Archivo | abril, 2013

La última batalla del general croata Ante Gotovina

26 Abr

Ante Gotovina grafiti

por Carlos Fuentes

“Su comportamiento fue normal, el de un caballero”. Arsenio Hernández era el maître del hotel Bitácora, en Playa de las Américas, cuando aquel tipo callado, alto y bien parecido, bajó a cenar. Minutos después lo vio salir esposado con las manos a la espalda. Arsenio Hernández fue la última persona que vio en libertad a Ante Gotovina, el militar croata acusado de crímenes de guerra que el 7 de diciembre de 2005 fue detenido en su restaurante del sur de Tenerife. Casi siete años después, Gotovina ha vuelto a ser noticia. El ex general croata acaba de ser absuelto por el Tribunal de La Haya de acusaciones de limpieza étnica que ya llevaron a una condena en primera instancia de 24 años. Ahora, y ya es definitivo, el hombre que muchos croatas consideran un héroe nacional de la guerra contra los serbios sale en libertad sin cargos. Pero detrás de Ante Gotovina queda una historia de aventuras, guerra y huida, siempre a golpes.

Ante Gotovina Tenerife 2005¿Quién es y qué hizo Ante Gotovina? Si atendemos a la descripción que Arsenio Hernández ofreció a este cronista en 2008, un “hombre normal”, si por normal se entiende al turista que disfruta de un hotel de cuatro estrellas en Tenerife. “Pasó siempre desapercibido, en los cuatro o cinco días que estuvo alojado nunca llamó la atención por nada”, indica Hernández. “Lo único, por así decir singular, era que hablaba español muy bien”. Aquel 7 de diciembre de 2005, el cocinero canario se encargó de la atención de Ante Gotovina, que bajó a cenar con un amigo, también croata. “Se sentaron en una mesa de su elección, en la 567 y pidieron la bebida”. Bien vestido, camisa blanca, y con una flor de pascua sobre la mesa, el militar pidió vino Marqués de Cáceres y una botella de agua Fontbella. “Gotovina agradeció en español y fue al servicio de buffet. Hablaba muy bien español con acento latinoamericano, pero nunca llegué a ubicarlo en un país determinado”, recordaba años después el maître del hotel Bitácora.

Ante Gotovina (Pasman, 1955) domina con soltura el español. Lo aprendió en países latinoamericanos en los que trabajó, y en Gran Canaria, a principios de los años 80, donde descansó en un yate para recuperarse de un accidente e hizo paracaidismo en San Agustín. En su huida de dos años Gotovina pasó por varios países de habla hispana. En cuatro años visitó España, Argentina, Chile, República Dominicana y Perú, según sellos acuñados en los dos pasaportes falsos que utilizó. Estos documentos croatas acreditan que Gotovina también estuvo en Brasil, Italia, Japón, Singapur, Malasia, Tahití y Mauricio. El sellado con la última anotación data del 17 de diciembre de 2004. Ese día Gotovina entró en España por el aeropuerto de Barajas, donde enseñó uno de los dos pasaportes falsos que utilizaba a nombre de Kristian Horvat y Stjepan Senicic. Su pista se perdió doce meses, hasta que fue detenido en un hotel de Tenerife.

Ante Gotovina croatia armyEl rumbo de Gotovina se torció en 2001. Ese verano el tribunal internacional que persigue los crímenes cometidos en las guerras en la antigua Yugoslavia hizo pública su acusación. Aquel 26 de julio Ante Gotovina conoció al detalle los cargos judiciales que pesaban en contra: “Persecuciones, deportación, actos inhumanos (traslados forzosos), pillaje en propiedades públicas y privadas, destrucción de ciudades y pueblos, asesinato y trato cruel”, según la fiscalía dirigida por Carla del Ponte. El caso IT-06-90 juzgó la responsabilidad de Gotovina y de los comandantes Ivan Cermak y Mladen Markac en los combates entre tropas croatas y serbias en la región de Krajina. De forma específica, qué rol jugó Ante Gotovina en la operación Tormenta, contraataque militar que reconquistó territorio croata aún en poder serbio. La Operación Oluja (tormenta, en croata) se realizó en agosto de 1995, del día cuatro al siete. La región de Krajina, al suroeste de Croacia, arrastraba una historia turbulenta. En 1991, tras la victoria serbia, que estiman propia esta zona agrícola con población mayoritaria ortodoxa, el bando ganador impuso la limpieza étnica y deportó a 100.000 habitantes croatas. También 158 iglesias católicas fueron destruidas o dañadas por las tropas serbias, cuyos soldados eran bendecidos por patriarcas ortodoxos antes de entrar en batalla.

