Tag Archives: grammy

Cesária Évora: “África se merece una vida mejor”

7 Dic

Cesária Évora

por Carlos Fuentes

En la distancia que impone una conversación telefónica, la voz de Cesária Évora suena cansada. Pero también suena feliz. Es lunes y la cantante africana que con su música de melancolía y nostalgia ha puesto en el mapa de las músicas del mundo al humilde archipiélago de Cabo Verde está satisfecha. En febrero [de 2004] recibió el premio Grammy al mejor disco contemporáneo y el pasado sábado recogió en París el premio anual Victoria que concede la música francesa.

Ambos reconocimientos llegan por Voz d’amor, su noveno disco, que presentará en concierto en el Auditorio de Tenerife. Cesária Évora nació en la ciudad marinera de Mindelo, en la isla de São Vicente, y tiene ahora 62 años. Aunque han sido los últimos diez los que han marcado la vida de esta mujer que, pese a ganar con el tiempo cariños y reconocimientos, no renuncia a sus raíces, a vivir en su pueblo natal. Huye del falso halago y de creerse más que otros caboverdianos como Teófilo Chantre, Biús, Tito París o Simentera. “Prefiero pensar que, por fortuna, mis músicas han servido para abrir puertas a otros artistas de mi país, que han tenido la oportunidad de emprender carreras en el mercado occidental”, explica desde París.

2

Con cuatro millones de discos vendidos en todo el mundo de sus ocho álbumes anteriores, la cantante de Cabo Verde a quien la crítica de París bautizó “la diva de los pies desnudos” tras su aparición en 1993 con Sodade valora el interés que su música ha merecido en la última década. “La acogida de Voz d’amor está siendo muy cálida”, asegura, “durante la promoción internacional estoy comprobando que el público está pendiente de lo que hago y satisface comprobar una vez más el aprecio que tiene el público europeo por mi música”.

Inmersa en una nueva gira europea, que hasta finales de abril la llevará a países como Alemania, Lituania, Estonia, Bélgica y, en especial, a Francia, donde ofrecerá trece recitales (con tres noches consecutivas en el teatro Grand Rex de París), Cesária Évora mantiene su devoción por las gentes de Cabo Verde, los primeros que disfrutaron de su moma melancólica en las tabernas portuarias de Mindelo. “Tengo buenos recuerdos de mi tierra porque todavía vivo allí, aunque salga a cantar a muchos sitios en el extranjero”, señala, “sé que en el mundo hay muchos lugares bonitos, pero prefiero seguir viviendo en mi pueblo, en mi casa, porque allí tengo mis raíces”.

4

Observadora privilegiada de la evolución de los países africanos poco favorecidos, Cesária Évora es consciente de que la visión idílica, romántica, que sus canciones ofrecen de África no se corresponde, por desgracia, con la realidad. De las plagas de corrupción, las guerras y el subdesarrollo, la cantante caboverdiana habla con tristeza, pero con esperanza de prosperidad. “Espero que las cosas cambien para mejor, pero desgraciadamente no puedo influir en los problemas que ocurren en el mundo”, asume, “aunque tengo esperanza de que esta situación mejore, sobre todo para África. Todos los pueblos de África se merecen una vida mucho mejor”.

El trasiego internacional por los escenarios de medio mundo no impide que Cesária Évora tenga una visión real de la inmigración clandestina, quizá el mayor mal que asola a los jóvenes africanos. ¿Actúa Europa con justicia ante el drama del nuevo siglo? “La actitud siempre podría ser mejor, pero en mis viajes compruebo que, no sólo los africanos sino otras personas, han encontrado una oportunidad para mejorar sus vidas en Europa y en América”, explica quien hace unos años fue confundida con una emigrante irregular en el bulevar de Cartagena. “Estos viajes son buenos para el progreso de África: sus pueblos pueden ver que existe otra forma de vida, creo que hay sitio para la comunidad africana en estas sociedades”.

