‘Ernestina’, un barco cargado de ilusiones hacia América

14 Mar

por Carlos Fuentes @delocotidianocf

Con el viento en las velas y las maletas repletas de ilusiones para buscar una vida mejor, miles de hombres y mujeres de Cabo Verde se jugaron todo a la carta de la emigración desde mediados del siglo pasado. Actor principal y testigo directo de estos viajes fue el barco Ernestina, un velero del que ahora se cumplen 125 anos de su botadura el día 1 de febrero de 1894 en Estados Unidos. Años después de su primera singladura, cumplida su etapa como buque pionero de la investigación pesquera en el Artico, el barco fue comprado por un empresario caboverdiano para dedicarlo a viajes del éxodo migratorio entre las costas africanas y Estados Unidos.

La historia del Ernestina refleja como pocas los viajes de los barcos la emigración desde las diez islas del archipiélago de Cabo Verde a las prósperas ciudades de la costa este de Estados Unidos. El barco fue construido en los astilleros de Gloucester (Massachusetts), donde en 1894 primero fue bautizado Effie M. Morrissey con el primer cometido de dedicarse a la búsqueda de grandes bancos de peces en las ricas aguas árticas. Después el barco fue derivado al transporte de mercancías en los duros años de la Segunda Guerra Mundial y, ya en la segunda mitad del siglo pasado, al transporte de pasajeros entre las costas de África y las emergentes ciudades de América del Norte. Se considera que el Ernestina fue el último velero que llevó a centenares de emigrantes a Estados Unidos de América y Canadá antes de que el éxodo americano de los ciudadanos europeos, africanos y asiáticos que apostaban por la emigración pudieran acceder al amplio mundo de oportunidades que abrió la aviación comercial internacional.

Fue en el año 1947, después de sufrir un grave incendio que dejó dañado este barco de 47 metros de eslora, cuando el capitán caboverdiano Henrique Mendes compró el velero para dedicarlo a los viajes de la emigración. Mendes lo rebautizó Ernestina en homenaje a su hija pequeña y con él hasta 1965 realizó decenas de viajes desde los puertos insulares de Praia y Mindelo, los dos principales de Cabo Verde, hasta la región norteamericana de Nueva Inglaterra. Los primeros viajes fueron comandados por el propio Mendes, pero otros nombres importantes en la historia del la tripulación del Ernestina fueron Ricardo Lima Barros, João Baptista, Arnaldo Mendes y Valentin Lucas, que han pasado a la historia de Cabo Verde gracias a la labor de documentación del marinero Traudi Coli.

Retirado de las travesías transatlánticas, la historia del velero Ernestina no se detuvo. Hasta 1972, este pailebote fue utilizado para viajes de cabotaje entre las islas de Cabo Verde. Cuatro años después, ya en 1976, los organizadores del bicentenario del encuentro de barcos en la costa este de Estados Unidos escribieron al presidente de la recién nacida República de Cabo Verde para solicitar el envío del Ernestina al cónclave marítimo. El presidente Aristides Pereira dio su visto bueno y el 11 de junio de 1976 el velero emprendió el viaje desde el puerto de Mindelo. Pero no fue una travesía fácil: el barco sufrió una avería de gravedad cerca de la costa americana y un posterior intento de remolque se saldó con daños severos en la estructura del velero. Su reparación llevó seis años de trabajo y una alta inversión que fue sufragada en parte por varios emigrantes caboverdianos y el propio gobierno del país africano.

El último viaje del velero Ernestina tuvo lugar en 1978, cuando Cabo Verde regaló el barco al pueblo de Estados Unidos como símbolo de las relaciones fructíferas con los emigrantes del archipiélago. Desde entonces esté atracado en el antiguo muelle ballenero de New Bedford, donde está abierto a las visitas de quienes quieran conocer esta historia emocionante del velero que ayudó a hermanar a dos países, dos pueblos, tan dispares como los Estados Unidos de América y la República de Cabo Verde. En las islas, no obstante, este capitulo histórico se guarda cada día en los bolsillos de isleños y visitantes: su estampa marinera, con las velas a todo trapo, ilustra una de las caras del billete de doscientos escudos caboverdianos.

 

Publicado en la revista de viajes NT en febrero de 2019

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