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Cheikha Rimitti: “Sin mí, Khaled no tendría que cantar”

12 May

 

por Carlos Fuentes

Nació en el puerto mediterráneo de Orán, la segunda ciudad de Argelia, allí donde hace sesenta años abandonó su pobre adolescencia para, a los dieciséis, apenas adolescente, comenzar a ganarse el pan cantando en burdeles de marineros y diletantes. En su vida de largo recorrido ha cantado como nadie composiciones populares ancestrales, surgidas hacia el año 1900 desde la poesía árabe y la música tradicional beduina, pero primero fue famosa por sus letras contestatarias. En el ecuador del siglo pasado puso en solfa aspectos de la vida tradicional para reivindicar los derechos de la mujer en el mundo árabe.

Con 76 años, Cheikha Rimitti exprime su vitalidad en Nouar, un nuevo disco de raï comprometido contra la plaga de fundamentalismo que asola su país. Tantos años ya de guerra. “Canto a las cosas buenas, el amor y la libertad, la rosa y su perfume”, explica la cantante argelina mientras enciende otro cigarrillo y saborea un café negro en un salón desvencijado del madrileño Hotel París.

Vestida con una falda verde, que hace juego con la camiseta de la selección de fútbol de Argelia que lleva puesta, Cheikha Rimitti es el vivo reflejo de la picardía veterana que dan los años. Deja atrás el álbum Sidi mansour, su aventura discográfica en clave tecno-raï pergeñada en 1993 junto a músicos procedentes del rock como Robert Fripp (King Crimson) y Flea (Red Hot Chili Peppers). Un invento moderno con el que la abuela genuina del raï no quedó muy contenta.

Desde Sidi mansour han transcurrido siete años. ¿Qué ocurrió con Cheikha Rimitti?

“Ese disco fue una mala experiencia, cogieron mi voz para hacer la producción sin consultarme nada. Y no lo considero un disco mío. Ahora he recuperado el control de mi carrera para hacer Nouar, que son mis canciones. Nouar es rosa, aroma, todo lo que venga de buena voluntad, amor, cosas buenas… por fin hay un disco de la reina del raï, que soy yo: Cheikha Rimitti”.

Ahora tiene más público, gente joven que descubrió a Rimitti con Sidi mansour

“Y espero que Nouar guste más que el disco anterior. Ojalá, porque al ser más mío, deseo que guste más. Pero no hay que confundirse con el éxito de Sidi mansour, que fue un triunfo sólo en Europa. Con las canciones de Nouar espero triunfar en todo el mundo, en los países árabes”.

En seis décadas de música, hasta el mundo ha cambiado. ¿Y sus canciones? ¿A qué canta hoy Cheikha Rimitti?

“Al amor y la vida, los sentimientos de siempre. Mi canción tiene raíz en la música andalusí del sur de España, sus contenidos no han cambiado demasiado. Sólo el mercado ha forzado algunos cambios por arreglos modernos, pero las canciones son las de siempre. Han llegado jóvenes del raï, Khaled, Faudel, Orchestre National de Barbès… pero están cantando las mismas canciones que yo canto hace años”.

Usted viaja con frecuencia a Orán. ¿Se siente Rimitti respetada por nuevos artistas de raï?

“No. No reconocen que sin mis canciones no tendrían nada que cantar. Llevan mucho tiempo ocultando al público europeo que existe una reina del raï, que se llama Cheikha Rimitti. Estoy muy decepcionada, porque son famosos pero lo han sido a costa de Rimitti. Sin Rimitti no existiría el raï con el que triunfan”.

Entonces, ¿cuál es su referencia musical actual? ¿Escucha nuevos ritmos del Magreb?

“Mi padre sería la flauta y mi madre, la darbouka. Son los instrumentos de mi vida. Puede haber sobre el escenario un montón de sintetizadores, batería y guitarras eléctricas, pero la sonoridad de la flauta y la darbouka es inimitable. Si tuviera que elegir, me quedaría con ella. Pero iré a Estados Unidos a presentar Nouar, ja, ja… a ver qué les parece a los americanos tras Sidi mansour”.

En Argelia, su mensaje optimista choca con la cruel realidad del fundamentalismo. ¿Qué acogida tuvo allí Nouar? ¿Es posible disfrutar en esa vida?

“Ha tenido un éxito sin precedentes en la música raï, el pasado verano fue un gran triunfo. Espero que mis canciones sirvan de ayuda para recuperar la ilusión y olvidar los problemas, Cheikha Rimitti sólo puede esperar eso. ¡Ojalá!”, exclama la cantante antes de recuperar su optimismo de mujer. Se levanta, regala tres besos al periodista y le da un consejo de longevidad: “Esta noche haz el amor, y mañana ven a bailar con Rimitti”.

Publicado en el periódico Diario de Avisos en abril de 2001

 

Cesária Évora: “África se merece una vida mejor”

7 Dic

Cesária Évora

por Carlos Fuentes

En la distancia que impone una conversación telefónica, la voz de Cesária Évora suena cansada. Pero también suena feliz. Es lunes y la cantante africana que con su música de melancolía y nostalgia ha puesto en el mapa de las músicas del mundo al humilde archipiélago de Cabo Verde está satisfecha. En febrero [de 2004] recibió el premio Grammy al mejor disco contemporáneo y el pasado sábado recogió en París el premio anual Victoria que concede la música francesa.

