Tag Archives: Fidel Castro

El día que el Che Guevara paseó de turismo por Madrid

30 Mar

Che Guevara en Madrid 1959

Por Carlos Fuentes

La muerte de Hugo Chávez ha devuelto a la iconografía política buena parte de su potencial popular, su indiscutible relevancia en las calles de América Latina. Por encima de Perón, Sandino, Zapata e incluso de Bolívar, el rostro combativo del presidente de Venezuela se equipara al de su sobreviviente mentor cubano, Fidel Castro, y quizá se gane un lugar en el altar revolucionario que preside el retrato que Korda hizo al Che Guevara en 1960. Meses antes de la foto crucial en La Habana, que luego pobló pisos universitarios y ondeó en cualquier lucha por una causa perdida, un reportero madrileño había cubierto, en exclusiva, la primera visita del Che a España. Fue en junio de 1959, pleno Madrid franquista. El dirigente cubano hizo turismo por un día, visitó plazas de toros y avenidas, compró en Gran Vía y evitó cualquier contacto político. De esa visita histórica, el primer viaje de un líder de la Revolución al extranjero, quedó un puñado de fotos que permanecieron inéditas hasta 1996. Entre ellas, un retrato del Che en la Ciudad Universitaria de Madrid: quizá la imagen que mejor condensa rasgos y actitudes en aquel guerrillero heroico que murió fusilado en Bolivia en 1967.

César Lucas tenía dieciocho años y siete días. Quería ser fotógrafo de prensa, reportero gráfico, y ya se había ganado un puesto en la agencia Europa Press. Junto al periodista del diario Pueblo Antonio Olano, que había conocido al Che durante los días de Sierra Maestra, el 14 de junio de 1959, ocho de la tarde, recibió al viajero cubano en el aeropuerto de Barajas. Ernesto Guevara, el Che, había sido despedido en La Habana con honores de comandante al comenzar el periplo internacional que suponía la presentación del nuevo régimen cubano en el exterior. Un viaje oficial de once semanas de duración por Siria, India, Birmania, Japón, Indonesia, Ceilán, Pakistán, Yugoslavia, Sudán y Marruecos. El primer destino era El Cairo, lo que obligó al Che a hacer una escala técnica en el Madrid de 1959. La capital de la dictadura de Francisco Franco, caudillo por la gracia de Dios, quien el 2 de abril había inaugurado la tumba de José Antonio Primo de Rivera en el Valle de los Caídos. El 31 de julio iba a nacer el grupo terrorista ETA y, a final de año, el presidente norteamericano Eisenhower llegaría en visita relámpago para, a la postre, avalar la continuidad franquista.

César Lucas foto Che

A esa España de penurias llegó el Che Guevara con un permiso de estancia de veinte horas, con la única condición de no protagonizar actos políticos. “Fuimos a su hotel en Plaza de España y luego a cenar, él no quería dormir por tener la hora cambiada por el vuelo. Y nos acercamos a la Casa de Campo, a una feria de productos agrícolas regionales”, recuerda César Lucas. A bordo de varios taxis, el Che Guevara, Antonio Olano y César Lucas, también la escolta oficial del líder cubano (el capitán Omar F. Cañizares contaría luego el periplo en su libro Primer viaje del Che al exterior), visitaron a primera hora la ciudad en un domingo de verano. Pasearon de amanecida por la plaza de Oriente, el Palacio Real, varios campos de deporte y la plaza de toros (en Vistalegre, con el Che pisando el albero). “Quiso visitar la Ciudad Universitaria para ver la Facultad de Medicina, pues él era médico de formación”, indica César Lucas ante la imagen más icónica de la visita del Che a Madrid. Su foto de la mañana del 15 de junio de 1959.

