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Nuakchot, la ciudad que nació en el desierto del Sáhara

9 Ene

Nuakchot

por Carlos Fuentes

Es una de las capitales más jóvenes de África y un buen ejemplo de trabajo y superación frente a adversidades de la naturaleza en la República Islámica de Mauritania. Con un millón de habitantes, la ciudad de Nuakchot se ofrece como una puerta de entrada renovada a una región que busca el desarrollo social y económico en la frontera occidental entre el Magreb y el África subsahariana.

Aunque ocupa unas tierras que tienen siglos de historia, la ciudad de Nuakchot es una de las capitales más jóvenes de África. Su creación fue una de las primeras decisiones que adoptó la nueva República Islámica, surgida a finales de 1958 pero que hasta dos años después no obtendría el pleno reconocimiento de independencia por parte de Francia, su antigua potencia colonial. La construcción de Nuakchot se decidió a partir de la existencia en el lugar de un pequeño emplazamiento militar francés. El nombre de la ciudad proviene del término bereber Nawākšūṭ, que según diversas transcripciones puede significar “lugar de vientos”, “playa-bahía” o “lugar donde aparece el agua cuando se cava un pozo”. Fue a partir del periodo de dominio francés, y Nuakchot entonces apenas contaba con un escaso destacamento compuesto por quince soldados, cuando el medio millar de habitantes inició un crecimiento sostenido que ya no se detendría hasta el casi millón de personas que ahora residen en la capital administrativa de la República Islámica de Mauritania.

mezquita Nuakchot

Con la aprobación de las autoridades francesas e impulsada por las incipientes fuerzas nacionalistas de Mauritania, la construcción de la ciudad de Nuakchot se concebió sobre un mapa diseñado en las postrimerías de 1959 por el arquitecto francés André Leconte. Su propuesta principal consistió en diseñar y programar la construcción de dos nuevos núcleos poblacionales que hicieran crecer la ciudad africana. Un barrio surgió alrededor de la pequeña fortaleza de piedra superviviente de la época colonial, lo que a la postre se convirtió en el denominado barrio europeo; y otro núcleo poblacional se desarrolló junto a la mezquita central de Nuakchot, que ahora es una de las estampas más emblemáticas de la capital mauritana.

Cuando comenzaron las obras, la proyección de población para el futuro apuntaba a ocho mil habitantes en 1980. En los siguientes años, varias etapas de sequía consecutivas arruinaron buena parte de la agricultura y la ganadería en pueblos y ciudades del interior, lo que produjo un éxodo de antiguos campesinos hacia la capital en busca de un puesto de trabajo. En la actualidad, los habitantes de Nuakchot no bajan de ochocientos mil debido al auge económico nacional experimentado en los últimos tiempos por el aumento de la construcción de obra pública, edificios e infraestructuras básicas.

pesca Nuakchot

Situado a escasos cuatro kilómetros de la línea de mar, el centro de Nuakchot rodea las zonas de actividad administrativa y política, ya que una ciudad tan joven como la capital de Mauritania carece de acervo histórico monumental de importancia. Nuakchot es una urbe de casas bajas repartidas en nueve distritos, con pocos edificios de diez o más plantas y numerosos barrios creados por la llegada sobrevenida de nuevos emigrantes interiores. Las zonas de la ciudad más transitadas son las del centro administrativo, que además ofrecen posibilidad de realizar visitas culturales a lugares como el Museo Nacional, donde se expone una colección de objetos de la vida nómada, restos arqueológicos y muestras de las ciudades antiguas de Mauritania. Otra área destacada de la ciudad es el barrio de Tevragh Zeina, zona residencial del norte donde se ubican las sedes de la Presidencia de la República y de la Embajada de Francia. Aquí también están las redacciones de algunos de los periódicos más importantes del país y se encuentra la popular librería El Irvan.

En la sede del Instituto Francés, una de las instituciones más activas en la vida cultural de Nuakchot, exponen artistas nacionales, se organizan conciertos y se proyectan las últimas novedades del cine europeo. Para aprovechar una corta estancia de turismo o negocios en la capital de Mauritania, también es interesante consultar los programas de actos del Centro Cultural Marroquí, con exposiciones de pintura, artesanía y cursos de árabe; del Conservatorio de la Música y de las Artes, donde se imparten cursos de música, danza y también se organizan conciertos; y la Asociación de Artistas y Pintores de Mauritania, que tiene una muestra permanente. Otras salas de arte con exposiciones en Nuakchot son Zeinart Concept, que ofrece arte afro-mauritano, y Galerie Sinaa, con artesanía y joyería.