Ambos reconocimientos llegan por Voz d’amor, su noveno disco, que presentará en concierto en el Auditorio de Tenerife. Cesária Évora nació en la ciudad marinera de Mindelo, en la isla de São Vicente, y tiene ahora 62 años. Aunque han sido los últimos diez los que han marcado la vida de esta mujer que, pese a ganar con el tiempo cariños y reconocimientos, no renuncia a sus raíces, a vivir en su pueblo natal. Huye del falso halago y de creerse más que otros caboverdianos como Teófilo Chantre, Biús, Tito París o Simentera. “Prefiero pensar que, por fortuna, mis músicas han servido para abrir puertas a otros artistas de mi país, que han tenido la oportunidad de emprender carreras en el mercado occidental”, explica desde París.

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Con cuatro millones de discos vendidos en todo el mundo de sus ocho álbumes anteriores, la cantante de Cabo Verde a quien la crítica de París bautizó “la diva de los pies desnudos” tras su aparición en 1993 con Sodade valora el interés que su música ha merecido en la última década. “La acogida de Voz d’amor está siendo muy cálida”, asegura, “durante la promoción internacional estoy comprobando que el público está pendiente de lo que hago y satisface comprobar una vez más el aprecio que tiene el público europeo por mi música”.

Inmersa en una nueva gira europea, que hasta finales de abril la llevará a países como Alemania, Lituania, Estonia, Bélgica y, en especial, a Francia, donde ofrecerá trece recitales (con tres noches consecutivas en el teatro Grand Rex de París), Cesária Évora mantiene su devoción por las gentes de Cabo Verde, los primeros que disfrutaron de su moma melancólica en las tabernas portuarias de Mindelo. “Tengo buenos recuerdos de mi tierra porque todavía vivo allí, aunque salga a cantar a muchos sitios en el extranjero”, señala, “sé que en el mundo hay muchos lugares bonitos, pero prefiero seguir viviendo en mi pueblo, en mi casa, porque allí tengo mis raíces”.

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Observadora privilegiada de la evolución de los países africanos poco favorecidos, Cesária Évora es consciente de que la visión idílica, romántica, que sus canciones ofrecen de África no se corresponde, por desgracia, con la realidad. De las plagas de corrupción, las guerras y el subdesarrollo, la cantante caboverdiana habla con tristeza, pero con esperanza de prosperidad. “Espero que las cosas cambien para mejor, pero desgraciadamente no puedo influir en los problemas que ocurren en el mundo”, asume, “aunque tengo esperanza de que esta situación mejore, sobre todo para África. Todos los pueblos de África se merecen una vida mucho mejor”.

El trasiego internacional por los escenarios de medio mundo no impide que Cesária Évora tenga una visión real de la inmigración clandestina, quizá el mayor mal que asola a los jóvenes africanos. ¿Actúa Europa con justicia ante el drama del nuevo siglo? “La actitud siempre podría ser mejor, pero en mis viajes compruebo que, no sólo los africanos sino otras personas, han encontrado una oportunidad para mejorar sus vidas en Europa y en América”, explica quien hace unos años fue confundida con una emigrante irregular en el bulevar de Cartagena. “Estos viajes son buenos para el progreso de África: sus pueblos pueden ver que existe otra forma de vida, creo que hay sitio para la comunidad africana en estas sociedades”.

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Además del compromiso africano, Cesária Évora ha prestado su voz y sus canciones a experimentos modernos. En 2003 artistas electrónicos como Carl Craig, 4 Hero o Señor Coconut remezclaron piezas como Angola, Bésame mucho y Miss Perfumado para el disco Club Sodade. “No es mi estilo original, pero creo que ayuda a lograr un mayor interés de las nuevas generaciones, a ampliar el destino de mis canciones y de mi voz”, dice divertida la cantante, “y estoy feliz por ello, pero es evidente que ese no es mi estilo de hacer música”.

Más cómoda se siente Cesária Évora con socios musicales más naturales como el brasileño Caetano Veloso (Regresso), el pianista cubano Chucho Valdés (Negue), el maliense Salif Keita (Yamore) o Jacques Morelenbaum (Café Atlántico). “Todas fueron buenas experiencias porque ayudan a ampliar las influencias en la música, en la mía y en las de ellos”, asegura la caboverdiana para recordar su dúo con el cantautor Pedro Guerra en la canción Tiempo y silencio, de su disco São Vicente di Longe. ¿Existe una particular sensibilidad isleña? “Hay muchas similitudes, en las culturas y en los instrumentos que usamos”, reflexiona Cesária Évora, “porque nuestras culturas son muy parecidas y cantar con él fue una experiencia muy bonita”.

Siempre generosa, Cesária Évora habla con cariño sincero de los amigos que le ha regalado la música, pero no se olvida del público. De su público, al que nunca ha dado la espalda pese al aluvión de músicas étnicas que abundan en los anaqueles. ¿Por qué nadie se aburre de Cesária? Ella se quita méritos: “Es el público el que te lleva al éxito y es el público el que sigue queriendo escucharme. No sé decir por qué ocurre, solo que estoy muy contenta de que sea así”.

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Publicado en el periódico Diario de Avisos en marzo de 2004

 

Músicas de Cabo Verde, los sonidos de las islas de África

13 Sep

cabo verde músicas

por Carlos Fuentes

Con su voz trémula, macerada durante años de olvido y desprecio por ese aguardiente inflamable llamado grogue en las tabernas marineras del puerto de Mindelo, Cesária Évora evocó las alegrías y las penas de Cabo Verde. La reina de la morna situó a sus diez islas en el centro del mundo cultural. Ahora una nueva generación de artistas caboverdianos mantiene vivas las llamas de la melancolía en este archipiélago anclado a medio camino de África y América.

