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Tego Calderón: “Es un orgullo increíble ser latino, sin duda”

10 Jul

por Carlos Fuentes

Llegó el cantante que “todo el mundo esperaba”. Tego Calderón, el músico puertorriqueño que ha logrado limpiar la mala fama que arrastraba el hip hop latino, desembarca esta noche en Tenerife con canciones de sus dos últimos discos, el espléndido The Underdog/EI Subestimado y el reciente El Abayarde contra-ataca. “No había venido antes a Canarias porque no me gusta mucho viajar en avión, pero ahora El Abayarde contra-ataca se ha lanzado por acá casi en simultáneo con Estados Unidos y Puerto Rico”, explica Tego Calderón en conversación telefónica en Madrid, donde abrió su gira de tres conciertos.

La entusiasta recepción que logró El Subestimado, que incluyó buenas criticas en revistas especializadas en música moderna (en un comentario reciente, Tego fue definido como “el mejor solista que ha dado el Caribe desde Rubén Blades”), también ayudó a superar el miedo al avión. “Estoy acá al saber que medios que normalmente no dedican mucho espacio a la música latina me han abierto sus puertas con una disposición muy buena, cosa que agradezco mucho. Así que vengo con grandes deseos de dejar un buen sabor de boca con mi música en vivo”. Pionero, con permiso de su compatriota Vico C, de la fusión de sabores latinos y ritmos sincopados, Tego Calderón esquiva toda cesión autocomplaciente porque “nunca he tenido deseos de reconocimiento sino que tan sólo hago lo que tengo que hacer. Es lo que traté de hacer con El Subestimado, que ya lo considero clásico en mi discografía, pero ahora vengo con El Abayarde contra-ataca, que es una obra un poco más tranquila”.

De su hermano mayor, no obstante, Tego Calderón asume que no se publican discos latinos tan influyentes todos los días. “Me encanta escuchar sobre la importancia de El Subestimado, sobre todo en Canarias, donde se abrió la primera puerta española para Tego Calderón, porque quizá en Puerto Rico no se valoró ni se respetó como se debía”, explica el cantante y compositor. “Es una unión, un enlace de ritmos y estilos, modestia aparte, magistral. Traté de abrir mi corazón a los fanáticos, así que me duele que no se respete El Subestimado como se merece. Pero ya digo que en España si se valoró”.

Heredero de cantantes de referencia en el mundo latino como Abelardo Barroso, Pío Leyva, Daniel Santos, Rubén Blades, Héctor Lavoe, Ismael Rivera o Cheo Feliciano, las canciones de Tego Calderón hablan de los problemas de la calle, de los sueños frustrados de la juventud… “Es honor que me compares con esta gente grande. Mi música la veo cercana a Héctor Lavoe y a Ismael Rivera, aunque ellos no eran compositores y yo escribo todo lo que canto. He logrado, claro está que en una medida menor a esos gigantes, dar a conocer lo que me gusta y lo que me disgusta. Muestro situaciones cotidianas del latino promedio, de la gente de la calle, y no lo cuento porque le pasó a alguien sino porque me ocurre a mí, con vivencias propias. Quizá por esto El Subestimado es tan honesto, porque se hizo con el corazón en la mano”.

Asociado, sin duda por prejuicios contagiosos, a la escena efervescente del reggaetón (“le debo mucho, pero creo que mi música es algo más”), Tego Calderón ha terminado por “tapar la boca” a los que critican por vulgar y chabacano al nuevo hip hop latino. “El repertorio de El Subestimado fue para un disco muy bien pensado, y especial también porque ha tapado la boca a mucha gente en cuanto a contenidos, gente que no tolera las críticas, y me siento muy orgulloso de todo ello. Y ahora se está viendo el fruto del trabajo: se pueden contar cosas interesantes con música para bailar” en piezas de enjundia como Mardi Gras, Oh Dios o A mi papá.

Signo de los tiempos, Tego Calderón Rosario (Santurce, 1972) representa hoy la rebeldía del autor de Buscando América y, en general, del movimiento reivindicativo de lo latino que protagonizó la salsa durante los años 60 y 70. Pero su primer influjo viene del rap en inglés. “La influencia del hip hop es lógicamente americana, aunque en casa siempre fuimos bien musicales. Está claro que no tengo las mismas influencias de Snoop Dog o 50 Cent. No voy a imitarlos, voy a diseñar mi propia fórmula sobre la música que me gusta y respeto. Del blues al jazz pasando por rumba, cumbia, ritmos latinos… siento orgullo increíble de ser latino”. Es en su potaje nutritivo de rap y son cubano, dance-hall jamaicano y bomba puertorriqueña, donde Tego Calderón encuentra la raíz de su propuesta.Y de su compromiso.

