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Músicas de Cabo Verde, los sonidos de las islas de África

13 Sep

cabo verde músicas

por Carlos Fuentes

Con su voz trémula, macerada durante años de olvido y desprecio por ese aguardiente inflamable llamado grogue en las tabernas marineras del puerto de Mindelo, Cesária Évora evocó las alegrías y las penas de Cabo Verde. La reina de la morna situó a sus diez islas en el centro del mundo cultural. Ahora una nueva generación de artistas caboverdianos mantiene vivas las llamas de la melancolía en este archipiélago anclado a medio camino de África y América.

Pocas veces un artista, una cantante, hace más por su pueblo que varias generaciones de políticos. Ocurrió con Cesária Évora: desde su presentación en un teatro de París, el público occidental aprendió a situar en el mapa el archipiélago de Cabo Verde. Gracias a esta tarjeta de presentación en forma de voz veterana, emocionante, ahora otros músicos caboverdianos disfrutan de mayor repercusión social y comercial más allá de las fronteras nacionales.

Son Mayra Andrade, Lura, Neuza, Elida Almeida y Nancy Vieira, aunque antes que ellas estaban Ildo Lobo, Titina, Norberto Tavares, Mário Lúcio, Teófilo Chantre y Tito Paris. Porque las músicas de Cabo Verde ya existían antes de Cesária Évora y no serían lo mismo sin el renovador Francisco Xavier da Cruz, el autor que todo el mundo conocería como B.Leza, responsable de nuevos pespuntes brasileños en la morna contemporánea.

No es sencillo trazar una hoja de ruta por los discos esenciales de las músicas de Cabo Verde. Músicas en plural, porque además de la melancólica morna están la coladeira, el funaná, la mazurca y el batuque. Algunas de estas producciones discográficas incluso permanecen aún inéditas en el gran mercado europeo, aunque merece la pena subrayar la importancia que tienen un puñado de discos cruciales para entender por qué unas islas africanas con medio millón de habitantes (una cantidad similar reside en la diáspora entre América y Europa) terminaron por enamorar al público comercial del otro lado del mundo.

b leza

B.Leza. Con él empezó todo, o al menos con él arrancó la fructífera pero azarosa trayectoria musical caboverdiana moderna. Introductor en el código musical isleño del llamado medio tono brasileño, Francisco da Cruz protagonizó la renovación de muchos sonidos isleños a partir de la década de los años cincuenta. Natural de Mindelo, en la isla de San Vicente, B.Leza escribió muchas mornas que forman parte del repertorio clásico del género, al que también dotó de profundidad en las letras de la canción caboverdiana por antonomasia. Su sobrina Cesária Évora es la voz más conocida entre sus intérpretes, aunque canciones suyas han cantado Titina, Tito Paris y todo artista que quiera hacerse un hueco en la escena musical de Cabo Verde.

cesaria evora

Cesária Évora. Narrar su vida atribulada requiere un libro. Apenas adolescente comenzó a cantar en tabernas de Mindelo, pero en 1975 abandonó la música para dedicarse a su familia. Pronto cayó en depresión, ahondada por el alcoholismo. Una década después, su amigo compatriota Bana luchó para que viajara a cantar en Lisboa. En 1988 se presentó en París en un recital memorable, siempre descalza en el escenario. Cize, como le decían sus amigos, se consagró con los discos La diva de los pies desnudos y Miss Perfumado. Ganó un Grammy y en 2009 recibió la Legión de Honor francesa. Su retrato está en un billete, su cara en un sello y su voz, siempre, en la memoria por una mujer noble que esquivó oropeles de fama y nunca dejó de pisar los adoquines de su pueblo.

Música - Concerto em honra do PM português

Ildo Lobo. La voz melódica de Cabo Verde lideró el conjunto Os Tubarões entre 1976 y 1994, cuando continuó carrera en solitario. Autor de álbumes emblemáticos como Tchon di Morgado y Tabanca, Ildo Lobo era natural del pueblo pescador de Pedra da Lume, en la isla de Sal. Artista querido por el público caboverdiano por su compromiso político con el país tras la independencia de Portugal, sus discos Nôs morna, Intelectual e Incondicional son una referencia para cualquier voz masculina del archipiélago. Para asistir a su funeral, celebrado el miércoles 20 de octubre de 2004, el gobierno de Cabo Verde dio la tarde libre a sus empleados. Tenía 51 años.

