Vampire Weekend: pop nuevo entre el cielo y el suelo

29 Jun

Vampire Weekend 1

por Carlos Fuentes

Grupo patrón para sondear la influencias de las músicas de África en el pop contemporáneo, Vampire Weekend vuelve con su tercer trabajo en cinco años. Sereno pero intenso, a veces introspectivo, entre lo marcial y lo celestial, Modern Vampires Of The City cierra trilogía y, atención, anuncia reconversión sonora en el proyecto liderado desde Nueva York por Ezra Koenig y Rostam Batmanglij.

Síntoma de los tiempos que corren, Vampire Weekend ha velado con esmero el contenido de su tercer disco. De Modern Vampires Of The City, que sale el 6 de mayo en XL Recordings, el cronista apenas dispone de una oportunidad de escucha. Una y una única vez. En un portátil con auriculares en el bar de un hotel. Un par de pisos más arriba, Rostam Batmanglij atiende a un carrusel de entrevistas clónicas. Van catorce desde primera hora de la mañana del único día de promoción en España. A esa misma hora Ezra Koenig ya debe acumular un bagaje similar en Berlín. Nuevo álbum, parecidas preguntas. Aunque entre canción y canción, luego hablaremos, surge un primer punto de enganche entre el conjunto neoyorkino y sus para nada disimuladas influencias de África y sus músicas. En la portada del nuevo disco, trabajado durante el verano pasado en Los Ángeles con el productor Ariel Rechtshaid (The Hippos), una imagen añeja de un día de niebla densa en Nueva York, su geometría urbana y sus aires de tiempo detenido, evoca paisajes antónimos en el corazón en tinieblas de África.

Rostam Batmanglij sonreirá luego, satisfecho de que la foto de portada evoque sensaciones cruzadas: “En la ciudad la niebla se origina por la contaminación, al menos una buena parte, mientras que en muchos lugares de África será algo natural. Pero sé lo que quieres decir: la foto de Nueva York no aclara si vemos la ciudad de hoy o la de varios años anteriores, o quizá nos enseña cómo será la ciudad en el futuro, no lo sé. Esa incertidumbre fue lo que sentí cuando vi la foto y pensé rápido que sería una buena portada para un disco, aunque aún no sabía de cuál”. La foto, en verdad hecha en 1966, es un trabajo de Neal Boenzi para The New York Times captando el sur desde la cúspide del Empire State.

Vampire Weekend Modern vampires of the cityEsta gris mirada austral enlaza con las huellas de la (relativa) sorpresa que los primeros discos de Vampire Weekend causaron entre la audiencia occidental. Dos trabajos notables (Vampire Weekend, de 2008; y Contra, publicado en 2010) y siete años después, el cuarteto que completan el bajista Chris Baio y el batería Chris Tomsom se ha convertido en una suerte de mecanismo de sondeo para comprobar hasta dónde han llegado las influencias africanas en el pop y el rock contemporáneos. De acuerdo, Ry Cooder ya se había arrimado a África, como Damon Albarn en busca de otro pop posible, Manu Chao trabajó con Amadou & Mariam, y luego llegaron otras aventuras interesantes, ya en forma de alianza coyuntural (Tinariwen + TV On The Radio, AfroCubism) o de adopción migrante (The Very Best). Pero el mérito de estos cuatro chicos de Vampire Weekend no es desdeñable: con audacia y desparpajo su pop de colores exprimió la austeridad de recursos en aras de la creatividad. Frescura sin corsés. Con el latido de la ciudad moderna, pero también con la vista puesta en ritmos de solvencia probada. ¿Cómo llegan a la música africana, en la calle, en casa? “Al comenzar como grupo nuestros instrumentos eran muy básicos, simples. Y cuando nos planteamos empezar a hacer música juntos, ya en serio, nos dimos cuenta de que la música africana dispone de una gran gama de sonidos con instrumentos básicos o tradicionales de fabricación sencilla. Y sin embargo la música era limpia, fabulosa, tenía una identidad muy marcada. Todo eso nos inspiró a la hora de hacer música con nuestros primeros instrumentos de plástico”, recuerda Batmanglij. “Siempre nos ha parecido muy aburrido reducir la música, el ritmo, a los estilos y los medios de grabación que tienes cerca. No hay nada más aburrido que un ritmo básico, convencional, y siempre nos interesó más el mundo rítmico caribeño y sus increíbles conexiones con las músicas de África”.

Ocurre algo así en el colofón de Don´t Lie, quinto tema del disco, donde se huelen aires del Caribe anglosajón, quizá mento de Jamaica, quizá calypso de Trinidad, en un punteo trémulo de Rostam. “Oh, bien. Me gusta mucho más esta apreciación que la que tiene alguna otra gente que dice que suena a The Strokes. Me gusta más esa referencia caribeña”. ¿Y se siente el grupo concernido por este debate de la utilización del acervo africano en pop nuevo? Rostam Batmanglij cree que no: “Es que nosotros nunca hemos escondido que algunos músicos africanos nos han influido, que nos han inspirado, como nos influye mucha música que nos gusta. Quiero pensar que vivimos en un mundo en el que cualquiera puede hacer la música que más le plazca. Es estúpido tratar de decir quién puede o quién no puede hacer según qué música. ¿Quién está realmente en la posición de juzgar lo que se puede hacer o no con la música? Nadie. Todo depende de quién eres y qué quieres hacer. No nos hemos apropiado de nada, sí que nos hemos inspirado en otras músicas y muchos músicos que nos gustan”.

