Tag Archives: dakar

Sucupira, un mercado africano para conocer Cabo Verde

17 May

Sucupira 1

por Carlos Fuentes

Los mercados de África son un mundo aparte. En esta suerte de centros comerciales de lo cotidiano se dan cita cada mañana la vida, las noticias y los sueños de pequeños vendedores que salen adelante suministrando cualquier cosa que necesiten los vecinos. Y cualquier cosa abarca lo vivo y lo muerto, lo nuevo y lo viejo, lo propio y lo extraño. Como si fuera posible ofrecer África entera en un ramillete de calles. En la ciudad de Praia, la capital de Cabo Verde, el mercado africano se llama Sucupira. Y es un mundo aparte.

No está claro el origen del término Sucupira, al menos aquí en la isla grande de Cabo Verde. Se sabe, eso sí, que en Brasil da nombre a un árbol del que, además de madera y forraje, se nutre la población de hojas para infusiones medicinales. En la ciudad de Praia, Sucupira es otra cosa. Es el gran mercado de la capital, el pulmón comercial de la vida cotidiana. Abierto todos los días del año. Sucupira, además, está rodeado por varios hitos importantes de la geografía urbana de Praia. Sucupira es vecino del estadio de Várzea, ubicado en el popular barrio del mismo nombre. Es el campo donde la selección de fútbol jugaba sus partidos hasta el año 2013, cuando se mudó al nuevo estadio del barrio Achada São Filipe. Ahora juegan aquí equipos de Praia, Sporting Clube, Boavista, Clube Desportivo Travadores y Académica, pero no es lo mismo. Quizá por eso, por esa sensación de días mejores que son pasado, Várzea contagia aires de saudade a los aledaños de Sucupira.

Sucupira 2

Desde el estadio, dejando atrás el Palacio de Gobierno y el cementerio, la avenida Cidade de Lisboa desemboca en la puerta principal del mercado de Sucupira. Puertas hay más, pero conviene tomar esta como referencia para intentar orientarse luego en el ramillete de calles, callejones y callejuelas que dan forma al mercado africano. Al otro lado, la nueva iglesia apostólica también es una señal para orientar los paseos por el mapa cotidiano de Sucupira. En el cruce que bordea el templo está la salida principal por carretera al centro de la isla de Santiago y abundan paradas de furgonetas que se encargan del transporte de pasajeros y de abundante carga menor que se compra en Sucupira. Son las populares Hiace, modelo de Toyota que se antoja fundamental para entender cómo funciona la economía de mercado (y el mismo mercado de Sucupira) en Santiago. Con ellas cada día se hacen viajes que distribuyen mercancía a los pueblos todo lo comprado en Praia.

Sucupira 3

En Sucupira se vende de todo. A la pieza y al peso. El tramo inicial es un conglomerado de pequeños puestos de textiles, bolsos y productos domésticos. El espacio es reducido, pero sobre las mesas lucen botes de champú y otros productos de baño y cocina. Alguna peluquería avisa de que en la parte central del bazar los salones de belleza al estilo africano serán los protagonistas. Más propio de un mercado es encontrarse con artesanos del cuero y el metal. También hay artistas que aprovechan el vaivén comercial para vender cuadros en los rincones más insospechados. Una señora anuncia una remesa de bolsos de Senegal elaborados con hilos de plásticos de colores. Ochocientos escudos la pieza, poco más de siete euros. Más baratas son las telas estampadas, importadas de Dakar y Costa de Marfil, que vende otro puesto regentado por una pareja caboverdiana. Un vecino ofrece fruta de baobab y flores de hibisco para hacer bissap. Todo rodeado por un sinfín de souvenires multicolores que cuelgan de alambres por todo el mercado.

Por un latera del mercado, camino del parque 5 de Julio, se encuentra la zona de productos frescos, desde frutas y hortalizas a pequeños animales de crianza. Ricos plátanos caboverdianos, pequeños y sabrosos, para un tentempié sobre la marcha en el paseo por Sucupira. Al fondo se venden pollos y lechones, también algunas gallinas como las que cocinan en los restaurantes caseros que dan a la avenida Machado Santos. Tres euros por un plato de gallina estofada con verduras y arroz. En el mercado sigue el trasiego. Los puestos se repiten, pero siempre aparece algo diferente. Una esquina con pinta de garaje es la tienda de música más antigua de Sucupira, y conviene aprovechar la ocasión para conocer la morna y algunas otras músicas que pusieron al archipiélago africano en el mapa mundi de la cultura internacional con figuras como Cesária Évora, Ildo Lobo o el grupo Simentera.

Sucupira 4

Todos los pasillos de Sucupira desembocan en la zona de los bidones, otra singularidad del mercado. Al fondo, en un patio triangular techado con plásticos y chapas metálicas, veinte vendedores despliegan cada día la ropa y el calzado usado que llega a Praia en grandes bidones plásticos con cierre hermético. Si las tiendas de nuevo están en la parte alta de la ciudad, casi todas en el barrio administrativo de Plateau, en Sucupira se venden camisas y pantalones a precios para todos los bolsillos. Remites pintados en los bidones explican el negocio: desde Boston, Londres o Lisboa, emigrantes, familiares y ONGs envían bienes usados que abastecen el mercado de ropa y calzado barato en Sucupira. Cualquier prenda de bidón llegada en barco con meses de travesía se paga con escudos caboverdianos. El billete de 200 escudos reproduce a Ernestina, un pailebote que hasta 1965 llevó a muchos africanos a la emigración americana. Antes fue barco de exploración científica y militar en la II Guerra Mundial. Un guiño a la historia compleja de un país que cuenta tantos residentes como emigrantes lejos de sus diez islas atlánticas.

