Archivo | julio, 2015

Medallas comunistas entre risas y zapiekanka en Polonia

13 Jul

grafiti Cracovia

por Carlos Fuentes

A Dorota Malecka los mercadillos populares le saben a días de encuentros con sus amigos, domingos de vida social al sol. Porque en su ciudad, Cracovia, en el sur de Polonia, siempre fue así: “Cuando era pequeña, mi madre casi siempre lo compraba todo en el mercadillo. En nuestro barrio había uno con mucha comida (fruta, verdura, quesos, flores…), pero también algo de ropa y cosméticos. Era como el prototipo de los centros comerciales de hoy”, explica esta joven polaca, que cursó Sociología en su ciudad natal antes de trasladarse a Bilbao para estudiar en la Universidad de Deusto. Ahora Dorota Malecka, de 26 años, aprovecha sus visitas a Cracovia para ponerse al día con familiares y amigos.

zapiekanka

“Antes todos comprábamos muchas cosas, pero ahora la función de los mercadillos es más que nada social, son un punto de encuentro con los amigos. La actividad comercial en la calle dura unas cuantas horas, así que siempre aprovechas para buscar alguna cosa que necesitas y ver a los amigos. Para bastante gente mayor, el mercadillo sí es más importante. Mi madre va con sus amigas, hablan de sus cosas, intercambian recetas, compran fruta, verdura”, explica Dorota Malecka. “La función de estos rastros es social más que de compra, es un lugar de encuentro con los amigos”.

Hala Targowa Cracovia

También en la añeja Cracovia, Tomasz Lelek suele ir a los puestos callejeros que los sábados se instalan en el animado mercadillo de Hala Targowa, en la avenida Josefa Dietla, frente a la galería Krakowska. Tomasz busca libros, discos y antigüedades entre recuerdos de la época comunista, ropas militares y medallas con la hoz y el martillo. Este joven arquitecto de 28 años participa en movimientos ciudadanos para mejorar su ciudad natal. “Nuestro Proyecto Miejski se abre al ciudadano para recibir propuestas sobre el funcionamiento de los espacios públicos”, cuenta Tomasz Lelek, quien antes de volver a Cracovia cursó estudios de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid.

Plac Nowy Cracovia

“Queremos escuchar a expertos, artistas y activistas, pero también a los vecinos de nuestra ciudad”, señala este joven desde Plac Nowy, otro lugar singular de Cracovia. En esta zona del barrio judío, entre sinagogas y lugares de culto, un puñado de antiguos edificios del siglo XVII y XVIII alberga a colectivos de artistas, cafés de ambiente animado y mucha vida nocturna. “Y también hay espacio para venta callejera, tiendas de antigüedades, objetos de colección y puestos al aire libre con recuerdos típicos, verduras y bisutería”, indica Tomasz mientras merienda un zapiekanka. Todo un acontecimiento en Cracovia esta suerte de bocadillo de una sola cara compuesto por media baguete untada con queso, mayonesa o salsa de tomate y surtida de verduras picadas, champiñones o aceitunas. Una receta polaca de comida rápida que hace verdadero furor en los puestos populares que están instalados en el centro de Plac Nowy.

Cracovia coche

¿De dónde viene la tradición polaca por la compra-venta? “Quizá no sea muy diferente a otros países del norte de Europa, donde ahora está muy de moda comprar objetos antiguos y volver a las costumbres de antes, eso que en inglés llaman vintage“, explica Dorota Malecka, que pone como ejemplo de este auge el gran mercado dominical de Kolo, en el barrio homónimo de Varsovia.

Es en la capital de Polonia, en la extensa y bonita Varsovia, donde los paseos entre muebles de época, libros antiguos y jarrones del siglo pasado pueden ser interminables. Y, además, se puede ir a llenar la cesta de la compra. “En un país con tanta tradición agrícola como Polonia, mucha gente aprovecha el día de descanso para pasear con familiares y amigos y para comprar la comida de la semana, en especial verduras, frutas y flores”, explica Tomasz. “Mi madre, por ejemplo, lo hace todos los sábados en Cracovia porque puede comprar directamente al agricultor, los productos son más frescos y a precios baratos”.

Publicado en el diario Público en agosto de 2011

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Ute Lemper: voz esencial para escuchar qué fue del siglo XX

1 Jul

Ute Lemper

por Carlos Fuentes

Voz que no envejece, Ute Lemper atesora una firme trayectoria como intérprete de cabaret de entreguerras. Con música de Kurt Weill y textos de Bertolt Brecht como ejes cardinales de veinticinco años de canción, apareció por una esquina con Edith Piaf (Elle Fréquentait la Rue Pigalle) para volver a suelo alemán con Happy End y La Ópera de los Tres Centavos. Su voz de luna llena marcaba ya el paso al Vogler Quartet con aires clásicos y melodías de arrabal manouche (L’Accordéoniste). Estremeció con dos piezas atípicas: Tyomnaya Notch, oscura noche en la trinchera rusa “con las balas silbando en la oscuridad”; y Stiller Abend, en yidis, uno de los seis idiomas que usó en dos horas. Con el arreglista Stefan Malzew al quite en clarinete, acordeón y piano. Quizá sea esta la novedad: vestir de contemporaneidad, con arreglos vivaces, casi bailables, melodías añejas de los años del cólera. Con Piazzolla y Ferrer, la opereta Yo Soy María y La Última Grela, flotó la memoria de la emigración melancólica, el tango por llegar a puertos nuevos. Oblivion, de Zippel, cima de emoción, y una breve pavana de Ravel llevaron a Jacques Brel y su canción crepuscular. Genuino es el mito cuando logra que clásicos con medio siglo (Ne Me Quitte Pas, Amsterdam) huelan a pan caliente, entre la congoja y el alivio. Al final regaló Speak Low, refulgir último de esta voz esencial para escuchar hoy lo que fue el siglo pasado.

Publicado en la revista Rockdelux en enero de 2013