Archivo | agosto, 2014

Mercedes Pinto, la poetisa con urgencia de vivir que tocó el cielo en América

29 Ago

Mercedes Pinto

por Carlos Fuentes

Mercedes Pinto puso una pica en América Latina cuando nadie se lo esperaba. Autora de obra corta y vida errante repartida entre España, Uruguay, Cuba, Chile y México, cultivó el verso, el teatro, el ensayo y, claro, la novela. También se comprometió Mercedes Pinto con el tiempo que le tocó vivir y defendió con ahínco los derechos de las mujeres, de los trabajadores y, en fin, el futuro de una educación acorde con el momento histórico de España el primer cuarto del siglo pasado. Amiga de Unamuno y Ortega y Gasset, conocida como la poetisa de Canarias, está enterrada en México. Atrás dejó una vida de leyenda.

Mercedes Pinto Armas de la Rosa y Clós nació en la ciudad de La Laguna, en la isla de Tenerife, el día 12 de octubre de 1883. Hija del escritor y crítico José María Pinto, a los diecisiete años se casó con el capitán de la Marina Juan de Foronda, con quien tuvo tres hijos. Ya en Madrid, y separada de su esposo por los graves problemas psiquiátricos de Foronda, contrajo matrimonio con Rubén Rojo, con el que tuvo otros dos hijos. En 1924, acosada por la creciente tensión política en España, la escritora se trasladó a Montevideo. No era para menos: el año anterior, una conferencia suya en la Universidad de Madrid, El divorcio como medida higiénica, había escandalizado a la apocada sociedad española.

Mercedes Pinto retratoEn Uruguay fundó la Casa del Estudiante, una institución para la promoción de la lectura entre las clases menos favorecidas que contó como autores invitados a Tagore, Pirandello y su amiga argentina Alfonsina Storni. También promovió en Montevideo la edición de la revista Vida Canaria y tuvo una intensa vida académica ejerciendo labores de conferenciante en universidades del interior de Argentina, Paraguay y Bolivia. En 1926 escribió su novela más conocida, Él, que el cineasta exiliado español Luis Buñuel llevó a la gran pantalla un cuarto de siglo después. En 1930 estrenó su obra Un señor cualquiera en el teatro Solís de Montevideo. En 1933 viajó a Chile, donde frecuentó al poeta amigo Pablo Neruda y fue allí donde publicó su segunda novela, Ella. En el país andino siguió defendiendo a la República Española y, en lo práctico, ayudó a la creciente colonia de exiliados españoles que llegaban a América Latina.

Autora de poemarios como Brisas del Teide y Cantos de muchos puertos, Pinto vivió entre 1935 y 1943 en La Habana antes de arraigar de manera definitiva en México tras la muerte de su segundo marido. Con sus dos hijos, los populares actores Gustavo Rojo y la tinerfeña de nacimiento Pituka de Foronda, volvería al archipiélago en 1953 para actuar en una muestra de arte contemporáneo celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz. Su llama se extinguió en la ciudad de México el 21 de octubre de 1976, tenía 93 años. En su sepultura, a modo de epitafio, quedan para siempre aquellos versos que le dedicó su amigo Neruda. “Mercedes Pinto vive en el viento de la tempestad. Con el corazón frente al aire. Enérgicamente sola. Urgentemente viva. Segura de aciertos e invocaciones. Temible y amable en su trágica vestidura de luz y llamas”.

Publicado en la revista Canarias Gráfica en julio de 2014

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Un paseo por la historia del fútbol en las calles de Lisboa

21 Ago

futebol

por Carlos Fuentes

El fútbol es un invento inglés y se vive con gran pasión en España e Italia. Portugal también es un país futbolero de profunda tradición y con una afición popular. Con la Copa del Mundo que en 2014 se celebra en Brasil, la capital de su antigua metrópoli ofrece una ruta antológica por la historia lusa del deporte rey y, para el viajero más curioso, lugares abiertos para seguir los partidos del Mundial.

