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Películas para vivir después de la guerra en Sarajevo

8 Jun

Sarajevo Film Festival

por Carlos Fuentes

Conmueve ser testigo del renacimiento de Sarajevo, la última ciudad mártir de Europa. Ver que sus cuatrocientos mil habitantes pueden pasear en libertad, sentarse en alguno de sus frondosos parques y, quienes lo deseen, incluso pueden ir al cine. Se emociona el visitante cuando recuerda que entre 1992 y 1996 la capital de Bosnia-Herzegovina sobrevivió a un cerco infernal impuesto durante mil días por el Ejército serbio. Ahora, tras el silencio de las bombas y de los francotiradores, el cine regala ilusión cada verano en este cruce de culturas en el corazón de Europa. Conviene recordar los tiempos del martirio para calibrar la magnitud del reto que representa armar un festival cultural en una ciudad que solo lleva dos décadas de vida nueva después del naufragio.

Entre el domingo 5 de abril de 1992 y el jueves 29 de febrero de 1996, militares serbios bajo mando del político Radovan Karadzic y a las órdenes militares del general Ratko Mladic sometieron a tortura a una ciudad que apenas una década antes, en febrero de 1984, había albergado los Juegos Olímpicos de Invierno. Fueron tres años, diez meses, tres semanas y tres días entre violencia cotidiana, vesania premeditada y falta de atención por parte del mundo político occidental a los gritos de auxilio de más de cuatrocientos mil sarajevitas. Los seres humanos que integraban las tres etnias de la región, bosniacos, serbios y croatas, que hasta ese día habían convivido en paz. Resultado: más de cinco mil civiles asesinados y ocho mil soldados muertos.

logo Sarajevo Film Festival

Apenas encauzado el periodo bélico, un grupo de activistas culturales logró poner en marcha un festival de cine en octubre de 1995. No eran tiempos fáciles: el sitio serbio seguía en vigor, apenas congelado durante el proceso de negociaciones forzado por Estados Unidos y una avergonzada comunidad internacional. Desde aquella primera edición del Sarajevo Film Festival, a la que asistieron quince mil personas para contemplar películas procedentes de quince países, el certamen sarajevita no ha perdido su vocación inicial: utilizar el cine, y por extensión la cultura, como herramienta terapéutica útil contra el recuerdo del dolor, contra la ausencia de familiares y la pérdida de amigos.

Para ello, alrededor de un centenar de títulos distribuidos en ocho secciones aspiran ahora a reunir a más de cien mil espectadores en la capital bosnia. Inaugurado el pasado miércoles con la proyección en un gran auditorio a cielo abierto con la película Cuentos sobre la edad dorada, del realizador rumano Cristian Mungiu, ganador hace dos años de la Palma de Oro del Festival de Cannes por su estremecedor relato de la época de abortos clandestinos en la Rumanía de Ceausescu (Cuatro meses, tres semanas, dos días), el festival concluirá el jueves con el pase de El luchador, la resurrección cinematográfica del actor Mickey Rourke, quien tiene previsto asistir al certamen bosnio.

La cita cinematográfica de Sarajevo está lejos de cumplir con convenciones del cine comercial. Ni en continente ni en contenido. La alfombra roja está reducida a un mínimo paseo por las escalinatas del palacio de estilo neoclásico que alberga las oficinas y la programación no tiene espacio libre para concesiones comerciales. En esta edición de 2009, el grueso del programa está dedicado a nuevas producciones realizadas en los países de los Balcanes. De Bosnia a Serbia pasando por Eslovenia, Rumanía, Bulgaria, Croacia, Montenegro o Macedonia. De hecho, el Sarajevo Film Festival toma el pulso anual al estado de salud del cine centroeuropeo, gran desconocido en las pantallas del sur del continente. Y, a veces, salta la sorpresa.

