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Seu Jorge: canción brasileña con voz de actor caníbal

10 Nov

Seu Jorge

por Carlos Fuentes

Habla como “un actor que canta”, pero también como “un cantante que actúa”. El brasileño Seu Jorge no respeta las barreras. Ya lo demostró en 2004, cuando tradujo al portugués buena parte del cancionero de David Bowie para la película Life aquatic. Y ahora dobla su apuesta con un disco de versiones de Michael Jackson, Kraftwerk, Roy Ayers, Jorge Ben y Tim Maia, que defendió en el festival Womad de Las Palmas de Gran Canaria. “Pertenezco al Brasil de la nueva generación, cosmopolita, con sueños de progreso. Y la música es parte de la cultura y la educación de mi país, sobre todo para los que no tienen acceso a los libros”, explica este músico carioca de 40 años, que en 2002 debutó como actor en Ciudad de Dios, retrato de Fernando Meirelles sobre la vida en las favelas.

De aquel Mané Galinha queda el chico de sonrisa contagiosa que se enfrenta al mundo como si la vida no tuviera segunda sesión, pero Seu Jorge reconoce haber ganado en madurez. Y habla con conocimiento de causa: nació en uno de los municipios del cinturón urbano de Río de Janeiro, donde no abundan las oportunidades. Hijo de familia numerosa, con 10 años trabajó como mecánico, luego fue chico para todo en unas oficinas y aprendiz de carpintero.

Seu  Jorge

Desde 1998, cuando grabó su primer disco grande con el grupo Farofa Carioca, Seu Jorge ha pasado de ser un cantante brasileño más de la escena sonora a convertirse en una referencia ineludible como puntal renovador de la música nacional. Y este recorrido ha fortalecido sus convicciones sociales sobre Brasil. “Los artistas estamos preocupados por el futuro; queremos incentivar a las nuevas generaciones a instaurar la ética para impedir que reine la anarquía de la corrupción. Debemos formar a una nueva generación de políticos, educadores y administradores, y ganar espacio para la libertad de expresión”, afirma el cantante, convencido del papel que el nuevo Brasil tiene en el desarrollo de América del Sur.

En lo musical, la obra de Seu Jorge oscila entre la genuina raíz brasileña y los condimentos de rock, soul, funk y electrónica. Actor principal del primer sonido globalizado del planeta, un cantante caníbal. “En la música de Brasil participan músicas de todo el mundo. España, Portugal, África esas culturas aportan a las músicas de Brasil y todas forman parte de nuestro país. Brasil es el producto de muchas influencias distintas”, señala Jorge, cuyo nuevo proyecto integra a músicos de Nação Zumbi, el revolucionario grupo de mangue-beat que Chico Science lideró en Pernambuco. ¿Y qué pensaría Michael Jackson si escuchara su versión de Rock with you? “Diría: ¡Oh, qué hace este chico!”, bromea Seu Jorge. “Es mi homenaje a un ídolo, alguien importante en mi cultura”.

Publicado en el diario Público en noviembre de 2010

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Un paseo por la historia del fútbol en las calles de Lisboa

21 Ago

futebol

por Carlos Fuentes

El fútbol es un invento inglés y se vive con gran pasión en España e Italia. Portugal también es un país futbolero de profunda tradición y con una afición popular. Con la Copa del Mundo que en 2014 se celebra en Brasil, la capital de su antigua metrópoli ofrece una ruta antológica por la historia lusa del deporte rey y, para el viajero más curioso, lugares abiertos para seguir los partidos del Mundial.

Para la historia del deporte, el hito quedó marcado un día de 1875 en la isla de Madeira. Allí se practicó por primera vez esta nueva disciplina deportiva que había nacido veintisiete años atrás en la británica Universidad de Cambridge. Aunque en octubre de 1888 ya se había disputado un primer encuentro de fútbol en la ciudad turística de Cascais, en Lisboa se tuvo que esperar algo más, exactamente hasta el primer día de enero de 1889, para que se celebrara el primer partido de futebol reconocido por la federación lusa. Ocurrió en los terrenos que en la actualidad ocupa la plaza de toros de la capital portuguesa, situada en el barrio de Campo Pequeño, cuando los jugadores de las dos selecciones nacionales de Portugal e Inglaterra disputaron el primer encuentro. Ganaron los portugueses por dos goles a uno, pero aquello no fue más que una anécdota para los libros de historia. Lo importante, lo crucial, es que el nuevo deporte fue acogido con entusiasmo por las clases altas y medias de la capital lusa. Desde entonces, Portugal ya no se entiende sin una pelota.