Pocas veces un artista, una cantante, hace más por su pueblo que varias generaciones de políticos. Ocurrió con Cesária Évora: desde su presentación en un teatro de París, el público occidental aprendió a situar en el mapa el archipiélago de Cabo Verde. Gracias a esta tarjeta de presentación en forma de voz veterana, emocionante, ahora otros músicos caboverdianos disfrutan de mayor repercusión social y comercial más allá de las fronteras nacionales.

Son Mayra Andrade, Lura, Neuza, Elida Almeida y Nancy Vieira, aunque antes que ellas estaban Ildo Lobo, Titina, Norberto Tavares, Mário Lúcio, Teófilo Chantre y Tito Paris. Porque las músicas de Cabo Verde ya existían antes de Cesária Évora y no serían lo mismo sin el renovador Francisco Xavier da Cruz, el autor que todo el mundo conocería como B.Leza, responsable de nuevos pespuntes brasileños en la morna contemporánea.

No es sencillo trazar una hoja de ruta por los discos esenciales de las músicas de Cabo Verde. Músicas en plural, porque además de la melancólica morna están la coladeira, el funaná, la mazurca y el batuque. Algunas de estas producciones discográficas incluso permanecen aún inéditas en el gran mercado europeo, aunque merece la pena subrayar la importancia que tienen un puñado de discos cruciales para entender por qué unas islas africanas con medio millón de habitantes (una cantidad similar reside en la diáspora entre América y Europa) terminaron por enamorar al público comercial del otro lado del mundo.

b leza

B.Leza. Con él empezó todo, o al menos con él arrancó la fructífera pero azarosa trayectoria musical caboverdiana moderna. Introductor en el código musical isleño del llamado medio tono brasileño, Francisco da Cruz protagonizó la renovación de muchos sonidos isleños a partir de la década de los años cincuenta. Natural de Mindelo, en la isla de San Vicente, B.Leza escribió muchas mornas que forman parte del repertorio clásico del género, al que también dotó de profundidad en las letras de la canción caboverdiana por antonomasia. Su sobrina Cesária Évora es la voz más conocida entre sus intérpretes, aunque canciones suyas han cantado Titina, Tito Paris y todo artista que quiera hacerse un hueco en la escena musical de Cabo Verde.

cesaria evora

Cesária Évora. Narrar su vida atribulada requiere un libro. Apenas adolescente comenzó a cantar en tabernas de Mindelo, pero en 1975 abandonó la música para dedicarse a su familia. Pronto cayó en depresión, ahondada por el alcoholismo. Una década después, su amigo compatriota Bana luchó para que viajara a cantar en Lisboa. En 1988 se presentó en París en un recital memorable, siempre descalza en el escenario. Cize, como le decían sus amigos, se consagró con los discos La diva de los pies desnudos y Miss Perfumado. Ganó un Grammy y en 2009 recibió la Legión de Honor francesa. Su retrato está en un billete, su cara en un sello y su voz, siempre, en la memoria por una mujer noble que esquivó oropeles de fama y nunca dejó de pisar los adoquines de su pueblo.

Música - Concerto em honra do PM português

Ildo Lobo. La voz melódica de Cabo Verde lideró el conjunto Os Tubarões entre 1976 y 1994, cuando continuó carrera en solitario. Autor de álbumes emblemáticos como Tchon di Morgado y Tabanca, Ildo Lobo era natural del pueblo pescador de Pedra da Lume, en la isla de Sal. Artista querido por el público caboverdiano por su compromiso político con el país tras la independencia de Portugal, sus discos Nôs morna, Intelectual e Incondicional son una referencia para cualquier voz masculina del archipiélago. Para asistir a su funeral, celebrado el miércoles 20 de octubre de 2004, el gobierno de Cabo Verde dio la tarde libre a sus empleados. Tenía 51 años.

tito paris

Tito Paris. Además de compositor y cantante, Arístides Paris es un nombre clave en la proyección internacional de las músicas de Cabo Verde desde la sala B.Leza de Lisboa. Nació en la ciudad de Mindelo en 1963 y comenzó como baterista del grupo del veterano cantante Bana, quien mantuvo una presencia constante como puente entre Lisboa y Cabo Verde para los nuevos músicos nacionales. En 1987 Tito Paris publicó un primer disco a nombre propio, Fidjo maguado, al que siguió el álbum Dança ma mi criola. Acompañó durante muchos años a Cesária Évora, de cuyo grupo fue director y para la que escribió nuevas canciones. También fue quien protegió a la gran dama de la canción caboverdiana de tentaciones comerciales derivadas del enorme éxito logrado por la morna en los principales escenarios europeos. Su grabación más reciente es Acústico, donde Tito Paris recopila algunas de las mornas más emblemáticas de Cabo Verde.

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Mayra Andrade. Aquí podrían estar sus coetáneas Lura y Nancy Vieira o la veterana Titina. Pero pocas voces están a la altura de tomar relevo de la reina de la morna como la de esta hija de la diáspora nacida en Cuba y criada entre Senegal, Angola y Alemania. En Praia dio sus primeros pasos, luego actuó como telonera de Cesária Évora y ya en 2003 se estableció en París. Ha grabado duetos con Chico Buarque, Caetano Veloso y Lenine, también con Charles Aznavour, la fadista Mariza y el pianista Roberto Fonseca. Su trilogía Navega, Stória stória y Studio 105 refleja los renovados vuelos de la canción de Cabo Verde con una voz emocionante por sencilla y natural. Recuerden su nombre, será una estrella.