Para la historia del deporte, el hito quedó marcado un día de 1875 en la isla de Madeira. Allí se practicó por primera vez esta nueva disciplina deportiva que había nacido veintisiete años atrás en la británica Universidad de Cambridge. Aunque en octubre de 1888 ya se había disputado un primer encuentro de fútbol en la ciudad turística de Cascais, en Lisboa se tuvo que esperar algo más, exactamente hasta el primer día de enero de 1889, para que se celebrara el primer partido de futebol reconocido por la federación lusa. Ocurrió en los terrenos que en la actualidad ocupa la plaza de toros de la capital portuguesa, situada en el barrio de Campo Pequeño, cuando los jugadores de las dos selecciones nacionales de Portugal e Inglaterra disputaron el primer encuentro. Ganaron los portugueses por dos goles a uno, pero aquello no fue más que una anécdota para los libros de historia. Lo importante, lo crucial, es que el nuevo deporte fue acogido con entusiasmo por las clases altas y medias de la capital lusa. Desde entonces, Portugal ya no se entiende sin una pelota.

FBL-PORTUGAL-EUSEBIO-DEATH-OBIT

Eusebio

Un siglo después, el país vecino está entre los pueblos que con mayor pasión viven las vicisitudes de ver a veintidós deportistas correr detrás de un balón. En Lisboa, donde reinan dos de los tres grandes equipos de Portugal, el Sporting y el Benfica, el viajero puede disfrutar de una ruta por las huellas del balompié luso. Comenzamos en Belém, adonde todo turista se acerca a visitar la ribera del Tajo trufada de grandes monumentos. Aquí están el imponente monasterio de los Jerónimos, joya del siglo XVI de estilo manuelino, la Torre del Belém, el monumento a los Descubridores y, más moderno, el Centro Cultural de Lisboa. También la añeja pastelería de Belém, muy conocida por los visitantes, quienes quizá no sepan que a pocos metros del monasterio se encuentra el estadio del tercer equipo lisboeta, Os Belenenses, fundado en 1919 y que fue rival del Real Madrid en la inauguración del estadio Santiago Bernabéu el 14 de diciembre de 1947. En Os Belenenses también jugó Félix Mourinho, padre del entrenador de Setúbal, actual preparador del Chelsea londinense y antes del Real Madrid.

estadio da luz

Otro lugar interesante en la ruta del fútbol por Lisboa se halla en la periferia de la ciudad nueva. Se trata del estadio José Alvalade, así bautizado en honor de uno de los pioneros del balompié portugués y ahora estadio local del Sporting de Lisboa. Sus instalaciones, que se construyeron a principios de este siglo en sustitución del antiguo campo de 1956, fueron inauguradas en agosto de 2003 con un partido entre Sporting y Manchester United. Fue en este encuentro en el que los ingleses quedaron prendados de un joven talento portugués llegado de la isla de Madeira, un delantero llamado Cristiano Ronaldo que con los años se iba a convertir en el mejor jugador de la historia de Portugal, con permiso de las viejas glorias Eusébio da Silva y Mário Coluna, jugadores ambos del Benfica.

Por esas fechas, exactamente el 25 de octubre de 2003, el otro gran equipo de Lisboa inauguró nuevo estadio, conocido popularmente como la Catedral pero de nombre oficial Estadio de la Luz. Situado en el barrio de Santo Domingos de Benfica, apenas a un kilómetro al suroeste del campo del eterno rival, La Luz ofrece algo más que una visita al estadio deportivo, ya que en sus alrededores se encuentra el museo del Benfica, la tienda oficial del club y, en la entrada, la estatua de homenaje a Eusébio, el emblemático jugador del equipo del águila. Con una capacidad para albergar a 65.647 espectadores, este estadio acogió la final de la Eurocopa de Portugal celebrada en 2004 y, más reciente, la final de la Champions disputada en mayo por Real Madrid y Atlético de Madrid.

