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Rubén Blades: “Escribes canciones sobre asuntos difíciles, pero la música se hace fuerte y te respetan”

23 Jun

por Carlos Fuentes

Ha pasado un cuarto de siglo desde que entregó su obra maestra, Buscando América, pero el notario mayor del barrio latino no ha perdido su olfato de francotirador. Ministro de Turismo de Panamá hasta el próximo 1 de julio de 2009, Rubén Blades afila su verbo fotográfico, dispara palabras en tiempo real, rearma su conciencia y prepara disco nuevo. Mucho queda todavía de aquel chico audaz que pasó de mozo de almacén a capitanear la primera división de la salsa.

Vocero cronista de la vecindad, Rubén Blades Bellido de Luna (Ciudad de Panamá, 1948) trasciende con creces el rol de músico, cantautor o como usted quiera llamarlo. Compositor de largo recorrido, abogado y actor, luego político y ahora ministro, concita admiración y respeto por su capacidad probada para pergeñar con canciones el mapa social y emocional de América Latina.

Después de cuatro años de retiro voluntario tras ser nombrado ministro de Turismo por el nuevo presidente panameño, el socialdemócrata Martín Torrijos Espino, Rubén Blades regresó por un rato a los escenarios españoles con el grupo Son de Tikizia. En una suerte de ensayo general de su retorno a la música, el cine y el teatro, el cronista mayor de América Latina afirma que la política le ha permitido crecer como persona y ampliar puntos de vista sobre el futuro del pueblo latinoamericano. “Me ha hecho mejor ciudadano, mejor ser humano, más solidario, menos egoísta, más paciente”. Pero el músico que lleva dentro se rebela: “Cuando vuelva a escribir lo haré con la honestidad de siempre”.

No es fácil ser Rubén Blades, por tiempos alternos músico, actor o político. A mitad de los años ochenta, cuando el cantante panameño entregó su trilogía mayor –Buscando América (1984), Escenas (1985) y Agua de luna (1987)– quince dictadores regían todavía los destinos de otros tantos países latinoamericanos. Él ya había completado su grabación primera con la orquesta de Pete Rodríguez, el disco De Panamá a Nueva York (1970). Cinco años después se graduó abogado en Panamá y en 1973, con su familia de raíces británicas y colombianas, se exilió en Estados Unidos lejos del tirano Noriega.

Desde entonces, y hasta la reconciliación con Panamá en 2004, Rubén Blades grabó una veintena de discos propios y cantó en otros tantos álbumes ajenos: de Willie Colón y Cheo Feliciano a Paul Simon y Calle 13, de Sting a Los Lobos, de Héctor Lavoe a Los Fabulosos Cadillacs. También formó parte durante una década, en los gloriosos años setenta, de la poderosa alineación de la Fania All Stars. Cuando todos los focos del universo latino iluminaban a la salsa.

Gorra calada, apenas camiseta y tejanos (“nadie me ha sabido explicar para qué sirve una corbata, salvo para que te ahorquen con ella”), Rubén Blades toma asiento y retira un cartel postizo que anuncia al ministro de Panamá. Él mismo lo explica (“tengo una licencia de tres semanas sin sueldo y una de vacaciones”), así que quien ahora empieza a hablar es el músico. Será una charla a tres tandas en dos semanas, en persona, ampliada por correo electrónico y, al final, con varias reflexiones extraídas de su bitácora digital, El Show de Rubén Blades.

¿Cómo interpreta hoy el mensaje del disco Buscando América? ¿Siguen vigentes los problemas que denunció en 1984? “Todavía tenemos mucho que hacer para producir gobiernos eficientes y respuestas claras para la población, desde la salud hasta la educación. Y la vigilancia para impedir el regreso de los abusos contra los derechos humanos no puede ser suspendida. La posibilidad de que cometamos los mismos errores se verá limitada solo a través de una continua y consistente participación civil”, explica el autor de Desapariciones, una de esas canciones emblema que resumió los sangrientos años de plomo en América.

Porque Rubén Blades no baja la guardia, reivindica su vocación política en Panamá (“fundé un partido independiente y participé como candidato presidencial planteando respuestas fuera de la partidocracia tradicional y las propuestas ideológicas de siempre”) y reconoce ya algunos beneficios tangibles. “Uno de mis defectos es la impaciencia. Decido algo y lo hago. Pero en la administración pública no es así, hay esquemas estúpidos, y ahora tengo un mayor nivel de paciencia, que es algo que ayuda no cometer equivocaciones”.

De un reto actual, la emigración, la voz del político ayuda a moldear la posición del músico. ¿Qué opina de la directiva de la vergüenza aprobada por la Unión Europea para controlar a los trabajadores extranjeros? “Todos los países tienen derecho a una política de desarrollo de la emigración. Hay que considerar la capacidad de carga”, reflexiona Rubén Blades. “Acá será cuestión de decidir cómo se responde, pero no se debe fundamentar una política migratoria en función de raza, sexo o procedencia. No es lo que se espera de una sociedad”.

Compositor de referencia de lo que se vino a acuñar como salsa intelectual, Rubén Blades rebosa compromiso social. No vende sueños, él es la calle. Y domina como pocos la jerga del barrio, aunque este recurso literario no es más que el medio propio de expresión que busca un fin. “Escribes sobre temas difíciles que logran que las personas se sientan menos solas. La música se hace fuerte y entonces te respetan, son argumentos honestos”, arguye el ganador de seis premios Grammy. “Nunca sé cuándo voy a escribir. Imagino que el proceso es súbito. Y ese proceso no es como sentarse a hacer zapatos. Muchas canciones de contenido social las escribí porque me sentí indignado por cosas que veía. Es como el bolero: se escriben boleros cuando el amor comienza y cuando el amor termina. No hay boleros en el medio porque a nadie le importa. Es la pasión del inicio y el dolor, la miseria, del final del amor. Nadie escribe del medio”.

