco”, reflexiona César Lucas sin excesiva amargura, quizá sí cierto desencanto porque los tiempos ya no vuelven: “El periodismo se empezó a joder cuando el control de los medios lo cogieron los comerciales en vez de los periodistas”, remacha el veterano fotoperiodista mostrando su retrato madrileño del Che. Aquel día del verano de 1959 en que Ernesto Guevara pisó la España franquista y le dio la espalda al triunfo.

Publicado en el diario Zoom News en marzo de 2013

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Bebo Valdés, el último padre del jazz afrocubano

25 Mar

Bebo Valdés (retratos)

Por Carlos Fuentes

Hay aventuras personales que retratan bien la historia reciente de un país. Y la vida azarosa de Bebo Valdés, fallecido en Estocolmo (Suecia) a los 94 años de edad, sintetiza a las claras los vaivenes culturales que Cuba ha sufrido en el último siglo. Pianista de talla enorme, talento nato para la composición y la búsqueda de nuevos estilos, el patriarca de la saga Valdés deja una herencia nutrida de tardes de gloria, una posterior noche de frío exilio y, al fin, un renacer postrero con aval mundial. En las enciclopedias de música latina Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro constará por la B de batanga, el ritmo nuevo que creó después de afianzar su reinado en las noches habaneras anteriores a la Revolución.

La vida agitada de Bebo Valdés, nacido el 9 de octubre de 1918 en el municipio habanero de Quivicán, se puede contar en tres capítulos cronológicos. Desde primeros de los años cuarenta la capital cubana era una olla cultural en ebullición constante. Al trasiego de grandes artistas internacionales se sumaba la cantera infinita de las músicas populares cubanas. Desde el son campesino de Miguel Matamoros al cha cha chá bailable de Enrique Jorrín, con el mambo de Dámaso Pérez Prado como campeón comercial, aunque el más genuino hallazgo sonoro en la isla del caimán verde se llamó jazz afrocubano. Y Bebo Valdés logró aunar como no se había hecho desde los tiempos del maestro Ernesto Lecuona el alma elegante de la cancionística cubana con las influencias noctámbulas del jazz que se cosechaba al otro lado del estrecho de la Florida. 

Bebo Valdés (piano)El pianista grabó descargas para Norman Granz, actuó durante una década, hasta 1957, como jefe de orquesta en el club Tropicana del barrio de Marianao y protagonizó frecuentes tardes de radio en directo, algunas con Benny Moré como cantante. En aquella época actuó junto a Senén Suárez, uno de los amigos que nunca supo antes de sus planes para dejar Cuba. “Nos conocimos en 1948 cuando él estaba en la orquesta de Antonio María Romeu y yo en el conjunto de Ernesto Grenet”, recordaba Suárez a este cronista en 2008. “Nos hicimos amigos desde el principio porque tuve, y tengo, alto concepto de él como músico y como persona. Hizo el batanga, hizo de todo: siempre me impresionó su creatividad”. Pero luego llegó el comandante, la tropa de barbudos mandó parar y, en 1960, Bebo Valdés optó por dejar La Habana. De la cima del éxito al exilio sueco.

Cuando salió de Cuba, en compañía de su amigo cantante Rolando Laserie, paró primero en Estados Unidos pero un problema de visado le obligo a viajar a Madrid, donde lo encontró Lucho Gatica. Con el bolerista se ganó las primeras pesetas, luego cierta fama como músico de sesión y, a la primera oportunidad, un pasaporte salvavidas. Durante una gira por el norte de Europa conoció a la joven sueca Rose Marie y con ella formó familia en las antípodas del Caribe. En Escandinavia, donde llegó a actuar en clubes del círculo polar ártico, Bebo Valdés tuvo noches tranquilas, casi siempre como pianista de hotel, repertorios de clásicos para un consumo fácil en el restaurante Ambassadeur. Y todos, absolutamente todos, se olvidaron de aquel joven pianista tan desgarbado como talentoso. El caballón, le decían en Cuba. Fue tal la desaparición que en La Habana lo dieron por muerto. Incluso artistas cubanos de fama mundial como Antonio Machín lamentaron la muerte del compañero. Hasta que ambos se encontraron una noche de verano en los años setenta en un salón de baile en Canarias: “Coño, un fantasma. ¡Pensé que estabas muerto!”. El pianista contaba esta anécdota con Machín entre carcajadas pero, risas aparte, siempre latió en Bebo Valdés la certeza de que no iba a volver a Cuba mientras no se produjera un cambio de régimen. “Es que no me gusta recibir órdenes”, zanjaba.

Bebo ValdésAsí, anestesiado por la nostalgia, aunque sin rencores estériles, se lo encontró el año 2000 el cineasta español Fernando Trueba. No era el primero (Valdés ya había grabado una primera versión de su suite afrocubana en una disquera de Barcelona y con Paquito D´Rivera había registrado el álbum Bebo rides again para la disquera alemana Messidor) pero sí fue Trueba el artífice de un regreso como dios manda, a la altura del personaje: con él, y con su hijo Chucho (ya reconciliados después de que la política se hubiera metido en la azucarera del jazz cubano: tras Bebo marcharon de Cuba el saxofonista Paquito D´Rivera y el joven pianista Gonzalo Rubalcaba, entre otros tantos), con su amigo Israel López “Cachao”, a quien defendía como genuino padre del mambo, Bebo Valdés grabó el documental Calle 54, luego el disco de boleros y coplas Lágrimas negras con el cantaor Diego el Cigala, también un delicioso disco de piano solo con contradanzas añejas de Manuel Saumell e Ignacio Cervantes.

