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Terrazas musicales frente a la bahía de Praia (Cabo Verde)

4 Dic

Quintal da Música (Praia)

por Carlos Fuentes

La capital de la isla más africana de las diez que forman el archipiélago de Cabo Verde, la añeja ciudad de Praia, es la puerta de entrada a uno de los países más jóvenes del continente. Es su centro administrativo y su corazón comercial, pero también su interesante polo cultural donde las músicas y los bailes caboverdianos animan cada noche restaurantes, cafeterías y terrazas repartidos entre las calles peatonales y las plazas más populares de Praia.

Con algo más de cien mil vecinos residentes, una quinta parte del medio millón de personas que habitan Cabo Verde, Praia cambia cada noche de piel. Del agitado trasiego comercial del día, el casco histórico de la ciudad está situado en el barrio de Plateau y ofrece una notable oferta de locales de ocio en los que locales y visitantes disfrutan de cenas con gastronomía típica caboverdiana. Al caer cada noche, en un ramillete de escenarios, es posible conocer canciones como la morna, suerte de melancólico bolero africano con el que Cesaria Évora situó a estas islas volcánicas en el centro del mapa mundi de los ritmos étnicos.

Quintal da Música 1

El viaje por las músicas de Cabo Verde puede comenzar en la tranquila plaza de Alexandre de Alburquerque, dedicada al gobernador de las islas a finales del siglo XIX, y en la cercana terraza Morabeza, término que en idioma criollo significa hospitalidad. A través de la calle 5 de Julio, arteria peatonal de Praia, abundan locales con música en vivo. En la terraza-restaurante Avis, además de degustar un plato de cachupa, un cocido elaborado con carne de vaca o cerdo (cachupa rica) o con pescado como chicharros (cachupa pobre), todo servido con verduras y papas guisadas, se puede disfrutar casi cada noche de una actuación musical diferente. Muy cerca de Morabeza se encuentra Harmonía, tienda de discos de referencia en Praia con grabaciones de mitos de la música caboverdiana como Cesaria Évora, Ildo Lobo y Simentera, el conjunto del ministro de Cultura, Mário Lúcio, o de nuevas voces como las de Mayra Andrade y la joven Élida Almeida, vecina de esta isla de Santiago.

Frutería calle Praia

De aspecto descuidado y ambiente auténtico, el pequeño Bar José da Rosa pervive en Praia como testimonio de las antiguas tabernas vinculadas al alma marinera de la ciudad de Praia. Conviene probar aquí el poderoso vino de Fogo, un blanco de alta gradación, y los más valientes pueden intentarlo con un vaso de grogue, el aguardiente elaborado con caña de azúcar y ron que Herman Melville ya citaba en su novela Moby Dick por sus vínculos con la errante vida del marinero y sus viajes transatlánticos. También hay refrescos y la cerveza local, la apreciable Strela Kriola. Algo más moderada es la oferta de licores en Praia Kapital, uno de los locales de moda del barrio de Plateau junto a su vecino Bistro 90, que ofrece una animada terraza a pie de calle donde cada fin de semana se citan los caboverdianos con sus trajes elegantes.

Sin salir del barrio de Plateau, en la avenida Amílcar Cabral, héroe y mártir de la independencia de Cabo Verde obtenida en 1975, la ruta musical de Praia continúa en Art Kafé, un oasis de tranquilidad entre el ruido cotidiano. Situado junto al Palacio de Cultura Ildo Lobo, este local es un clásico para disfrutar de un almuerzo a mediodía, un café de Fogo o un té a media tarde, una actuación musical vespertina en su recoleto auditorio y, ya de noche, un rato de copas y baile junto a los más jóvenes de Praia. La fiesta puede continuar en la terraza Buteku, también con música en vivo, o en el que es el verdadero templo de la música en directo en la capital de Cabo Verde.

Enclavado al final de la avenida Amílcar Cabral, Quintal da Música es una referencia imprescindible de la noche musical en Praia. En su escenario cantó Cesária Évora, pero la lista de artistas invitados es amplia: Ildo Lobo, Nancy Vieira, Mayra Andrade, Lura, Neuza o Nhá Reinalda interpretaron aquí sus mornas, funanás y coladeiras. De todos ellos hay un retrato colgado en las paredes, seña de identidad de la sala junto a las estampas tradicionales africanas que decoran su fachada principal.

Nhó Nani

Fuera del circuito principal de Plateau, una visita a los bares musicales de Praia no está completa sin un pequeño viaje urbano hasta el vecindario Tira Chapéu, en la salida sur de la capital que conecta con la antigua Cidade Velha. El barrio humilde es ahora un punto de referencia en las noches, especialmente durante los fines de semana, gracias a la labor desarrollada por el empresario y músico Nhô Nani al frente de la sala Fogo d’Africa. Aquí se sirven cenas y copas, pero lo más interesante ocurre cuando el propietario se anima con el violín para dar testimonio de su conocimiento de los ritmos tradicionales de Cabo Verde. Este local, remodelado recientemente para dar acomodo, cenas y copas al creciente número de asistentes, es uno de los lugares más auténticos de toda la música caboverdiana y, por extensión, de otros ritmos africanos populares llegados del interior del continente y originarios de países lusófonos como Angola, Guinea Bissau o Mozambique.

Publicado en la revista NT en septiembre de 2015

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Nuakchot, la ciudad que nació en el desierto del Sáhara

9 Ene

Nuakchot

por Carlos Fuentes

Es una de las capitales más jóvenes de África y un buen ejemplo de trabajo y superación frente a adversidades de la naturaleza en la República Islámica de Mauritania. Con un millón de habitantes, la ciudad de Nuakchot se ofrece como una puerta de entrada renovada a una región que busca el desarrollo social y económico en la frontera occidental entre el Magreb y el África subsahariana.