Cristiano Ronaldo

Para completar un recorrido futbolero por Lisboa, el visitante debe acercarse a la gran avenida de la ciudad, la de la Libertad. Aquí, junto al monumento a los Restauradores, se reúnen a celebrar sus triunfos los aficionados de uno y otro equipo, así como todos los portugueses cuando la selección nacional que dirige Paulo Bento gana un partido importante. Capaz de paralizar al país cuando se celebra un campeonato importante, y con los partidos de Portugal en la Copa del Mundo de Brasil volverá a repetirse la convocatoria frente a Restauradores, la selección nacional lusa ha contado con jugadores de referencia como Luis Figo, que con 127 partidos disputados aún es el que posee el mayor número de encuentros internacionales con el equipo rojiverde, o Cristiano Ronaldo, aún en activo y con 49 goles autor del mayor número de tantos con la camisa nacional. En la estrella de Funchal, que en noviembre protagonizó una proeza al anotar tres goles en el decisivo partido de repesca contra Suecia, están depositadas muchas esperanzas de un país entero ante la actual competición mundial que se está disputando en Brasil, la mayor de las antiguas colonias portuguesas.

Como en cada país con selección en Brasil, Portugal disfruta de los partidos en plazas, parques y espacios abiertos. En Lisboa, que se paraliza cuando juega la seleção, las plazas son puntos de encuentro para aficionados, ya sea ante pantallas gigantes o en restaurantes y bares que aprovechan el deporte para ampliar clientela. La plaza de Rossio o el parque de Eduardo VII, que en mayo albergaron las zonas de aficionados de Real Madrid y Atlético de Madrid por la final de Champions, son las preferidas de la afición lusa para ver al equipo. Y si usted gusta del fútbol apasionado, la mejor opción es buscar un bar de la zona antigua para compartir pasión con la hinchada local. Y no olvide las fechas de los partidos de Portugal, pero también de España. A partir del 4 de julio arranca la fase de octavos en el camino hacia la gran final del 13 de julio en Maracaná.

Publicado en la revista NT en julio de 2014

Tesoros verdes a la vera del agua en la isla de Madeira

20 Ago

Levada cerca de Rabaçal

por Carlos Fuentes

Más de dos mil kilómetros de rutas pedestres y canales que llevan siglos escondidos entre una naturaleza casi virgen. Senderos de montaña que siguen el curso del agua, un verdadero tesoro de esta isla atlántica de Portugal. Madeira, primer destino del turismo de cruceros en el país luso, es también punto de encuentro para cualquier amante del medio ambiente que busque un teatro deslumbrante de flora y fauna en la Macaronesia. 

Descubierta a principios del siglo XV por los exploradores João Gonçalves y Tristão Vaz Teixeira, que trabajaban al servicio del infante Henrique, hijo del rey João I de Portugal y conocido por el sobrenombre de El Navegante, la isla de Madeira está considerada uno de los mejores destinos del mundo para la práctica del senderismo. Con apenas 801 kilómetros cuadrados, la mitad de la extensión de Gran Canaria, esta región autónoma portuguesa atesora muchos de los tesoros naturales del país ibérico. Y la mayoría de este vasto patrimonio natural está en la red de senderos y rutas de trekking que jalonan una orografía escarpada trufada de valles verdes nutridos de vegetación. En ellos, por ejemplo, se conserva una de las mayores reservas de laurisilva de Europa.

Senderos de Madeira

Integrada en la Macaronesia, región geográfica compartida con Canarias, Cabo Verde, Azores e Islas Salvajes, Madeira defiende con solvencia ese nombre mítico que procede del término griego que define a las “islas afortunadas” en el Atlántico norte. Isla de origen volcánico que primero sirvió de campo de cultivo para especies de aprovechamiento agrícola como la caña de azúcar, originaria del sudeste asiático, los cereales y los viñedos, Madeira se ha reconvertido en uno de los primeros destinos continentales de turismo en la naturaleza. En este auge mucho tiene que ver la red de levadas que recorren la práctica totalidad de su territorio. Por levada se conoce en portugués a aquellas canalizaciones excavadas en las rocas para hacer llegar el agua desde las cumbres a núcleos poblados a pie de costa. Y en Madeira el protagonismo de las levadas es factor fundamental para comprender la evolución al alza de las visitas de senderistas.

