Archivo | febrero, 2014

Laureles de Indias: la sombra verde que vino de Cuba

21 Feb

Laureles en Plaza de España (Los Llanos de Aridane)

por Carlos Fuentes

En las islas Canarias, a medio camino entre Europa y América, hay pocos árboles que hayan hecho tanta fortuna como el laurel de Indias. Y en el año que ya acaba, en 2013, se ha celebrado una fecha de referencia para valorar la importancia social que esta especie vegetal originaria de Asia tiene en muchas plazas, paseos, ramblas, parques y calles del archipiélago. El municipio de Los Llanos de Aridane, en la isla canaria de La Palma, conmemora ahora los 150 años de la plantación de los primeros laureles de Indias en su plaza central. Algunos estudiosos consideran que, quizás, estos árboles palmeros fueron los primeros ejemplares que se plantaron en toda Canarias después de su envío por mar desde la isla de Cuba.

La historia canaria del laurel de Indias, de nombre científico Ficus microcarpa, simboliza el trasiego de cinco siglos de historia en las islas, puertos de tránsito de gentes hacia los cinco continentes, aunque también de especies animales y vegetales. Desde los albores del largo proceso de conquista y colonización del archipiélago, ya durante el siglo XV, el aprecio por los espacios naturales y el recurso de lo verde brota en forma de jardines en las viviendas de familias más acomodadas. Son años de casas bajas fabricadas con argamasa y piedras, las mejores con obra de cantería y maderas típicas, pero también del nacimiento del arte de la jardinería en las siete islas de Canarias.

Es un tiempo de patios interiores recubiertos con callaos de roca de basalto recogidos a la orilla del mar, de esos primeros espacios cerrados a las miradas del curioso, el recurso socorrido de la sombra en los tórridos días del eterno verano insular. “En el archipiélago, la pervivencia del patio central interior, ajardinado, debemos considerarla como la evolución de un diseño ancestral”, explica el investigador botánico canario Arnoldo Santos Guerra en su estupendo ensayo divulgativo Paseando entre jardines.

Laureles en cuartel de la Cabaña (La Habana, 1915)

Son estos patios de las primeras casas canarias el escenario de una introducción paulatina de especies vegetales foráneas, de la llegada de plantas florales como rosas, claveles, jazmines y nardos. Venían detrás de las especies destinadas a la agricultura, la alimentación y el comercio, entre ellas, castaños, ciruelos, manzanos, almendros y albaricoqueros. Y con ellas, entre unas en los campos y otras en los patios, fue madurando un mayor aprecio popular por los jardines y las plazas públicas arboladas en los municipios isleños. Colaboraron también las influencias de las tradiciones jardineras europeas procedentes de países como Inglaterra, Portugal y Francia en los siglos de creciente comercio de productos insulares como la cochinilla y el vino con los principales puertos británicos, franceses y portugueses.

Ya a finales del siglo XVIII Alexander von Humboldt alabó la prestancia, a veces exuberante, de los jardines y campos isleños durante su breve visita a Tenerife entre el 19 y el 25 de junio de 1799. “Las colinas está cubiertas con viñas. Naranjeros en flor, arrayanes y cipreses rodean las ermitas. Las fincas están separadas por setos vivos, hechos con agaves y con tuneras. Aquí las casas y los jardines se hallan separados los unos de los otros, lo que aumenta aun la belleza del lugar”, escribió. “En las estrechas calles transversales, entre los muros de los jardines, las hojas colgantes de las palmas y de las plataneras forman pasajes arqueados, sombríos: un refresco para el europeo que acaba de desembarcar y para el que el aire del país es demasiado caluroso”.

Laureles Aridane

Medio siglo después de la emblemática descripción de Humboldt, el catálogo de especies vegetales de Canarias aumentó con un árbol originario de Asia, pero que a las islas llegó por el camino más tradicional que viene de América. De esas relaciones naturales con el nuevo continente, el archipiélago fue sido siempre puerto de escala para especies vegetales de interés agrícola, floral y comercial hacia los principales países de Europa. Pero el laurel de Indias llegó para quedarse. Las primeras noticias que se tienen de su plantación datan de mediados del siglo XIX, periodo en el que un grupo de vecinos notables del municipio palmero de Los Llanos de Aridane consigna en la prensa de junio del año 1863 el “plantado de árboles” en la entonces denominada plaza de la Constitución en el municipio de referencia de la comarca oeste de La Palma.