5

Además del compromiso africano, Cesária Évora ha prestado su voz y sus canciones a experimentos modernos. En 2003 artistas electrónicos como Carl Craig, 4 Hero o Señor Coconut remezclaron piezas como Angola, Bésame mucho y Miss Perfumado para el disco Club Sodade. “No es mi estilo original, pero creo que ayuda a lograr un mayor interés de las nuevas generaciones, a ampliar el destino de mis canciones y de mi voz”, dice divertida la cantante, “y estoy feliz por ello, pero es evidente que ese no es mi estilo de hacer música”.

Más cómoda se siente Cesária Évora con socios musicales más naturales como el brasileño Caetano Veloso (Regresso), el pianista cubano Chucho Valdés (Negue), el maliense Salif Keita (Yamore) o Jacques Morelenbaum (Café Atlántico). “Todas fueron buenas experiencias porque ayudan a ampliar las influencias en la música, en la mía y en las de ellos”, asegura la caboverdiana para recordar su dúo con el cantautor Pedro Guerra en la canción Tiempo y silencio, de su disco São Vicente di Longe. ¿Existe una particular sensibilidad isleña? “Hay muchas similitudes, en las culturas y en los instrumentos que usamos”, reflexiona Cesária Évora, “porque nuestras culturas son muy parecidas y cantar con él fue una experiencia muy bonita”.

Siempre generosa, Cesária Évora habla con cariño sincero de los amigos que le ha regalado la música, pero no se olvida del público. De su público, al que nunca ha dado la espalda pese al aluvión de músicas étnicas que abundan en los anaqueles. ¿Por qué nadie se aburre de Cesária? Ella se quita méritos: “Es el público el que te lleva al éxito y es el público el que sigue queriendo escucharme. No sé decir por qué ocurre, solo que estoy muy contenta de que sea así”.

-

Publicado en el periódico Diario de Avisos en marzo de 2004

 

Viperina lengua latina

13 Jun

Calle 13

CALLE 13

por Carlos Fuentes

Aquí no cuadra el cuento fácil de la flor de un día. Casi una década después, la música atlética del dúo puertorriqueño formado por los hermanos Residente y Visitante campea a sus anchas por las venas abiertas de América Latina. Deslenguado y excesivo, y sin embargo comercial, el discurso de Calle 13 va creciendo por el camino entre rap, tango, trova y congas de solar. Genuinas músicas urbanas para retratar todo un continente. Abran paso, y olvídense del reggaetón.

En el trasiego de ritmos, estilos, ya casi géneros, por el solar de las músicas latinas, la aparición de nuevos artistas de procedencia urbana se contempló (casi) siempre con la suspicacia de lo fácil bailable. Ni siquiera la estupenda contaminación del lenguaje sincopado, en esencia, del hip hop y su altavoz en formas de rap, quedó al margen de recurrentes prejuicios anglófilos. Todo iba, y era previsible, camino de cierta marginalidad. Apenas otra reseña más en la esquina de los anaqueles latinos (a lo peor, con la etiqueta “latin”). Hasta que algunos francotiradores de la primera división de la salsa, Rubén Blades y Papo Lucca, Oscar D´León y Papo Vázquez, saltaron como leones al rescate. Contra el tópico que ellos mismos padecieron por años. Y revindicaron a este puñado de muchachos nuevos que llegaban cantando las cuarenta desde el barrio.

El caso más rimbombante en la panoplia de protagonistas de la nueva música urbana latinoamericana está protagonizado por dos músicos de Puerto Rico. Hermanastros, procedentes de un barrio acomodado en la ciudad de Trujillo Alto, en la periferia de San Juan, René Pérez Joglar “Residente” y Eduardo Cabra “Visitante” armaron Calle 13 como respuesta al tedio cotidiano, a cierta necesidad de expresión y a un incipiente interés por la realidad latinoamericana desde el punto de vista de una isla colonia. Y hace una década, cuando el baile (fácil) parecía lo primero y la etiqueta adhesiva del reggaetón parecía material tóxico, el dúo borinquén se inventó aquel Querido F.B.I. que venía a trazar la hoja de ruta para una identidad artística controvertida. Tan dentro del sistema discográfico como sea necesario para combatir al mismo sistema, tan cerca del barrio como sea posible para no desconectar con la realidad latina. Odiados por muchos, adorados por bastantes más, los dos de Calle 13 están a punto de culminar una primera década de existencia. Diez años, cinco discos. El nuevo, Multiviral, es el primero que sale en la disquera de la banda, El Abismo, pero (ay) la revolución continúa bajo el paraguas internacional de Sony Music.