Es una foto redonda, aunque su autor la tomó en formato vertical. Con la luz de la primera hora, Ernesto Guevara de la Serna, 31 años, aparece en un cruce de calles. Uniforme verde olivo y botas militares. En dirección contraria al letrero para los peatones. De gesto marcial con la mano agarrada al cinturón, la otra apretando un periódico. Detrás, al fondo, un autobús que se marcha hacia no se sabe dónde, y el franquista Arco de la Victoria, al que el Che da la espalda. Pocas imágenes condensan tanto la controvertida personalidad del retratado. César Lucas sonríe: “Cuando esta foto salió a la luz en la exposición de 1996 un historiador de la fotografía diseccionó así esta imagen, pero yo lo único que recuerdo cuando la tomé es que no quería que la cámara se moviera por nada del mundo”. La mejor foto madrileña del Che Guevara se tomó con una suerte de ingenio y destreza. Su autor aprovechó el giro de su cámara Rolleiflex para ampliar el alcance: “Eran las siete de la mañana y yo tenía que hacer ver que estábamos en Madrid, que el Che estaba en Madrid”, recuerda César Lucas, “levanté la cámara para poder coger el Arco de la Victoria al fondo y disparé”. Y así hasta completar 42 fotos con cuatro rollos de película en blanco y negro.

Che Gran Vía MadridDe Ciudad Universitaria a Gran Vía, desayuno caliente en la cafetería California y primera anécdota callejera. “En aquellos momentos no había mucha gente que conociera en España las caras de los revolucionarios cubanos, sólo sabían que eran barbudos, así que por la calle escuchabas a peatones decir “mira, esos deben ser los cubanos y el de la gorra debe ser Fidel Castro”, porque entonces pocos sabían quién era de verdad el Che Guevara”, explica César Lucas. “La gente se descolocaba al ver al Che en el Madrid de Franco, perdido en medio de una calle desierta sin saber muy bien adónde ir. Era una imagen con algo de surrealismo”. En el café California, empero, una camarera reconoció al guerrillero cubano e incluso se hizo una foto con él a pie de barra. En esa instantánea con Carmen Muñoz el Che posa despistado, ausente, sin mirar a cámara. “No era muy hablador, sí buen observador, con preguntas interesantes. Tosía bastante, por lo bajo, pero con nosotros fue simpático y cordial. Eso sí, no era muy hablador”, recuerda su fotógrafo español. César Lucas también captó al Che Guevara durante la compra en Galerías Preciados, que abrieron en domingo festivo para él, de una máquina de escribir antes de retomar viaje hacia El Cairo. Ernesto Guevara volvería a pasar por Madrid en su viaje de regreso a Cuba (repitió por tercera vez en 1965, ya disfrazado como el uruguayo Ramón Benítez en su camino hacia el Congo). Pero guerrillero y fotógrafo nunca volverían a coincidir. “Al llegar al aeropuerto me preguntó si fumaba y al decirle sí sacó tres puros de su chaqueta. Me los regaló y yo me los fumé”, recuerda César Lucas.

César Lucas (mosaico Che en Madrid 1959)Fue el único producto de la compañía del Che porque el reportaje gráfico de César Lucas nunca se publicó. “Salió una nota pequeñita en el diario Pueblo, aunque sin foto de la visita”. Así hasta su redescubrimiento público en 1996 a raíz del proyecto sobre la historia visual del franquismo Las fuentes de la memoria. “Con las fotos del Che Guevara en Madrid no gané ni un duro, pero me han proporcionado muchos recuerdos, satisfacciones y prestigio profesional. Pero nunca me han reportado beneficios crematísticos ni yo los reclamo”, explica Lucas, autor también del polémico desnudo de la cantante Marisol para la revista Interviú en 1976, luego primer jefe de fotografía en el diario El País y en varias publicaciones del Grupo Zeta. “Vivimos una gran época para el periodismo en España, cuando se trabajaba en una redacción de periodistas y no en una oficina. Fue un privilegio vivir la profesión en aquellos momentos de finales del franquismo y la llegada de la democracia, esos días se empezaban a abrir las ventanas, aunque duró poco”, reflexiona César Lucas sin excesiva amargura, quizá sí cierto desencanto porque los tiempos ya no vuelven: “El periodismo se empezó a joder cuando el control de los medios lo cogieron los comerciales en vez de los periodistas”, remacha el veterano fotoperiodista mostrando su retrato madrileño del Che. Aquel día del verano de 1959 en que Ernesto Guevara pisó la España franquista y le dio la espalda al triunfo.