Vampire WeekendDe vueltas al nuevo disco, Modern Vampires Of The City es a la vez último capítulo de una trilogía temática y, atención, anuncio de un giro estilístico en Vampire Weekend. Por partes. ¿Por qué una trilogía y por qué acaba ahora? “El primer disco fue como un juego visual, pensamos que nuestros primeros tres discos tuvieran una identidad visual parecida. De hecho, queríamos que si ves los tres juntos en la tienda se puedan distinguir con facilidad. Luego llegó lo musical y, si soy sincero, creo que ha existido una especie de mano invisible que nos ha guiado. Porque hay conexiones en canciones de los tres discos, en la música y en las letras. Hanna Hunt, por ejemplo, tiene siete años. Primero la tocamos en concierto y ahora vimos que funcionaba para este disco”. ¿Y ya saben qué vendrá luego? “Si me preguntas a mí, te diría que hacer un disco de guitarras, un gran disco de guitarras. Así me imagino lo siguiente de Vampire Weekend”. Sin embargo, por ahora se mantiene otra marca de la casa, un sutil pero estudiado equilibrio entre piezas ágiles y tiempos serenos. “Sí, aunque en este disco íbamos concienciados para no abusar de las canciones lentas”.

¿Por qué? “Porque hemos intentado conservar la energía de los primeros álbumes, aunque también explorar nuevas sensaciones, tal vez más sutiles. Y porque es muy fácil escribir canciones lentas. Recuerdo que una vez Mick Jagger dijo que para él sería muy sencillo escribir baladas, que podría hacer una balada al día todos los días. Aunque siempre intentamos tener un par de canciones de éxito en cada disco”, asume Rostam Batmanglij. Por cierto, ¿cómo nace un tema de Vampire Weekend? “No tenemos una única manera de hacer música. A veces trabajamos juntos y otras alguien llega con una idea. Nos preguntamos adónde queremos ir y cómo podríamos hacer de esa idea una buena canción final. En el primer disco trabajamos mucho así, en Contra hubo también mucho trabajo en estudio, explorando sonidos y efectos que queríamos incluir. A veces llega el sonido primero y luego la letra, o al revés, no hay un guión fijo para trabajar”, explica el músico norteamericano.

Vampire WeekendOtro rasgo mayor en Modern Vampires Of The City –titulado con el primer verso de One Blood, del jamaicano Junior Reid (“modern vampires of the city hunting blood”)— sea la influencia de la música religiosa. Porque hay órganos afectados que resplandecen sin artificios, sonidos entre lo marcial y lo celestial. Ecos de Elvis con vocoder, casi plegarias de aires trip-hop. Y finales recitados desde un altar pop. “En estas canciones hay plasmadas muchas intenciones que vienen de las músicas religiosas, no de la religión sino de la manera que ha condicionado la música popular”. ¿Y la melancolía, qué influencia tiene en el concepto artístico de Vampire Weekend? “Juega un cierto papel. Yo soy el único miembro que es hijo de emigrantes. Mis padres tuvieron muy difícil lograr que la familia tuviera sensación de identidad en Francia, donde nació mi hermano [Zal Batmanglij, director de Sound of My Voice y The East]. Ya en Estados Unidos, mis padres intentaron que todos tuviéramos una identidad americana e iraní, a la vez. Justo lo que no había sido posible en Europa, donde mi hermano se sentía como un iraní que crecía en Francia”, explica Rostam Batmanglij para enlazar sentimiento de pertenencia a un pueblo con identidad artística y nostalgia de algo que no se vivió. “Lo que ocurrió en mi familia me ha aportado una perspectiva interesante: ahora hay cosas de ambos mundos que son tus fuentes de inspiración. Siento que la cultura americana es la mía, aunque también dispongo de una memoria familiar. Por eso entiendo a los asiáticos, a los africanos, a los emigrantes que viajan buscando un futuro mejor. Esas influencias de la tierra natal son fuertes y soportan bien el paso del tiempo. Quizá por eso sientes algo de melancolía al escuchar esas canciones, y mirándolo bien puede ser una de nuestras principales señas de identidad”.

Vampire  WeekendPequeño catálogo de pespuntes africanos

La radiografía, digamos, étnica de Vampire Weekend ya está inventada. Cada canción del cuarteto, y no digamos la resultona Cape Cod Kwassa Kwassa, es analizada de inmediato por críticos y seguidores en medios convencionales y blogs de todo pelaje. Que sí, Ezra Koenig, Rostam Batmanglij y compañía suenan al Paul Simon de Graceland, y del rock ágil de The Kinks han bebido bastante. Que sí, en el patch-work sonoro de los vampiros también hay ecos de Miriam Makeba y pespuntes tomados de ritmos juju yoruba del nigeriano King Sunny Adé. Arreglos de cuerdas que no desentonarían en un concierto de Tarika en Antananarivo y aromas clásicos de la OK Jazz del maestro Franco. Pero Rostam Batmanglij prefiere poner el foco en el valor inmenso de la voz como instrumento musical en África. “Durante un tiempo escuchamos mucho Malaika, la canción de Angélique Kidjo, pero también a la sudafricana Brenda Fassie… siempre nos interesó mucho esa forma de entender el pop que tienen esas cantantes africanas”, explica el músico de Vampire Weekend, sin ocultar sorpresa cuando esta escucha (primera y única) de Modern Vampires Of The City encuentra una tendencia provechosa para hacer fácil lo complejo. “¿De verdad crees que el disco gustará a los niños?”. Sí, a mis sobrinos seguro. “Oh, muchas gracias. Eso es lo que queremos, crear aromas con los que te sientas bien, cómodo, que nos acojan en sus vidas. Esa es una de las sensaciones más gratas de hacer música, llegar a entrar en la vida cotidiana de la gente”.

Publicado en la revista Rockdelux en mayo de 2013

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