También cumplió el sueño de visitar Salvador de Bahía, la capital negra de Brasil, allí grabó el documental El milagro de Candeal junto a Trueba y Carlinhos Brown. Con Cachao y Carlos Patato Valdés registró el disco El arte del sabor, que obtuvo un premio Grammy en 2001. Ganaría otros tres galardones por las coplas con El Cigala. Y, por fin, en una pirueta que culminó una suerte de círculo, la versión definitiva de Suite Afro-Cubana, la obra de una vida.

bebo valdes mucho saborSe marcha Bebo Valdés después de disfrutar en los últimos años de la costa malagueña, ya enfermo del mal de Alzheimer, con el reconocimiento de todos, el cariño de muchos y dejando la impresión de que por una vez, al menos por una vez, la historia azarosa de Cuba hace justicia. “Bebo Valdés, sin duda, fue uno de los sustentos fundamentales que comenzó a tener la música popular cubana mediando la década del cuarenta”, explica el musicólogo y productor cubano René Espí, autor de la antología La Habana era una fiesta con rescates de época de radios y estudios de grabación cubanos. “El suyo fue un talento creativo que desbordó con creces en los primeros años de los cincuenta, tanto a nivel de compositor como creador de formas bailables novedosas como su ritmo batanga”.

En el amplio espectro de la música cubana, una isla que ha dado más estilos a los papeles pautados que muchos países del mundo occidental, Espí subraya los trabajos de Bebo Valdés como arreglista de orquesta. “Fue un arreglista de primer orden, porque junto a músicos primordiales como Ernesto Duarte, Julio Gutiérrez o René Touzet oxigenó el cauce musical cubano”, indica el productor, hijo de otro personaje clave de la escena cubana, Roberto Espí, director del Conjunto Casino. De vueltas a la memoria de Bebo brota la poética caribeña: “Vistió de seda, con luz propia, prácticamente todo género bailable con arreglos maravillosos. Sobresaliente en cualquiera de estas facetas, sobre todo como conductor de orquesta e intérprete de piano. Deja una obra trascendental como músico y su digna grandeza como ser humano. Bebo es y será Cuba siempre”.

Publicado en el diario digital El Confidencial en marzo de 2013

 

Bebo I de Cuba

22 Mar

Bebo Valdés

BEBO VALDÉS (1918-2013)

Por Carlos Fuentes

Coño, un fantasma. ¡Pensé que estabas muerto!”. Antonio Machín se quedó pasmado cuando Bebo Valdés vino a saludarle después de verle cantar, en los años setenta, en una sala de Canarias. Es una de las anécdotas preferidas del influyente pianista cubano. Un músico con tres vidas: su éxito popular en Cuba, cinco décadas de exilio y, qué paradoja, de nuevo el triunfo masivo con Lágrimas negras. A punto de los 90 años, Bebo Valdés hace recuento de su trayectoria y de sus experiencias. Y en el disco Juntos para siempre convoca a su hijo y heredero, Chucho Valdés, a un dúo sostenido de pianistas.

Entre la alegría de vivir y el rencor por las penas del pasado, Bebo Valdés eligió siempre la música. Desde sus inicios como alumno pobre de maestras particulares en un suburbio humilde de La Habana, al homenaje que Casa de América le rendirá el próximo jueves en Madrid, coincidiendo con su cumpleaños. Esta fiesta de cumpleaños en el festival VivaAmérica anuncia, además, una gira a dos pianos en compañía de su hijo Chucho. Han ocurrido muchas cosas entre aquellos días de infancia feliz en Quivicán y el reconocimiento masivo recobrado en los últimos años. Y Bebo Valdés ha llegado a tiempo para contarlo. Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro nació el 9 de octubre de 1918. Se crió con el danzón, pronto admiró a Ernesto Lecuona y Art Tatum. Contemporáneo de la generación que modernizaría la música cubana, aprendió primero con Óscar Bouffartique. En 1938 debutó con la orquesta Happy D’Ulacia, y pronto destacó por su capacidad como autor y, sobre todo, arreglista. En 1945 el singular Julio Cueva (que abandonó a Don Azpiazu, se afilió al Partido Comunista de España e hizo la guerra civil) le dio un chance como pianista en Santa Clara y con Cueva grabó su primer éxito, el montuno beguine Rareza del siglo. Trabajó luego en Haití, pero sería en la febril Habana de los cuarenta donde Bebo Valdés iba a lanzar su carrera. Entre 1948 y 1957 se ocupó del piano en el club Tropicana y fue arreglista de Rita Montaner. Muy versátil, escribió para Miguelito Valdés, Chano Pozo, Benny Moré, Pío Leiva, Celeste Mendoza, Rolando Laserie… incluso Nat King Cole visitó Tropicana.