Elida Almeida. El penúltimo regalo de Cabo Verde es esta joven nacida en 1993 en el pueblo de Pedra Badejo, isla de Santiago. Comenzó vendiendo fruta en mercados callejeros y acaba de debutar con Ora doci, ora margos (Ahora dulces, ahora amargos). Fiel reflejo del corazón partido del pueblo caboverdiano: entre la saudade de tiempos mejores que no terminan de llegar y el anhelo por salir del pozo del subdesarrollo africano. Trece canciones, en fin, sobre el milagro cotidiano de vivir en estas islas de África interpretadas con emoción en kriolu, el singular idioma hijo de Portugal, África y Brasil.

Publicado en la revista NT en mayo de 2016

Luis Alberto Spinetta: “El rock latino es comida basura”

31 Mar

Luis Alberto Spinetta

por Carlos Fuentes

“Es el destino, siempre estuve más o menos en el mismo lugar y si ahora vine es más por destino que por lógica”. Fiel a una trayectoria de coherencia que hunde sus raíces en la recta final de los años 60, el músico argentino Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 1950) condensa con aire metafísico el porqué de su debut en los escenarios españoles cuatro décadas después. Desembarca aquí con el disco Viejas canciones, una compilación retrospectiva formada por veinte piezas del compositor y guitarrista porteño que artistas como Charly García, Fito Páez o Gustavo Cerati reivindican como parte importante, sin duda crucial, del mejor rock compuesto en español.

Luis Alberto Spinetta culmina en la ciudad de Granada una gira de conciertos que le trae por primera vez a los escenarios españoles después de liderar proyectos de enjundia como Almendra, Pescado Rabioso, Invisible o Jade. Cuatro aventuras esenciales para comprender a carta cabal la cara más nutritiva del rock hecho en castellano. Sentado en el anonimato sorprendente de un hotel de medio pelo situado en las proximidades de la añeja Estación del Norte de Madrid, el seminal músico bonaerense reafirma pronto sus principios. “Me interesa la gente, no vender. Vengo a cantar, no a vender porque no lo hice ni en mi lugar y mal haría si lo hiciera acá. Aunque este disco titulado Viejas canciones no coincide con lo que estoy presentando en estos recitales, un nuevo disco llamado Para los árboles. Y con ese eclecticismo de intenciones es con el que quiero conectar con el público español porque el público argentino ya consumió mi mito. Ahora pretendo contactar con este público y brindarle la lírica, que es nuestra lengua común”.

Spinetta retrato

“Conquistar es propio de una mente de conquistador y eso no es lo mío. Nunca lo fue. Yo solo creo ser capaz de conquistar pero a un nivel muy efímero. La idea es mostrar mi música para que agrade sin la finalidad de vender nada. Que me vean y saquen sus propias conclusiones”, explica Luis Alberto Spinetta sin concesión alguna a la fama en este desembarco tardío en los escenarios españoles. “No hay estrategia porque es un plan sin plan. Aspiro a conectar a partir del lenguaje común que hablamos argentinos y españoles, que es la riqueza de nuestra lengua, y también volcar poesía en nuestro idioma. Porque nuestra historia literaria es inmensa y tanto el español como el argentino hoy muestra una decadencia muy grande. Quisiera ser como un Rimbaud en castellano, quisiera ser poeta además de músico. Y que el espectador español reflexione sobre su lengua y sobre todo lo que brinda esa parte ínfima que yo puedo expresar en mis canciones”.

Spinetta gafas

¿Y cuánto pesa la ambición en Spinetta? “Acá, en España, se conoce el mito de Luis Alberto Spinetta, pero yo nunca he sido un comemetas, alguien que únicamente quiera realizar su meta. La mía ha sido escribir y cantar, y eso es lo único que sé hacer bien. Ya es un halago poderme cruzar hasta acá y encontrar un lugar para mostrar en público mis canciones. Es un gran honor y a la vez un gran desafío destruir mi propio mito. Que pase del estado de la idealización al estado de la carne que está encima de la tarima”.

Spinetta camiseta

Treinta y tres años después de su aparición inesperada con aquel pionero álbum homónimo firmado por el grupo Almendra que compartió con Edelmiro Molinari, Emilio del Guercio y Rodolfo García, el llamado nuevo rock latino copa ahora revistas y canales de televisión. “Ese rock latino apesta porque ahora son ‘shakiras’ y ‘juanes’, cosas comerciales como A Dios le pido… y eso ya lo escuché desde que mi madre me disfrazaba de baturro. Suena tan antiguo como cualquier canción que me cantaba mi abuela. Si vos escuchás algo así (y comienza a tararear la canción El alma al aire de Alejandro Sanz), eso me gusta, no todo pero por lo menos tiene una lírica, un vuelo. O las canciones de Joan Manuel Serrat, que fue uno de los inspiradores de mis primeros discos en Argentina. Ahora hemos pasado de Tu nombre me sabe a hierba al A Dios le pido, es decir, que vamos evolucionando a peor”.