Aunque ocupa unas tierras que tienen siglos de historia, la ciudad de Nuakchot es una de las capitales más jóvenes de África. Su creación fue una de las primeras decisiones que adoptó la nueva República Islámica, surgida a finales de 1958 pero que hasta dos años después no obtendría el pleno reconocimiento de independencia por parte de Francia, su antigua potencia colonial. La construcción de Nuakchot se decidió a partir de la existencia en el lugar de un pequeño emplazamiento militar francés. El nombre de la ciudad proviene del término bereber Nawākšūṭ, que según diversas transcripciones puede significar “lugar de vientos”, “playa-bahía” o “lugar donde aparece el agua cuando se cava un pozo”. Fue a partir del periodo de dominio francés, y Nuakchot entonces apenas contaba con un escaso destacamento compuesto por quince soldados, cuando el medio millar de habitantes inició un crecimiento sostenido que ya no se detendría hasta el casi millón de personas que ahora residen en la capital administrativa de la República Islámica de Mauritania.

mezquita Nuakchot

Con la aprobación de las autoridades francesas e impulsada por las incipientes fuerzas nacionalistas de Mauritania, la construcción de la ciudad de Nuakchot se concebió sobre un mapa diseñado en las postrimerías de 1959 por el arquitecto francés André Leconte. Su propuesta principal consistió en diseñar y programar la construcción de dos nuevos núcleos poblacionales que hicieran crecer la ciudad africana. Un barrio surgió alrededor de la pequeña fortaleza de piedra superviviente de la época colonial, lo que a la postre se convirtió en el denominado barrio europeo; y otro núcleo poblacional se desarrolló junto a la mezquita central de Nuakchot, que ahora es una de las estampas más emblemáticas de la capital mauritana.

Cuando comenzaron las obras, la proyección de población para el futuro apuntaba a ocho mil habitantes en 1980. En los siguientes años, varias etapas de sequía consecutivas arruinaron buena parte de la agricultura y la ganadería en pueblos y ciudades del interior, lo que produjo un éxodo de antiguos campesinos hacia la capital en busca de un puesto de trabajo. En la actualidad, los habitantes de Nuakchot no bajan de ochocientos mil debido al auge económico nacional experimentado en los últimos tiempos por el aumento de la construcción de obra pública, edificios e infraestructuras básicas.

pesca Nuakchot

Situado a escasos cuatro kilómetros de la línea de mar, el centro de Nuakchot rodea las zonas de actividad administrativa y política, ya que una ciudad tan joven como la capital de Mauritania carece de acervo histórico monumental de importancia. Nuakchot es una urbe de casas bajas repartidas en nueve distritos, con pocos edificios de diez o más plantas y numerosos barrios creados por la llegada sobrevenida de nuevos emigrantes interiores. Las zonas de la ciudad más transitadas son las del centro administrativo, que además ofrecen posibilidad de realizar visitas culturales a lugares como el Museo Nacional, donde se expone una colección de objetos de la vida nómada, restos arqueológicos y muestras de las ciudades antiguas de Mauritania. Otra área destacada de la ciudad es el barrio de Tevragh Zeina, zona residencial del norte donde se ubican las sedes de la Presidencia de la República y de la Embajada de Francia. Aquí también están las redacciones de algunos de los periódicos más importantes del país y se encuentra la popular librería El Irvan.

En la sede del Instituto Francés, una de las instituciones más activas en la vida cultural de Nuakchot, exponen artistas nacionales, se organizan conciertos y se proyectan las últimas novedades del cine europeo. Para aprovechar una corta estancia de turismo o negocios en la capital de Mauritania, también es interesante consultar los programas de actos del Centro Cultural Marroquí, con exposiciones de pintura, artesanía y cursos de árabe; del Conservatorio de la Música y de las Artes, donde se imparten cursos de música, danza y también se organizan conciertos; y la Asociación de Artistas y Pintores de Mauritania, que tiene una muestra permanente. Otras salas de arte con exposiciones en Nuakchot son Zeinart Concept, que ofrece arte afro-mauritano, y Galerie Sinaa, con artesanía y joyería.

El escenario de la ciudad de Nuakchot, capital de una república islámica, está dominado por la presencia de las numerosas mezquitas que cada viernes congregan a los fieles de la primera ciudad de Mauritania. El templo más emblemático y de mayores proporciones es la llamada Gran Mezquita o Mezquita Saudí, por el diseño de sus pintorescos minaretes y también por el apoyo financiero que Arabia Saudí prestó a las obras de su construcción. Levantada en 1963 al sur de la avenida que honra al presidente egipcio Abdel Nasser, la denominada Mezquita Marroquí es otra estampa imprescindible del horizonte urbano de la ciudad de Nuakchot, con su único minarete blanco que tratar de emular al de la Kutubía de Marrakech. En la totalidad de los templos religiosos musulmanes de Mauritania, ya que muchos de ellos continúan en uso después de varios decenios, no se permiten visitas.

artesanía Mauritania

De compras sobre calles de arena

Cualquier visita a Nuakchot, ya sea de turismo o por motivos de trabajo (entre noviembre y marzo el clima es suave, con una temperatura media de veinte grados), puede completarse con un tiempo para el paseo y las compras. Cerca de la Mezquita Saudí se encuentra el mercado Capitale, donde es posible encontrar productos artesanos de Mauritania como el tradicional juego de té, abalorios y artículos de joyería, así como prendas confeccionadas en cuero. También es posible encontrar artesanías de los países vecinos como coloridas telas procedentes de Senegal o collares tradicionales de poblaciones nómadas de Mali. Junto a la Embajada de Francia se encuentra un mercado de artesanos donde se pueden adquirir piezas de joyería en plata con diseños típicos de las culturas del desierto, además de cajas y joyeros elaborados en metales finos. En la parte alta de la ciudad, cerca de la avenida de la Embajada de Senegal está abierta al público Zein Art, galería especializada en diseños contemporáneos que expone obras de los jóvenes creadores de Mauritania.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2014

 

Mauritania, la puerta al desierto más antiguo

13 Oct

Hombre de Mauritania

por Carlos Fuentes

Con la tenacidad y el esfuerzo de quien vive junto al mayor desierto del planeta, Mauritania se abre al mundo con una oferta turística que combina una historia ancestral con singulares aventuras en la naturaleza en un territorio que supera el millón de kilómetros cuadrados. Para potenciar los crecientes vínculos sociales y comerciales entre las Islas Canarias y el país norteafricano, Binter Canarias inaugura ahora una conexión aérea directa entre las ciudades de Nuakchot y Las Palmas de Gran Canaria.