Quizá los dos mejores precedentes de éxito en el festival de cine bosnio hayan sido En tierra de nadie, la película del director Danis Tanovic que después de su estreno en el 2001 terminó por obtener el Oscar a la mejor película en habla no inglesa; y el largometraje Grbavica, la crónica desgarradora de las violaciones masivas como arma de guerra durante los conflictos bélicos en la antigua Yugoslavia que la directora bosnia Jasmila Zbanic dirigió en 2005. Una película estremecedora que no deja de ser un ajuste de cuentas al estar localizada y rodada en el barrio homónimo próximo a la sede del festival sarajevita. Con ella Zbanic obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín.

Otros compañeros de viaje en el palmarés del Festival de Cine de Sarajevo han sido largometrajes de directores tan recomendables como el danés Lars Von Trier (Rompiendo las olas), el argentino Juan Villegas (Sábado) o el británico Michael Winterbottom (Camino a Guantánamo). Junto a países de consolidada producción cinematográfica, España aporta cada año algún título al festival bosnio. En esta edición, además de alguna coproducción con países latinoamericanos, el cine nacional cuenta con el cortometrajista Chema García Ibarra: estrena el filme de animación El ataque de los robots de nebulosa-5.

En la ciudad de Sylvia

En ediciones recientes, el Festival de Cine de Sarajevo ha programado varias películas españolas. Muy buena aceptación logró el director catalán José Luis Guerin con su largometraje En la ciudad de Sylvia, que fue exhibido en la edición de 2008 dentro de la sección Panorama. En aquella ocasión, Guerin no pudo asistir al certamen sarajevita por encontrarse en la fase previa de rodaje de su nuevo proyecto, Guest. “No estuve en Sarajevo, pero siempre es bueno que tus películas se vean fuera, en otros países. Más importante todavía si En la ciudad de Sylvia se proyecta en un lugar tan especial como Sarajevo”, explica Guerin, director de En construcción, en conversación con este diario.

El cielo gira

Otra reciente experiencia bosnia con acento español estuvo protagonizada hace dos años por la directora Mercedes Álvarez. Su documental El cielo gira se proyectó tras el interés mostrado por el coordinador del Festival de Cine de Sarajevo ante la historia de Aldeaseñor, un pueblo situado en los páramos altos de Soria en el que apenas quedan catorce vecinos. Debido a la enfermedad de un familiar, Mercedes Álvarez tampoco pudo acudir al festival bosnio, pero no por ello guarda un recuerdo amargo. Al contrario, según la información recibida de la organización del certamen bosnio, El cielo gira cautivó al público de un país en el que más de la mitad de sus habitantes aún vive del trabajo agrícola. Quizá porque no haya nada más grato que ver en la gran pantalla vidas ajenas que se parecen a las nuestras.

Publicado en el periódico El Norte de Castilla en agosto de 2009

 

La última batalla del general croata Ante Gotovina

26 Abr

Ante Gotovina grafiti

por Carlos Fuentes

“Su comportamiento fue normal, el de un caballero”. Arsenio Hernández era el maître del hotel Bitácora, en Playa de las Américas, cuando aquel tipo callado, alto y bien parecido, bajó a cenar. Minutos después lo vio salir esposado con las manos a la espalda. Arsenio Hernández fue la última persona que vio en libertad a Ante Gotovina, el militar croata acusado de crímenes de guerra que el 7 de diciembre de 2005 fue detenido en su restaurante del sur de Tenerife. Casi siete años después, Gotovina ha vuelto a ser noticia. El ex general croata acaba de ser absuelto por el Tribunal de La Haya de acusaciones de limpieza étnica que ya llevaron a una condena en primera instancia de 24 años. Ahora, y ya es definitivo, el hombre que muchos croatas consideran un héroe nacional de la guerra contra los serbios sale en libertad sin cargos. Pero detrás de Ante Gotovina queda una historia de aventuras, guerra y huida, siempre a golpes.

