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Les Ambassadeurs de Bamako: aquí (en África) empezó todo

10 Abr

Les Ambassadeurs du Motel de Bamako

por Carlos Fuentes
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Pocas veces un regreso ha estado a la altura de la leyenda. En los años 70 reinaron en los guateques de África con un sonido ardiente pespuntado de soul, rock y jazz, también de valse musette, tango y aromas latinos. Se extinguieron en 1985 entre el éxodo europeo y la desidia africana. Salif Keita, Amadou Bagayoko y Cheick Tidiane Seck traen de vuelta a Les Ambassadeurs du Motel de Bamako.

La línea ferroviaria que comunica Bamako (Malí) y la capital de Senegal, Dakar, se estira 1.287 kilómetros sobre la tierra dura del Sahel. La cicatriz que separa el gran Sahara de la enorme sabana africana. Creado a finales del siglo XIX por las autoridades coloniales francesas para llevar cosechas y minerales, el tren se convirtió pronto en vehículo de cohesión para malíes y senegaleses. Y las estaciones finales, puntos de encuentro con las culturas de ambos países. En este escenario febril surgieron en 1970 dos conjuntos musicales dedicados a amenizar las horas de espera en la estación ferroviaria y el hotel de Bamako, y que iban a sentar las bases de las músicas nutritivas del oeste africano: la Rail Band y Les Ambassadeurs. Proyectos comunicantes (pero distintos: la Rail Band más clásica, Les Ambassadeurs más cosmopolita y chic), con músicos que cambiaban a veces de bando, estos grupos integran una seminal lista de artistas africanos de ámbito supranacional junto a la guineana Bembeya Jazz, la congoleña OK Jazz de Franco o la Orchestra Poly-Rythmo de Cotonou.

En tres lustros de vida, en plena efervescencia por la independencia nacional lograda en 1960, Les Ambassadeurs encarnó los anhelos de panafricanismo, negritud y socialismo. Y pergeñó la banda sonora para toda una generación de africanos que, por vez primera en siglos, se sentía libre del cepo colonial. Eran años de música social, con debido respeto a la tradición ancestral de los griots, en los que una orquesta solo era orquesta si combinaba con descaro ritmos y bailes: soul, rock y jazz, pero también vals, mambo, tango y pachanga. Porque cada noche, el salón del motel de Bamako fulgía como el crisol que África quiso ser. Ahora, casi tres décadas después de su desaparición, Les Ambassadeurs vuelve a los escenarios con su trilogía de comandantes al frente: la voz líquida del albino Salif Keita, la guitarra sinuosa de Amadou Bagayoko y el teclista y arreglista Cheick Tidiane Seck. El 25 de julio abre gira mundial en La Mar de Músicas (Cartagena). Con una música que, según Toumani Diabaté, el imperial griot malí de la kora, “es nuestro algodón, nuestro oro, nuestros diamantes”.

Salif Keita Les Ambassadeurs

¿Por qué regresa Les Ambassadeurs y por qué ahora? (Salif Keita): “Por nostalgia, sin duda. Estoy en un punto de inflexión en mi carrera y quiero revivir esos grandes momentos”. (Amadou Bagayoko): “Teníamos ganas de revivir ese pasado, redescubrir la música que hicimos juntos”. (Cheick Tidiane Seck): “Estábamos unidos por fuertes vínculos, éramos una familia musical y social. Y ahora queremos sentir otra vez la unión sagrada que nos convirtió en orquesta legendaria. Hoy el mundo necesita aún más alegría y un mensaje de paz”.