tito paris

Tito Paris. Además de compositor y cantante, Arístides Paris es un nombre clave en la proyección internacional de las músicas de Cabo Verde desde la sala B.Leza de Lisboa. Nació en la ciudad de Mindelo en 1963 y comenzó como baterista del grupo del veterano cantante Bana, quien mantuvo una presencia constante como puente entre Lisboa y Cabo Verde para los nuevos músicos nacionales. En 1987 Tito Paris publicó un primer disco a nombre propio, Fidjo maguado, al que siguió el álbum Dança ma mi criola. Acompañó durante muchos años a Cesária Évora, de cuyo grupo fue director y para la que escribió nuevas canciones. También fue quien protegió a la gran dama de la canción caboverdiana de tentaciones comerciales derivadas del enorme éxito logrado por la morna en los principales escenarios europeos. Su grabación más reciente es Acústico, donde Tito Paris recopila algunas de las mornas más emblemáticas de Cabo Verde.

mayra-andrade-2

Mayra Andrade. Aquí podrían estar sus coetáneas Lura y Nancy Vieira o la veterana Titina. Pero pocas voces están a la altura de tomar relevo de la reina de la morna como la de esta hija de la diáspora nacida en Cuba y criada entre Senegal, Angola y Alemania. En Praia dio sus primeros pasos, luego actuó como telonera de Cesária Évora y ya en 2003 se estableció en París. Ha grabado duetos con Chico Buarque, Caetano Veloso y Lenine, también con Charles Aznavour, la fadista Mariza y el pianista Roberto Fonseca. Su trilogía Navega, Stória stória y Studio 105 refleja los renovados vuelos de la canción de Cabo Verde con una voz emocionante por sencilla y natural. Recuerden su nombre, será una estrella.

Elida Almeida. El penúltimo regalo de Cabo Verde es esta joven nacida en 1993 en el pueblo de Pedra Badejo, isla de Santiago. Comenzó vendiendo fruta en mercados callejeros y acaba de debutar con Ora doci, ora margos (Ahora dulces, ahora amargos). Fiel reflejo del corazón partido del pueblo caboverdiano: entre la saudade de tiempos mejores que no terminan de llegar y el anhelo por salir del pozo del subdesarrollo africano. Trece canciones, en fin, sobre el milagro cotidiano de vivir en estas islas de África interpretadas con emoción en kriolu, el singular idioma hijo de Portugal, África y Brasil.

Publicado en la revista NT en mayo de 2016

Chris Dercon: “El gran reto de un destino turístico es buscar una forma positiva de integrar a residentes y visitantes”

16 Oct

 

Chris Dercon 1

por Carlos Fuentes

Chris Dercon entra, despacio, en el centro cultural El Tanque. Con la curiosidad de un navegante, el director de la Tate Modern observa a ciegas este océano metálico de oscuridad. En un círculo de paredes negras, bajo una telaraña de acero. Dercon anotará luego que el ojo humano “necesita 900 segundos” para acostumbrarse a la ausencia de luz. Y dirá que esta singularidad predispone a la visita del viejo depósito de petróleo reconvertido en espacio cultural en 1997.

El belga Chris Dercon (Lier, 1958) está en Tenerife para defender una alianza entre arte y turismo con la puesta en valor de recursos naturales y tecnologías. Aprender del medio, pero también tener la valentía para abrir el escenario al mundo. Un buen símbolo es la Tate Modern, abierta el año 2000 en una vieja central eléctrica al sur de Londres. Desde entonces es uno de los museos más visitados del planeta: siete millones de visitantes al año. Toda una resurrección. Chris Dercon participa en los Encuentros Denkbilder sobre el papel de los museos y las salas de arte en el mundo contemporáneo.

El jefe de la Tate Modern defiende una mayor integración en el tejido social de las ciudades, visitantes incluidos. ¿En plena era smartphone? “Claro, los museos son lugares para descubrir o redescubrir una velocidad más razonable. Son sitios clave de presente y futuro porque aportarán experiencias al margen del ritmo de vida. Y ganarán espacio propio como ya hicieron el cine, la ópera e incluso la televisión. Cuando nos sentamos a ver una buena serie ya no hacemos tanto caso al móvil. De hecho, creo que series como The Wire o Breaking Bad demuestran su éxito al ser capaces de sentarte una hora ante la televisión. El museo será un lugar de sosiego y también un lugar de encuentro, grandes espacios de intercambios alrededor de la cultura”. Entonces, de prohibir móviles y tabletas ni hablar. “No, no. El museo ofrecerá una experiencia física en torno al arte, pero también una experiencia digital. Sería ridículo que una sala excluyera móviles y aplicaciones cuando con ellos yo puedo mejorar mi experiencia en la visita. Aunque se necesitará un equilibrio entre lo digital y la confrontación directa con las obras”.