Ante Gotovina Tenerife 2005¿Quién es y qué hizo Ante Gotovina? Si atendemos a la descripción que Arsenio Hernández ofreció a este cronista en 2008, un “hombre normal”, si por normal se entiende al turista que disfruta de un hotel de cuatro estrellas en Tenerife. “Pasó siempre desapercibido, en los cuatro o cinco días que estuvo alojado nunca llamó la atención por nada”, indica Hernández. “Lo único, por así decir singular, era que hablaba español muy bien”. Aquel 7 de diciembre de 2005, el cocinero canario se encargó de la atención de Ante Gotovina, que bajó a cenar con un amigo, también croata. “Se sentaron en una mesa de su elección, en la 567 y pidieron la bebida”. Bien vestido, camisa blanca, y con una flor de pascua sobre la mesa, el militar pidió vino Marqués de Cáceres y una botella de agua Fontbella. “Gotovina agradeció en español y fue al servicio de buffet. Hablaba muy bien español con acento latinoamericano, pero nunca llegué a ubicarlo en un país determinado”, recordaba años después el maître del hotel Bitácora.

Ante Gotovina (Pasman, 1955) domina con soltura el español. Lo aprendió en países latinoamericanos en los que trabajó, y en Gran Canaria, a principios de los años 80, donde descansó en un yate para recuperarse de un accidente e hizo paracaidismo en San Agustín. En su huida de dos años Gotovina pasó por varios países de habla hispana. En cuatro años visitó España, Argentina, Chile, República Dominicana y Perú, según sellos acuñados en los dos pasaportes falsos que utilizó. Estos documentos croatas acreditan que Gotovina también estuvo en Brasil, Italia, Japón, Singapur, Malasia, Tahití y Mauricio. El sellado con la última anotación data del 17 de diciembre de 2004. Ese día Gotovina entró en España por el aeropuerto de Barajas, donde enseñó uno de los dos pasaportes falsos que utilizaba a nombre de Kristian Horvat y Stjepan Senicic. Su pista se perdió doce meses, hasta que fue detenido en un hotel de Tenerife.

Ante Gotovina croatia armyEl rumbo de Gotovina se torció en 2001. Ese verano el tribunal internacional que persigue los crímenes cometidos en las guerras en la antigua Yugoslavia hizo pública su acusación. Aquel 26 de julio Ante Gotovina conoció al detalle los cargos judiciales que pesaban en contra: “Persecuciones, deportación, actos inhumanos (traslados forzosos), pillaje en propiedades públicas y privadas, destrucción de ciudades y pueblos, asesinato y trato cruel”, según la fiscalía dirigida por Carla del Ponte. El caso IT-06-90 juzgó la responsabilidad de Gotovina y de los comandantes Ivan Cermak y Mladen Markac en los combates entre tropas croatas y serbias en la región de Krajina. De forma específica, qué rol jugó Ante Gotovina en la operación Tormenta, contraataque militar que reconquistó territorio croata aún en poder serbio. La Operación Oluja (tormenta, en croata) se realizó en agosto de 1995, del día cuatro al siete. La región de Krajina, al suroeste de Croacia, arrastraba una historia turbulenta. En 1991, tras la victoria serbia, que estiman propia esta zona agrícola con población mayoritaria ortodoxa, el bando ganador impuso la limpieza étnica y deportó a 100.000 habitantes croatas. También 158 iglesias católicas fueron destruidas o dañadas por las tropas serbias, cuyos soldados eran bendecidos por patriarcas ortodoxos antes de entrar en batalla.

