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¡Atención! Lo bueno ya viene

8 May

Por Carlos Fuentes

Maestro vida, Rubén Blades (Panamá, 1948) vuelve a la música con energías nuevas después de pasar cinco años como ministro de Turismo de su país. Tras el disco “Cantares del subdesarrollo”, editado hace tres temporadas, el mejor cronista del barrio latino regresará a final de mes con un álbum grabado con su amigo y veterano cantante Cheo Feliciano (Puerto Rico, 1935). “Eba say ajá”, que así se llama el invento de estas dos leyendas de la canción caribeña, da cuerpo a un proyecto antiguo que los dos ex componentes de Fania All Stars, músicos de largo recorrido que suman entre ambos medio centenar de discos publicados, pergeñan desde hace siete años. Pocos detalles se han adelantado hasta ahora de “Eba say ajá”, pero sí se sabe que el repertorio está compuesto por canciones emblemáticas de los dos intérpretes latinos, que han sido elegidas de forma recíproca, y varias piezas de nueva factura.

“Eba say ajá” toma su nombre de una expresión popular, dicha en spanglish, que tanto Rubén Blades como Cheo Feliciano suelen soltar en sus conciertos: “Everybody say ajá”. Un portavoz de Ariel Rivas Music, la promotora que ha hecho posible esta producción, explica que el disco responde a las señas de identidad de los dos gigantes de la salsa: “Cheo prefirió apelar a la amistad que los une y a las banderas que representan, mientras que Rubén no dejó su enfoque social, donde nos invita actuar de una forma responsable para poder rescatar a cada país”. “Eba say ajá” se edita el 29 de mayo, pero ya se puede escuchar un primer tema, “Lo bueno ya viene”, y aquí llega el regalo sonoro de hoy porque está disponible una descarga gratuita en www.rubenblades.com

Que ustedes lo disfruten… ¡lo bueno ya viene!

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Verso libre del rock argentino

9 Feb

LUIS ALBERTO SPINETTA (1950-2012)

Por Carlos Fuentes

En un país tan dado al fuego fatuo como Argentina, Luis Alberto Spinetta encarnó siempre el verso libre de la música nacional. Pionero del rock con acento porteño, este emblemático compositor, cantante y guitarrista sentó las bases de mayor enjundia poética porque conectó la música contemporánea con las influencias más cultas que uno pueda imaginar. Recién cumplidos 62 años, Spinetta falleció anoche, 8 de febrero, por un cáncer de pulmón de efectos fulminantes. Atrás queda ya medio siglo de trayectoria artística, espacio temporal que abarca un sinfín de proyectos de nombres cambiantes pero con el denominador común del buen gusto por letras bien armadas para narrar la crónica del tiempo que tocó vivir.

Spinetta se crió en el barrio de Belgrano y ya en 1966 hacía música con The Larks. Dos años después, bajo la influencia de The Beatles, fundó Almendra, grupo matriz de la primera generación del rock argentino. Al año siguiente, su primer disco incluyó Muchacha (ojos del papel), que con el tiempo ostentó la categoría de segundo himno nacional. En 1973 trocó de proyecto para liderar Pescado Rabioso, autor de tres discos, entre ellos Artaud, que años después fue considerado el mejor álbum de la historia del rock argentino. Volaban alto letras como El anillo del Capitán Beto, de su siguiente grupo, Invisible, con el que firmó otra trilogía imprescindible. Spinetta Jade, su banda posterior, siguió ahondando en el alma atormentada de un país martirizado por la dictadura, la represión feroz y la pérdida de la guerra de las Malvinas. Luego, como Spinetta y con Spinetta y Los Socios del Desierto, el Flaco enganchó un periodo de gran estabilidad vital que se plasmó en álbumes como Téster de Violencia, Don Lucero, Pelusón of Milk y el acústico registrado en vivo para MTV Estrelicia.

Con el nuevo siglo, Silver Sorgo mostró a un Spinetta reflexivo, consciente del paso del tiempo y más hondo que nunca. Para los árboles, de 2003, anticipó otros tres álbumes antes de que en diciembre de 2009 afrontara un proyecto de alcance antológico Spinetta y las Bandas Eternas. En un rebosante estadio de Vélez Sarsfield reunió a sus socios de siempre y a amigos de carretera (Charly García, Fito Páez, Ricardo Mollo, Juanse y Gustavo Cerati) para recorrer juntos cinco décadas de buena música y mejores letras. Al año siguiente, el concierto fue editado en una caja monográfica titulada Spinetta y las Bandas Eternas.

El 23 de diciembre pasado, el rumor callejero se hizo realidad: el compositor confirmó su enfermedad en un breve mensaje personal (“mi nombre es Luis Alberto Spinetta. Tengo 61 años y soy músico. Desde el mes de julio sé que tengo cáncer de pulmón…”). Se recluyó luego en su residencia familiar de Villa Urquiza, acompañado por sus cuatro hijos, entre ellos, el músico Dante, integrante del grupo Illya Kuryaki and The Valderramas. Allí, al norte de Buenos Aires, concluyó ayer la trayectoria de un mito genuino de la música cantada en castellano. Grande Spinetta, hasta siempre, maestro.