En esta controversia sobre la valía efectiva de la canción contemporánea en español, Luis Alberto Spinetta no calla. “Vende el rock latino como vende la comida rápida, esa fast food y no la comida del chef. Esas canciones de rock latino son fast food musical, comida basura que se vende dentro de un fenómeno universal que no solo afecta a la música sino que también afecta a todo el lenguaje humano. Llegan artistas presionados para triunfar a toda costa, a cualquier precio, débiles mentales, pero eso no es un triunfo. El triunfo son Charly García, Fito Páez, Gustavo Cerati… ellos sí tienen esencia, no es solo una misión de papel, en sus canciones hay lingote en el fondo”.

Spinetta ventana

Autor de piezas memorables como El anillo del capitán Beto, Muchacha (ojos de papel) o Los libros de la buena memoria, Luis Alberto Spinetta cuestiona el atajo fácil hacia la moda, hacia la tendencia efímera y el éxito fútil. Una corriente de la que no excluye a su compatriota Andrés Calamaro, por ahora afincado en Madrid después de ganar fama con el grupos Los Rodríguez. “Le critico su facilidad para parecerse a Gipsy Kings, que me parecen increíbles al lado de lo que vino luego. Es fácil copiar una fórmula y adaptarla para el gran público como él hizo en Sin documentos, pero esa tonada de rumba ya la escuché millones de veces. Bien es cierto que [Calamaro] ya ha huido un poco de ese tópico, pero sigue muy lejos de lo que hizo allá en la Argentina”.

¿Comparte, entonces, la definición de surrealista maldito que siempre rodea a Spinetta? “Surrealismo es una palabra práctica que globaliza, pero todo argentino que se parezca un poco a Spinetta sufre el hecho de vender poco aunque tenga una obra trascendente. Es un bien y un mal, pero de manera automática deja de vender y muchos no están dispuestos a la clandestinidad porque quieren un éxito palpable. También yo lo he querido, pero ya no. Me importa poco si me llega o no en esta vida. Lo importante es que el alma vibre al escribir y que pueda ser una contraseña para otras generaciones futuras”.

Spinetta abanico

Ante el reciente álbum español Viejas canciones, publicado por la disquera independiente Nuevos Medios por empeño personal de su director, Mario Pacheco, el seminal escritor y compositor argentino advierte del riesgo de la variedad de estilos. El álbum incluye canciones en clave de rock, de blues y de tango. Él, que siempre fue un especialista en dotar a cada grabación de una personalidad propia indiscutible. “Es producto de un eclecticismo de épocas y sentidos por el que temo ser malentendido acá, pero estoy orgulloso de lograr el amor de esta gente en España para publicar porque lo más grande que uno puede tener como artista es el interés por el interés, sin pensar en beneficios ni rendimientos económicos a corto plazo”, asegura Luis Alberto Spinetta.

Ganancias que también se echan en falta en el mercado cultural de Buenos Aires, ahora que las producciones musicales apenas dan réditos por la costumbre nueva de la copia barata de discos y la piratería digital a través de la red. ¿Qué ocurre en Argentina? ¿Qué futuro artístico puede tener un artista de largo recorrido como Spinetta? “Esta situación es un pequeño espejo del mundo. Reflejo de que ahora triunfa la comida basura, el éxito rápido, el artista de reality show barato. Es una ecuación utilitarista planteada por las compañías discográficas, que están más interesadas en llenarse los bolsillos sin ver cómo ni por qué. Mi futuro es poder seguir escribiendo con intensidad. Mi forma de paliar el desastre es una forma heroicista de combatirlo. Es mi trabajo y mi amor, y no me importa mucho si reviento o me arruino mañana”.

Publicado en Diario de Avisos en julio de 2002

Terrazas musicales frente a la bahía de Praia (Cabo Verde)

4 Dic

Quintal da Música (Praia)

por Carlos Fuentes

La capital de la isla más africana de las diez que forman el archipiélago de Cabo Verde, la añeja ciudad de Praia, es la puerta de entrada a uno de los países más jóvenes del continente. Es su centro administrativo y su corazón comercial, pero también su interesante polo cultural donde las músicas y los bailes caboverdianos animan cada noche restaurantes, cafeterías y terrazas repartidos entre las calles peatonales y las plazas más populares de Praia.

Con algo más de cien mil vecinos residentes, una quinta parte del medio millón de personas que habitan Cabo Verde, Praia cambia cada noche de piel. Del agitado trasiego comercial del día, el casco histórico de la ciudad está situado en el barrio de Plateau y ofrece una notable oferta de locales de ocio en los que locales y visitantes disfrutan de cenas con gastronomía típica caboverdiana. Al caer cada noche, en un ramillete de escenarios, es posible conocer canciones como la morna, suerte de melancólico bolero africano con el que Cesaria Évora situó a estas islas volcánicas en el centro del mapa mundi de los ritmos étnicos.

Quintal da Música 1

El viaje por las músicas de Cabo Verde puede comenzar en la tranquila plaza de Alexandre de Alburquerque, dedicada al gobernador de las islas a finales del siglo XIX, y en la cercana terraza Morabeza, término que en idioma criollo significa hospitalidad. A través de la calle 5 de Julio, arteria peatonal de Praia, abundan locales con música en vivo. En la terraza-restaurante Avis, además de degustar un plato de cachupa, un cocido elaborado con carne de vaca o cerdo (cachupa rica) o con pescado como chicharros (cachupa pobre), todo servido con verduras y papas guisadas, se puede disfrutar casi cada noche de una actuación musical diferente. Muy cerca de Morabeza se encuentra Harmonía, tienda de discos de referencia en Praia con grabaciones de mitos de la música caboverdiana como Cesaria Évora, Ildo Lobo y Simentera, el conjunto del ministro de Cultura, Mário Lúcio, o de nuevas voces como las de Mayra Andrade y la joven Élida Almeida, vecina de esta isla de Santiago.