Bebo Valdés (disco)En la efervescencia del primer jazz latino, cuando músicos norteamericanos actuaban de tarde en La Habana antes de volar para dar sesiones nocturnas en Florida, Bebo Valdés se coló también en la escena del filin habanero, el bolero cubano dramatizado con jazz y sentimiento. César Portillo de la Luz estaba allí: “Bebo Valdés era en sí mismo una potencia y formó parte del proceso modernizador de la música cubana contemporánea. Cada cultura tiene su biorritmo y su piano singular. Cuando interaccionaron el jazz y Cuba nació el latin-jazz”, explica el autor de Contigo en la distancia en conversación con este periódico desde La Habana. La de Bebo fue la primera generación de músicos cubanos que tuvo acceso habitual a la industria del disco. También gozó del auge de la radio. Y el jazz americano flotó siempre en el ambiente. Jazz con tumbao. “Bebo podía tocar a Lecuona, pero su biorritmo cubano y el aporte del jazz le hicieron abrirse a dos mundos. Él, que venía de estudiar con Félix Guerrero, tenía una formación más amplia y sólida que los guitarristas. Pero no fue un fenómeno aislado: era uno de nuestros ídolos, junto a Peruchín, Mario Romeu y René Touzet. Son los modernizadores de la música cubana, y Bebo era un eslabón importante”, dice Portillo confirmando que daba pasos de gigante. En el otoño de 1952 grabó Cubano, el disco con la primera descarga cubana, al frente del Andre’s All Stars.

Bebo Valdés Bebo de CubaCon Fidel, el jazz cubano paró. Harto de líos (“me tumbaron”, suele contar de su exclusión de los hoteles Hilton y Riviera y de la dirección musical de Radio Progreso), Bebo Valdés apuró grabaciones en Cuba junto a Omara Portuondo, Pacho Alonso y Niño Rivera. El 26 de octubre de 1960, él y Laserie volaron a México con Cubana de Aviación. “Sin un peso”. Nadie se lo esperaba. Tampoco Senén Suárez. El músico matancero participó en el debut de Valdés en el cabaret Tropicana. “Fue en 1948, él con la orquesta de Romeu y yo en el conjunto de Ernesto Grenet. Nos hicimos amigos desde el principio porque tuve, y tengo, alto concepto de él como músico y como persona”, recuerda Suárez desde La Habana.  Habla con orgullo cubano de Bebo: “Hizo el batanga, hizo de todo: siempre me impresionó su creatividad”. Y de su hijo Chucho: “Su padre lo traía bien jovencito a las descargas”. Asume, no sin emoción, la distancia que vino después. “Perdí contacto completo cuando Bebo salió de Cuba en 1960. Fue duro, piense que fueron nueve años de música todos los días en el Tropicana”, cuenta Suárez.

Atrás quedaron la isla, una vida, una familia rota… Chucho ni siquiera fue a despedirle al aeropuerto. Hasta 1963, Bebo Valdés pasó por España (vino para el Festival de Benidorm, pero acabó tocando con Lucho Gatica) antes de unirse a los Lecuona Cuban Boys. Con ellos llegó a Suecia y el verano de Estocolmo cambió su vida. Conoció a Rose Marie Pehrson, se casó el 1 de diciembre y asumió, ya, que nunca volvería a Cuba. “No tengo nada en contra del pueblo cubano. Tenía sólo un problema. Siempre he dicho lo mismo. No me gusta el régimen y punto”, dijo a la radio P2 en 2003. En los años del frío, Bebo armó otra familia y peleó por no dejar la música. Pianista del restaurante Ambassadeur, tocó en hoteles con repertorios de fácil consumo, escribió para un ballet y actuó un par de meses en barcos de línea a Dinamarca. Dos sesiones al día, hasta en el Círculo Polar actuó, pero el sueldo nunca fue bueno.

Bebo Valdés retratoEn 1987 Dizzy Gillespie actúa en Estocolmo. Paquito D’Rivera está en su banda. Y ve a Bebo Valdés tocar en el hotel Continental. En 1994 graban juntos Bebo rides again, que pone fin a 34 años de silencio. Ocho arreglos nuevos que el pianista escribe en día y medio. “Un disco de emergencia”, bromearía después. En el otoño de 1995 Bebo y Chucho se citan en San Francisco. Graban El manisero para el disco de Paquito D’Rivera 90 miles from Cuba. En 1998 graba una primera versión de su pieza de una vida, Afro-Cuban Suite, con Eladio Reinón en Barcelona, y al año siguiente El arte del sabor con Cachao, D’Rivera y Patato Valdés antes de ponerse en manos de Fernando Trueba para capitalizar la película musical Calle 54. Ya esperaban las listas de éxitos, más premios Grammy, libros y exclusivas. Lágrimas negras, álbum de boleros con Diego El Cigala, y la suite Bebo de Cuba ajustan cuentas con “uno de los más completos músicos que ha dado Cuba”, según Helio Orovio. Brilla también Old man Bebo, conmovedor documental hilvanado por Carlos Carcas.

De buen día, desde La Habana, Chucho Valdés confiesa “emoción” antes de embarcar para reunirse con el padre pianista. “Es un ciclo que se cierra. Lo deseaba y no estaba seguro de que llegara. Es maravilloso que hayamos llegado a un puerto tan hermoso”, reflexiona el líder de Irakere. “En Bebo lo más genial es que no ha perdido nada de la calidad que siempre tuvo. El piano de Bebo es el piano puro cubano, lo más puro del piano cubano”, nos cuenta.  El nuevo disco, Juntos para siempre, “fue algo siempre soñado en la familia”. “Hemos grabado ahora lo que tocábamos a cuatro manos en el piano de casa para aprender”, recuerda Chucho Valdés. “Bebo hacía el acompañamiento y yo empezaba a improvisar. Era una clase magistral diaria, que luego se perdió por muchos años. Volver ahora con mi papá es lo mejor que me ha pasado en la vida. Para Cuba y su música es también zanjar un asunto pendiente. Bebo es la raíz y el tronco, yo sólo soy una rama”. Como él dice, no es lo mismo pero es igual.