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Por órdenes del Gobierno croata, tres años después, entre los días 4 y 8 de agosto de 1995, las tropas croatas volvieron a la Krajina para desalojar a los serbios. Comenzó la Operación Tormenta con la participación de alrededor de 150.000 soldados croatas frente a unos 40.000 serbios. Murieron 174 militares croatas y otros 1.430 resultaron heridos. La factura de sangre de la parte serbia fue más alta: 1.442 soldados y 1.873 civiles muertos (aunque Croacia rebaja las cifras a 742 y 677). Antes, durante y después de los combates, entre 90.000 y 250.000 civiles serbios fueron deportados de Krajina. La acusación contra Gotovina presentó al general como el máximo responsable de los abusos de poder que se cometieron tras la victoria en la región en disputa, ahora parte del Estado croata. La misión de la ONU para la antigua Yugoslavia, Unprofor, pudo documentar luego que alrededor de doscientos vecinos serbios habían muerto en la región después de la entrada triunfal de las tropas de Ante Gotovina.

Gotovina (centro) con Tudjman en Knin durante Operación Oluja 1995 Cuando empezó el proceso en La Haya, la fiscalía atribuyó a Gotovina, Cermak y Markac el asesinato de “al menos” 37 serbios en Krajina, también destrucción y robos en diecinueve pueblos serbios. También acusó a los croatas de trato inhumano a detenidos y refugiados, deportaciones con intimidación violenta hacia Bosnia y Serbia. “Las fuerzas croatas cometieron numerosas violaciones de las leyes humanitarias internacionales, incluyendo las muertes de al menos 150 serbios de Krajina, y el pillaje y destrucción de sus propiedades para forzar la huida”, acusó el fiscal. En Croacia, no obstante, muchos tienen una opinión distinta. El 31 de julio de 2005, cuatro meses antes de la detención en Tenerife, el semanario Hrvatski List publicó una carta firmada por el autodenominado Instituto para Relaciones Internacionales y Derechos Humanos solicitando el apoyo popular para proponer a Ante Gotovina como candidato al premio Nobel de la Paz. La petición se basaba en que el entonces general obedeció órdenes “legítimas” de un país “soberano” y en que “todas las guerras son inhumanas”.

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Antes de que se hiciera pública la acusación, Ante Gotovina rechazó primero la jurisdicción del tribunal de la ONU. En 2000, por orden del presidente croata, Stjepan Music, el general pasó a retiro. Y Gotovina se escondió dos años. El 21 de agosto de 2001 Interpol emitió una orden internacional de arresto, pero no fue hasta 2003 cuando Gotovina reapareció. El 10 de junio, en una entrevista en el semanario croata Nacionale, el prófugo aceptó la competencia del tribunal internacional, pero exigió un interrogatorio en Zagreb antes de ser trasladado a La Haya. “Volveré y hablaré con los investigadores si ellos me dan el estatus de sospechoso. Si después de escuchar mi testimonio mantienen la acusación, entonces yo iré voluntariamente a La Haya”, arguyó Gotovina. Pero el tribunal rechazó su propuesta y el ex militar volvió a la clandestinidad. Los pasaportes que utilizó Gotovina revelan pistas sobre el rumbo que tomó. Cuando habló con Nacionale tenía acreditada una entrada en Argentina el 7 de mayo de 2003. Antes había pasado por Eslovenia, Madrid (con salida el 22 de diciembre de 2001), Argentina, Brasil, Chile, Italia y, otra vez, Madrid. De la capital española salió el 6 de mayo de 2003 hacia Buenos Aires, donde pasó dos meses. El 15 de julio, tras una semana en Chile, regresó a Madrid. El 26 de octubre selló su pasaporte en Roma y voló a Singapur, donde residió hasta el 11 de noviembre.

Detención en Hotel Bitácora (Tenerife, 8.11.2005)Ese día Ante Gotovina entró con identidad falsa en Malasia utilizando un visado de negocios válido para una estancia máxima de tres meses, pero sólo estuvo ocho días. Volvió en avión a Singapur el 18 de noviembre y el día 26 voló a islas Mauricio con dos visados turísticos de quince días. Tras pasar la navidad en Singapur, el 27 de diciembre está acreditada su presencia en Japón con visa para tres meses, pero el penúltimo día de 2003 viajó hasta Tahití. Allí estuvo hasta el 11 de enero. De sus dos últimos años de huida sólo hay datos de 2004. Según los pasaportes con los que fue detenido en Tenerife, Gotovina pasó ese año entre Chile (hay registradas entradas en enero, abril y julio), Argentina (enero y julio), República Dominicana (abril y octubre) y Perú (septiembre). El último sello que se registró en su documento falso como Kristian Horvat data del 17 de diciembre de 2004, cuando entró en Madrid procedente de la República Dominicana, donde había llegado el 2 de octubre. A partir de ese día se perdió cualquier rastro de sus movimientos.