Chris Dercon 3

¿Coexisten arte y turismo en tiempos de crisis? “El gran reto de destinos como Tenerife, y por extensión todas las islas de Canarias, es buscar una manera positiva de integrar a residentes y turistas. No solo en Canarias, también en Barcelona, Londres o Berlín. El gran reto es cómo gestionar la integración del turismo que llega. Actualmente Tenerife acoge muchos turistas por su patrimonio natural, que es increíble, pero la isla también puede desarrollar un turismo de cultura. El turismo en sí mismo no es malo ni bueno, depende de las formas. Por eso es tan importante lograr un buen vínculo entre visitante y entorno social. Con el tiempo, el turista será más curioso y va a pedir nuevos espacios, nuevas experiencias. Y la cultura puede mejorar mucho la calidad turística del destino, respetando siempre el territorio y sus tradiciones”.

Chris Dercon 4

No ha sonado un móvil, pero el tiempo apremia. Aunque Chris Dercon prefiere seguir hablando de arte y naturaleza. ¿Qué parece el Teide? André Breton salió fascinado de aquí hace 80 años, puro surrealismo. “Y también el gran explorador alemán Humboldt”, recuerda el director de la Tate Modern. “Ahora entiendo por qué esta montaña es patrimonio de la humanidad. La visita es una experiencia que debes vivir por ti mismo. Pasear entre esos ríos de lava donde solo pocos microorganismos logran sobrevivir, ese suelo es fascinante”.

Publicado en la revista C Magazine en septiembre de 2015

Días de sol y playas junto al volcán más joven de África

1 Oct

volcán Fogo 1

por Carlos Fuentes

Son diez pedazos de África situados en medio del océano Atlántico. Diez islas de naturaleza exigente y paisajes marcados por la tranquilidad. Diez porciones de desierto volcánico trasterradas mar adentro que durante los últimos años se ha convertido en uno de los mejores destinos turísticos para conocer la rica cultura africana. Cabo Verde, que ni es cabo ni es verde, se brinda ahora al visitante como destino amable cerca de Europa con su melancólica música morna sonando siempre de fondo.  

El archipiélago de Cabo Verde está situado a seiscientos kilómetros al oeste de la costa africana de Dakar, la capital de Senegal, y a 1.600 kilómetros al sur de Canarias. La historia de este territorio repartido en diez islas habitadas nació en el año 1456 con su todavía controvertido descubrimiento, ya que tres marinos se atribuyeron su hallazgo hace cinco siglos. Sea como fuere, gracias a la labor descubridora del explorador genovés Antonio da Noli, del navegante veneciano Luis Cadamosto y del viajero portugués Diogo Gomes de Sintra, las islas de Cabo Verde fueron sumadas a la corona portuguesa por orden directa del infante Henrique de Avis, también conocido por el sobrenombre El Navegante.

Poco tiempo después, casi todas las rutas marítimas y comerciales enlazaban ya los puertos europeos con los nuevos destinos coloniales en América y Asia, lo que con el paso de los siglos terminó de dibujar la singular personalidad social, económica y cultural caboverdiana que hoy se conoce. En la actualidad, la población de Cabo Verde alcanza medio millón de personas que se reparten en los poco más de cuatro mil kilómetros cuadrados que tienen estas diez islas de la Macaronesia africana. Convertido ahora en un creciente destino turístico de sol, playa y naturaleza, Cabo Verde lleva un lustro afianzando su mercado de turismo y ocio. Sólo durante el pasado año 2014 más de medio millón de turistas extranjeros visitaron una de las islas de este archipiélago volcánico.

Fogo isla

Con solo 476 kilómetros cuadrados de extensión y una población de 37.000 personas, la pequeña isla de Fogo se encuentra situada al sur del arco de diez islas del archipiélago de Cabo Verde. Comparte el denominado grupo de cuatro islas de sotavento con las islas de Santiago, la de mayor extensión por sus 991 kilómetros cuadrados y que cuenta con 266.000 habitantes; Maio, con 269 kilómetros cuadrados y una población de ocho mil personas; y Brava, con solo 67 kilómetros cuadrados y apenas seis mil habitantes. Al norte de estas cuatro islas caboverdianas se halla el denominado grupo de barlovento, compuesto por seis islas: San Antonio, con 779 kilómetros cuadrados de extensión y una población de cincuenta mil personas; Boa Vista, con seis mil vecinos residiendo en sus 620 kilómetros cuadrados; San Nicolás, de 357 kilómetros cuadrados de extensión y catorce mil habitantes; Sal, con 216 kilómetros cuadrados y 18.000 habitantes; San Vicente, con 227 kilómetros cuadrados de extensión y una población cercana a las ochenta mil personas; y la deshabitada Santa Luzia.

