Archivo | enero, 2015

Tinariwen: “El pueblo tuareg no renunciará a su identidad”

16 Ene

Otoño Cultural - Tinariwen. Espacio Cultural de Cajacanaias © Aarón S. Ramos

por Carlos Fuentes

Su música narra la vida nómada al norte del mayor desierto del planeta, una tradición con más de diez siglos de historia. Tinariwen, grupo de Malí ganador de un Grammy al mejor disco de músicas étnicas, reivindica la forma de vida del pueblo tuareg, sus ansias de desarrollo pacífico en el corazón de África y el deseo de autogobierno en la región de Azawad.

Eyadou Ag Leche frisa dos metros de altura. Impresiona este músico tuareg de edad mediana (“en el desierto no celebramos cumpleaños, allí cada día es un regalo”) que timonea el rumbo de Tinariwen, grupo de Malí que ha sorprendido al mundo con una música intensa, espesa y tremendamente emotiva. Sonidos con olor a blues macerados en el norte del desierto del Sáhara que lograron un Grammy en 2012 y, quizás más importante, el respeto de artistas de alcurnia como Keith Richards o Tom Yorke. De vuelta a estas islas para actuar en la Fundación CajaCanarias, el bajista y director musical de Tinariwen aborda la situación de su país, sacudido por cíclicas revueltas en el norte, la amenaza del fundamentalismo y la necesidad social de un mayor desarrollo económico que frene la sangría de la emigración clandestina de africanos hacia Europa.

Otoño Cultural - Tinariwen. Espacio Cultural de Cajacanaias © Aarón S. Ramos

“En Malí la vida es problemática porque hay muchos refugiados que salieron al exilio por culpa de los combates. Pero mi pueblo está feliz porque ve cerca el momento de la liberación de Azawad y está luchando por defender su vida como tuaregs. Se está negociando una solución, aún no hay resultados, pero los tuaregs esperamos novedades”, explica el músico. Eyadou Ag Leche habla sereno, quizá con la tranquilidad que da la distancia. “Emmaar”, sexto disco de Tinariwen, se grabó en el desierto de California para esquivar el conflicto armado en Malí. “El desierto en América es como Azawad, está en un país rico pero es igual de desierto”, indica el bajista para conectar con el deseo de autogobierno tuareg. “Defendemos nuestros ideales de vida, la vida nómada en un sitio tan duro como el desierto. Europa es responsable de mucho de lo que está pasando en África. La colonización se hizo sin respetar a sus pueblos. Se repartieron nuestro continente como si fuera un campo de fútbol, como si allí no viviera gente. Trazaron fronteras que antes no existían en el mapa de África”.

Política aparte, Eyadou Ag Leche asume que un reto por resolver es la sangría de la emigración clandestina. Un freno al desarrollo de África. “Mucha gente no tiene la más mínima oportunidad de vivir una vida digna. Es un gran problema que África arrastra hace mucho, demasiado tiempo, y ahora sus jóvenes se han cansado de esperar una oportunidad y piden resultados a sus gobernantes”, subraya el bajista, para quien la música juega un papel esencial en África. “Es una fuente de energía tremenda para el pueblo tuareg”, asegura, “nuestras tradiciones musicales tienen muchos siglos y la gente está orgullosa de ellas: representan nuestras costumbres y nos han dado esta identidad como pueblo”.

Publicado en la revista NT en enero de 2015

 

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Nuakchot, la ciudad que nació en el desierto del Sáhara

9 Ene

Nuakchot

por Carlos Fuentes

Es una de las capitales más jóvenes de África y un buen ejemplo de trabajo y superación frente a adversidades de la naturaleza en la República Islámica de Mauritania. Con un millón de habitantes, la ciudad de Nuakchot se ofrece como una puerta de entrada renovada a una región que busca el desarrollo social y económico en la frontera occidental entre el Magreb y el África subsahariana.