El ex general pudo estar un tiempo en España y aprovechar el permiso español para moverse por la Unión Europea. Lo único cierto es que su carrera acabó la noche del 7 de diciembre de 2005 cuando media docena de policías españoles le apresaron mientras bebía vino de Rioja en Playa de las Américas. Medios croatas publicaron luego que la pista que llevó a Gotovina fue una llamada de teléfono a su esposa Dunja. “Todo fue muy rápido. Gotovina y su acompañante se sentaron en la mesa de su elección. Cuando iban a tomar los postres, como a las nueve y cuarto, entraron tres policías. Al poco rato pasaron por la mesa y se lo llevaron. Es lo que ví, fue rapidito”, recuerda Arsenio Hernández. “Había otros tres agentes vigilando y grabando con una cámara, pero él no presentó resistencia. La acción duró treinta segundos como mucho, y creo que ninguno de los clientes se dio cuenta de lo que pasaba”. El maître del Hotel Bitácora precisa que Ante Gotovina pasó desapercibido cinco días entre la clientela. “Por esos días había muchos técnicos eléctricos para reparar torres en el sur, dañadas por el temporal, y teníamos más clientes españoles de lo normal”, recuerda. “No lo sé qué pudo cenar, es que damos buffet. Esa noche le dejaron cenar y luego se lo llevaron. Él no intentó hacer nada, no presentó resistencia. Se levantó tan normal y corriente”, resume el cocinero del sur de Tenerife.

Cartel de GotovinaDiecisiete años después de los hechos por los que fue juzgado, once después de su huida y siete desde su detención en Tenerife, el General Tormenta volvió el viernes [16 de noviembre de 2012] a Croacia con la parafernalia típica del héroe nacional que ya es. Junto a su compañero de armas Mladen Markač, también absuelto por apelación en La Haya, Ante Gotovina llegó a Zagreb en un avión fletado por el Estado croata. Alfombra roja para un personaje contradictorio al que una gran parte de los croatas nunca dieron la espalda durante los años de huida, juicio y prisión en La Haya. Gotovina cumplió siete años de cárcel por unos delitos de guerra de los que, al final, sale absuelto. Entre reivindicaciones nacionalistas y un primer intento propio por pasar página: “La guerra pertenece a la historia, volvamos al futuro”, dijo Gotovina ante la multitud congregada ante la catedral de Zagreb, más de cien mil personas en toda la ciudad. Asistió a misa junto al arzobispo de Zagreb, el cardenal Josip Bozanic, y cerró su día triunfal con cena de palacio con el presidente croata Ivo Josipovic. Al otro lado de la frontera de lo que una vez fue Yugoslavia, en Serbia, la indignación no se pudo ocultar. En estos tiempos de sueño europeo, cuando Croacia ganará la partida a la antigua madre Serbia con su ingreso del 1 de julio de 2013 en la Unión Europea, los serbios arrastran la pesadumbre de una guerra que han perdido en todos los terrenos. Obligados ahora a ver cómo la historia se escribe con renglones negros, a veces.

 

Publicado en el periódico La Gaceta de Canarias en 2007

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El bizarro tango centrífugo del argentino Daniel Melingo

19 Abr

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por Carlos Fuentes

Desembarcó en el tango desde el rock urbano en una suerte de evolución natural hacia las músicas nutritivas ancladas con pie en tierra. Y su motor de hiel y gasóleo ha ayudado a exorcizar el género que Borges definió como “un sentimiento triste que se baila”. Su última criatura explora paisajes desolados, reivindica la dignidad del perdedor y busca vetas nuevas para la milonga futura.

A Daniel Melingo la fuerza de inercia lo arrimó a un costado del tango. Ocurrió hace ahora tres lustros cuando este músico argentino de largo recorrido enfrentó la banda sonora del arrabal porteño como nuevo vehículo transmisor de su lengua afilada. Corazón y Hueso (World Village-Harmonia Mundi, 2011) apuntala la huida hacia delante de un artista criado en el rock urbano en español. “Llevo más de treinta años de carrera y ya he pasado por diferentes géneros, pero lo mío siempre fue la inquietud. Hace diez años que tengo una mirada hacia mis músicas cercanas, pero no me considero músico de rock ni de tango. Soy un músico en expansión que intenta empapar en otros géneros. Un músico en ejercicio que utiliza su experiencia en sus trabajos, no para dar consejos”.