“Los latinos somos personas muy grandes, todos deben envidiamos por la riqueza de culturas que tenemos. Es un orgullo de afro-caribeño que me inculcó mi padre y he seguido regando esa planta para que crezca. Mi raíz latina es lo que me separa de otros cantantes de hip hop, y viene de la escuela de cantantes que dijiste antes”, asegura el cantante puertorriqueño. “De Rubén [Blades], que fue el primer músico que respeté. Canciones importantes como Plástico, ese mensaje. Fue un disco suyo el primero que me regaló mi papá, su música es muy importante. Rubén Blades fue el primero que cantó bien alto, como un grito de guerra fuerte, por toda nuestra comunidad latina”.

¿Y puede el hip hop latino protagonizar el papel de la salsa y el colectivo Fania en los años setenta? “Sí, creo que sí. Puede suceder y va por buen camino. Se ha visto el afán de respeto que, al menos en mí, me han mostrado los artistas de hip hop más importantes de Estados Unidos. Me llena de orgullo, me siento de tú a tú con ellos y lo he hecho en español. Es algo muy lindo y muy grande porque en español hay mucho por hacer antes que pasar al crossover de cantar en inglés y así poder triunfar en América”, explica Tego Calderón, reacio a mudar de idioma para cantar/contar sus cosas. “No me lo planteo, con esa intención no. En mis primeras canciones usé inglés por el respeto que tengo al hip hop. Ahora tengo canciones que están compuestas en inglés y español, pero no las he publicado porque no quiero que piensen que es por vender más. Pero es una realidad que muchos latinos en Estados Unidos hablan los dos idiomas y van de español a inglés con mucha facilidad. Es una mezcla increíble el spanglish, pero no tengo ninguna intención aunque en Atlantic Records siempre se trató de que lo hiciera. Pero nunca se les dio”.

Lejos de ser domesticado por la industria, Tego Calderón maneja las riendas de su carrera a través de Jiggiri Records, desde donde licencia sus discos a la multinacional Atlantic. De esta plataforma, a la que también están asociados los cantantes Julio Voltio y Chyno Nyno y productores como DJ Goldy, han salido algunas de las mejores dosis de Tego Calderón, y colaboraciones con Oscar D’León, Snoop Dog, Cypress Hill, Yandel y Don Omar. ¿Canciones? “Es difícil elegir”, asume El Abayarde. Pero destaca la importancia de Loíza, “lo mejor que he escrito como critica social y que demuestra que somos de carne y hueso, que sufrimos y padecemos”. Y A mi papá, homenaje al padre que ya no está. “Son canciones que humanizan en gran parte un género musical”. Más bailable, Tego Calderón elige Mi entierro, pieza clave (con permiso de la contundente Guasa guasa que grabó con Julio Voltio), del álbum El enemy de los guasíbiri. “Mi entierro va a ser el acabóse”. Esta noche hay ensayo.

Publicado en el periódico Diario de Avisos en septiembre de 2007

Viperina lengua latina

13 Jun

Calle 13

CALLE 13

por Carlos Fuentes

Aquí no cuadra el cuento fácil de la flor de un día. Casi una década después, la música atlética del dúo puertorriqueño formado por los hermanos Residente y Visitante campea a sus anchas por las venas abiertas de América Latina. Deslenguado y excesivo, y sin embargo comercial, el discurso de Calle 13 va creciendo por el camino entre rap, tango, trova y congas de solar. Genuinas músicas urbanas para retratar todo un continente. Abran paso, y olvídense del reggaetón.

En el trasiego de ritmos, estilos, ya casi géneros, por el solar de las músicas latinas, la aparición de nuevos artistas de procedencia urbana se contempló (casi) siempre con la suspicacia de lo fácil bailable. Ni siquiera la estupenda contaminación del lenguaje sincopado, en esencia, del hip hop y su altavoz en formas de rap, quedó al margen de recurrentes prejuicios anglófilos. Todo iba, y era previsible, camino de cierta marginalidad. Apenas otra reseña más en la esquina de los anaqueles latinos (a lo peor, con la etiqueta “latin”). Hasta que algunos francotiradores de la primera división de la salsa, Rubén Blades y Papo Lucca, Oscar D´León y Papo Vázquez, saltaron como leones al rescate. Contra el tópico que ellos mismos padecieron por años. Y revindicaron a este puñado de muchachos nuevos que llegaban cantando las cuarenta desde el barrio.