Publicado en la revista NT en marzo de 2016 

Anuncios

De Dakar a San Luis por un océano de baobabs en Senegal

7 Ene

baobab

por Carlos Fuentes

Hay ocasiones en las que un viaje por el interior de un país africano ofrece al visitante un intenso recorrido por la historia de un pueblo. En Senegal, el país de referencia del oeste africano, el trayecto entre la actual capital, Dakar, y la vieja ciudad que una vez lo fue, San Luis, permite al viajero hacerse una idea de cómo se ha desarrollado la vida cotidiana entre las tierras secas del Sahel y la siempre presente cornisa atlántica. También una visita interesante por las ricas huellas históricas de un país que disfruta de plena independencia política desde su emancipación de la metrópoli francesa lograda en 1960.

Con punto de partida en la populosa Dakar, casi tres millones de habitantes en su zona conurbana, este viaje africano de 260 kilómetros en dirección norte se puede realizar en coche particular pero también en transporte público, ya sea con vehículos compartidos que parten desde la estación principal de la capital o en autobuses de línea que realizan varias paradas en localidades intermedias como Thiès, tercera ciudad senegalesa y capital de la artesanía textil nacional, Kebemer o Louga. En estas ciudades se localizan antiguas estaciones de paso de la extinta línea ferroviaria que los colonos franceses construyeron en 1885 bajo dirección del ingeniero Ernest Goüin, uno de los técnicos que realizaron aportaciones al proyecto de la torre diseñada por Gustave Eiffel para París.

playa

No obstante la historia, el camino de Dakar a San Luis deslumbra por el rico abanico de paisajes africanos que atraviesa la carretera nacional N-2. Cerca de la capital, junto a la población de Niaga, se encuentra una de las atracciones naturales más visitadas de Senegal. El Lago Rosa toma nombre de su peculiar color, producto de la existencia de un alga que en la estación seca produce un pigmento rojo para absorber la luz solar. Con una extensión de tres kilómetros cuadrados, su elevado nivel de salinidad hace posible una experiencia única de caminar sobre las aguas rosáceas. Lógico, pues, que entusiasme a los turistas tanto como la vida tranquila que se puede disfrutar en la localidad de Mboro.

Superado el camino desde Dakar en un viaje trufado siempre por la imponente presencia del baobab, mítico árbol africano que puede llegar a alcanzar varios siglos de vida con proporciones de veinticinco metros de altura y hasta diez de diámetro. Un dato botánico revela la importancia de este árbol para los pueblos del oeste africano, siempre azotados por la falta de agua. Un baobab adulto es capaz de almacenar más de cien mil litros de agua, además de proporcionar un gran volumen de fruta con la que se elabora el popular refresco bouye e incluso sustituye el café. Citado por Saint-Exupéry en El Principito, con sus troncos y ramas se fabrican utensilios domésticos, cestería y material de construcción.

cayucos

El desembarco en San Luis devuelve al viajero a paisajes de otras épocas. No hay lugar en esta región de África que refleje tan bien esa sensación de tiempo detenido que esta ciudad portuaria que hasta 1902 ostentó la capitalidad de la posesión francesa en África occidental. San Luis late con vigor cada día por el trasiego laboral de su puerto, referencia no sólo para Senegal sino también para las poblaciones del sur de la vecina Mauritania, y los hitos que la historia ha dejado por el camino desde su fundación por colonos normandos en 1659. Pronto recibió San Luis el calificativo halagüeño de Venecia de África, con un casco viejo pespuntado todavía de edificios de la época colonial, característicos por sus paredes de cal, techos de barro, balcones de madera y barandas de hierro. Aunque la primera seña de identidad es el imponente puente Faidherbe, construido por los franceses en 1897 y cuyos 507 metros comunican la isla ribereña con el continente, donde vive la mayoría de sus 200.000 habitantes.

san luis

Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000, San Luis alberga una de las mayores comunidades de pescadores de esta parte de la costa africana. Es el barrio de Guet Ndar, donde cada año se desembarcan treinta mil toneladas de pescado. Sentarse una tarde en alguna de las terrazas del bulevar Mar Diop, bajo el sol trémulo de poniente, permite disfrutar del espectáculo cotidiano de la llegada de los cayucos pesqueros después de la jornada de faena. También es recomendable una visita a la catedral francesa de 1828, considerada el templo religioso más antiguo de África occidental, y un paseo sin prisas por el mercado central donde confluyen los productos de la agricultura y la artesanía nacional, pero también con presencia de comerciantes de Mauritania y Malí.