Publicado en el diario Zoom News en marzo de 2013

Anuncios

Pablo Milanés: “El socialismo cubano se ha estancado”

25 Feb

Pablo Milanés

Por Carlos Fuentes

Es hora de siesta, pero Pablo Milanés (Bayamo, 1943) responde con brío desde Vigo. Está de nuevo en España, ahora a la espera de ser papá de gemelos (y ya tiene seis hijos) y calentando motores para una nueva gira. Responde resuelto, habla sin tapujos de Cuba, del momento histórico que se avecina. Y considera agotada la etapa de los hermanos Castro. “Este socialismo dio todo lo que iba a dar, estamos paralizados y tenemos que hacer reformas”, afirma el cantautor.

¿Cómo lleva vivir sin La Habana?

“Terrible, la verdad. Ya llevo un mes aquí y nunca me había separado más de veinte días de La Habana. En cuarenta años de oficio no recuerdo haber estado un mes fuera. Y me siento muy extraño, tengo mucha nostalgia, voy aquí a la playa de Samil, pero no es lo mismo que el malecón de La Habana”.

¿Ha sido la nostalgia una fuente de alimentación para su canción?

“Sí, esa nostalgia está perenne en mi obra y se manifiesta a veces de forma indirecta, pero siempre se manifiesta. Es una característica del isleño”.

Ya lo cantó: “El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”.

“Y amo a esta isla, soy del Caribe esas características no se pueden obviar ni al hablar, ni al reír, ni al disfrutar; ni siquiera cuando sufres o eres pasional. Todo tiene que ver con lo isleño”.

Hábleme de su isla, ¿cómo ha dejado Cuba?

“Bastante mal. Después de tres ciclones, una crisis que no se acaba de solucionar y unos dirigentes que no hacen nada por sacar adelante el país nuevamente en medio de esta parálisis. Si a esto se agrega la crisis mundial, pues estamos bien arreglados”.

¿No confía en que Raúl Castro dé un paso hacia delante?

“Yo no confío ya en ningún dirigente cubano que tenga más de 75 años porque todos, en mi criterio, pasaron sus momentos de gloria, que fueron muchos, pero que ya están listos para ser retirados. Hay que pasar el testigo a las nuevas generaciones para que hagan otro socialismo, porque este socialismo ya se estancó. Ya dio todo lo que podía dar, momentos de gloria, cosas imperecederas que aún perviven en la memoria y en los hechos cotidianos del cubano, pero tenemos que hacer reformas en muchísimos frentes de la Revolución, porque nuestros dirigente ya no son capaces. Sus ideas revolucionarias de antaño se han vuelto reaccionarias y esa reacción no deja continuar, no deja avanzar a la nueva generación que viene implantando un nuevo socialismo, una nueva revolución que hay que hacer en Cuba”.

Y a esos viejos revolucionarios, ¿la historia los absolverá?

“Sí, creo que sí. Simplemente deben retirarse, pero no creo que haya que juzgarlos por nada. Hicieron lo que tenían que hacer en su tiempo. Simplemente, ahora no están haciendo lo que deben hacer”.

Pablo Milanés (retrato)

¿Qué es lo más triste que contempla usted?

“Es tal la situación que está viviendo el cubano que ya no puede vivir más de promesas. Las conquistas antiguas están ahí. Hay que ir hacia nuevas conquistas. Se logran con nuevos pensamientos y una dinámica nueva que [los dirigentes] no son capaces de ejercer . Estamos paralizados en todos los sentidos, hacemos planes para un futuro que nunca acaba de llegar”.

Lo que causa resignación y desasosiego en nuevas generaciones…

“No solamente el desasosiego. Los jóvenes cubanos se forman de un modo muy hermoso, pero luego tienen que emigrar para proyectar lo que estudian. Es muy triste porque ni siquiera un exilio político, sino un exilio económico por las pocas condiciones que hay en nuestro país. Que se divida la familia, que se cercene esa relación filial es absolutamente inadmisible en estos momentos”.

Hace días, Wendy Guerra escribió sobre la caída de estereotipos; ya es políticamente correcto tener amigos gays, ya no hay represión brutal como en los primeros años de la Revolución…

“No es tan brutal, pero tampoco es tan abierta. Hace quince años deciqué la canción Pecado original a mi director artístico, que es gay. En esencia esa realidad no ha cambiado todavía. Hay que ir más allá, pasar de las palabras a los hechos. Todavía hay mucho prejuicio contra los homosexuales en Cuba”.