De entre todas sus canciones a tumba abierta cita Cuentas del alma. “La mujer latinoamericana nunca ha sido reconocida en su aporte al desarrollo del hogar, y tampoco en términos emocionales ni espirituales. Porque la mujer, en general, por la condición machista de nuestra sociedad, aunque va cambiando, no llega a desarrollar todo su potencial. No le dan las oportunidades que merece”.

Observador afilado de voces que están a la vuelta de la esquina, Rubén Blades valora la influencia de la salsa en el gran pueblo latinoamericano, aunque matiza un pronóstico sobre su porvenir. “La salsa va a ser redescubierta porque su futuro ya no se escucha solo en el Caribe. Y continuará siempre al ser un género con mucha vitalidad y energía, y con un baile tan físico. Ya se sabe: baile de lejos, baile de pendejos. La salsa está bien, gracias”, dice con sonrisa de medio lado.

¿Y formar parte del gran negocio de la música es bueno para que no se perviertan los mensajes? “¿Y cuál es el gran negocio?”, se pregunta en voz alta. “En el mundo de la música lo usual es que los piratas se lucren ilegalmente con nuestras canciones, con el apoyo de quienes no entienden que no es correcto”. Pero viéndolo en la política, en el dinero, uno teme que aquel francotirador del barrio haya desaparecido. ¿No se habrá convertido usted en un muchacho plástico? “Es equivocado asumir que todos los que entramos al servicio público estamos en el dinero. Es totalmente falso y forma parte de esos mitos que algunos intereses, apoyados en la ignorancia y la ausencia de criterios, pretenden crear alrededor de toda persona en la gestión política. Imagino que lo preguntas para provocarme. A mis sesenta años, ¿cómo voy a ser un muchacho plástico?”.

Aunque el vate panameño anuncie un “redescubrimiento” de la salsa más allá de las fronteras hispanoparlantes, por ahora a nivel comercial mandan el pop latino más accesible y el rescate de viejas grabaciones de la época dorada de la música latina en Nueva York. Incluso Rubén Blades está regrabando ahora sus discos antiguos para recuperar el control total sobre su obra músical de largo recorrido. ¿Queda por aparecer algo tan bonito y sabroso como las músicas populares de los años setenta y ochenta en América Latina? “Cada generación produce éxitos y fracasos. No sé qué se presentará en el futuro, pero imagino que se producirá atendiendo a las circunstancias y a las realidades que definen su momento. Es inútil tratar de repetir tiempos pasados bajo condiciones pasadas”, reflexiona el veterano músico panameño. “Cada generación brinda su punto de vista. Cada cual vive su momento y reacciona de acuerdo al entorno”.

Quizás por eso, audaz, Rubén Blades contempla el hip hop y el reggaetón como ágiles lenguajes musicales de los tiempos que corren. El producto urbano de décadas de influencias culturales y musicales entre los dos lados de América. ¿Tendrán estas nuevas músicas latinas urbanas un recorrido y una autoridad más allá de la explosión popular actual? “Cada generación interpreta la realidad de acuerdo a sus condiciones y capacidades. No sé qué va a pasar con eso. Acabo de colaborar con el grupo Calle 13 en su reciente disco, en una pieza sobre el barrio de La Perla, en San Juan de Puerto Rico. Es música urbana, es arte urbano. Si tiene o no calidad sostenible que haga que el género sobreviva a la moda, el tiempo lo dirá. Y las futuras generaciones lo defenderán o lo olvidarán”.

Novedades aparte, Rubén Blades también asume que los días que se van no vuelven (“hay que usar el tiempo y usarlo viciosamente. Soy consciente del paso del tiempo y de que me quedan muchas cosas por hacer”) y ya planea nuevos retos para el día después que deje de ser ministro: “Hacer más cine, dirigir teatro y escribir sobre mi experiencia como latino en Estados Unidos. Y comenzaré mi reinserción en la música y en el cine, que es mi trabajo”. ¿Cómo le gustaría ser recordado para la posteridad? “No me detengo a definir la forma en que seré recordado. Eso sería una vana necedad. Sobre cuál ha sido mi aporte, ese es un asunto que habrán de definirlo quienes sepan qué fue lo que hice”. ¿Y le produce nervios la perspectiva de volver en 2009? “Tendía dudas porque cantar es un ejercicio físico que depende del diafragma, que sabemos que es un músculo. Y porque para un artista parar cuatro años es como dar un beso a la muerte”.

Tiempo antes de que a Thom Yorke se le iluminara la bombilla digital, Rubén Blades ya había experimentado con la venta de su música a través de Internet. En 2003 el panameño colgó unas cuantas canciones y espero reacciones. El invento no funcionó del todo, pero el autor de Siembra (1978) y Maestra Vida (1980), que ya ha participado en una treintena de discos grandes que se publicaron en ocho sellos distintos, no renuncia a las posibilidades del mercado gigante de la era digital. “Si de mí dependiera, el sistema sería colgar los discos en Internet y que la gente mandase al artista el dinero que cree que vale el disco. Siendo serios, sospecho que muy pocos se tomarían la molestia”.