sol

En San Luis, como en casi toda la geografía de Senegal, el visitante no dejará de escuchar música. Suena música en las calles, música en las plazas, música en los mercados populares, porque quizá no haya país más sonoro que esta referencia cultural en toda África occidental. Y si tiene usted suerte, a finales de primavera la ciudad celebra cada año su reputado Festival de Jazz, una música que llegó a San Luis con la influencia de los marinos norteamericanos que hacían aquí parada técnica en el puerto senegalés. Abierto también a las atléticas músicas africanas, el certamen cultural fundado en 1993 ofrece cada año un nutrido cartel con primeros espadas de los ritmos étnicos. No en vano, hasta hace bien poco, Senegal atesoraba a un músico profesional, Youssou N’Dour, en funciones de ministro de Cultura. Pero esa ya es otra historia.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2015

Gorée, una isla para no olvidar las lecciones de la historia

26 Ago

por Carlos Fuentes

Pocos lugares condensan tanta historia y tanta carga emocional como esta pequeña isla situada en la bahía de Dakar, frente a la capital de Senegal. Con un pasado marcado por la explotación del ser humano, la esclavitud y el expolio de África, la isla de Gorée es ahora un lugar de recogimiento, respeto y sentido homenaje para recordar aquellos tiempos pasados que fueron peores.

Accesible en una cómoda excursión de media hora en transbordador, a apenas tres kilómetros de distancia del agitado puerto de Dakar, la capital de Senegal, la isla de Gorée tiene una superficie de diecisiete hectáreas con forma de bumerán. Al abrigo de su pequeña rada se encuentran el puerto pesquero y la playa donde locales y vecinos de Dakar acostumbran a disfrutar del descanso, el mar y el sol. Declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1978, esta pequeña prolongación isleña del país de referencia del África occidental atesora una historia de intensidad incomparable.

Aquí, en Gorée, se encuentra la Casa de los Esclavos, el lugar desde donde se traficaba con seres humanos hacia las potencias coloniales de Europa y, sobre todo, hacia las grandes plantaciones agrícolas de América. Construida a finales del siglo XVIII, la Maison des Esclaves fue reabierta como museo en 1962 para honrar la memoria de los millones de africanos que fueron secuestrados de sus pueblos, vendidos como cualquier otra mercancía y luego transportados a la fuerza en condiciones infames de salud hacia los puertos del nuevo mundo.

Malecón de isla de Gorée (Senegal)

En la isla de Gorée se puede visitar la Puerta del No Retorno, una pequeña ventana de piedra labrada donde eran embarcados los esclavos capturados en el interior del continente con destino a América. Los traficantes esclavistas, que llevaban a África productos manufacturados, estaban establecidos en puertos europeos como Nantes y El Havre (Francia), Bristol y Liverpool (Gran Bretaña) y Amsterdam (Holanda), adonde llegaban después materias primas, metales preciosos y maderas que lograban en América con los beneficios de la trata. En ese triángulo vicioso, que comenzó en 1619 cuando un barco negrero holandés desembarcó con los primeros esclavos africanos en las costas de Virginia, se estima que fueron transportados más de diez millones de personas africanas.

Ahora en la isla de Gorée la estampa austera de la Puerta del No Retorno, pura piedra marcada por las huellas del salitre, testimonia el último recuerdo africano que los miles de esclavos se llevaban del continente. Punto neurálgico de esta isla senegalesa, la Puerta del No Retorno ha sido homenajeada entre otros por figuras emblemáticas de la raza negra como el primer afroamericano elegido presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el emblemático líder para la emancipación de África Nelson Mandela. “Este es un testimonio de lo que pasa cuando no estamos vigilantes para defender los derechos humanos, pero esta visita me da incluso mayores motivos para defender los derechos humanos en cualquier lugar del mundo”, señaló el presidente Obama en su viaje de 2013. En 1992 el papa Juan Pablo II ya pidió perdón por los siglos de esclavitud.

Casa de los Esclavos en Gorée (Senegal)

Pero la historia de la isla de Gorée no es sólo el recuerdo de una tragedia, de aquella época oscura de la historia que también es reivindicada en otras zonas de las costas de África occidental como las localidades senegalesas de Podor, Matam, Juffure, Saint Louis o Saly, así como en Fort James (Gambia). Esta acogedora isla sin coches ni carreteras asfaltadas ofrece más puntos de interés histórico, social y cultural como el Museo de la Historia de Senegal, el Museo del Mar, el Museo de la Mujer Africana, la veterana escuela William Ponty y la antigua fortaleza que daba protección a Gorée de asaltos navales de piratas.

Puerto de la isla de Gorée (Senegal)

También es interesante la oferta de ocio, centrada en la zona de la pequeña bahía con algunos restaurantes y cafeterías con terrazas que ofrecen comidas típicas senegalesas como el chebuyem de arroz y pescado fresco o bebidas tradicionales como el té hecho con flores del hibisco llamado bissap. Antes de regresar al transbordador que devuelve a los visitantes a la agitada vida urbana de Dakar, merece la pena pasar un rato de descanso en alguna de estas terrazas para disfrutar de una panorámica única sobre el puerto de la isla de Gorée y no olvidar nunca las lecciones que nos deja la historia más trágica de África.  

.