Levada do Norte

Estas canalizaciones de agua, que fueron organizadas siglos atrás para llevar el agua de las ricas sierras del norte a las ciudades y las zonas de cultivo, se extendieron por toda la isla a partir de obras de iniciativa pública emprendidas desde el siglo XV. Se trata de un ingenio de su tiempo, ya que para sus obras de construcción los operarios debían trabajar agarrados por cuerdas en la roca sin apenas mayores medidas de seguridad que la experiencia de años de labor y la buena suerte encomendada a los santos. Aunque en la actualidad muchas de las levadas están construidas con materiales firmes como piedras, cemento y, en algunos casos, refuerzos de hierro, en su origen fueron fabricadas con tablones de madera, material que bautizó a la isla por la abundancia de árboles que hallaron los primeros descubridores. Fue tal la importancia que las levadas tuvieron en el desarrollo de la agricultura en Madeira que su nombre dio lugar a la profesión de levadeiro, que es la persona que se encarga del mantenimiento de las canalizaciones de agua, algunas de las cuales suman ya varios siglos.

Superada la dependencia artesanal para el transporte del agua, las levadas de Madeira han experimentado un auge por su aprovechamiento como recurso de uso turístico a partir de la década de los años ochenta. Fue entonces cuando el senderismo empezó a jugar un papel importante en la isla, ya reconocida como atractivo destino turístico desde final del siglo XIX por sus prestaciones como puerto atlántico para los viajes en crucero y, poco a poco, como destino natural para conocer las singularidades de su orografía, llena de paisajes casi vírgenes y acantilados imponentes sobre su litoral. También la laurisilva, añejo bosque de edad milenaria, juega un importancia fundamental como imán para viajeros amantes de la naturaleza. Por su conservación, y por su gran variedad de flora, el bosque de laurisilva es Patrimonio de la Humanidad desde 1999.

Levada de Caldeirao Verde (Madeira)

En un listado de las levadas más interesantes de la isla de Madeira, aclarando desde ya que para abordar sus recorridos es conveniente llevar ropa y calzado apropiado para abordar zonas húmedas e incluso túneles en forma de galerías de agua, las primeras rutas por importancia en el mundo del senderismo verde son las de 25 Fontes, cuyo sendero atraviesa el bosque de laurisilva hasta dar con el nacimiento del itinerario para visitar la impresionante Cascada de Risco; Boca do Risco-Espigao Amarelo, que enlaza los pueblos de Machico y Porto da Cruz a través de un gran acantilado sobre la costa norte de la isla; Caldeirao Verde, espectacular por su vegetación frondosa; el camino de la Costa de São Jorge, una antigua vía peatonal esculpida en la roca de un acantilado que llega a la localidad de Santana en una excursión de tres kilómetros que transcurren siempre sobre el mar; y el denominado Balcón de Ribeiro Frio, una ruta corta que ofrece una gran vista sobre los tres picos del macizo central de Madeira.

Levada Nova Madeira

Otro de los recorridos más atractivos de la isla portuguesa es la conocida como Levada Nova, cuyo itinerario conecta la zona de litoral con la comarca interior de Madeira y visita, entre otros monumentos naturales, una gran cascada con aguas cristalinas. Con diez kilómetros de extensión, aunque en un terreno apto para todos los públicos porque apenas tiene desniveles ostensibles, esta nueva ruta para senderistas ofrece además la posibilidad de combinar el recorrido con un itinerario de regreso a través de otra levada, en este caso la de Moinho. La relación de levadas más destacadas de Madeira puede sumar también una ruta por las tres montañas isleñas más elevadas: los picos Arieiro (1.818 metros), Torres (1.853) y Ruivo (1.861 metros), con vistas espectaculares sobre la isla.