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La isla de Fogo fue uno de los primeros lugares que fueron poblados en este país insular atlántico, aunque durante buena parte de la primera etapa de su poblamiento la isla se denominó San Felipe. Fue precisamente una erupción volcánica anterior, ocurrida en el año 1860, el hecho que provocó el cambio de la denominación oficial de la isla. Fogo posee una naturaleza singular por su dureza, marco natural que se corona con el volcán homónimo de 2.829 metros de altura. Habitada desde el año 1500, la isla ha dominado las rutas por mar entre Europa, América y Asia, así como por los buenos resultados que dieron pronto las explotaciones de pescado y sal, principalmente, desde el siglo XVI.

lava Fogo

El auge creciente de las diferentes formas de turismo en la naturaleza sumó, de improviso, la atracción incomparable de una erupción volcánica en Cabo Verde. Desde finales de noviembre pasado, el volcán de Fogo, del que tomó nombre la isla, se encuentra activo. En los primeros momentos se temió por problemas de seguridad importantes, así como por las consecuencias que la emisión del material volcánico tuvo en el tráfico aéreo nacional e internacional, pero al final los daños causados directamente por la lava del pico de Fogo se limitaron a los daños en dos pequeñas aldeas, Portela y Bangaeira, ambas situadas a los pies de la caldera que rodea el volcán y que los nativos caboverdianos llaman Chã das Caldeiras. También se produjeron daños materiales en la aldea de Ilhéu de Losna, donde el riesgo principal se relacionó con los cultivos vinícolas isleños.

lava 2 Fogo

Al pie de las calderas está situado el recoleto pueblo de Pedro Brabo, cuyo millar escaso de habitantes viven dedicados a las labores agrícolas de la vid, el café, los árboles frutales y las plantas leguminosas, todas cultivadas sobre el singular suelo de lava volcánica caboverdiana. Desde Pedro Brabo, la subida a pie hasta el pico de Fogo se puede realizar por un sendero que enlaza con el cráter en una excursión que se alarga entre tres y cuatro horas de paseo con un desnivel de mil metros. Justo al final del sendero está la parte más exigente de esta ruta en la naturaleza, pero las vistas desde la cima merecen la pena porque el pico posee unas extraordinarias vistas que abarcan casi toda la isla. Desde la base de la montaña, ya en el camino de vuelta, se puede conectar por carretera con la pequeña localidad de San Felipe, que es el principal núcleo de población de la costa oeste de Fogo y cuenta con alrededor de 55.000 vecinos.

volcán Fogo 4

En San Felipe el visitante verá recompensado su esfuerzo, ya que la oferta en gastronomía local ofrece lo mejor de la isla de Fogo. Es típico aquí disfrutar de la sopa de legumbres llamada catxupa, así como de pescado fresco a la brasa y carnes de cerdo y cabrito. Para refrescar en Cabo Verde se toma buen café, ricos zumos de frutas autóctonas y un licor elaborado con albaricoques llamado Espírito da Caldeira. Quesos artesanales de leche de cabra, vinos dulces y secos completan un menú que se corona con licores típicos de hierbas y frutas. También son importantes en Cabo Verde las huellas que su pasado colonial ha dejado en calles, edificios y costumbres. Entre el patrimonio cultural de las islas destaca su música híbrida de influencias africanas, europeas y americanas. De hecho, la principal referencia personal de Cabo Verde es la cantante Cesaria Évora, natural de la ciudad portuaria de Mindelo. Allí maceró un tipo de canción emocionante y melancólica llamada morna. Fue la música que desde principios de los años 90 del pasado siglo puso a Cabo Verde en un lugar protagonista en el universo de las músicas étnicas. Aunque la diva de los pies descalzos murió en 2011, en Mindelo se pueden visitar su casa natal y los lugares donde cantó.

gente volcan

Crecen los viajes de turismo en Cabo Verde

Los atractivos de diez islas sembradas en medio del Atlántico, a medio camino entre Europa, América y Asia, continúan cotizando al alza en el mercado de los viajes turísticos internacionales. Cabo Verde se ofrece al visitante como lugar singular, casi no tocado por la actividad humana y, sobre todo, a tiro de piedra de los países emisores de turismo europeo. Según datos del Instituto Nacional de Estadística del país africano, los establecimientos hoteleros de Cabo Verde sumaron más de medio millón de visitantes durante la temporada del año 2014, con lo que el número de pernoctaciones diarias ascendió hasta 3,5 millones de estancias. En los países de origen de los visitantes destacan Reino Unido, que abarcó el 18% de visitantes con una estancia media de nueve noches en hotel; Alemania, con el 13% de las visitas anuales; Francia (11,5%) y la antigua potencia colonial de Portugal (11%). Por islas, Sal fue el principal destino para el 41,5% de los turistas, seguida por Boa Vista (33%) y Santiago (13%).