Publicado en el diario Público en octubre de 2008

Salif Keita, el de la voz de oro

16 Mar

Salif Keita

por Carlos Fuentes

Pocas voces como la suya, emocionante y crepuscular, representan con tanta fidelidad el latido ancestral del desértico oeste de África. Convertido en una suerte de artista puente entre los sonidos tradicionales africanos y los ritmos contemporáneos occidentales, el imperial músico de Malí publica Talé, producido junto a Philippe Cohen-Solal, la mitad francesa de Gotan Project. Un ágil ejercicio bailable que, a lo peor, será el último disco de Salif Keita. ¿Por qué?

Acláreme, por favor, una duda: hace semanas dijo en la televisión francesa que Talé (Universal, 2012) será su último disco, al menos durante un tiempo. ¿Es cierto? “Sí”. ¿Por qué? Salif Keita respira hondo y repite lo que, seguro, responderá varias veces el año que empieza. “Será así principalmente porque la música se ha transformado en un regalo, en una descarga gratuita por los cambios en la industria musical”, indica el cantante de Malí, “pero yo tengo una familia que mantener y así, gratis, un artista no puede continuar”. La queja del imperial artista africano puede sonar a cuento pasado de fecha, aunque se entiende su desazón: los tiempos de banda ancha gangrenan la reinvención que surgió en 2002 con Moffou y siguió algo después con M´Bemba (2005). “Continuaré dando conciertos porque realmente vivo de ellos, pero no voy a publicar más discos”. Atrás refulgen cuatro décadas clave para las músicas del oeste de África, una historia sonora (y humana) que usted debería conocer.

Salif Keita TaléSalif Keita es un africano atípico. Nació en el pueblo de Djoliba en 1949, bajo el sol de agosto que ahora amenaza su salud. Negro mandinga albino, la falta de pigmentos en su piel ha jugado un rol importante en su itinerario vital: si las supersticiones se la tienen jurada (un albino en África es considerado portador de mala suerte), el lastre ancestral fue otro muro a tumbar. La familia Keita, de ancestral linaje noble con el emperador Sundiata Keita, no aceptó su vocación artística. Un noble no puede cantar. Y él marchó de casa, durmió en la calle, buscó una oportunidad. En 1967, ya afincado en Bamako, se unió a la Super Rail Band y, seis años después, al seminal conjunto Les Ambassadeurs. Eran tiempos de fiesta, bailes de noche y orquestas con alegría de vivir. “Aquella fue una época formidable”, recuerda, “para mí, que no pude estudiar, fue como ir a una escuela cada día”. Voz sobresaliente, Salif Keita decidió volar solo en 1982. Y voló alto. En París escribió y grabó Soro (1987). Seis canciones inmensas. Sin ambages, uno de los discos grandes de la música africana. Pero luego su voz de acero quirúrgico fue opacándose entre sonidos convencionales y arreglos voraces: Joe Zawinul produjo el nostálgico Amen (1991), Check Tidiane Seck hizo rebosar teclados en Folon (1995) y de poco sirvió el apoyo de Blue Note a Papa (1999).

Del cambio de rumbo dado con Moffou y M´Bemba surge ahora Talé. Salif Keita atiende al teléfono en París, preocupado por la situación en su país. Pero se anima al hablar de música. No es para menos. Sus once canciones nuevas, producidas por Philippe Cohen Solal, la mitad francesa de Gotan Project, dan dimensión a la importancia de un artista capital. Puente como pocos africanos entre las músicas tradicionales y los usos y costumbres sonoras occidentales. “Me planteé hacer un disco diferente a mis trabajos anteriores, nunca quise un mismo sonido para todos mis discos”, explica el autor maliense, “y creo que lo hemos conseguido porque Talé está hecho para bailar”. Para bailar aquí y allá. ¿Es acaso este el papel de Salif Keita: vincular dos universos musicales? “Sin duda. Yo soy una conexión entre las músicas tradicionales africanas y los sonidos contemporáneos. Me podría definir como un artista puente entre esos dos lados de África, quizá también entre África y Europa. Y mis canciones son una forma de dar a conocer la música tradicional africana a los más jóvenes”.

Salif Keita & Philippe Cohen-SolalCantor de melodías cotidianas, a veces aires mínimos que caza al vuelo por la calle (“una melodía, algo que veo… todos los días uno se encuentra con gente, con hechos que pueden inspirar la canción”) y que a guitarra acústica suenan frágiles, incandescentes, Salif Keita lo apostó a doble o nada con una selección de riesgo. Su etapa eléctrica en los ochenta no aguanta muy bien el paso del tiempo y, salto mortal, la experiencia de Philippe Cohen Solal con las músicas de África se reducía (casi) a cero. El padre del tango electrónico era poco más que un oyente eventual de ritmos étnicos africanos. “Es cierto lo que recuerdas porque realmente yo no conocía mucho la música electrónica actual”, explica Salif Keita sobre la idea inicial para la producción de Talé. “En la discográfica me hablaron de Gotan Project, de Philippe Cohen Solal y nos hicieron coincidir. Él vino a algunos de mis conciertos y yo escuché sus trabajos anteriores. Y así fue como decidimos trabajar juntos en el disco. Ahora que lo pienso, creo que mi elección se basó en su capacidad para tratar bien las canciones originales y no distorsionar las esencias”. En el armazón de Talé participan los africanos Aboussi Cissoko (n´goni), Mamane Diabaté (balafón) y Prince (calabaza) con el apoyo en cuerdas de Hagar Ben Ari (The Dap Kings) y Christophe Chassol más el ágil percusionista Cyril Atef, del proyecto de trip-dub francés Bumcello.

