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Terrazas musicales frente a la bahía de Praia (Cabo Verde)

4 Dic

Quintal da Música (Praia)

por Carlos Fuentes

La capital de la isla más africana de las diez que forman el archipiélago de Cabo Verde, la añeja ciudad de Praia, es la puerta de entrada a uno de los países más jóvenes del continente. Es su centro administrativo y su corazón comercial, pero también su interesante polo cultural donde las músicas y los bailes caboverdianos animan cada noche restaurantes, cafeterías y terrazas repartidos entre las calles peatonales y las plazas más populares de Praia.

Con algo más de cien mil vecinos residentes, una quinta parte del medio millón de personas que habitan Cabo Verde, Praia cambia cada noche de piel. Del agitado trasiego comercial del día, el casco histórico de la ciudad está situado en el barrio de Plateau y ofrece una notable oferta de locales de ocio en los que locales y visitantes disfrutan de cenas con gastronomía típica caboverdiana. Al caer cada noche, en un ramillete de escenarios, es posible conocer canciones como la morna, suerte de melancólico bolero africano con el que Cesaria Évora situó a estas islas volcánicas en el centro del mapa mundi de los ritmos étnicos.

Quintal da Música 1

El viaje por las músicas de Cabo Verde puede comenzar en la tranquila plaza de Alexandre de Alburquerque, dedicada al gobernador de las islas a finales del siglo XIX, y en la cercana terraza Morabeza, término que en idioma criollo significa hospitalidad. A través de la calle 5 de Julio, arteria peatonal de Praia, abundan locales con música en vivo. En la terraza-restaurante Avis, además de degustar un plato de cachupa, un cocido elaborado con carne de vaca o cerdo (cachupa rica) o con pescado como chicharros (cachupa pobre), todo servido con verduras y papas guisadas, se puede disfrutar casi cada noche de una actuación musical diferente. Muy cerca de Morabeza se encuentra Harmonía, tienda de discos de referencia en Praia con grabaciones de mitos de la música caboverdiana como Cesaria Évora, Ildo Lobo y Simentera, el conjunto del ministro de Cultura, Mário Lúcio, o de nuevas voces como las de Mayra Andrade y la joven Élida Almeida, vecina de esta isla de Santiago.

Frutería calle Praia

De aspecto descuidado y ambiente auténtico, el pequeño Bar José da Rosa pervive en Praia como testimonio de las antiguas tabernas vinculadas al alma marinera de la ciudad de Praia. Conviene probar aquí el poderoso vino de Fogo, un blanco de alta gradación, y los más valientes pueden intentarlo con un vaso de grogue, el aguardiente elaborado con caña de azúcar y ron que Herman Melville ya citaba en su novela Moby Dick por sus vínculos con la errante vida del marinero y sus viajes transatlánticos. También hay refrescos y la cerveza local, la apreciable Strela Kriola. Algo más moderada es la oferta de licores en Praia Kapital, uno de los locales de moda del barrio de Plateau junto a su vecino Bistro 90, que ofrece una animada terraza a pie de calle donde cada fin de semana se citan los caboverdianos con sus trajes elegantes.

Sin salir del barrio de Plateau, en la avenida Amílcar Cabral, héroe y mártir de la independencia de Cabo Verde obtenida en 1975, la ruta musical de Praia continúa en Art Kafé, un oasis de tranquilidad entre el ruido cotidiano. Situado junto al Palacio de Cultura Ildo Lobo, este local es un clásico para disfrutar de un almuerzo a mediodía, un café de Fogo o un té a media tarde, una actuación musical vespertina en su recoleto auditorio y, ya de noche, un rato de copas y baile junto a los más jóvenes de Praia. La fiesta puede continuar en la terraza Buteku, también con música en vivo, o en el que es el verdadero templo de la música en directo en la capital de Cabo Verde.

Enclavado al final de la avenida Amílcar Cabral, Quintal da Música es una referencia imprescindible de la noche musical en Praia. En su escenario cantó Cesária Évora, pero la lista de artistas invitados es amplia: Ildo Lobo, Nancy Vieira, Mayra Andrade, Lura, Neuza o Nhá Reinalda interpretaron aquí sus mornas, funanás y coladeiras. De todos ellos hay un retrato colgado en las paredes, seña de identidad de la sala junto a las estampas tradicionales africanas que decoran su fachada principal.