FBL-PORTUGAL-EUSEBIO-DEATH-OBIT

Eusebio

Un siglo después, el país vecino está entre los pueblos que con mayor pasión viven las vicisitudes de ver a veintidós deportistas correr detrás de un balón. En Lisboa, donde reinan dos de los tres grandes equipos de Portugal, el Sporting y el Benfica, el viajero puede disfrutar de una ruta por las huellas del balompié luso. Comenzamos en Belém, adonde todo turista se acerca a visitar la ribera del Tajo trufada de grandes monumentos. Aquí están el imponente monasterio de los Jerónimos, joya del siglo XVI de estilo manuelino, la Torre del Belém, el monumento a los Descubridores y, más moderno, el Centro Cultural de Lisboa. También la añeja pastelería de Belém, muy conocida por los visitantes, quienes quizá no sepan que a pocos metros del monasterio se encuentra el estadio del tercer equipo lisboeta, Os Belenenses, fundado en 1919 y que fue rival del Real Madrid en la inauguración del estadio Santiago Bernabéu el 14 de diciembre de 1947. En Os Belenenses también jugó Félix Mourinho, padre del entrenador de Setúbal, actual preparador del Chelsea londinense y antes del Real Madrid.

estadio da luz

Otro lugar interesante en la ruta del fútbol por Lisboa se halla en la periferia de la ciudad nueva. Se trata del estadio José Alvalade, así bautizado en honor de uno de los pioneros del balompié portugués y ahora estadio local del Sporting de Lisboa. Sus instalaciones, que se construyeron a principios de este siglo en sustitución del antiguo campo de 1956, fueron inauguradas en agosto de 2003 con un partido entre Sporting y Manchester United. Fue en este encuentro en el que los ingleses quedaron prendados de un joven talento portugués llegado de la isla de Madeira, un delantero llamado Cristiano Ronaldo que con los años se iba a convertir en el mejor jugador de la historia de Portugal, con permiso de las viejas glorias Eusébio da Silva y Mário Coluna, jugadores ambos del Benfica.

Por esas fechas, exactamente el 25 de octubre de 2003, el otro gran equipo de Lisboa inauguró nuevo estadio, conocido popularmente como la Catedral pero de nombre oficial Estadio de la Luz. Situado en el barrio de Santo Domingos de Benfica, apenas a un kilómetro al suroeste del campo del eterno rival, La Luz ofrece algo más que una visita al estadio deportivo, ya que en sus alrededores se encuentra el museo del Benfica, la tienda oficial del club y, en la entrada, la estatua de homenaje a Eusébio, el emblemático jugador del equipo del águila. Con una capacidad para albergar a 65.647 espectadores, este estadio acogió la final de la Eurocopa de Portugal celebrada en 2004 y, más reciente, la final de la Champions disputada en mayo por Real Madrid y Atlético de Madrid.

Cristiano Ronaldo

Para completar un recorrido futbolero por Lisboa, el visitante debe acercarse a la gran avenida de la ciudad, la de la Libertad. Aquí, junto al monumento a los Restauradores, se reúnen a celebrar sus triunfos los aficionados de uno y otro equipo, así como todos los portugueses cuando la selección nacional que dirige Paulo Bento gana un partido importante. Capaz de paralizar al país cuando se celebra un campeonato importante, y con los partidos de Portugal en la Copa del Mundo de Brasil volverá a repetirse la convocatoria frente a Restauradores, la selección nacional lusa ha contado con jugadores de referencia como Luis Figo, que con 127 partidos disputados aún es el que posee el mayor número de encuentros internacionales con el equipo rojiverde, o Cristiano Ronaldo, aún en activo y con 49 goles autor del mayor número de tantos con la camisa nacional. En la estrella de Funchal, que en noviembre protagonizó una proeza al anotar tres goles en el decisivo partido de repesca contra Suecia, están depositadas muchas esperanzas de un país entero ante la actual competición mundial que se está disputando en Brasil, la mayor de las antiguas colonias portuguesas.

Como en cada país con selección en Brasil, Portugal disfruta de los partidos en plazas, parques y espacios abiertos. En Lisboa, que se paraliza cuando juega la seleção, las plazas son puntos de encuentro para aficionados, ya sea ante pantallas gigantes o en restaurantes y bares que aprovechan el deporte para ampliar clientela. La plaza de Rossio o el parque de Eduardo VII, que en mayo albergaron las zonas de aficionados de Real Madrid y Atlético de Madrid por la final de Champions, son las preferidas de la afición lusa para ver al equipo. Y si usted gusta del fútbol apasionado, la mejor opción es buscar un bar de la zona antigua para compartir pasión con la hinchada local. Y no olvide las fechas de los partidos de Portugal, pero también de España. A partir del 4 de julio arranca la fase de octavos en el camino hacia la gran final del 13 de julio en Maracaná.