DanielMelingoDaniel Melingo (Parque Patricio, Buenos Aires, 1957) atesora un currículo de estima. Con una formación híbrida entre lo clásico y lo popular, arrancó primero como miembro de la banda del brasileño Milton Nascimento. Luego, ya en los ochenta, integró Los Abuelos de la Nada, la locura deliciosa de aquel pionero efervescente que fue Miguel Ángel Peralta, y a mitad de esa década se unió al grupo de Charly García. “Aquel rock contaba lo que dejó de contar el tango. Porque la nostalgia y la melancolía no tienen época, son atemporales. Sin quererlo ahora estamos reflejando una determinada época con una mirada vintage, pero tal vez no nos damos cuenta de que estamos reflejando nuestra época”, explica Melingo. “En los ochenta queríamos hacer música mirando hacia los cincuenta y los sesenta, pero si la escuchamos hoy vemos que tiene características de los ochenta pese a que quiso parecerse a los sesenta. Es inevitable esa marca que damos en el instante que hacemos música. Siempre va a haber un detalle estético que va a determinar la época en que se ha hecho, más allá de donde se vaya la mirada”.

En tal suerte de ruta sin brújula, con estadías posteriores en Los Twist y luego, viviendo en Madrid, Lions In Love, Daniel Melingo ha encadenado cinco discos sustanciales –antes publicó Santa Milonga (2004) y Maldito Tango (2007) y algo atrás Tangos Bajos (1998) y Ufa (2003)– para entender a carta cabal la evolución última del tango urbano. Del usufructo del tango como gran área de pruebas junto a su banda, Los Ramones del Tango. “En mi familia la música popular siempre fue el tango, era gente de barrio, bailarines, milongueros… Transcurrí por diferentes etapas en el rock y la música electrónica, que fue lo que en los ochenta y los noventa me llamaba la atención. Pude ir madurando, acumulé conocimiento y experiencia, no solo en música popular y rock, también en música tradicional argentina. Ya son quince años de tango, una música que como nos ocurrió con el rock fue bastante cercenada en la época de la dictadura. Ellos se encargaron de tratar de desaparecer todo lo que fuera música popular”.

¿Un ex rockero como exorcista del tango? “La dictadura hay que exorcizarla en todos los géneros. El tango tiene más de cien años, ha ido evolucionando, van surgiendo estilos nuevos y el tango se va enriqueciendo. El exorcismo de los militares es inevitable porque la dictadura fue un gran agujero negro que se encargó de desaparecer todas las músicas populares. Hacer ese exorcismo ha sido un trabajo largo, arduo y duro. Cada músico ha ido haciendo un trabajo antropológico, como en el rock, que siempre tuvo muchos avatares. No fue fácil”.

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¿Y qué encuentra un músico urbano en el tango? “Infinidad de cosas. Ahondar el tango es entrar en su mundo interior. Y mi expansión musical viene de una fusión; a partir del tango y del rock, intento escribir mi música, mis canciones”. Aunque impera la visión de lo tradicional como algo totémico, como un bloque rígido… “Exacto. Pero en sus inicios, el tango se nutrió de diferentes géneros. Hoy yo no sé si estoy intentando seguir la corriente en sentido inverso, digamos que seguir la corriente que se hizo al comienzo del tango. Porque el tango fue un sonido nacido de la emigración. En el tango están la tarantela, el pasodoble, la milonga y la habanera. Y no hago oídos sordos a esas músicas para intentar, como argentino, cocinar y lograr su alquimia con el rock, la música cubana o el flamenco. Son elementos que siempre van nutriendo al escritor de canciones”.

En clave visual, Melingo ya puso música al proyecto Diaporamas, de Alberto García-Alix, y debuta con papel protagonista en cine con Una noche sin luna, primer largo del uruguayo Germán Tejeira. El rodaje comienza este mes. Es el título de una de sus canciones, y él escribirá la música junto a Liliana Herrero y Jaime Torres. Banda sonora para un músico preso. “Sí, un músico que lleva nueve años preso y obtiene permiso para tocar por el Fin de Año en un pueblito perdido en el interior de Uruguay. Todo ocurre esa noche de permiso, la noche de final de año”. Tango bizarro para el nuevo cine latino. ¿Otra revancha del tango como reflejo del alma negra de América? “Hay mucho mito con la palabra tango, pero tiene una raíz africana evidente. Y por extensión, en todo nuestro pueblo latinoamericano existe una raíz africana que sabemos de dónde viene. Y negar esas raíces es renegar de nuestra historia, pero hay una incidencia política en quien escribe la historia. Y ahora ya nos toca escribirla a nosotros”.