Frutería calle Praia

De aspecto descuidado y ambiente auténtico, el pequeño Bar José da Rosa pervive en Praia como testimonio de las antiguas tabernas vinculadas al alma marinera de la ciudad de Praia. Conviene probar aquí el poderoso vino de Fogo, un blanco de alta gradación, y los más valientes pueden intentarlo con un vaso de grogue, el aguardiente elaborado con caña de azúcar y ron que Herman Melville ya citaba en su novela Moby Dick por sus vínculos con la errante vida del marinero y sus viajes transatlánticos. También hay refrescos y la cerveza local, la apreciable Strela Kriola. Algo más moderada es la oferta de licores en Praia Kapital, uno de los locales de moda del barrio de Plateau junto a su vecino Bistro 90, que ofrece una animada terraza a pie de calle donde cada fin de semana se citan los caboverdianos con sus trajes elegantes.

Sin salir del barrio de Plateau, en la avenida Amílcar Cabral, héroe y mártir de la independencia de Cabo Verde obtenida en 1975, la ruta musical de Praia continúa en Art Kafé, un oasis de tranquilidad entre el ruido cotidiano. Situado junto al Palacio de Cultura Ildo Lobo, este local es un clásico para disfrutar de un almuerzo a mediodía, un café de Fogo o un té a media tarde, una actuación musical vespertina en su recoleto auditorio y, ya de noche, un rato de copas y baile junto a los más jóvenes de Praia. La fiesta puede continuar en la terraza Buteku, también con música en vivo, o en el que es el verdadero templo de la música en directo en la capital de Cabo Verde.

Enclavado al final de la avenida Amílcar Cabral, Quintal da Música es una referencia imprescindible de la noche musical en Praia. En su escenario cantó Cesária Évora, pero la lista de artistas invitados es amplia: Ildo Lobo, Nancy Vieira, Mayra Andrade, Lura, Neuza o Nhá Reinalda interpretaron aquí sus mornas, funanás y coladeiras. De todos ellos hay un retrato colgado en las paredes, seña de identidad de la sala junto a las estampas tradicionales africanas que decoran su fachada principal.

Nhó Nani

Fuera del circuito principal de Plateau, una visita a los bares musicales de Praia no está completa sin un pequeño viaje urbano hasta el vecindario Tira Chapéu, en la salida sur de la capital que conecta con la antigua Cidade Velha. El barrio humilde es ahora un punto de referencia en las noches, especialmente durante los fines de semana, gracias a la labor desarrollada por el empresario y músico Nhô Nani al frente de la sala Fogo d’Africa. Aquí se sirven cenas y copas, pero lo más interesante ocurre cuando el propietario se anima con el violín para dar testimonio de su conocimiento de los ritmos tradicionales de Cabo Verde. Este local, remodelado recientemente para dar acomodo, cenas y copas al creciente número de asistentes, es uno de los lugares más auténticos de toda la música caboverdiana y, por extensión, de otros ritmos africanos populares llegados del interior del continente y originarios de países lusófonos como Angola, Guinea Bissau o Mozambique.

Publicado en la revista NT en septiembre de 2015

Adiós a Doudou N’Diaye Rose, matemático del ritmo africano

4 Nov

Doudou NDiaye Rose 1

por Carlos Fuentes

Cuando las emisoras de radio de Dakar anunciaron su fallecimiento, muchas personas salieron a las calles en señal de duelo. Se repitieron concentraciones en las esquinas, en las plazas de la populosa capital de Senegal. Había muerto un músico, una leyenda africana, pero sobre todo un artista identificado con su gente, siempre con su pueblo. Doudou N’Diaye Rose, uno de los percusionistas que más han hecho por el reconocimiento y la difusión internacional de los vigorosos ritmos del oeste de África, murió el pasado 19 de agosto.

En medio de las vacaciones, a este lado del mar su desaparición pasó, casi, sin pena ni gloria. Aunque su muerte, sin duda, supone un eslabón importante en la extinción de una especie artística. La generación de los primeros músicos africanos que lograron derribar fronteras, ganar prestigio para los sonidos del continente y, también, devolver parte de todo lo recibido al pueblo con la puesta en marcha de la primera escuela para la enseñanza de la percusión en Dakar.

Doudou NDiaye Rose 2

La historia vital de Doudou N’Diaye reproduce el patrón de los más valiosos protagonistas de la cultura africana contemporánea. Hijo de una familia de griots, esa suerte de notarios del devenir de los pueblos del oeste africano cuyas estirpes van pasando de generación en generación, N’Diaye Rose nació en el verano de 1930 en la Medina, uno de los barrios con mayor solera de la ciudad de Dakar y que décadas después daría uno de los artistas más reconocidos de África, Youssou N’Dour, quien por cierto también comenzó su carrera artística como instrumentista de percusión antes de lanzar su carrera internacional como cantante. N’Diaye Rose fue llamado Mamadou, aunque muy pronto fue apodado Doudou por sus familiares y amigos, y también empezó muy rápido a familiarizarse con instrumentos de percusión aún siendo adolescente, al tiempo que ayudaba a la familia con apaños de fontanería y trabajos en la construcción. Aunque su suerte cambió pronto con la independencia de Senegal en 1960.