Calle 13 Residente Visitante

Eduardo Cabra levanta la voz para hacerse escuchar. El responsable de los contenidos musicales de Calle 13 atiende desde el aeropuerto de Buenos Aires después de participar en la última edición de Cosquín Rock, el mayor festival de música contemporánea de Argentina. Ya casi no queda rincón latino que no haya visto el energético directo de Calle 13, desde el solar marginal a la dorada plataforma de los Grammy: diecinueve desde Atrévete-te-te. ¿Esperaba tanto en tan poco tiempo? “No sé qué decirte. Todo ha sido una mezcla de sorpresa y de casualidad, pero creo que también es el resultado de mucho compromiso. Todavía surgen algunas mezclas con influencias musicales nuevas que aún nos sorprenden, cosas que ocurren sin que las esperemos. Y con este nuevo disco hemos tenido la mejor respuesta de la gente, más que en ninguno de los cuatro anteriores, y eso aún nos sorprende y nos alimenta las ganas de seguir trabajando”. Puede ser. Aunque quizá el quid de Calle 13 sea esa capacidad enorme de hacer pasar por pura casualidad lo que, desde lejos, se antoja una estrategia perfectamente armada. Visitante dice que no, que el grupo se mueve por impulsos. A ritmo de sorpresa. “Valoramos mucho el factor sorpresa, la sorpresa y el hambre para seguir adelante sin quedarnos en el mismo sonido de cualquiera de nuestros trabajos anteriores”, argumenta Eduardo Cabra. “Hemos hecho cada disco con una gama de sonidos distintos y así queremos continuar”.

ResidenteSin embargo, Multiviral ha roto con la norma no escrita en el grupo de trabajar las nuevas canciones durante la gira del álbum anterior, como ocurrió con Los de Atrás Vienen Conmigo (2010) y Entren Los Que Quieran (2012). “Por primera vez hemos parado un año completo para poder trabajar en el disco. Ha sido mucho trabajo de estudio, mucho esfuerzo para pensar bien sobre nuestra relación con la música y con la escena musical”, explica Visitante. “Y creo que este disco es bien personal, un trabajo en el que se ha traducido nuestra etapa vital como personas. Ahora no siento que haya algo mal puesto, que falte o que sobre algo, estamos totalmente satisfechos del resultado en letras y músicas”. Con este equidistante reparto de papeles, Residente en las letras y Visitante con las músicas, ¿cómo se trabaja? ¿Cómo nace una canción de Calle 13? “Trabajamos cada uno en nuestro campo, mi hermano en las letras y yo en las músicas”, explica Eduardo Cabra. “En eso no ha habido cambios desde el principio del grupo, aunque sí creo que en este nuevo trabajo hay mucho más respeto entre una parte y la otra. Algo similar ya nos ocurrió en temas anteriores, en La Bala, por ejemplo”.

El reparto se hace en casa, pero resulta que la casa de Calle 13 no es una casa cualquiera. En un hogar de matrimonios cruzados, Residente y Visitante crecieron en medio de una negociación constante. Para no pelear había que transar (“la familia ha sido siempre un gran foco de aprendizaje, son cosas que a cualquiera cambia como ser humano, pero creo que, como en la vida, en la música y en el mundo que nos rodea estamos manejando bien las cosas”), así que los pibes se acostumbraron pronto a la diversidad social y cultural. En el respeto al otro. Y de ahí, aseguran, nace la curiosidad por lo ajeno, esencias que tan bien quedan plasmadas en los contenidos musicales de Calle 13, casi siempre cotizando alto por encima de las letras adhesivas. “Antes de empezar a viajar fuera, yo tenía la sensación de que ya vivía en un continente, cuando en realidad lo hacía en una isla. Una isla que, además, es una colonia. Luego, al comenzar a actuar fuera de Puerto Rico, las distancias se te van haciendo más cortas, empiezas a pensar en una clave más amplia, en clave de América Latina. Y aprendes de la historia, de los aciertos y los errores ajenos. Salir de la isla ha sido fundamental, se ve con claridad entre el primer y el segundo disco”.