El éxito efímero del disco de Radiohead In Rainbows (2007) vendría luego a darle la razón. Y ahora, ¿qué retos plantean las descargas para garantizar el futuro de las nuevas generaciones de autores? “El reto mayor será cómo mantener la vigencia del producto creativo, a nivel comercial, con tanta oferta que hay en todo el mundo”, admite el músico panameño. “Tiene que darse un nivel de calidad excepcional y consistente para sobrevivir en un mundo tan competitivo como el que plantea mercadear producto por Internet”.

Sabe Rubén Blades que la música no cotiza al alza en la red, pero prefiere agarrarse a estos aprovechamientos nuevos. Al rescate, por ejemplo, de lustrosas grabaciones de antaño. En El Show de Rubén Blades (cómo no, solo en Internet), el cronista de ex señoritas que no saben qué hacer, el creador del Quijote del Harlem, hizo recuento de algunos de sus discos latinos favoritos. A saber: Steppin’ Out (1963), de Joe Cuba Sextette; Jala Jala y Boogaloo (1967), de Ricardo Ray; la canción Perfume de rosa, de los imperiales Rafael Cortijo e Ismael Rivera; Superimposition (1971), de Eddie Palmieri; el tema Montuneando, de Ralph Robles; y el álbum Cosa nuestra (1971), de Willie Colón y Héctor Lavoe. “No son los mejores discos ni las mejores canciones, sino los que más me gustan por estar amarrados a una vivencia”.

 

Publicado en la revista Rockdelux en octubre de 2008

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Seun Kuti: el hijo de la pantera

17 Sep

Seun Kuti

por Carlos Fuentes

Con catorce años heredó la todopoderosa orquesta de su padre, el mayor mito musical jamás surgido de África. Ahora, en el friso de la treintena, este cantante y saxofonista nigeriano intenta pergeñar la hoja de ruta del afrobeat futuro. Una música enérgica y contagiosa con la que, al frente de Egypt 80, se renueva como portavoz de los anhelos de todo un continente. Sí, el ritmo sigue siendo el arma.

No hay en este planeta mundo ritmo tan atlético, incendiario y zumbón como el afrobeat. Y pocas músicas llegadas del sur gozan de un estado de salud como este sonido fuerte, ardiente y pegajoso hijo de la jungla sonora de Nigeria. De procedencia urbana, pero con acentuados rasgos tribales, el afrobeat continúa renovándose década a década con la eclosión de nuevas bandas en (casi) los cinco continentes. Aunque es inevitable citar un apellido, ya una estirpe, como el factor determinante para la irrupción del afrobeat en el gran mercado musical occidental. Un apellido, un hombre: Fela Anikulapo Kuti. Quizá haya escuchado usted hablar de él: entre 1958 y 1997 lideró la mayor revolución musical que ha surgido de África. Junto al baterista Tony Allen y a su orquesta Africa 70 dejó una obra influyente como pocas se han visto irrumpir desde un país en vías de desarrollo. “Utilizo mi música como arma”, grita en el documental Music Is The Weapon el apóstol Fela Kuti, mito mayor del panteón yoruba afrobeat, y cuya primera biografía española, Espíritu indómito, publica ahora Sagrario Luna.

Seun Kuti live

Seun Kuti tiene 31 años y es el hijo menor de Fela Kuti. También ha heredado el grupo de su padre, renombrado Egypt 80 desde finales de los años setenta, y ya es responsable de tres discos grandes. De verbo combativo y con un perfil nada acomodaticio, Seun Kuti sabe que a pocos africanos de su generación les está permitido levantar la voz y aprovecha los focos de la música para vindicar las ideas valientes de su padre. “Como músico tengo la posibilidad de hablar y que mis palabras lleguen a mucha gente. Es lo que hago cuando me encuentro con mi público, dar mis propias opiniones y permitir que la gente conozca otros puntos de vista. Es la única manera que veo de ser útil a mi sociedad”. Por eso celebra Seun Kuti el estado de ánimo del afrobeat, también que su hermano mayor, Femi, defienda con solvencia el apellido y que el influyente baterista Tony Allen entregue por momentos discos esplendorosos y algún experimento interesante con Jimi Tenor, Paul Simonon, Damon Albarn o Flea. “Creo que la música no pertenece a nadie”, afirma Seun Kuti. “La música a su vez inspira a gente joven que hace música. No creo que esta música africana pertenezca a Fela, creo que el afrobeat pertenece al mundo. Ni siquiera pertenece a África. Otra cosa es que Fela Kuti y África hayan sido sus dos grandes inspiradores”.

Seun Kuti concert

No se dijo antes. Seun Kuti atiende al teléfono desde Burdeos porque está en plena gira de presentación de su nuevo disco, A Long Way To the Beginning (2014). A finales de mes formará parte de la doble apuesta afrobeat de Primavera Sound junto a los neoyorkinos Antibalas. Producido con el pianista americano de jazz Robert Glasper, A Long Way To the Beginning es el tercer álbum en seis años para Seun Kuti. Aquel chico que con apenas catorce heredó por accidente la orquesta de Fela es ahora cabeza de familia, padre reciente y, asegura, más consciente de que la vida es una cuestión de actitud. “Claro que he cambiado. Todos cambiamos y, en cierto sentido, esos cambios son como una prueba de vida. Cambiamos al afrontar la tolerancia, las relaciones con las personas e incluso cambiamos en nuestra condición humana. Yo cambio por mi condición de padre también. Acabo de tener una hija hace apenas tres meses. Y continúo con un proceso de cambio hacia una mejora continua para construir mi vida con más tolerancia. Es muy importante desarrollarse uno mismo como persona, pero también lo es como músico”, asegura Seun Kuti, autor también de Many Things (2008) y From Africa With Fury: Rise (2011). “Yo no creo que exista el músico perfecto, pero en ese camino hacia la perfección tu público va notando cómo has mejorado en algunos aspectos determinados en tus canciones. Y creo que esos cambios en la persona y el conocimiento de ese cambio personal se refleja en mi música”.

