Archivo | junio, 2013

Vampire Weekend: pop nuevo entre el cielo y el suelo

29 Jun

Vampire Weekend 1

por Carlos Fuentes

Grupo patrón para sondear la influencias de las músicas de África en el pop contemporáneo, Vampire Weekend vuelve con su tercer trabajo en cinco años. Sereno pero intenso, a veces introspectivo, entre lo marcial y lo celestial, Modern Vampires Of The City cierra trilogía y, atención, anuncia reconversión sonora en el proyecto liderado desde Nueva York por Ezra Koenig y Rostam Batmanglij.

Síntoma de los tiempos que corren, Vampire Weekend ha velado con esmero el contenido de su tercer disco. De Modern Vampires Of The City, que sale el 6 de mayo en XL Recordings, el cronista apenas dispone de una oportunidad de escucha. Una y una única vez. En un portátil con auriculares en el bar de un hotel. Un par de pisos más arriba, Rostam Batmanglij atiende a un carrusel de entrevistas clónicas. Van catorce desde primera hora de la mañana del único día de promoción en España. A esa misma hora Ezra Koenig ya debe acumular un bagaje similar en Berlín. Nuevo álbum, parecidas preguntas. Aunque entre canción y canción, luego hablaremos, surge un primer punto de enganche entre el conjunto neoyorkino y sus para nada disimuladas influencias de África y sus músicas. En la portada del nuevo disco, trabajado durante el verano pasado en Los Ángeles con el productor Ariel Rechtshaid (The Hippos), una imagen añeja de un día de niebla densa en Nueva York, su geometría urbana y sus aires de tiempo detenido, evoca paisajes antónimos en el corazón en tinieblas de África.

Rostam Batmanglij sonreirá luego, satisfecho de que la foto de portada evoque sensaciones cruzadas: “En la ciudad la niebla se origina por la contaminación, al menos una buena parte, mientras que en muchos lugares de África será algo natural. Pero sé lo que quieres decir: la foto de Nueva York no aclara si vemos la ciudad de hoy o la de varios años anteriores, o quizá nos enseña cómo será la ciudad en el futuro, no lo sé. Esa incertidumbre fue lo que sentí cuando vi la foto y pensé rápido que sería una buena portada para un disco, aunque aún no sabía de cuál”. La foto, en verdad hecha en 1966, es un trabajo de Neal Boenzi para The New York Times captando el sur desde la cúspide del Empire State.

Vampire Weekend Modern vampires of the cityEsta gris mirada austral enlaza con las huellas de la (relativa) sorpresa que los primeros discos de Vampire Weekend causaron entre la audiencia occidental. Dos trabajos notables (Vampire Weekend, de 2008; y Contra, publicado en 2010) y siete años después, el cuarteto que completan el bajista Chris Baio y el batería Chris Tomsom se ha convertido en una suerte de mecanismo de sondeo para comprobar hasta dónde han llegado las influencias africanas en el pop y el rock contemporáneos. De acuerdo, Ry Cooder ya se había arrimado a África, como Damon Albarn en busca de otro pop posible, Manu Chao trabajó con Amadou & Mariam, y luego llegaron otras aventuras interesantes, ya en forma de alianza coyuntural (Tinariwen + TV On The Radio, AfroCubism) o de adopción migrante (The Very Best). Pero el mérito de estos cuatro chicos de Vampire Weekend no es desdeñable: con audacia y desparpajo su pop de colores exprimió la austeridad de recursos en aras de la creatividad. Frescura sin corsés. Con el latido de la ciudad moderna, pero también con la vista puesta en ritmos de solvencia probada. ¿Cómo llegan a la música africana, en la calle, en casa? “Al comenzar como grupo nuestros instrumentos eran muy básicos, simples. Y cuando nos planteamos empezar a hacer música juntos, ya en serio, nos dimos cuenta de que la música africana dispone de una gran gama de sonidos con instrumentos básicos o tradicionales de fabricación sencilla. Y sin embargo la música era limpia, fabulosa, tenía una identidad muy marcada. Todo eso nos inspiró a la hora de hacer música con nuestros primeros instrumentos de plástico”, recuerda Batmanglij. “Siempre nos ha parecido muy aburrido reducir la música, el ritmo, a los estilos y los medios de grabación que tienes cerca. No hay nada más aburrido que un ritmo básico, convencional, y siempre nos interesó más el mundo rítmico caribeño y sus increíbles conexiones con las músicas de África”.