Publicado en la revista NT en julio de 2014

Músicas populares… cuando el tamaño no importa

26 Jul

zydeco

por Carlos Fuentes

“La miel nunca es buena en una sola boca”. Ali Farka Touré solía repetir este viejo proverbio africano cuando le preguntaban por el motivo que le llevaba a salir de su pueblo, Niafunké, en el desértico norte de Malí, para enseñar al mundo dónde nació el blues. Y explicaba el carismático guitarrista malí que la música popular, en su más amplia extensión, sólo cumple su papel de altavoz de los pueblos cuando sirve para tender puentes con otras regiones, con otras culturas. Hasta aquí, todos podríamos estar de acuerdo. Pero la pregunta aún sigue sin encontrar una respuesta justa: ¿Qué es, en verdad, música popular?

Si respetamos el valor semántico del término popular, las músicas tradicionales son aquellas que han logrado llegar a nuestros días después de cubrir una ruta con mil etapas, de generación en generación, para ofrecer un retrato sobre las costumbres, aspectos étnicos y hechos relevantes de la historia de los pueblos que las albergan. Hasta aquí, otra vez, todos de acuerdo. Pero, ¿son entonces músicas tradicionales el flamenco de España, el tango de Argentina, el soukous de Congo y, ejem, el rock de Estados Unidos? Sin duda. Como también lo son la bossa y el samba en Brasil, la cumbia en Colombia, la plena en Puerto Rico, la guajira, el son y el bolero en Cuba, la ranchera en México, el chaabi en los países del Magreb, el ágil mbalax en Senegal y la marrabenta en Mozambique.

music stampsHasta aquí llega el consenso. Pero, ¿qué papel juega ahora la música popular? ¿Son buenos tiempos para la lírica que nace en las calles, en los bares y en las fondas? Podemos convenir, que no es poco, que las músicas populares están disfrutando del respeto creciente del público mayoritario. No es casual que este giro a las raíces coincida ahora con el mayor auge de la técnica y la tecnología vinculada a la creación sonora. Hace unos meses, un portal de subastas puso a la venta una copia del primer álbum de Ali Farka Touré, editado en Francia a finales de los años 70, de tirada mínima y nunca más editado en disco de vinilo. Tras una semana de pujas, el disco grande superó un precio de cien dólares. E igual revalorización de lo antiguo disfrutan nuevas ediciones en formato digital de grabaciones africanas, latinas o europeas de difícil acceso hasta entonces. Por no hablar del giro vintage que han experimentado campos que definen la identidad y los hábitos de un colectivo como la alimentación, el vestuario, las lecturas, el cine o los viajes. Hoy mola lo viejo, y mola lo viejo porque, digamos, es auténtico. Se regresa al mueble de madera noble después de que nuestra generación anterior, nuestros padres, malvendieran el viejo arcón de la abuela para poder comprar una librería de contrachapado. Una mesita de metacrilato.

Hasta aquí esta somera observación sociológica, un arrebato de antropología. Porque usted se preguntará: ¿no veníamos aquí para leer sobre música? Sí, faltaría más. Pero primero hay que saber de dónde venimos para atisbar hacia dónde nos dirigimos. Podemos coincidir, si no es mucho pedir, que la actual era de velocidad con banda ancha y conexiones inalámbricas portátiles, en tiempos de wi-fi callejero como servicio público, está determinando pautas de consumo y de producción de bienes. Tangibles o no. Y es un mercado sobreexcitado el que contagia la confusión entre contenido y continente. Hoy, a lo peor, parece que es (mucho) más importante comprar un dispositivo digital que sea capaz de almacenar más de un millar de discos que velar por la calidad de las doce mil canciones en cuestión. En los tiempos del trending-topic diario parece que el motivo de orgullo está en el tamaño de la herramienta y no en su buen uso.

samba brazilQuizá por esta corriente cultural contagiosa, más pendiente de las formas que del fondo, la reacción del consumidor de música con fundamento lucha ahora por evitar lo que el anterior ministro brasileño de Cultura y unos de los padres fundadores del tropicalismo, Gilberto Gil, denuncia como “econometría” feroz de la dictadura del capitalismo: “una econometría que mide todo y que provoca un cambio extraordinario en el alma humana, en la psique y el cuerpo humano”. Pero no todo progreso es malo. El paulatino abaratamiento de los medios de grabación y producción musical también ha ayudado a la recuperación y, por qué no decirlo, puesta en valor de las músicas tradicionales. Ya no hace falta movilizar a un regimiento de ingenieros de sonido para viajar hasta los centros comunales de conservación e interpretación de las músicas populares y lograr enseñar al mundo que abundan músicas por descubrir más allá de las ciudades de distribución del primer mundo. Otra vez Ali Farka Touré, el recuerdo de un músico genuino y sincero: “la miel nunca es buena en una sola boca”.