Publicado en la revista revista NT en abril de 2015

Cinco siglos de historia ante quince kilómetros de mar

10 Jun

Cabo Verde mapa 1746

CABO VERDE

por Carlos Fuentes

Puede hacerlo en cómodo autobús o en bicicleta, incluso a pie. Apenas quince kilómetros separan Praia, la capital del archipiélago de Cabo Verde, de su añeja vecina, Cidade Velha, la primera población fundada hace cinco siglos en estas islas africanas. Quinientos años de recorrido entre vestigios del auge colonial, reposada vida callejera, huellas de religión antigua y, ya hoy, una tranquila ciudad comercial y turística abierta al oceáno Atlántico.

La historia del archipiélago de Cabo Verde, situado a algo más de seiscientos kilómetros al oeste de la costa continental africana de Dakar (Senegal) y a unos mil seiscientos kilómetros al sur de las islas Canarias, arrancó en el año 1456 con una controversia entre caballeros de ley por la autoría de la primera noticia de su descubrimiento. Porque tres hombres de mar son aún los aspirantes al hallazgo de estas diez islas africanas: el explorador genovés Antonio da Noli, el navegante veneciano Luis Cadamosto y el viajero portugués Diogo Gomes de Sintra. Suele atribuirse la gloria a este último marino, aunque los tres nobles trabajaban para el infante Henrique de Avis “El Navegante” (1394-1460) y, a la postre, el reino de Portugal sumó la conquista de una decena de islas deshabitadas que, en los siglos siguientes, se iban a convertir en puertos fundamentales para el desarrollo de las importantes rutas comerciales atlánticas hacia destinos de América y Asia. Fue durante este intenso trasiego histórico cuando, poco a poco, se tejió para siempre la singular personalidad social y cultural del pueblo caboverdiano.

Cabo Verde campoMedio millón de personas residen actualmente en Cabo Verde, cuyas diez islas suman una extensión total de poco más de cuatro mil kilómetros cuadrados. En lo relacionado con la actividad económica, comercial y turística de Cabo Verde, tres islas sobresalen por su importancia: la isla de Santiago, donde se ubica la ciudad de Praia como capital de la república; la isla de Sal, centro de actividad turística con un aeropuerto de escala internacional; y la isla de San Vicente, en cuya capital Mindelo late el corazón cultural de los caboverdianos. Es curioso el caso de Cabo Verde: muchas personas no han sido capaces de dar su ubicación concreta hasta la aparición de una cantante menuda que cautivó al mundo con sus canciones de melancolía, morriña y nostalgia. Con Cesária Évora no solo se conoció la morna, esa canción emblemática del folclor caboverdiano, ya que al mismo tiempo muchos lograron, por fin, situar a este archipiélago en un mapa. Y por cerrar el círculo musical, no sólo de morna vive el caboverdiano, aficionado desde siempre a otros ritmos bailables como el funaná y las festivas coladeiras.

 Aunque todo empezó cinco siglos antes. En 1462 el primer asentamiento tomó el nombre de Ribeira Grande y se convirtió en el primer núcleo poblacional de un país europeo más allá de la cornisa mediterránea del Magreb, ya al sur del gran desierto del Sáhara. Posteriormente, en el año 1532, con la concesión de la bula del papa Clemente VII, Cidade Velha acogió la primera diócesis de la iglesia católica asentada en la costa occidental de África. Estos factores de desarrollo incipiente elevaron la importancia social, económica y comercial del primer puerto de la isla de Santiago. En épocas posteriores por su bahía pasaron marinos ilustres como el portugués Vasco de Gama, que en 1497 se detuvo en Cabo Verde en su ruta marítima hacia la India, y el genovés Cristóbal Colón, que se aprovisionó en Cidade Velha en su tercer viaje a América realizado en 1498. También son famosas las visitas del corsario inglés Francis Drake, que asaltó la ciudad varias veces entre 1578 y 1585. Menos orgullo causa el protagonismo que esta ciudad antigua tuvo durante los siglos XV y XVI debido al tráfico de esclavos y al comercio de madera, caña de azúcar, algodón y frutas tropicales.