Ocurre algo así en el colofón de Don´t Lie, quinto tema del disco, donde se huelen aires del Caribe anglosajón, quizá mento de Jamaica, quizá calypso de Trinidad, en un punteo trémulo de Rostam. “Oh, bien. Me gusta mucho más esta apreciación que la que tiene alguna otra gente que dice que suena a The Strokes. Me gusta más esa referencia caribeña”. ¿Y se siente el grupo concernido por este debate de la utilización del acervo africano en pop nuevo? Rostam Batmanglij cree que no: “Es que nosotros nunca hemos escondido que algunos músicos africanos nos han influido, que nos han inspirado, como nos influye mucha música que nos gusta. Quiero pensar que vivimos en un mundo en el que cualquiera puede hacer la música que más le plazca. Es estúpido tratar de decir quién puede o quién no puede hacer según qué música. ¿Quién está realmente en la posición de juzgar lo que se puede hacer o no con la música? Nadie. Todo depende de quién eres y qué quieres hacer. No nos hemos apropiado de nada, sí que nos hemos inspirado en otras músicas y muchos músicos que nos gustan”.

Vampire WeekendDe vueltas al nuevo disco, Modern Vampires Of The City es a la vez último capítulo de una trilogía temática y, atención, anuncio de un giro estilístico en Vampire Weekend. Por partes. ¿Por qué una trilogía y por qué acaba ahora? “El primer disco fue como un juego visual, pensamos que nuestros primeros tres discos tuvieran una identidad visual parecida. De hecho, queríamos que si ves los tres juntos en la tienda se puedan distinguir con facilidad. Luego llegó lo musical y, si soy sincero, creo que ha existido una especie de mano invisible que nos ha guiado. Porque hay conexiones en canciones de los tres discos, en la música y en las letras. Hanna Hunt, por ejemplo, tiene siete años. Primero la tocamos en concierto y ahora vimos que funcionaba para este disco”. ¿Y ya saben qué vendrá luego? “Si me preguntas a mí, te diría que hacer un disco de guitarras, un gran disco de guitarras. Así me imagino lo siguiente de Vampire Weekend”. Sin embargo, por ahora se mantiene otra marca de la casa, un sutil pero estudiado equilibrio entre piezas ágiles y tiempos serenos. “Sí, aunque en este disco íbamos concienciados para no abusar de las canciones lentas”.

¿Por qué? “Porque hemos intentado conservar la energía de los primeros álbumes, aunque también explorar nuevas sensaciones, tal vez más sutiles. Y porque es muy fácil escribir canciones lentas. Recuerdo que una vez Mick Jagger dijo que para él sería muy sencillo escribir baladas, que podría hacer una balada al día todos los días. Aunque siempre intentamos tener un par de canciones de éxito en cada disco”, asume Rostam Batmanglij. Por cierto, ¿cómo nace un tema de Vampire Weekend? “No tenemos una única manera de hacer música. A veces trabajamos juntos y otras alguien llega con una idea. Nos preguntamos adónde queremos ir y cómo podríamos hacer de esa idea una buena canción final. En el primer disco trabajamos mucho así, en Contra hubo también mucho trabajo en estudio, explorando sonidos y efectos que queríamos incluir. A veces llega el sonido primero y luego la letra, o al revés, no hay un guión fijo para trabajar”, explica el músico norteamericano.