Aunque ocupa unas tierras que tienen siglos de historia, la ciudad de Nuakchot es una de las capitales más jóvenes de África. Su creación fue una de las primeras decisiones que adoptó la nueva República Islámica, surgida a finales de 1958 pero que hasta dos años después no obtendría el pleno reconocimiento de independencia por parte de Francia, su antigua potencia colonial. La construcción de Nuakchot se decidió a partir de la existencia en el lugar de un pequeño emplazamiento militar francés. El nombre de la ciudad proviene del término bereber Nawākšūṭ, que según diversas transcripciones puede significar “lugar de vientos”, “playa-bahía” o “lugar donde aparece el agua cuando se cava un pozo”. Fue a partir del periodo de dominio francés, y Nuakchot entonces apenas contaba con un escaso destacamento compuesto por quince soldados, cuando el medio millar de habitantes inició un crecimiento sostenido que ya no se detendría hasta el casi millón de personas que ahora residen en la capital administrativa de la República Islámica de Mauritania.

mezquita Nuakchot

Con la aprobación de las autoridades francesas e impulsada por las incipientes fuerzas nacionalistas de Mauritania, la construcción de la ciudad de Nuakchot se concebió sobre un mapa diseñado en las postrimerías de 1959 por el arquitecto francés André Leconte. Su propuesta principal consistió en diseñar y programar la construcción de dos nuevos núcleos poblacionales que hicieran crecer la ciudad africana. Un barrio surgió alrededor de la pequeña fortaleza de piedra superviviente de la época colonial, lo que a la postre se convirtió en el denominado barrio europeo; y otro núcleo poblacional se desarrolló junto a la mezquita central de Nuakchot, que ahora es una de las estampas más emblemáticas de la capital mauritana.

Cuando comenzaron las obras, la proyección de población para el futuro apuntaba a ocho mil habitantes en 1980. En los siguientes años, varias etapas de sequía consecutivas arruinaron buena parte de la agricultura y la ganadería en pueblos y ciudades del interior, lo que produjo un éxodo de antiguos campesinos hacia la capital en busca de un puesto de trabajo. En la actualidad, los habitantes de Nuakchot no bajan de ochocientos mil debido al auge económico nacional experimentado en los últimos tiempos por el aumento de la construcción de obra pública, edificios e infraestructuras básicas.

pesca Nuakchot

Situado a escasos cuatro kilómetros de la línea de mar, el centro de Nuakchot rodea las zonas de actividad administrativa y política, ya que una ciudad tan joven como la capital de Mauritania carece de acervo histórico monumental de importancia. Nuakchot es una urbe de casas bajas repartidas en nueve distritos, con pocos edificios de diez o más plantas y numerosos barrios creados por la llegada sobrevenida de nuevos emigrantes interiores. Las zonas de la ciudad más transitadas son las del centro administrativo, que además ofrecen posibilidad de realizar visitas culturales a lugares como el Museo Nacional, donde se expone una colección de objetos de la vida nómada, restos arqueológicos y muestras de las ciudades antiguas de Mauritania. Otra área destacada de la ciudad es el barrio de Tevragh Zeina, zona residencial del norte donde se ubican las sedes de la Presidencia de la República y de la Embajada de Francia. Aquí también están las redacciones de algunos de los periódicos más importantes del país y se encuentra la popular librería El Irvan.

En la sede del Instituto Francés, una de las instituciones más activas en la vida cultural de Nuakchot, exponen artistas nacionales, se organizan conciertos y se proyectan las últimas novedades del cine europeo. Para aprovechar una corta estancia de turismo o negocios en la capital de Mauritania, también es interesante consultar los programas de actos del Centro Cultural Marroquí, con exposiciones de pintura, artesanía y cursos de árabe; del Conservatorio de la Música y de las Artes, donde se imparten cursos de música, danza y también se organizan conciertos; y la Asociación de Artistas y Pintores de Mauritania, que tiene una muestra permanente. Otras salas de arte con exposiciones en Nuakchot son Zeinart Concept, que ofrece arte afro-mauritano, y Galerie Sinaa, con artesanía y joyería.

El escenario de la ciudad de Nuakchot, capital de una república islámica, está dominado por la presencia de las numerosas mezquitas que cada viernes congregan a los fieles de la primera ciudad de Mauritania. El templo más emblemático y de mayores proporciones es la llamada Gran Mezquita o Mezquita Saudí, por el diseño de sus pintorescos minaretes y también por el apoyo financiero que Arabia Saudí prestó a las obras de su construcción. Levantada en 1963 al sur de la avenida que honra al presidente egipcio Abdel Nasser, la denominada Mezquita Marroquí es otra estampa imprescindible del horizonte urbano de la ciudad de Nuakchot, con su único minarete blanco que tratar de emular al de la Kutubía de Marrakech. En la totalidad de los templos religiosos musulmanes de Mauritania, ya que muchos de ellos continúan en uso después de varios decenios, no se permiten visitas.