Publicado en la revista Rockdelux en diciembre de 2012

Entre Rita y Penélope estuvo Sara Montiel

11 Abr

Sara Montiel en Veracruz

por Carlos Fuentes

Ahora que ya es puro humo, Sara Montiel será recordada por los huevos fritos que cocinó para Marlon Brando, su encuentro con Gary Cooper en Veracruz y, aquí cerca, por su presencia jerárquica en los cines españoles de la última mitad del siglo pasado. Pero la historia de la joven manchega María Antonia Abad Fernández atesora una proyección latina de referencia. Con un selecto puñado de actrices de origen latino, la artista española jugó un papel primordial en los primeros tiempos de visibilidad de la comunidad latina en el negocio cultural de entretenimiento en Estados Unidos. Que sus películas se continúen pasando con frecuencia en las televisiones hispanas y que sus canciones aún resuenen en el barrio latino, en vecindarios de arrabal y solares de fiesta, son pruebas evidentes de un sentimiento de orgullo latino que Sara, como pocas, ayudó a enhebrar en unos tiempos de competencia feroz dentro y fuera de Hollywood.

Sara MontielEl desembarco de artistas de origen latino en Estados Unidos, mejor dicho, de aspirantes a artistas profesionales, se produjo a raíz de la aparición de Rodolfo Valentino. El pibe de Castellaneta (Italia) ganó primero la calle en Nueva York y poco a poco se fue haciendo un sitio en producciones de segunda división. Aún ni siquiera salía su nombre en los créditos, eran papeles mínimos, simple extra. Hasta que la suerte comenzó a cambiar, nació el mito y se fabricó una historia de leyenda. Poco después llegaron el actor mexicano Ramón Novarro, relevo natural del fallecido Valentino, y sobre todo actrices, las mexicanas Dolores Del Río y Lupe Vélez, la dominicana de origen canario María Montez, y dos rostros para la historia grande del cine: la mexicana María Félix, futura emperatriz de lo latino, y el emblema del triunfo de la piel morena en las películas de Hollywood, Margarita Carmen Cansino, joven intérprete de padre español a quien el mundo entero pronto iba a admirar como Rita Hayworth. Si a esta proyección al alza se une que en música sonaban el morocho argentino Carlos Gardel y el huracán de la brasileña Carmen Miranda, y que los músicos cubanos Don Azpiazú, Mario Bauzá y Chano Pozo pronto iban a lograr introducir la clave caribeña en el jazz blanco, imagínese usted qué tiempos para gozar del rol creciente de lo latino en la América anglosajona.

Porque de aquellos primeros papeles como malos de película y fáciles amantes despechadas, con un poco de suerte cantantes, comerciantes o peatones, los artistas latinos superaron esa mirada tópica para reivindicar su valía escénica. Pero María Antonia Aurelia Isidora Vicenta Josefa Abad Fernández, que había nacido el 10 de marzo de 1928 en Campo de Criptana (Ciudad Real) y se había criado en Orihuela entre agricultores y bodegueros, como su padre, poco sabía del negocio del cine grande en Hollywood cuando llegó el día de su suerte. En 1944, después de alguna insistencia de amigos vinculados al cine y a las artes escénicas, el fotógrafo de origen húngaro Juan Gyenes aceptó un encuentro en Madrid para realizar una sesión de retratos con la joven promesa manchega. El flechazo profesional entre la actriz y el camarógrafo fue crucial: una de aquellas imágenes iba a encabezar la portada de la revista Semana

SaritaMontiel.María Antonia Abad pronto cayó en el olvido de la anécdota: había nacido Sara Montiel. “Gyenes fue uno de sus grandes amigos durante cincuenta años”, explica el periodista y escritor Fernando Olmeda, autor de la biografía del retratista húngaro El fotógrafo del optimismo y comisario de una reciente exposición en la Biblioteca Nacional donde se pudo contemplar el trabajo de Gyenes con la actriz. De hecho, indica Olmeda, una de las imágenes favoritas de Sara Montiel muestra a la estrella a través de un espejo de tocador. Y su mirada racial que cautivó a Hollywood.