Porque si hay algo mejor que la música, como solía decir el productor Mario Pacheco (a quien van dedicadas estas líneas apresuradas), ese algo mejor es hablar de música. Y conversar sobre música significa continuar hasta el infinito la cadena oral de transmisión de unos sonidos populares que llegaron una vez al mundo para hacer la vida más interesante y entretenida, para tejer toda una memoria colectiva y sentar acta del desarrollo de los pueblos que las albergan. Ya se lo recordó Quincy Jones hace unos meses al periodista Carlos Galilea, apelando a un viejo consejo que el productor de Thriller (el disco más vendido de la historia, verdadera crónica popular contemporánea) recibió del saxofonista Ben Webster: “Allá donde vayas, escucha la música que escucha la gente del lugar, come la comida que comen, y aprende treinta o cuarenta palabras de su idioma”. Para continuar alimentando la cultura popular…

Publicado en el anuario de la SGAE en 2011

Cuerdas no tan lejanas

21 Oct

ARNALDO ANTUNES, EDGARD SCANDURRA & TOUMANI DIABATÉ

por Carlos Fuentes

Si fuera boxeo, sería un combate (sin golpes) de pesos pesados. La última pirueta de los brasileños Arnaldo Antunes y Edgard Scandurra es A Curva da Cintura, un disco compartido con el emperador malí de la kora Toumani Diabaté. ¿World music? Qué va: genuino vaso comunicante entre dos culturas no tan lejanas.

La idea es más fácil de explicar que de alcanzar: trazar un puente sonoro entre los instrumentos de cuerdas de Brasil y Malí. Y nadie mejor para intentarlo que el cantautor tribalista Arnaldo Antunes y el tañedor de kora Toumani Diabaté. El proyecto surgió en 2010 cuando el músico paulista y su socio guitarrista Edgard Scandurra coincidieron en Río de Janeiro con el africano para compartir recital en el festival Back2Black. Aquel intento embrionario despertó el apetito de unos artistas versátiles que antes colaboraron, anoten por el lado del exmiembro del grupo Titãs, con Chico Buarque, Tom Zé o Marisa Monte. Y Toumani Diabaté tampoco sabe lo que es estar quieto: Ali Farka Touré, Björk, Herbie Hancock, Taj Mahal y el Cuarteto Patria de Eliades Ochoa. “Quisimos acercarnos a la kora sin la pretensión de hacer un disco de “world music”, más bien crear algo completamente nuevo que trasciende una (im)posible y previsible sonoridad”, explican los dos músicos brasileños. “El álbum permitirá que la música de Malí sea conocida en un país donde estaban olvidando sus conexiones con África. Y hay colores que nunca se habían visto antes en las músicas de Brasil”, asegura Toumani Diabaté.

A Curva da Cintura, editado por el sello Um Discos, incluye catorce canciones que oscilan entre el pop ágil de los brasileños y la destreza a prueba de bomba del malí. Y en las catorce letras abundan referencias a la melancolía cotidiana, quizá el principal signo de identidad del también poeta Arnaldo Antunes, aunque es el campo sonoro de este cruce de orillas lo más deslumbrante. Laten, claro, esencias del samba y de la bossa-nova, también un ligero aroma de melismas árabes flotando entre guitarras brasileñas y kora. “Hay gran musicalidad entre ambos instrumentos, que se acercan a través de la improvisación. Y hay ritmos que mezclan de forma estupenda con las influencia del blues”, señala Edgard Scandurra. “Como ya ocurrió con Björk y otros artistas que han viajado a Malí, la atmósfera que se respira allí para crear es algo muy especial, y es muy difícil que suceda en una ciudad occidental. Bamako tiene otra magia”, dice Toumani Diabaté, “y ellos fueron valientes al aceptar el reto de mi invitación, no se arrepintieron”.

En efecto, A Curva da Cintura se trabajó en los dos países. En São Paulo, en una etapa inicial, Antunes y Scandurra pergeñaron el esqueleto sonoro. Luego, en el estudio de Bamako, los tres músicos completaron un viaje sin precedente entre los sonidos de Brasil y África occidental. Nos dimos cuenta de que sería una sonoridad única, una gran afinidad musical, y no podíamos dejar pasar esa oportunidad. La mezcla entre la guitarra eléctrica y la kora es genial”, reivindica el guitarrista brasileño. “Como llevo demostrando hace más de veinte años, la kora conecta con todo y con todos. Aunque no existan precedentes, la realidad es que funciona. Y se aprecia en mi hijo Sidiki, de veinte años, la generación número 72 de la familia Diabaté que toca la kora, que ha grabado efectos que no habían sido registrados antes con la kora. Muchos piensan que es la guitarra eléctrica”, indica Diabaté sobre piezas de satén como Ir, mão, Kaira o Grão de chãos que, además, ponen banda sonora a un documental que retrata el viaje africano.