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Por órdenes del Gobierno croata, tres años después, entre los días 4 y 8 de agosto de 1995, las tropas croatas volvieron a la Krajina para desalojar a los serbios. Comenzó la Operación Tormenta con la participación de alrededor de 150.000 soldados croatas frente a unos 40.000 serbios. Murieron 174 militares croatas y otros 1.430 resultaron heridos. La factura de sangre de la parte serbia fue más alta: 1.442 soldados y 1.873 civiles muertos (aunque Croacia rebaja las cifras a 742 y 677). Antes, durante y después de los combates, entre 90.000 y 250.000 civiles serbios fueron deportados de Krajina. La acusación contra Gotovina presentó al general como el máximo responsable de los abusos de poder que se cometieron tras la victoria en la región en disputa, ahora parte del Estado croata. La misión de la ONU para la antigua Yugoslavia, Unprofor, pudo documentar luego que alrededor de doscientos vecinos serbios habían muerto en la región después de la entrada triunfal de las tropas de Ante Gotovina.

Gotovina (centro) con Tudjman en Knin durante Operación Oluja 1995 Cuando empezó el proceso en La Haya, la fiscalía atribuyó a Gotovina, Cermak y Markac el asesinato de “al menos” 37 serbios en Krajina, también destrucción y robos en diecinueve pueblos serbios. También acusó a los croatas de trato inhumano a detenidos y refugiados, deportaciones con intimidación violenta hacia Bosnia y Serbia. “Las fuerzas croatas cometieron numerosas violaciones de las leyes humanitarias internacionales, incluyendo las muertes de al menos 150 serbios de Krajina, y el pillaje y destrucción de sus propiedades para forzar la huida”, acusó el fiscal. En Croacia, no obstante, muchos tienen una opinión distinta. El 31 de julio de 2005, cuatro meses antes de la detención en Tenerife, el semanario Hrvatski List publicó una carta firmada por el autodenominado Instituto para Relaciones Internacionales y Derechos Humanos solicitando el apoyo popular para proponer a Ante Gotovina como candidato al premio Nobel de la Paz. La petición se basaba en que el entonces general obedeció órdenes “legítimas” de un país “soberano” y en que “todas las guerras son inhumanas”.

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Antes de que se hiciera pública la acusación, Ante Gotovina rechazó primero la jurisdicción del tribunal de la ONU. En 2000, por orden del presidente croata, Stjepan Music, el general pasó a retiro. Y Gotovina se escondió dos años. El 21 de agosto de 2001 Interpol emitió una orden internacional de arresto, pero no fue hasta 2003 cuando Gotovina reapareció. El 10 de junio, en una entrevista en el semanario croata Nacionale, el prófugo aceptó la competencia del tribunal internacional, pero exigió un interrogatorio en Zagreb antes de ser trasladado a La Haya. “Volveré y hablaré con los investigadores si ellos me dan el estatus de sospechoso. Si después de escuchar mi testimonio mantienen la acusación, entonces yo iré voluntariamente a La Haya”, arguyó Gotovina. Pero el tribunal rechazó su propuesta y el ex militar volvió a la clandestinidad. Los pasaportes que utilizó Gotovina revelan pistas sobre el rumbo que tomó. Cuando habló con Nacionale tenía acreditada una entrada en Argentina el 7 de mayo de 2003. Antes había pasado por Eslovenia, Madrid (con salida el 22 de diciembre de 2001), Argentina, Brasil, Chile, Italia y, otra vez, Madrid. De la capital española salió el 6 de mayo de 2003 hacia Buenos Aires, donde pasó dos meses. El 15 de julio, tras una semana en Chile, regresó a Madrid. El 26 de octubre selló su pasaporte en Roma y voló a Singapur, donde residió hasta el 11 de noviembre.

Detención en Hotel Bitácora (Tenerife, 8.11.2005)Ese día Ante Gotovina entró con identidad falsa en Malasia utilizando un visado de negocios válido para una estancia máxima de tres meses, pero sólo estuvo ocho días. Volvió en avión a Singapur el 18 de noviembre y el día 26 voló a islas Mauricio con dos visados turísticos de quince días. Tras pasar la navidad en Singapur, el 27 de diciembre está acreditada su presencia en Japón con visa para tres meses, pero el penúltimo día de 2003 viajó hasta Tahití. Allí estuvo hasta el 11 de enero. De sus dos últimos años de huida sólo hay datos de 2004. Según los pasaportes con los que fue detenido en Tenerife, Gotovina pasó ese año entre Chile (hay registradas entradas en enero, abril y julio), Argentina (enero y julio), República Dominicana (abril y octubre) y Perú (septiembre). El último sello que se registró en su documento falso como Kristian Horvat data del 17 de diciembre de 2004, cuando entró en Madrid procedente de la República Dominicana, donde había llegado el 2 de octubre. A partir de ese día se perdió cualquier rastro de sus movimientos.