Vino después su aventura americana, primero en México junto a intérpretes de altura como Agustín Lara, Pedro Infante o Katy Jurado. Y a partir de 1954 una proyección creciente que arrancó con Veracruz, la película que ese año rodó junto a dos de los grandes iconos del momento, Gary Cooper y Burt Lancaster. Fue de tal magnitud la aparición volcánica de Sara Montiel, a la que algunos trataban ya de equiparar a la mujer fatal que fue Gilda con Rita Hayworth, que Denise Darcel mantuvo a duras penas el rol protagonista en el western dirigido por Robert Aldrich. Con la actriz Joan Fontaine y el tenor Mario Lanza rodó luego Serenata mientras empezaba a frecuentar los primeros círculos artísticos de Hollywood. Con Elizabeth Taylor coincidió durante el rodaje de Gigante, en el que Sara Montiel no participó, donde compartió risas y copas con otra figura emblemática del momento, aquel mito efímero llamado James Dean. Otra casualidad, esta vez fúnebre, echó una mano: cuando el Porsche del actor se estampó a toda velocidad el 30 de septiembre de 1995 en la autopista 46 muchos periódicos y revistas de todo el planeta eligieron su foto con Sara Montiel para ilustrar la noticia de la muerte. La de Sara fue la última imagen de James Dean: dos jóvenes estrellas guapas riendo a carcajadas, relajados con un ventilador.

El último cupléLa carrera americana de Sara Montiel se cerró pronto por voluntad propia. Aquí esperaba la fama española, y esa es otra historia de cuplés y violeteras con la postrera banda sonora de Almodóvar en La mala educación. Pero allí, allá en América, en toda América Latina, quedó muy claro su compromiso vital con el reconocimiento de la cultura y los artistas latinos en Estados Unidos. Mucho se cuenta, ya se dijo, de sus amistades con Gary Cooper y con Marlon Brando, siempre apasionado por la comida y la música latina, aunque menos conocida es una anécdota que la actriz española protagonizó junto a la cantante de jazz Billie Holiday. Ocurrió en el reputado restaurante Four Seasons de Nueva York, donde Sara Montiel armó un escándalo, los platos llegaron al suelo, cuando se pretendió impedir la entrada a la cantante de raza negra. Y México, donde ella había disfrutado de una primera época de reconocimiento, siempre alabó las conquistas sociales de las mujeres latinas. El derecho al divorcio, por ejemplo, cuando en España esa reivindicación era asfixiada por la bota de la dictadura.

Sara Montiel & James DeanAhora que ya es puro humo, la historia antológica de Sara Montiel quedará en la memoria como pionera en el reconocimiento de lo latino en tierra ajena. Sin ella sería imposible calibrar los éxitos de artistas contemporáneos como los actores Salma Hayek, Edward James Olmos, Antonio Banderas, Martin Sheen, Javier Bardem o Penélope Cruz. También los músicos Julio Iglesias, Roberto Carlos, Emilio y Gloria Estefan, Carlos Santana, Shakira, Marc Anthony o Gustavo Santaolalla. Caso aparte es la puertorriqueña Jennifer López, la cara latina más conocida entre la farándula americana, a quien la propia Sara Montiel señaló en su última entrevista, con Isabel Gemio en Onda Cero, como actriz preferida si algún día se prepara una película biográfica sobre su historia ya de leyenda.

Publicado en El Confidencial en abril de 2013

Morir en el centro del mundo

7 Abr

Jemaa el-Fna Marrakech

Por Carlos Fuentes

Si en África la vida es la calle, Yemaa El Fna es el salón de Marraquech. Y por aquí desfila el trasiego cotidiano del millón de vecinos de la ciudad matriz de este país que una vez fue imperio. Plantada en el siglo XI, esta plaza con forma de flecha acoge cada día una metamorfosis infinita: amanece con aromas de té verde y ruido de venta ambulante, gangocheros de menta y limón, zumos de clementinas recién exprimidas, pero también fulleros con dentaduras postizas de segunda boca y encantadores de cobras drogadas. El mediodía es la hora de los vivos: guías de ocasión que buscan turistas de euro fácil, extranjeros temerosos de entrar solos en el avispero del zoco. Pero si el miedo es gratis, se regatea al doblar la esquina. No hay que temer al moro amigo; no engaña más allá de la triquiñuela de ocasión. Botellas de Orange Crush que no están frescas, aunque sonría el fresco detrás del mostrador. Y luego lo contará, feliz, a sus compinches, cigarrillo de quif a pachas, mientras aguarda la puesta de sol.