Seun Kuti & Egypt 80

Aunque aún es corta, la hoja de ruta discográfica de Seun Kuti tiene marcadas en rojo algunas colaboraciones de audacia. En 2011 su álbum de confirmación contó con la producción de Brian Eno y John Reynolds, y sólo un par de años después grabó Todo Se Mueve con los puertorriqueños Calle 13. Del trabajo con Robert Glasper habla sin aspavientos, como una etapa más en el camino. Quizá sí con cierto entusiasmo propio del que saca el pan del horno. “No estoy buscando ningún sonido nuevo sino mi sonido. Cada vez que escribo música, cada vez que grabo música busco mi sonido actual, mi sonido en ese momento preciso. Esa es mi única meta”. ¿Y por qué Robert Glasper, alguien a priori tan distante de su universo musical. “Sencillamente porque desde que conocí sus trabajos siempre quise colaborar con él. Hubo un tiempo en el que los asuntos de cada uno no lo permitió, pero yo siempre le decía a mi manager que quería trabajar con él. Me interesa su punto de vista sobre mi música, pero es cierto que él viene de otro campo musical”. ¿Y la memoria de Fela juega algún papel en su carrera, usted que heredó Egypt 80? “Es que realmente yo no heredé la banda de mi padre, yo ya estaba en la orquesta”, corrige Seun Kuti. “De cierta manera lo que ha habido es una continuidad, yo intenté seguir tocando y que el grupo siguiera haciendo sus músicas”. ¿Y Fela? “Mi padre fue un buen padre, ahora que lo veo siendo adulto me doy cuenta de que fue un buen padre para mí. Recuerdo mucho sus conversaciones, cuando tenía catorce años tal vez no lo veía tan claro, pero una vez que creces y recuerdas te das cuenta de lo buen padre que fue Fela Kuti. Cuando era adolescente muchas veces no era capaz de entender lo que él me quería decir y ahora ya soy consciente de quién fue”.

live Seun Kuti

Entre las enseñanzas que Seun Kuti enarbola en el nombre del padre está ese panafricanismo militante que no siempre fue bien entendido. Comprometido en la lucha contra la corrupción y el desgobierno que laceran al continente negro, el cantante y saxofonista participó hace un año en las duras movilizaciones de Occupy Nigeria contra la política petrolera del presidente Goodluck Jonathan. Nigeria es el primer productor de petróleo en África, pero el país apenas tiene capacidad de refinado. Las plusvalías del negocio se marchan fuera, la basura del crudo se queda en casa y la mayoría de los nigerianos sobreviven con algo menos de dos euros al día. Esta es la situación que enciende a Seun Kuti. “El problema del continente es que nunca ha habido una población con acceso a la educación”, arranca el músico una reflexión, ácida y triste, sobre la realidad de su país y, por extensión, de otros tantos estados de África. “Los porcentajes de la población africana que no han sido educados son muy grandes si comparas con cualquier otro continente”, lamenta Seun Kuti. “Quizá ahora las cosas han empezado a cambiar porque la gente joven está teniendo mayor conciencia de sí misma y está entendiendo el sistema mejor que nadie antes en África. No me refiero a que sea un sistema bueno o malo, pero es el sistema que gobierna el mundo y ellos ahora están entendiendo cómo funciona. Al sistema sólo puedes cambiarlo moldeándolo con esa conciencia que puede generar la gente joven y eso es muy difícil en países donde esos mismos jóvenes no pueden conseguir un trabajo digno. Y para un africano es difícil asumir que podría cobrar cuatro o cinco veces más por ese mismo trabajo si estuviera en otra parte del mundo”.

Kuti Seun

Pero el camino de Seun Kuti traza justo el sentido contrario. Con proyección y rentabilidad, del escenario al disco, como aprendió de su padre. Cada canción se gana sobre las tablas la entrada en el estudio. Queremos seguir hablando de música, de sus colaboraciones más recientes con los raperos M-1 (Dead Prez) y Blitz the Ambassador, también con la cantante de la diáspora Nneka. Aunque Seun Kuti está más por aprovechar el tiempo para hablar de África y de los africanos. “Ser padre es más importante que ser músico”, dice. Como si el futuro de África fuera ahora su principal prioridad. Y el futuro del continente, reafirma, es el porvenir de sus jóvenes. “Quiero que la gente joven africana se una, que trabaje junta por un futuro para todos. Intento colaborar en ese trabajo de concienciación. Intento llevar información allá donde voy, hablar con gente que va a mis conciertos. Porque esos países no pueden continuar más tiempo sin dar oportunidades a sus nuevas generaciones. En Nigeria, y en muchos otros países de África, demasiada gente se quiere marchar. E intenta emigrar. Cada vez es más importante el dinero que los emigrantes envían a sus casas desde Europa. Y la fuga de jóvenes africanos se convierte en un eterno volver a empezar porque la desigualdad no para de crecer. Ocurre en toda África”.

Retrato (en tres dimensiones) del nuevo afrobeat

Seun Kuti 1

“Many Things” (2008)

Las dos piezas que anunciaron la llegada del segundo heredero de Fela Kuti, incluidas en el maxi Think Africa (2007), abren un primer disco atlético pero contenido. Cantado en inglés, yoruba y pidgin nigeriano, ya ofrece pistas del rumbo propio que busca Seun Kuti. Producido por Martin Meissonnier, incluye siete temas accesibles en duración, entre cinco y ocho minutos, que huyen de las letanías del padre del afrobeat. Y surtió efecto: encendió el altavoz por el drama de África.