Salif Keita (brazos)La experiencia, dice Salif Keita, le ha vacunado contra el rechazo del riesgo, de la aventura. Y la música, asegura el músico maliense, es riesgo. La audacia de insuflar nuevos aires a las ricas tradiciones musicales mandingas. “¡Quiero que el disco haga bailar!”, fue lo primero que pidió el cantante al productor. Remain In Light, de Talking Heads, fue una referencia guía. “Ya he tocado esa música siendo fiel a los orígenes populares, aunque a veces haya sido etiquetado como otro músico africano más”, explica el cantante, “y con Philippe, ya que él adora cualquier instrumento tradicional, hemos tratado de dar nuevos aromas a estas músicas”. Por el camino, Talé ha sumado algunas alianzas interesantes procedentes de los dos mundos musicales en los que se mueve la dupla Salif Keita-Cohen Solal. El saxofonista camerunés Manu Dibango aporta su robusto sonido añejo y Bobby McFerrin pespunta Simby con elegancia improvisada sobre la voz sincopada del amigo africano. Con desparpajo urbano el rapero británico Roots Manuva agita C’est Bon C’est Bon, el sencillo titular, con aires que gustarán a los seguidores de Lee “Scratch” Perry. Y la contrabajista Esperanza Spalding, bendita, dobla con voz emocionante la casi plegaria Chérie S’en Va, dedicada a las africanas que dejan el hogar familiar destino al altar. “Al igual que ocurrió con mis discos recientes, Talé permite ver un lado africano nuevo en mi labor como cantante”, incide Salif Keita, convencido de que el oyente sabrá apreciar “lo mucho que hay de África” en su nuevo disco. Por ejemplo, samplers de febril música gnawa (Yala), tentaciones con la cumbia a continente cambiado (Tassi) y, en la vivaz Natty, simpáticos recitados naif de su hija pequeña.

Salif Keita retrato sombreroMás serio suena Salif Keita cuando aborda su otro gran compromiso vital. Que su reputación artística sirva de altavoz a la lucha de los albinos en África. “Ser albino me impidió estudiar, ir a la escuela. No es fácil superar la marginación por tu color de piel”, explica el cantante para admitir que los recuerdos de los días tristes han marcado su voz artística. “Quizá por eso mi música tiene un componente de tristeza y de melancolía; no me gustaría que se repitiera lo que yo tuve que pasar para salir adelante”. De ahí el compromiso de Salif Keita con la fundación que dirige para la integración de las personas con albinismo. ¿Qué se necesita? “Principalmente, protección. Y en la práctica, cremas solares y gafas de sol para proteger la piel y los ojos. Prevenir el cáncer de piel. También intentamos que los albinos se agrupen para lograr mayor protección y que ellos mismos sean conscientes de cuál es su situación en la sociedad”. ¿Y dónde se puede ayudar? www.salifkeita.us “Y también los medios de comunicación y los gobiernos africanos deben asumir la gravedad de este problema”, remacha el cantante albino. “Hay que ofrecer mayor información a las personas, ya sean albinas o no. La gente debe conocer qué ocurre con los albinos en África”.

“Malí debe permanecer como un país laico”

MaliCorren tiempos malos para Malí y sus quince millones de habitantes, cinco etnias distintas en 1,2 millones de kilómetros cuadrados. Salif Keita atiende la llamada telefónica el día en que el presidente de Francia confirma el envío de tropas al país africano. Se enfrenta Malí a una creciente amenaza islamista: la revuelta tuareg, sempiterna hace ya casi un siglo, ha sido vampirizada por fundamentalistas que aplican los rigores de la ley islámica sharia. Ocurre en el norte, en Niafunké, cerca de Tombuctú, en la tierra de su amigo bluesman Ali Farka Touré. ¿Se esperaba este brote de islamismo radical? “No sé, no lo sé”, masculla Salif Keita, realmente preocupado por el riesgo que corre su país. “La verdad es que no sé cómo se ha podido llegar a esta situación, pero lo que sí puedo decir es que Malí es un país laico y debe permanecer como un país laico”. ¿Corre riesgo el país de romperse en dos? No, el cantante niega la mayor: “Malí permanecerá siempre como un país unido, como una única entidad territorial. Ahora la solución debe ser militar y los militares se deben preparar para esa misión”. ¿Y usted, que fue candidato secundario en las elecciones de 2007, ha pensado en potenciar su papel en la política africana? “Sí, claro que he pensado mucho en ello porque para un maliense el compromiso con su país es un deber. Y como ciudadano tienes que tener un compromiso político con tu pueblo, con tu gente”. Sin embargo, el autor de Talé no ve las cosas claras. “Para tomar una decisión debo valorar todo, música y política, pero hay una diferencia esencial. Mientras la música se ve como algo positivo, la política está muy mal considerada, se la ve como algo malo. Y es muy difícil para mí hacer esa transición entre música y política”.