Publicado en la revista Rockdelux en febrero de 2012

Cambalache en el arrabal

1 Feb

 

GOTAN PROJECT

por Carlos Fuentes

Eduardo Makaroff, Philippe Cohen-Solal y Christoph H. Müller. Hace diez años crearon escuela. E iluminaron un camino nuevo para la electrónica como herramienta de rescate de urgencia para músicas añejas. Con el tango lograron lo nunca visto: darle una pátina nueva y sobrevivir al intento. La última vuelta de tuerca del trío afincado en la ciudad de París es La revancha en cumbia. Tango, cumbia, electrónica… pasen y bailen.

¿Diez años no son nada? Tiempo es, al menos, para volver la vista atrás y hacer balance de la cosecha. Gotan Project, el trío que a principios de siglo apareció para (intentar) renovar los aromas añejos del tango, regresa ahora para hacer coincidir la efeméride –sí, hace diez años se publicó La revancha del tango— con un disco de éxitos pespuntado por un par de temas inéditos (Best Of, Ya Basta!, 2011) y, sorpresa, someter su amable tango electrónico a un proceso de centrifugado a través de la generación de la nueva cumbia de arrabal (La revancha en cumbia, Ya Basta!, 2011) con sociedades eventuales con artistas como Tremor, Bomba Estéreo, Chancha Vía Circuito, King Coya, El Remolón, Fauna, Axel Krygier, Frikstailers y El Hijo de la Cumbia.

Eduardo Makaroff, el vértice latino del trío radicado en París que completan el DJ francés Philippe Cohen-Solal y el suizo Christoph H. Müller, irradia orgullo y satisfacción cuando se le pregunta por el balance de la década. En aquel disco luminoso, aquellos buenos nuevos aires que tan bien se bailaron en clubes elegantes y playas de medio mundo como ambientaron cine, desfiles de moda y ceremonias olímpicas, Makaroff sitúa el inicio de “esta historia maravillosa e inesperada” de Gotan Project. “Hemos obtenido éxito comercial internacional y una vida artística alucinante con un proyecto basado en el tango argentino, lo que sobre los papeles era un poco raro”, reflexiona este músico bonaerense de 57 años. “Nos planteamos llevar al tango al encuentro con la música electrónica, llevar el lenguaje del tango, una música muy especial, el fraseo del bandoneón, ese lenguaje tan particular, con las nuevas tecnologías y las nuevas estéticas, con programaciones, electrónica, ordenadores y samplers… todo lo que sirve para hacer otro tipo de música, que es la avanzada actual del arte en general”.

Gotan Project

¿Y cree que este proyecto ha sido honesto con el tango?

Sí, sí, no te hubiera cogido el teléfono si me consideraras deshonesto respecto al tango [risas] porque el tango es el “leiv motiv” de mi vida, yo soy un activista del tango, un militante. El tango es una de las grandes músicas del siglo XX, sobre todo en la primera mitad del siglo XX lo fue fundamentalmente junto al jazz, con el que tiene una historia paralela. Es una de esas músicas que dieron la vuelta al mundo, fueron incorporadas por otras culturas y se desarrollaron de una manera muy amplia. El tango es la expresión cultural del río de la Plata, no sólo la música sino también el baile, la literatura, el cine, las artes plásticas. Es la expresión cultural de un pueblo que ha prendido hace muchas décadas alrededor del mundo. Acá, en Francia, los abuelos siguen bailando el ritmo de “le tangeau” y aún hay compositores que escriben del “tangeau”, que vino de la Argentina. Eso ocurrió en la primera mitad del siglo XX y en la segunda el tango siguió evolucionando, pasó de música popular a música culta, y ahora ya se estudia en los conservatorios. La honestidad es, conociendo bastante del tango, respetar y basarse en esa gran fuente cultural, musical y su inspiración”.

¿Qué aporta la electrónica a músicas de tanto raigambre como el tango?
“Tiene que ver con la libertad en el arte y con las diferentes ideologías. Están los fundamentalistas, los que no quieren tocar nada, y están los que se sienten libres para, con mucho respeto pero también con un poco de irrespeto, hacer lo que a uno se le cante, como decimos allá en la Argentina. Y luego hay que ser honesto, respetuoso y conocedor para tratar de hacer cosas bellas. No se trata de erigirse en el conservador de un estilo, porque lo que intentamos hacer es crear belleza, crear música, componiendo cosas que nos gustan, y creo que en buena medida lo hemos conseguido. Nunca dijimos que queríamos renovar la música del tango porque nos creemos muy buenos y destinados para eso. Yo me vine a París para trabajar sobre el tango y llevarlo al encuentro de nuevas corrientes, porque aún hay mucha gente que no conoce. Y no conocen a Aníbal Troilo o Roberto Goyeneche, no saben lo que es un bandoneón… en Inglaterra hay periodistas muy serios que aún lo llaman acordeón, no saben la diferencia”.

