Solomon Burke, sumo sacerdote del soul

25 Mar

Solomon Burke

por Carlos Fuentes

Cuando la nadería supura mediocridad, poner las cosas en su sitio es un acto heroico. Casi suicida. Solomon Burke (1940-2010) nunca navegó con el viento en las velas: demasiado sincero para los acomodaticios, demasiado genuino para permitir simulacros con la música del alma. El cantante que el sello Atlantic definió una vez como “la mejor voz soul de todos los tiempos” jamás se plegó a tiranías comerciales, a imposiciones por negocio. Pagó por ello Solomon Burke: sus discos no siempre generaban derechos de autor y el artista, un religioso ferviente, asumió las bofetadas del negocio como señales cuasi divinas.

Diversificó sus fuentes económicas (vendió plantas aromáticas, alquiló limusinas e incluso se dedicó un tiempo a la organización de funerales) para alimentar a una familia de proporciones bíblicas: veintiún hijos, noventa nietos, diecinueve bisnietos. Malquerido por una industria que empezaba a dispararse a los pies, su prestigio nunca mermó. La voz poliédrica de Solomon Burke, rotunda, macerada con blues, soul y gospel, concitó el interés de no pocos imitadores. De Mick Jagger a Wilson Pickett o The Blues Brothers, que grabaron su totémica canción Everybody needs somebody to love, en realidad compuesta a comienzos de 1964 junto a Bert Berns y Jerry Wexler. Y admiradores pata negra nunca faltaron: Tom Waits, Elvis Costello, Bob Dylan, Brian Wilson.

Solomon Burke live

De carácter controvertido y, a veces, demasiado exigente (a sus músicos les prohibió el consumo de alcohol y drogas durante las giras), el predicador que fue amigo de Martin Luther King, obispo de un centenar de iglesias en Norteamérica y Jamaica, desafío a la mojigatería farisaica en 1975. Grabó Music to make love by. Un disco revelador, con Ford y Kissinger en la Casa Blanca. En el estudio del sello Chess Solomon Burke convocó a varias parejas, las invitó a hacer el amor y adaptó sus canciones al ritmo de los cuerpos ardiendo. Sabía de lo que hablaba: él mismo vio la luz durante una ceremonia religiosa en una iglesia de Filadelfia. “El sexo es una parte maravillosa de la vida. Ya sé que la Iglesia católica no piensa como yo, pero debería replanteárselo”, recordó años después, cuando en 2003 debutó en concierto en España. Dos noches en Madrid y Barcelona. Tres años antes había aceptado cantar para el papa Wojtyla, otro de sus fans.

Con diecisiete millones de discos vendidos, la magnitud de Solomon Burke es equiparable a James Brown, Marvin Gaye y Otis Redding. Sobrevivió a los tres mitos, aunque nunca alcanzó sus niveles de popularidad. En 2002, el disco Don’t give up on me concitó unanimidad como álbum del año, y en cierto modo relanzó su carrera: Make do with what you got, Nashville, Like a fire, Nothing’s impossible. Para cantar Enough is enough, grabado con el grupo holandés De Dijk, el reverendo Burke volaba este domingo [10 de octubre de 2010] de Los Ángeles a Amsterdam. Quería cumplir su última promesa: “Cantaré hasta que tenga aliento”. No llegó a bajar del avión: un infarto acabó con sus setenta años de vida. En pleno vuelo, como viajan las almas limpias.

Publicado en el diario Público en octubre de 2010

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