El último blues africano del imperial Ali Farka Touré

3 Oct

Ali Farka Touré (Mali)

por Carlos Fuentes

Pudo exiliarse en la opulencia y el lujo, acomodarse en una vida de primera división, pero eligió siempre permanecer junto a su gente. En el quinto país más pobre del mundo. Cuando se cumplen cuatro años de su muerte, el blues eterno de Ali Farka Touré vuelve a latir. El sello británico World Circuit publica hoy la última grabación que el influyente músico africano realizó poco antes de fallecer por un cáncer óseo el 7 de marzo de 2006. Ali & Toumani, un disco grabado en apenas tres días junto al príncipe de la kora, Toumani Diabaté, y al contrabajista cubano Orlando “Cachaíto” López, reivindica el papel crucial que el guitarrista de Malí jugó en el amplio reconocimiento internacional del blues africano.

Ali Ibrahim Touré nunca supo con exactitud qué día de 1939 vino al mundo. Nació en la villa de Kanau, en el noroeste de Malí. Su madre, campesina, había parido antes a nueve hijos, pero Ali fue el primero que superó la infancia. Por eso fue apodado Farka, que significa asno, animal bien considerado en la sociedad rural africana por su fortaleza. Su padre, alistado en el ejército francés, murió mientras combatía a los nazis en la II Guerra Mundial y la familia se mudó a Niafunké, uno de los pueblos desérticos situados en la ribera del Níger.

Ali Farka Touré (perfil)Hijo del río, como gustaba definirse, Ali comenzó pronto a interesarse por la música. Construyó su primer instrumento con una lata de sardinas. Tenía una sola cuerda. De joven no cursó estudios, primero había que trabajar. Fue aprendiz de sastre, conductor de taxis y ambulancias fluviales, y también mecánico. Durante un viaje africano realizado en 1956 conoció al guitarrista guineano Keita Fodeba. “Tras verlo tocar juré que yo también sería guitarrista. Aún no conocía la guitarra, pero ya sentía la música dentro y pensé que podía expresarla”, contó, ya enfermo, durante su penúltimo recital europeo, en el teatro Bozar de Bruselas, en enero de 2005.

Pero la música tuvo que esperar. En 1968 viajó por primera vez al extranjero para actuar en el Festival de la Juventud de Sofía (Bulgaria), donde compró su primera guitarra. Ese año, un amigo le hizo escuchar unos cuantos discos norteamericanos: James Brown, Otis Redding y… John Lee Hooker. “Cuando escuché su blues lo primero que pensé fue que Hooker era africano, aunque no entendía en qué idioma cantaba”, recordaba Touré entre risas. Tanta sorpresa dejó huella. Dos años después, ya establecido en Bamako, logró trabajo como ingeniero de sonido en los estudios de Radio Malí. Allí, con ayuda de su amigo Boubacar Traoré, aprovechaba las horas libres en el estudio para grabar sus primeras canciones. Su música, espiritual como pocas, tuvo la capacidad de ensamblar las tradiciones sonoras de las etnias songhai, peul y tamascheq que conocía bien gracias a los siete idiomas tribales que aprendió de joven.

Ali Farka Touré & Ry Cooder

Su prestigio cruzó fronteras en África. Y llegó hasta París gracias al sello Sonodisc, que editó sus primeros discos en Europa. Uno de ellos llegaría hasta Londres. Su suerte estaba a punto de cambiar. Porque en 1986 Anne Hunt, cofundadora del sello británico World Circuit, viajó hasta Bamako para intentar localizar al misterioso padre del blues africano. Con ayuda de Toumani Diabaté puso un anuncio en la radio nacional y, casualidad, Ali Farka Touré captó el mensaje y se presentó en la emisora. Fue un encuentro que iba a hacer historia.