Artesanía africana para todos los gustos

Cualquier viaje a Senegal es una buena excusa para pertrecharse de objetos de artesanía africana con los que luego recordar las vacaciones. Y en Dakar la oferta es casi infinita. En la gran metrópoli del África occidental existe media docena de mercados callejeros en los que el visitante puede adquirir vistosas telas estampadas, esculturas fabricadas con maderas nobles y joyería étnica. Si usted regresa de una excursión a la isla de Gorée tiene muy cerca uno de los mercados más interesantes. Instalado en la antigua estación ferroviaria que comunica Dakar con la ciudad de Bamako, capital del vecino Malí, el mercado abunda en abalorios de plata, bolsos de piel y piezas tradicionales con motivos religiosos. Aquí todo viene envuelto en ese reposado saber vivir africano en el que nunca falta la buena música, el trato cordial de los comerciantes y algunas ventas de comida y repostería africana recomendable para todos los gustos.

Publicado en la revista NT en febrero de 2015

“Retrato la realidad de África con la que convivo cada día”

5 Ago

Elise Fitte Duval

ELISE FITTE-DUVAL

por Carlos Fuentes

Comenzó a hacer fotografías con el anhelo de retratar el instante actual de la sociedad africana contemporánea. Afincada desde hace trece años en Dakar, la capital de Senegal, Elise Fitte-Duval viene pergeñando un genuino fresco poliédrico sobre la vida cotidiana en el gran país del oeste africano. Su trabajo puede contemplarse en la muestra Dakar cuerpo a cuerpo que Casa África expone en agosto.

La obra de Elise Fitte-Duval (Martinica, 1867) busca cuatro objetivos básicos: documentar cómo el cambio climático afecta a los ciudadanos en los países más pobres, retratar la movilización social en una de las grandes ciudades de África, reivindicar lazos de negritud que son patrón común en países africanos y, en esencia, testimoniar la vida cotidiana en Senegal. “La fotografía forma parte de mi vida y la vida me ha conducido a África. Allí intento fotografiar lo que me rodea, todo lo que está alrededor de mi vida. Llegué a Senegal, a Dakar, por trabajo y allí es donde vivo y trabajo. No me muevo mucho fuera del país, así que opto por retratar la realidad del país en el que vivo y convivo, en especial Dakar”, explica la fotógrafa de Martinica, que ya fue reconocida con el premio Casa África en la última edición de la Bienal de Fotografía de Bamako.

Elise Fitte Duval (Bailando la esperanza)

En Las Palmas, donde su muestra se incluye en el ciclo África Vive organizado por Casa África y Binter Canarias para celebrar el Día de África, la exposición ofrece pistas de la utilidad del arte en la creación de conciencia social y política en el continente negro. “En África la fotografía puede hacer mucho. Si compara la historia de la fotografía en otros lugares, allí siempre ha habido fotógrafos para retratar a sus sociedades y la vida cotidiana de sus ciudades. Ahora, con la fotografía digital, nuevas técnicas permiten que fotógrafos contemporáneos puedan contar la vida cotidiana de las sociedades en las que viven y, también, transmitir cualquier acontecimiento que ocurre en estos lugares. La técnica digital y sobre todo los medios de transmisión a partir de Internet permiten contar estas historias con una continuidad en el tiempo”, indica Fitte-Duval.

La autora de Martinica subraya la “función esencial” de la fotografía para que “los africanos tengan capacidad de verse a sí mismos, pero es muy importante también que no se olviden del momento de la historia que están viviendo”. “En especial”, precisa Fitte-Duval, “para los jóvenes africanos porque para ellos todo pasa rápido y también se suele olvidar demasiado rápido. La fotografía es la certificación de un momento acontecido y vivido por protagonistas africanos. Y también ocurre que Internet ofrece una gran plataforma para memorizar este tipo de documentos de la historia”. ¿Y no existe cierto riesgo de banalización del dolor y la desgracia ajena? “Esa es una pregunta que atañe más a Europa por cómo Europa percibe el resto del mundo. Mi trabajo como fotógrafa, y debe ser la tarea de todo reportero honesto, es construir mi propia imagen del África que quiero mostrar con un trabajo honesto y su difusión en medios rigurosos”.

Floods in Dakar's suburbs

Formada en la Escuela de Arte de Martinica, Elise Fitte-Duval tuvo que esperar a su llegada a Francia para ampliar estudios en Escuela de Artes Decorativas de París y disponer de equipo propio. “Era una cámara de segunda mano, de formato cuadrado, lo que permitió profundizar en el encuadre y la composición de imágenes para intentar trabajar con cierto vuelo poético. Porque yo elegí la fotografía como medio de expresión artística”, indica la reportera de Panapress. ¿Y existe conexión real entre las culturas negras africanas y las del Caribe? “Somos de la misma madera”, afirma Fitte-Duval, “pero realmente los puentes entre unos y otros se han cortado por la propia distancia. Pero esas conexiones vuelven a aparecer porque son más intensas de lo que a priori puede parecer”.