Praia Chaves (Boavista, Cabo Verde)

En Cidade Velha la historia late en las calles y en su patrimonio arquitectónico. Designada en 2009 ciudad patrimonio de la humanidad por la Unesco, una ruta turística por la añeja capital de Cabo Verde ofrece visitas a edificios singulares como las iglesias de Gracia y de Nuestra Señora del Rosario, el templo colonial más antiguo del mundo y superviviente de media docena de iglesias de la época portuguesa dedicados a la Virgen de la Concepción, Santa Lucía y San Pedro. En la parte baja de la ciudad se encontraba la casa hospital de la Misericordia y el antiguo centro de la Compañía de Jesús, muy próximos al Palacio Episcopal y a las ruinas de la catedral de Cidade Velha, edificada en estilo renacimiento tardío en 1705 y arrasada siete años después. Aquí sobreviven la fortaleza real de San Felipe, que vigila la bahía desde 120 metros de altura; el convento de San Francisco, construido a mediados del siglo XVI y luego saqueado por piratas franceses liderados por Jaques Cassard en 1712; y una picota o “pelourinho” con rollo de mármol esculpido en estilo manuelino sobre tres peldaños en 1520. Es el símbolo del esplendor colonial de Cidade Velha, antigua capital de las islas de Cabo Verde, que aún se mantiene entre las siete maravillas históricas de origen portugués en el mundo junto a sitios de Brasil, India, China y Marruecos.

El relevo de Cidade Velha como capital del archipiélago, estado independiente desde el 5 de julio de 1975, lo había tomado la ciudad de Praia en el año 1769. En la actualidad esta urbe portuaria de 125.000 habitantes ofrece razonables oportunidades para pasear con tranquilidad y disfrutar de sus atractivos turísticos. En Praia se desarrollan también buena parte de las actividades comerciales y empresariales del país, e incluso en algunos lugares emblemáticos de la ciudad es posible combinar el ocio con el negocio al aire libre. Uno de los paseos recomendables transcurre entre árboles y calles de tierra por el popular mercado central de Sucupira, un laberinto de tiendas y puestos móviles ubicado en el barrio de Várzea en el que cada día se ofrecen las mercancías más diversas. En este amplio centenar de establecimientos populares se venden desde las típicas telas africanas estampadas de colores a un importante catálogo de productos artesanales destinados para la mesa o el salón. Todo siempre ambientado con música popular isleña, pasatiempos de ocasión y sabrosas comidas tradicionales caboverdianas. Junto a este epicentro comercial de uso diario, la ciudad de Praia también ofrece visitas interesantes al Palacio de la Cultura, al Museo Etnográfico, al cuartel de Jaime Mota y al Archivo Histórico Nacional. Asimismo, en la parte baja de la ciudad se encuentra el animado campus de la Universidad de Cabo Verde, muy cerca de las plazas de Luis de Camões y Alejandro de Albuquerque.

Iglesia Cidade Velha Cabo verdeY en Cabo Verde no hay historia antigua en la que no aparezca una iglesia centenaria. Aquí la tradición conserva un hito fundamental para comprender la propagación intercontinental de la fe cristiana. La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario es el templo más importante del archipiélago africano. Y no es una iglesia cualquiera: está considerado el primer recinto sagrado católico que se construyó en la costa occidental de África y, sin duda más importante, la primera iglesia construida en suelo colonial. Levantada en 1495 con una obra de estilo manuelino portugués, el templo situado en el corazón de Cidade Velha, que fue capital nacional en la isla de Santiago hasta el año 1769, se mantiene en pie gracias a su restauración con fondos portugueses y españoles. Similar a la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz, otro ejemplo del gótico tardío portugués ubicado en Mindelo, isla de San Vicente, este templo de Cidade Velha acogió en 1652 al padre Antonio Vieira en la ruta de apostolado hacia Brasil. Todavía hoy se puede asistir a misa domingo y recordar la generosa descripción del lugar que hace tres siglos y medio hizo el religioso portugués: “Hay aquí padres tan negros como azabache. Pero sólo aquí son diferentes de los de Portugal, porque tan doctos, tan bien criados, tan buenos músicos que dan envidia a los mejores de las mejores catedrales de Portugal”.