Publicado en la revista Rockdelux en febrero de 2013

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El Aaiún, recuerdos añejos entre el mar y el desierto

8 Mar

Barcas en El Aaiún

Por Carlos Fuentes

Principal ciudad a las puertas del desierto, El Aaiún concita historias de leyenda maceradas durante siglos y recuerdos del tiempo de la colonia española. Pero la capital del Sáhara Occidental no sólo vive de nostalgia. En El Aaiún surge ahora una oferta creciente para hacer turismo de naturaleza, ocio y posibilidades comerciales. Con un clima que esquiva el frío junto al océano Atlántico, para disfrutar de un viaje a este balcón sobre el Sáhara.

“¿Y tú, hermano, desvélame cuál es tu tierra de origen, cubierta como está por un abigarrado manto verde?”. Se lo preguntó el noble saharaui Ma al-Aynayn a un paisano originario del Sáhara Occidental durante su viaje de peregrinación a la Meca en el siglo XIX. Desde entonces, incluso antes, este vasto territorio que se encuentra al sur de Marruecos ha concitado el interés de muchos viajeros africanos y extranjeros. Su capital, El Aaiún, ha sido testigo del paso constante de caravanas comerciales, de ejércitos y aventureros. Pero hoy El Aaiún es más que recuerdos de un asunto en litigio: la capital saharaui ofrece al viajero paseos por su historia y también oportunidades para visitar áreas naturales.

Mercado de El AaiúnUna ciudad africana que tiene nombre de agua. La denominación El Aaiún es el término fonético llevado al español de la palabra árabe al-‘ayyūn, que significa “manantial”. Surge de la existencia y explotación en tiempos antiguos de una proliferación de pequeños arroyos y charcas de agua dulce en torno al lugar en el que hoy está situada la capital del Sáhara Occidental, en el antiguo cauce de Saguia el Hamra. Aquí, a apenas trescientos kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria y a unos mil ochocientos de Dakar, la primera gran capital del África negra, El Aaiún tiene hoy unos doscientos mil habitantes que en su mayoría se dedican a las tareas comerciales, a la pesca, la agricultura y al trabajo en la explotación de recursos minerales en yacimientos de fosfatos. Hermanada con las ciudades españolas de Almería, Málaga y Avilés, también con Caracas (Venezuela), la añeja capital del Sáhara Occidental es actualmente lugar de paso para el trasiego continuo de mercancías entre las zonas ribereñas del Magreb y la vecina Mauritania.

Iglesia católica de El AaiúnUna visita a la veterana ciudad capital del Sáhara Occidental permite ahora recordar, inevitablemente, que El Aaiún fue también la principal ciudad de la antigua colonia española, cuando las tierras saharauis constituyeron la provincia número 53 del reino de España. Aunque la historia de El Aaiún es más antigua. Mucho antes, en 1476, había sido el noble Diego García de Herrera, con dominios en la isla de Lanzarote, el responsable de la primera construcción: un pequeño fuerte que bautizó Santa Cruz de la Mar Pequeña. Siglos después, en 1860, la victoria española en el norte de Marruecos permitió el reconocimiento del dominio en estos territorios del Sáhara Occidental. Ya en 1934 el español Antonio de Oro, un explorador natural de Tetúan que llegó a la zona como comandante del ejército junto al capitán Galo Bullón, se adentró en el interior de la región, levantó un fuerte militar y cuatro años después, en 1938, oficializó la fundación de la ciudad. Este asentamiento español en El Aaiún consolidó los dominios logrados años atrás a lo largo de la costa norteafricana. En 1916 tropas españolas se asentaron en el puerto norte de Cabo Juby (actual Tarfaya) y en 1920 llegaron a la costa sur de La Güera, a través de 940 kilómetros de litoral saharaui, junto a la frontera sur con Mauritania. El pionero Antonio de Oro, por cierto, publicó en 1949 un divertido cuento sobre la reunión de saharauis y españoles en el Sáhara titulado El hombre del norte y el hombre del sur.

Vendedores de fruta en El Aaiún (foto cf)Desde entonces, la zona disfrutó de un desarrollo incipiente hasta que a finales de los años sesenta llegó el cambio. A raíz de los Acuerdos de Madrid que la última dictadura firmó con el rey de Marruecos en noviembre de 1975, la región de El Aaiún, y por extensión la mayor parte de territorios del Sáhara Occidental, se encuentra bajo administración marroquí. Aunque varias huellas de la última presencia española aún dibujan en la ciudad una suerte de ruta nostálgica por la antigua colonia, donde los automóviles llevaban matrícula con las letras SH (en 1971 se homologó la numeración con el resto del país) y eran conducidos por personas con documento nacional de identidad español. Para recordar esos tiempos, el paseo puede empezar en la parte alta de El Aaiún, donde se mantiene aún en funcionamiento el Hotel Parador, instalado en lo que hasta noviembre de 1975 fue Parador Nacional de Turismo. Cerca quedan el Palacio de Congresos, la Oficina Regional de Turismo y el mercado de los artesanos. En el otro lado de la balanza, el antiguo cine Las Dunas no tuvo tanta suerte: su fachada de leve aire modernista espera reforma improbable. En su taquilla desvencijada se citaron durante años novios y amigos para disfrutar de una de las pocas ofertas de ocio en la antigua provincia africana. En las cercanías también destacan la plaza principal de la ciudad vieja, en la actualidad sede del gobierno provincial, y la iglesia católica de El Aaiún, una de las misiones de fe cristiana más antiguas de África y en la que aún se puede asistir a los cultos.