El ex general pudo estar un tiempo en España y aprovechar el permiso español para moverse por la Unión Europea. Lo único cierto es que su carrera acabó la noche del 7 de diciembre de 2005 cuando media docena de policías españoles le apresaron mientras bebía vino de Rioja en Playa de las Américas. Medios croatas publicaron luego que la pista que llevó a Gotovina fue una llamada de teléfono a su esposa Dunja. “Todo fue muy rápido. Gotovina y su acompañante se sentaron en la mesa de su elección. Cuando iban a tomar los postres, como a las nueve y cuarto, entraron tres policías. Al poco rato pasaron por la mesa y se lo llevaron. Es lo que ví, fue rapidito”, recuerda Arsenio Hernández. “Había otros tres agentes vigilando y grabando con una cámara, pero él no presentó resistencia. La acción duró treinta segundos como mucho, y creo que ninguno de los clientes se dio cuenta de lo que pasaba”. El maître del Hotel Bitácora precisa que Ante Gotovina pasó desapercibido cinco días entre la clientela. “Por esos días había muchos técnicos eléctricos para reparar torres en el sur, dañadas por el temporal, y teníamos más clientes españoles de lo normal”, recuerda. “No lo sé qué pudo cenar, es que damos buffet. Esa noche le dejaron cenar y luego se lo llevaron. Él no intentó hacer nada, no presentó resistencia. Se levantó tan normal y corriente”, resume el cocinero del sur de Tenerife.

Cartel de GotovinaDiecisiete años después de los hechos por los que fue juzgado, once después de su huida y siete desde su detención en Tenerife, el General Tormenta volvió el viernes [16 de noviembre de 2012] a Croacia con la parafernalia típica del héroe nacional que ya es. Junto a su compañero de armas Mladen Markač, también absuelto por apelación en La Haya, Ante Gotovina llegó a Zagreb en un avión fletado por el Estado croata. Alfombra roja para un personaje contradictorio al que una gran parte de los croatas nunca dieron la espalda durante los años de huida, juicio y prisión en La Haya. Gotovina cumplió siete años de cárcel por unos delitos de guerra de los que, al final, sale absuelto. Entre reivindicaciones nacionalistas y un primer intento propio por pasar página: “La guerra pertenece a la historia, volvamos al futuro”, dijo Gotovina ante la multitud congregada ante la catedral de Zagreb, más de cien mil personas en toda la ciudad. Asistió a misa junto al arzobispo de Zagreb, el cardenal Josip Bozanic, y cerró su día triunfal con cena de palacio con el presidente croata Ivo Josipovic. Al otro lado de la frontera de lo que una vez fue Yugoslavia, en Serbia, la indignación no se pudo ocultar. En estos tiempos de sueño europeo, cuando Croacia ganará la partida a la antigua madre Serbia con su ingreso del 1 de julio de 2013 en la Unión Europea, los serbios arrastran la pesadumbre de una guerra que han perdido en todos los terrenos. Obligados ahora a ver cómo la historia se escribe con renglones negros, a veces.

 

Publicado en el periódico La Gaceta de Canarias en 2007

El malo de la película

2 Dic

Emir Kusturica

EMIR KUSTURICA

por Carlos Fuentes

Melancólico y provocador, pocos artistas son capaces de construir un universo propio como Emir Kusturica lo hizo con Papá está de viaje de negocios, Underground y Gato Negro, Gato Blanco. Ahora ultima la adaptación de la seminal novela Un puente sobre el Drina, pero su última pirueta es la transformación de Tiempo de Gitanos en una ópera-punk. Emir Kusturica, el chico malo del cine europeo, habla de películas, música y, ya es costumbre, la tragedia de Yugoslavia.