El caso más rimbombante en la panoplia de protagonistas de la nueva música urbana latinoamericana está protagonizado por dos músicos de Puerto Rico. Hermanastros, procedentes de un barrio acomodado en la ciudad de Trujillo Alto, en la periferia de San Juan, René Pérez Joglar “Residente” y Eduardo Cabra “Visitante” armaron Calle 13 como respuesta al tedio cotidiano, a cierta necesidad de expresión y a un incipiente interés por la realidad latinoamericana desde el punto de vista de una isla colonia. Y hace una década, cuando el baile (fácil) parecía lo primero y la etiqueta adhesiva del reggaetón parecía material tóxico, el dúo borinquén se inventó aquel Querido F.B.I. que venía a trazar la hoja de ruta para una identidad artística controvertida. Tan dentro del sistema discográfico como sea necesario para combatir al mismo sistema, tan cerca del barrio como sea posible para no desconectar con la realidad latina. Odiados por muchos, adorados por bastantes más, los dos de Calle 13 están a punto de culminar una primera década de existencia. Diez años, cinco discos. El nuevo, Multiviral, es el primero que sale en la disquera de la banda, El Abismo, pero (ay) la revolución continúa bajo el paraguas internacional de Sony Music.

Calle 13 Residente Visitante

Eduardo Cabra levanta la voz para hacerse escuchar. El responsable de los contenidos musicales de Calle 13 atiende desde el aeropuerto de Buenos Aires después de participar en la última edición de Cosquín Rock, el mayor festival de música contemporánea de Argentina. Ya casi no queda rincón latino que no haya visto el energético directo de Calle 13, desde el solar marginal a la dorada plataforma de los Grammy: diecinueve desde Atrévete-te-te. ¿Esperaba tanto en tan poco tiempo? “No sé qué decirte. Todo ha sido una mezcla de sorpresa y de casualidad, pero creo que también es el resultado de mucho compromiso. Todavía surgen algunas mezclas con influencias musicales nuevas que aún nos sorprenden, cosas que ocurren sin que las esperemos. Y con este nuevo disco hemos tenido la mejor respuesta de la gente, más que en ninguno de los cuatro anteriores, y eso aún nos sorprende y nos alimenta las ganas de seguir trabajando”. Puede ser. Aunque quizá el quid de Calle 13 sea esa capacidad enorme de hacer pasar por pura casualidad lo que, desde lejos, se antoja una estrategia perfectamente armada. Visitante dice que no, que el grupo se mueve por impulsos. A ritmo de sorpresa. “Valoramos mucho el factor sorpresa, la sorpresa y el hambre para seguir adelante sin quedarnos en el mismo sonido de cualquiera de nuestros trabajos anteriores”, argumenta Eduardo Cabra. “Hemos hecho cada disco con una gama de sonidos distintos y así queremos continuar”.

ResidenteSin embargo, Multiviral ha roto con la norma no escrita en el grupo de trabajar las nuevas canciones durante la gira del álbum anterior, como ocurrió con Los de Atrás Vienen Conmigo (2010) y Entren Los Que Quieran (2012). “Por primera vez hemos parado un año completo para poder trabajar en el disco. Ha sido mucho trabajo de estudio, mucho esfuerzo para pensar bien sobre nuestra relación con la música y con la escena musical”, explica Visitante. “Y creo que este disco es bien personal, un trabajo en el que se ha traducido nuestra etapa vital como personas. Ahora no siento que haya algo mal puesto, que falte o que sobre algo, estamos totalmente satisfechos del resultado en letras y músicas”. Con este equidistante reparto de papeles, Residente en las letras y Visitante con las músicas, ¿cómo se trabaja? ¿Cómo nace una canción de Calle 13? “Trabajamos cada uno en nuestro campo, mi hermano en las letras y yo en las músicas”, explica Eduardo Cabra. “En eso no ha habido cambios desde el principio del grupo, aunque sí creo que en este nuevo trabajo hay mucho más respeto entre una parte y la otra. Algo similar ya nos ocurrió en temas anteriores, en La Bala, por ejemplo”.