Seun Kuti 2

“From Africa With Fury: Rise” (2011)

El primer salto mortal de Seun Kuti llegó con su alianza con Brian Eno y John Reynolds. Disco de percusiones rebosantes, como un puñetazo sobre la mesa, con remates de vuelo electrónico, indaga en la innata capacidad de adaptación del afrobeat contemporáneo. Pero el discurso no ha cambiado en el atlético From Africa With Fury: Rise. Siete voces vehementes contra el expolio de África (atención al tema titular, Rise) citando con nombres propios a las multinacionales sin alma que roban el futuro ajeno.

Seun Kuti 3

“A Long Way To the Beginning” (2014)

En seis años Fela Anikulapo Kuti hubiera publicado veinte discos, pero su hijo menor camina a otro ritmo. Producido junto al jazzman Robert Glasper, Seun Kuti culmina su trilogía inicial con un despliegue inusitado. Y vuelve al gimnasio del afrobeat para demostrar su peso pesado. Hay pespuntes bailables, pero aquí mandan el verbo y la denuncia. IMF, con el rapero M-1 (Dead Prez), suelta mandobles al Fondo Monetario Internacional. Entre tanta rabia, la joya se oculta al final: Black Woman recupera la atmósfera eléctrica, y erótica, del afrobeat de Fela.

Publicado en la revista Rockdelux en mayo de 2014

 

Viperina lengua latina

13 Jun

Calle 13

CALLE 13

por Carlos Fuentes

Aquí no cuadra el cuento fácil de la flor de un día. Casi una década después, la música atlética del dúo puertorriqueño formado por los hermanos Residente y Visitante campea a sus anchas por las venas abiertas de América Latina. Deslenguado y excesivo, y sin embargo comercial, el discurso de Calle 13 va creciendo por el camino entre rap, tango, trova y congas de solar. Genuinas músicas urbanas para retratar todo un continente. Abran paso, y olvídense del reggaetón.

En el trasiego de ritmos, estilos, ya casi géneros, por el solar de las músicas latinas, la aparición de nuevos artistas de procedencia urbana se contempló (casi) siempre con la suspicacia de lo fácil bailable. Ni siquiera la estupenda contaminación del lenguaje sincopado, en esencia, del hip hop y su altavoz en formas de rap, quedó al margen de recurrentes prejuicios anglófilos. Todo iba, y era previsible, camino de cierta marginalidad. Apenas otra reseña más en la esquina de los anaqueles latinos (a lo peor, con la etiqueta “latin”). Hasta que algunos francotiradores de la primera división de la salsa, Rubén Blades y Papo Lucca, Oscar D´León y Papo Vázquez, saltaron como leones al rescate. Contra el tópico que ellos mismos padecieron por años. Y revindicaron a este puñado de muchachos nuevos que llegaban cantando las cuarenta desde el barrio.

El caso más rimbombante en la panoplia de protagonistas de la nueva música urbana latinoamericana está protagonizado por dos músicos de Puerto Rico. Hermanastros, procedentes de un barrio acomodado en la ciudad de Trujillo Alto, en la periferia de San Juan, René Pérez Joglar “Residente” y Eduardo Cabra “Visitante” armaron Calle 13 como respuesta al tedio cotidiano, a cierta necesidad de expresión y a un incipiente interés por la realidad latinoamericana desde el punto de vista de una isla colonia. Y hace una década, cuando el baile (fácil) parecía lo primero y la etiqueta adhesiva del reggaetón parecía material tóxico, el dúo borinquén se inventó aquel Querido F.B.I. que venía a trazar la hoja de ruta para una identidad artística controvertida. Tan dentro del sistema discográfico como sea necesario para combatir al mismo sistema, tan cerca del barrio como sea posible para no desconectar con la realidad latina. Odiados por muchos, adorados por bastantes más, los dos de Calle 13 están a punto de culminar una primera década de existencia. Diez años, cinco discos. El nuevo, Multiviral, es el primero que sale en la disquera de la banda, El Abismo, pero (ay) la revolución continúa bajo el paraguas internacional de Sony Music.

Calle 13 Residente Visitante

Eduardo Cabra levanta la voz para hacerse escuchar. El responsable de los contenidos musicales de Calle 13 atiende desde el aeropuerto de Buenos Aires después de participar en la última edición de Cosquín Rock, el mayor festival de música contemporánea de Argentina. Ya casi no queda rincón latino que no haya visto el energético directo de Calle 13, desde el solar marginal a la dorada plataforma de los Grammy: diecinueve desde Atrévete-te-te. ¿Esperaba tanto en tan poco tiempo? “No sé qué decirte. Todo ha sido una mezcla de sorpresa y de casualidad, pero creo que también es el resultado de mucho compromiso. Todavía surgen algunas mezclas con influencias musicales nuevas que aún nos sorprenden, cosas que ocurren sin que las esperemos. Y con este nuevo disco hemos tenido la mejor respuesta de la gente, más que en ninguno de los cuatro anteriores, y eso aún nos sorprende y nos alimenta las ganas de seguir trabajando”. Puede ser. Aunque quizá el quid de Calle 13 sea esa capacidad enorme de hacer pasar por pura casualidad lo que, desde lejos, se antoja una estrategia perfectamente armada. Visitante dice que no, que el grupo se mueve por impulsos. A ritmo de sorpresa. “Valoramos mucho el factor sorpresa, la sorpresa y el hambre para seguir adelante sin quedarnos en el mismo sonido de cualquiera de nuestros trabajos anteriores”, argumenta Eduardo Cabra. “Hemos hecho cada disco con una gama de sonidos distintos y así queremos continuar”.