Elise Fitte Duval (Retratos de una revolución ciudadana) mujeres

“Senegal espera cambios, sobre todo los jóvenes”

Su residencia en Dakar permite a Elise Fitte-Duval asistir al proceso de cambio político, económico y social que fraguó el relevo en la presidencia de Senegal. La autora de Martinica es consciente de la importancia del reto africano y de la expectativa creada. “El gobierno de Abdoulaye Wade no era autoritario, sino que simplemente quería manipular la Constitución. Pero si realmente hubo esa movilización tan importante es porque Senegal posee una democracia que defender”, indica la fotógrafa. Asuntos de política aparte, la situación actual es más o menos similar a la anterior, aún se mantienen los mismos retos. “Los más jóvenes aún tienen muchas dificultades para encontrar trabajo y eso es muy duro porque genera mucha desesperación por el futuro. El Gobierno sabe que hay que cambiar el tejido económico, pero eso no se podrá hacer en uno o dos años. Aún faltan medios para revertir esta situación de dificultad y ahora estamos en un periodo de espera para ver si el nuevo Gobierno ofrece algún resultado efectivo y el país cambia para mejor. Si no es así, habrá problemas”.

Publicado en la revista NT en julio de 2014

Dakar está de moda

12 May

Dakar Sow House

por Carlos Fuentes

Paisajes que cambian de color al ritmo del sol, playas infinitas de arenas blancas, hoteles con encanto que combinan lo típico y lo contemporáneo, edificios de diseño moderno, desfiles de moda africana que sueñan con las pasarelas de París, Milán y Nueva York… Senegal está de moda. Y su capital, la siempre sorprendente ciudad de Dakar, se presenta ahora al mundo como renovada puerta de entrada a todo un continente en el que también hay espacio para el viaje de descanso y el turismo de alto nivel.

La identidad urbana de Dakar se encuentra en gran medida a la orilla del mar Atlántico, al calor de un sol que nunca suele fallar. Entre las tareas cotidianas de la importante flota pesquera senegalesa, la incesante actividad comercial en mercados callejeros y tiendas de nuevo cuño, así como en una creciente oferta de hoteles y otros alojamientos con encanto que ofrecen a los visitantes un merecido descanso antes de afrontar excursiones por la abigarrada ciudad y paseos silvestres en las zonas naturales que rodean a la capital de Senegal. Las tierras secas que definen el norte del país y los bosques tropicales situados en el sur son dos de los atractivos de este tranquilo país africano al que la mayoría de los turistas extranjeros se desplazan en busca de días de descanso y sosiego sobre playas infinitas de arenas blancas. A estos atractivos de ocio, que las autoridades del país vienen potenciando en estos años a través de regulares campañas de promoción turística en importantes capitales de Europa y América del Norte, se une una creciente oferta en las conexiones aéreas que enlazan el aeropuerto de Dakar con los principales destinos internacionales.

En el ámbito de los alojamientos destinados al uso turístico, Senegal continúa desarrollando un crecimiento sostenido en estos últimos años. A partir de la construcción de los nuevos hoteles en los barrios de Dakar más próximos a primera línea de playa, la capital senegalesa ofrece una estimable oferta de establecimientos para el turista nacional y extranjero que están dotados de las máximas comodidades y los mejores medios posibles. Es el caso de la zona de hoteles de alto nivel situada en la zona de Saly Portudal, sobre una antigua factoría de origen portugués situada a ochenta kilómetros al sur de la capital e impulsada por las autoridades senegalesas a principios de los años ochenta para elevar el nivel de los servicios turísticos en el país. En esta región, en la que está considerada la mayor zona de resorts de los países del oeste de África, están ubicados algunos de los hoteles más emblemáticos de Senegal, país que en la actualidad dispone de más de quince mil habitaciones turísticas y que pretende potenciar nuevos destinos en San Luis, Casamance y Tamba.

Dakar Sow House (escalera)

Con un rinoceronte tallado por artesanos en madera tailandesa franqueando sus modernas instalaciones, el hotel Rhino Resort & Spa defiende un prestigio de excelente infraestructura y gran servicio cosechado en certámenes como el International Hotel Awards Africa, que hace dos temporadas reconoció a este establecimiento como el mejor hotel de spa en el continente. En la actualidad, el hotel Rhino ofrece un centenar de habitaciones totalmente equipadas con los últimos medios técnicos, zonas de playa de uso preferente y, quizá la seña de identidad del resort senegalés, un prestigioso servicio de spa con tratamientos para la salud basados en el agua. Entre sus visitantes más recientes destacan los deportistas Leo Messi, Pape Diop, Boniface N’Dong, el cantante Youssou N´Dour o el jeque árabe Cheikh Al Thani Faisal. También situado en la costa de Saly se encuentra el hotel Lamantin, característico por un estilo de construcción que trata de reproducir influencias de la arquitectura tradicional de esta parte del continente sin descuidar la calidad de medios y servicios. Su centro de spa no escatima facilidades: piscina para hidroterapia, masaje, baño turco, salas de tratamiento cosmético y cuidados con productos naturales. Desde estos hoteles al sur de Dakar se puede acceder también a una nutrida oferta de excursiones de compras a la capital comercial o a regiones de alta riqueza natural como el singular Lago Rosa, situado a media hora en coche al norte de la capital.