El reparto se hace en casa, pero resulta que la casa de Calle 13 no es una casa cualquiera. En un hogar de matrimonios cruzados, Residente y Visitante crecieron en medio de una negociación constante. Para no pelear había que transar (“la familia ha sido siempre un gran foco de aprendizaje, son cosas que a cualquiera cambia como ser humano, pero creo que, como en la vida, en la música y en el mundo que nos rodea estamos manejando bien las cosas”), así que los pibes se acostumbraron pronto a la diversidad social y cultural. En el respeto al otro. Y de ahí, aseguran, nace la curiosidad por lo ajeno, esencias que tan bien quedan plasmadas en los contenidos musicales de Calle 13, casi siempre cotizando alto por encima de las letras adhesivas. “Antes de empezar a viajar fuera, yo tenía la sensación de que ya vivía en un continente, cuando en realidad lo hacía en una isla. Una isla que, además, es una colonia. Luego, al comenzar a actuar fuera de Puerto Rico, las distancias se te van haciendo más cortas, empiezas a pensar en una clave más amplia, en clave de América Latina. Y aprendes de la historia, de los aciertos y los errores ajenos. Salir de la isla ha sido fundamental, se ve con claridad entre el primer y el segundo disco”.

Mexico News - May 18, 2009

Con Multiviral las fronteras se difuminan aún más. Residente vive ahora entre Puerto Rico y Buenos Aires, Visitante reside entre la isla y La Habana. Cosa de amores. “La vida es influencia continua para la música, y el rumbo de nuestras cosas marca también las canciones”, indica Eduardo Cabra, que ha introducido ecos de chancletas de palo de la conga cubana en la pieza Cuando los pies besan el suelo. Es otra marca de la casa Calle 13: pensar el disco como obra global, y no mero material para el despiece en singles de éxito. “Creo en el álbum como un libro de diferentes cuentos. Como en el disco blanco de los Beatles, como Buscando América de Rubén Blades. Nunca me gustaron ese tipo de discos que parecen diez o doce balas perdidas. Para mí, la música son sensaciones”.

Empero, para buena parte del público mandan las letras y Multiviral abunda en reivindicación. Planea un cierto riesgo de sobreactuación. En Adentro, por ejemplo, Residente parece curarse en salud y salir en autodefensa: “unos me llaman comunista, demagogo cien por cien”. ¿Una disculpa, quizás? “Depende de cómo cada persona escucha las canciones, cómo escucha las músicas y asume las letras. Pero creo que hay una buena comunicación entre los dos campos”, explica su medio hermano sin que la cosa suene a excusa. Nada de eso. “Ahora mucha gente ha agarrado así este disco, pero creo que había más compromiso en el anterior. Multiviral  es más de ideas existenciales, más de pensar que de reivindicar. Ya no es tanto ser un dedo acusador sino tener más conciencia de que todos somos parte de los problemas”. ¿Y no hay riesgo de que el mensaje, tan torrencial, solape a la música y que el público se canse de los pareados consonantes de Calle 13? “No lo creo. Los dos estamos cómodos cada uno en su área. No veo las letras de mi hermano como una amenaza para lo que deben ser las músicas de Calle 13. Sé que sus letras agarran a la gente, aunque también estoy muy seguro de la calidad y de la diversidad de nuestras músicas”. Vamos, que la fiesta del reggaetón queda lejos… “El reggaetón ha quedado como otro género musical más, un género que se utilizó durante una época para experimentar en la propuesta de Calle 13, como también se hizo con la bossa, el tango, la chacarera o el rock. Todo va bien con el reggaetón”.

Calle 13 WikiLeaks

Con Assange y Galeano: conciencia ambulante

Como en un bolero, no se sabe si es por amor o por dinero. En el mapa de Calle 13 la asociación con artistas ajenos al campo de acción musical del dúo de Puerto Rico es una constante nutritiva. La senda arrancó con amigos (Tego Calderón, Julio Voltio) para pronto dar el salto latino (Bajofondo Tango Club, Orishas, Vicentico, Café Tacuba) e incluso español (Mala Rodríguez). También con pesos pesados de la salsa como Rubén Blades o héroes más o menos vecinos (Omar Rodríguez López, Seun Kuti, Susana Baca, Totó la Momposina, Maria Rita). Y Multiviral no es una excepción. El disco incluye alianzas con el cubano Silvio Rodríguez en una delicia titulada “Ojos Color de Sol”, golosinas declamadas por el escritor Eduardo Galeano (El Viaje) y por John Leguizamo (Stupid Is as Stupid Does) y cameos de Diplo y Biga Ranx (Perseguidos).