La historia de Mauritania es un cuento de superación frente a las dificultades. En el siglo XI ya el Imperio de Ghana había gestionado estas tierras duras que se encuentran situadas en la vertiente atlántica del Sahel, la enorme cicatriz geográfica que delimita el África negra de la gran región del Magreb. Fueron los almorávides los que lograron administrar el territorio y, mediado el siglo XVII, enviados de la tribu yemení Beni Hassan lograron imponer su forma de vida y su lengua, el hassanía. Este dialecto árabe de naturaleza oral principalmente, con notables influencias bereberes, se convirtió en la lengua dominante entre la población mayoritariamente nómada de zonas próximas al desierto del Sáhara. En la actualidad, además de en Mauritania, una población estimada en tres millones de personas habla hassanía en amplias áreas de Marruecos, Sáhara Occidental y Argelia, y en zonas más pequeñas de Malí, Níger y Senegal.

Con el siglo XX llegó el periodo de colonización que marcó el devenir de casi todos los pueblos de África. Y Mauritania, enclavada entre Senegal por el sur y el reino de Marruecos por el norte, se incluyó en la zona de influencia colonial de Francia en el noroeste del continente. Entre 1902 y el 28 de noviembre de 1960, el territorio mauritano fue gestionado por la administración francesa. En 1904 sus habitantes fueron considerados ciudadanos franceses, estado que en 1945 reconoció la zona como territorio de ultramar europeo en África. El cruce al siglo XXI ha sido intenso en la vida política y social de Mauritania a partir de sucesivos cambios de gobierno acontecidos desde las revueltas militares de 2005 y 2008. Desde hace cinco años, el gobierno presidido por Mohamed Ould Abdel Aziz trabaja en la estabilidad del país, el refuerzo de su gestión política y la búsqueda de nuevas vías de desarrollo para Mauritania. Las inversiones en el área de la minería y los recursos naturales, el fomento de las relaciones con sus países vecinos, el auge del turismo y el aprovechamiento de sus relaciones históricas con Canarias son algunos puntos clave del futuro de Mauritania.

Mercado de camellos (Nuakchot)Con una superficie que es el doble que España, Mauritania se abre al mundo desde Nuakchot, una gran ciudad de ámbito eminentemente comercial que es la puerta de acceso a un país trufado de vestigios de cultura antigua y paisajes apenas transitados. Nuakchot es la capital política y comercial, con población estimada en casi un millón de habitantes, aunque no ofrece grandes atractivos turísticos. Se pueden contemplar las dos grandes mezquitas urbanas, siempre agitado punto de reunión a media tarde en este país con régimen de república islámica, así como visitar la gran zona portuaria y ser testigo de su actividad enfocada a la pesca de altura. Son singulares también las visitas al mercado de abastos y, en el plano histórico, al museo de Nuakchot. Porque los grandes atractivos turísticos de Mauritania se encuentran en el interior: cuatro ciudades de la época medieval que ostentan el título de Patrimonio de la Humanidad.

Testimonio del devenir de los siglos, estas antiguas ciudades fortificadas, aquí llamadas ksour, fueron fundadas durante los siglos XI y XII para garantizar la seguridad y prestar servicios a los viajeros que recorrían el desierto del Sahara en largas caravanas. Son Ouadane, fundada en 1147 por bereberes al noreste de la actual capital; la cercana Chinguetti, que en el siglo XII fue el epicentro de rutas del comercio transahariano; Tichitt, en la esquina sureste de Mauritania y que desde su fundación aproximadamente en 1150 es famosa por sus típicas casas de barro y paja; y Oualata, casi en la frontera sureste con Malí y también reconocida a nivel internacional por su tradicional arquitectura de adobe rojo.

Mercado de pescado (Nuakchot)

Más cerca de Nuakchot, en la costa noroeste se encuentra otro de los grandes atractivos turísticos de Mauritania. Reconocido también como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el parque nacional de la bahía de Arguin conforma uno de los territorios más singulares del país. En lo político, la zona atesora su historia centenaria desde que el navegante portugués Nuno Tristão descubrió la isla homónima en 1443. Dos siglos después fue ocupada por los holandeses y entre 1655 y 1678 pasó por manos francesas y británicas. Alemania, Francia, Holanda y otra vez Francia dominaron la región, considerada un puerto crucial en las rutas comerciales entre Europa, África y Asia, hasta que en 1728 fuerzas europeas dieron por abandonada la zona. En la actualidad, Arguin es tierra de los imraguen, un reducido pueblo de pescadores que antes fueron agricultores y que utilizan formas tradicionales para la captura y la conserva de los peces.

Mezquita de Chinguetti

El viejo minarete del oasis de Chinguetti

No se sabe bien cuándo ocurrió, pero en algún momento entre los siglos XIII y XIV un oasis situado en pleno desierto se convirtió en un importante centro de culto religioso. Siete siglos después, a seiscientos kilómetros tierra adentro al este de la capital de Mauritania, la ciudad de Chinguetti atesora varios edificios cruciales para todo mauritano. Su mezquita, y en especial su antiguo minarete de adobe, son considerados símbolos del país. De hecho, la vieja estructura del minarete de la región de Adrar se cree que es el segundo más antiguo con uso continuo desde su construcción en la totalidad del mundo musulmán. Con reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad desde 1996, la mezquita de la ciudad de Chinguetti lucha ahora por su conservación después de tantos siglos sometida a la continua erosión del desierto. En la ciudad centenaria también se conservan varias bibliotecas con manuscritos medievales del oeste de África.

Publicado en la revista NT en septiembre de 2014

Tesoros verdes a la vera del agua en la isla de Madeira

20 Ago

Levada cerca de Rabaçal

por Carlos Fuentes

Más de dos mil kilómetros de rutas pedestres y canales que llevan siglos escondidos entre una naturaleza casi virgen. Senderos de montaña que siguen el curso del agua, un verdadero tesoro de esta isla atlántica de Portugal. Madeira, primer destino del turismo de cruceros en el país luso, es también punto de encuentro para cualquier amante del medio ambiente que busque un teatro deslumbrante de flora y fauna en la Macaronesia. 

Descubierta a principios del siglo XV por los exploradores João Gonçalves y Tristão Vaz Teixeira, que trabajaban al servicio del infante Henrique, hijo del rey João I de Portugal y conocido por el sobrenombre de El Navegante, la isla de Madeira está considerada uno de los mejores destinos del mundo para la práctica del senderismo. Con apenas 801 kilómetros cuadrados, la mitad de la extensión de Gran Canaria, esta región autónoma portuguesa atesora muchos de los tesoros naturales del país ibérico. Y la mayoría de este vasto patrimonio natural está en la red de senderos y rutas de trekking que jalonan una orografía escarpada trufada de valles verdes nutridos de vegetación. En ellos, por ejemplo, se conserva una de las mayores reservas de laurisilva de Europa.