Para los senderistas que deseen ampliar su visita pedestre a Madeira pueden completar el viaje con una excursión a través de la comarca oeste de la isla. En este recorrido se puede contemplar la bahía de Câmara de Lobos para luego afrontar la ascensión hasta uno de los acantilados más altos del planeta, Cabo Girão, de 589 metros de desnivel. Aquí los interesados en el patrimonio cultural de Madeira pueden visitar una pequeña joya religiosa: la capilla de la virgen de Fátima, cuyo templo original data de 1931 aunque fue renovado hace cuarenta años. Y no se preocupe si después de tanto trajín senderista por las levadas de la isla usted llega cansado al último día de su visita a Madeira. En la localidad de Porto Moniz, una de las ciudades más visitas de la isla, dispone de unas piscinas naturales de lava volcánica para disfrutar de un baño salado que, seguro, le devolverá al avión con la grata sensación de una misión cumplida.

Porto Santo

Más rutas naturales en Porto Santo

Cualquier visitante que se precie de ser un coleccionista de senderos puede redondear su visita a los parajes naturales de Madeira con un recorrido por la vecina isla de Porto Santo. Notablemente más reducida en extensión que su hermana mayor, apenas 42,5 kilómetros cuadrados, y obviamente con mucha menos población (apenas seis mil vecinos frente a las 270.000 personas que residen actualmente en la isla de Madeira), esta parte de la región autónoma de Portugal situada a sólo 520 kilómetros de las costas canarias posee varios senderos atractivos para todo amante de los deportes en la naturaleza.

Desde las antiguas ruas empedradas de Porto Santo, la ciudad homónima que ejerce como capital social y comercial de la isla, sale un sendero que recorre el interior insular en dirección hacia tres pequeños picos emblemáticos: Nordeste, Castelo y Facho. Esta ruta, cuyo recorrido se prolonga durante cinco horas, es uno de los atractivos más populares en la isla de Porto Santo. También es recomendable la excursión en barco hasta la costa norte, donde se encuentra el islote Fonte da Areia, zona de procedencia de unas aguas consideradas terapéuticas que están a la venta embotelladas en los principales destinos turísticos de Madeira.

Publicado en la revista NT en agosto de 2014 

“Retrato la realidad de África con la que convivo cada día”

5 Ago

Elise Fitte Duval

ELISE FITTE-DUVAL

por Carlos Fuentes

Comenzó a hacer fotografías con el anhelo de retratar el instante actual de la sociedad africana contemporánea. Afincada desde hace trece años en Dakar, la capital de Senegal, Elise Fitte-Duval viene pergeñando un genuino fresco poliédrico sobre la vida cotidiana en el gran país del oeste africano. Su trabajo puede contemplarse en la muestra Dakar cuerpo a cuerpo que Casa África expone en agosto.

La obra de Elise Fitte-Duval (Martinica, 1867) busca cuatro objetivos básicos: documentar cómo el cambio climático afecta a los ciudadanos en los países más pobres, retratar la movilización social en una de las grandes ciudades de África, reivindicar lazos de negritud que son patrón común en países africanos y, en esencia, testimoniar la vida cotidiana en Senegal. “La fotografía forma parte de mi vida y la vida me ha conducido a África. Allí intento fotografiar lo que me rodea, todo lo que está alrededor de mi vida. Llegué a Senegal, a Dakar, por trabajo y allí es donde vivo y trabajo. No me muevo mucho fuera del país, así que opto por retratar la realidad del país en el que vivo y convivo, en especial Dakar”, explica la fotógrafa de Martinica, que ya fue reconocida con el premio Casa África en la última edición de la Bienal de Fotografía de Bamako.

Elise Fitte Duval (Bailando la esperanza)

En Las Palmas, donde su muestra se incluye en el ciclo África Vive organizado por Casa África y Binter Canarias para celebrar el Día de África, la exposición ofrece pistas de la utilidad del arte en la creación de conciencia social y política en el continente negro. “En África la fotografía puede hacer mucho. Si compara la historia de la fotografía en otros lugares, allí siempre ha habido fotógrafos para retratar a sus sociedades y la vida cotidiana de sus ciudades. Ahora, con la fotografía digital, nuevas técnicas permiten que fotógrafos contemporáneos puedan contar la vida cotidiana de las sociedades en las que viven y, también, transmitir cualquier acontecimiento que ocurre en estos lugares. La técnica digital y sobre todo los medios de transmisión a partir de Internet permiten contar estas historias con una continuidad en el tiempo”, indica Fitte-Duval.