Vampire WeekendOtro rasgo mayor en Modern Vampires Of The City –titulado con el primer verso de One Blood, del jamaicano Junior Reid (“modern vampires of the city hunting blood”)— sea la influencia de la música religiosa. Porque hay órganos afectados que resplandecen sin artificios, sonidos entre lo marcial y lo celestial. Ecos de Elvis con vocoder, casi plegarias de aires trip-hop. Y finales recitados desde un altar pop. “En estas canciones hay plasmadas muchas intenciones que vienen de las músicas religiosas, no de la religión sino de la manera que ha condicionado la música popular”. ¿Y la melancolía, qué influencia tiene en el concepto artístico de Vampire Weekend? “Juega un cierto papel. Yo soy el único miembro que es hijo de emigrantes. Mis padres tuvieron muy difícil lograr que la familia tuviera sensación de identidad en Francia, donde nació mi hermano [Zal Batmanglij, director de Sound of My Voice y The East]. Ya en Estados Unidos, mis padres intentaron que todos tuviéramos una identidad americana e iraní, a la vez. Justo lo que no había sido posible en Europa, donde mi hermano se sentía como un iraní que crecía en Francia”, explica Rostam Batmanglij para enlazar sentimiento de pertenencia a un pueblo con identidad artística y nostalgia de algo que no se vivió. “Lo que ocurrió en mi familia me ha aportado una perspectiva interesante: ahora hay cosas de ambos mundos que son tus fuentes de inspiración. Siento que la cultura americana es la mía, aunque también dispongo de una memoria familiar. Por eso entiendo a los asiáticos, a los africanos, a los emigrantes que viajan buscando un futuro mejor. Esas influencias de la tierra natal son fuertes y soportan bien el paso del tiempo. Quizá por eso sientes algo de melancolía al escuchar esas canciones, y mirándolo bien puede ser una de nuestras principales señas de identidad”.

Vampire  WeekendPequeño catálogo de pespuntes africanos

La radiografía, digamos, étnica de Vampire Weekend ya está inventada. Cada canción del cuarteto, y no digamos la resultona Cape Cod Kwassa Kwassa, es analizada de inmediato por críticos y seguidores en medios convencionales y blogs de todo pelaje. Que sí, Ezra Koenig, Rostam Batmanglij y compañía suenan al Paul Simon de Graceland, y del rock ágil de The Kinks han bebido bastante. Que sí, en el patch-work sonoro de los vampiros también hay ecos de Miriam Makeba y pespuntes tomados de ritmos juju yoruba del nigeriano King Sunny Adé. Arreglos de cuerdas que no desentonarían en un concierto de Tarika en Antananarivo y aromas clásicos de la OK Jazz del maestro Franco. Pero Rostam Batmanglij prefiere poner el foco en el valor inmenso de la voz como instrumento musical en África. “Durante un tiempo escuchamos mucho Malaika, la canción de Angélique Kidjo, pero también a la sudafricana Brenda Fassie… siempre nos interesó mucho esa forma de entender el pop que tienen esas cantantes africanas”, explica el músico de Vampire Weekend, sin ocultar sorpresa cuando esta escucha (primera y única) de Modern Vampires Of The City encuentra una tendencia provechosa para hacer fácil lo complejo. “¿De verdad crees que el disco gustará a los niños?”. Sí, a mis sobrinos seguro. “Oh, muchas gracias. Eso es lo que queremos, crear aromas con los que te sientas bien, cómodo, que nos acojan en sus vidas. Esa es una de las sensaciones más gratas de hacer música, llegar a entrar en la vida cotidiana de la gente”.

Publicado en la revista Rockdelux en mayo de 2013

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Cabeza Borradora: retrato efímero de un sueño pop

20 Jun

Cabeza Borradora (2013)

por Carlos Fuentes

1993, Tenerife. Cinco pibes hacen música con nombre de David Lynch… y dos veranos después Cabeza Borradora ya no era el título de una película de culto. Más bien fue una sorpresa, una presencia inesperada. Con un discurso musical poco visto hasta esa fecha en el pop de Canarias y letras de enjundia pergeñadas en inglés, el quinteto nucleado en torno al cantante Carlos Robles y al multiinstrumentista Jomi González se defendió pronto como líder destacado del pelotón de grupos isleños que buscaban, cada uno por su vera, conectar con las seminales corrientes sonoras de los bailables años noventa. Hubo entonces en las islas Canarias cierto efervescente (y efímero) instante en el que, al menos un par de grupos, pujaron por alcanzar la primera división del pop español. En aquellos días de surrealismo y amores soviéticos. Entre noches en escenarios de alcurnia indie y tardes de fotomatón para revistas con pedigrí rock.

Cabeza Borradora (disco)Cabeza Borradora no fue el único conjunto isleño que lo intentó, quizá sí el que más cerca estuvo, ay, de vivir de su canción. Pero por aquel sueño ya marchito de alimentarse del pop no cabe melancolía. Si no hubo derrota, no cabe la pena retrospectiva. Tal vez cierto anhelo de lo que pudo ocurrir y no fue (sí, la culpa es un invento poco generoso) que recordamos ahora, veinte años después, con este doble álbum, Everything Went Wrong, con treinta y cuatro canciones, testimonio sonoro de aquel momento evanescente que tocó gozar. Y sin dejar de caer en la tentación de pensar, apenas por un segundo, qué hubiera sido de aquellos cinco hijos putativos de Henry Spencer en este febril Madrid de 2013.