Senderos de Madeira

Integrada en la Macaronesia, región geográfica compartida con Canarias, Cabo Verde, Azores e Islas Salvajes, Madeira defiende con solvencia ese nombre mítico que procede del término griego que define a las “islas afortunadas” en el Atlántico norte. Isla de origen volcánico que primero sirvió de campo de cultivo para especies de aprovechamiento agrícola como la caña de azúcar, originaria del sudeste asiático, los cereales y los viñedos, Madeira se ha reconvertido en uno de los primeros destinos continentales de turismo en la naturaleza. En este auge mucho tiene que ver la red de levadas que recorren la práctica totalidad de su territorio. Por levada se conoce en portugués a aquellas canalizaciones excavadas en las rocas para hacer llegar el agua desde las cumbres a núcleos poblados a pie de costa. Y en Madeira el protagonismo de las levadas es factor fundamental para comprender la evolución al alza de las visitas de senderistas.

Levada do Norte

Estas canalizaciones de agua, que fueron organizadas siglos atrás para llevar el agua de las ricas sierras del norte a las ciudades y las zonas de cultivo, se extendieron por toda la isla a partir de obras de iniciativa pública emprendidas desde el siglo XV. Se trata de un ingenio de su tiempo, ya que para sus obras de construcción los operarios debían trabajar agarrados por cuerdas en la roca sin apenas mayores medidas de seguridad que la experiencia de años de labor y la buena suerte encomendada a los santos. Aunque en la actualidad muchas de las levadas están construidas con materiales firmes como piedras, cemento y, en algunos casos, refuerzos de hierro, en su origen fueron fabricadas con tablones de madera, material que bautizó a la isla por la abundancia de árboles que hallaron los primeros descubridores. Fue tal la importancia que las levadas tuvieron en el desarrollo de la agricultura en Madeira que su nombre dio lugar a la profesión de levadeiro, que es la persona que se encarga del mantenimiento de las canalizaciones de agua, algunas de las cuales suman ya varios siglos.

Superada la dependencia artesanal para el transporte del agua, las levadas de Madeira han experimentado un auge por su aprovechamiento como recurso de uso turístico a partir de la década de los años ochenta. Fue entonces cuando el senderismo empezó a jugar un papel importante en la isla, ya reconocida como atractivo destino turístico desde final del siglo XIX por sus prestaciones como puerto atlántico para los viajes en crucero y, poco a poco, como destino natural para conocer las singularidades de su orografía, llena de paisajes casi vírgenes y acantilados imponentes sobre su litoral. También la laurisilva, añejo bosque de edad milenaria, juega un importancia fundamental como imán para viajeros amantes de la naturaleza. Por su conservación, y por su gran variedad de flora, el bosque de laurisilva es Patrimonio de la Humanidad desde 1999.

Levada de Caldeirao Verde (Madeira)

En un listado de las levadas más interesantes de la isla de Madeira, aclarando desde ya que para abordar sus recorridos es conveniente llevar ropa y calzado apropiado para abordar zonas húmedas e incluso túneles en forma de galerías de agua, las primeras rutas por importancia en el mundo del senderismo verde son las de 25 Fontes, cuyo sendero atraviesa el bosque de laurisilva hasta dar con el nacimiento del itinerario para visitar la impresionante Cascada de Risco; Boca do Risco-Espigao Amarelo, que enlaza los pueblos de Machico y Porto da Cruz a través de un gran acantilado sobre la costa norte de la isla; Caldeirao Verde, espectacular por su vegetación frondosa; el camino de la Costa de São Jorge, una antigua vía peatonal esculpida en la roca de un acantilado que llega a la localidad de Santana en una excursión de tres kilómetros que transcurren siempre sobre el mar; y el denominado Balcón de Ribeiro Frio, una ruta corta que ofrece una gran vista sobre los tres picos del macizo central de Madeira.

Levada Nova Madeira

Otro de los recorridos más atractivos de la isla portuguesa es la conocida como Levada Nova, cuyo itinerario conecta la zona de litoral con la comarca interior de Madeira y visita, entre otros monumentos naturales, una gran cascada con aguas cristalinas. Con diez kilómetros de extensión, aunque en un terreno apto para todos los públicos porque apenas tiene desniveles ostensibles, esta nueva ruta para senderistas ofrece además la posibilidad de combinar el recorrido con un itinerario de regreso a través de otra levada, en este caso la de Moinho. La relación de levadas más destacadas de Madeira puede sumar también una ruta por las tres montañas isleñas más elevadas: los picos Arieiro (1.818 metros), Torres (1.853) y Ruivo (1.861 metros), con vistas espectaculares sobre la isla.

Para los senderistas que deseen ampliar su visita pedestre a Madeira pueden completar el viaje con una excursión a través de la comarca oeste de la isla. En este recorrido se puede contemplar la bahía de Câmara de Lobos para luego afrontar la ascensión hasta uno de los acantilados más altos del planeta, Cabo Girão, de 589 metros de desnivel. Aquí los interesados en el patrimonio cultural de Madeira pueden visitar una pequeña joya religiosa: la capilla de la virgen de Fátima, cuyo templo original data de 1931 aunque fue renovado hace cuarenta años. Y no se preocupe si después de tanto trajín senderista por las levadas de la isla usted llega cansado al último día de su visita a Madeira. En la localidad de Porto Moniz, una de las ciudades más visitas de la isla, dispone de unas piscinas naturales de lava volcánica para disfrutar de un baño salado que, seguro, le devolverá al avión con la grata sensación de una misión cumplida.

Porto Santo

Más rutas naturales en Porto Santo

Cualquier visitante que se precie de ser un coleccionista de senderos puede redondear su visita a los parajes naturales de Madeira con un recorrido por la vecina isla de Porto Santo. Notablemente más reducida en extensión que su hermana mayor, apenas 42,5 kilómetros cuadrados, y obviamente con mucha menos población (apenas seis mil vecinos frente a las 270.000 personas que residen actualmente en la isla de Madeira), esta parte de la región autónoma de Portugal situada a sólo 520 kilómetros de las costas canarias posee varios senderos atractivos para todo amante de los deportes en la naturaleza.