Playa de El Aaiún (foto cf)Con menos historia, pero también situado en el casco histórico de El Aaiún, el bulevar Lala Al Yaqout alberga un gimnasio dotado de una casa de baños (hamman) en una calle que tuvo acento canario. Hasta finales de los años setenta, esta calle albergó el único terrero deportivo en el que se practicaba la lucha canaria en El Aaiún. Ahora los más jóvenes prefieren el fútbol. El primer club deportivo de la ciudad es el Jeunesse Sportive El Massira, fundado en 1977 y que en recientes temporadas ha participado en la liga Botola, la primera división del balompié marroquí. Sus partidos se juegan en el estadio Sheikh Mohamed Laghdaf, con capacidad para veinte mil personas. Para los aficionados a la naturaleza y a los deportes al aire libre, las condiciones climáticas de la región de El Aaiún (clima muy seco, en especial los meses de verano) permiten visitar todo el año zonas de gran interés para amantes de los animales y la vegetación del desierto. A campo abierto pueden ser avistados ejemplares de hubara, gacela, dromedario y reptiles. Tras la excursión, para reponer fuerzas, la gastronomía tradicional está basada en cuscús, tajine, verduras, quesos y carnes de cabra y camello. Su oferta se extiende en restaurantes situados en las principales avenidas del casco central de la ciudad, aunque el puerto de El Aaiún ofrece la posibilidad de degustar pescado fresco y, de paso, contemplar una de las iglesias más pequeñas del planeta. Quizá antes de planificar el regreso desde el aeropuerto Hassan I, que conecta con Canarias y las principales ciudades de Marruecos.

El último paraíso de la foca monje

Foca monjeEn las aguas atlánticas del Sáhara Occidental todavía se conserva una de las escasas colonias de focas monje del mundo. Curioso animal este mamífero: catalogado en 1822 por el naturalista escocés John Fleming, el origen de la especie se data más allá del periodo Pleistoceno y su primera cita histórica se halla en las páginas de la épica Odisea de Homero. Amenazada por la imparable caza abusiva durante varios siglos (hace más de diez mil años ya se utilizaban como fuente de carne, piel, huesos y grasa), en la actualidad se calcula que la población total mundial de este mamífero no supera los quinientos ejemplares. Y de ellos, unos doscientos habitan las aguas próximas a la península de Cabo Blanco, junto a la frontera con Mauritania. En sus tiempos de mayor expansión, la foca monje abundaba en el Mediterráneo y en otras zonas del Atlántico norteafricano como las islas de Cabo Verde. En las Islas Canarias su presencia frecuente en las aguas de las dos islas más orientales puso nombre al islote de Lobos. También en las islas Chafarinas, situadas al sur del Mediterráneo occidental, pueden ser avistados algunos ejemplares de este animal que ahora lucha por su supervivencia con la ayuda de especialistas africanos y europeos.

Publicado en la revista NT en marzo de 2012

El profesor de español que bailaba cha cha chá

5 Mar

Por Carlos Fuentes

Amadou Ndoye (pizarra)Solía decirlo con una sonrisa: “la letra con música entra”. Antes que profesor y apóstol del español en África, El Hadj Amadou Ndoye (1947-2013) fue un hijo de su tiempo. Y un joven en un mundo de esperanza marcado por la independencia de Senegal en 1960. En aquellos días (y noches) de efervescencia empezó a familiarizarse Amadou Ndoye con el idioma castellano, al que siempre se refería como “la lengua de Cervantes”. Pero no fue un libro el que puso la semilla hispana en el futuro profesor de la Universidad Cheikh Anta Diop. En Dakar, como en otras grandes capitales africanas ya emancipadas, los bailes populares solían estar animados por ritmos latinos y un estimable puñado de discos singles americanos. Como retrató Malick Sidibé en Bamako. Era, principalmente, música cubana que llegaba por dos vías: con los marineros senegaleses que cruzaban el océano Atlántico y con la influyente presencia político-militar cubana en el continente. “Escuchábamos música en español y queríamos entender a los cantantes, a Benny Moré, a Abelardo Barroso, también al Trío Matamoros”, recordó en entrevista con este cronista en 2009.

Porque Amadou Ndoye, además de maestro del castellano en Senegal, era un bailarín de cierta destreza. Conocía, y bailaba, son montuno y timba, pero también algún cha cha chá legendario. Ya fuera en un rato libre en México o en la fiesta de clausura de un congreso en Colombia. Daba gusto escuchar su alegría por la influencia latina, y española, en el universo cultural africano. De las huellas en la poesía de Nicolás Guillén (Songoro cosongo) al nuevo hip hop combativo de Didier Awadi, sin olvidar a los pioneros de lo latino en África, la todopoderosa Orchestra Baobab. Fue un lujo compartir ratos de escucha con la Orquesta Aragón (“ya casi son africanos”, bromeaba), entre café y café, con los recuerdos de los días felices bailando en la memoria. Buen viaje, Amadou.