El auge sostenido de estas nuevas construcciones destinadas al sector del ocio no es una característica exclusiva del Senegal turístico. También ciudadanos senegaleses aportan estampas de sofisticación al país africano, sobre todo en su capital. En la zona de Sow, uno de los barrios de Dakar que miran al océano Atlántico, se levanta la casa de diseño que despierta interés por la arquitectura contemporánea en África. Diseñada por Stefan Antoni, Philip Olmesdahl y Greg Truen, de la firma sudafricana Saota, la obra de la casa de Sow aprovechó una colina y los restos de un viejo búnker construido durante la II Guerra Mundial para levantar dos plantas mirando al mar dotadas de amplios espacios, diseño con materiales de última generación, cómodas terrazas, piscina y, donde antes había un nido de ametralladoras, se levanta ahora un cine para uso familiar. En esta casa de Sow, la construcción principal está dotada de dos espacios donde se encuentran la cocina, una terraza-barbacoa, la piscina y una sala de juegos. Construida en 2011 por encargo de un hombre de negocios senegalés, la casa de Sow ocupa actualmente una extensión total de 1,4 kilómetros cuadrados.

diseño Dakar

Al calor del auge turístico y de la mayor conectividad aérea de Senegal con los importantes mercados emisores de turismo internacional, la capital de este país africano continúa ampliando su oferta de actividades de ocio y comercio de alta gama. Buena prueba de este objetivo impulsado por las autoridades nacionales es la semana de la moda que se desarrolla a finales de cada primavera en Dakar. Entre los días 17 y 22 de junio próximo comenzará la decimosegunda edición de la Dakar Fashion Week, un certamen que bajo la dirección de la diseñadora senegalesa Adama Ndiaye (también conocida como Adama Paris e impulsora de festivales similares de moda alternativa en Salvador de Bahía y Praga) se ha ganado un lugar en el calendario de los festivales internacionales de moda y diseño. “Nos gustaría alcanzar el nivel que tienen las semanas de la moda de París o Nueva York, pero sin abandonar nuestro enfoque netamente africano”, explicó Adama Ndiaye en entrevista con la emisora pública La Voz de América, prueba del interés creciente que la nueva moda africana despierta en Estados Unidos y en la numerosa colonia senegalesa expatriada en América.

Para sus desfiles en la ciudad, los organizadores de la Dakar Fashion Week concentran sus actividades en alguno de los hoteles de alto nivel situados en la capital, como el Radisson Blue, aunque también se han conquistado espacios públicos para los desfiles de moda como la céntrica plaza del Centenario. Allí han mostrado su pujanza nuevos diseñadores de la moda africana como Eli Kuame, Sophie Nzinga, Mame Fagueye Bâ, Bibas junto a jóvenes diseñadoras internacionales como la brasileña Carol Barreto y la modista marroquí Meryem Boussikouk. “Se está intentando levantar todo un certamen de clase alta, algo tan sofisticado como un desfile de moda, lo que es excepcional para toda África”, señaló durante su última visita el reputado diseñador camerunés Martial Tapolo, quien después de participar en la Black Fashion Week de París viaja a Senegal para impulsar esta pasarela de moda y diseño a las puertas de África.

Centro Cultural Francés de Dakar

Encuentro entre culturas por el poeta presidente

Uno de los legados que dejó a su país el poeta Leopold Sedar Senghor, primer presidente del Senegal independiente entre 1960 y 1980, fue la reivindicación del concepto de francofonía. Esto es, la defensa de los intereses comunes que comparten los países africanos que estuvieron bajo dominio colonial francés o belga y que ven en el idioma francés más posibilidades que una barrera para la colaboración entre países. Y el panorama cultural, en especial el cuidado por el patrimonio cultural de los pueblos de esta región de África, ha sido uno de los ámbitos más beneficiados por la labor del escritor y político panafricano. En la ciudad de Dakar, desde hace una década, el veterano Instituto Francés lleva el nombre de Leopold Sedar Senghor y, cada mes, en sus tres sedes urbanas se programa una interesante agenda con actividades de teatro, cine, literatura, exposiciones y tertulias sobre el futuro social y cultural de Senegal. El Instituto para la Cultura y la Lengua Jean Mermoz es algo menos conocido, quizá por estar situado en la ciudad San Luis, antigua capital, a doscientos kilómetros al norte de Dakar. Lleva el nombre del pionero de la aviación entre Europa, África y América Latina, amigo de Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito.

Publicado en la revista NT en abril de 2014

Mercados, monumentos y playas infinitas en Dakar

16 Dic

Sandaga market

por Carlos Fuentes

Histórico lugar estratégico en las relaciones entre los cinco continentes, Dakar se ha convertido en la ciudad más importante de África occidental. La capital de Senegal condensa entre sus calles la importante huella de la presencia colonial francesa, el auge de la gestión africana y, en fin, se ofrece como una excelente puerta de entrada al continente negro. Rica en cultura y pujante en comercio, Dakar invita al viajero a emprender animadas rutas por su rica historia, la tranquilidad de sus playas y sus coloridos mercados.