Mexico News - May 18, 2009

Con Multiviral las fronteras se difuminan aún más. Residente vive ahora entre Puerto Rico y Buenos Aires, Visitante reside entre la isla y La Habana. Cosa de amores. “La vida es influencia continua para la música, y el rumbo de nuestras cosas marca también las canciones”, indica Eduardo Cabra, que ha introducido ecos de chancletas de palo de la conga cubana en la pieza Cuando los pies besan el suelo. Es otra marca de la casa Calle 13: pensar el disco como obra global, y no mero material para el despiece en singles de éxito. “Creo en el álbum como un libro de diferentes cuentos. Como en el disco blanco de los Beatles, como Buscando América de Rubén Blades. Nunca me gustaron ese tipo de discos que parecen diez o doce balas perdidas. Para mí, la música son sensaciones”.

Empero, para buena parte del público mandan las letras y Multiviral abunda en reivindicación. Planea un cierto riesgo de sobreactuación. En Adentro, por ejemplo, Residente parece curarse en salud y salir en autodefensa: “unos me llaman comunista, demagogo cien por cien”. ¿Una disculpa, quizás? “Depende de cómo cada persona escucha las canciones, cómo escucha las músicas y asume las letras. Pero creo que hay una buena comunicación entre los dos campos”, explica su medio hermano sin que la cosa suene a excusa. Nada de eso. “Ahora mucha gente ha agarrado así este disco, pero creo que había más compromiso en el anterior. Multiviral  es más de ideas existenciales, más de pensar que de reivindicar. Ya no es tanto ser un dedo acusador sino tener más conciencia de que todos somos parte de los problemas”. ¿Y no hay riesgo de que el mensaje, tan torrencial, solape a la música y que el público se canse de los pareados consonantes de Calle 13? “No lo creo. Los dos estamos cómodos cada uno en su área. No veo las letras de mi hermano como una amenaza para lo que deben ser las músicas de Calle 13. Sé que sus letras agarran a la gente, aunque también estoy muy seguro de la calidad y de la diversidad de nuestras músicas”. Vamos, que la fiesta del reggaetón queda lejos… “El reggaetón ha quedado como otro género musical más, un género que se utilizó durante una época para experimentar en la propuesta de Calle 13, como también se hizo con la bossa, el tango, la chacarera o el rock. Todo va bien con el reggaetón”.

Calle 13 WikiLeaks

Con Assange y Galeano: conciencia ambulante

Como en un bolero, no se sabe si es por amor o por dinero. En el mapa de Calle 13 la asociación con artistas ajenos al campo de acción musical del dúo de Puerto Rico es una constante nutritiva. La senda arrancó con amigos (Tego Calderón, Julio Voltio) para pronto dar el salto latino (Bajofondo Tango Club, Orishas, Vicentico, Café Tacuba) e incluso español (Mala Rodríguez). También con pesos pesados de la salsa como Rubén Blades o héroes más o menos vecinos (Omar Rodríguez López, Seun Kuti, Susana Baca, Totó la Momposina, Maria Rita). Y Multiviral no es una excepción. El disco incluye alianzas con el cubano Silvio Rodríguez en una delicia titulada “Ojos Color de Sol”, golosinas declamadas por el escritor Eduardo Galeano (El Viaje) y por John Leguizamo (Stupid Is as Stupid Does) y cameos de Diplo y Biga Ranx (Perseguidos).