¿Y qué puede ofrecer un grupo como Les Ambassadeurs después de 30 años? ¿Cómo será uno de sus conciertos? (Seck): “Revisitaremos nuestro añejo repertorio. El instinto de juventud nos obliga y, lo dijo Amadou Hampâté, “el viejo es el que posee el conocimiento”. Preferimos ser jóvenes de sesenta porque, digamos, somos viejos de diecisiete que dominan su trabajo”. (Keita): “Queremos sumergirnos en la nostalgia de aquellos momentos mágicos que vivimos en el motel de Bamako, aunque allí no hacíamos conciertos sino unas sesiones de baile nocturno. Guardo muy buenos recuerdos de aquellos viejos tiempos”. (Bagayoko): “Nuestros nuevos conciertos se van a parecer a los que dábamos en aquella época, porque la gente quiere volver a escuchar esas canciones”. (Seck): “Nuestra sinceridad musical es nuestra única arma real”.

Les Ambassadeurs de Bamako

Nostalgia genuina para tiempos de crisis. Pero mucho ha cambiado la escena musical en África desde 1970, cuando Les Ambassadeurs se convirtió en grupo de referencia para gran parte de la juventud negra en África occidental. Ahora los músicos del continente poseen estimable cuota de mercado (world music la llaman), algunos incluso atesoran cierto éxito mundial (Miriam Makeba, Cesária Évora,  Youssou N´Dour, Ali Farka Touré, Khaled) y no dejan de surgir relevos de enjundia (Femi Kuti, Bassekou Kouyaté, Konono Nº1). Pero nada como Salif Keita y su vida entre dos mundos: ya estrella en la Rail Band y luego en Les Ambassadeurs (su marcha en 1973, junto al guitarrista Kanté Manfila, provocó un cisma histórico y marcó un hito en el reclamo por los derechos del músico en África: “como si Mick Jagger se hubiera ido a The Beatles en 1964”, asegura Andy Morgan), la voz de Malí dio el salto europeo año antes de la desaparición de Les Ambassadeurs. Desde 1984 el autor de discos seminales como Soro y Moffou conoce los claroscuros del negocio musical. Y habla por experiencia.

¿Qué ha cambiado de la música africana en este tiempo? (Keita): “Hoy la música es demasiado eléctrica por las aportaciones de los DJ´s. Cada vez es más techno. Las nuevas tecnologías traen muchas cosas interesantes, pero no debemos perder de vista la esencia de las músicas”. (Seck): “En la música africana, como en la universal, la aparición de nuevas máquinas ha cambiado el concepto de la producción. Parece como si hubiera acabado la necesidad de dominar un instrumento. Y han aparecido productores y discográficas que no saben ni qué es una clave de sol. Hubo un tiempo en el que para grabar había que hacerlo todos juntos, sin equivocarse, porque no existían multipistas. Había que conocer el instrumento y saber tocarlo en beneficio de todos”. (Bagayoko): “Mucho cambió. Hubo mucha mezcla entre música la africana y la occidental”.

Mirando atrás, ¿qué aportó África a la escena cultural actual? (Bagayoko): “Las músicas africanas trajeron cierto sentido de la rítmica, melodías originales y, por supuesto, la aportación de nuestros instrumentos musicales tradicionales”. (Keita): “La música africana ha aportado su contenido y sonoridad, y ha permitido inspirarse a músicos de otros ámbitos para realizar algunas mezclas extraordinarias”. (Seck): “Las músicas africanas han restituido las bases fundamentales de la cultura contemporánea e incluso más”.

Ambassadeurs

El regreso europeo de Les Ambassadeurs conecta, además, con una lectura en clave africana. Y no sólo desde el prisma cultural. Amparadas, y algunas veces creadas desde los gobiernos de turno, estas orquestas tuvieron un rol social y político en la creación de conciencia de país en las sociedades africanas de la última mitad del siglo pasado. En 1960, el año del África libre, el continente era un conglomerado de colonias separadas con escuadra y cartabón. En 2014 su población es cinco veces mayor, los jóvenes piden el relevo en las calles y, ay, el hambre y la violencia duran ya tanto que parecen plagas bíblicas. Pero no siempre fue así: en los años setenta la ilusión contagiaba todo. Y en el oeste de África, los clubes de Bamako, Dakar o Abiyán bailaban con Les Ambassadeurs y compañía mientras Malick Sidibé captaba unos retratos que son leyenda de época. Imagínese usted cómo estaba el patio que en 1974 se tuvo que disputar en Bamako una batalla de orquestas para, voto popular, elegir la mejor. Ganó, por cierto, Les Ambassadeurs con una pieza, Kibaru, de veintiún minutos.