Publicado en la revista NT en junio de 2013

Turistas nuevos por las viejas calles de Madeira

5 Abr

Funchal Madeira

Por Carlos Fuentes

Hay lugares pequeños repletos de historias grandes. Y las islas de Madeira y Porto Santo están a la altura del paso del tiempo. Descubiertas por marinos portugueses a principios del siglo XV, estos dos pedazos de región atlántica de Portugal atesoran suficientes argumentos para que el viajero visite su historia añeja y contemple las riquezas que la naturaleza brinda en apenas ochocientos kilómetros cuadrados de tierra firme.

Aunque hay vestigios anteriores a la conquista portuguesa, la vida conocida de Madeira, la isla, y de Porto Santo, su hermana pequeña, hunde sus raíces en los albores de la navegación transatlántica. Y comenzó con una casualidad: en 1418 los barcos de João Gonçalves Zarco y Tristão Vaz Teixeira, caballeros del Infante Henrique en la ocupación portuguesa de Ceuta ocurrida tres años atrás, recalaron en la costa de Porto Santo después de sufrir una avería durante su navegación por el litoral africano. Al año siguiente, seguidos por Bartolomeu Perestrelo, los tres navegantes sentaron los reales portugueses en Madeira. Y en 1425, decidida la ocupación estable de las dos islas con las miras puestas en su elevada importancia estratégica en las rutas comerciales, impulsaron el establecimiento de primeros núcleos poblados. Fue un caso singular: las tres familias portuguesas de los navegantes descubridores fueron las primeras en fijar residencia, con una representación de la nobleza del continente e incluso algún ex presidiario, en estas dos islas atlánticas recién conquistadas para la corona de Portugal. Por ubicarnos en el mapa: a 450 kilómetros al norte de Canarias y a 700 kilómetros al oeste de la costa africana frente a Marruecos. De la capital nacional, Lisboa, la isla de Madeira se encuentra a 975 kilómetros.

Madeira FunchalCon Funchal como primer epicentro portuario y ciudad en ciernes, el ingenio portugués y la abundancia de bosques para extraer madera (de ahí el nombre de la isla grande) permitieron distribuir agua natural desde la comarca norte a la más seca zona sur de la isla. Y con el agua llegó el trabajo en el campo. La agricultura se convirtió en un creciente factor de riqueza en las islas y, junto a la pesca, originó las primeras explotaciones de entidad. El buen trigo de Madeira pronto dio para abastecer a la incipiente población local y luego se convirtió en el primer producto de exportación al continente. Otra casualidad, la crisis coyuntural en el cultivo de cereales, llevó al Infante Henrique a ordenar la plantación de caña de azúcar. La decisión se confirmó como un gran acierto y, como ocurrió también en Canarias, las islas portuguesas vieron pasar el siglo XVI en una situación ventajosa. El prensado de la caña permitió el auge de la labor de refinado, cuyos méritos eran reconocidos en los principales mercados europeos. Y al igual que en Canarias, la riqueza del azúcar se plasmó en obras de arte flamenco que eran instaladas en las iglesias más antiguas de Madeira.

Madeira palmCon el siglo nuevo, ya en el diecisiete, estas dos islas portuguesas dieron otra vuelta de tuerca al trabajo en el campo. Al calor de la creciente proyección internacional de los vinos portugueses en Europa (a finales de siglo el añejo vino de Oporto ya será un clásico en las mejores mesas continentales), Madeira y Porto Santo también se apuntaron a la fiebre vinícola impulsada por el interés británico en los caldos portugueses. De hecho, la declaración de puerto de escala para la flota inglesa entre 1660 y 1704 permitió que comerciantes de esa nacionalidad arraigaran en Madeira, fundaran negocios, impulsaran el comercio con el continente y, a la postre, terminaran por definir buena parte de la idiosincrasia de los isleños. Un último apunte histórico tomado al vuelo se puede escribir en clave individual: originario de Madeira era el fotógrafo Jordão da Luz Perestrello, autor de las primeras imágenes de uso turístico en su isla natal y en Canarias, sobre todo a partir de su residencia desde 1900 en Las Palmas de Gran Canaria. Fotógrafo no exento de perfil polémico porque, aprovechando la escasa comunicación que existía entre ambos archipiélagos, posesiones insulares de países rivales, llegó a falsificar imágenes y nombres de ambas regiones. Tan fácil situaba el mismo paisaje en un jardín de Funchal como vendía otra postal con el mismo escenario aunque databa la foto en el norte de Tenerife. Con todo, Jordão da Luz Perestrello dejó su sello en el álbum clásico de la fotografía en Canarias.