Pero nada tan fluorescente como el tema que titula el álbum, escrito en Londres con Julian Assange durante su reclusión en la embajada de Ecuador y la laudista palestina Kamilya Jubran, grabado en California con Tom Morello (Rage Against The Machine). “Discutimos mucho a la hora de decidir las colaboraciones para cada disco, porque son un aspecto muy importante de nuestro trabajo”, indica Visitante, para el que la “prioridad absoluta” en cada alianza es que la música responda a las letras. Sin soltar prenda sobre el inefable Assange, para eso ya está Residente (“quisimos hacer más grande su protesta contra las violaciones de los derechos humanos que comete el gobierno de Estados Unidos contra el mundo”, señaló el vocalista en entrevista con Democracy Now!), Eduardo Cabra prefiere subrayar el valor de lo musical y, agit-prop aparte, la colaboración con el vate cubano fundador de la nueva trova. “Fue muy chévere trabajar con un excelente músico como él, lo admiramos mucho. A Silvio lo conocimos en Cuba y bien pronto ya acordamos la colaboración. Primero enviamos la letra y luego trabajamos juntos. Colaborar es una cosa bonita de la música, y siempre intentamos estar bien rodeados”.

Publicado en la revista Rockdelux en abril de 2014

El último blues africano del imperial Ali Farka Touré

3 Oct

Ali Farka Touré (Mali)

por Carlos Fuentes

Pudo exiliarse en la opulencia y el lujo, acomodarse en una vida de primera división, pero eligió siempre permanecer junto a su gente. En el quinto país más pobre del mundo. Cuando se cumplen cuatro años de su muerte, el blues eterno de Ali Farka Touré vuelve a latir. El sello británico World Circuit publica hoy la última grabación que el influyente músico africano realizó poco antes de fallecer por un cáncer óseo el 7 de marzo de 2006. Ali & Toumani, un disco grabado en apenas tres días junto al príncipe de la kora, Toumani Diabaté, y al contrabajista cubano Orlando “Cachaíto” López, reivindica el papel crucial que el guitarrista de Malí jugó en el amplio reconocimiento internacional del blues africano.

Ali Ibrahim Touré nunca supo con exactitud qué día de 1939 vino al mundo. Nació en la villa de Kanau, en el noroeste de Malí. Su madre, campesina, había parido antes a nueve hijos, pero Ali fue el primero que superó la infancia. Por eso fue apodado Farka, que significa asno, animal bien considerado en la sociedad rural africana por su fortaleza. Su padre, alistado en el ejército francés, murió mientras combatía a los nazis en la II Guerra Mundial y la familia se mudó a Niafunké, uno de los pueblos desérticos situados en la ribera del Níger.

Ali Farka Touré (perfil)Hijo del río, como gustaba definirse, Ali comenzó pronto a interesarse por la música. Construyó su primer instrumento con una lata de sardinas. Tenía una sola cuerda. De joven no cursó estudios, primero había que trabajar. Fue aprendiz de sastre, conductor de taxis y ambulancias fluviales, y también mecánico. Durante un viaje africano realizado en 1956 conoció al guitarrista guineano Keita Fodeba. “Tras verlo tocar juré que yo también sería guitarrista. Aún no conocía la guitarra, pero ya sentía la música dentro y pensé que podía expresarla”, contó, ya enfermo, durante su penúltimo recital europeo, en el teatro Bozar de Bruselas, en enero de 2005.

Pero la música tuvo que esperar. En 1968 viajó por primera vez al extranjero para actuar en el Festival de la Juventud de Sofía (Bulgaria), donde compró su primera guitarra. Ese año, un amigo le hizo escuchar unos cuantos discos norteamericanos: James Brown, Otis Redding y… John Lee Hooker. “Cuando escuché su blues lo primero que pensé fue que Hooker era africano, aunque no entendía en qué idioma cantaba”, recordaba Touré entre risas. Tanta sorpresa dejó huella. Dos años después, ya establecido en Bamako, logró trabajo como ingeniero de sonido en los estudios de Radio Malí. Allí, con ayuda de su amigo Boubacar Traoré, aprovechaba las horas libres en el estudio para grabar sus primeras canciones. Su música, espiritual como pocas, tuvo la capacidad de ensamblar las tradiciones sonoras de las etnias songhai, peul y tamascheq que conocía bien gracias a los siete idiomas tribales que aprendió de joven.