Ese año, que luego pasó a la memoria colectiva como el Año de África por ser la fecha en la que varias antiguas colonias africanas lograron la emancipación de las metrópolis europeas, en esencia de Francia y los Países Bajos, Doudou N’Diaye Rose fue ayudado por la diva Josephine Baker, una de las primeras artistas de carrera internacional que tuvo interés por las percusiones africanas y por ayudar a ampliar los horizontes comerciales de sus intérpretes.

Doudou NDiaye Rose 4

Y cuando llegó esa oportunidad, Doudor N’Diaye Rose ya era un maestro del sabar, tambor alto característico de Senegal y de Gambia a partir de su origen en la comunidad serer, que utilizaba su repique como medio de transmisión de noticias entre aldeas y poblados alejados. Junto al sabar, que luego paseó por los principales escenarios del mundo, N’Diaye Rose también manejaba con destreza otros instrumentos de percusión y, acompañado por más de un centenar de instrumentistas, actuó en las celebraciones de la independencia de Senegal ante el primer presidente del nuevo país, el político y poeta Leopold Sedar Senghor. Muy pronto se hizo cargo de la tarea rítmica en el Instituto Nacional de las Artes y también en el Ballet Nacional de Senegal. Comenzaba así su pasión por la enseñanza de los ritmos africanos, una labor docente que con el tiempo le hizo merecer el reconocimiento de todo su pueblo senegalés y la denominación cariñosa de El Matemático de los Ritmos.

Doudou NDiaye Rose 3

Ya durante los años 80, posiblemente la década más importante para el prestigio y la proyección internacional de las músicas africanas contemporáneas, Doudou N’Diaye Rose desembarcó en Francia para actuar en un festival de jazz en la ciudad de Nancy. Allí desembarcó con un grupo de cincuenta percusionistas. Fue tal el estrépito del concierto, la destreza y la versatilidad de los ritmos de África, que el cineasta Martin Scorsese apostó por esas músicas para incluir algunos pasajes de percusión en la banda sonora de su largometraje La última tentación de Cristo. Después vendrían más aportaciones al cine y, sobre todo, la confianza ganada entre los músicos occidentales como maestro de las percusiones con esos ritmos tradicionales que nacieron para ambientar ceremonias de boda y actos sociales africanos. Con calor y color, el sabar iba a conquistar el mundo.

El siguiente artista europeo en apostar por la destreza rítmica de Doudou N’Diaye Rose fue el compositor francés de músicas celtas Alan Stivell. Después llegarían sus trabajos con artistas de la talla de Dizzy Gillespie, Miles Davis, The Rolling Stones y Peter Gabriel. Con este último, además, produjo uno de los álbumes más influyentes de las percusiones africanas, Djabote (1994), que en otro signo de compromiso con su pueblo senegalés fue registrado en vivo en Gorée, la pequeña isla situada en la bahía de Dakar desde donde se realizó gran parte del infame tráfico de esclavos negros hacia Europa y América.

Ya en 1988 se había producido su primera presentación en Estados Unidos con un concierto celebrado en el teatro Beacon de Nueva York junto a treinta percusionistas, un recital que generó comentarios entusiastas en The New York Times. “Incluso sin contemplar la puesta en escena”, escribió entonces el crítico norteamericano Jon Pareles, “la riqueza de estos ritmos africanos llevaría hasta el límite a cualquier percusionista occidental”.

Doudou NDiaye Rose 5

La desaparición de Doudou N’Diaye Rose provocó sentidas manifestaciones de duelo entre los ciudadanos senegaleses, también en las autoridades africanas que en 2006 impulsaron su reconocimiento como tesoro vivo de la humanidad por parte de la Unesco. Aunque quizá haya sido un músico joven el que mejor ha puesto en valor al gran maestro del sabar para las nuevas generaciones. Apenas conocer su fallecimiento (que, por cierto, coincidió con la desaparición de otro genio de la percusión senegalesa, Vieux Sing Faye, músico de la todopoderosa Super Êtoile liderada por Youssou N’Dour), el rapero Didier Awadi afirmó que “Doudou N’Diaye Rose conocía el lenguaje de nuestros tambores porque para muchos africanos los instrumentos de percusión fueron los primeros teléfonos móviles para comunicar noticias importantes entre pueblos”. “Y él fue capaz de convertir los sonidos de un centenar de tambores en una sinfonía delicada”, incidió el fundador de Positive Black Soul, que en 2010 se apoyó en el ritmo veterano de Doudou N’Diaye Rose para abrir con Dans mon revê su proyecto Presidents of Africa en uno de los videoclips mejor facturados en lo que va de siglo XXI en las músicas de toda África.

Publicado en El Confidencial en septiembre de 2015

Canciones de amor y lucha para el futuro del mundo árabe

23 Sep

Souad Massi 1

SOUAD MASSI

por Carlos Fuentes

Canción militante con voz de terciopelo. La intérprete y compositora argelina Souad Massi regresa a los anaqueles con un quinto disco de estudio edificado en torno a la arraigada tradición poética del mundo árabe. En este nuevo álbum El Mutakallimun, la cantante magrebí ofrece argumentos para la vida y la lucha, el amor y el optimismo, frente a las convulsiones que padece el mundo árabe debido, en gran parte, a conflictos sociales nunca resueltos, una desigualdad que parece una plaga bíblica y, en esencia, para recordar las raíces nutritivas de la cultura musulmana ante las tentaciones del fanatismo político-religioso.