Al fondo se mantiene en pie un trozo del decorado de la ópera-punk El Tiempo de los Gitanos, un par de sillas baratas y una mesita de té avejentada como un salón de bar popular en la Serbia profunda. No sobra tiempo, mejor ir al grano. ¿Esto es una ópera? “¿Quién sabe? Podría serlo, pero también puede ocurrir que alguien vea la obra como ópera, otros lo hagan como teatro o quizá como teatro musical. ¿Quién sabe qué interpretación hará cualquier espectador? ¿Y a ti te ha gustado?”. Retrata bastante bien lo que debió ser la Yugoslavia rural, antes y después de Tito. A ratos evoca Un puente sobre el Drina. “¿Conoces ese libro?”. Emir Kusturica sonríe, tiende la mano y empieza a hablar. Debería comenzar una entrevista, aunque el director y músico serbio no está muy por la labor. Quizás prefiere Kusturica una conversación sin guión fijo, con el cine, la música y el conflicto yugoslavo como ejes de la charla. Ante el mismo pedazo de decorado de la historia épica de los Balcanes que continúa al fondo.

emir kusturica

Cuesta creer que este hombre de sandalias de pescador, calcetines negros y camiseta de Menorca sea el enfant terrible del cine europeo último. Pero Emir Kusturica (Sarajevo, 1954) suele decir lo que piensa y lo que piensa, claro, no gusta a todos. De visita en Cartagena con su adaptación de El Tiempo de los Gitanos (1988) en el festival La Mar de Músicas, el cineasta serbio no esquiva preguntas. Cine, para empezar. “Vivimos unos tiempos muy raros. Hoy hay un montón de autores y de directores que no están haciendo su propio cine. En los tiempos en que Fellini y Antonioni estaban vivos, ellos asistían a festivales. Los festivales servían para presentar películas de autores, no encargos de grandes producciones como pasa hoy. Diseñadores de mercado desarrollan productos orientados de los que ya se sabe que van a tener gran éxito. Y la fórmula para tener éxito en el cine de hoy es ser lo más estúpido que se pueda ser, lo más superficial que se pueda ser y lo menos intelectual que puedas. Entonces serás muy exitoso, todo lo contrario a lo que ocurría en época de Fellini y Antonioni”. ¿Y no hay otro cine? “En el cine de hoy manda el superpoder del dinero, con sus estúpidos actores famosos muy bien parecidos que desfilan felices por las alfombras rojas”. ¿Y cuál es su papel en un escenario tan negro como lo pinta? “Seguir haciendo mi cine. Me gustaría ayudar a extender el poder de la cultura de mi país, la cultura de los serbios, hasta los últimos momentos de mi vida”.libro

La vida de Emir Kusturica, que él mismo narra en el libro de memorias ¿Dónde estoy en esta historia?, comenzó en un popular barrio multiétnico, entre las cinco montañas de Sarajevo. Cuenta que el cine lo salvó de la calle y que el salvavidas fue la beca que obtuvo en 1974 para estudiar bellas artes en Praga. El cine, y la música, como puertas a un mundo nuevo. “Mi percepción de la vida siempre ha sido desde un punto de vista internacional. Me considero un alumno de Joe Strummer, The Clash y Sex Pistols. Sinceramente creo que el arte es una forma de entender la vida. Siempre entendí el mundo del arte como una forma sincera y poderosa de hacer camino en la vida. Lo que aprendí de la música punk, de la música que se hizo durante los años 70 y 80, fue cómo tratar la vida como una visión idealista de justicia e igualdad. Y estos son valores sociales que ahora son muy añorados. Los punks disfrutaban con la música, no hacían música de una manera exclusiva. No eran excluyentes ni diseñaban un mundo formal para la gente. No buscaban hacer música con formas preconcebidas para gustar al gran público. Utilizaban la música y buscaron una música muy fuerte porque la vida estaba sacudiendo muy duro fuera, en las calles de sus ciudades. Por eso amaré siempre la música y el cine de los años 70 y 80”.