Publicado en el disco Everything Went Wrong (2013)

Cinco siglos de historia ante quince kilómetros de mar

10 Jun

Cabo Verde mapa 1746

CABO VERDE

por Carlos Fuentes

Puede hacerlo en cómodo autobús o en bicicleta, incluso a pie. Apenas quince kilómetros separan Praia, la capital del archipiélago de Cabo Verde, de su añeja vecina, Cidade Velha, la primera población fundada hace cinco siglos en estas islas africanas. Quinientos años de recorrido entre vestigios del auge colonial, reposada vida callejera, huellas de religión antigua y, ya hoy, una tranquila ciudad comercial y turística abierta al oceáno Atlántico.

La historia del archipiélago de Cabo Verde, situado a algo más de seiscientos kilómetros al oeste de la costa continental africana de Dakar (Senegal) y a unos mil seiscientos kilómetros al sur de las islas Canarias, arrancó en el año 1456 con una controversia entre caballeros de ley por la autoría de la primera noticia de su descubrimiento. Porque tres hombres de mar son aún los aspirantes al hallazgo de estas diez islas africanas: el explorador genovés Antonio da Noli, el navegante veneciano Luis Cadamosto y el viajero portugués Diogo Gomes de Sintra. Suele atribuirse la gloria a este último marino, aunque los tres nobles trabajaban para el infante Henrique de Avis “El Navegante” (1394-1460) y, a la postre, el reino de Portugal sumó la conquista de una decena de islas deshabitadas que, en los siglos siguientes, se iban a convertir en puertos fundamentales para el desarrollo de las importantes rutas comerciales atlánticas hacia destinos de América y Asia. Fue durante este intenso trasiego histórico cuando, poco a poco, se tejió para siempre la singular personalidad social y cultural del pueblo caboverdiano.

Cabo Verde campoMedio millón de personas residen actualmente en Cabo Verde, cuyas diez islas suman una extensión total de poco más de cuatro mil kilómetros cuadrados. En lo relacionado con la actividad económica, comercial y turística de Cabo Verde, tres islas sobresalen por su importancia: la isla de Santiago, donde se ubica la ciudad de Praia como capital de la república; la isla de Sal, centro de actividad turística con un aeropuerto de escala internacional; y la isla de San Vicente, en cuya capital Mindelo late el corazón cultural de los caboverdianos. Es curioso el caso de Cabo Verde: muchas personas no han sido capaces de dar su ubicación concreta hasta la aparición de una cantante menuda que cautivó al mundo con sus canciones de melancolía, morriña y nostalgia. Con Cesária Évora no solo se conoció la morna, esa canción emblemática del folclor caboverdiano, ya que al mismo tiempo muchos lograron, por fin, situar a este archipiélago en un mapa. Y por cerrar el círculo musical, no sólo de morna vive el caboverdiano, aficionado desde siempre a otros ritmos bailables como el funaná y las festivas coladeiras.

 Aunque todo empezó cinco siglos antes. En 1462 el primer asentamiento tomó el nombre de Ribeira Grande y se convirtió en el primer núcleo poblacional de un país europeo más allá de la cornisa mediterránea del Magreb, ya al sur del gran desierto del Sáhara. Posteriormente, en el año 1532, con la concesión de la bula del papa Clemente VII, Cidade Velha acogió la primera diócesis de la iglesia católica asentada en la costa occidental de África. Estos factores de desarrollo incipiente elevaron la importancia social, económica y comercial del primer puerto de la isla de Santiago. En épocas posteriores por su bahía pasaron marinos ilustres como el portugués Vasco de Gama, que en 1497 se detuvo en Cabo Verde en su ruta marítima hacia la India, y el genovés Cristóbal Colón, que se aprovisionó en Cidade Velha en su tercer viaje a América realizado en 1498. También son famosas las visitas del corsario inglés Francis Drake, que asaltó la ciudad varias veces entre 1578 y 1585. Menos orgullo causa el protagonismo que esta ciudad antigua tuvo durante los siglos XV y XVI debido al tráfico de esclavos y al comercio de madera, caña de azúcar, algodón y frutas tropicales.