Desde las antiguas ruas empedradas de Porto Santo, la ciudad homónima que ejerce como capital social y comercial de la isla, sale un sendero que recorre el interior insular en dirección hacia tres pequeños picos emblemáticos: Nordeste, Castelo y Facho. Esta ruta, cuyo recorrido se prolonga durante cinco horas, es uno de los atractivos más populares en la isla de Porto Santo. También es recomendable la excursión en barco hasta la costa norte, donde se encuentra el islote Fonte da Areia, zona de procedencia de unas aguas consideradas terapéuticas que están a la venta embotelladas en los principales destinos turísticos de Madeira.

Publicado en la revista NT en agosto de 2014 

Mercados, monumentos y playas infinitas en Dakar

16 Dic

Sandaga market

por Carlos Fuentes

Histórico lugar estratégico en las relaciones entre los cinco continentes, Dakar se ha convertido en la ciudad más importante de África occidental. La capital de Senegal condensa entre sus calles la importante huella de la presencia colonial francesa, el auge de la gestión africana y, en fin, se ofrece como una excelente puerta de entrada al continente negro. Rica en cultura y pujante en comercio, Dakar invita al viajero a emprender animadas rutas por su rica historia, la tranquilidad de sus playas y sus coloridos mercados.

El hervidero social que es hoy la capital de Senegal está a la altura de su nivel de protagonismo en los viejos libros de historia. Territorio en continua disputa de dominio por portugueses, holandeses, británicos y, por último, franceses en los últimos cinco siglos, los orígenes de la ciudad de Dakar se encuentran en la parte más estrecha de la lengua de tierra donde culmina la península de Cabo Verde. Aquí en 1456, tras varios intentos fallidos, el navegante portugués Diogo Gomes logró afianzar un asentamiento en el puerto. Medio siglo después, ya la bahía de Dakar, entonces Bezeguiche, gozaba de reputación como lugar de parada y abastecimiento de los barcos que enfrentaban la ruta oceánica hasta América. También se convirtió esta costa en puerto de escala en las crecientes rutas comerciales hacia Asia. Y se cree que fue aquí donde el viajero Américo Vespucio defendió por primera vez el concepto de Nuevo Mundo para definir las tierras recién descubiertas por Cristóbal Colón en el continente americano.

Senegal pirogues

En la bahía de Dakar, en sus puertos vecinos y en la cercana isla de Goreé se desarrolló hasta el siglo XIX buena parte del tráfico comercial de esclavos hacia América. Abolida la trata, las autoridades coloniales pusieron en marcha varias iniciativas para mejorar su aprovechamiento económico de la tierra senegalesa. Así se potenció el cultivo del cacahuete, que durante algunas épocas alcanzó niveles altos de monocultivo, y en 1885 se culminó la línea de tren que desde entonces enlaza Dakar con la norteña ciudad de San Luis, que fue la capital colonial francesa entre 1673 y 1902. El siglo XX transcurrió entre sobresaltos y el desarrollo creciente de la ciudad. En los últimos días de septiembre de 1940 fue escenario de la llamada Batalla de Dakar, un intento de ocupación por parte de fuerzas de la oposición francesa al gobierno de Vichy. Acabada la guerra, el clima de conciencia social contra la presencia colonial se fue incrementando. Entre 1959 y 1960 Dakar albergó la capital de la denominada Federación Malí, un primer paso para la independencia absoluta que se obtuvo el 20 de agosto de 1960. El primer presidente de la República de Senegal, el reputado escritor Leopold Sedar-Senghor, se planteó entonces convertir la ciudad de Dakar en el principal polo de desarrollo económico, social y cultural de África occidental.

Soumbedioune market boats

De historia casi interminable, con tres millones de habitantes en su amplia zona metropolitana, Dakar se ofrece hoy como excelente puerta de entrada a los países francófonos de África occidental, y por extensión a los otros seis estados de África central con los que también comparte moneda, el franco CFA (656 francos CFA equivalen a un euro). Con mercado de consumo interno que continúa al alza, la economía de Senegal se apoya en el alto valor de su ubicación geográfica y su amplio litoral atlántico. Tráfico de mercancías vinculadas al petróleo, navegación industrial y pesca de altura constituyen tres áreas de especial importancia para la administración senegalesa. El aumento sostenido del comercio internacional, ya sea a través de la exportación de productos industriales, mineros o agrícolas o por la presencia de importantes firmas europeas en el tejido empresarial del país, se ha visto reflejado en los indicadores de crecimiento. Según previsiones para este año, Senegal logrará un crecimiento del 4,7% en su producto interior bruto. El país, que está situado en el puesto 105 en la lista de 132 países que elabora la ONU por su nivel de desarrollo, acoge en la actualidad a unas veinte empresas canarias que hacen negocios en áreas como alimentación, pesca, transporte y construcción.

Un paseo por Dakar podría empezar en uno de los museos más importantes de África. Creado en 1938 y ubicado en la popular plaza de Soweto, el Museo de las Artes Africanas ofrece una interesante exposición sobre el desarrollo de las manifestaciones culturales en el continente negro y también el resultado de las investigaciones que su equipo desarrolla junto a la cercana Universidad Cheikh Anta Diop. Esta visita cultural se antoja una estupenda introducción para un desplazamiento posterior a la cercana isla de Goreé, situada a tres kilómetros del puerto. Allí permanece abierta la Casa de los Esclavos como testimonio vivo de los tiempos de tráfico organizado de personas desde África. Construida a finales del siglo XVIII, la Maison des Esclaves fue reabierta como museo en 1962 y en ella se puede visitar la Puerta del no Retorno, un pequeño ventanuco de piedra donde eran embarcados esclavos con destino a Europa y América. Entre sus visitantes más ilustres figuran Barack Obama y Nelson Mandela, quien en 1991, apenas un año después de su liberación en Sudáfrica, estuvo rezando por la memoria de los africanos que fueron esclavizados siglos atrás.