El hervidero social que es hoy la capital de Senegal está a la altura de su nivel de protagonismo en los viejos libros de historia. Territorio en continua disputa de dominio por portugueses, holandeses, británicos y, por último, franceses en los últimos cinco siglos, los orígenes de la ciudad de Dakar se encuentran en la parte más estrecha de la lengua de tierra donde culmina la península de Cabo Verde. Aquí en 1456, tras varios intentos fallidos, el navegante portugués Diogo Gomes logró afianzar un asentamiento en el puerto. Medio siglo después, ya la bahía de Dakar, entonces Bezeguiche, gozaba de reputación como lugar de parada y abastecimiento de los barcos que enfrentaban la ruta oceánica hasta América. También se convirtió esta costa en puerto de escala en las crecientes rutas comerciales hacia Asia. Y se cree que fue aquí donde el viajero Américo Vespucio defendió por primera vez el concepto de Nuevo Mundo para definir las tierras recién descubiertas por Cristóbal Colón en el continente americano.

Senegal pirogues

En la bahía de Dakar, en sus puertos vecinos y en la cercana isla de Goreé se desarrolló hasta el siglo XIX buena parte del tráfico comercial de esclavos hacia América. Abolida la trata, las autoridades coloniales pusieron en marcha varias iniciativas para mejorar su aprovechamiento económico de la tierra senegalesa. Así se potenció el cultivo del cacahuete, que durante algunas épocas alcanzó niveles altos de monocultivo, y en 1885 se culminó la línea de tren que desde entonces enlaza Dakar con la norteña ciudad de San Luis, que fue la capital colonial francesa entre 1673 y 1902. El siglo XX transcurrió entre sobresaltos y el desarrollo creciente de la ciudad. En los últimos días de septiembre de 1940 fue escenario de la llamada Batalla de Dakar, un intento de ocupación por parte de fuerzas de la oposición francesa al gobierno de Vichy. Acabada la guerra, el clima de conciencia social contra la presencia colonial se fue incrementando. Entre 1959 y 1960 Dakar albergó la capital de la denominada Federación Malí, un primer paso para la independencia absoluta que se obtuvo el 20 de agosto de 1960. El primer presidente de la República de Senegal, el reputado escritor Leopold Sedar-Senghor, se planteó entonces convertir la ciudad de Dakar en el principal polo de desarrollo económico, social y cultural de África occidental.

Soumbedioune market boats

De historia casi interminable, con tres millones de habitantes en su amplia zona metropolitana, Dakar se ofrece hoy como excelente puerta de entrada a los países francófonos de África occidental, y por extensión a los otros seis estados de África central con los que también comparte moneda, el franco CFA (656 francos CFA equivalen a un euro). Con mercado de consumo interno que continúa al alza, la economía de Senegal se apoya en el alto valor de su ubicación geográfica y su amplio litoral atlántico. Tráfico de mercancías vinculadas al petróleo, navegación industrial y pesca de altura constituyen tres áreas de especial importancia para la administración senegalesa. El aumento sostenido del comercio internacional, ya sea a través de la exportación de productos industriales, mineros o agrícolas o por la presencia de importantes firmas europeas en el tejido empresarial del país, se ha visto reflejado en los indicadores de crecimiento. Según previsiones para este año, Senegal logrará un crecimiento del 4,7% en su producto interior bruto. El país, que está situado en el puesto 105 en la lista de 132 países que elabora la ONU por su nivel de desarrollo, acoge en la actualidad a unas veinte empresas canarias que hacen negocios en áreas como alimentación, pesca, transporte y construcción.

Un paseo por Dakar podría empezar en uno de los museos más importantes de África. Creado en 1938 y ubicado en la popular plaza de Soweto, el Museo de las Artes Africanas ofrece una interesante exposición sobre el desarrollo de las manifestaciones culturales en el continente negro y también el resultado de las investigaciones que su equipo desarrolla junto a la cercana Universidad Cheikh Anta Diop. Esta visita cultural se antoja una estupenda introducción para un desplazamiento posterior a la cercana isla de Goreé, situada a tres kilómetros del puerto. Allí permanece abierta la Casa de los Esclavos como testimonio vivo de los tiempos de tráfico organizado de personas desde África. Construida a finales del siglo XVIII, la Maison des Esclaves fue reabierta como museo en 1962 y en ella se puede visitar la Puerta del no Retorno, un pequeño ventanuco de piedra donde eran embarcados esclavos con destino a Europa y América. Entre sus visitantes más ilustres figuran Barack Obama y Nelson Mandela, quien en 1991, apenas un año después de su liberación en Sudáfrica, estuvo rezando por la memoria de los africanos que fueron esclavizados siglos atrás.

Kermel market Dakar

De vuelta a la ciudad de Dakar, la vida agitada de los mercados populares es otro de los atractivos más emblemáticos de la capital senegalesa. En el centro de la ciudad vieja, próximo al antiguo ayuntamiento y a la catedral construida en 1920, se encuentra el mercado de Sandaga, dedicado tanto a la venta de alimentos y productos agrícolas como de artesanía y otros bienes de consumo cotidiano. Muy cerca, apenas un paseo entre calles de vida frenética, se puede visitar el mercado de Kermel. Del edificio de estilo victoriano fabricado en 1860 no quedan apenas vestigios, puesto que la sede actual es una reconstrucción de este popular mercado cubierto realizada en 1997 siguiendo el estilo colonial. Aires a tiempos añejos que también flotan en la estación central de trenes de la ciudad, donde el viajero puede visitar puestos de artesanía étnica de Senegal, Gambia y Malí. Un recorrido por los mercados populares de Dakar se puede completar con otros tres paseos: en el mercado de Tilene los comerciantes ofrecen objetos de oro, plata y maderas típicas; también en el gran mercado HLM5, donde se vende todo tipo de telas africanas; y el popular mercado de Soumbedioune, donde cada tarde se puede contemplar un animado trasiego de pescadores que llegan a la costa en cayucos después de la jornada de trabajo.