Ali Farka Touré & Ry Cooder

Su prestigio cruzó fronteras en África. Y llegó hasta París gracias al sello Sonodisc, que editó sus primeros discos en Europa. Uno de ellos llegaría hasta Londres. Su suerte estaba a punto de cambiar. Porque en 1986 Anne Hunt, cofundadora del sello británico World Circuit, viajó hasta Bamako para intentar localizar al misterioso padre del blues africano. Con ayuda de Toumani Diabaté puso un anuncio en la radio nacional y, casualidad, Ali Farka Touré captó el mensaje y se presentó en la emisora. Fue un encuentro que iba a hacer historia.

Ali Farka Touré (Niafunké)

Al año siguiente visitó Londres, donde actuó y grabó su primer disco con World Circuit. De esta relación salió una de las discografías de mayor enjundia en África, aunque el primer compromiso de Ali Farka fue el campo. En 2000, en pleno éxito, abandonó cinco años los escenarios y aceptó la alcaldía de Niafunké (“primero soy campesino, luego artista, y la cosecha es lo más importante”, contó en 2003 en el documental Feel like going home, de Martin Scorsese) para potenciar el cultivo de regadío en una de las tierras más duras del planeta. “Para Ali, su pueblo fue lo primero. Estaba comprometido con el futuro de su gente, siempre se consideró agricultor. Gastó mucho dinero en la agricultura. Y en los viajes aprovechaba para entrevistarse con alcaldes en Roma o Lisboa para reclamar más cooperación para el desarrollo de África. Por eso, su herencia es mucho más que su música. Touré dio sentido a las vidas de mucha gente en África”, indica el productor británico Nick Gold. “Fue un gran amigo. He tenido pocos héroes en la música: John Lee Hooker, Charlie Parker, Ali y pocos más”.

Ali & Toumani (live)

Similar opinión tiene Salif Keita, el otro gran ídolo de la canción maliense. “Ali Farka Touré fue una de las personas a las que tuve, y tendré siempre, en alta estima. Hizo muchas cosas buenas por su gente. Amaba y creía en lo que hacía. Este tipo de personas son extraordinarias. Hemos perdido a un hombre que hizo grandes cosas por su pueblo. Llevó las músicas de Malí al público occidental, a Europa y América. Contribuyó mucho al reconocimiento de las músicas de África en los mercados internacionales”, explica el cantante albino, protagonista de uno de los momentos más emocionantes de los últimos días de Ali Farka. A principios de 2006, con el cáncer asfixiando la vida del guitarrista, Ali mandó llamar al autor de Soro. No quería despedirse sin limar asperezas, desencuentros antiguos. Y en el momento postrero hubo un abrazo fraternal, no hicieron falta muchas palabras. En marzo de 2007, este cronista fue testigo de la influencia de esa reconciliación. Durante un viaje a Niafunké, la caravana musical organizada para asistir al primer festival-homenaje a Touré no necesitó mejor visado para franquear los puestos de control en las complicadas carreteras del norte de Malí que mostrar una foto de Ali Farka Touré y Salif Keita abrazados entre sonrisas. “Estos dos hombres han hecho más por nuestro país que todos los políticos”, dijo entonces, orgulloso, un militar armado con un fusil Kalashnikov.

Ali & Toumani DiabatéTambién conmueve escuchar a Toumani Diabaté, que en 2005 compartió con Ali Farka el segundo Grammy africano por el álbum In the heart of the moon. Diabaté recuerda que su amigo era un héroe para los más pobres. “Para los malienses fue muy importante que un compatriota lograra reconocimiento mundial. Ali siempre habló con orgullo de su tierra, de sus orígenes, sin ninguna impostura. Habló sobre este enorme país que ha sido marginado, pero cuya cultura es muy rica. Malí es el gran corazón cultural del África occidental. Es un país complejo en el que cada región tiene su propia música, sus cosas que decir, pero todos tenemos puntos en común y Ali lo sabía. Vivió y luchó para enseñar al mundo el significado de tener una cultura genuina”, subraya Diabaté. “Ali Farka Touré fue un regalo. Era un fenómeno musical, un pionero. Creo que fue creado por Dios con ese objetivo. Su misión era promover las culturas africanas, la cultura malí, y trabajó toda su vida para lograr ese objetivo. No hizo música sólo para Malí, sino para África y el mundo entero. Fue una persona única. Un historiador, un marabú, nuestro curandero. Ali Farka Touré fue un ser multidimensional”, zanja emocionado Diabaté.

