Tag Archives: fútbol

Eduardo Galeano, la voz que abrió los ojos de América

13 Abr

por Carlos Fuentes

Hay voces que llegan antes de lo previsto, y que se adelantan a la política de lo políticamente correcto. Eduardo Galeano encarnó una. La voz de los sin voz, el eco latente de los pueblos que habían perdido algún partido con esa historia de convulsiones que se conoce por América Latina. Y fue su aliento de vida, esa energía moral inasequible al desaliento, su compromiso a la intemperie, el que terminó por alzarse en el andamiaje de casi toda la obra literaria y periodística que abordó después la autocrítica de la vida en el continente. Bien amarrado al acervo cultural latinoamericano, el escritor y pensador uruguayo deja una obra que supera estereotipos y que merecerá, sin duda, relecturas en tiempo real.

La América Latina que recibió a Eduardo Germán María Hughes Galeano en la clausura del verano de 1940 en Montevideo era la eterna crónica no escrita de un subcontinente devastado por enfermedades sociales que parecían plagas bíblicas. El subdesarrollo, el hambre y el miedo. El clasismo y el imperialismo. La vergüenza de raza y el sometimiento. Más que votos, en América campaban las botas y los uniformes verde olivo. Y al pibe Eduardo las primeras crónicas le salieron en forma de tiras cómicas sobre política para el diario socialista El Sol. Firmaba entonces Gius, con la pronunciación de su apellido paterno, rasgo que visto ahora se antoja premonición de la reivindicación latina que llevó siempre en la mochila. Ya en los años sesenta, junto a Mario Benedetti, otro personaje imprescindible para comprender a carta cabal la nutritiva literatura americana del último medio siglo XX, se embarcó en labores periodísticas en el semanario Marcha, donde coincidió con Juan Carlos Onetti, Alfredo Zitarrosa, el cubano Roberto Fernández Retamar y el peruano Vargas Llosa, entre muchos otros.

Eduardo Galeano 3

El 27 de junio de 1973 llegó el primer encontronazo con la realidad. Golpe de estado mediante, Uruguay se entregó manu militari a la administración de Juan María Bordaberry, que en nombre de la patria y el orden de los patriotas pronto cercenó libertades básicas y terminó por cerrar la revista progresista. El mismo Galeano, encarcelado por las autoridades golpistas, fue finalmente forzado a exiliarse. Eligió Argentina, pero Buenos Aires no iba a ser su último exilio. Es el tiempo de Época, la publicación que sirvió de combustible para alentar la lucha en América Latina, para dotar de un argumentario a la juventud latinoamericana que valoraba cualquier vía válida para acabar con la represión. Pensar en uno, pero también pensar en el vecino. Que viene a ser una versión más bailable de aquella frase memorable de su colega polaco: “El sentido de la vida es cruzar fronteras”.

Como Kapuscinski, el uruguayo lo repitió hasta el día final. El error, otra vez, es que cada país busque su camino. Que la única opción sea el puro canibalismo. “La guerra vecinal es una especialidad latinoamericana. Hemos sido diseñados, como países, para odiarnos entre nosotros. Para ignorarnos, también. Es lo peor de la herencia colonial. Hay otras herencias coloniales, como la de la impotencia. Esa que te dice: “nunca vas a poder, eso no se puede, nunca vas a ser capaz”. La condena a ser espectadores de la historia hecha por otros, incapaces de hacerla con nuestras propias manos, nuestra propia cabeza, nuestro corazón. Con nuestras propias piernas que caminan”.

cartel Galeano

De vuelta a Uruguay, Eduardo Galeano, de regreso otra vez del frío del exilio (en Madrid, donde residió hasta 1985), llegó para sumar. Al año siguiente ya estaba entre los impulsores de la demanda de revocación de la ley de punto final con la que militares de dictadura intentaron sacudirse toda responsabilidad por los crímenes cometidos en el santo nombre de la patria, de la bandera y del progreso. Su compromiso fue reconocido luego con varios premios honoríficos universitarios en América y Europa, también por colectivos sociales, culturales y estudiantiles de su continente natal. Acaso el galardón que más llenó el alma del autor de El libro de los abrazos fue el concedido hace cuatro años por la Federación Universitaria de Buenos Aires para reivindicar a Eduardo Galeano como “un ejemplo para la juventud latina”.

Acaso fue la vindicación del derecho a la duda que el propio escritor repasó en voz alta hace apenas un año. “La realidad [de América Latina] ha cambiado mucho, y yo también. La realidad es mucho más compleja precisamente porque la condición humana es diversa. Algunos sectores políticos para mí cercanos pensaban que dicha diversidad era una herejía. Incluso hoy hay algunos sobrevivientes de ese tipo que piensan que toda diversidad es una amenaza. Por fortuna no lo es”.