El escenario de la ciudad de Nuakchot, capital de una república islámica, está dominado por la presencia de las numerosas mezquitas que cada viernes congregan a los fieles de la primera ciudad de Mauritania. El templo más emblemático y de mayores proporciones es la llamada Gran Mezquita o Mezquita Saudí, por el diseño de sus pintorescos minaretes y también por el apoyo financiero que Arabia Saudí prestó a las obras de su construcción. Levantada en 1963 al sur de la avenida que honra al presidente egipcio Abdel Nasser, la denominada Mezquita Marroquí es otra estampa imprescindible del horizonte urbano de la ciudad de Nuakchot, con su único minarete blanco que tratar de emular al de la Kutubía de Marrakech. En la totalidad de los templos religiosos musulmanes de Mauritania, ya que muchos de ellos continúan en uso después de varios decenios, no se permiten visitas.

artesanía Mauritania

De compras sobre calles de arena

Cualquier visita a Nuakchot, ya sea de turismo o por motivos de trabajo (entre noviembre y marzo el clima es suave, con una temperatura media de veinte grados), puede completarse con un tiempo para el paseo y las compras. Cerca de la Mezquita Saudí se encuentra el mercado Capitale, donde es posible encontrar productos artesanos de Mauritania como el tradicional juego de té, abalorios y artículos de joyería, así como prendas confeccionadas en cuero. También es posible encontrar artesanías de los países vecinos como coloridas telas procedentes de Senegal o collares tradicionales de poblaciones nómadas de Mali. Junto a la Embajada de Francia se encuentra un mercado de artesanos donde se pueden adquirir piezas de joyería en plata con diseños típicos de las culturas del desierto, además de cajas y joyeros elaborados en metales finos. En la parte alta de la ciudad, cerca de la avenida de la Embajada de Senegal está abierta al público Zein Art, galería especializada en diseños contemporáneos que expone obras de los jóvenes creadores de Mauritania.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2014

 

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Mauritania, la puerta al desierto más antiguo

13 Oct

Hombre de Mauritania

por Carlos Fuentes

Con la tenacidad y el esfuerzo de quien vive junto al mayor desierto del planeta, Mauritania se abre al mundo con una oferta turística que combina una historia ancestral con singulares aventuras en la naturaleza en un territorio que supera el millón de kilómetros cuadrados. Para potenciar los crecientes vínculos sociales y comerciales entre las Islas Canarias y el país norteafricano, Binter Canarias inaugura ahora una conexión aérea directa entre las ciudades de Nuakchot y Las Palmas de Gran Canaria.

La historia de Mauritania es un cuento de superación frente a las dificultades. En el siglo XI ya el Imperio de Ghana había gestionado estas tierras duras que se encuentran situadas en la vertiente atlántica del Sahel, la enorme cicatriz geográfica que delimita el África negra de la gran región del Magreb. Fueron los almorávides los que lograron administrar el territorio y, mediado el siglo XVII, enviados de la tribu yemení Beni Hassan lograron imponer su forma de vida y su lengua, el hassanía. Este dialecto árabe de naturaleza oral principalmente, con notables influencias bereberes, se convirtió en la lengua dominante entre la población mayoritariamente nómada de zonas próximas al desierto del Sáhara. En la actualidad, además de en Mauritania, una población estimada en tres millones de personas habla hassanía en amplias áreas de Marruecos, Sáhara Occidental y Argelia, y en zonas más pequeñas de Malí, Níger y Senegal.