Sorprende la cosecha si se valora el desconocimiento recíproco previo. Porque Antunes y Scandurra supieron del tañedor de kora en la reunión negra de Río de Janeiro, “pero luego hicimos una intensa búsqueda de sus discos, también a través de YouTube”, admite el guitarrista. Para Toumani Diabaté, la única referencia previa del dúo paulista era Tribalistas, el disco de pop que Antunes grabó en 2002 con Marisa Monte y Carlinhos Brown. “No fue algo premeditado. En una creación a tres bandas cada uno aporta sus experiencias, y en nuestros casos ya son muchas y muy variadas”, explica el malí. “Es la primera grabación entre músicos de Brasil y Malí, quisimos acercarnos a la kora y a esa habilidad que tiene Toumani con pop y rock; es lo mismo que Arnaldo y yo hacemos en Brasil. Me siento ciudadano del mundo que recibe informaciones e influencias, y que busca transcribirlas a sus composiciones. Nunca quisimos hacer un disco folclórico, solo teníamos samba o ritmos africanos”, añade Edgard Scandurra.

De hecho, A Curva da Cintura nació sin un pasaporte cultural predeterminado. “Siempre compusimos sin pensar si debería tener orígenes brasileños o latinos. Hacemos música y punto. Sin embargo, vivimos en una ciudad donde existen grandes influencias del mundo. He escuchado mucho flamenco y, tal vez por eso, hay ciertas influencias árabes en mis canciones. Y Toumani, por vivir en un viaje permanente a través del mundo, también hay cogido otras influencias. Eso explica su internacionalidad”, indica el guitarrista. “No conozco lo suficiente de los ritmos brasileños, pero que en su mayor parte tienen origen en África es algo que no se debe olvidar”, subraya Diabaté. “Y nuestro objetivo es el mismo de siempre: defender la cultura aunque la economía sea la que mande. Porque sin la cultura no vamos a ninguna parte. Y como olvidemos esto, entonces sí habrá crisis. Yo, como griot que soy, estoy aquí para recordarlo a todas horas”.

Publicado en la revista Rockdelux en julio de 2012

Regreso a La Mar de Músicas

11 Jul
Falta una semana para La Mar de Músicas,
así sonó el año pasado el festival de Cartagena
www.lamardemusicas.com

Canciones al dente para todos

Por Carlos Fuentes

No hay nada como las apreturas económicas para incentivar la imaginación. En Cartagena, donde ya es milagro que un festival de sonidos étnicos sobreviva con la que está cayendo, la última finta a la crisis ha sido reducir presupuesto, acortar el calendario y, sobre todo, combinar un cartel de pesos pesados con medianías de menor caché pero efectivas entre el público menos avezado. No es mala fórmula para sobrevivir, en la confianza de que venga un tiempo mejor.

CANCIÓN DE LUNA LLENA

En una edición, la decimoséptima, dedicada a Italia, la primera grata sorpresa llegó precisamente del país invitado. De Nina Zilli ya se sabía por 50 mila, la pieza que Ferzan Özpetek incluyó en su película Mine vaganti. Pero resulta que la cantante piacentina es mucho más que un éxito de temporada. Resuelta sobre las tablas, Zilli enarboló su pop con pespuntes soul, sonido que ya busca heredera, con canciones agradecidas como L’uomo Che Amava Le Donne y Cera Una Volta, más puntales adaptaciones de la matriz Motown (My Girl), algunas en clave italiana (You can’t hurry love/L’amore Verrà). Desembarco brasileño hubo por dos: Gilberto Gil dejó la política para mayor gloria de la canción y, vaya, con 69 años sigue en plena forma. El maestro bahiano regaló un recorrido nutrido por los sonidos del nordeste: forró, baião, xote, maxixe… y mucho tropicalismo flotando en dos horas largas que duró la lección. Gigante Gil, no se esperaba menos, profesor absoluto de la guitarra brasileña, ya sea si se arrima al folclor propio (Dança Da Moda, Óia Eu Aqui De Novo, Lamento Sertanejo) como si rescata su homenaje reggae a Marley (Não Chore Mais). Se fue dejando dos mil almas boquiabiertas con O Livre Atirador e a Pegadora, antes de regresar rápido como invitado para susurrar Esses Moços. Abrió sesión nocturna Adriana Calcanhotto, elegante, la gaucha más nutritiva de la penúltima hornada. Vino con el estreno de su disco de sambas, pero es su pop mayestático, puro expresionismo, el que termina por cautivar a quien no la conoce. Ya se sabe de su cancionero rebosante, también del ojo clínico con el que elige parceiros (Lancelotti, Continentino, Morães), incluso de sus golpes de efecto (percusión con pozuelos de café, distorsión con megáfono infantil… hasta un secador de pelo entre confetis). Pero que nadie caiga en la confusión: Adriana Calcanhotto retrata lo cotidiano como pocas (y pocos) hoy en Brasil. De músicas añejas sabe, y mucho, Mavis Staples. Rescatada del olvido por Jeff Tweedy, la gran dama de Chicago inauguró la noche dedicada al blues y, quizá porque sabía lo que vino después, condensó en una hora medio siglo de sabiduría popular. Bastó escuchar su voz trémula rompiendo espejos de edad con Last Train, la resurrección You Are Not Alone o, ya arrimada al gospel, Creep Along Moses. Cierto que regateó esfuerzo, pero su hora de gloria cotizó en quilates mucho más que el simulacro que llegó luego. Y de África, la escasa cuota recayó en el senegalés Cheikh Lô. Más sosegado que en visitas anteriores, el amable baye fall completó un recital espléndido. Sin aspaviento, con tama y batería amortiguados ante una voz que devuelve el precio de la entrada. Se volcó en Jamm, repasó su mbalax lo-fi y reiteró ser el gran exponente del acervo caribeño en el oeste africano: Seyni, preñada de Cuba. Barroso y Portabales: baile bonito y sabroso en la memoria.