Su obra más conocida, Las venas abiertas de América Latina, y su extensión retrospectiva, Memoria del fuego, conforman el atlas del sufrimiento del pueblo, de los pueblos latinoamericanos, pero también son una apuesta desbocada por la esperanza y por la responsabilidad histórica de asumir un rumbo propio tras siglos de tutela extranjera impuesta. El primer libro, publicado en 1971, contó con un par de publicitarios de excepción. Pronto fue prohibido por los gobiernos dictatoriales de Videla en Argentina y Pinochet en Chile, y mal recibido en otra media docena de gobiernos autoritarios, pero se alzó rápido en el ideario de la justicia social que pugnaba por hacerse escuchar en las calles ensangrentadas, en las fábricas con sueldos de miseria, en el eco ahogado de los centros de tortura, en los hogares de hojalata de las familias de los desaparecidos.

Para el autor, empero, el libro de las venas abiertas también fue un peso eterno que ya no se sacudió de su mochila. Hasta hace un año, cuando aprovechó una feria literaria en Brasil para contextualizar su reflexión autocrítica en torno a su obra de referencia. “No volvería a leerla porque si lo hiciera me caería desmayado. No tenía los suficientes conocimientos de economía ni de política cuando lo escribí. No me arrepiento de haberlo escrito, pero ya es una etapa superada”. No debió pensar lo mismo Hugo Chávez cuando en 2009, en la Cumbre de las Américas, regaló un ejemplar (en español) al presidente Obama. Un gesto que, a bote pronto, hizo del título de Galeano un libro best-seller en Norteamérica.

Eduardo Galeano 4

En lo emocional, el compromiso de Galeano con la cultura de los pueblos de América Latina nunca necesitó de actualización. Defensor de las minorías y de sus manifestaciones culturales, sin mirar mapas ni fronteras (en 1986 el primer premio Memoria del Fuego reconoció la devoción de los latinoamericanos por Joan Manuel Serrat), el escritor uruguayo conectó siempre con las formas de hacer poesía desde la canción cotidiana. Como en aquella letras de su amigo Daniel Viglietti: “La copla no tiene dueño, patrones no más mandar, la guitarra americana peleando aprendió a cantar”. También es mérito suyo la vindicación del fútbol como algo más que coliseo de emociones plebeyas. Mucho más que sucedáneo neoliberal del pan y el circo

En 1995 publicó El fútbol a sol y sombra para trazar una radiografía sentimental del pueblo a través de lo que cada domingo ocurre en el teatro del balón, el olor a hierba recién cortada y los sueños del que paga la entrada para escapar de casa. De ese libro-apología es una antológica descripción de la soledad del arquero, otro momento Galeano de compromiso con el desfavorecido por la fama y el dólar: “El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo. Cuando un jugador cualquiera comete un penal, el castigado es él: allí lo dejan, abandonado ante su verdugo, en la inmensidad de la valla vacía. Y cuando el equipo tiene una mala tarde, es él quien paga el pato, bajo la lluvia de pelotazos, expiando los pecados ajenos”.

Y de vueltas a la vida, él que fue siempre un manantial de frases certeras, de reflexiones con fundamento y sustrato alimenticio, de optimismo en medio del temporal, regaló quizá un postrero resumen apresurado de su forma de vida a su amigo escritor y periodista argentino Jorge Fernández Díaz, otro de esos autores que trascienden épocas y continentes ahora que vuelven a soplar los aires del miedo a vivir en el Cono Sur. “El arcoíris terrestre es mejor que el celeste, tan mutilado por el machismo, el racismo, el militarismo y el oscurantismo. Los seres humanos somos mucho mejor de lo que nos contaron que fuimos”. Palabra de Galeano.

Publicado en El Confidencial en abril de 2015

 

Un paseo por la historia del fútbol en las calles de Lisboa

21 Ago

futebol

por Carlos Fuentes

El fútbol es un invento inglés y se vive con gran pasión en España e Italia. Portugal también es un país futbolero de profunda tradición y con una afición popular. Con la Copa del Mundo que en 2014 se celebra en Brasil, la capital de su antigua metrópoli ofrece una ruta antológica por la historia lusa del deporte rey y, para el viajero más curioso, lugares abiertos para seguir los partidos del Mundial.

Para la historia del deporte, el hito quedó marcado un día de 1875 en la isla de Madeira. Allí se practicó por primera vez esta nueva disciplina deportiva que había nacido veintisiete años atrás en la británica Universidad de Cambridge. Aunque en octubre de 1888 ya se había disputado un primer encuentro de fútbol en la ciudad turística de Cascais, en Lisboa se tuvo que esperar algo más, exactamente hasta el primer día de enero de 1889, para que se celebrara el primer partido de futebol reconocido por la federación lusa. Ocurrió en los terrenos que en la actualidad ocupa la plaza de toros de la capital portuguesa, situada en el barrio de Campo Pequeño, cuando los jugadores de las dos selecciones nacionales de Portugal e Inglaterra disputaron el primer encuentro. Ganaron los portugueses por dos goles a uno, pero aquello no fue más que una anécdota para los libros de historia. Lo importante, lo crucial, es que el nuevo deporte fue acogido con entusiasmo por las clases altas y medias de la capital lusa. Desde entonces, Portugal ya no se entiende sin una pelota.