ResidenteSin embargo, Multiviral ha roto con la norma no escrita en el grupo de trabajar las nuevas canciones durante la gira del álbum anterior, como ocurrió con Los de Atrás Vienen Conmigo (2010) y Entren Los Que Quieran (2012). “Por primera vez hemos parado un año completo para poder trabajar en el disco. Ha sido mucho trabajo de estudio, mucho esfuerzo para pensar bien sobre nuestra relación con la música y con la escena musical”, explica Visitante. “Y creo que este disco es bien personal, un trabajo en el que se ha traducido nuestra etapa vital como personas. Ahora no siento que haya algo mal puesto, que falte o que sobre algo, estamos totalmente satisfechos del resultado en letras y músicas”. Con este equidistante reparto de papeles, Residente en las letras y Visitante con las músicas, ¿cómo se trabaja? ¿Cómo nace una canción de Calle 13? “Trabajamos cada uno en nuestro campo, mi hermano en las letras y yo en las músicas”, explica Eduardo Cabra. “En eso no ha habido cambios desde el principio del grupo, aunque sí creo que en este nuevo trabajo hay mucho más respeto entre una parte y la otra. Algo similar ya nos ocurrió en temas anteriores, en La Bala, por ejemplo”.

El reparto se hace en casa, pero resulta que la casa de Calle 13 no es una casa cualquiera. En un hogar de matrimonios cruzados, Residente y Visitante crecieron en medio de una negociación constante. Para no pelear había que transar (“la familia ha sido siempre un gran foco de aprendizaje, son cosas que a cualquiera cambia como ser humano, pero creo que, como en la vida, en la música y en el mundo que nos rodea estamos manejando bien las cosas”), así que los pibes se acostumbraron pronto a la diversidad social y cultural. En el respeto al otro. Y de ahí, aseguran, nace la curiosidad por lo ajeno, esencias que tan bien quedan plasmadas en los contenidos musicales de Calle 13, casi siempre cotizando alto por encima de las letras adhesivas. “Antes de empezar a viajar fuera, yo tenía la sensación de que ya vivía en un continente, cuando en realidad lo hacía en una isla. Una isla que, además, es una colonia. Luego, al comenzar a actuar fuera de Puerto Rico, las distancias se te van haciendo más cortas, empiezas a pensar en una clave más amplia, en clave de América Latina. Y aprendes de la historia, de los aciertos y los errores ajenos. Salir de la isla ha sido fundamental, se ve con claridad entre el primer y el segundo disco”.

Mexico News - May 18, 2009

Con Multiviral las fronteras se difuminan aún más. Residente vive ahora entre Puerto Rico y Buenos Aires, Visitante reside entre la isla y La Habana. Cosa de amores. “La vida es influencia continua para la música, y el rumbo de nuestras cosas marca también las canciones”, indica Eduardo Cabra, que ha introducido ecos de chancletas de palo de la conga cubana en la pieza Cuando los pies besan el suelo. Es otra marca de la casa Calle 13: pensar el disco como obra global, y no mero material para el despiece en singles de éxito. “Creo en el álbum como un libro de diferentes cuentos. Como en el disco blanco de los Beatles, como Buscando América de Rubén Blades. Nunca me gustaron ese tipo de discos que parecen diez o doce balas perdidas. Para mí, la música son sensaciones”.

Empero, para buena parte del público mandan las letras y Multiviral abunda en reivindicación. Planea un cierto riesgo de sobreactuación. En Adentro, por ejemplo, Residente parece curarse en salud y salir en autodefensa: “unos me llaman comunista, demagogo cien por cien”. ¿Una disculpa, quizás? “Depende de cómo cada persona escucha las canciones, cómo escucha las músicas y asume las letras. Pero creo que hay una buena comunicación entre los dos campos”, explica su medio hermano sin que la cosa suene a excusa. Nada de eso. “Ahora mucha gente ha agarrado así este disco, pero creo que había más compromiso en el anterior. Multiviral  es más de ideas existenciales, más de pensar que de reivindicar. Ya no es tanto ser un dedo acusador sino tener más conciencia de que todos somos parte de los problemas”. ¿Y no hay riesgo de que el mensaje, tan torrencial, solape a la música y que el público se canse de los pareados consonantes de Calle 13? “No lo creo. Los dos estamos cómodos cada uno en su área. No veo las letras de mi hermano como una amenaza para lo que deben ser las músicas de Calle 13. Sé que sus letras agarran a la gente, aunque también estoy muy seguro de la calidad y de la diversidad de nuestras músicas”. Vamos, que la fiesta del reggaetón queda lejos… “El reggaetón ha quedado como otro género musical más, un género que se utilizó durante una época para experimentar en la propuesta de Calle 13, como también se hizo con la bossa, el tango, la chacarera o el rock. Todo va bien con el reggaetón”.

Calle 13 WikiLeaks

Con Assange y Galeano: conciencia ambulante

Como en un bolero, no se sabe si es por amor o por dinero. En el mapa de Calle 13 la asociación con artistas ajenos al campo de acción musical del dúo de Puerto Rico es una constante nutritiva. La senda arrancó con amigos (Tego Calderón, Julio Voltio) para pronto dar el salto latino (Bajofondo Tango Club, Orishas, Vicentico, Café Tacuba) e incluso español (Mala Rodríguez). También con pesos pesados de la salsa como Rubén Blades o héroes más o menos vecinos (Omar Rodríguez López, Seun Kuti, Susana Baca, Totó la Momposina, Maria Rita). Y Multiviral no es una excepción. El disco incluye alianzas con el cubano Silvio Rodríguez en una delicia titulada “Ojos Color de Sol”, golosinas declamadas por el escritor Eduardo Galeano (El Viaje) y por John Leguizamo (Stupid Is as Stupid Does) y cameos de Diplo y Biga Ranx (Perseguidos).