CUARTO CRECIENTE

Quiso poner a bailar como salvajes y lo consiguió, aunque al final diera aspecto de más fiesta que chicha. Stewart Copeland encontró en la tarantella y la pizzica aquel espíritu que utilizó para domesticar el ritmo del punk vía new wave. Baterista proteico, eso no se discute, desembarcó con tanta energía que más que abrir puertas salió disparado por la ventana. Triunfó entre multitudes, quizá porque se esperaba una hipérbole, e hipérbole hubo, pero cabe dudar si el percusionista mejor dotado de su generación está sólo para animar la fiesta. Menos efervescencia en el público encontró El Guincho, pero su propuesta de directo sigue madurando. Ya con guitarra y bajo de cuerpo presente, Pablo Díaz-Reixa parece haber encontrado la fórmula que haga accesible el torrencial despliegue de Alegranza y Pop Negro. Su catarata de ganchos a las caderas admite poco debate: Bombay suena casi mejor que en disco y los hermanos mayores (Palmitos Park, Kalise, Fata Morgana) siguen con el viento en las velas. En otro código, también Russian Red continúa en maduración. Ajena a polémicas fanáticas, Lourdes Hernández defendió con solvencia la cosecha nueva de Fuerteventura, con esa veta autoconfesional (Nice Thick Feathers, Braver Soldier) y cierta cadencia beat (I Hate You But I Love You). Camino consolidado que ya tiene Julieta Venegas. Llegó superviviente del Festival de Benicàssim, pero el sonido se la jugó: apenó ver al ruido fagocitar crónicas tan bien armadas. Algo así ocurrió con Instituto Mexicano del Sonido, con la diferencia de que Camilo Lara parece buscar adrede una sobreactuación que termina por empalagar su híbrido cancionero bailable; y Balkan Beat Box, entremés, ejem, mestizo sin mayor enjundia. Para inventos inflamables están Fréderic Galliano y sus chicos contagiosos del Kuduro Sound System. Música urbana de alto octanaje, orgullo y poder. Aviso: no apta para todos los públicos.

AMENAZA DE LLUVIA

Si no se sabe, no se puede. Cindy Lauper convocó una noche de blues con sabor a Memphis y terminó convenciendo, es un decir, con su pop avejentado de regusto kitsch. Se pasó una hora de quiero y no puedo (Down Don’t Bother Me, Crossroads, Don’t Cry No More), entre saltitos de ridículo y ceremonias de autocomplacencia. Apenas levantó vuelo, y es otro decir, con True Colors, Time After Time y, obvio, Girls Just Want To Have Fun. Más barato hubiera salido un karaoke. Es lo que tiene generar expectativas. Aprendida se tiene la lección Third World, que hizo lo que sabe. Ni más ni menos. Neo-reggae de fácil consumo, pero con dignidad. Casi como Afro Celt Sound System: pocos conciertos te hacen sentir tan viejo. Y pensar que Simmon Emerson, en 1994, produjo el atlético Firin’ in Fouta de Baaba Maal. Pero para potajes mal cocinados Ojos de Brujo, con su penoso camelo transgénico. Tantos años de intentos de mezclar a Run DMC con faldas de lunares para este triste simulacro que el invitado Peret deja con el culo al aire en diez minutos. Buche y pluma ná más… ahora (dicen) se van. Si es verdad, no se echarán en falta sus fruslerías.

Publicado en septiembre de 2011 en la revista Rockdelux

El brasileño caníbal que canta a las orquídeas

26 Abr

LENINE

Por Carlos Fuentes

Un pacto familiar le dio nombre de revolución y Lenine (Recife, 1959) reivindica esta raíz con una obra musical híbrida que transita entre la tradición brasileña, el rock nutritivo y los nuevos recursos electrónicos. Su décimo disco, Chão, gira hacia las raíces básicas de la canción con un repertorio acústico elaborado en ausencia total de percusión. Músico caníbal aficionado al cultivo de orquídeas (“son el mapa de mi vida, hay flores de cada lugar que visito, es un mapa vegetal a través de mi vida”), el brasileño Osvaldo Lenine Macedo regresa con el décimo capítulo sonoro de una trayectoria versátil como pocas hay en Brasil.