La autora de Martinica subraya la “función esencial” de la fotografía para que “los africanos tengan capacidad de verse a sí mismos, pero es muy importante también que no se olviden del momento de la historia que están viviendo”. “En especial”, precisa Fitte-Duval, “para los jóvenes africanos porque para ellos todo pasa rápido y también se suele olvidar demasiado rápido. La fotografía es la certificación de un momento acontecido y vivido por protagonistas africanos. Y también ocurre que Internet ofrece una gran plataforma para memorizar este tipo de documentos de la historia”. ¿Y no existe cierto riesgo de banalización del dolor y la desgracia ajena? “Esa es una pregunta que atañe más a Europa por cómo Europa percibe el resto del mundo. Mi trabajo como fotógrafa, y debe ser la tarea de todo reportero honesto, es construir mi propia imagen del África que quiero mostrar con un trabajo honesto y su difusión en medios rigurosos”.

Floods in Dakar's suburbs

Formada en la Escuela de Arte de Martinica, Elise Fitte-Duval tuvo que esperar a su llegada a Francia para ampliar estudios en Escuela de Artes Decorativas de París y disponer de equipo propio. “Era una cámara de segunda mano, de formato cuadrado, lo que permitió profundizar en el encuadre y la composición de imágenes para intentar trabajar con cierto vuelo poético. Porque yo elegí la fotografía como medio de expresión artística”, indica la reportera de Panapress. ¿Y existe conexión real entre las culturas negras africanas y las del Caribe? “Somos de la misma madera”, afirma Fitte-Duval, “pero realmente los puentes entre unos y otros se han cortado por la propia distancia. Pero esas conexiones vuelven a aparecer porque son más intensas de lo que a priori puede parecer”.

Elise Fitte Duval (Retratos de una revolución ciudadana) mujeres

“Senegal espera cambios, sobre todo los jóvenes”

Su residencia en Dakar permite a Elise Fitte-Duval asistir al proceso de cambio político, económico y social que fraguó el relevo en la presidencia de Senegal. La autora de Martinica es consciente de la importancia del reto africano y de la expectativa creada. “El gobierno de Abdoulaye Wade no era autoritario, sino que simplemente quería manipular la Constitución. Pero si realmente hubo esa movilización tan importante es porque Senegal posee una democracia que defender”, indica la fotógrafa. Asuntos de política aparte, la situación actual es más o menos similar a la anterior, aún se mantienen los mismos retos. “Los más jóvenes aún tienen muchas dificultades para encontrar trabajo y eso es muy duro porque genera mucha desesperación por el futuro. El Gobierno sabe que hay que cambiar el tejido económico, pero eso no se podrá hacer en uno o dos años. Aún faltan medios para revertir esta situación de dificultad y ahora estamos en un periodo de espera para ver si el nuevo Gobierno ofrece algún resultado efectivo y el país cambia para mejor. Si no es así, habrá problemas”.

Publicado en la revista NT en julio de 2014

Para dormir mil y una noches en un riad de Marrakech

2 Ago

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por Carlos Fuentes

Dormir como un sultán en un palacete tradicional con encanto. Es una oferta difícil de rechazar para garantizar un turismo con calidad y sentido histórico. Y en Marrakech, la gran ciudad del sur Marruecos, el sueño de las mil y una noches es posible si se opta por residir en uno de sus riads. Añejas casonas que atestiguan el devenir del tiempo por la medina de una ciudad de pasado imperial y que ahora brilla como Patrimonio de la Humanidad.