No es una voz cualquiera la de Souad Massi. Muchas veces comparada con las de colegas occidentales como Joan Baez, Tracy Chapman o incluso Patti Smith, esta joven cantante nacida en 1972 se ha revelado en la última década como uno de los altavoces más potentes, sentidos y respetados por las nuevas generaciones de hombres y mujeres de los países de la cornisa mediterránea de África, sobre todo ellas, en el convulso mundo árabe contemporáneo. “Creo en la gente de nuestros pueblos que pelea por su libertad y con mis canciones intento transmitir esperanza en la lucha por nuestro futuro mejor”, indica Souad Massi sobre el motivo central de esta nueva producción discográfica, cuyo título se traduce como “maestros de la palabra” en clara intención de dotar a clásicos poemas musicados la voluntad de ser arma política frente al fanatismo. “Por supuesto que mi intención es política”, afirmó la cantante en entrevista con el diario británico The Guardian para presentar El Mutakallimun. “Siempre he soñado con una democracia real en el mundo árabe, también en los países de África, pero cierta gente, ciertos poderes, no quieren una vida en libertad”.

Souad Massi 2

El acercamiento de Souad Massi a la vasta tradición poética árabe no es fruto de nueva cosecha, ni tampoco producto de la desesperación o el oportunismo. Criada en Argel en una familia que incluye también un escritor y una bailarina, Souad Massi estudió los orígenes de la música árabe-andaluza antes de subir a un escenario apenas adolescente. Con 17 años ya cantaba a la manera de las cantautoras tradicionales, guitarra en mano y sin más apoyo instrumental. A la vez, por aquello de no cerrar puertas a las músicas que trajo el mar, también practicaba el flamenco en un conjunto aficionado llamado Las Trianas de Argel. Todo con una pátina amateur que, poco a poco, fue dando paso a la vocación de vivir profesionalmente de la canción. Y el primer fruto fue Atakor, el conjunto con el que Souad Massi se dio a conocer en numerosas provincias de Argelia con las campañas de nacionalismo cultural impulsadas tras la batalla de Argel.

Soaud Massi 4

Pronto vino el salto continental. En el invierno de 1999 Souad Massi aterrizó en Francia buscando una oportunidad en la vibrante escena franco-argelina de los barrios de París. Con Cabaret Sauvage, acompañada de otras voces árabes de mujer, Souad Massi comenzó a llamar la atención con su ágil mezcla de formas amables y verbo combativo. Comenzaron a caer los muros de la indiferencia y la audiencia occidental, que por aquellas mismas fechas disfrutaba del atlético rai de Khaled y de la canción añeja de la septuagenaria Cheikha Rimitti, hizo un hueco en sus corazones para la joven argelina. Estuvo ágil la disquera Island, que firmó a Souad Massi para su sello Mercury y, ya en 2001, publicó un primer disco realizado con Bob Coke, reconocido por sus trabajos para Ben Harper. La alianza surtió efecto. A la voz trémula de Souad Massi, entre la música folk y el rock, se unieron los sonidos envolventes de la instrumentación tradicional: laúd árabe, el bajo acústico llamado gumbri y la percusión metálica de la karkabous. Y así quedaron definidas las líneas estructurales del sonido de Souad Massi.

Con una carrera que se fue afianzando con pasos firmes, la cantante argelina también amplió perspectiva con sus asociaciones con bandas como Orchestra National de Barbès o el cantante Idir, con quien compartió una gira apenas un año después de haber llegado a París. Ahora, después de dos años de trabajo entre traducciones y adaptaciones de poemas, así como sesiones de estudio, Souad Massi reivindica los mensajes de poetas de la época preislámica como Zouhair Ibn Abi Salma o Ahmed Matar, autor iraquí exiliado en Londres que ha aportado dos piezas de hondo significado político como The visit y Freedom. Del poeta tunecino Abou El Kacem Chebbi, autor de las estrofas centrales del himno nacional, fulge la contundente A message to the tyrants o The world, que los jóvenes tunecinos cantaban en las calles para protestar contra el dictador Ben Ali durante la única primavera árabe que trajo cierta democracia a un país africano. “Ese poema tiene un verso que dice “Ten cuidado de que la primavera no te embauque”, y lo elegí porque me pareció una premonición de lo que iba a ocurrir”, indica Souad Massi sobre una de las piezas clave de El Mutakallimun.

Souad Massi 3

Con este nuevo disco, el primero en cinco años después de Raoui (2001), Deb (2003), Mesk Elil (2005) y Ô Houria (2010), la cantante hace valer sus raíces familiares bereberes que permitieron desde muy pronto una conciencia propia para la defensa de los lugares de encuentro entre culturas, en aras del respeto y la comprensión mutuas frente a las tentaciones del enfrentamiento fanático. Por eso Souad Massi cuestiona con vigor tanto el fundamentalismo religioso como la asociación viciada de vincular la fe musulmana con la violencia social. Y no está por la labor de callarse para pasar desapercibida ante la adversidad: “Quedarse en silencio significaría que los terroristas han triunfado y que todos los intelectuales del mundo árabe que han muerto asesinados murieron para nada”, afirma la cantante argelina, que se define como “una mujer feliz, pero melancólica”, porque “no puedo ignorar todo lo qué está pasando en el mundo”.

Publicado en el diario El Confidencial en julio de 2015