Entre Rita y Penélope estuvo Sara Montiel

11 Abr

Sara Montiel en Veracruz

por Carlos Fuentes

Ahora que ya es puro humo, Sara Montiel será recordada por los huevos fritos que cocinó para Marlon Brando, su encuentro con Gary Cooper en Veracruz y, aquí cerca, por su presencia jerárquica en los cines españoles de la última mitad del siglo pasado. Pero la historia de la joven manchega María Antonia Abad Fernández atesora una proyección latina de referencia. Con un selecto puñado de actrices de origen latino, la artista española jugó un papel primordial en los primeros tiempos de visibilidad de la comunidad latina en el negocio cultural de entretenimiento en Estados Unidos. Que sus películas se continúen pasando con frecuencia en las televisiones hispanas y que sus canciones aún resuenen en el barrio latino, en vecindarios de arrabal y solares de fiesta, son pruebas evidentes de un sentimiento de orgullo latino que Sara, como pocas, ayudó a enhebrar en unos tiempos de competencia feroz dentro y fuera de Hollywood.

Sara MontielEl desembarco de artistas de origen latino en Estados Unidos, mejor dicho, de aspirantes a artistas profesionales, se produjo a raíz de la aparición de Rodolfo Valentino. El pibe de Castellaneta (Italia) ganó primero la calle en Nueva York y poco a poco se fue haciendo un sitio en producciones de segunda división. Aún ni siquiera salía su nombre en los créditos, eran papeles mínimos, simple extra. Hasta que la suerte comenzó a cambiar, nació el mito y se fabricó una historia de leyenda. Poco después llegaron el actor mexicano Ramón Novarro, relevo natural del fallecido Valentino, y sobre todo actrices, las mexicanas Dolores Del Río y Lupe Vélez, la dominicana de origen canario María Montez, y dos rostros para la historia grande del cine: la mexicana María Félix, futura emperatriz de lo latino, y el emblema del triunfo de la piel morena en las películas de Hollywood, Margarita Carmen Cansino, joven intérprete de padre español a quien el mundo entero pronto iba a admirar como Rita Hayworth. Si a esta proyección al alza se une que en música sonaban el morocho argentino Carlos Gardel y el huracán de la brasileña Carmen Miranda, y que los músicos cubanos Don Azpiazú, Mario Bauzá y Chano Pozo pronto iban a lograr introducir la clave caribeña en el jazz blanco, imagínese usted qué tiempos para gozar del rol creciente de lo latino en la América anglosajona.

Porque de aquellos primeros papeles como malos de película y fáciles amantes despechadas, con un poco de suerte cantantes, comerciantes o peatones, los artistas latinos superaron esa mirada tópica para reivindicar su valía escénica. Pero María Antonia Aurelia Isidora Vicenta Josefa Abad Fernández, que había nacido el 10 de marzo de 1928 en Campo de Criptana (Ciudad Real) y se había criado en Orihuela entre agricultores y bodegueros, como su padre, poco sabía del negocio del cine grande en Hollywood cuando llegó el día de su suerte. En 1944, después de alguna insistencia de amigos vinculados al cine y a las artes escénicas, el fotógrafo de origen húngaro Juan Gyenes aceptó un encuentro en Madrid para realizar una sesión de retratos con la joven promesa manchega. El flechazo profesional entre la actriz y el camarógrafo fue crucial: una de aquellas imágenes iba a encabezar la portada de la revista Semana

SaritaMontiel.María Antonia Abad pronto cayó en el olvido de la anécdota: había nacido Sara Montiel. “Gyenes fue uno de sus grandes amigos durante cincuenta años”, explica el periodista y escritor Fernando Olmeda, autor de la biografía del retratista húngaro El fotógrafo del optimismo y comisario de una reciente exposición en la Biblioteca Nacional donde se pudo contemplar el trabajo de Gyenes con la actriz. De hecho, indica Olmeda, una de las imágenes favoritas de Sara Montiel muestra a la estrella a través de un espejo de tocador. Y su mirada racial que cautivó a Hollywood.

Vino después su aventura americana, primero en México junto a intérpretes de altura como Agustín Lara, Pedro Infante o Katy Jurado. Y a partir de 1954 una proyección creciente que arrancó con Veracruz, la película que ese año rodó junto a dos de los grandes iconos del momento, Gary Cooper y Burt Lancaster. Fue de tal magnitud la aparición volcánica de Sara Montiel, a la que algunos trataban ya de equiparar a la mujer fatal que fue Gilda con Rita Hayworth, que Denise Darcel mantuvo a duras penas el rol protagonista en el western dirigido por Robert Aldrich. Con la actriz Joan Fontaine y el tenor Mario Lanza rodó luego Serenata mientras empezaba a frecuentar los primeros círculos artísticos de Hollywood. Con Elizabeth Taylor coincidió durante el rodaje de Gigante, en el que Sara Montiel no participó, donde compartió risas y copas con otra figura emblemática del momento, aquel mito efímero llamado James Dean. Otra casualidad, esta vez fúnebre, echó una mano: cuando el Porsche del actor se estampó a toda velocidad el 30 de septiembre de 1995 en la autopista 46 muchos periódicos y revistas de todo el planeta eligieron su foto con Sara Montiel para ilustrar la noticia de la muerte. La de Sara fue la última imagen de James Dean: dos jóvenes estrellas guapas riendo a carcajadas, relajados con un ventilador.

El último cupléLa carrera americana de Sara Montiel se cerró pronto por voluntad propia. Aquí esperaba la fama española, y esa es otra historia de cuplés y violeteras con la postrera banda sonora de Almodóvar en La mala educación. Pero allí, allá en América, en toda América Latina, quedó muy claro su compromiso vital con el reconocimiento de la cultura y los artistas latinos en Estados Unidos. Mucho se cuenta, ya se dijo, de sus amistades con Gary Cooper y con Marlon Brando, siempre apasionado por la comida y la música latina, aunque menos conocida es una anécdota que la actriz española protagonizó junto a la cantante de jazz Billie Holiday. Ocurrió en el reputado restaurante Four Seasons de Nueva York, donde Sara Montiel armó un escándalo, los platos llegaron al suelo, cuando se pretendió impedir la entrada a la cantante de raza negra. Y México, donde ella había disfrutado de una primera época de reconocimiento, siempre alabó las conquistas sociales de las mujeres latinas. El derecho al divorcio, por ejemplo, cuando en España esa reivindicación era asfixiada por la bota de la dictadura.

Sara Montiel & James DeanAhora que ya es puro humo, la historia antológica de Sara Montiel quedará en la memoria como pionera en el reconocimiento de lo latino en tierra ajena. Sin ella sería imposible calibrar los éxitos de artistas contemporáneos como los actores Salma Hayek, Edward James Olmos, Antonio Banderas, Martin Sheen, Javier Bardem o Penélope Cruz. También los músicos Julio Iglesias, Roberto Carlos, Emilio y Gloria Estefan, Carlos Santana, Shakira, Marc Anthony o Gustavo Santaolalla. Caso aparte es la puertorriqueña Jennifer López, la cara latina más conocida entre la farándula americana, a quien la propia Sara Montiel señaló en su última entrevista, con Isabel Gemio en Onda Cero, como actriz preferida si algún día se prepara una película biográfica sobre su historia ya de leyenda.

Publicado en El Confidencial en abril de 2013

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