Kermel market Dakar

De vuelta a la ciudad de Dakar, la vida agitada de los mercados populares es otro de los atractivos más emblemáticos de la capital senegalesa. En el centro de la ciudad vieja, próximo al antiguo ayuntamiento y a la catedral construida en 1920, se encuentra el mercado de Sandaga, dedicado tanto a la venta de alimentos y productos agrícolas como de artesanía y otros bienes de consumo cotidiano. Muy cerca, apenas un paseo entre calles de vida frenética, se puede visitar el mercado de Kermel. Del edificio de estilo victoriano fabricado en 1860 no quedan apenas vestigios, puesto que la sede actual es una reconstrucción de este popular mercado cubierto realizada en 1997 siguiendo el estilo colonial. Aires a tiempos añejos que también flotan en la estación central de trenes de la ciudad, donde el viajero puede visitar puestos de artesanía étnica de Senegal, Gambia y Malí. Un recorrido por los mercados populares de Dakar se puede completar con otros tres paseos: en el mercado de Tilene los comerciantes ofrecen objetos de oro, plata y maderas típicas; también en el gran mercado HLM5, donde se vende todo tipo de telas africanas; y el popular mercado de Soumbedioune, donde cada tarde se puede contemplar un animado trasiego de pescadores que llegan a la costa en cayucos después de la jornada de trabajo.

Mosque Dakar

Un primer viaje a la capital senegalesa no estará completo sin una visita a los principales templos musulmanes de la ciudad. Inaugurada por el presidente Senghor en 1964, la Gran Mezquita de Dakar se presenta con un estilo similar a la de la mezquita de Mohamed V en Casablanca, aunque con un minarete de 67 metros de altura. A su lado se encuentra el Instituto Islámico nacional, con una excepcional biblioteca, dedicado a investigar y difundir la principal religión del país. Otro importante templo musulmán de Dakar se encuentra situado en el barrio de Ouakam, apenas cinco kilómetros al oeste del centro de  la capital. Levantada en 1997, la Mezquita de la Divinidad ofrece un rato de tranquilidad al margen del bullicio de las calles del centro histórico. Por el camino se puede contemplar el imponente monumento del Renacimiento Africano, una mole de 49 metros de altura construida en bronce sobre la colina de Mamelles en una polémica iniciativa inaugurada hace apenas tres años por el anterior presidente Abdoulaye Wade. En Ouakam, por cerrar este círculo con sabor histórico, aún se mantiene activa la base militar en la que nació en 1953 la política francesa Segolene Royal, hija de un antiguo oficial francés destinado en el hoy Senegal.

Orchestra Baobab

La pachanga que volvió del Caribe

Leyendas de largo recorrido flotan en la bahía de Dakar, algunas con banda sonora. De vuelta de América, ritmos musicales caribeños fueron bien acogidos por los senegaleses a partir de los años 50. Y desde Dakar se propagaron por buena parte de África occidental. Desde la década siguiente, varios factores políticos, económicos y militares potenciaron el alcance de estas músicas en el continente africano. Canciones de Matamoros, Benny Moré, Orquesta Aragón y Abelardo Barroso se hicieron tan populares que muchas orquestas africanas incluyeron piezas populares cubanas como El manisero, El que siembra su maíz o Son de la loma en sus repertorios. De ahí al nacimiento de música africana heredera de las raíces negras en América Latina apenas faltaba un paso. Y lo dieron grupos tan populares como la Star Band y Orchestra Nº1 de Dakar, también los reyes de la pachanga, la Orchestra Baobab, formación que desaparecería ante el empuje del vibrante mbalax de la Super Êtoile de Dakar, el conjunto liderado por un joven cantante llamado Youssou N´Dour. Ahora, la renacida Orchestra Baobab puede verse en concierto en el club Just 4 You.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2013

 

Días al sol africano de Gambia

17 Oct

Sanyang Gambia

por Carlos Fuentes

Aquí estuvieron los árabes en el siglo IX, luego navegantes portugueses con sus rutas comerciales a las puertas del gran imperio mandinga y, ya en el siglo XVII, la prolongada presencia colonial del Reino Unido. Gambia es el país continental más pequeño de África, aunque rebosa historia, patrimonio natural y el potencial turístico necesario de un destino al alza. La puerta sonriente de África brinda sol a raudales y playas de arena dorada, excursiones de vida silvestre e interesantes paseos históricos.

En este país alargado en torno al curso del río que le da nombre, la vida transcurre alrededor de la cuenca fluvial más importante del oeste de África en el más pequeño de los estados africanos continentales. En Gambia viven ahora alrededor de un millón y medio de personas en una superficie total que abarca poco más de once mil kilómetros cuadrados. Con un huso horario coincidente con el meridiano de Greenwich, su clima subtropical se caracteriza por una estación seca que se extiende de noviembre a junio y un periodo de lluvias que se alarga de julio a octubre. La temperatura media anual se sitúa alrededor de los veintisiete grados, con descensos nocturnos de hasta diez grados. En el plano social, el primer idioma es el inglés, aunque también están presentes lenguas de origen africano como el mandinka, el wolof, el fula y el serene. En los principales hoteles y lugares turísticos, no obstante, es habitual que su personal domine otros idiomas europeos como alemán, francés o italiano.

Pero que Gambia sea uno de los países más pequeños de África no significa que sus atractivos sean menores. Independiente del dominio colonial británico desde 1965, el nuevo estado africano ha disfrutado de una más que razonable estabilidad social, económica y política durante los últimos años, en especial a raíz de su relación de confederación suscrita en 1982 junto al influyente vecino Senegal. En el plano político cabe destacar la remodelación legal que a partir del año 2011 ha hecho posible la existencia de partidos de oposición. En el panorama económico, Gambia se ha beneficiado del paulatino incremento en el precio del cacahuete, que continúa siendo el principal producto agrícola que el país cultiva para la exportación. También la pesca es un motor importante de la economía de Gambia, pues seis de cada diez ciudadanos residen en ciudades o poblaciones ribereñas al río homónimo que ocupa el diez por ciento del país.

child Gambia

La evolución del sector turístico gambiano viene jugando un papel fundamental en el sostenido progreso económico y social del país. A partir de las dos zonas urbanas principales, la capital administrativa y política situada en la ciudad de Banjul y su vecina urbe comercial de Serekunda, este país del oeste africano se abre al mundo con una oferta notable que combina el turismo de sol y playa en playas paradisíacas como la de Sanyang con varios destinos interiores en las regiones de Janjanbureh, Mansa Konko, Basse, Kerewan y Brikama. Este despegue turístico de Gambia también está basado en gran medida en la declaración de nueve zonas prioritarias para el desarrollo del sector nacional en ambas franjas de la costa que mira de frente al océano Atlántico. En estas zonas, verdaderas reservas naturales repletas de palmeras en primera línea de playa y arenas doradas aún por descubrir, el viajero puede realizar actividades de crucero recreativo y de pesca, rutas para el avistamiento de aves, visitas a diversas localidades rurales tradicionales y eventos deportivos o culturales.