¿Cómo ayudó la música africana a crear conciencia de África después de la independencia? (Seck): “Como fenómeno sociocultural ha acompañado siempre toda la evolución de la sociedad africana. En momentos de dolor o de alegría, la música ha sido elemento omnipresente en las vidas de los africanos. Y es una suerte de espejo de nuestra sociedad tras siglos de esclavitud y de colonización”. (Keita): “Ha logrado dar a conocer el continente, su gente y sus culturas”. (Bagayoko): “Entonces la música tuvo gran papel. Hubo auge de músicas africanas que apoyaron al pueblo ante la nueva situación política”.

¿Y aquellos sueños de África se hicieron realidad? (Keita): “Sí, porque los países han conocido la democracia. Sin embargo, no todo es perfecto. El lado negativo es que la democracia no ha sido bien entendida, no está realmente al servicio de la población, de los ciudadanos”. (Seck): “África está progresando, pero sus sueños mueren. La dependencia y la corrupción ligada a la pobreza son los problemas principales. Y hay que decir que las grandes potencias no nos ponen las cosas fáciles. Tengo la esperanza de que África deje atrás todo esto”. (Bagayoko): “Algunos sueños se hicieron realidad, pero otros jamás”.

¿Y los sueños de sus músicos? Porque si un artista africano no graba con una disquera occidental parece que no existe… (Keita): “Es triste, pero esto es lo que se constata tristemente. Y ahora la música está en peligro por la piratería y las descargas ilegales”. (Seck): “Hay muchos artistas africanos que han sido reconocidos por el trabajo hecho en África como Fela Kuti o Youssou N´Dour, sólo por mencionar algunos. Y a pesar de la masiva inmigración de artistas africanos al extranjero, tenemos derecho a hacernos valer. Luchamos para tener más visibilidad y más reconocimiento. Mi visión del mundo de la música es que no debe estar bajo el control del poder, se debe abrir a una verdadera mezcla de culturas, fuera del control del sistema”. (Bagayoko): “Es cierto que puedes ser reconocido trabajando solo en África, pero es innegable que si eres reconocido fuera se te abre un público mayor. Porque el futuro de la música pasará por las nuevas experiencias entre los países del norte y el sur. El futuro de la música está en su lado universal que permite esos encuentros”.

Guía (mínima) por el guateque de África

Les Ambassadeurs du Motel de BamakoNo es sencillo trazar la hoja de ruta de la discografía africana de los efervescentes años 60 y 70. Tiempos marcados por la independencia en lo político y por una amplitud de estilos y ritmos ejecutados por mil orquestas en lo sociocultural. Pero también por las limitaciones de la incipiente industria musical en el continente. No es fácil seguir la pista de Les Ambassadeurs du Motel de Bamako, el nombre oficial que tomó un proyecto auspiciado por el Ministerio del Interior y el militar golpista Tiékoro Bagayoko para rivalizar con la Rail Band du Buffet Hotel de la Gare de Bamako promovida por el Ministerio de Transporte. Aunque la alineación de los embajadores era imbatible: el saxo de Moussa “Vieux” Cissoko, las voces de Salif Keita y Ousmane Dia, las guitarras de Kanté Manfila y Amadou Bagayoko, también el griot guineano Mory Kanté (ausente ahora por enfermedad) y el teclista y arreglista Cheick Tidiane Seck.