No hay ocaso como el de Yemaa El Fna, apenas comparable con el que luego vimos en la plaza Naghsh-i Jahan de Isfahán. Luz trémula que abre las noches para el aterrizaje de carromatos que trocan en parrillas con corderos al carbón, bandejas con pastela de carne de pichón y dulce baklava de pistacho con miel de azahar. Es la fiesta del final de cada día, que el turista bebe a sorbos desde la terraza del Café de France o en el martirizado restaurante Argana, a los pies de la intangible Kutubía. Los más listos, con una cerveza helada en el Hotel du Tazi, entre flores secas y flirteos de sexos iguales. Volveremos a Marraquech, quizá mañana, para ver la vida más viva. Para escuchar el eco de las letanías del repentista de halqa y celebrar que aún estamos vivos. Aunque pueda venir, escondido y cobarde, un abyecto a intentar matarnos en el centro del mundo.

Publicado en el periódico Diario de Avisos en abril de 2011

Turistas nuevos por las viejas calles de Madeira

5 Abr

Funchal Madeira

Por Carlos Fuentes

Hay lugares pequeños repletos de historias grandes. Y las islas de Madeira y Porto Santo están a la altura del paso del tiempo. Descubiertas por marinos portugueses a principios del siglo XV, estos dos pedazos de región atlántica de Portugal atesoran suficientes argumentos para que el viajero visite su historia añeja y contemple las riquezas que la naturaleza brinda en apenas ochocientos kilómetros cuadrados de tierra firme.

Aunque hay vestigios anteriores a la conquista portuguesa, la vida conocida de Madeira, la isla, y de Porto Santo, su hermana pequeña, hunde sus raíces en los albores de la navegación transatlántica. Y comenzó con una casualidad: en 1418 los barcos de João Gonçalves Zarco y Tristão Vaz Teixeira, caballeros del Infante Henrique en la ocupación portuguesa de Ceuta ocurrida tres años atrás, recalaron en la costa de Porto Santo después de sufrir una avería durante su navegación por el litoral africano. Al año siguiente, seguidos por Bartolomeu Perestrelo, los tres navegantes sentaron los reales portugueses en Madeira. Y en 1425, decidida la ocupación estable de las dos islas con las miras puestas en su elevada importancia estratégica en las rutas comerciales, impulsaron el establecimiento de primeros núcleos poblados. Fue un caso singular: las tres familias portuguesas de los navegantes descubridores fueron las primeras en fijar residencia, con una representación de la nobleza del continente e incluso algún ex presidiario, en estas dos islas atlánticas recién conquistadas para la corona de Portugal. Por ubicarnos en el mapa: a 450 kilómetros al norte de Canarias y a 700 kilómetros al oeste de la costa africana frente a Marruecos. De la capital nacional, Lisboa, la isla de Madeira se encuentra a 975 kilómetros.

Madeira FunchalCon Funchal como primer epicentro portuario y ciudad en ciernes, el ingenio portugués y la abundancia de bosques para extraer madera (de ahí el nombre de la isla grande) permitieron distribuir agua natural desde la comarca norte a la más seca zona sur de la isla. Y con el agua llegó el trabajo en el campo. La agricultura se convirtió en un creciente factor de riqueza en las islas y, junto a la pesca, originó las primeras explotaciones de entidad. El buen trigo de Madeira pronto dio para abastecer a la incipiente población local y luego se convirtió en el primer producto de exportación al continente. Otra casualidad, la crisis coyuntural en el cultivo de cereales, llevó al Infante Henrique a ordenar la plantación de caña de azúcar. La decisión se confirmó como un gran acierto y, como ocurrió también en Canarias, las islas portuguesas vieron pasar el siglo XVI en una situación ventajosa. El prensado de la caña permitió el auge de la labor de refinado, cuyos méritos eran reconocidos en los principales mercados europeos. Y al igual que en Canarias, la riqueza del azúcar se plasmó en obras de arte flamenco que eran instaladas en las iglesias más antiguas de Madeira.