Obituario publicado en Casa África el 4 de marzo de 2013

En un lugar de Dakar…

4 Mar

Amadou Ndoye

AMADOU NDOYE (1947-2013)

Por Carlos Fuentes

Son ochenta mil alumnos, pero la influencia del español en Senegal viene de lejos. “Las canciones de los cubanos Benny Moré o Abelardo Barroso han hecho más por el español en África que el Instituto Cervantes”. El profesor El Hadji Amadou Ndoye (Dakar, 1947) esboza una sonrisa cuando concluye la frase. Sabe bien de lo que habla, en perfecto español, por cierto. Estudió castellano en los años sesenta y desde 1975 imparte clases en la Universidad Cheikh Anta Diop de la capital senegalesa. “En la época colonial, los franceses importaban música del Caribe. Esa música cantada en español se empezó a escuchar a partir de los años veinte y se siguió escuchando hasta los años cuarenta”. En las calles se bailaba en español, pero no había enseñanza reglada en los colegios. En Senegal, la enseñanza secundaria sólo se empezó a desarrollar tras la II Guerra Mundial.

“Hasta ese momento, los franceses sólo necesitaban auxiliares con un nivel de estudios primario”, recuerda Ndoye. “Cuando a partir de 1945 decidieron poner escuela secundaria, ya había oferta de idiomas y entre los idiomas ofrecidos estaba el español. Llamaba la atención a muchos senegaleses porque habían escuchado boleros, tangos, rumbas… No sabían lo que significaban las letras, pero les gustaba, lo bailaban. Por eso, muchos chicos, al escoger un segundo idioma elegían español. Les gustaba el idioma de la música que habían bailado en su adolescencia, lo habían bailado de farra y querían entender a los cantantes”.

2El sistema escolar de Senegal, en gran modo de herencia francesa, cuenta con universidad propia desde 1957. En la época inicial, la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de Dakar tuvo departamento de lengua española. Aunque fue un francés, René Durand, el profesor pionero del castellano en Senegal. Hoy la sección de español del Departamento de Lenguas y Civilizaciones Románicas tiene 1.054 alumnos repartidos en cuatro cursos. A ellos se suman otros quinientos estudiantes de los departamentos de francés, historia y filosofía, que utilizan el castellano como segundo idioma. En número de alumnos, la enseñanza de la lengua española es la quinta materia más demandada tras los cursos de inglés, francés, historia y geografía. Antes, los jóvenes que llegan a la universidad aprendieron español en institutos y colegios. Cinco años si empezaron en el tercer curso de los siete  de la enseñanza media en algunas de las catorce regiones del país, donde actualmente cursan estudios de español unos ochenta mil escolares.

Senegal tiene quince millones de habitantes, es un país de jóvenes. La edad media apenas alcanza 18,6 años. El reto de defender el español en el corazón de África es enorme. “Queremos que los alumnos lean correctamente español, que sean capaces de comprenderlo y expresarse en el idioma”, indica el profesor. “Aprender un idioma es asumir una cultura. Y en elmundo hoy ser monolingüe es una enfermedad que se puede curar”, ironiza Ndoye. “Cada idioma es una llave, cada idioma abre una puerta. Tener idiomas es ventajoso y los africanos somos privilegiados por tener tantos idiomas en el continente, lo que te prepara para aprender otras lenguas. Es una paradoja que profesores senegaleses estén enseñando ahora el idioma de Cervantes en Francia y en Estados Unidos”.

amadou ndoye (banco)

En Senegal también existe una perspectiva de trabajo en el aprendizaje del español. El Gobierno amplía cada año la plantilla de profesores y maestros, así que cada curso “se necesitan más docentes en las escuelas secundarias laicas y también en las escuelas confesionales”, explica Amadou Ndoye. Otro nicho de oportunidades para los alumnos es la demanda de hispanoparlantes en el sector turístico y comercial. “Se desarrolla el turismo y se necesitan guías que hablen bien español”. Hoteles, tiendas, negocios. “En los últimos años, empresas españolas empiezan a acercarse a Senegal y necesitan gente que domine el español”, indica el profesor de Dakar en el anhelo (“¡ojalá!”) de que se potencien las relaciones “entre Senegal y España, entre Senegal y América Latina”.

Amadou Ndoye alude a una petición histórica del colectivo hispanófilo de Senegal: una sede del Instituto Cervantes. Un objetivo que no llega, de ahí la broma inicial del profesor de Dakar. Él lo explica: “Hemos peleado durante años para que haya Instituto Cervantes. Incluso hubo una propuesta, pero nunca cuajó por problemas de la política. Hemos seguido planteando esta situación y van a poner un Aula Cervantes. Por eso digo que las vocaciones nacieron con las canciones de Benny Moré, Celia Cruz, Abelardo Barroso y la Orquesta Aragón. El Cervantes vino después”, reitera Amadou Ndoye, y vuelve a sonreír. Aunque ahora, con tanta televisión, no es fácil aumentar las “vocaciones”. Los chicos, asegura el profesor, están más pendientes de la última moda que de aprender idiomas. Y muchos sólo piensan en salir del continente, en Europa. “La emigración es la prueba de que las cosas no funcionan muy bien”, advierte Ndoye. “A lo largo de la historia sólo ha emigrado el que está insatisfecho, y los jóvenes están insatisfechos. Viven mirando la televisión como lo hacen los jóvenes de Europa, pero sus padres no tienen el poder adquisitivo que permita saciar sus inquietudes. No tienen espíritu crítico para pensar que las imágenes son distintas de la realidad. Sobre todo si los emigrantes que vienen de visita cuentan cosas bonitas de Europa sin contar las duras. Es muy difícil razonar con ellos, decirles que el futuro se lo pueden labrar allí estudiando. Pero el estudio supone proyección y estos jóvenes viven en el siglo de la velocidad”.

Entrevista publicada en el periódico El Norte de Castilla en septiembre de 2009