FBL-PORTUGAL-EUSEBIO-DEATH-OBIT

Eusebio

Un siglo después, el país vecino está entre los pueblos que con mayor pasión viven las vicisitudes de ver a veintidós deportistas correr detrás de un balón. En Lisboa, donde reinan dos de los tres grandes equipos de Portugal, el Sporting y el Benfica, el viajero puede disfrutar de una ruta por las huellas del balompié luso. Comenzamos en Belém, adonde todo turista se acerca a visitar la ribera del Tajo trufada de grandes monumentos. Aquí están el imponente monasterio de los Jerónimos, joya del siglo XVI de estilo manuelino, la Torre del Belém, el monumento a los Descubridores y, más moderno, el Centro Cultural de Lisboa. También la añeja pastelería de Belém, muy conocida por los visitantes, quienes quizá no sepan que a pocos metros del monasterio se encuentra el estadio del tercer equipo lisboeta, Os Belenenses, fundado en 1919 y que fue rival del Real Madrid en la inauguración del estadio Santiago Bernabéu el 14 de diciembre de 1947. En Os Belenenses también jugó Félix Mourinho, padre del entrenador de Setúbal, actual preparador del Chelsea londinense y antes del Real Madrid.

estadio da luz

Otro lugar interesante en la ruta del fútbol por Lisboa se halla en la periferia de la ciudad nueva. Se trata del estadio José Alvalade, así bautizado en honor de uno de los pioneros del balompié portugués y ahora estadio local del Sporting de Lisboa. Sus instalaciones, que se construyeron a principios de este siglo en sustitución del antiguo campo de 1956, fueron inauguradas en agosto de 2003 con un partido entre Sporting y Manchester United. Fue en este encuentro en el que los ingleses quedaron prendados de un joven talento portugués llegado de la isla de Madeira, un delantero llamado Cristiano Ronaldo que con los años se iba a convertir en el mejor jugador de la historia de Portugal, con permiso de las viejas glorias Eusébio da Silva y Mário Coluna, jugadores ambos del Benfica.

Por esas fechas, exactamente el 25 de octubre de 2003, el otro gran equipo de Lisboa inauguró nuevo estadio, conocido popularmente como la Catedral pero de nombre oficial Estadio de la Luz. Situado en el barrio de Santo Domingos de Benfica, apenas a un kilómetro al suroeste del campo del eterno rival, La Luz ofrece algo más que una visita al estadio deportivo, ya que en sus alrededores se encuentra el museo del Benfica, la tienda oficial del club y, en la entrada, la estatua de homenaje a Eusébio, el emblemático jugador del equipo del águila. Con una capacidad para albergar a 65.647 espectadores, este estadio acogió la final de la Eurocopa de Portugal celebrada en 2004 y, más reciente, la final de la Champions disputada en mayo por Real Madrid y Atlético de Madrid.

Cristiano Ronaldo

Para completar un recorrido futbolero por Lisboa, el visitante debe acercarse a la gran avenida de la ciudad, la de la Libertad. Aquí, junto al monumento a los Restauradores, se reúnen a celebrar sus triunfos los aficionados de uno y otro equipo, así como todos los portugueses cuando la selección nacional que dirige Paulo Bento gana un partido importante. Capaz de paralizar al país cuando se celebra un campeonato importante, y con los partidos de Portugal en la Copa del Mundo de Brasil volverá a repetirse la convocatoria frente a Restauradores, la selección nacional lusa ha contado con jugadores de referencia como Luis Figo, que con 127 partidos disputados aún es el que posee el mayor número de encuentros internacionales con el equipo rojiverde, o Cristiano Ronaldo, aún en activo y con 49 goles autor del mayor número de tantos con la camisa nacional. En la estrella de Funchal, que en noviembre protagonizó una proeza al anotar tres goles en el decisivo partido de repesca contra Suecia, están depositadas muchas esperanzas de un país entero ante la actual competición mundial que se está disputando en Brasil, la mayor de las antiguas colonias portuguesas.

Como en cada país con selección en Brasil, Portugal disfruta de los partidos en plazas, parques y espacios abiertos. En Lisboa, que se paraliza cuando juega la seleção, las plazas son puntos de encuentro para aficionados, ya sea ante pantallas gigantes o en restaurantes y bares que aprovechan el deporte para ampliar clientela. La plaza de Rossio o el parque de Eduardo VII, que en mayo albergaron las zonas de aficionados de Real Madrid y Atlético de Madrid por la final de Champions, son las preferidas de la afición lusa para ver al equipo. Y si usted gusta del fútbol apasionado, la mejor opción es buscar un bar de la zona antigua para compartir pasión con la hinchada local. Y no olvide las fechas de los partidos de Portugal, pero también de España. A partir del 4 de julio arranca la fase de octavos en el camino hacia la gran final del 13 de julio en Maracaná.

Publicado en la revista NT en julio de 2014