Pero nada tan fluorescente como el tema que titula el álbum, escrito en Londres con Julian Assange durante su reclusión en la embajada de Ecuador y la laudista palestina Kamilya Jubran, grabado en California con Tom Morello (Rage Against The Machine). “Discutimos mucho a la hora de decidir las colaboraciones para cada disco, porque son un aspecto muy importante de nuestro trabajo”, indica Visitante, para el que la “prioridad absoluta” en cada alianza es que la música responda a las letras. Sin soltar prenda sobre el inefable Assange, para eso ya está Residente (“quisimos hacer más grande su protesta contra las violaciones de los derechos humanos que comete el gobierno de Estados Unidos contra el mundo”, señaló el vocalista en entrevista con Democracy Now!), Eduardo Cabra prefiere subrayar el valor de lo musical y, agit-prop aparte, la colaboración con el vate cubano fundador de la nueva trova. “Fue muy chévere trabajar con un excelente músico como él, lo admiramos mucho. A Silvio lo conocimos en Cuba y bien pronto ya acordamos la colaboración. Primero enviamos la letra y luego trabajamos juntos. Colaborar es una cosa bonita de la música, y siempre intentamos estar bien rodeados”.

Publicado en la revista Rockdelux en abril de 2014

El cronista del barrio latino

1 Dic

TEGO CALDERÓN

Por Carlos Fuentes

El tipo que todo el mundo estaba esperando entregó disco nuevo en el verano de 2006. Del puertorriqueño Tego Calderón (Santurce, 1972) ya se sabía por El Abayarde (2003) y la recopilación El Enemy de los Guasíbiri (2004), pero lo que vino después es otra cosa. Vampirizando el altavoz comercial del reggaetón, ese hip hop criollo tan polémico como sabroso que está por ver adónde conduce, Tego Calderón mezcló como nunca se había hecho antes reggae, pop y dancehall con el ADN más atlético de la cocina afro-latina (salsa, bomba, plena, cumbia…). Todo, además, cantado en ágil español para mayor gloria de Rubén Blades, Ismael Rivera y Héctor Lavoe, tres referentes de la canción latina más comprometida. Álbum definitivo para entender la evolución contemporánea de la canción urbana en los barrios de clase media del Caribe, The Underdog/El Subestimado revela al cronista por excelencia. Dotado de un vocabulario desmedido, callejero, enciclopédico. Un artista idóneo para el retrato cotidiano de la vida agitada en el vecindario. Sin ambages: “no vendo sueños, yo soy la calle”.

Con buena parte de la artillería del latin quarter a sus espaldas (Oscar D´León, Julio Voltio, Don Omar, Eddie Dee, Yandel, Chyno Nyno…), estas veintitrés canciones (“ahora viene el disco nuevo pa´ ver quién es quién, lo cojo suave, lo mío está seguro, El Underdog, yo le vendo dos por uno”) dibujan el complejo mapa social del barrio latino, entre el genuino orgullo de raza y la simple razón de ser. Luego, sin dormirse en los halagos, después de asociarse con Cypress Hill, Vico C, La Mala Rodríguez, Calle 13 o Víctor Manuelle (busquen, escuchen, la ágil revisión de Che Che Colé en el disco colectivo Los Cocorocos), el negro Calde conservó verbo suficiente para repetir golpe, al año siguiente, con el notable El Abayarde contraataca. Se afirmó aquí entonces, y se cuestionó luego en la votación de los lectores, que Tego Calderón es el mejor cantante caribeño surgido después del ex ministro de Panamá. No era una boutade. Si se mira sin prejuicios, ya es una estrella en su galaxia. Tradicional a lo bravo.

Publicado en la revista Rockdelux en diciembre de 2009

Las canciones de verdad tienen curvas

10 Sep

LA MAR DE MÚSICAS

por Carlos Fuentes

44 conciertos en 22 días, casi la mitad en plena calle. Quince veranos lleva La Mar de Músicas escribiendo la banda sonora de julio en Cartagena. Marruecos contó con cuota amplia como país invitado, aunque lo mejor vino de lejos. Aquí, de más a menos, un paseo de dos semanas por un festival de altos vuelos.

A Mélissa Laveaux le tocó avivar la llama de Khaled y Pablo Milanés tras la apertura. Subió nerviosa a la Catedral Antigua, pero pronto se sacudió la prisa. Su canción, híbrido de autor con ligero aire hip hop, gana en la distancia corta. A trío, con orgullo de nieta de haitianos, cantó en francés, inglés y criollo. Defendió con solvencia su único disco, Camphor & Copper, y acabó bordando a Elliot Smith (Needle in the hay) y Eartha Kitt (I want to be evil). Rokia Traoré ya es un valor seguro. Y en alza. Tan diestra en bámbara y con n´goni como haciendo de crooner, guitarra en mano, para recordar a Billie Holliday (The man I love) y Miriam Makeba (Pata Pata). También se acordó de Fela Kuti, y en Tounka pidió comprensión con la emigración: “En Europa es un problema, para África es un drama”. Con Madeleine Peyroux hay idéntico feeling: sigue creciendo. Da igual que haga canción de arrabal, “de alcohol”, dijo entre risas, en Don´t wait too long, se arrime al blues (You can´t do me), cante a la tristeza (Our lady of Pigalle) o al amor (La Javanaise). Ojo con La Mala es el invento audaz de la Mala Rodríguez, Refree y la Original Jazz Orchestra del Taller de Músics. Hip hop con metales, DJ y teclados al mando de Raül Fernández. María habla en plata, pletórica, cada vez más lo que es: la gran cantante de este tiempo. Deslenguada, sobre arreglos jazzy del ingeniero de Refree, encandenó rimas soberbias (Tengo un trato, Lo fácil cae ligero, La niña), algún momento brutal (¿Por qué tienen sed?) y se despidió desafiante (Nanai, Déjame entrar). Grande. En su palo, lo mejor de la temporada.