Es la didáctica del tango, ya centenario y patrimonio mundial…

Sí, el tango nació del encuentro multicultural entre los criollos que en Argentina tocaban la vihuela y la guitarra, que venían de la colonización española, y en especial de los africanos, porque tango y milonga son dos palabras africanas. Los africanos estuvieron en la raíz, en los orígenes del ritmo que lleva el tango actualmente, mezclado con la habanera de Cuba que también dio origen al jazz en la otra orilla, en la cuenca del Misisipi. Y después vinieron los italianos y los judíos de Europa del Este, como mis abuelos, que eran judíos de Kiev, Odessa, Bucovina y Lituania, con sus instrumentos, como el bandoneón alemán… y de todo ese encuentro multicultural surgió lo que es la Argentina moderna y su expresión cultural. ¿Qué mejor que seguir provocando esos encuentros?”.

Pocos reconocen el alma negra del folclor de América Latina…

Es verdad. Hubo una historia negada de la negritud, no solo respecto al tango sino de la negritud del pueblo argentino. Durante la segunda mitad del siglo XIX hubo una visión eurocentrista que buscaba, y lo logró en Argentina, atraer más inmigración blanca, sobre todo francesa, europea. Era lo que querían todos los presidentes de la época y por eso vinieron los que se escapaban de la pobreza y la guerra como mis abuelos, españoles gallegos, italianos genoveses… y fue lo que hizo que la negritud se diluyera. La población argentina se multiplicó por diez en muy poco tiempo y la proporción de personas negras pasó del 30% al 3% en pocos años. Y esta evolución también tuvo ciertos efectos culturales”.

la revancha del tango

Sorprende que Gotan Project, música para la clase media-alta, conecte ahora con la nueva cumbia. Porque en Argentina estas músicas de arrabal han sido vistas como altavoces de violencia social, de delincuencia. Si mal no recuerdo, este debate ha llegado incluso a instancias políticas…

Eso ya nos llevaría a la sociología, la política y la historia… efectivamente, la cumbia villera está ligada a cierto grado de criminalidad que existe en las villas miseria de Buenos Aires, es verdad, pero es parte de la dura historia reciente de la Argentina. Pasó de ser un país rico en América Latina a las dictaduras y el desplome del ultraliberalismo. Se destruyó a tal punto que en el año 2001 la mitad de la población argentina estaba por debajo del umbral de pobreza. Y quizá ahí están las razones por las que han subido la miseria, la delincuencia, la pobreza y algunas expresiones culturales y musicales que van con eso”.

¿Y cuál es el objetivo de “La revancha en cumbia”?

Primero debo aclarar que no se trata de cumbia villera, sino de una movida nueva que hay en Argentina y en otros países latinoamericanos con la música electrónica basada en la cumbia y en otros ritmos folclóricos latinoamericanos. Con los protagonistas de esa nueva escena nos decidimos a celebrar el décimo cumpleaños de La revancha del tango, básicamente con la idea de hacer diez remezclas de las canciones originales. La escena de la cumbia es una movida nueva, fresca, desprejuiciada, es muy original. Como ocurrió antes con el baile funk en Brasil, son unos músicos electrónicos jóvenes que no están mirando cómo pueden copiar lo que se hace en Inglaterra o Detroit. Ellos están más a la vanguardia actual de la electrónica y trabajar con estos artistas nos ha dejado contentos y muy satisfechos por el resultado obtenido. Es el sonido de la nueva cumbia electrónica que mezcla bien, y se integra, con La revancha del tango”.

Tras esta revisión a ritmo de cumbia, ¿qué será de Gotan Project?

No tenemos ni idea. Gotan Project son tres y cada uno tiene individualidades. Siempre es un interrogante ahora que terminamos la gira “Tango 3.0”. Ahí nos queda un interrogante. Por ahora no hay material nuevo. ¿Habrá disco nuevo? Voy a dejar unos puntos suspensivos, una interrogación… no podemos hablar ahora del futuro de Gotan Project porque aún no lo tenemos claro ninguno de los tres. En qué momento, cómo, cuándo y para qué es aún un interrogante”.

Gotan Project live

Pensamiento (menos) triste que se baila

Santa María de los Buenos Aires, si todo estuviera mejor… las músicas de Argentina carecerían de un anclaje social como pocas disfrutan en el planeta. Hijas del arrabal, músicas como el tango, la milonga o el candombe llevan más de un siglo poniendo banda sonora a la vida en las ciudades y los campos del Cono Sur. Incluso el rock nacional, de Tanguito a Cerati, ha sabido recoger ese importante rasgo identitario en un país de 40 millones de habitantes construido sobre etapas cíclicas de emigración, dictadura, ultraliberalismo y democracia. Siempre abundó el material para la melancolía, como manda el tango. Hasta que desde París llegó la noticia del nuevo tango electrónico, optimista y vividor. En 2001, la aparición de La revancha del tango encendió la luz del orgullo para iluminar el pensamiento triste del que habló Discépolo. El éxito de Gotan Project (que en la última gira 3.0 ha dado la vuelta al mundo, de Canadá a Kuala Lumpur, de América a Kiev) permitió que entraran en liza proyectos de perfil similar como Bajofondo, Narcotango y, aquí en Barcelona, el trío Otros Aires. Ahora, como si fuera pago de una factura pendiente, el tango renovado de Gotan Project devuelve favores poniendo el foco comercial sobre la simpática cumbia porteña, el rugido nuevo del arrabal. Con sus atléticos ritmos sincopados y su chatarrería electrónica. La música de los nuevos hijos de los descamisados: menos tristes, más rebeldes.