Praia Chaves (Boavista, Cabo Verde)

En Cidade Velha la historia late en las calles y en su patrimonio arquitectónico. Designada en 2009 ciudad patrimonio de la humanidad por la Unesco, una ruta turística por la añeja capital de Cabo Verde ofrece visitas a edificios singulares como las iglesias de Gracia y de Nuestra Señora del Rosario, el templo colonial más antiguo del mundo y superviviente de media docena de iglesias de la época portuguesa dedicados a la Virgen de la Concepción, Santa Lucía y San Pedro. En la parte baja de la ciudad se encontraba la casa hospital de la Misericordia y el antiguo centro de la Compañía de Jesús, muy próximos al Palacio Episcopal y a las ruinas de la catedral de Cidade Velha, edificada en estilo renacimiento tardío en 1705 y arrasada siete años después. Aquí sobreviven la fortaleza real de San Felipe, que vigila la bahía desde 120 metros de altura; el convento de San Francisco, construido a mediados del siglo XVI y luego saqueado por piratas franceses liderados por Jaques Cassard en 1712; y una picota o “pelourinho” con rollo de mármol esculpido en estilo manuelino sobre tres peldaños en 1520. Es el símbolo del esplendor colonial de Cidade Velha, antigua capital de las islas de Cabo Verde, que aún se mantiene entre las siete maravillas históricas de origen portugués en el mundo junto a sitios de Brasil, India, China y Marruecos.

El relevo de Cidade Velha como capital del archipiélago, estado independiente desde el 5 de julio de 1975, lo había tomado la ciudad de Praia en el año 1769. En la actualidad esta urbe portuaria de 125.000 habitantes ofrece razonables oportunidades para pasear con tranquilidad y disfrutar de sus atractivos turísticos. En Praia se desarrollan también buena parte de las actividades comerciales y empresariales del país, e incluso en algunos lugares emblemáticos de la ciudad es posible combinar el ocio con el negocio al aire libre. Uno de los paseos recomendables transcurre entre árboles y calles de tierra por el popular mercado central de Sucupira, un laberinto de tiendas y puestos móviles ubicado en el barrio de Várzea en el que cada día se ofrecen las mercancías más diversas. En este amplio centenar de establecimientos populares se venden desde las típicas telas africanas estampadas de colores a un importante catálogo de productos artesanales destinados para la mesa o el salón. Todo siempre ambientado con música popular isleña, pasatiempos de ocasión y sabrosas comidas tradicionales caboverdianas. Junto a este epicentro comercial de uso diario, la ciudad de Praia también ofrece visitas interesantes al Palacio de la Cultura, al Museo Etnográfico, al cuartel de Jaime Mota y al Archivo Histórico Nacional. Asimismo, en la parte baja de la ciudad se encuentra el animado campus de la Universidad de Cabo Verde, muy cerca de las plazas de Luis de Camões y Alejandro de Albuquerque.

Iglesia Cidade Velha Cabo verdeY en Cabo Verde no hay historia antigua en la que no aparezca una iglesia centenaria. Aquí la tradición conserva un hito fundamental para comprender la propagación intercontinental de la fe cristiana. La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario es el templo más importante del archipiélago africano. Y no es una iglesia cualquiera: está considerado el primer recinto sagrado católico que se construyó en la costa occidental de África y, sin duda más importante, la primera iglesia construida en suelo colonial. Levantada en 1495 con una obra de estilo manuelino portugués, el templo situado en el corazón de Cidade Velha, que fue capital nacional en la isla de Santiago hasta el año 1769, se mantiene en pie gracias a su restauración con fondos portugueses y españoles. Similar a la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz, otro ejemplo del gótico tardío portugués ubicado en Mindelo, isla de San Vicente, este templo de Cidade Velha acogió en 1652 al padre Antonio Vieira en la ruta de apostolado hacia Brasil. Todavía hoy se puede asistir a misa domingo y recordar la generosa descripción del lugar que hace tres siglos y medio hizo el religioso portugués: “Hay aquí padres tan negros como azabache. Pero sólo aquí son diferentes de los de Portugal, porque tan doctos, tan bien criados, tan buenos músicos que dan envidia a los mejores de las mejores catedrales de Portugal”.

Publicado en la revista NT en junio de 2013