Publicado en el diario Público en febrero de 2010

África, capital Londres

17 Jul

por Carlos Fuentes

Si atendemos a las estadísticas, Londres podría ser una de las ciudades más pobladas de africanos del planeta. Según el último censo urbano, realizado hace una década en la capital británica y que en estos momentos está en pleno proceso de actualización, más de trescientas mil personas de origen africano residen en una ciudad que acoge a 7,7 millones de los 63 millones de habitantes que viven actualmente en el Reino Unido. [Por unos días, Londres será la primera capital africana del planeta durante los Juegos Olímpicos de Londres 2012, que arrancan el próximo 27 de julio].

Importantes colectivos de nigerianos, keniatas, ghaneses, surafricanos, somalíes y ugandeses protagonizan la foto fija de un colectivo de oriundos africanos cuya presencia en la capital inglesa hunde sus raíces desde el siglo XVI. En la actualidad, esta importante comunidad de ciudadanos hace valer sus derechos a una cultura distinta, con sus usos sociales, alimenticios y laborales particulares. Aunque no siempre fue así. La presencia africana en la ciudad es el resultado del esfuerzo por hallar un lugar en la ciudad del Támesis.

Para dibujar el mapa de la presencia africana en Londres, Brixton es el primer lugar de referencia. Situado al sur de la ciudad, en este barrio cosmopolita y obrero reside el mayor colectivo de africanos de Inglaterra. Aproximadamente uno de cada cuatro de sus 65.000 habitantes es de raza negra, aunque esta cifra incluye también a las comunidades de emigrantes afro-americanos que han llegado de las antiguas colonias británicas en el mar Caribe, y en especial de Jamaica. A mediados del siglo pasado se produjo la primera gran oleada de emigrantes de raza negra, ciudadanos que con el paso del tiempo han logrado convertir sus costumbres culturales en una seña de identidad de Brixton, ahora reconocido como la capital negra de Londres.

En sus calles conviven tiendas de franquicias europeas con pequeños restaurantes de comida africana donde es posible combinar un chebuyén (arroz con pescado y verduras) o una rica supucanye (sopa de verduras con arroz blanco) de Senegal con un kebab de origen asiático o el muy popular plato británico de pescado con papas fritas. También el comercio retrata la identidad mestiza de Brixton. En sus puestos callejeros se venden especias africanas y en las tiendas de discos, con una presencia bastante superior a la media de los barrios londinenses, abundan las músicas negras: del reggae marfileño al hip hop senegalés pasando por discos de vinilo de clásicos africanos como Kasse Mady Diabaté o King Sunny Adé. “La mayoría de mis clientes son africanos o amantes de la música de África y el Caribe”, explica Tom Fisher, que desde 1998 gestiona la tienda Rat Records.

Algo más al norte, cerca de Candem, que desde finales de los años sesenta del siglo pasado se ha caracterizado por su atmósfera mestiza y sus inagotables caballerizas con tiendas de ropa, se encuentra Dalston. Este barrio es otro lugar que cualquier rastreador de la presencia africana en Londres debe pisar. Situado en la parte baja del distrito de Hackney, su actividad comercial y cultural está ubicada a lo largo de la avenida Kingsland, donde cada mañana abre un centenar amplio de tiendas dedicadas al comercio de productos procedentes de África y Asia. En su plaza de mercado, situada justo enfrente de la estación de trenes, se vende desde pescado de Mozambique a telas de Malí, pasando por música africana en discos compactos seleccionados por expertos oriundos y bisuterías étnicas.