Publicado en la revista Rockdelux en febrero de 2012

El hada madrina del nuevo Brasil

20 Dic

MARISA MONTE

Por Carlos Fuentes

Hay pocas carreras tan al margen del calendario comercial como la de Marisa Monte. Verso libre de la música popular brasileña, la cantante carioca disfruta de un crédito merecido con apenas cinco discos de estudio, siete si se suman dos álbumes en directo. Aliada estratégica de buena parte de la generación de nuevos músicos brasileños que están revolucionando los sonidos del gigante verde, esta versátil autora e intérprete vuelve ahora con O que você quer saber de verdade, primer disco en cinco años. “Es el ritmo de mi vida, mi ritmo ideal”, explica a Público, “la velocidad que necesito para sentirme cómoda y creativa”. 

Se abre la tarde en Río y la voz de Marisa Monte (Río de Janeiro, 1967) suena serena, sin prisas. Como si hubiera pospuesto un rato de asueto. Nada que ver con el caudal energético de sus conciertos y la tormenta tranquila que transmite a sus músicas. Contenta con el nuevo disco, una suerte de vuelta a la raíz de la canción, recupera parcerias con el músico y poeta paulista Arnaldo Antunes y el hombre-orquesta bahiano Carlinhos Brown. Triángulo básico para explicar la identidad del nuevo Brasil. “Nos une el lirismo en la música, aunque cada uno sea al mismo tiempo diferente y complementario al resto. Arnaldo vive en São Paulo, en un mundo de hormigón, con su poética urbana, simple y sofisticada; y Carlinhos es de Salvador de Bahía, con su experimentación y libertad. Quizá yo esté en el centro porque en Río se une todo”, indica. De los catorce temas de O que você quer saber de verdade, ocho fueron compuestos a dúo o a trío.

Cada momento de la vida puede ser inspirador y yo trato de vivirlos y sacarles todo el partido. Hasta ahora quería un ambiente más familiar, más relajado, sin que eso significara estar en silencio”, indica Marisa Monte al subrayar que da tanta importancia creativa a la etapa de ser madre (y ella atiende ahora a una segunda hija) como al vertiginoso momento de entrar en estudio y, luego, salir de gira. “Las canciones nunca dejan de surgir, quizá no al ritmo como cuando estás sola en la habitación del hotel”, señala el vértice femenino de Tribalistas, su aventura de 2002 con Antunes y Brown. Un disco, trece canciones, escrito en apenas una semana y que vendió dos millones de copias en todo el mundo. 

El de Marisa de Azevedo Monte suena a cuento de hadas. Hija de un ingeniero emparentado con la casa Saboya (un antepasado aspiró a reinar en Portugal), estudió canto, piano y percusión. A finales de los 80, el productor Nelson Motta tradujo para ella E po’ che fa do, del napolitano Pino Daniele. Bem que se quis fue un gran éxito, el primero. En la década siguiente, Marisa Monte eclosionó en mariposa multicolor gracias a Arto Lindsay, zahorí de melodías extraídas del ruido, con Mais, su estreno como autora; y, en 1994, Verde, anil, amarelo, cor-de-rosa e carvão, con temas de Paulinho da Viola, Jorge Ben Jor y Lou Reed, vendió un millón de copias. Tres canciones sonaron en telenovelas de Globo.

Los éxitos se repitieron con el disco en directo Barulhinho bom y el posterior Memórias, crônicas e declarações de amor. 2006 fue el año de los gemelos pero no iguales Infinito particular y Universo ao meu redor. Cuatro estandartes para una nueva manera de entender las tradiciones y el futuro de la música en Brasil. ¿El país de la primera música globalizada? “No lo sé, quizá seamos más producto del avant-garde, de una vanguardia, que de la globalización. Nuestra cultura siempre ha estado anclada a la diversidad. Para los brasileños, mezclar es algo natural. Así creamos la bossa-nova y el samba-rock; nuestra música se nutre de raíces genuinas en la naturaleza mestiza del pueblo brasileño. Por eso nuestras mentes están abiertas: no tememos que las mezclas cambien nuestra forma de ser porque nuestra forma de ser ya es producto de muchas mezclas”. 