Con sus diez largos siglos de historia, Marrakech destaca entre las ciudades del norte de África como un gran destino, accesible y cercano, hacia un primer viaje al exotismo y a los sabores tradicionales de esta esquina del continente. Palacios, mezquitas, zocos y museos trufan sus callejuelas añejas, siempre repletas de vecinos y viajeros, comerciantes y turistas. Siempre alrededor de la legendaria plaza Jemaa el-Fnaa, epicentro de la vida en este rincón tranquilo del mundo. Junto a la esbelta torre de ladrillo rojo de la mezquita de la Kutubía, hermana de la Giralda sevillana, donde es tradición ese deporte tan viajero que es sentarse con un té a la menta a ver la vida pasar. Marrakech, fundada por los almorávides en 1062. De aquí salió el nombre de un país, Marruecos. Una de las cuatro ciudades imperiales marroquíes junto a Rabat, Fez y Meknés. Y también el principal destino nacional por su oferta de turismo, ocio y comercio.

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La gama de alojamientos turísticos en la ciudad de Marrakech es todo lo amplia que usted pueda imaginar. El visitante puede optar por disfrutar del servicio y el entorno tranquilo de hoteles de leyenda como La Mamounia. Ya una institución por su historia: construido en el año 1922 y con un estilo híbrido entre rasgos tradicionales y europeo art decó, este hotel ha recibido a numerosos visitantes ilustres. Políticos como Charles de Gaulle, Ronald Reagan o Nelson Mandela y presidentes en tiempos de guerra como el premier británico Winston Churchill y el norteamericano Theodore Roosevelt, que se reunieron aquí a comienzos de 1943 para estudiar la estrategia aliada en la Segunda Guerra Mundial. También las habitaciones de La Mamounia han recibido a personajes emblemáticos del mundo del cine como la actriz alemana Marlene Dietrich, quien rodó aquí varias escenas de la película Morocco bajo la dirección de Josef von Sternberg. Otro mito del cine de todos los tiempos, el director Alfred Hitchcock, residió en una de sus suites durante el rodaje marroquí de El hombre que sabía demasido.

MamouniaRodeado por recuerdos de tiempos mejores que mezclan el cine con la moda del diseñador francés Yves Saint Laurent, que fue vecino de Marrakech y legó a la ciudad su magnífica casa-jardín azul llamada Majorelle, ahora abierta al visitante como oferta de paseo relajado, el turista también puede apostar por imprimir un toque tradicional a su estancia, no menos tranquila ni relajada, en la ciudad roja. Y nada mejor que un riad para experimentar cómo se vivía en la medina antigua de Marrakech. Levantados sobre añejos edificios de adobe y madera, los riads son residencias tradicionales que se extienden en los barrios más antiguos de las grandes ciudades del norte de África. En Marruecos son numerosos en ciudades como Marrakech, Essaouira, Fez y Meknés. Desde el exterior, una de las principales características de todo riad es la modestia de su aspecto, su capacidad para pasar casi desapercibido entre el trasiego cotidiano por callejuelas y plazas que parecen no tener fin. Pero la primera impresión no es más que un espejismo. De puertas adentro, la vida del riad se desarrolla en torno a sus patios ajardinados donde el agua, fuente de frescor donde habita el desierto, invita a conocer la afamada hospitalidad de la casa árabe. Porque en ciudades como Marrakech son estas viejas casonas tradicionales depositarias de los secretos de la vida cotidiana de los marroquíes, sus rituales diarios, con el aroma de la menta recién cortada y una sugerente invitación a su rica cocina de sopas, carnes, pescados y verdura. Con postre de hojaldre, pistacho y miel.

Rescatados del paso del tiempo, algunos edificios con más de un siglo de viva historia por haber sido propiedad de familias de la aristocracia y la nobleza de Marruecos, los riads se ofrecen ahora como una posibilidad de alojamiento con la comodidad propia de un establecimiento moderno. Y con la ventaja habitual de estar ubicados en el corazón de la ciudad vieja, casi siempre a tiro de piedra de la frenética actividad del zoco. Es el caso de Marrakech, donde un recorrido a espaldas de la plaza Jemaa el-Fnaa permite elegir destino para una estancia con plenas garantías en riads de alto rango como La Sultana. Situado en plena kasbah de Marrakech, junto a las tumbas de los príncipes saadíes del siglo XVI (aunque descubiertas en 1917) y a diez minutos de paseo hasta la gran plaza, este riad con encanto se distingue por el lujo, los servicios y el buen gusto. Con una treintena de habitaciones, piscina interior y baño árabe propio, La Sultana ofrece al huésped unas vistas estupendas desde su azotea sobre la medina, un punto de encuentro para compartir las excursiones urbanas por Marrakech.