Mención especial merece la reserva natural de Abuko, donde las autoridades han apostado por una conservación íntegra para garantizar su disfrute por las venideras generaciones de gambianos y también por el número creciente de visitantes extranjeros que se sienten interesados por la contemplación de la vida natural en esencia. Calificado por algunos expertos biólogos como una de las reservas naturales más importantes de África y, sin duda, “el paraíso para los amantes del avistamiento de aves silvestresen Gambia. “Puedo asegurar que si el visitante está buscando unas vacaciones exóticas o un viaje a través de la historia, así como por interés de inversión o de negocios, Gambia será todo un descubrimiento”, afirma Fatou Mass Jobe-Njie, ministra de Turismo. En esta área conviene resaltar el crecimiento sostenido de la llegada de turistas al país. Por ejemplo, en enero, uno de los meses más importantes para las visitas foráneas, Gambia recibe a alrededor de veinte mil viajeros, con protagonismo esencial de los turistas británicos (48%), holandeses (14%) y suecos (7%). La presencia de turistas y viajeros españoles continúa creciendo aunque con tasas menores a las de los nacionales europeos de los tres países antes citados.

Gambia mujeres

Para muchos de estos turistas, la principal atracción de Gambia sigue siendo la huella que la triste historia de la esclavitud africana dejó en este pequeño país de historia interesante. Porque Gambia brinda al visitante la oportunidad de ver in situ dónde se desarrolló buena parte del tráfico irregular de personas hacia los destinos metropolitanos en Europa y América Latina. Se trata de un lugar de emoción indiscutible que ha pasado a la historia como Fort James a partir de su construcción por militares y colonos procedentes de los Países Bajos en el año 1651. No obstante la fundación holandesa, fue el periodo de dominación británica el que situó a este lugar en el mapa mundial del tráfico de esclavos. En la actualidad, Fort James sigue situado en una pequeña isla ubicada veinte kilómetros dentro del río Gambia, hoy convertido en un lugar patrimonio de la Humanidad, declarado en 2003 por la Unesco como eslabón crucial en la vía esclavista hacia América y Europa. Quizá recuerde usted la popular serie de televisión Kunta Kinte, que narra la historia de un esclavo sobre la novela del escritor negro Alex Haley, y que desde hace dos años da nombre a la isla en la que se encuentran situados los vestigios de lo que un día fue el fuerte James.

Pero los recuerdos tristes son cosas del pasado. Porque hoy Gambia ofrece la estancia turística más tranquila de la costa oeste africana gracias a la reputada amabilidad de sus gentes. Y también, conviene no olvidarlo, por un tratamiento notable de sus costumbres, desde tradiciones culturales a la gastronomía, una de las más interesantes de esta zona de África. Si usted está de visita o tiene planes para viajar a Gambia no olvide probar las suculentas recetas de platos como el nyombeh nyebbeh (guiso a base de yuca, judías y verdura), el domoda (carne o pescado cocinado con verduras y pasta de cacahuetes) o el benachin (carne o pescado elaborado con hortalizas frescas y pasta de tomate natural). Y a la hora del postre, y de una tertulia a la sombra de una de las palmeras que jalonan la costa gambiana, puede recurrir a infalibles recetas para amantes de lo dulce que provienen de las influencias cruzadas entre las cocinas africanas tradicionales y vestigios de la presencia de árabes, portugueses e ingleses.

camping Tendaba Gambia

Un camping en medio de la selva

Entre la amplia oferta de turismo cercano a la naturaleza existente en Gambia, uno de los lugares más singulares se encuentra situado a 165 kilómetros de la capital nacional, la populosa ciudad de Banjul. Las instalaciones del camping Tendaba, el primero de los que se construyó en este pequeño país del oeste africano, ofrecen un lugar de amplias posibilidades junto al río Gambia para conocer la forma de vida en las áreas menos transitadas del país. También para el avistamiento de animales silvestres, sobre todo de aves acuáticas y pájaros, durante cómodas excursiones a aldeas y zonas fluviales remotas. El camping Tendaba ofrece un alojamiento en el ámbito natural, pero no por ello exento de servicios de suministro eléctrico, restaurantes y bares, piscinas al aire libre y salas para la lectura o la celebración de reuniones de trabajo. Y en las tardes de sol poniente sobre el impresionante paisaje del río Gambia, el cauce fluvial más largo de los que existen en esta parte de África, una terraza de bambú que cada noche alcanza sus mejores momentos de animación.

Publicado en la revista NT en octubre de 2013

Fado, la melancolía que se hizo canción en Lisboa

12 Sep

Azulejo escena fado

por Carlos Fuentes

La idiosincrasia de Lisboa, y por extensión de Portugal, no se puede comprender sin el rumor triste del fado. Esta música espesa como noche de niebla, melancólica por el amor que se fue y nunca volvió. Canción de leyenda que permanece anclada como pocas cosas en lo más profundo del alma del lisboeta. Una forma de hacer música que lleva más de dos siglos retratando el alma compleja del portugués.

Suele aceptarse como teoría más probable que el fado nació en los albores del siglo XVIII cuando las tripulaciones de los navegantes portugueses quedaban varadas en tierra a la espera de nuevos destinos en otros mundos aún por descubrir. Porque fado, la palabra, procede del latín fatum y significa destino, pero su contenido social es bastante más amplio y posee menos romanticismo. Un siglo después de sus primeras huellas, en el diecinueve, fado era sinónimo de persona o lugar marginal, esquinado por las costumbres de rancio abolengo. Hablando en plata, fado eran sitios de prostitución y de vidas disolutas. Hasta que llegó una cantante, María Severa, la legendaria fadista y meretriz lisboeta que sedujo al conde de Vimioso y conectó el fado con las élites intelectuales y aristocráticas de Lisboa. Y de la capital al mundo lusófono, todo a su tiempo.

fado suiteDespués del flamenco y el tango, el fado recibió hace dos años el aval oficial de la Unesco como patrimonio inmaterial de la humanidad. Porque la canción popular portuguesa es la expresión inefable del sentimiento de un pueblo, el lugar central en la identidad colectiva de Portugal. Porque sus compositores, sus cantantes y sus músicos llevan más de dos siglos haciendo canción con la profunda melancolía lusa. “Y porque detrás del fado late la historia del pueblo, la historia centenaria de sus músicos, escritores y poetas. El fado es la música de nuestro pueblo, independientemente de la ideología o el nivel económico y la clase social de cada persona. Fado es lo que nos une”, indicó a este cronista el fadista Camané, la voz contemporánea más apreciada de Portugal, cuando la melancólica música lusa fue reconocida por la Unesco a nivel internacional.

