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Mercedes Pinto, la poetisa con urgencia de vivir que tocó el cielo en América

29 Ago

Mercedes Pinto

por Carlos Fuentes

Mercedes Pinto puso una pica en América Latina cuando nadie se lo esperaba. Autora de obra corta y vida errante repartida entre España, Uruguay, Cuba, Chile y México, cultivó el verso, el teatro, el ensayo y, claro, la novela. También se comprometió Mercedes Pinto con el tiempo que le tocó vivir y defendió con ahínco los derechos de las mujeres, de los trabajadores y, en fin, el futuro de una educación acorde con el momento histórico de España el primer cuarto del siglo pasado. Amiga de Unamuno y Ortega y Gasset, conocida como la poetisa de Canarias, está enterrada en México. Atrás dejó una vida de leyenda.

Mercedes Pinto Armas de la Rosa y Clós nació en la ciudad de La Laguna, en la isla de Tenerife, el día 12 de octubre de 1883. Hija del escritor y crítico José María Pinto, a los diecisiete años se casó con el capitán de la Marina Juan de Foronda, con quien tuvo tres hijos. Ya en Madrid, y separada de su esposo por los graves problemas psiquiátricos de Foronda, contrajo matrimonio con Rubén Rojo, con el que tuvo otros dos hijos. En 1924, acosada por la creciente tensión política en España, la escritora se trasladó a Montevideo. No era para menos: el año anterior, una conferencia suya en la Universidad de Madrid, El divorcio como medida higiénica, había escandalizado a la apocada sociedad española.

Mercedes Pinto retratoEn Uruguay fundó la Casa del Estudiante, una institución para la promoción de la lectura entre las clases menos favorecidas que contó como autores invitados a Tagore, Pirandello y su amiga argentina Alfonsina Storni. También promovió en Montevideo la edición de la revista Vida Canaria y tuvo una intensa vida académica ejerciendo labores de conferenciante en universidades del interior de Argentina, Paraguay y Bolivia. En 1926 escribió su novela más conocida, Él, que el cineasta exiliado español Luis Buñuel llevó a la gran pantalla un cuarto de siglo después. En 1930 estrenó su obra Un señor cualquiera en el teatro Solís de Montevideo. En 1933 viajó a Chile, donde frecuentó al poeta amigo Pablo Neruda y fue allí donde publicó su segunda novela, Ella. En el país andino siguió defendiendo a la República Española y, en lo práctico, ayudó a la creciente colonia de exiliados españoles que llegaban a América Latina.

Autora de poemarios como Brisas del Teide y Cantos de muchos puertos, Pinto vivió entre 1935 y 1943 en La Habana antes de arraigar de manera definitiva en México tras la muerte de su segundo marido. Con sus dos hijos, los populares actores Gustavo Rojo y la tinerfeña de nacimiento Pituka de Foronda, volvería al archipiélago en 1953 para actuar en una muestra de arte contemporáneo celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz. Su llama se extinguió en la ciudad de México el 21 de octubre de 1976, tenía 93 años. En su sepultura, a modo de epitafio, quedan para siempre aquellos versos que le dedicó su amigo Neruda. “Mercedes Pinto vive en el viento de la tempestad. Con el corazón frente al aire. Enérgicamente sola. Urgentemente viva. Segura de aciertos e invocaciones. Temible y amable en su trágica vestidura de luz y llamas”.

Publicado en la revista Canarias Gráfica en julio de 2014

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Muere Olga Guillot, la gran dama del bolero cubano

3 Sep

por Carlos Fuentes

Su nombre fue borrado de los libros oficiales, apenas fue citada en diccionarios musicales. Y su voz profunda, imponente, desapareció de la radio y las vitrolas cubanas. Pero quedó para siempre grabada a fuego, de San Antonio a Maisí. En la ciudad de Miami, donde se exilió hace cincuenta años, falleció el pasado 12 de julio la auténtica reina del bolero cubano, Olga Guillot. Tenía 87 años.

Nieta de tenor e hija de soprano, debutó en La Habana con su hermana en el dúo Hermanitas Guillot. En 1944 se unió al conjunto Siboney de Isolina Carrillo y actuó en el cabaret Zombie. Al año siguiente debutó en disco con una versión de Stormy Weather. En 1946, Miguelito Valdés la invitó a grabar boleros en Nueva York, donde coincidió con Mario Bauzá, Arsenio Rodríguez y Machito. En 1948 rodó la película mexicana La Venus de Fuego y poco después grabó su primer éxito, el bolero de Chamaco Domínguez Miénteme. En 1958 viajó a Francia, donde compartió cartel con Edith Piaf como luego hizo con Sinatra. Fue la primera cantante latina que actuó en el Carnegie Hall. De vuelta a Cuba, su fama creció con piezas rotundas como Tú me acostumbraste, La noche de anoche y Vete de mí. En televisión presentó El Show de Olga Guillot, y fue artista principal en el cabaret Tropicana, donde cantó con Nat King Cole.

Salió de Cuba en febrero de 1961 y se estableció en México con la hija que tuvo con el compositor René Touzet. Allí rodó otra docena de películas. Ganó catorce discos de oro y diez de platino. Radicada en Miami, su genio se apagó hasta que, con el resurgir del bolero en Buena Vista Social Club, reclamó su lugar. Faltaba Yo (2001) la devolvió a los escenarios y el mundo supo otra vez del temperamento hecho canción. No era la Guillot un carácter cualquiera: en Madrid se negó a suspender un concierto tras caerse en el hotel. “¿Suspender el show? Antes muerta”. Cantó, y triunfó, con dos costillas rotas. Después volvió el silencio, hasta que un infarto acabó con su voz de hormigón. Medios oficiales cubanos ignoraron la noticia de su muerte. Pero Olga Guillot deja una autobiografía inédita. Pondrá las cosas en su sitio. Ya lo recordó su hija en el velatorio: “Antes de ella, las mujeres no habían escuchado en escena los reproches que una mujer le hace a un hombre”.

Publicado en la revista Rockdelux en septiembre de 2010