Laureles de Indias: la sombra verde que vino de Cuba

21 Feb

Laureles en Plaza de España (Los Llanos de Aridane)

por Carlos Fuentes

En estas islas a medio camino entre Europa y América hay pocos árboles que hayan hecho tanta fortuna como el laurel de Indias. Y en el año que ya acaba se ha celebrado una fecha de referencia para valorar la importancia social que esta especie vegetal originaria de Asia tiene en muchas plazas, paseos, ramblas, parques y calles del archipiélago. El municipio de Los Llanos de Aridane (La Palma) conmemora ahora los 150 años de la plantación de laureles de Indias en su plaza central. Algunos estudiosos consideran que, quizá, estos árboles palmeros fueron los primeros que se plantaron en toda Canarias después de su envío desde la isla de Cuba.

La historia canaria del laurel de Indias, de nombre científico Ficus microcarpa, simboliza el trasiego de cinco siglos de historia en las islas, puertos de tránsito de gentes hacia los cinco continentes, aunque también de especies animales y vegetales. Desde los albores del largo proceso de conquista y colonización del archipiélago, ya durante el siglo XV, el aprecio por los espacios naturales y el recurso de lo verde brota en forma de jardines en las viviendas de familias más acomodadas. Son años de casas bajas fabricadas con argamasa y piedras, las mejores con obra de cantería y maderas típicas, pero también del nacimiento del arte de la jardinería en las siete islas de Canarias. Es un tiempo de patios interiores recubiertos con callaos recogidos a la orilla del mar, de esos primeros espacios cerrados a las miradas del curioso, el recurso socorrido de la sombra en los tórridos días del eterno verano insular. “En el archipiélago, la pervivencia del patio central interior, ajardinado, debemos considerarla como la evolución de un diseño ancestral”, afirma el investigador botánico canario Arnoldo Santos Guerra en su estupendo ensayo divulgativo Paseando entre jardines.

Laureles en cuartel de la Cabaña (La Habana, 1915)

Son estos patios de las primeras casas canarias el escenario de una introducción paulatina de especies vegetales foráneas, de la llegada de plantas florales como rosas, claveles, jazmines y nardos. Venían detrás de las especies destinadas a la agricultura, la alimentación y el comercio, entre ellas, castaños, ciruelos, manzanos, almendros y albaricoqueros. Y con ellas, entre unas en los campos y otras en los patios, fue madurando un mayor aprecio popular por los jardines y las plazas públicas arboladas en los municipios isleños. Colaboraron también las influencias de las tradiciones jardineras europeas procedentes de países como Inglaterra, Portugal y Francia en los siglos de creciente comercio de productos insulares como la cochinilla y el vino con los principales puertos británicos, franceses y portugueses. Ya a finales del siglo XVIII Alexander von Humboldt alabó la prestancia, a veces exuberante, de los jardines y campos isleños durante su breve visita a Tenerife entre el 19 y el 25 de junio de 1799. “Las colinas está cubiertas con viñas. Naranjeros en flor, arrayanes y cipreses rodean las ermitas. Las fincas están separadas por setos vivos, hechos con agaves y con tuneras. Aquí las casas y los jardines se hallan separados los unos de los otros, lo que aumenta aun la belleza del lugar”, escribió. “En las estrechas calles transversales, entre los muros de los jardines, las hojas colgantes de las palmas y de las plataneras forman pasajes arqueados, sombríos: un refresco para el europeo que acaba de desembarcar y para el que el aire del país es demasiado caluroso”.

Laureles Aridane

Medio siglo después de la emblemática descripción de Humboldt, el catálogo de especies vegetales de Canarias aumentó con un árbol originario de Asia, pero que a las islas llegó por el camino más tradicional que viene de América. De esas relaciones naturales con el nuevo continente, el archipiélago fue sido siempre puerto de escala para especies vegetales de interés agrícola, floral y comercial hacia los principales países de Europa. Pero el laurel de Indias llegó para quedarse. Las primeras noticias que se tienen de su plantación datan de mediados del siglo XIX, periodo en el que un grupo de vecinos notables del municipio palmero de Los Llanos de Aridane consigna en la prensa de junio del año 1863 el “plantado de árboles” en la entonces denominada plaza de la Constitución en el municipio de referencia de la comarca oeste de La Palma.