Pero nada tan fluorescente como el tema que titula el álbum, escrito en Londres con Julian Assange durante su reclusión en la embajada de Ecuador y la laudista palestina Kamilya Jubran, grabado en California con Tom Morello (Rage Against The Machine). “Discutimos mucho a la hora de decidir las colaboraciones para cada disco, porque son un aspecto muy importante de nuestro trabajo”, indica Visitante, para el que la “prioridad absoluta” en cada alianza es que la música responda a las letras. Sin soltar prenda sobre el inefable Assange, para eso ya está Residente (“quisimos hacer más grande su protesta contra las violaciones de los derechos humanos que comete el gobierno de Estados Unidos contra el mundo”, señaló el vocalista en entrevista con Democracy Now!), Eduardo Cabra prefiere subrayar el valor de lo musical y, agit-prop aparte, la colaboración con el vate cubano fundador de la nueva trova. “Fue muy chévere trabajar con un excelente músico como él, lo admiramos mucho. A Silvio lo conocimos en Cuba y bien pronto ya acordamos la colaboración. Primero enviamos la letra y luego trabajamos juntos. Colaborar es una cosa bonita de la música, y siempre intentamos estar bien rodeados”.

Publicado en la revista Rockdelux en abril de 2014

Músicas populares… cuando el tamaño no importa

26 Jul

zydeco

por Carlos Fuentes

“La miel nunca es buena en una sola boca”. Ali Farka Touré solía repetir este viejo proverbio africano cuando le preguntaban por el motivo que le llevaba a salir de su pueblo, Niafunké, en el desértico norte de Malí, para enseñar al mundo dónde nació el blues. Y explicaba el carismático guitarrista malí que la música popular, en su más amplia extensión, sólo cumple su papel de altavoz de los pueblos cuando sirve para tender puentes con otras regiones, con otras culturas. Hasta aquí, todos podríamos estar de acuerdo. Pero la pregunta aún sigue sin encontrar una respuesta justa: ¿Qué es, en verdad, música popular?

Si respetamos el valor semántico del término popular, las músicas tradicionales son aquellas que han logrado llegar a nuestros días después de cubrir una ruta con mil etapas, de generación en generación, para ofrecer un retrato sobre las costumbres, aspectos étnicos y hechos relevantes de la historia de los pueblos que las albergan. Hasta aquí, otra vez, todos de acuerdo. Pero, ¿son entonces músicas tradicionales el flamenco de España, el tango de Argentina, el soukous de Congo y, ejem, el rock de Estados Unidos? Sin duda. Como también lo son la bossa y el samba en Brasil, la cumbia en Colombia, la plena en Puerto Rico, la guajira, el son y el bolero en Cuba, la ranchera en México, el chaabi en los países del Magreb, el ágil mbalax en Senegal y la marrabenta en Mozambique.

music stampsHasta aquí llega el consenso. Pero, ¿qué papel juega ahora la música popular? ¿Son buenos tiempos para la lírica que nace en las calles, en los bares y en las fondas? Podemos convenir, que no es poco, que las músicas populares están disfrutando del respeto creciente del público mayoritario. No es casual que este giro a las raíces coincida ahora con el mayor auge de la técnica y la tecnología vinculada a la creación sonora. Hace unos meses, un portal de subastas puso a la venta una copia del primer álbum de Ali Farka Touré, editado en Francia a finales de los años 70, de tirada mínima y nunca más editado en disco de vinilo. Tras una semana de pujas, el disco grande superó un precio de cien dólares. E igual revalorización de lo antiguo disfrutan nuevas ediciones en formato digital de grabaciones africanas, latinas o europeas de difícil acceso hasta entonces. Por no hablar del giro vintage que han experimentado campos que definen la identidad y los hábitos de un colectivo como la alimentación, el vestuario, las lecturas, el cine o los viajes. Hoy mola lo viejo, y mola lo viejo porque, digamos, es auténtico. Se regresa al mueble de madera noble después de que nuestra generación anterior, nuestros padres, malvendieran el viejo arcón de la abuela para poder comprar una librería de contrachapado. Una mesita de metacrilato.