Y en los diferentes Brasil encantan Marisa Monte y sus cosechas de serenidad. También que vuelva a la esencia (hace tres años produjo O mistério do samba, documental sobre la mítica escuela sambista Velha Guarda da Portela), quizá el rasgo más característico de su nuevo disco. “Mis canciones están inspiradas por el dominio del tiempo, son mi apuesta por la vida con ritmo humano. Hablo de disfrutar cada instante, ser optimista, elegir lo de verdad importante… quizá sea resultado del momento actual, de tanta información, tanto ruido. Debemos ser capaces de identificar las necesidades de nuestro espíritu y dedicarles todo el tiempo que se merecen”, reflexiona Marisa Monte. Y sus canciones, híbridos de romanticismo pop, ahondan en esa línea. “No podemos negar la importancia del amor en la vida. Ahí está la clave, o al menos una de ellas: déjate llevar por la vida, sepárate de todo lo que te causa problema. Y si quieres algo, inténtalo”. 

Suena algo intangible en el disco de Marisa Monte que siembra paz interior. Rico en canciones, catorce, para lo que se estila hoy, O que você quer saber de verdade rebosa poesía de profundidad cotidiana. “Después de soñar tantos años, de hacer tantos planes, de un futuro para nosotros”, canta, con la mirada atrás, en Depois. Melancolía cálida en una simbiosis de pop y samba, como si ahora en Marisa Monte confluyan las corrientes que plasmó en sus dos discos anteriores, ambos de 2006: el contemporáneo Infinito particular, de su cosecha y amigos, y el ágil Universo ao meu redor, con sambas de Argemiro Patrocínio, Paulinho da Viola y Adriana Calcanhotto. Siempre cómoda compartiendo focos: “No confundo mi persona con mi arte. Hoy existe una gran confusión entre arte y artista, como si la línea tenue que los divide no existiese. Y yo estoy cómoda haciendo música, no tengo la vanidad de querer aparentar más que la música”.

Publicado en el diario Público el 20 de diciembre de 2011

Genuino sabor americano

10 Sep

LOS LOBOS

Por Carlos Fuentes

Hubo un tiempo, casi hasta ayer, en que la música popular latinoamericana sufrió con peyorativos del público occidental. Luego vinieron francotiradores de clase para reivindicar un cancionero tan suculento, o más, como otros de buena vista. Olvidado el complejo, en el batallón de voceros del pueblo sigue brillando Los Lobos con su heterodoxa visión de rock, blues y ritmos bailables. En plena forma tras cuatro décadas, la banda de David Hidalgo vino a divertir y a divertirse. Arrancó con cumbia sabrosa y rock con maracas (sí, y cencerro), con César Rosas bajando al sur (Chuco´s Cumbia), esperando por Hidalgo para ejecutar medios tiempos añejos (Burn It Down) que conectan al grupo con el mejor rock de todos los tiempos. Tejiendo grandes puentes, solos de miedo: hay más música en estos gigantes que en toda la generación 2.0. Bastó este concierto, equilibrado entre lo antiguo (Why Do You Do, Emily, Maricela, Cumbia Raza) y lo reciente (Tin Can Trust, Yo canto), para reivindicar otra vez el valor de la música popular. Esa memoria colectiva que reverdece con Anselma, Volver, Volver, Estoy Sentado Aquí y las piezas adoptadas de Ritchie Valens (Come On, Let´s Go) y Fats Domino (The Fat Man). Muy grandes Los Lobos, como es tradición, una banda para ver y bailar antes de morir.

Publicado en la revista Rockdelux en septiembre de 2011

Desierto azul eléctrico

6 Sep

TINARIWEN

por Carlos Fuentes

Estos antiguos guerrilleros trocaron los fusiles Kalashnikov por las guitarras eléctricas. Y no han cesado de deslumbrar al mundo con su blues putativo de la austeridad. Hijos del exilio, eternos nómadas por el desierto del Sáhara, los malíes Tinariwen regresan con otra reivindicación del ancestral acervo tuareg. Canciones de sosiego después de la guerra. Doce áridas crónicas de la nada cotidiana.

Si ya es milagroso que el décimo país menos desarrollado albergue una de las minas musicales más valiosas del planeta, que de la región más pobre de Malí haya surgido media docena de artistas con alto valor añadido tiene complicada explicación a los ojos del consumidor occidental medio. En poblados arenosos, sin apenas servicio eléctrico ni agua potable, sufridores de un clima infame diez meses al año, ha macerado un sonido espiritual y profundo como pocos. Padre putativo del blues sin que sus autores sepan con exactitud qué es eso del blues y, quizá el factor clave, apenas contaminado por expresiones contemporáneas del primer mundo. En este caldo de cultivo surgió a principios de los años 80 el grupo Tinariwen. Portavoz orgulloso de una cultura ancestral de vida nómada, por momentos en vías de extinción. Altavoz de los anhelos del pueblo tuareg, perseguido y marginado siempre, ya fueran días de colonia o independencia.

tinariwenhorses

“Nuestra música, y me atrevería a decir que toda la música tuareg, nació para defender nuestra forma de vida y nuestra cultura tradicional. Es música política, sí, porque son canciones que han nacido para defender los derechos tuaregs, el respeto a nuestras costumbres tradicionales y nuestro lenguaje”, explica sin ambages Eyadou Ag Leche, director musical y bajista del conjunto del desierto. Porque Tinariwen está de vuelta a Europa, ahora para presentar Tassili, quinto disco desde la aparición de The Radio Tisdas Sessions hace ahora una década. Más relajado y menos intenso que sus hermanos mayores, los más que notables Amassakoul (2004) y Aman Iman (2007), Eyadou Ag Leche razona sobre este giro hacia lo acústico: “Es un regreso consciente a las raíces de Tinariwen, a nuestra forma original de componer con instrumentos tradicionales, sin añadidos”, explica el músico, “es una conexión con el espíritu del tuareg. Quizá aquí se esperaban un disco más ágil, rápido, pero estas son nuestras esencias. Son los orígenes de Tinariwen”.