También con el turismo sexual, y los españoles son campeones…

“Turismo sexual hay en todas partes del mundo. Cuba destacó por una imagen inmaculada ante los ojos del mundo y cuando empezó a ser un país normal, como todos, parecía que se caía el mundo. Prostitución hay en todas partes, y mucho más corrupta que la que existe en Cuba. Simplemente, la imagen de Cuba se ensució, entre comillas, ante la imagen que daban admiradores, entre comillas, de la Revolución”.

¿Qué influencia tiene esta trayectoria política en la poética cubana?

“Puedo hablar por mí: en Regalo, mi último disco, manifiesto todo mi pensamiento actual sobre la situación cubana e internacional. No es que el artista deba expresarse siempre en estos términos, pero si sus canciones tienen un ápice de realismo y dignidad hay que retratar el momento en el que vive. Así como expresamos la gloria que vivimos en un momento, también debemos expresar lo que estamos sufriendo ahora. Pero hay que tener valor, en primer lugar, y hay que tener dignidad y entereza para poder afrontar la situación que atraviesa Cuba ahora. Mucha gente tiene miedo a hablar porque hay un sistema detrás de censura, de represión callada y oculta que no te permite hablar libremente y que hay que echar abajo ya, cuestionarlo de un modo radical. Son cosas que se han venido planteando anteriormente, inclusive por la dirigencia cubana, pero no se han llevado a cabo”.

¿Es necesario un dictador para que haya canción de autor?

“No, hombre, no. Eso es una barbaridad. Esa pregunta que usted me ha hecho es una barbaridad. No hacen falta dictadores en ningún lugar para nada”.

nueva trova

Política aparte, Cuba sigue de moda. Ha vuelto el bolero…

“En Cuba tenemos un defecto: olvidamos las expresiones que nos han antecedido. Y dos de ellas han sido el filin y la canción tradicional. En 1981 empecé a recuperar el bolero filin y en 1982 inicié la serie Años, que ya tiene seis discos. En aquel momento, esa música estaba completamente olvidada. No quiero decir que todo sea gracias a mí porque sería demasiado pretencioso, pero no hay duda de que fui el primero en tratar de reconquistar esos valores que se habían perdido y que estaban olvidados”.

Tuvieron que ir un guitarrista norteamericano y un productor inglés a grabar Buena Vista Social Club. ¿Cómo le sentó?

“Indudablemente muy mal, porque yo estaba haciendo pobremente, de manera muy artesanal, todo ese trabajo que anteriormente no había sido reconocido. De hecho, a día de hoy aún no ha sido reconocido”.

Al menos, Buena Vista Social Club permitió una vejez cómoda a muchas leyendas…

“Sí, la vejez que siempre debieron haber tenido”.

Que era imposible en Cuba…

“Fueron completamente olvidados”.

Milanés

 ¿Alberga esperanzas en la presidencia de Barack Obama?

“Sí, cómo no. Soy un ciudadano negro y que Estados Unidos haya tenido una ley de derechos civiles conquistada en los años 60 y que, menos de cuarenta años después, ya tenga un negro presidente es tanto o más que lo que hemos logrado nosotros en Cuba, donde los negros aún no tienen ni poder real ni verdaderas oportunidades. Es una vergüenza que en Estados Unidos haya un presidente mestizo no hayan ejercido el poder en cincuenta años”.

Medio siglo también tiene el bloqueo, muchas veces utilizado como mera excusa…

“El bloqueo tiene dos caras: realmente nos ha afectado durante cincuenta años, pero está la otra cara, el auto-bloqueo, que hemos utilizado como una emergencia para defendernos de nuestros errores en determinados momentos”.

En una de sus últimas canciones…

“Quisiera que me preguntaras por algo artístico, parezco un ministro en lugar de un cantante”.

En Suicidio esboza a un creador que está en el ocaso…

“No es que esté en el ocaso, más bien está decepcionado por todo lo que ocurre a su alrededor”.

 ¿Es una canción autobiográfica?

“Sí, totalmente autobiográfica”.

 ¿Y siente Pablo Milanés que le quedan pocas cosas por contar?

“No, me quedan muchas por contar. Cuando canto cosas negativas parece que voy a morir, pero no, estoy vivo todavía”.