Las noticias del 28 de febrero de 1864 fueron más explícitas. El periódico El Time informa de que la plantación de laureles es una demanda de los vecinos del barrio agrícola de Argual, “los que pudieran plantarse son los llamados plátanos del Líbano, o los llamados laureles de la India. Los primeros pueden llevarse de los jardines de Argual, y no dudamos que nuestros paisanos residentes en Cuba nos remitan algunos de los segundos, como ya han hecho para la plaza de este pueblo”. Son las primeras noticias de la llegada del laurel de Indias a las calles añejas de Canarias. “Estos árboles son una de las señas más queridas de los aridanenses y de quienes nos visitan. Su frondosidad y frescura dan identidad propia a la ciudad”, indica la cronista oficial de Los Llanos de Aridane, María Victoria Hernández, autora de un tríptico divulgativo de la historia de nuestros primeros laureles de Indias para conmemorar este hito en la ciudad palmera.

Laurel Aridane

Desde entonces, este árbol robusto y agradecido continúa poblando rincones, plazas, avenidas y calles de las siete islas canarias. Otorgando una singular seña de identidad a sus espacios comunes. Medio siglo después de su llegada a Canarias, cualquier rambla isleña que siga adornada, y protegida, por viejos ejemplares de laureles de Indias rivaliza en esplendor con el paseo arbolado de la villa agrícola de Cabaiguán, capital histórica de la colonia canaria en Cuba. En el plano de la ciencia, no obstante, la ruta que ha seguido el laurel de Indias no es una excepción, según Arnoldo Santos: “En algunos casos estas plantas, tanto ornamentales como alimenticias, llegan indirectamente desde lugares diferentes a sus centros de origen, como la caña de azúcar, proveniente de la isla de Madeira vía Mediterráneo, el plátano introducido desde África o el popular laurel de Indias llegado desde América, probablemente Cuba, pero todos con origen asiático”.

En Los Llanos las primeras noticias confirman esta vía de llegada. A finales de 1864 el mismo diario El Time publica que un isleño afincado en La Habana, el indiano Antonio Carballo, había fletado un barco con plantones de laureles de Indias para embellecer el paseo de su ciudad natal. Por esas fechas, en diciembre, el periódico tinerfeño El Guanche informa de la llegada de “lindos laureles de la India” a bordo de un barco fletado por Domingo Serís para su posterior plantación en la alameda del Príncipe de Santa Cruz de Tenerife.

Arbol Aridane

Con los años, los siglos ya, el laurel de Indias continuó llamando la atención de propios y ajenos en Canarias. A caballo entre los siglos XIX y XX visitas como las que el antropólogo francés René Verneau realizó al archipiélago entre 1876 y 1935 contribuyeron a consolidar la importancia y el respeto creciente de los espacios naturales en las siete islas. En La Palma el estudioso viajero francés anotó que “hay que descender hasta Los Llanos para ver aparecer los árboles frutales, las palmeras, los cereales y los nopales”. Contemporánea es la narración que la viajera inglesa Olivia M. Stone plasmó a finales del siglo XIX y que aún se puede leer en algún jardín público de Los Llanos de Aridane, a la sombra de una araucaria centenaria que entonces se encontraba “junto a una acequia de la cual goteaba agua sobre la orilla del camino”, donde la humedad y el sol cálido “hicieron que creciera un talud exuberante de helechos y flores”.

Canal Argual

Un árbol de presencia mundial

Poderosos árboles del laurel de Indias poblaron San Cristóbal de La Habana y el interior entero de Cuba. En Canarias su estampa generosa está presente en todas las islas, ya sea en ramblas y parques de Santa Cruz de Tenerife, en la popular calle de San Bernardo del centro de Las Palmas o en el recuerdo de la antigua carretera de subida a Tamaraceite. Fuera de las islas, el mapa mundial del Ficus microcarpa se completa con localizaciones en América Latina y Asia.