Con el siglo XX llegó el periodo de colonización que marcó el devenir de casi todos los pueblos de África. Y Mauritania, enclavada entre Senegal por el sur y el reino de Marruecos por el norte, se incluyó en la zona de influencia colonial de Francia en el noroeste del continente. Entre 1902 y el 28 de noviembre de 1960, el territorio mauritano fue gestionado por la administración francesa. En 1904 sus habitantes fueron considerados ciudadanos franceses, estado que en 1945 reconoció la zona como territorio de ultramar europeo en África. El cruce al siglo XXI ha sido intenso en la vida política y social de Mauritania a partir de sucesivos cambios de gobierno acontecidos desde las revueltas militares de 2005 y 2008. Desde hace cinco años, el gobierno presidido por Mohamed Ould Abdel Aziz trabaja en la estabilidad del país, el refuerzo de su gestión política y la búsqueda de nuevas vías de desarrollo para Mauritania. Las inversiones en el área de la minería y los recursos naturales, el fomento de las relaciones con sus países vecinos, el auge del turismo y el aprovechamiento de sus relaciones históricas con Canarias son algunos puntos clave del futuro de Mauritania.

Mercado de camellos (Nuakchot)Con una superficie que es el doble que España, Mauritania se abre al mundo desde Nuakchot, una gran ciudad de ámbito eminentemente comercial que es la puerta de acceso a un país trufado de vestigios de cultura antigua y paisajes apenas transitados. Nuakchot es la capital política y comercial, con población estimada en casi un millón de habitantes, aunque no ofrece grandes atractivos turísticos. Se pueden contemplar las dos grandes mezquitas urbanas, siempre agitado punto de reunión a media tarde en este país con régimen de república islámica, así como visitar la gran zona portuaria y ser testigo de su actividad enfocada a la pesca de altura. Son singulares también las visitas al mercado de abastos y, en el plano histórico, al museo de Nuakchot. Porque los grandes atractivos turísticos de Mauritania se encuentran en el interior: cuatro ciudades de la época medieval que ostentan el título de Patrimonio de la Humanidad.

Testimonio del devenir de los siglos, estas antiguas ciudades fortificadas, aquí llamadas ksour, fueron fundadas durante los siglos XI y XII para garantizar la seguridad y prestar servicios a los viajeros que recorrían el desierto del Sahara en largas caravanas. Son Ouadane, fundada en 1147 por bereberes al noreste de la actual capital; la cercana Chinguetti, que en el siglo XII fue el epicentro de rutas del comercio transahariano; Tichitt, en la esquina sureste de Mauritania y que desde su fundación aproximadamente en 1150 es famosa por sus típicas casas de barro y paja; y Oualata, casi en la frontera sureste con Malí y también reconocida a nivel internacional por su tradicional arquitectura de adobe rojo.

Mercado de pescado (Nuakchot)

Más cerca de Nuakchot, en la costa noroeste se encuentra otro de los grandes atractivos turísticos de Mauritania. Reconocido también como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el parque nacional de la bahía de Arguin conforma uno de los territorios más singulares del país. En lo político, la zona atesora su historia centenaria desde que el navegante portugués Nuno Tristão descubrió la isla homónima en 1443. Dos siglos después fue ocupada por los holandeses y entre 1655 y 1678 pasó por manos francesas y británicas. Alemania, Francia, Holanda y otra vez Francia dominaron la región, considerada un puerto crucial en las rutas comerciales entre Europa, África y Asia, hasta que en 1728 fuerzas europeas dieron por abandonada la zona. En la actualidad, Arguin es tierra de los imraguen, un reducido pueblo de pescadores que antes fueron agricultores y que utilizan formas tradicionales para la captura y la conserva de los peces.

Mezquita de Chinguetti

El viejo minarete del oasis de Chinguetti

No se sabe bien cuándo ocurrió, pero en algún momento entre los siglos XIII y XIV un oasis situado en pleno desierto se convirtió en un importante centro de culto religioso. Siete siglos después, a seiscientos kilómetros tierra adentro al este de la capital de Mauritania, la ciudad de Chinguetti atesora varios edificios cruciales para todo mauritano. Su mezquita, y en especial su antiguo minarete de adobe, son considerados símbolos del país. De hecho, la vieja estructura del minarete de la región de Adrar se cree que es el segundo más antiguo con uso continuo desde su construcción en la totalidad del mundo musulmán. Con reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad desde 1996, la mezquita de la ciudad de Chinguetti lucha ahora por su conservación después de tantos siglos sometida a la continua erosión del desierto. En la ciudad centenaria también se conservan varias bibliotecas con manuscritos medievales del oeste de África.