Ali Farka Touré (Niafunké)

Al año siguiente visitó Londres, donde actuó y grabó su primer disco con World Circuit. De esta relación salió una de las discografías de mayor enjundia en África, aunque el primer compromiso de Ali Farka fue el campo. En 2000, en pleno éxito, abandonó cinco años los escenarios y aceptó la alcaldía de Niafunké (“primero soy campesino, luego artista, y la cosecha es lo más importante”, contó en 2003 en el documental Feel like going home, de Martin Scorsese) para potenciar el cultivo de regadío en una de las tierras más duras del planeta. “Para Ali, su pueblo fue lo primero. Estaba comprometido con el futuro de su gente, siempre se consideró agricultor. Gastó mucho dinero en la agricultura. Y en los viajes aprovechaba para entrevistarse con alcaldes en Roma o Lisboa para reclamar más cooperación para el desarrollo de África. Por eso, su herencia es mucho más que su música. Touré dio sentido a las vidas de mucha gente en África”, indica el productor británico Nick Gold. “Fue un gran amigo. He tenido pocos héroes en la música: John Lee Hooker, Charlie Parker, Ali y pocos más”.

Ali & Toumani (live)

Similar opinión tiene Salif Keita, el otro gran ídolo de la canción maliense. “Ali Farka Touré fue una de las personas a las que tuve, y tendré siempre, en alta estima. Hizo muchas cosas buenas por su gente. Amaba y creía en lo que hacía. Este tipo de personas son extraordinarias. Hemos perdido a un hombre que hizo grandes cosas por su pueblo. Llevó las músicas de Malí al público occidental, a Europa y América. Contribuyó mucho al reconocimiento de las músicas de África en los mercados internacionales”, explica el cantante albino, protagonista de uno de los momentos más emocionantes de los últimos días de Ali Farka. A principios de 2006, con el cáncer asfixiando la vida del guitarrista, Ali mandó llamar al autor de Soro. No quería despedirse sin limar asperezas, desencuentros antiguos. Y en el momento postrero hubo un abrazo fraternal, no hicieron falta muchas palabras. En marzo de 2007, este cronista fue testigo de la influencia de esa reconciliación. Durante un viaje a Niafunké, la caravana musical organizada para asistir al primer festival-homenaje a Touré no necesitó mejor visado para franquear los puestos de control en las complicadas carreteras del norte de Malí que mostrar una foto de Ali Farka Touré y Salif Keita abrazados entre sonrisas. “Estos dos hombres han hecho más por nuestro país que todos los políticos”, dijo entonces, orgulloso, un militar armado con un fusil Kalashnikov.

Ali & Toumani DiabatéTambién conmueve escuchar a Toumani Diabaté, que en 2005 compartió con Ali Farka el segundo Grammy africano por el álbum In the heart of the moon. Diabaté recuerda que su amigo era un héroe para los más pobres. “Para los malienses fue muy importante que un compatriota lograra reconocimiento mundial. Ali siempre habló con orgullo de su tierra, de sus orígenes, sin ninguna impostura. Habló sobre este enorme país que ha sido marginado, pero cuya cultura es muy rica. Malí es el gran corazón cultural del África occidental. Es un país complejo en el que cada región tiene su propia música, sus cosas que decir, pero todos tenemos puntos en común y Ali lo sabía. Vivió y luchó para enseñar al mundo el significado de tener una cultura genuina”, subraya Diabaté. “Ali Farka Touré fue un regalo. Era un fenómeno musical, un pionero. Creo que fue creado por Dios con ese objetivo. Su misión era promover las culturas africanas, la cultura malí, y trabajó toda su vida para lograr ese objetivo. No hizo música sólo para Malí, sino para África y el mundo entero. Fue una persona única. Un historiador, un marabú, nuestro curandero. Ali Farka Touré fue un ser multidimensional”, zanja emocionado Diabaté.

Publicado en el diario Público en febrero de 2010

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  1. El último blues africano del imperial Al... - 4 de octubre de 2013

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