Publicado en la revista Océanos en febrero de 2014

 

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Mariem Hassan: una espina clavada en el exilio del desierto

10 Feb

Mariem Hassan

por Carlos Fuentes

El disco español del año es saharaui. Shouka, tercer álbum de la cantante exiliada Mariem Hassan, se ha convertido en la referencia de 2010 para las músicas étnicas producidas en España. Cincuenta periodistas de veinte radios europeas lo han elegido como cuarto mejor disco étnico de la temporada, tan sólo por detrás de los publicados por el grupo Sierra Leone’s Refugee All Stars (Rise and shine), la cantante marroquí Hindi Zahra (Handmade) y el dúo de malienses compuesto por Ali Farka Touré con Toumani Diabaté (Ali & Toumani) en una selección final de doscientos discos sobre 866 artistas candidatos. “Que la música tradicional saharaui sea reconocida en todo el mundo me enorgullece, me llena de alegría ver a mi pueblo contento”, señala Mariem Hassan en conversación telefónica desde el campamento de refugiados situado en Tinduf, en el desértico suroeste de Argelia. “Shouka es una espina clavada desde que España nos abandonó y nos olvidó”, asegura la cantante saharaui.

Mariem Hassan es una hija más de la diáspora saharaui. Nació en 1958 en la ciudad de Smara, en la antigua provincia española número 53, y con 1diecisete años salió al exilio. Con su familia huyó en los coches de sus dos hermanos, antiguos militares en el Sáhara. Hassan pasó treinta años en Tinduf hasta que hace ocho se trasladó a Sabadell, donde reside con sus dos hijos. Comenzó a cantar con el grupo Mártir El Uali, con el que grabó Polisario vencerá en 1982. Seis años después participó en el colectivo de voces saharauis femeninas A pesar de las heridas y, en 2002, se unió al grupo Leyoad del guitarrista Nayim Alal.

Mariem Hassan Sahara

Su anterior entrega discográfica, ya en solitario, se tituló Deseos y fue grabada en Madrid en 2005. Con los años, superado un grave cáncer, su canción desgarrada, telúrica, se ha convertido en portavoz de las penas de su pueblo saharaui. “Cuando empezó la guerra, la música se utilizó para animar al pueblo en aquellos días difíciles. Y nos ha acompañado en nuestro exilio”, explica Mariem Hassan. “Canto a la vida, a nuestras costumbres, pero también tengo canciones de resistencia, y estoy contenta de que Shouka explique al mundo que hay un pueblo que vive en el desierto que no se ha olvidado de cantar”.

Mariem Hassan retoma en su nuevo disco una queja histórica: las promesas incumplidas por España con los habitantes de la antigua colonia saharaui. Y lo hace con valentía en la denuncia. La canción titular (espina, en árabe dialectal hasanía), rescata el histórico discurso que el socialista español Felipe González pronunció el 14 de noviembre de 1976 en los campamentos de refugiados de Tinduf: “Para nosotros”, se escucha decir al entonces primer dirigente del PSOE, “no se trata ya del derecho de autodeterminación, sino de acompañaros en vuestra lucha hasta la victoria final”. Pero la victoria prometida nunca llegó. 

Mariem Hassan El Aaiun

Shouka es nuestra espina, la que llevamos clavada desde que González nos visitó y dijo que, cuando ganara, los saharauis iban a volver al Sáhara, que él nos iba a ayudar. Pero ganó y se olvidó de ayudarnos”, lamenta Mariem Hassan. “Todos los gobiernos españoles nos han abandonado. En España saben que el Sáhara es la tierra de los saharauis, y que tenemos derecho a recuperarla. Llevamos 35 años en el desierto, somos refugiados. Estamos abandonados y estamos hartos de esperar”, abunda la combativa voz del pueblo saharaui.

Pero la realidad puede más que el deseo. La última prueba ha sido la represión marroquí en el campamento protesta Agdaym Izik, instalado por activistas y familias enteras saharauis en unos terrenos desérticos situados a quince kilómetros al sur de la ciudad de El Aaiún. Fue desmantelado en un asalto violento por efectivos policiales marroquíes el pasado 9 de noviembre de 2010 “Agdaym Izik”, asegura Mariem Hassan, “es otra llave al conflicto saharaui, como ya lo fue Haidar. Son llaves que dejan una puerta abierta para que el mundo sepa de verdad lo que pasa en el Sáhara ocupado. Ahora las cárceles están llenas de chicos, jóvenes, mujeres, niños… se asaltaron casas de saharauis para detener a hombres. ¿Por qué nos quiere matar Marruecos?”

Publicado en el diario Público en diciembre de 2010