Publicado en la revista NT en septiembre de 2014

El Aaiún, recuerdos añejos entre el mar y el desierto

8 Mar

Barcas en El Aaiún

Por Carlos Fuentes

Principal ciudad a las puertas del desierto, El Aaiún concita historias de leyenda maceradas durante siglos y recuerdos del tiempo de la colonia española. Pero la capital del Sáhara Occidental no sólo vive de nostalgia. En El Aaiún surge ahora una oferta creciente para hacer turismo de naturaleza, ocio y posibilidades comerciales. Con un clima que esquiva el frío junto al océano Atlántico, para disfrutar de un viaje a este balcón sobre el Sáhara.

“¿Y tú, hermano, desvélame cuál es tu tierra de origen, cubierta como está por un abigarrado manto verde?”. Se lo preguntó el noble saharaui Ma al-Aynayn a un paisano originario del Sáhara Occidental durante su viaje de peregrinación a la Meca en el siglo XIX. Desde entonces, incluso antes, este vasto territorio que se encuentra al sur de Marruecos ha concitado el interés de muchos viajeros africanos y extranjeros. Su capital, El Aaiún, ha sido testigo del paso constante de caravanas comerciales, de ejércitos y aventureros. Pero hoy El Aaiún es más que recuerdos de un asunto en litigio: la capital saharaui ofrece al viajero paseos por su historia y también oportunidades para visitar áreas naturales.

Mercado de El AaiúnUna ciudad africana que tiene nombre de agua. La denominación El Aaiún es el término fonético llevado al español de la palabra árabe al-‘ayyūn, que significa “manantial”. Surge de la existencia y explotación en tiempos antiguos de una proliferación de pequeños arroyos y charcas de agua dulce en torno al lugar en el que hoy está situada la capital del Sáhara Occidental, en el antiguo cauce de Saguia el Hamra. Aquí, a apenas trescientos kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria y a unos mil ochocientos de Dakar, la primera gran capital del África negra, El Aaiún tiene hoy unos doscientos mil habitantes que en su mayoría se dedican a las tareas comerciales, a la pesca, la agricultura y al trabajo en la explotación de recursos minerales en yacimientos de fosfatos. Hermanada con las ciudades españolas de Almería, Málaga y Avilés, también con Caracas (Venezuela), la añeja capital del Sáhara Occidental es actualmente lugar de paso para el trasiego continuo de mercancías entre las zonas ribereñas del Magreb y la vecina Mauritania.

Iglesia católica de El AaiúnUna visita a la veterana ciudad capital del Sáhara Occidental permite ahora recordar, inevitablemente, que El Aaiún fue también la principal ciudad de la antigua colonia española, cuando las tierras saharauis constituyeron la provincia número 53 del reino de España. Aunque la historia de El Aaiún es más antigua. Mucho antes, en 1476, había sido el noble Diego García de Herrera, con dominios en la isla de Lanzarote, el responsable de la primera construcción: un pequeño fuerte que bautizó Santa Cruz de la Mar Pequeña. Siglos después, en 1860, la victoria española en el norte de Marruecos permitió el reconocimiento del dominio en estos territorios del Sáhara Occidental. Ya en 1934 el español Antonio de Oro, un explorador natural de Tetúan que llegó a la zona como comandante del ejército junto al capitán Galo Bullón, se adentró en el interior de la región, levantó un fuerte militar y cuatro años después, en 1938, oficializó la fundación de la ciudad. Este asentamiento español en El Aaiún consolidó los dominios logrados años atrás a lo largo de la costa norteafricana. En 1916 tropas españolas se asentaron en el puerto norte de Cabo Juby (actual Tarfaya) y en 1920 llegaron a la costa sur de La Güera, a través de 940 kilómetros de litoral saharaui, junto a la frontera sur con Mauritania. El pionero Antonio de Oro, por cierto, publicó en 1949 un divertido cuento sobre la reunión de saharauis y españoles en el Sáhara titulado El hombre del norte y el hombre del sur.