Mosque Dakar

Un primer viaje a la capital senegalesa no estará completo sin una visita a los principales templos musulmanes de la ciudad. Inaugurada por el presidente Senghor en 1964, la Gran Mezquita de Dakar se presenta con un estilo similar a la de la mezquita de Mohamed V en Casablanca, aunque con un minarete de 67 metros de altura. A su lado se encuentra el Instituto Islámico nacional, con una excepcional biblioteca, dedicado a investigar y difundir la principal religión del país. Otro importante templo musulmán de Dakar se encuentra situado en el barrio de Ouakam, apenas cinco kilómetros al oeste del centro de  la capital. Levantada en 1997, la Mezquita de la Divinidad ofrece un rato de tranquilidad al margen del bullicio de las calles del centro histórico. Por el camino se puede contemplar el imponente monumento del Renacimiento Africano, una mole de 49 metros de altura construida en bronce sobre la colina de Mamelles en una polémica iniciativa inaugurada hace apenas tres años por el anterior presidente Abdoulaye Wade. En Ouakam, por cerrar este círculo con sabor histórico, aún se mantiene activa la base militar en la que nació en 1953 la política francesa Segolene Royal, hija de un antiguo oficial francés destinado en el hoy Senegal.

Orchestra Baobab

La pachanga que volvió del Caribe

Leyendas de largo recorrido flotan en la bahía de Dakar, algunas con banda sonora. De vuelta de América, ritmos musicales caribeños fueron bien acogidos por los senegaleses a partir de los años 50. Y desde Dakar se propagaron por buena parte de África occidental. Desde la década siguiente, varios factores políticos, económicos y militares potenciaron el alcance de estas músicas en el continente africano. Canciones de Matamoros, Benny Moré, Orquesta Aragón y Abelardo Barroso se hicieron tan populares que muchas orquestas africanas incluyeron piezas populares cubanas como El manisero, El que siembra su maíz o Son de la loma en sus repertorios. De ahí al nacimiento de música africana heredera de las raíces negras en América Latina apenas faltaba un paso. Y lo dieron grupos tan populares como la Star Band y Orchestra Nº1 de Dakar, también los reyes de la pachanga, la Orchestra Baobab, formación que desaparecería ante el empuje del vibrante mbalax de la Super Êtoile de Dakar, el conjunto liderado por un joven cantante llamado Youssou N´Dour. Ahora, la renacida Orchestra Baobab puede verse en concierto en el club Just 4 You.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2013

 

El profesor de español que bailaba cha cha chá

5 Mar

Por Carlos Fuentes

Amadou Ndoye (pizarra)Solía decirlo con una sonrisa: “la letra con música entra”. Antes que profesor y apóstol del español en África, El Hadj Amadou Ndoye (1947-2013) fue un hijo de su tiempo. Y un joven en un mundo de esperanza marcado por la independencia de Senegal en 1960. En aquellos días (y noches) de efervescencia empezó a familiarizarse Amadou Ndoye con el idioma castellano, al que siempre se refería como “la lengua de Cervantes”. Pero no fue un libro el que puso la semilla hispana en el futuro profesor de la Universidad Cheikh Anta Diop. En Dakar, como en otras grandes capitales africanas ya emancipadas, los bailes populares solían estar animados por ritmos latinos y un estimable puñado de discos singles americanos. Como retrató Malick Sidibé en Bamako. Era, principalmente, música cubana que llegaba por dos vías: con los marineros senegaleses que cruzaban el océano Atlántico y con la influyente presencia político-militar cubana en el continente. “Escuchábamos música en español y queríamos entender a los cantantes, a Benny Moré, a Abelardo Barroso, también al Trío Matamoros”, recordó en entrevista con este cronista en 2009.

Porque Amadou Ndoye, además de maestro del castellano en Senegal, era un bailarín de cierta destreza. Conocía, y bailaba, son montuno y timba, pero también algún cha cha chá legendario. Ya fuera en un rato libre en México o en la fiesta de clausura de un congreso en Colombia. Daba gusto escuchar su alegría por la influencia latina, y española, en el universo cultural africano. De las huellas en la poesía de Nicolás Guillén (Songoro cosongo) al nuevo hip hop combativo de Didier Awadi, sin olvidar a los pioneros de lo latino en África, la todopoderosa Orchestra Baobab. Fue un lujo compartir ratos de escucha con la Orquesta Aragón (“ya casi son africanos”, bromeaba), entre café y café, con los recuerdos de los días felices bailando en la memoria. Buen viaje, Amadou.

Obituario publicado en Casa África el 4 de marzo de 2013