Chão (suelo, en portugués) es una suerte de retorno a la esencia. “La fuerza visual del cine y la television se ha apropiado de la música, pero el sonido es la esencia de toda música”, explica Lenine en conversación telefónica desde su domicilio en Río de Janeiro. “He prescindido de todo tipo de percusión, incluso de las baterías, para intentar plasmar los sonidos de lo cotidiano. Con el disco nuevo quiero proponer una experiencia sensorial diferente, algo distinto frente al momento actual de prisa y ruido”, abunda este músico de largo recorrido.

Rebosante de sonidos incidentales, desde el canto de las cigarras (Malvadeza), una motosierra que tumba un árbol (Envergo más não quebro) o una tetera con agua hirviendo (Uma cançõ é só), Chão aspira a convertirse en la fotografía de un instante de serenidad. Ahora que Lenine disfruta como abuelo y se retrata con su nieto para la tapa del nuevo disco. “Siempre trato de hacer un trabajo que refleje lo que tengo cerca, plasmar un reportaje del momento que está delante”, abunda el autor de canciones para Milton Nascimento, Maria Bethânia y Living Colour, productor y ganador de cinco premios Grammy. “Chão suena como cada paso que damos al andar, un camino a transitar por todo lo que tenemos cerca: es mi instantánea del paso del tiempo, de la necesidad que tenemos como seres humanos para fijarnos en lo esencial, en lo importante”.

Y Chão es, al tiempo, otra prueba del sonido global del nuevo Brasil. “Es lógico ver a Brasil como país pionero en lo que denominas música globalizada y tiene una explicación: Brasil es producto de muchas influencias, de aportaciones que han llegado de culturas distintas, de árabes, japoneses, alemanes o españoles. Hay mucho común con Argentina, Uruguay, Chile… por más que el Tratado de Tordesillas se empeñara en separarnos durante demasiado tiempo. Aunque si soy honesto debo reconocer que el brasileño promedio no conoce bien esta realidad multicultural del país”, señala Lenine, quien reivindica el poder del rock nacional como fuente primera de influencias. “Con Argentina, por ejemplo, siempre he tenido una gran conexión. Me gusta el aprecio del argentino por el rock, que fue mi campo inicial de formación musical. Siempre gustó la cultura argentina, mejor dicho, la cultura pampera que incluye a Uruguay. Siempre he defendido la idea de tocar, de hacer música, con muchos de mis hermanos latinos y potenciar el lenguaje común”, señala el compositor pernambucano.

Ante el nuevo rol político y económico de Sudamérica, Lenine rompe una lanza por lo panamericano. “Hasta hace no mucho tiempo éramos llamados Tercer Mundo, sin razón de ser. No es una idea coherente: tras el Sol están Mercurio, Venus y la Tierra, todos somos Tercer Mundo”, indica el músico. “Este buen momento nos permite tener conciencia de lo que somos y de hacia dónde podemos ir juntos”. Y cita al seminal dramaturgo Nelson Rodrigues. “Él dijo que los latinoamericanos padecíamos un síndrome de estima, como si fuéramos perros de calle de los que no se conoce su raza porque son mezcla de muchas razas”, explica Lenine, “pero los latinos debemos exorcizar ese pensamiento, esa carga que nos impide progresar. Y tenemos que ser capaces de mejorar nuestras condiciones de vida, para disfrutar de un futuro que ya está aquí”.

El hada madrina del nuevo Brasil

20 Dic

MARISA MONTE

Por Carlos Fuentes

Hay pocas carreras tan al margen del calendario comercial como la de Marisa Monte. Verso libre de la música popular brasileña, la cantante carioca disfruta de un crédito merecido con apenas cinco discos de estudio, siete si se suman dos álbumes en directo. Aliada estratégica de buena parte de la generación de nuevos músicos brasileños que están revolucionando los sonidos del gigante verde, esta versátil autora e intérprete vuelve ahora con O que você quer saber de verdade, primer disco en cinco años. “Es el ritmo de mi vida, mi ritmo ideal”, explica a Público, “la velocidad que necesito para sentirme cómoda y creativa”. 

Se abre la tarde en Río y la voz de Marisa Monte (Río de Janeiro, 1967) suena serena, sin prisas. Como si hubiera pospuesto un rato de asueto. Nada que ver con el caudal energético de sus conciertos y la tormenta tranquila que transmite a sus músicas. Contenta con el nuevo disco, una suerte de vuelta a la raíz de la canción, recupera parcerias con el músico y poeta paulista Arnaldo Antunes y el hombre-orquesta bahiano Carlinhos Brown. Triángulo básico para explicar la identidad del nuevo Brasil. “Nos une el lirismo en la música, aunque cada uno sea al mismo tiempo diferente y complementario al resto. Arnaldo vive en São Paulo, en un mundo de hormigón, con su poética urbana, simple y sofisticada; y Carlinhos es de Salvador de Bahía, con su experimentación y libertad. Quizá yo esté en el centro porque en Río se une todo”, indica. De los catorce temas de O que você quer saber de verdade, ocho fueron compuestos a dúo o a trío.