Hasta aquí esta somera observación sociológica, un arrebato de antropología. Porque usted se preguntará: ¿no veníamos aquí para leer sobre música? Sí, faltaría más. Pero primero hay que saber de dónde venimos para atisbar hacia dónde nos dirigimos. Podemos coincidir, si no es mucho pedir, que la actual era de velocidad con banda ancha y conexiones inalámbricas portátiles, en tiempos de wi-fi callejero como servicio público, está determinando pautas de consumo y de producción de bienes. Tangibles o no. Y es un mercado sobreexcitado el que contagia la confusión entre contenido y continente. Hoy, a lo peor, parece que es (mucho) más importante comprar un dispositivo digital que sea capaz de almacenar más de un millar de discos que velar por la calidad de las doce mil canciones en cuestión. En los tiempos del trending-topic diario parece que el motivo de orgullo está en el tamaño de la herramienta y no en su buen uso.

samba brazilQuizá por esta corriente cultural contagiosa, más pendiente de las formas que del fondo, la reacción del consumidor de música con fundamento lucha ahora por evitar lo que el anterior ministro brasileño de Cultura y unos de los padres fundadores del tropicalismo, Gilberto Gil, denuncia como “econometría” feroz de la dictadura del capitalismo: “una econometría que mide todo y que provoca un cambio extraordinario en el alma humana, en la psique y el cuerpo humano”. Pero no todo progreso es malo. El paulatino abaratamiento de los medios de grabación y producción musical también ha ayudado a la recuperación y, por qué no decirlo, puesta en valor de las músicas tradicionales. Ya no hace falta movilizar a un regimiento de ingenieros de sonido para viajar hasta los centros comunales de conservación e interpretación de las músicas populares y lograr enseñar al mundo que abundan músicas por descubrir más allá de las ciudades de distribución del primer mundo. Otra vez Ali Farka Touré, el recuerdo de un músico genuino y sincero: “la miel nunca es buena en una sola boca”.

Porque si hay algo mejor que la música, como solía decir el productor Mario Pacheco (a quien van dedicadas estas líneas apresuradas), ese algo mejor es hablar de música. Y conversar sobre música significa continuar hasta el infinito la cadena oral de transmisión de unos sonidos populares que llegaron una vez al mundo para hacer la vida más interesante y entretenida, para tejer toda una memoria colectiva y sentar acta del desarrollo de los pueblos que las albergan. Ya se lo recordó Quincy Jones hace unos meses al periodista Carlos Galilea, apelando a un viejo consejo que el productor de Thriller (el disco más vendido de la historia, verdadera crónica popular contemporánea) recibió del saxofonista Ben Webster: “Allá donde vayas, escucha la música que escucha la gente del lugar, come la comida que comen, y aprende treinta o cuarenta palabras de su idioma”. Para continuar alimentando la cultura popular…

Publicado en el anuario de la SGAE en 2011

¡Atención! Lo bueno ya viene

8 May

Por Carlos Fuentes

Maestro vida, Rubén Blades (Panamá, 1948) vuelve a la música con energías nuevas después de pasar cinco años como ministro de Turismo de su país. Tras el disco “Cantares del subdesarrollo”, editado hace tres temporadas, el mejor cronista del barrio latino regresará a final de mes con un álbum grabado con su amigo y veterano cantante Cheo Feliciano (Puerto Rico, 1935). “Eba say ajá”, que así se llama el invento de estas dos leyendas de la canción caribeña, da cuerpo a un proyecto antiguo que los dos ex componentes de Fania All Stars, músicos de largo recorrido que suman entre ambos medio centenar de discos publicados, pergeñan desde hace siete años. Pocos detalles se han adelantado hasta ahora de “Eba say ajá”, pero sí se sabe que el repertorio está compuesto por canciones emblemáticas de los dos intérpretes latinos, que han sido elegidas de forma recíproca, y varias piezas de nueva factura.

“Eba say ajá” toma su nombre de una expresión popular, dicha en spanglish, que tanto Rubén Blades como Cheo Feliciano suelen soltar en sus conciertos: “Everybody say ajá”. Un portavoz de Ariel Rivas Music, la promotora que ha hecho posible esta producción, explica que el disco responde a las señas de identidad de los dos gigantes de la salsa: “Cheo prefirió apelar a la amistad que los une y a las banderas que representan, mientras que Rubén no dejó su enfoque social, donde nos invita actuar de una forma responsable para poder rescatar a cada país”. “Eba say ajá” se edita el 29 de mayo, pero ya se puede escuchar un primer tema, “Lo bueno ya viene”, y aquí llega el regalo sonoro de hoy porque está disponible una descarga gratuita en www.rubenblades.com

Que ustedes lo disfruten… ¡lo bueno ya viene!