De 1975, bajo la dirección de Kanté Manfila, es el sencillo Ambassadeur/Mana Mana (Sonafric). En esta disquera saldría un primer álbum en 1976, titulado como el grupo, y al año siguiente, dos discos sin título que gozarían de gran popularidad. En 1978 el sello Amons editó la epopeya mandinga Mandjou a una banda ya convertida en Ambassadeur International y afincada en Costa de Marfil. A principios de los años 80, la orquesta encadenó cinco discos notables (luego reeditados) como Seydou Bathily, Bithiéloulé, Mani Mani, Tounkan o Djougouya. En 2010 Universal editó Mandjou y Toukan en sendos discos dobles. ¿Habrá nuevo álbum? Cheick Tidiane Seck lanza el reto (“sería un broche de oro para esta gira, se debería hacer”), Salif Keita deja una puerta abierta (“vamos a ver, Dios dispondrá”) y Toumani Diabaté, que vio triunfar a Les Ambassadeurs, aplaude la vuelta inesperada: “No solo fueron embajadores verdaderos, lograron que el talento musical malí del siglo XX conquistara el mundo. Les Ambassadeurs son un símbolo de Malí como potencia cultural”.

Publicado en la revista Rockdelux en julio de 2014

 

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La alegre música africana de los ciegos de Malí

18 Dic

Amadou & Mariam

AMADOU & MARIAM

por Carlos Fuentes

Se equivocó quien pensó que apenas eran otra anécdota simpática llegada de África. Quince años y siete discos grandes después, los malíes Amadou Bagayoko y Mariam Doumbia han logrado trasladar su afro-pop ardiente y pegajoso a sitios nuevos en la música actual. El cuento feliz de la pareja de ciegos de Bamako reivindica audacia y superación ante la tristeza contagiosa de estos días de cólera.

Esta es la historia de una lucha cotidiana, el cuento optimista de una pareja de invidentes africanos que, lejos de caer en el derrotismo, hizo de la necesidad virtud para defender su carrera artística en una de las minas sonoras del oeste de África. El guitarrista Amadou Bagayoko y la cantante Mariam Doumbia ya habían publicado cuatro discos entre 1999 y 2003, pero fue la aparición de un socio europeo el factor que terminó por diseñar ese sonido ardiente y pegajoso que caracteriza el afro-pop de la pareja de ciegos más famosa de Malí. Con la llegada de Manu Chao a Bamako, provocada por la escucha accidental de una canción del dúo mientras viajaba en taxi por las calles de París, la música de Amadou & Mariam dio un salto en calidad y proyección internacional en el disco Dimanche à Bamako (2004). Paso adelante en profundidad de campo, con el sonido pespuntado con retazos de música global que caracteriza al superhéroe que una vez fue capitán de Mano Negra. Y el resto, valga el tópico, es historia. Pero una historia de las buenas, de esas que conviene leer en días de cólera para, por si aún quedan dudas, entender que el mundo no acaba hoy. Y que es mejor seguir camino a estar bloqueado en la melancolía de la derrota pasajera.

amadou et mariam

Amadou Bagayoko, que antes de conocer a Mariam Doumbia, ya participaba en los recitales que el seminal grupo Les Ambassadeurs ofrecía cada noche en el hotel de la estación de trenes de Bamako, luce contento y satisfecho. Ahora se cumplen treinta años de su unión, sentimental y artística, con Mariam tras conocerse en un colegio para ciegos. Él, que pronto cumplirá 58 años, perdió la visión a los dieciséis. Mariam, cuatro años más joven, sufrió una enfermedad a los cinco. En 1982 comenzaron a cantar juntos en la orquesta Eclipse dirigida por Idrissa Soumaouro. “Nuestra música ha evolucionado mucho estos años porque cada vez que grabamos hemos intentado añadir novedades a nuestras canciones”, cuenta por teléfono el guitarrista. “Ahora somos más universales porque hemos adoptado aspectos de la música electrónica, pero también del jazz y del blues. Esta voluntad también se puede ver en la diversidad de instrumentos que utilizamos, a balafón y kora tradicionales añadimos otros contemporáneos. Y eso ha permitido evolucionar a nuestra música hacia mayor universalidad”. ¿Y esta mayor proyección internacional ha cambiado también a las personas? “No, no creo”, responde, “seguimos siendo los mismos Amadou y Mariam, aunque quizás sí se han modificado algunas de nuestras preocupaciones. Tener éxito y ser conocidos a nivel mundial nos ha permitido implicarnos más en otros aspectos humanitarios. En ese sentido sí que hemos cambiado, pero quizá desde fuera no se vea. Nunca esperas éxito tan grande que permita que tus canciones sean conocidas por tanta gente a nivel mundial. A veces habíamos pensado en ser conocidos en nuestro ámbito, pero no en todo el planeta”.