¿Y qué queda del grupo de ex combatientes? ¿Qué fue de la música surgida de los días de guitarra y Kalashnikov? “Nuestras canciones siguen hablando de libertad porque no hay ningún lugar en el mundo al que no le afecte la ausencia de libertades”, asegura Eyadou Ag Leche con la memoria puesta en los años de lucha armada contra el poder central de Malí, la guerra perdida y el tiempo de exilio al amparo de Gadafi en campos de refugiados de Libia. “No conozco ningún pueblo que no desee vivir con democracia y con derechos justos para todos. Los tuaregs sabemos mucho de eso porque nuestro estilo de vida está basado en la democracia y en la solidaridad. Democracia es libertad y el pueblo tuareg luchó cinco años (1990-1995) por la democracia, mucho antes de que los árabes se dieran cuenta. Para el tuareg, la democracia es más antigua que Jesucristo; nuestro pueblo vivía en democracia tres mil años antes de Cristo”. Democracia de raíces móviles, en busca de la lluvia y del pasto para animales, con la música en las alforjas de los camellos. “La vida nómada es sencilla, en el desierto la vida se afronta día a día. E influye sobremanera cuando trabajamos en nuestra música. La profundidad de las canciones tuaregs refleja ese valor relativo del tiempo. Medir el tiempo es secundario, y el tuareg prefiere vivir sin las prisas”, indica el bajista de Tinariwen.

Tinariwen Ibrahim

Música pegada a la tierra, cantada en idioma tamasheq, una lengua de origen bereber hablada por 1,2 millones de tuaregs en Níger, Malí, Argelia, Burkina Faso y Libia, las doce nuevas canciones del grupo liderado por el emblemático Ibrahim Ag Alhabib, una suerte de Keith Richards del desierto, destilan calma serena para después de la guerra. ¿Blues? “Antes de conocer ese nombre, los tuaregs pensábamos que sólo nosotros hacíamos este tipo de música. Cuando escuchamos blues vimos que es similar a nuestra cultura musical, cuyo origen está en el desierto. Lo llamamos “ishoumar”, porque para los tuaregs la palabra blues significa dolor”, matiza Eyadou Ag. “La primera vez que vinimos a Europa escuchamos blues, pero no podemos tener influencia de lo que desconocemos. Nuestras influencias están en el campo, el desierto, tiene siglos de antigüedad”. ¿Y qué papel social juega esa música? “Es nuestra acompañante, compañera de todos los días, de jornadas de trabajo y momentos familiares. En los tuareg, cada individuo debe aportar a la comunidad para facilitar las duras condiciones de vida en el desierto. Y cada tuareg suele dominar algún instrumento, ya sea una simple flauta, una percusión o una guitarra rudimentaria”. “Por eso para los tuaregs, Tinariwen no es sólo un grupo musical más. Es una institución, ellos son nuestros portavoces, los portadores fuera de África de nuestra cultura de tantos siglos”, añade Anara Elmoctar, presidente de un colectivo francés de emigrantes tuaregs en París e intérprete de la conversación con Eyadou Ag Leche.

Tinariwen tejado

Alabados por Elvis Costello y Robert Plant, Thom Yorke y Brian Eno, socios de Carlos Santana en el festival de Montreux de 2006, ¿cómo explica Tinariwen que el público occidental valore la poética de mínimos de sus canciones si aquí nadie entiende la lengua tamasheq? “Nuestras canciones se basan en todo lo real que le pasa a nuestro pueblo; son crónicas de lo que ocurre en un instante concreto a los tuaregs. Hablan de los problemas y de los retos cotidianos de la vida en el desierto. Y explican esa forma de vida al resto del mundo”, señala el bajista del grupo que comparte con Ibrahim Ag Alhabib (voz y guitarra), Hassan Ag Touhami (guitarra y voz), Abdallah Ag Alhousseyni (guitarra acústica), Elaga Ag Hamid y Abdallah Ag Lamida (guitarras) y Said Ag Ayad y Mohammed Ag Tahada (percusión). “Cuando actuamos para el público occidental sabemos que no puede entender lo que decimos en idioma tamasheq, aunque sentimos que ellos conectan con nuestra forma de contar las cosas del pueblo tuareg. Entienden que nuestra música procede del corazón y por eso conectan con nuestra manera de contar las historias del pueblo tuareg. Quizá sea por el claro espíritu viajero que tiene nuestra música. Son canciones de vida en el camino, músicas de viaje, y cuando el público europeo nos escucha es como si saliera de viaje con nosotros. Ofrecemos un viaje mental, un viaje a través de muchas historias de un pueblo legendario que aún vive como nómadas en el desierto”.

