Mauritania, la puerta al desierto más antiguo

13 Oct

Hombre de Mauritania

por Carlos Fuentes

Con la tenacidad y el esfuerzo de quien vive junto al mayor desierto del planeta, Mauritania se abre al mundo con una oferta turística que combina una historia ancestral con singulares aventuras en la naturaleza en un territorio que supera el millón de kilómetros cuadrados. Para potenciar los crecientes vínculos sociales y comerciales entre las Islas Canarias y el país norteafricano, Binter Canarias inaugura ahora una conexión aérea directa entre las ciudades de Nuakchot y Las Palmas de Gran Canaria.

La historia de Mauritania es un cuento de superación frente a las dificultades. En el siglo XI ya el Imperio de Ghana había gestionado estas tierras duras que se encuentran situadas en la vertiente atlántica del Sahel, la enorme cicatriz geográfica que delimita el África negra de la gran región del Magreb. Fueron los almorávides los que lograron administrar el territorio y, mediado el siglo XVII, enviados de la tribu yemení Beni Hassan lograron imponer su forma de vida y su lengua, el hassanía. Este dialecto árabe de naturaleza oral principalmente, con notables influencias bereberes, se convirtió en la lengua dominante entre la población mayoritariamente nómada de zonas próximas al desierto del Sáhara. En la actualidad, además de en Mauritania, una población estimada en tres millones de personas habla hassanía en amplias áreas de Marruecos, Sáhara Occidental y Argelia, y en zonas más pequeñas de Malí, Níger y Senegal.

Con el siglo XX llegó el periodo de colonización que marcó el devenir de casi todos los pueblos de África. Y Mauritania, enclavada entre Senegal por el sur y el reino de Marruecos por el norte, se incluyó en la zona de influencia colonial de Francia en el noroeste del continente. Entre 1902 y el 28 de noviembre de 1960, el territorio mauritano fue gestionado por la administración francesa. En 1904 sus habitantes fueron considerados ciudadanos franceses, estado que en 1945 reconoció la zona como territorio de ultramar europeo en África. El cruce al siglo XXI ha sido intenso en la vida política y social de Mauritania a partir de sucesivos cambios de gobierno acontecidos desde las revueltas militares de 2005 y 2008. Desde hace cinco años, el gobierno presidido por Mohamed Ould Abdel Aziz trabaja en la estabilidad del país, el refuerzo de su gestión política y la búsqueda de nuevas vías de desarrollo para Mauritania. Las inversiones en el área de la minería y los recursos naturales, el fomento de las relaciones con sus países vecinos, el auge del turismo y el aprovechamiento de sus relaciones históricas con Canarias son algunos puntos clave del futuro de Mauritania.

Mercado de camellos (Nuakchot)Con una superficie que es el doble que España, Mauritania se abre al mundo desde Nuakchot, una gran ciudad de ámbito eminentemente comercial que es la puerta de acceso a un país trufado de vestigios de cultura antigua y paisajes apenas transitados. Nuakchot es la capital política y comercial, con población estimada en casi un millón de habitantes, aunque no ofrece grandes atractivos turísticos. Se pueden contemplar las dos grandes mezquitas urbanas, siempre agitado punto de reunión a media tarde en este país con régimen de república islámica, así como visitar la gran zona portuaria y ser testigo de su actividad enfocada a la pesca de altura. Son singulares también las visitas al mercado de abastos y, en el plano histórico, al museo de Nuakchot. Porque los grandes atractivos turísticos de Mauritania se encuentran en el interior: cuatro ciudades de la época medieval que ostentan el título de Patrimonio de la Humanidad.

Testimonio del devenir de los siglos, estas antiguas ciudades fortificadas, aquí llamadas ksour, fueron fundadas durante los siglos XI y XII para garantizar la seguridad y prestar servicios a los viajeros que recorrían el desierto del Sahara en largas caravanas. Son Ouadane, fundada en 1147 por bereberes al noreste de la actual capital; la cercana Chinguetti, que en el siglo XII fue el epicentro de rutas del comercio transahariano; Tichitt, en la esquina sureste de Mauritania y que desde su fundación aproximadamente en 1150 es famosa por sus típicas casas de barro y paja; y Oualata, casi en la frontera sureste con Malí y también reconocida a nivel internacional por su tradicional arquitectura de adobe rojo.

Mercado de pescado (Nuakchot)

Más cerca de Nuakchot, en la costa noroeste se encuentra otro de los grandes atractivos turísticos de Mauritania. Reconocido también como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el parque nacional de la bahía de Arguin conforma uno de los territorios más singulares del país. En lo político, la zona atesora su historia centenaria desde que el navegante portugués Nuno Tristão descubrió la isla homónima en 1443. Dos siglos después fue ocupada por los holandeses y entre 1655 y 1678 pasó por manos francesas y británicas. Alemania, Francia, Holanda y otra vez Francia dominaron la región, considerada un puerto crucial en las rutas comerciales entre Europa, África y Asia, hasta que en 1728 fuerzas europeas dieron por abandonada la zona. En la actualidad, Arguin es tierra de los imraguen, un reducido pueblo de pescadores que antes fueron agricultores y que utilizan formas tradicionales para la captura y la conserva de los peces.

Mezquita de Chinguetti

El viejo minarete del oasis de Chinguetti

No se sabe bien cuándo ocurrió, pero en algún momento entre los siglos XIII y XIV un oasis situado en pleno desierto se convirtió en un importante centro de culto religioso. Siete siglos después, a seiscientos kilómetros tierra adentro al este de la capital de Mauritania, la ciudad de Chinguetti atesora varios edificios cruciales para todo mauritano. Su mezquita, y en especial su antiguo minarete de adobe, son considerados símbolos del país. De hecho, la vieja estructura del minarete de la región de Adrar se cree que es el segundo más antiguo con uso continuo desde su construcción en la totalidad del mundo musulmán. Con reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad desde 1996, la mezquita de la ciudad de Chinguetti lucha ahora por su conservación después de tantos siglos sometida a la continua erosión del desierto. En la ciudad centenaria también se conservan varias bibliotecas con manuscritos medievales del oeste de África.

Publicado en la revista NT en septiembre de 2014

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