Jemaa el-Fnaa

Otro palacete árabe que ha sido reconvertido con éxito en establecimiento para el uso turístico es el riad Enija. Situado a la derecha de la plaza Jemaa el-Fnaa y rodeado de la actividad moderada del barrio Derb Tabachi, este hotel ocupa la residencia que fue del rey Kaid, aunque a finales del siglo XIX fue adquirido por una rica familia de comerciantes de telas procedente del norte del país. En sus habitaciones reina la tranquilidad y el esmero por cada detalle del servicio, casi siempre paseando entre joyas patrimoniales de la arquitectura, la historia y las bellas artes del gran país magrebí. Más cercano al mundo contemporáneo, y no es casualidad que esté situado a apenas dos callejuelas de la gran plaza, el riad Jnane Mogador ofrece una estancia cómoda, moderada en relación a la calidad y el precio, pero sobre todo muy bien situada para el viajero que guste de transitar sin desmayo todos los rincones del gran zoco de Marrakech. Sus habitaciones, austeras pero decoradas con gusto y cierto toque tradicional, son un buen recurso cercano para ir y volver al hotel, dejar las compras, y regresar a la plaza en busca de un vaso fresco de jugo de naranjas recién exprimidas.

Enfocado al gusto de los más pequeños de la casa, aunque quizá los mayores encuentren en Marrakech al niño que llevan dentro, el riad Abracadabra ofrece un establecimiento regentado por una pareja española en el corazón del zoco de la ciudad imperial del sur de Marruecos. También situado en el barrio Derb Tabachi, muy cerca del emblemático Café de France, donde es una costumbre obligada disfrutar de la puesta de sol sobre la Kutubía con un té con menta en la mano, este renovado riad ha buscado en la imaginación su seña de identidad para distinguirse del resto de establecimientos hoteleros en la parte antigua de Marrakech. Sus habitaciones llevan nombres tan sugerentes como Merlin, Oz, Aladin e incluso hasta Harry Potter tiene una suite a su nombre, y también los servicios ofrecen desde un baño refrescante en la piscina de la azotea como la posibilidad de almuerzo y cena en su restaurante temático. Con todo, este riad viene a redondear la amplia oferta de alojamiento con encanto en el corazón de uno de los destinos más atractivos, sugerentes y amables del norte de África.

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¿Cómo elegir un riad para vivir Marrakech?

Entre la abundante oferta de alojamientos que posee la ciudad de Marrakech, desde el austero hostal de mochileros hasta el lujo exótico de hoteles que más bien parecen palacios, los riads continúan aumentando su cuota de mercado en el turismo de esta ciudad roja del sur de Marruecos. ¿Pero cómo se valora un riad? ¿Cómo elegir una casona tradicional árabe que se ajuste a nuestras necesidades? Conviene primero saber que los riads se valoran en función no sólo de los servicios que ofrecen al visitante, ya que sus características físicas, su arquitectura y el estilo de sus estancias y mobiliario también son factores de importancia a la hora de llamar la atención del viajero. Debido a que este tipo de casas sufrió el abandono durante décadas, sobre todo cuando a mediados del siglo pasado las familias más pudientes optaron por trasladar su residencia a las partes de nueva construcción en la ciudad, son muy valorados los riads que han logrado recuperar y poner en valor parte del diseño arquitectónico de la edificación original realizada en estucos de yeso, maderas de mil colores y azulejos o mosaicos de cerámica tradicional. También destacan por puertas fabricadas a mano en talleres artesanales con maderas nobles. La entrada a un mundo de tranquilidad, de vida intramuros, para conocer la esencia de un país. 

Publicado en la revista NT en mayo de 2014