Superado el lustro de guerra y exilio, con un millar de muertos en el camino, la música de Tinariwen refleja ahora la década de calma relativa que los tuaregs disfrutan en el triángulo desértico del sur de Argelia y el norte de Malí y Níger. Sin violencia alrededor, el sonido del grupo tuareg regresa más reposado, sin facturas de sangre que pagar. “Tenemos muchas canciones de rebeldía, piezas que nacieron para defender nuestra cultura, pero ni siquiera en los peores ratos olvidamos que el ser humano está compuesto de diferentes partes. Y ahora las canciones de amor ayudan a nuestro pueblo en un espacio con una vida difícil. Esta es nuestra riqueza”, explica Eyadou Ag Leche para hablar de los valores que no caducan: paz, solidaridad y ayuda mutua. “Porque un tuareg”, remacha Anara Elmoctar, “no cambiará su vida en camello ni por todo el oro del mundo”.

Tinariwen horses

La hoja de ruta musical de Tinariwen, cuyo nombre significa en tamasheq “los chicos del desierto”, estuvo marcada casi siempre por la inestabilidad social en su región de origen. Si en los años 80 el exilio llevó a la exploración de sonidos rebeldes como el chaabi marroquí (Nass El Ghiwane, Jil Jilala), el nuevo rai de Argelia (Rimitti, Ferhat Mehenni) y el rock (Hendrix, Santana, Led Zeppelin), la revuelta tuareg de los años 90 obligó a Tinariwen a grabar en Costa de Marfil, donde registró una casete seminal. Desde 2001, con apoyo inicial de la banda gala Lo´Jo, Tinariwen actúa con frecuencia ante el público europeo (a España volverá en enero) y continúa absorbiendo influencias. Los tres últimos invitados para Tassili han sido Nels Cline, guitarrista de Wilco, el grupo The Dirty Dozen Brass Band y la pareja Tunde Adebimpe y Kyp Malone, de TV On The Radio. Mientras Nels Cline y los vientos de Nueva Orleans han apoyado a los tuaregs en Imidiwan Ma Tenam, los neoyorkinos apuntalan Tenere Taqhim Tossam.

Y lo han hecho trabajando en campo contrario. Después de un descubrimiento mutuo durante el festival Coachella de 2009, Tinariwen convocó a Adebimpe y Malone en una tienda instalada en pleno desierto del Sáhara. Allí, en Djante, se grabó el disco. Sin un amplio despliegue de medios. Canciones de austeridad. “Aunque pueda parecer difícil de entender, las músicas que hacemos Tinariwen y TV On The Radio no son tan diferentes: ambas están construidas desde el amor y ambas nos representan como pueblos, por diferentes que estos sean”, indica Eyadou Ag Leche sobre un álbum que se grabó en apenas veinte días. Ahora Tassili comienza su recorrido comercial, y ya veremos si responde a las expectativas del creciente público occidental de Tinariwen. Porque en 2009, su antecesor, Imidiwan, obtuvo el premio anual de la revista británica Uncut desbancando a Bob Dylan, Animal Collective, Kings of Leon y Grizzly Bear.

Publicado en la revista Rockdelux en septiembre de 2011

‘Nevermind’, el disco de Nirvana que revolucionó la industria de la música

14 Ago

por Carlos Fuentes @delocotidianocf

Se grabó en dos meses en las primaveras de 1990 y 1991, costó poco más de 65.000 dólares y lleva vendidos más de 30 millones de copias en todo el planeta. Nevermind, el segundo álbum de Nirvana, fue el disco que convirtió la música independiente en mercancía de uso global y, a la postre, demostró también que es viable lograr audiencias masivas con una producción musical de estudio con bajo presupuesto. Ahí está el hito: trece canciones que dinamitaron el coto exclusivo de las grandes disqueras. El álbum con portada de cara de niño travieso que anunció, casi sin querer, el final de una era.

Veinte años después, músicos y productores españoles analizan los efectos de Nirvana, su influencia sonora e importancia en la popularización de grupos y sellos independientes. “De pronto se abrieron puertas y sonamos en radiofórmulas”, recuerda Fernando Alfaro, voz líder de Surfin´ Bichos.

La ola grunge llegó de Seattle, en la esquina noroeste de Estados Unidos. Allí, liderado por un Kurt Cobain que tardaría tres años en volarse la cabeza, el trío había vendido 40.000 discos de su estreno, Bleach (1989), antes de firmar por Geffen Records para preparar la continuación con el productor Butch Vig. Entre mayo y junio, Kurt Cobain (voz y guitarra), Chris Novoselic (bajo) y Dave Grohl (batería) se citaron en el estudio Sound Vision de Los Ángeles en una apuesta crucial. De hecho, para pagar la gasolina hasta California, Nirvana tuvo que dar un concierto para recaudar fondos: esa noche sonó por primera vez Smells like teen spirit, cinco minutos ya legendarios que, en 2004, la revista Rolling Stone situó en el noveno puesto de las 500 canciones más importantes de la historia.