Varios locales de la avenida principal ofrecen servicios de comunicaciones y de envío de remesas en efectivo a países de origen. “Muchos de nuestros clientes son habituales, trabajadores africanos, asiáticos y de países del este de Europa que vienen una o dos veces por mes para enviar dinero a sus familias”, explica Josephine, una joven nigeriana que atiende un despacho de Western Union en la avenida Kingsland. “Aunque ahora la libra esterlina no tiene un buen cambio respecto al euro, sí que es rentable enviar dinero que los destinatarios reciben en nairas nigerianos o en francos CFA de los países del oeste de África”, indica la responsable de este puesto de envío de remesas que también ofrece enlace a Internet por media libra por hora y, con cita previa, asesoría laboral y jurídica a los emigrantes africanos y asiáticos. Entre los primeros, especial importancia tiene en Dalston el colectivo procedente de Ghana, que ronda cincuenta mil personas y que en los días de este recorrido celebraba el empate logrado por su selección de fútbol en un partido amistoso disputado contra el combinado de Inglaterra en el estadio de Wembley. Con gol de Asamoah Gyan en el último minuto del choque contra los de Capello, el 1-1 de los africanos supo a victoria.

ÁFRICA ESTÁ DE MODA

Sigamos de camino. Bastante más conocidos que los barrios del sur y del este de Londres son Candem y Portobello, dos de las zonas comerciales famosas en la ciudad por sus mercadillos callejeros de fin de semana y su interesante oferta cultural. Aunque desde el incendio de 2008 los canales de Candem han perdido gran parte de su atmósfera bohemia y arrabalera, conviene visitar las tiendas ubicadas en lo que a primeros de siglo XIX eran las caballerizas más amplias de Londres. También Portobello, situado en el elitista barrio de Notting Hill, ofrece abundante presencia de vendedores de bisutería africana, comida afro-caribeña y, cómo no, mucha música negra.

No obstante, la evolución de la oferta comercial no convencional de Londres se ha trasladado a las calles que rodean Brick Lane, donde los domingos se puede comprar desde ropas étnicas y comida africana hasta mapas antiguos de colonias inglesas en África y Asia. La curiosa metamorfosis que se produce en Brick Lane cada domingo, cuando los puestos semanales de comidas asiáticas dejan paso al mercadillo callejero, se repite también en otra zona comercial con solera. En Petticoat Lane, junto al renovado antiguo mercado de Spitalfields, comerciantes africanos, sobre todo procedentes de Togo y Benín, ofrecen un amplio catálogo de telas estampadas como las que se comercian, también de fabricación holandesa, en mercadillos de Bamako y Dakar. Eso sí, la cercanía al centro turístico de la ciudad se paga: la pieza de cinco yardas de tela (4,5 metros) cuesta el doble que en Kingsland.

Hasta aquí llega la radiografía urbana de la creciente presencia de colectivos africanos en Londres, pero conviene no ceñir el rastreo a la economía informal y al mercadillo callejero. Con los años, la comunidad africana en la capital británica ha ganado en presencia y también en importancia. Ayuda mucho el auge que la cultura africana goza en la vida cultural británica. Sirvan dos ejemplos. Una galería situada en el corazón de la ciudad inauguró en marzo de 2011 la primera exposición que realiza en Europa el fotógrafo malí Hamidou Maiga. Contemporáneo de los titanes de la imagen popular de Bamako Seydou Keita y Malick Sidibé, este retratista presentó en sociedad una colección de treinta fotografías originales realizadas en los años sesenta en la capital malí.

Talking Timbuktu, bautizada como el legendario disco que el guitarrista malí Ali Farka Touré grabó con Ry Cooder en 1994, primer álbum africano que obtuvo el premio Grammy, recupera imágenes de alegría y efervescencia, propias de la ilusión que llegó a muchos países africanos con la recobrada independencia de las potencias coloniales europeas en los años 60. Lo explica Jack Bell, propietario de la galería homónima: “Durante esos años, las fotografías de Hamidou Maiga son un testimonio fiel de lo que fue la transición africana de presencia colonial francesa al orgullo como sociedad libre tras haber recobrado la independencia. Hasta ahora sólo conocíamos los retratos de Keita y Sidibé, aunque la obra de Hamidou Maiga no desmerece a sus contemporáneos. Y con estas imágenes únicas se refleja al mismo tiempo la personalidad de sus clientes, pero también la identidad colectiva africana y su entusiasmo por entrar en la modernidad”.

Concluye aquí este recorrido apresurado por las huellas africanas en la capital británica, por si usted planea unas vacaciones africanas… en Londres.

Publicado en la revista digital GuinGuinBali en marzo de 2011