Old FunchalEn la actualidad la postal turística ha caído en desuso, pero las visitas siguen siendo un motor económico para Madeira. Puerto habitual de cruceros, como antes lo fue de barcos transatlánticos, la ciudad de Funchal condensa buena parte de las actividades de interés turístico. De hecho, una ruta por esta capital regional de 112.000 habitantes comienza por su puerto de larga trayectoria, ya que frente a la rada está el histórico barrio de Santa María, primero que acogió a la población venida del continente, y uno de los tres barrios viejos de Funchal junto al barrio de la catedral Sé, también al pie de la bahía, y el de San Pedro, ya en las estribaciones de la loma principal sobre este puerto de bella estampa. Por el camino, el paseo permite indagar en la historia de la obra civil, militar y religiosa en Madeira. Se conservan edificios añejos como la iglesia-monasterio de Santa Clara, construida a finales del siglo XV. Respuesta a los saqueos fue la edificación del sólido palacio-fortaleza de San Lorenzo, con su singular torre almenada ante la bahía. El culto cristiano se radicó en la emblemática catedral de 1514, a la altura de las necesidades cuando Madeira fue la capital religiosa de la Iglesia Católica en las tierras conquistadas en América. En este templo se puede contemplar una cruz de plata maciza donada por el rey Manuel I y que está considerada uno de los mejores diseños de la orfebrería portuguesa.

Antes de salir de excursión por la isla conviene visitar algún museo en Funchal. Y los hay para casi todos los gustos. De arte flamenco y portugués se nutre el de Arte Sacro, el Museo Vicentes ofrece una retrospectiva de la historia de Madeira y Porto Santo a través de sus fotografías y el Arte Contemporáneo exhibe nuevas tendencias en el antiguo fuerte de San Tiago. Los amantes del vino y su historia legendaria tienen dos paradas estratégicas: el Museo del Vino, el Bordado y la Artesanía y el museo-bodega que rescata la historia de John Blandy, uno de los pioneros del vino espirituoso de Madeira a partir de su establecimiento en la isla en 1808. Para quienes busquen momento de sosiego entre paseos está la Quinta de las Cruces, interesante parque con orquidario en la que fue segunda residencia del descubridor João Gonçalves Zarco, o el Museo Regional de Madeira, ubicado en el Palacio de San Pedro como colofón de la historia pasada y reciente de este archipiélago portugués en el Atlántico.

Porto Santo MadeiraConocida la historia junto al mar, las tierras altas de Madeira permiten disfrutar de una panorámica imponente sobre la bahía de Funchal, que para muchos barcos es el último puerto europeo antes de afrontar la travesía trasatlántica, y también adentrarse en uno de los últimos boques de laurisilva que se conversan en Europa. Esta excursión debe comenzar en la localidad de Monte, situada a unos nueve kilómetros de la costa capitalina y donde se puede visitar la iglesia de Nuestra Señora de Monte, venerada en la región desde 1470, y pasear los ocho kilómetros de jardínes y bosques en el Largo das Babosas. Aunque el tesoro verde espera monte adentro. Declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999, el bosque de laurisilva de Madeira brinda aromas de árboles milenarios como el til, el laurel, el viñátigo y el palo blanco junto al brezo y el acebiño de Madeira. Entre ejemplares de paloma torcaz endémica, de petrel de Madeira y de cernícalos y pinzones, el visitante del Parque Natural de Madeira puede contemplar la zona de reserva integral con la que se intenta conservar esta reliquia vegetal de pasado, unos bosques de historia legendaria que apenas sobreviven en otras áreas de Canarias, Azores y Cabo Verde.

Publicado en la revista NT en abril de 2013

 

Los últimos de Cuba

30 Jun

Un libro de Carlos Fuentes presentado en junio de 2008.

Puedes echarle un vistazo aquí.

Sinopsis: La historia de la emigración canaria a Cuba es el guión infinito de una gran tragicomedia. Una ópera humana en la que desde finales del siglo XIX no faltan héroes ni villanos, y en la que abundan risas, música y llantos. En cada pueblo de Canarias, casi en cada casa isleña, sobreviven retazos de la memoria de quienes se fueron buscando un futuro de riqueza y prosperidad océano a través. En barcos de pobre. Muchos emigrantes nunca volvieron a la tierra en que nacieron. Fueron sus familias, rotas por las olas bravas del Atlántico, las que guardaron los recuerdos y las ausencias en las gavetas oscuras del olvido para lograr sacar la cabeza del agujero de la nostalgia. Los últimos de Cuba reúne una serie de reportajes realizados por el autor durante sus viajes a la isla antillana.

Ediciones Idea. Colección Quinta Columna

194 páginas. ISBN: 978-84-8382-340-8