Las noticias del 28 de febrero de 1864 fueron más explícitas. El periódico El Time informa de que la plantación de laureles es una demanda de los vecinos del barrio agrícola de Argual, “los que pudieran plantarse son los llamados plátanos del Líbano, o los llamados laureles de la India. Los primeros pueden llevarse de los jardines de Argual, y no dudamos que nuestros paisanos residentes en Cuba nos remitan algunos de los segundos, como ya han hecho para la plaza de este pueblo”. Son las primeras noticias de la llegada del laurel de Indias a las calles añejas de Canarias. “Estos árboles son una de las señas más queridas de los aridanenses y de quienes nos visitan. Su frondosidad y frescura dan identidad propia a la ciudad”, indica la cronista oficial de Los Llanos de Aridane, María Victoria Hernández, autora de un tríptico divulgativo de la historia de nuestros primeros laureles de Indias para conmemorar este hito en la ciudad palmera.

Laurel Aridane

Desde entonces, este árbol robusto y agradecido continúa poblando rincones, plazas, avenidas y calles de las siete islas canarias. Otorgando una singular seña de identidad a sus espacios comunes. Medio siglo después de su llegada a Canarias, cualquier rambla isleña que siga adornada, y protegida, por viejos ejemplares de laureles de Indias rivaliza en esplendor con el paseo arbolado de la villa agrícola de Cabaiguán, capital histórica de la colonia canaria en Cuba. En el plano de la ciencia, no obstante, la ruta que ha seguido el laurel de Indias no es una excepción, según Arnoldo Santos: “En algunos casos estas plantas, tanto ornamentales como alimenticias, llegan indirectamente desde lugares diferentes a sus centros de origen, como la caña de azúcar, proveniente de la isla de Madeira vía Mediterráneo, el plátano introducido desde África o el popular laurel de Indias llegado desde América, probablemente Cuba, pero todos con origen asiático”. En Los Llanos las primeras noticias confirman esta vía de llegada. A finales de 1864 el mismo diario El Time publica que un isleño afincado en La Habana, el indiano Antonio Carballo, había fletado un barco con plantones de laureles de Indias para embellecer el paseo de su ciudad natal. Por esas fechas, en diciembre, el periódico tinerfeño El Guanche informa de la llegada de “lindos laureles de la India” a bordo de un barco fletado por Domingo Serís para su posterior plantación en la alameda del Príncipe de Santa Cruz de Tenerife.

Arbol Aridane

Con los años, los siglos ya, el laurel de Indias continuó llamando la atención de propios y ajenos en Canarias. A caballo entre los siglos XIX y XX visitas como las que el antropólogo francés René Verneau realizó al archipiélago entre 1876 y 1935 contribuyeron a consolidar la importancia y el respeto creciente de los espacios naturales en las siete islas. En La Palma el estudioso viajero francés anotó que “hay que descender hasta Los Llanos para ver aparecer los árboles frutales, las palmeras, los cereales y los nopales”. Contemporánea es la narración que la viajera inglesa Olivia M. Stone plasmó a finales del siglo XIX y que aún se puede leer en algún jardín público de Los Llanos de Aridane, a la sombra de una araucaria centenaria que entonces se encontraba “junto a una acequia de la cual goteaba agua sobre la orilla del camino”, donde la humedad y el sol cálido “hicieron que creciera un talud exuberante de helechos y flores”.

Canal Argual

Un árbol de presencia mundial

Poderosos árboles del laurel de Indias poblaron San Cristóbal de La Habana y el interior entero de Cuba. En Canarias su estampa generosa está presente en todas las islas, ya sea en ramblas y parques de Santa Cruz de Tenerife, en la popular calle de San Bernardo del centro de Las Palmas o en el recuerdo de la antigua carretera de subida a Tamaraceite. Fuera de las islas, el mapa mundial del Ficus microcarpa se completa con localizaciones en América Latina y Asia.

Publicado en la revista Océanos en febrero de 2014

 

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