Madeira palmCon el siglo nuevo, ya en el diecisiete, estas dos islas portuguesas dieron otra vuelta de tuerca al trabajo en el campo. Al calor de la creciente proyección internacional de los vinos portugueses en Europa (a finales de siglo el añejo vino de Oporto ya será un clásico en las mejores mesas continentales), Madeira y Porto Santo también se apuntaron a la fiebre vinícola impulsada por el interés británico en los caldos portugueses. De hecho, la declaración de puerto de escala para la flota inglesa entre 1660 y 1704 permitió que comerciantes de esa nacionalidad arraigaran en Madeira, fundaran negocios, impulsaran el comercio con el continente y, a la postre, terminaran por definir buena parte de la idiosincrasia de los isleños. Un último apunte histórico tomado al vuelo se puede escribir en clave individual: originario de Madeira era el fotógrafo Jordão da Luz Perestrello, autor de las primeras imágenes de uso turístico en su isla natal y en Canarias, sobre todo a partir de su residencia desde 1900 en Las Palmas de Gran Canaria. Fotógrafo no exento de perfil polémico porque, aprovechando la escasa comunicación que existía entre ambos archipiélagos, posesiones insulares de países rivales, llegó a falsificar imágenes y nombres de ambas regiones. Tan fácil situaba el mismo paisaje en un jardín de Funchal como vendía otra postal con el mismo escenario aunque databa la foto en el norte de Tenerife. Con todo, Jordão da Luz Perestrello dejó su sello en el álbum clásico de la fotografía en Canarias.

Old FunchalEn la actualidad la postal turística ha caído en desuso, pero las visitas siguen siendo un motor económico para Madeira. Puerto habitual de cruceros, como antes lo fue de barcos transatlánticos, la ciudad de Funchal condensa buena parte de las actividades de interés turístico. De hecho, una ruta por esta capital regional de 112.000 habitantes comienza por su puerto de larga trayectoria, ya que frente a la rada está el histórico barrio de Santa María, primero que acogió a la población venida del continente, y uno de los tres barrios viejos de Funchal junto al barrio de la catedral Sé, también al pie de la bahía, y el de San Pedro, ya en las estribaciones de la loma principal sobre este puerto de bella estampa. Por el camino, el paseo permite indagar en la historia de la obra civil, militar y religiosa en Madeira. Se conservan edificios añejos como la iglesia-monasterio de Santa Clara, construida a finales del siglo XV. Respuesta a los saqueos fue la edificación del sólido palacio-fortaleza de San Lorenzo, con su singular torre almenada ante la bahía. El culto cristiano se radicó en la emblemática catedral de 1514, a la altura de las necesidades cuando Madeira fue la capital religiosa de la Iglesia Católica en las tierras conquistadas en América. En este templo se puede contemplar una cruz de plata maciza donada por el rey Manuel I y que está considerada uno de los mejores diseños de la orfebrería portuguesa.

Antes de salir de excursión por la isla conviene visitar algún museo en Funchal. Y los hay para casi todos los gustos. De arte flamenco y portugués se nutre el de Arte Sacro, el Museo Vicentes ofrece una retrospectiva de la historia de Madeira y Porto Santo a través de sus fotografías y el Arte Contemporáneo exhibe nuevas tendencias en el antiguo fuerte de San Tiago. Los amantes del vino y su historia legendaria tienen dos paradas estratégicas: el Museo del Vino, el Bordado y la Artesanía y el museo-bodega que rescata la historia de John Blandy, uno de los pioneros del vino espirituoso de Madeira a partir de su establecimiento en la isla en 1808. Para quienes busquen momento de sosiego entre paseos está la Quinta de las Cruces, interesante parque con orquidario en la que fue segunda residencia del descubridor João Gonçalves Zarco, o el Museo Regional de Madeira, ubicado en el Palacio de San Pedro como colofón de la historia pasada y reciente de este archipiélago portugués en el Atlántico.

Porto Santo MadeiraConocida la historia junto al mar, las tierras altas de Madeira permiten disfrutar de una panorámica imponente sobre la bahía de Funchal, que para muchos barcos es el último puerto europeo antes de afrontar la travesía trasatlántica, y también adentrarse en uno de los últimos boques de laurisilva que se conversan en Europa. Esta excursión debe comenzar en la localidad de Monte, situada a unos nueve kilómetros de la costa capitalina y donde se puede visitar la iglesia de Nuestra Señora de Monte, venerada en la región desde 1470, y pasear los ocho kilómetros de jardínes y bosques en el Largo das Babosas. Aunque el tesoro verde espera monte adentro. Declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999, el bosque de laurisilva de Madeira brinda aromas de árboles milenarios como el til, el laurel, el viñátigo y el palo blanco junto al brezo y el acebiño de Madeira. Entre ejemplares de paloma torcaz endémica, de petrel de Madeira y de cernícalos y pinzones, el visitante del Parque Natural de Madeira puede contemplar la zona de reserva integral con la que se intenta conservar esta reliquia vegetal de pasado, unos bosques de historia legendaria que apenas sobreviven en otras áreas de Canarias, Azores y Cabo Verde.

Publicado en la revista NT en abril de 2013