Aunque hay nombres sin los que no se entiende el fado a carta cabal. Y sobre todos ellos, el de Amália da Piedade Rodrigues. Porque ningún nombre concita tal unanimidad como su figura epicéntrica en la música portuguesa. Comenzó todavía adolescente como vendedora de frutas por las calles lisboetas durante los años treinta. Pronto empezó a cantar en conjuntos aficionados, aunque tuvo que esperar a un concurso destinado a la búsqueda de nuevos talentos para hacerse un lugar en la escena fadista. Ya nada sería igual: Amália, así, a secas, se iba a convertir en la única reina del fado. En la voz de Portugal. De Lisboa a la gloria, con actuaciones en los principales teatros de Europa, África y América Latina. Grabó tres decenas de discos, algunos de importancia crucial para la consolidación comercial del fado como Busto, publicado en 1962. “Fue ella, Amália, su voz, la que levantó la autoestima del portugués para valorar su música popular en vez de la canción anglosajona que se imponía por la fuerza”, indicaba hace dos años el guitarrista Jorge Fernando, uno de los compositores que acompañaron a Amália Rodrigues en la última época de su larga carrera musical. “Porque Portugal sufrió durante demasiados años un fuerte complejo de inferioridad que llevaba a considerar que todo lo portugués era inferior”.

Pero llegaron tiempos mejores. En los años treinta del siglo pasado, el fado se sacudió sombras estúpidas y salió a conquistar el mundo desde los cuatro barrios de Lisboa en los que esta canción nació y maceró a fuego lento, casi a oscuras: Alfama, Mouraria, Barrio Alto y Madragoa. La aparición del disco y la popularidad creciente de la radio elevaron el volumen social de esta música de morriña por los amores rotos y, aunque la política ensució su jerarquía en años de dictadura, cuando mandaban las tres F (fútbol, fado y virgen de Fátima), en los años ochenta resurgió para ya no ocultarse jamás. Se abrieron al fado los principales teatros portugueses, como el histórico Coliseo de Lisboa, donde se convocaron grandes veladas con música en directo. Y donde se congregaron muchos jóvenes que no sabían de qué iba el fado. Junto a Camané llegaron los protagonistas del tiempo nuevo, aunque habría que decir protagonistas, mejor, en femenino plural, porque de mujeres está hecho el nuevo fado: Mísia, Mariza, Teresa Salgueiro, Mafalda Arnauth, Dulce Pontes, Kátia Guerreiro o Ana Moura, una fadista de voz trémula que conmovió a los mismísimos Rolling Stones. Aún hoy conviven leyendas de vieja escuela como el gran Carlos do Carmo con grupos de fado hilvanado de modernos sonidos electrónicos como Rosa Negra.

CamanéSi está de visita en Lisboa, conviene visitar las rutas del fado. Ya sea su historia de leyenda que se exhibe en el Museo Nacional del Fado que se encuentra situado en la parte baja del barrio de Alfama, junto a las callejuelas donde nació, como en las numerosas tabernas, bares y restaurantes que aprovechan el tirón turístico de la música que identifica a Portugal en el mundo entero. O en el coche de época que vende discos al paseante en la estribación del histórico barrio lisboeta del Chiado. Aunque para escuchar fado, fado en vivo, hay que frecuentar la animada noche capitalina. Se puede, por ejemplo, comenzar con cena musical en locales de prestigio como Mesa de Frades, en la parte alta de Alfama, o en Bacalhau do Molho, en la parte baja del mismo barrio, junto a la Casa dos Bicos que alberga la biblioteca dedicada a José Saramago. Y aquí, entre quesos espléndidos, vino verde y suculento bacalao à Brás, llenar el alma de música genuina a la vez que se llena el estómago de buenas viandas.

También en el repurtado Clube de Fado, también en Alfama, junto a la Catedral, donde cada noche se concentra buena parte de los valores contrastados del fado contemporáneo. También en locales de fado vadio, que es como aquí se llama al fado cantado por artistas no profesionales, como el pequeño local A Baiuca, situado en la calle São Miguel del decadente barrio de Alfama, o en la más conocida Taberna del Rey, situada en pleno epicentro callejero del barrio. Donde son los camareros los que cantan entre servicio y servicio, en un rincón entre mesas de mantel de hule y aromas añejos. Y en el Barrio Alto, junto a la antigua sede del Diário de Notícias, se encuentra la Tasca do Chico, que dos días por semana durante todo el año abre su escenario a las nuevas voces que buscan su hueco en el planeta del fado. Porque fado, lo que se dice fado, hay en Lisboa a cualquier hora del día y de la noche. En Chapitô, por ejemplo, un local amplio situado en Costa do Castelo que combina actividades culturales como teatro o circo con un bar-terraza y que a últimas horas de la madrugada es uno de los lugares preferidos por los fadistas para tomar una copa después de sus actuaciones en restaurantes y casas de comida tradicional portuguesa.

Amália Rodrigues

Amália, la voz del fado

¿Se entendería el flamenco sin Camarón? ¿El rock sin Elvis? ¿Y el pop sin Michael Jackson? Seguramente, no. Tampoco se puede comprender el fado de Portugal sin la figura de Amália Rodrigues. Mucho habría que contar de esta voz única para un país entero, pero tiene usted suerte si está de paseo por Lisboa. Aquí puede visitar la casa familiar de la artista, ubicada en el número 193 de la calle São Bento, a un costado del Parlamento de Portugal, y disfrutar de una muestra biográfica que reúne desde primeras ediciones de sus discos a piezas de porcelana fina y regalos exóticos recibidos en escenarios del mundo entero. Un paseo por la historia melancólica de una mujer que, como pocas, se sacudió las limitaciones de la vida humilde para reivindicar el orgullo genuino de ser portugués. Un país que, al menos al final, supo reconocer su jerarquía en el fado y, ya en 2001, se saltó las leyes para trasladar sus restos mortales al Panteón Nacional situado en la parte superior del fadista barrio de Alfama.

Publicado en la revista NT en septiembre de 2013