Cada momento de la vida puede ser inspirador y yo trato de vivirlos y sacarles todo el partido. Hasta ahora quería un ambiente más familiar, más relajado, sin que eso significara estar en silencio”, indica Marisa Monte al subrayar que da tanta importancia creativa a la etapa de ser madre (y ella atiende ahora a una segunda hija) como al vertiginoso momento de entrar en estudio y, luego, salir de gira. “Las canciones nunca dejan de surgir, quizá no al ritmo como cuando estás sola en la habitación del hotel”, señala el vértice femenino de Tribalistas, su aventura de 2002 con Antunes y Brown. Un disco, trece canciones, escrito en apenas una semana y que vendió dos millones de copias en todo el mundo. 

El de Marisa de Azevedo Monte suena a cuento de hadas. Hija de un ingeniero emparentado con la casa Saboya (un antepasado aspiró a reinar en Portugal), estudió canto, piano y percusión. A finales de los 80, el productor Nelson Motta tradujo para ella E po’ che fa do, del napolitano Pino Daniele. Bem que se quis fue un gran éxito, el primero. En la década siguiente, Marisa Monte eclosionó en mariposa multicolor gracias a Arto Lindsay, zahorí de melodías extraídas del ruido, con Mais, su estreno como autora; y, en 1994, Verde, anil, amarelo, cor-de-rosa e carvão, con temas de Paulinho da Viola, Jorge Ben Jor y Lou Reed, vendió un millón de copias. Tres canciones sonaron en telenovelas de Globo.

Los éxitos se repitieron con el disco en directo Barulhinho bom y el posterior Memórias, crônicas e declarações de amor. 2006 fue el año de los gemelos pero no iguales Infinito particular y Universo ao meu redor. Cuatro estandartes para una nueva manera de entender las tradiciones y el futuro de la música en Brasil. ¿El país de la primera música globalizada? “No lo sé, quizá seamos más producto del avant-garde, de una vanguardia, que de la globalización. Nuestra cultura siempre ha estado anclada a la diversidad. Para los brasileños, mezclar es algo natural. Así creamos la bossa-nova y el samba-rock; nuestra música se nutre de raíces genuinas en la naturaleza mestiza del pueblo brasileño. Por eso nuestras mentes están abiertas: no tememos que las mezclas cambien nuestra forma de ser porque nuestra forma de ser ya es producto de muchas mezclas”. 

Y en los diferentes Brasil encantan Marisa Monte y sus cosechas de serenidad. También que vuelva a la esencia (hace tres años produjo O mistério do samba, documental sobre la mítica escuela sambista Velha Guarda da Portela), quizá el rasgo más característico de su nuevo disco. “Mis canciones están inspiradas por el dominio del tiempo, son mi apuesta por la vida con ritmo humano. Hablo de disfrutar cada instante, ser optimista, elegir lo de verdad importante… quizá sea resultado del momento actual, de tanta información, tanto ruido. Debemos ser capaces de identificar las necesidades de nuestro espíritu y dedicarles todo el tiempo que se merecen”, reflexiona Marisa Monte. Y sus canciones, híbridos de romanticismo pop, ahondan en esa línea. “No podemos negar la importancia del amor en la vida. Ahí está la clave, o al menos una de ellas: déjate llevar por la vida, sepárate de todo lo que te causa problema. Y si quieres algo, inténtalo”. 

Suena algo intangible en el disco de Marisa Monte que siembra paz interior. Rico en canciones, catorce, para lo que se estila hoy, O que você quer saber de verdade rebosa poesía de profundidad cotidiana. “Después de soñar tantos años, de hacer tantos planes, de un futuro para nosotros”, canta, con la mirada atrás, en Depois. Melancolía cálida en una simbiosis de pop y samba, como si ahora en Marisa Monte confluyan las corrientes que plasmó en sus dos discos anteriores, ambos de 2006: el contemporáneo Infinito particular, de su cosecha y amigos, y el ágil Universo ao meu redor, con sambas de Argemiro Patrocínio, Paulinho da Viola y Adriana Calcanhotto. Siempre cómoda compartiendo focos: “No confundo mi persona con mi arte. Hoy existe una gran confusión entre arte y artista, como si la línea tenue que los divide no existiese. Y yo estoy cómoda haciendo música, no tengo la vanidad de querer aparentar más que la música”.

Publicado en el diario Público el 20 de diciembre de 2011