artesanía Mauritania

De compras sobre calles de arena

Cualquier visita a Nuakchot, ya sea de turismo o por motivos de trabajo (entre noviembre y marzo el clima es suave, con una temperatura media de veinte grados), puede completarse con un tiempo para el paseo y las compras. Cerca de la Mezquita Saudí se encuentra el mercado Capitale, donde es posible encontrar productos artesanos de Mauritania como el tradicional juego de té, abalorios y artículos de joyería, así como prendas confeccionadas en cuero. También es posible encontrar artesanías de los países vecinos como coloridas telas procedentes de Senegal o collares tradicionales de poblaciones nómadas de Mali. Junto a la Embajada de Francia se encuentra un mercado de artesanos donde se pueden adquirir piezas de joyería en plata con diseños típicos de las culturas del desierto, además de cajas y joyeros elaborados en metales finos. En la parte alta de la ciudad, cerca de la avenida de la Embajada de Senegal está abierta al público Zein Art, galería especializada en diseños contemporáneos que expone obras de los jóvenes creadores de Mauritania.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2014

 

Maud Westerdahl, eslabón del surrealismo en Canarias

7 Ene

Maud

por Carlos Fuentes

Es un tópico, y quizá no del todo ecuánime, pero que ha hecho fortuna: junto a un gran hombre suele encontrarse una gran mujer. Y con la artista de origen francés Maud Westerdahl esa idea común de nuestra sociedad tuvo un ejemplo a seguir. Nacida como Madeleine Bonneaud en la ciudad de Limoges en 1921, su trayectoria artística y vital representó como pocas la versión femenina del importante movimiento surrealista que anidó en Canarias en el primer cuarto del siglo pasado con Gaceta de Arte. Suya es la visión de mujer de la corriente artística que intentó cambiar el rumbo del arte contemporáneo hace ya un siglo.

De profesión esmaltadora y licenciada en Letras por la Universidad de Poitiers, Maud Bonneaud encontró un camino propio en el mundo del arte después de conocer al gran teórico del surrealismo, su compatriota André Breton, cuando era colaboradora de revistas de arte francesas como Cahiers du Sud y Profil Littéraire de la France. Ya en 1943 se trasladó a París para ampliar contacto con los miembros del grupo surrealista de la capital francesa. Por esa época también conoce al colectivo de artistas españoles en el exilio, grupo en el que Pablo Picasso era una referencia imprescindible. En Alemania, con Jean-Paul Sartre, se encarga de la decoración para el montaje teatral de Las moscas.

Con otro pintor, el titán del surrealismo tinerfeño Óscar Domínguez, comparte aventuras en París, donde termina por contraer matrimonio con el apóstol de las decalcomanías. La pareja duraría hasta el invierno de 1954, momento en el que Maud viaja a Tenerife y Gran Canaria tras aceptar una invitación del crítico de arte isleño Eduardo Westerdahl. Con él contrae segundas nupcias y tiene en 1957 a su único hijo, Hugo, ahora convertido en músico de referencia para las nuevas corrientes sonoras en la escena española. En Madrid, Maud, ya Maud Westerdahl, expone junto a César Manrique y, de vuelta a su domicilio en la avenida Reyes Católicos de Santa Cruz, potencia su labor literaria y artística.

Suyos son una serie de trabajos en esmalte de calidad puntera incluso a nivel internacional, su biblioteca de arte, su colección de arte africano y asiático, así como obras representativas de los pintores y escultores con los que trabajó o trabó sincera amistad. De Picasso a Man Ray, de Baumeister a Tàpies y Dora Maar o Kandinsky; por supuesto, con presencia de primeros espadas en el arte isleño como César Manrique, Manolo Millares, Martín Chirino o Lola Massieu. Su última exposición, Fabulario, se desarrolló en 1980 en la galería Rodin de Santa Cruz, ciudad en la que veinte años antes había promovido la feria de arte por Navidad en el Círculo de Bellas Artes. Falleció Maud en el invierno de 1991 dejando atrás su vida vivida con plenitud y valentía. Un ejemplo que no muere.

Publicado en la revista Canarias Gráfica en junio de 2014