En España, la difusión de Nevermind se saltó todas las normas establecidas. El rock de Nirvana, arisco pero melódico, se impuso por KO técnico pese a que en las radiofórmulas reinaban Michael Jackson, Jon Secada, OBK y Mecano. “Fue un flechazo instantáneo, hacía tiempo que no escuchaba algo igual”, recuerda Amparo Llanos, de Dover, quizá el grupo nacional más asociado a la explosión grunge. “Sonaba como un puñetazo en la cara, fue un shock, y me alegro de haber vivido ese momento, como la gente mayor vivió los años 60, los Stones y Bowie”, añade Jorge Martí, de La Habitación Roja. Más ponderado, Alfaro no cree que Nevermind descubriera nada nuevo, pero sí generó oportunidades y más respeto en la escena nacional. “Su éxito mejoró cosas: hubo más medios técnicos y mejores condiciones para grabar y hacer giras”, anota el cantante.

Javier Liñán gestionó el fichaje de Los Planetas por RCA. “Nirvana tuvo apoyo masivo de los medios y generó entusiasmo en grupos españoles, pero pocos tenían intención de profesionalizarse. Y pocos lo lograron”, explica Liñán, que después trabajó en Chewaka-Virgin con Astrud y Chucho. “Compañías indies como Subterfuge supieron captar lo que pasaba en la calle y retratarlo en sus producciones. Ocurrió con Dover, el éxito de ventas más grande en esa época, quizá Devil came to me sea el Nevermind español, pero todo tenía un espíritu amateur. Hoy sería gracioso hacer un programa estilo ¿Qué fue de…?”, señala el director de la productora El Volcán, que trabaja con Josele Santiago y Zenet.

Con un enfoque rock más clásico, Pablo Carrero fundó Rock Indiana en 1994. “Nevermind es poco convencional pero, sin embargo, vendió una barbaridad, lo que quizá provocó el interés de sellos grandes por grupos nuevos. Aunque aquí la apuesta fue muy tibia, el movimiento indie siguió creciendo al margen de las multinacionales. Nirvana aportó más en un sentido musical porque el interés de medios y discográficas masivas duró muy poco. Que ahora los discos se hagan de forma casera, con bajo coste, lo relaciono más con la evolución técnica que con una apuesta industrial”, señala Carrero, cuyo sello edita entre ocho y diez discos por año. Y con suerte dispar: con una media de 300 copias vendidas por disco, solo Sunday Drivers rompió ese techo. Su debut despachó cuatro mil.

¿Y qué aportó el sonido de Nirvana? Paco Loco, ingeniero de pedigrí del indie español. “Marcó tendencia como grupo, pero no tanto en producción musical. Aparecieron muchas bandas, ahora ya quedan pocas y reniegan de esa época. Es fácil ser injusto a toro pasado: se critica que cantaran en inglés, pero nadie critica que se toque en inglés. Lo importante es hacer lo que te gusta, sin esconderse en complejos. ¡Mira que hay grupos que cantan en español con unas letras muy malas!”, argumenta el productor gijonés, aliado de grupos y artistas como Australian Blonde, Sexy Sadie y Nacho Vegas.

Desde Valencia, Jorge Martí no reniega del momento indie. “Con Nirvana aprendí a pelear por mi grupo de rock y, en general, ayudó a elevar la autoestima del rock nacional. Siempre me gustó su actitud punk, sin fantasías ni imposturas”, añade el líder de La Habitación Roja, que contrató a Steve Albini, el productor de los últimos Nirvana, para los discos Nuevos tiempos y Cuando ya no quede nada. “Steve retrata al grupo como una fotografía cruda, sin retoques. Busca que suenes igual de fuerte que en directo y respeta tu trabajo como si estuviera grabando con Iggy Pop. Aquí no es fácil encontrar a un productor que te reciba a la puerta del estudio y escuche qué quieres de su trabajo. Más que musical, fue una experiencia para ir por la vida”.

Amparo Llanos también reivindica la lección aprendida con Nirvana. “Inspiró a muchos grupos, en sonido y en actitud. Y eso que su rock fuerte pero melódico no es fácil de imitar. Pero demostró que no hace falta ser un guitarrista pintón para tener una banda de rock; nada que ver con Guns N´Roses o Mötley Crüe”, afirma la cantante de Dover, que en 1993 viajó a Hawai para ver a Kurt Cobain. “Nirvana no tuvo mucho que ver en la escena del indie español, pero sí ayudó a que se respetara nuestra personalidad, se crearan festivales y un público que aún está vivo”. Perro viejo, Fernando Alfaro cierra la foto fija 20 años después: “Quizá el indie no acabó de cuajar porque era una fórmula importada y España, como escena, no tiene nada que ver con el mundo anglosajón, pero sí ayudó a mejorar. Aunque hoy, más que para tirar cohetes estemos para tirar bombas”.

Publicado en el diario Público en agosto de 2011