Arcos de arena, osos, géiseres y bisontes camino de Yellowstone

6 Ago

Montañas Rocosas 2

por Carlos Fuentes

Edmund Hillary dejó dicho que los humanos “no conquistamos las montañas, sino a nosotros mismos”. Y Belén Prieto y Paco Sánchez, dos apasionados por los grandes picos, no están por la labor de llevar la contraria al héroe del Everest. El verano pasado estos madrileños realizaron una excursión de altos vuelos: recorrer buena parte de los 3.220 kilómetros de las Montañas Rocosas, la gran cordillera que transcurre entre Nuevo México (Estados Unidos) y Columbia Británica (Canadá). “Elegimos este destino porque somos grandes amantes de las montañas”, recuerda ahora esta pareja de treintañeros. “Y es cierto que las Rocosas son una maravilla natural, pero también nos impresionó la calidez y la amabilidad de muchos estadounidenses que conocimos”, agregan.

El itinerario de Belén y Paco comenzó en Colorado y acabó en Montana. Por el camino pararon en los parques nacionales de Rocky Mountain y de Grand Teton, en el desierto de Utah y en Yellowstone y Glacier. El Parque de los Glaciares sólo conserva 27 de las 150 masas de hielo originales. Y en Utah se encuentra la mayor concentración de arcos de arenisca naturales del mundo, extraordinarios fenómenos geotérmicos como géiseres y manantiales de agua caliente”, explica la pareja, cuyos paseos entre rocas se vieron acompañados por abundante fauna salvaje. Desde ciervos, alces, linces, bisontes, coyotes y lobos hasta los peligrosos osos negros y grizzlies. “Pasamos algo de miedo los primeros días, mientras hacíamos senderismo y montañismo, por la presencia de osos”.

Bisontes Yellowstone

Belén y Paco buscaron remedio: en el parque de Yellowstone se apuntaron a una charla práctica con los guardas forestales para conocer cómo se puede prevenir un encuentro fatal con un oso salvaje: “Se debe ir haciendo ruido al caminar, cantando o dando palmas, para avisar de nuestra presencia. Si los osos notan la presencia humana tienden a esconderse, pero pueden atacar si se sienten amenazados”. ¿Pies para que os quiero? Pues no, todo lo contrario. “No hay que correr ni trepar a los árboles porque los osos corren más y trepan mejor”. ¿Entonces? “Si eres atacado, debes tirarte al suelo bocabajo para proteger el estómago y esperar a que el oso se aburra de zarandearte”. Belén y Paco no tuvieron problemas con los osos. “Seguimos la recomendación y sólo los vimos a distancia segura, con prismáticos. También hay que tener cuidado con los bisontes: son herbívoros, pero si se les molesta pueden atacar”.

Yellowstone

Al final de la aventura americana, estos viajeros madrileños se toparon con otra amenaza: los efectos del calentamiento del planeta. “El Parque de los Glaciares, en Montana, apenas conserva 27 de los 150 glaciares que existían a mediados del siglo XX. De continuar el efecto invernadero se prevé ya no quedará ninguno en el año 2030”, lamentan Belén y Paco. Preocupaciones ambientales aparte, el balance del viaje dejó un grato sabor de boca en los españoles. “Nos alojamos en el interior de los parques nacionales, donde se puede disfrutar de la experiencia de dormir en cabañas fabricadas de forma artesanal con maderas del bosque. Fue allí donde, ya maravillados por el paisaje, comprobamos que la amabilidad de los locales nos permitía hacer amigos, ver que mucha gente se interesa por la naturaleza salvaje y que entre todos podemos ayudar a que la conservación del planeta sea una realidad”, concluyen, optimistas, Belén y Paco.

Publicado en el diario Público en agosto de 2011

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