María Mérida, voz popular de Canarias que se hizo universal

17 Dic

María Mérida

por Carlos Fuentes

Encarnó como nadie el folklore de las islas Canarias con una rotunda voz de mujer. De la pequeña isla de El Hierro al mundo, la historia vital de María Mérida viene a retratar lo local con una proyección global. Niña de la isla cuando la isla estaba en guerra, nacida en el pueblo de Valverde el 5 de junio de 1925, María Mérida Pérez destacó pronto como el talento precoz de una generación que vería fulgir las diferentes formas del folklore canario a nivel mundial. Inició una carrera de largo recorrido cuando apenas era una adolescente: en 1937 ganó cantando unas folías un concurso de canción popular celebrado en el Parque Recreativo de Tenerife. Tenía doce años y por aquel primer triunfo le pagaron cinco duros. La hija de Ricardo y Adolfa repitió éxito pronto en otro concurso musical organizado por Radio Club. Allí el premio fue un reloj pero ella, ay, lo olvidó en el baño. Tiempos de Navidad y Masa Coral.

Primer viaje a Madrid. En 1942 canta en El Escorial en una muestra de Coros y Danzas. Repitió aventura, al año siguiente, en el teatro María Guerrero. Siempre con éxito, incluso en la vida íntima. Hubo boda en la iglesia de la Concepción el 3 de agosto de 1944. La fiesta fue en la Masa Coral, quizá su primer y más querido hogar artístico. En Santa Cruz de Tenerife, en la plaza de toros, cantó embarazada y allí mismo conoció a una parte importante del folklore canario que vino, también, de la isla de El Hierro: Valentina la de Sabinosa.

Su segundo hijo en Madrid, en la muy castiza calle de Goya. Nacía entonces el Hogar Canario y allí uno de los grupos que escribieron su primera banda sonora: Los Guanches. Llegaba la televisión, pero primero fue la radio. Su segunda casa artística. En RNE en Madrid aprendió casi todos los trucos del oficio de ganarse la vida con la voz. Y la voz de Canarias pronto comenzó a aprender con Lola Flores, Pepe Blanco, Carmen Morel, Nati Mistral, Tony Leblanc… mientras las folías, las malagueñas y las isas comenzaban a ganar adeptos en las ondas. En toda la Península, y en buena parte de América Latina, se escuchó por vez primera el arrorró que le cantaban a los niños campesinos en Canarias.

En 1947 cantó a Néstor Álamo en el disco que marcó un hito en la difusión de las formas del folklore isleño. Un diez pulgadas del sello Columbia (para posteriores discos propios fue retratada por el fotógrafo húngaro Gyenes), le pagaron 1.800 pesetas y lo celebró en casa con algunos amigos futbolistas. Eran los años del Madrid de los canarios: Molowny, Silva, Rosendo Hernández… con 25 años llegó el salto a Europa, también a América. En París se habló de “la Edith Piaf de Canarias”. 1950 fue año italiano: éxitos en Florencia, Pisa y Milán, también en Roma con recepción de Pío XII. Canadá y San Antonio de Texas, arropada por la diáspora canaria. A Nueva York llegó en barco, cantándole a Cantinflas en un camarote de primera. Triunfo en el Carnegie Hall, elogios del New York Times.   

En Madrid María Dolores Pradera habló de María Mérida como la gran cantante de lo popular. Estampa canaria para el ballet de El Greco, otra vez América. Hollywood. Cenas con Bing Crosby y Burt Lancaster, actuaciones en la ONU con Maurice Chevalier y Sofía Loren. Los periódicos hablan de la cuarta voz del mundo”. A ella le gusta más “la dama de la canción canaria”, como decían en el Portugal de su amiga Amália Rodrigues. Frío en Alemania, y tristeza de madre. Regreso a El Hierro, primera Bajada de la Virgen. Otra vez Madrid y Venezuela. Viudedad. Gran Canaria y Mary Sánchez, otra gloria de la canción de estas islas. Palabra de amiga: “Su voz es espléndida y su temperamento es inigualable”. Carnavales y homenajes. Violeta del Teide. Una trayectoria que no acaba. Una modesta calle a su nombre en El Toscal, su barrio pobre, donde estaba la casa de El Charquete. Y un libro para que la historia de canción grande de María Mérida nunca se olvide: “Cuando me quede dormida y mi voz se haya apagado, no crean que ya está muerta, que ella seguirá cantando. Y al llegar al cielo, junto a mis canarios, isas y folías seguirán sonando”.

Publicado en la revista Canarias Gráfica en septiembre de 2014

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