Publicado en el diario Público en diciembre de 2008

La hermosa (y triste) Habana de Los Aldeanos

4 Jul

LOS ALDEANOS

Por Carlos Fuentes

Los Aldeanos llevan nueve años cantando en alto, diciendo lo que sienten aunque se tengan que esconder. En un arrabal de La Habana, Aldo Rodríguez y Bian Rodríguez se retratan como los voceros del pueblo y la verborrea de su rap paga esa factura popular, a veces populista. Más por necesidad que por pose, el hip hop de este dúo cáustico vuelve a un valor primario del género: comunicar por encima de la canción. Más consigna que música, un concierto de Los Aldeanos confirma que si el rap es guerra, el fin es el mensaje. En cien minutos lo gritaron alto en temas rocosos como “Miseria humana” (“hagamos algo a tiempo o vendrán tiempos peligrosos”), “Mi herencia” (“esto es por si mañana no estoy, por si mañana me voy, aquí te dejo mi herencia”) o, lo nuevo de El B, “Me lo gané” (“yo soy mal hablado,  tú mal agradecido”). Se echaron en falta piezas clave: “La naranja se picó”, su primer aldabonazo internacional, y la reciente “Hermosa Habana”, letanía fúnebre sobre un original doo-wop de Los Zafiros. Se agradeció la bocanada de aire fresco, con Bebe de invitada, en “Siempre me quedará”. Y quedó pendiente una escucha con mejor sonido. Por ahora, si alguien quiere saber qué es una crisis… Los Aldeanos dan dos tazas.

Publicado en la revista Rockdelux en junio de 2012

Muere Olga Guillot, la gran dama del bolero cubano

3 Sep

por Carlos Fuentes

Su nombre fue borrado de los libros oficiales, apenas fue citada en diccionarios musicales. Y su voz profunda, imponente, desapareció de la radio y las vitrolas cubanas. Pero quedó para siempre grabada a fuego, de San Antonio a Maisí. En la ciudad de Miami, donde se exilió hace cincuenta años, falleció el pasado 12 de julio la auténtica reina del bolero cubano, Olga Guillot. Tenía 87 años.

Nieta de tenor e hija de soprano, debutó en La Habana con su hermana en el dúo Hermanitas Guillot. En 1944 se unió al conjunto Siboney de Isolina Carrillo y actuó en el cabaret Zombie. Al año siguiente debutó en disco con una versión de Stormy Weather. En 1946, Miguelito Valdés la invitó a grabar boleros en Nueva York, donde coincidió con Mario Bauzá, Arsenio Rodríguez y Machito. En 1948 rodó la película mexicana La Venus de Fuego y poco después grabó su primer éxito, el bolero de Chamaco Domínguez Miénteme. En 1958 viajó a Francia, donde compartió cartel con Edith Piaf como luego hizo con Sinatra. Fue la primera cantante latina que actuó en el Carnegie Hall. De vuelta a Cuba, su fama creció con piezas rotundas como Tú me acostumbraste, La noche de anoche y Vete de mí. En televisión presentó El Show de Olga Guillot, y fue artista principal en el cabaret Tropicana, donde cantó con Nat King Cole.

Salió de Cuba en febrero de 1961 y se estableció en México con la hija que tuvo con el compositor René Touzet. Allí rodó otra docena de películas. Ganó catorce discos de oro y diez de platino. Radicada en Miami, su genio se apagó hasta que, con el resurgir del bolero en Buena Vista Social Club, reclamó su lugar. Faltaba Yo (2001) la devolvió a los escenarios y el mundo supo otra vez del temperamento hecho canción. No era la Guillot un carácter cualquiera: en Madrid se negó a suspender un concierto tras caerse en el hotel. “¿Suspender el show? Antes muerta”. Cantó, y triunfó, con dos costillas rotas. Después volvió el silencio, hasta que un infarto acabó con su voz de hormigón. Medios oficiales cubanos ignoraron la noticia de su muerte. Pero Olga Guillot deja una autobiografía inédita. Pondrá las cosas en su sitio. Ya lo recordó su hija en el velatorio: “Antes de ella, las mujeres no habían escuchado en escena los reproches que una mujer le hace a un hombre”.

Publicado en la revista Rockdelux en septiembre de 2010