Randy Weston fue otro regalo. Con su quinteto y The Master Gnawa Musicians of Morocco, el pianista de Brooklyn paseó por las medinas añejas de Tánger y Marraquech, fundiendo jazz y misticismo (Blue moses). Recordó a Gillespie y Pozo (African sunrise), amparó solos galácticos de contrabajo, saxo y trombón, conmovió con piano arrimado al africanismo y se fue sobre el traqueteo incesante de las qraqeb. Menos nutritivo estuvo Yann Tiersen. Jugando al despiste, ni rastro de Amélie Poulain, el bretón dedicó una hora al rock ácido, epiléptico, apoyado en las guitarras de Matt Elliott y en los aires presuntuosos del Ondas Martenot. Para cerrar la zona alta nadie mejor que Oumou Sangaré. Es la mujer con más voz de África, pero no se duerme. Poderosa y versátil, la reina malí de Wasulú maneja el patio a su antojo, ya sea con aires tradicionales de kamele n´goni, porque no hubo kora, (Sounsoumba, Seya) o para levantar la cara por la mujer (Wele wele wintou). “No woman, no life”, gritó al bailar Yala. Como una ola, dejó a muchos con la boca abierta.

Cerca de pleamar, Marianne Faithfull merece crédito aparte. Cuida los detalles, consciente de que la voz (a veces) no está a la altura del mito. Con Roger Eno vigilando todo, la musa de swinging London elige bien el repertorio, de lo humano a lo divino. De Dolly Parton (Down from Dover) a Bessie Smith (Easy come, easy go), con paradas en Randy Newman (In Germany before the war), Morrissey (Kimbie) y Nick Cave (Crazy love). Pareció reírse de sí misma en Sister morphine y se fue, elegante, con Sing me back home before I die. Más voz le queda al franco-argelino Faudel, cada vez más accesible y cercana al pop. Mucho rai de teclados y demasiada versión (My way, Aicha, Didi) en la noche magrebí que abrió el chaabi popular de la cantante Najat Aâtabou.

Novalima y Otros Aires asumen riesgos. Los peruanos del nuevo afro han dado con una fórmula entre folclor y electrónica que funciona en disco y en directo. Se bailó con Coba Coba, Ruperta y Bandolero. Son a Lima lo que Gotan Project a Buenos Aires, y Miguel Di Génova sabe de qué va la historia. Encabeza Otros Aires, para mayor gloria de Manzi y Pugliese, con sample de Gardel (Milonga sentimental) y un ojo en la rumba catalana (Rotos en el Raval). Canciones de noche y humos, aunque el cuarteto se defendió a media tarde. De noche saltó Calle 13 al auditorio grande. Pletóricos, aunque su música urbana pierda algún entero en directo, Residente y Visitante repitieron el concierto de Madrid. Cómodo no cambiar cuando el invento funciona (La cumbia de los aburridos, Pa´l Norte), porque lo intentaron una vez (Mala suerte con el 13, con la Mala Rodríguez) y el tiro salió por la culata. Chiwoniso y Fez City Clan son dos versiones de África. La zimbabuense revitaliza la mbira con pespuntes de funk, y los cinco de Marruecos batallan hip hop con la actitud del pionero en tierra extraña. Chatarra fina la de Konono Nº1. La sensación de la temporada (ay, indies) no sorprende como en mayo de 2006, pero el oído no se olvida de la letanía de likembés. Con el maestro Mingiedi marcando ritmo en un timbal al que Congotronics, y Björk, han puesto por un rato en el centro del mundo posmoderno. De Congo llegaron también Kasai All Stars para cerrar con sus máscaras pintadas, agitados bailes tribales, y bajo fuegos de artificio.

Más que rentabilizados están Emir Kusturica & No Smoking Band y Buena Vista Social Club. Es difícil asumir que tan buen ojo de cine tenga tan mal oído. Disfrazado del Che, banda de cabra y teclado colchonero, el autor de Tiempo de gitanos perpetró un rato tan divertido (y gustó mucho) como anodino. Salvo La vida es un milagro, su banda de dúo Sacapuntas no dio para más. Se agradeció que el himno soviético anunciara el final del circo. Algo similar transmitió Buju Banton, monótono dance hall sudoroso y ragga a piñón fijo, pero hábil llenando bolsillos. Más pena da ver en lo que se ha convertido el club de la Buena Vista. Sin padres fundadores a que agarrarse (está Manuel Galbán, y ya no para mucho trote), Cuba se vende ya en peso convertible. Buche y pluma ná más. Voces chirriantes. Idania Valdés no es Omara y un tal Calunga ni roza a Ibrahim o Leyva. Están la trompeta de Guajiro Mirabal, el laúd de Bárbaro Torres y el trombón de Aguaje, pero ya es poco para defender la canción de monte adentro (Chan Chan, De camino a la vereda). Marchitaron hasta Dos gardenias, un destrozo.

Publicado en la revista Rockdelux en septiembre de 2009