amadou bagayokoDebe ser así. De hecho, su nuevo disco, Folila (Because Music, 2012), ofrece una invitación al baile. “En el idioma bambara, la palabra folila significa “vengan todos juntos a hacer música” y lo hemos titulado así porque en el disco hemos invitado a algunos amigos”, explica Amadou Bagayoko. “Las canciones fueron grabadas en tres lugares diferentes, en Estados Unidos, en África y en Europa, porque quisimos dar una dimensión universal a los nuevos temas. Planteamos este disco como encuentro de músicos de diferentes estilos, del rock al blues y los ritmos tradicionales”. Sin embargo, el álbum final es el producto de cambios sobre la marcha. Porque el plan original era grabar Folila en un formato doble: registrar las canciones con arreglos, digamos, tradicionales y también añadir un segundo disco con las mismas piezas pasadas por un tamiz más global. ¿Que haya quedado todo en un solo disco supone cierto fracaso? “No lo creo”, rebate Amadou Bagayoko. “Es cierto que al principio planteamos grabar dos álbumes diferentes, pero durante la grabación íbamos cayendo en la cuenta de que todo lo que hacíamos tenía un punto de conexión. Y finalmente decidimos combinar todo lo logrado en esas sesiones para publicar la música en un único disco”. En Folila participan artistas occidentales como el francés Bertrand Cantat (Noir Désir), Santigold, TV On The Radio y Jake Shears (Scissors Sisters). “Muchas de las colaboraciones suelen surgir a partir de encuentros en festivales en los que coincidimos con otros artistas. Y suele ser gente con la que hemos tenido la oportunidad de tocar en un escenario. En el caso de Bertrand Cantat, él nos fue a ver actuar y así surgió la idea de una futura colaboración. Con TV On The Radio nos encontramos en Nueva York. Así surgen colaboraciones con las que buscamos una diversidad basada en la diferencia. Buscamos artistas capaces de aportar otros colores, otras formas de hacer música y otras voces a nuestras canciones. Y todo ese proceso nos enriquece como músicos y como personas”.

mariam doumbia¿Y el hecho de que sean ciegos juega algún papel en la proyección lograda en los últimos tiempos? Porque, con el debido respeto, hay quienes dicen que la repercusión internacional de Amadou & Mariam tiene que ver con cierta caridad mal entendida con África. Amadou Bagayoko no esquiva la pregunta. Es más, parece que la esperaba. “Creo que nuestro éxito tiene mucho que ver con el valor, con el hecho de que seamos dos personas ciegas y que no nos hayamos quedado quietas en nuestro mundo. Eso ha sido muy apreciado por el público. Y nuestro éxito depende mucho de nuestro valor y de nuestra determinación, es lo que la gente ha valorado mucho”. No es habitual esta visión de África, donde parece que solo hay novedades cuando llegan malas noticias. Porque África, por desgracia, se sigue asociando a pobreza, guerra y discriminación. Y quizá la música de Amadou & Mariam permita que el mundo occidental abra los ojos. “Estoy absolutamente de acuerdo con este análisis que haces de África. Y por eso nuestra lucha es hacer ver otras caras de África. Porque es cierto que hay problemas graves en África, pero también hay otras muchas cosas… la alegría, la cultura y una gran solidaridad entre las personas. Nuestro combate es hacer ver al resto del mundo esas otras partes positivas de nuestro continente, otros aspectos que por desgracia no son tan conocidos como las malas noticias”.