Mundo aparte, Kusturica reivindica el acervo cultural serbio en cuanto tiene ocasión. En su cine –de la suburbial ¿Te acuerdas de Dolly Bell? a la década de gloria con Papá está de viaje de negocios, Tiempo de gitanos, Underground y Gato Negro, Gato Blanco— y en la música que hace con The No Smoking Orchestra. No sorprende su expansión al hablar de Serbia, de los serbios. “Ivo Andric, Nikola Tesla… tenemos tantas personalidades importantes en literatura, ciencia, deporte, sobre todo si se valora que Serbia es una nación de solo siete millones de personas. Siete millones que siempre han vivido comprimidas entre los países del oeste y los del este”. ¿Y por qué se tiene a los serbios como los malos de todas las películas? “Por inseguridad y por el punto de vista ideológico preconcebido que hay en Europa occidental. Serbia siempre es considerada culpable por nuestra vinculación con Rusia. Solo por eso. Y así llevamos los últimos 250 años. Incluso en el contexto del socialismo marxista, cuando los serbios fueron utilizados para luchar contra el imperio otomano. Es la única razón por la que siempre se nos cataloga como pueblo culpable. Es un problema eterno”, responde Kusturica. “Pero no olvidemos que Serbia fue el único país en Europa del este cuyos jóvenes no fueron a la guerra cuando Alemania intentó invadir Rusia. Todos los demás, los chicos croatas, los checos, los bosniacos… todos participaron en aquel ataque de la Alemania nazi contra Rusia en la Primera Guerra Mundial”.

Kusturica (concierto)

¿Y usted se siente culpable? “Todo el mundo se puede sentir culpable, pero tengo muy claro que mi culpabilidad solo existe ante mis hijos, ante mi esposa y ante mis familiares y amigos. Ante toda la gente que está próxima, porque a veces te equivocas con ellos, pides disculpas. Pero no me siento culpable ante el mundo entero”. En Sarajevo, su ciudad natal, hay muchos que no piensan lo mismo. Puede hacer la prueba: nombrar a Kusturica es como mentar al diablo. “Sarajevo no existe, la ciudad de Sarajevo es una creación del mundo político occidental. En los años 90 se hizo la guerra para diseñar una ciudad multiétnica y, acabado el combate, ya hemos visto que la ciudad multiétnica no existe. Hoy la población de Sarajevo es musulmana en un 97%”. Igual que en Banja Luka, la capital serbia de Bosnia. “Sí, pero ellos no fingen que viven en una región multiétnica. Ellos son serbios y quieren vivir como serbios en tierra de Serbia”. Es una forma de verlo. “Como decir que Izetbegovic fue uno de los culpables de la guerra, pero se ha dado la gran paradoja: a los serbios se nos considera un pueblo culpable por pensar que gente como él fue la culpable de la guerra”.

Es un conflicto de casi tres siglos. Andric ya escribió que la historia es un bucle cíclico en los Balcanes. En repetición permanente. “Se podría ver un región sin problemas étnicos, sin tensiones entre diferentes grupos étnicos pero la historia de los Balcanes está muy vinculada a la violencia, a la rivalidad y, en varias ocasiones, a la guerra. Todas las guerras, desde la primera balcánica hasta la segunda mundial, se dieron porque Alemania quiere llegar a Rusia”. Y Serbia está siempre con los rusos. “Las consecuencias de la división de Europa en dos y la importancia política de Rusia en el este tuvieron un fuerte impacto en Serbia. Pero está llegando al final porque el mundo occidental ya no se puede permitir económicamente estar sin presencia en Rusia y en los países del este. Rusia siempre fue el objetivo de Estados Unidos y de sus socios en Europa, porque ese mundo no era cómodo para los occidentales. Ahora tenemos una gran frontera católica en Croacia, y ocurre no porque los serbios sean buenos o malos chicos sino porque estamos muy vinculados a Rusia. La historia serbia siempre estuvo sometida a la propaganda. Y Rusia siempre fue el gran objetivo de las grandes potencias europeas: Napoleón quiso conquistar Rusia, Hitler quiso conquistar Rusia… y ahora los norteamericanos quieren hacer lo mismo con Rusia y se preparan metiendo mano en sus recursos económicos… y si alguien no me cree, puede informarse en los cuarteles generales de la OTAN”.