Vendedores de fruta en El Aaiún (foto cf)Desde entonces, la zona disfrutó de un desarrollo incipiente hasta que a finales de los años sesenta llegó el cambio. A raíz de los Acuerdos de Madrid que la última dictadura firmó con el rey de Marruecos en noviembre de 1975, la región de El Aaiún, y por extensión la mayor parte de territorios del Sáhara Occidental, se encuentra bajo administración marroquí. Aunque varias huellas de la última presencia española aún dibujan en la ciudad una suerte de ruta nostálgica por la antigua colonia, donde los automóviles llevaban matrícula con las letras SH (en 1971 se homologó la numeración con el resto del país) y eran conducidos por personas con documento nacional de identidad español. Para recordar esos tiempos, el paseo puede empezar en la parte alta de El Aaiún, donde se mantiene aún en funcionamiento el Hotel Parador, instalado en lo que hasta noviembre de 1975 fue Parador Nacional de Turismo. Cerca quedan el Palacio de Congresos, la Oficina Regional de Turismo y el mercado de los artesanos. En el otro lado de la balanza, el antiguo cine Las Dunas no tuvo tanta suerte: su fachada de leve aire modernista espera reforma improbable. En su taquilla desvencijada se citaron durante años novios y amigos para disfrutar de una de las pocas ofertas de ocio en la antigua provincia africana. En las cercanías también destacan la plaza principal de la ciudad vieja, en la actualidad sede del gobierno provincial, y la iglesia católica de El Aaiún, una de las misiones de fe cristiana más antiguas de África y en la que aún se puede asistir a los cultos.

Playa de El Aaiún (foto cf)Con menos historia, pero también situado en el casco histórico de El Aaiún, el bulevar Lala Al Yaqout alberga un gimnasio dotado de una casa de baños (hamman) en una calle que tuvo acento canario. Hasta finales de los años setenta, esta calle albergó el único terrero deportivo en el que se practicaba la lucha canaria en El Aaiún. Ahora los más jóvenes prefieren el fútbol. El primer club deportivo de la ciudad es el Jeunesse Sportive El Massira, fundado en 1977 y que en recientes temporadas ha participado en la liga Botola, la primera división del balompié marroquí. Sus partidos se juegan en el estadio Sheikh Mohamed Laghdaf, con capacidad para veinte mil personas. Para los aficionados a la naturaleza y a los deportes al aire libre, las condiciones climáticas de la región de El Aaiún (clima muy seco, en especial los meses de verano) permiten visitar todo el año zonas de gran interés para amantes de los animales y la vegetación del desierto. A campo abierto pueden ser avistados ejemplares de hubara, gacela, dromedario y reptiles. Tras la excursión, para reponer fuerzas, la gastronomía tradicional está basada en cuscús, tajine, verduras, quesos y carnes de cabra y camello. Su oferta se extiende en restaurantes situados en las principales avenidas del casco central de la ciudad, aunque el puerto de El Aaiún ofrece la posibilidad de degustar pescado fresco y, de paso, contemplar una de las iglesias más pequeñas del planeta. Quizá antes de planificar el regreso desde el aeropuerto Hassan I, que conecta con Canarias y las principales ciudades de Marruecos.

El último paraíso de la foca monje

Foca monjeEn las aguas atlánticas del Sáhara Occidental todavía se conserva una de las escasas colonias de focas monje del mundo. Curioso animal este mamífero: catalogado en 1822 por el naturalista escocés John Fleming, el origen de la especie se data más allá del periodo Pleistoceno y su primera cita histórica se halla en las páginas de la épica Odisea de Homero. Amenazada por la imparable caza abusiva durante varios siglos (hace más de diez mil años ya se utilizaban como fuente de carne, piel, huesos y grasa), en la actualidad se calcula que la población total mundial de este mamífero no supera los quinientos ejemplares. Y de ellos, unos doscientos habitan las aguas próximas a la península de Cabo Blanco, junto a la frontera con Mauritania. En sus tiempos de mayor expansión, la foca monje abundaba en el Mediterráneo y en otras zonas del Atlántico norteafricano como las islas de Cabo Verde. En las Islas Canarias su presencia frecuente en las aguas de las dos islas más orientales puso nombre al islote de Lobos. También en las islas Chafarinas, situadas al sur del Mediterráneo occidental, pueden ser avistados algunos ejemplares de este animal que ahora lucha por su supervivencia con la ayuda de especialistas africanos y europeos.

Publicado en la revista NT en marzo de 2012