Sin embargo, la actualidad última de Malí no augura buenos tiempos. En el norte del país la rebelión tuareg ha sido vampirizada por grupos de islamistas radicales, se ha comenzado a aplicar la ley islámica sharía, se tienen noticias de primeras lapidaciones y, a lo peor, el horizonte de una guerra civil abierta amenaza con acabar con el desarrollo sostenido que Malí había experimentado en la última década. Cuesta no preguntarse qué opinaría Ali Farka Touré de los combates fanáticos en su región natal. “Todo lo que está ocurriendo en el norte de mi país es algo muy lamentable para todos los malíes”, reconoce Amadou Bagayoko. “No es para nada una situación ventajosa para ninguno de nuestros compatriotas y ya es necesario encontrar una solución definitiva a ese conflicto. Pero los músicos solo podemos ofrecer las canciones como zona de encuentro. Nuestra música siempre se concibió como un lugar de encuentro entre culturas diferentes, incluso dentro de nuestro país. La música como un lugar de disfrute común de la alegría. Siempre hemos cantado para que la gente se pueda dar la mano, y seguiremos en este empeño aunque ahora no corran buenos tiempos”.

amadou bagayoko & mariam doumbia

Entretanto, la vida continúa. Amadou & Mariam siguen en una gira internacional mientras su nuevo álbum no deja de cosechar parabienes. Rolling Stone ya lo ha destacado como uno de los mejores discos de la primera mitad del año. E incluso su hijo Sam Bagayoko ha afianzado el trío SMOD, también con ayuda de Manu Chao. Después de esta década espléndida, ¿queda algo por lograr, algún sueño por cumplir? “En la vida hay que ser ambicioso y tener ganas de ir siempre más allá, pero creo que nosotros ya hemos llegado más lejos de lo que nunca habíamos soñado”, explica Amadou Bagayoko. “Ahora disfrutamos una situación que supera con creces cualquiera de nuestros sueños, pero seguimos apegados a nuestra realidad. Aunque tengamos más éxito, lo compartimos con nuestra gente, con nuestras familias, amigos, hermanos… con toda esa gente que nos quiere. El éxito de nuestras canciones no nos ha alejado de nuestra realidad social ni de nuestros orígenes. Nunca hemos pensado de una manera distinta porque ahora nuestra música tenga tanto éxito en todo el planeta”.

La estación que era una fiesta

les ambassadeursCon siete discos publicados desde la presentación con Je Pense à Toi (1998), la proyección de Amadou & Mariam ha desbordado fronteras. Pero antes del éxito, el guitarrista ya había probado las mieles de la fama nacional. Entre 1974 y 1980, Amadou Bagayoko integró Les Ambassadeurs, uno de los grupos pioneros de la música malí. Creado en 1971 como zona de encuentro entre sonidos tradicionales, jazz y ritmos latinos, el conjunto titular del hotel de la estación ferroviaria de Bamako dio un salto de calidad con la incorporación, en 1973, del cantante albino de la voz de oro, Salif Keita. “Les Ambassadeurs fue, sobre todo, una escuela para los músicos de Malí”, recuerda Amadou. “En aquella época empecé a aprender a tocar cualquier tipo de música. Mis años en Les Ambassadeurs fueron una gran escuela cultural donde aprendí las músicas de África, pero también otros sonidos como el blues, el jazz o el rock”. Intérpretes como Idrissa Soumaouro, Kanté Manfila o Sory Bamba afianzaron la reputación de Les Ambassadeurs, que compartía trono con otras bandas influyentes como Super Rail y Orchestra Badema, esta última liderada por la voz trémula de Kasse Mady Diabaté, ahora en AfroCubism. “Fue una época de mucha alegría, y también de aprendizaje”.

Publicado en la revista Rockdelux en octubre de 2012