Time of the Gypsies

Entretanto, Serbia sigue acumulando fracasos. El último, la pérdida de Kosovo. “Con esa independencia, apoyada por los americanos y por casi todos los gobiernos europeos, se amputó con apariencia de legalidad un pedazo que forma una parte legítima del territorio histórico de Serbia, y todo para ayudar a la creación de una Gran Albania. Estados Unidos quiere crear la gran Albania”. ¿Se imagina a Serbia en Europa? “Yo ya soy europeo”. En la Europa política y económica, en la UE. “¿Europa política? Según a lo que te refieras al decir “ser parte de Europa”. ¿Ser europeo es ser alemán? Países como España, Grecia o Italia ya están pasando por graves dificultades. ¿Adónde va la Europa política y económica? ¿Estamos seguros de que sobrevivirá a la crisis? Mientras hay un gigante que sigue creciendo, China, no sabemos qué va a ocurrir con Europa”.

emir brasil

Menos excesivo que su música, más personal que su cine, las memorias de Emir Kusturica son una suerte de exorcismo bipolar. ¿Dónde estoy en esta historia? (Península, 2012) rinde cuentas de los tiempos de loca juventud en un Sarajevo antes del último martirio y, al tiempo, trata de ajustar cuentas con las turbulencias del pasado aún presente. “Es un ejercicio de devoción personal a los años de mi infancia y mi adolescencia”, explica el director serbio, “también un homenaje a mis padres, que se esforzaron mucho para que yo, un chico de Sarajevo, pudiera realizar los estudios de cine con los que soñaba”. Y revela, “e intenta explicar”, según su autor, cómo era aquello de ser niño en la Yugoslavia de Tito. Pero el niño que se hizo mayor no puede obviar lo que llegó después. 150.000 muertos, la última gran guerra en Europa. Y aquí Kusturica suele ir por la libre. “Me decidí a escribirlo ahora porque se han escrito tantas mentiras, han existido tantas provocaciones ideológicas, muchas malas interpretaciones. Dije: voy a escribir mis opiniones para contestar a todo esto. Y este libro reúne mis reacciones ante el mundo”.

Con escenas hilarantes junto a Johnny Depp en Sarajevo (se hicieron buenos amigos durante el rodaje de El sueño de Arizona en 1992), una burla grosera al Angelopoulos de la colosal La mirada de Ulises y su versión de la pelea posterior en la playa de Cannes, el relato de Kusturica supura por la herida serbia. Quizá de ahí nazca su pelea contra el mundo. ¿O Serbia no cometió errores, no se ha equivocado como cualquier pueblo. “Eso es propaganda. ¿Cómo pueden estar equivocadas siete millones de personas? A Serbia nos otorgan el papel de chicos malos en un mundo con conflictos en muchos otros sitios. Como aún se sigue matando civiles en Afganistán mientras los soldados cantan American Pie. Esa es una de las razones por las que los serbios somos los malos a ojos del mundo”. ¿Porque tienen razón? Kusturica ríe, se ríe con ganas, y se pierde entre los muros de metacrilato del auditorio El Batel. Dentro ya desmontaron el cartón piedra de El Tiempo de los Gitanos.

Publicado en la revista Rockdelux en octubre de 2012