Nhó Nani

Fuera del circuito principal de Plateau, una visita a los bares musicales de Praia no está completa sin un pequeño viaje urbano hasta el vecindario Tira Chapéu, en la salida sur de la capital que conecta con la antigua Cidade Velha. El barrio humilde es ahora un punto de referencia en las noches, especialmente durante los fines de semana, gracias a la labor desarrollada por el empresario y músico Nhô Nani al frente de la sala Fogo d’Africa. Aquí se sirven cenas y copas, pero lo más interesante ocurre cuando el propietario se anima con el violín para dar testimonio de su conocimiento de los ritmos tradicionales de Cabo Verde. Este local, remodelado recientemente para dar acomodo, cenas y copas al creciente número de asistentes, es uno de los lugares más auténticos de toda la música caboverdiana y, por extensión, de otros ritmos africanos populares llegados del interior del continente y originarios de países lusófonos como Angola, Guinea Bissau o Mozambique.

Publicado en la revista NT en septiembre de 2015

Nuakchot, la ciudad que nació en el desierto del Sáhara

9 Ene

Nuakchot

por Carlos Fuentes

Es una de las capitales más jóvenes de África y un buen ejemplo de trabajo y superación frente a adversidades de la naturaleza en la República Islámica de Mauritania. Con un millón de habitantes, la ciudad de Nuakchot se ofrece como una puerta de entrada renovada a una región que busca el desarrollo social y económico en la frontera occidental entre el Magreb y el África subsahariana.

Aunque ocupa unas tierras que tienen siglos de historia, la ciudad de Nuakchot es una de las capitales más jóvenes de África. Su creación fue una de las primeras decisiones que adoptó la nueva República Islámica, surgida a finales de 1958 pero que hasta dos años después no obtendría el pleno reconocimiento de independencia por parte de Francia, su antigua potencia colonial. La construcción de Nuakchot se decidió a partir de la existencia en el lugar de un pequeño emplazamiento militar francés. El nombre de la ciudad proviene del término bereber Nawākšūṭ, que según diversas transcripciones puede significar “lugar de vientos”, “playa-bahía” o “lugar donde aparece el agua cuando se cava un pozo”. Fue a partir del periodo de dominio francés, y Nuakchot entonces apenas contaba con un escaso destacamento compuesto por quince soldados, cuando el medio millar de habitantes inició un crecimiento sostenido que ya no se detendría hasta el casi millón de personas que ahora residen en la capital administrativa de la República Islámica de Mauritania.

mezquita Nuakchot

Con la aprobación de las autoridades francesas e impulsada por las incipientes fuerzas nacionalistas de Mauritania, la construcción de la ciudad de Nuakchot se concebió sobre un mapa diseñado en las postrimerías de 1959 por el arquitecto francés André Leconte. Su propuesta principal consistió en diseñar y programar la construcción de dos nuevos núcleos poblacionales que hicieran crecer la ciudad africana. Un barrio surgió alrededor de la pequeña fortaleza de piedra superviviente de la época colonial, lo que a la postre se convirtió en el denominado barrio europeo; y otro núcleo poblacional se desarrolló junto a la mezquita central de Nuakchot, que ahora es una de las estampas más emblemáticas de la capital mauritana.

Cuando comenzaron las obras, la proyección de población para el futuro apuntaba a ocho mil habitantes en 1980. En los siguientes años, varias etapas de sequía consecutivas arruinaron buena parte de la agricultura y la ganadería en pueblos y ciudades del interior, lo que produjo un éxodo de antiguos campesinos hacia la capital en busca de un puesto de trabajo. En la actualidad, los habitantes de Nuakchot no bajan de ochocientos mil debido al auge económico nacional experimentado en los últimos tiempos por el aumento de la construcción de obra pública, edificios e infraestructuras básicas.

pesca Nuakchot

Situado a escasos cuatro kilómetros de la línea de mar, el centro de Nuakchot rodea las zonas de actividad administrativa y política, ya que una ciudad tan joven como la capital de Mauritania carece de acervo histórico monumental de importancia. Nuakchot es una urbe de casas bajas repartidas en nueve distritos, con pocos edificios de diez o más plantas y numerosos barrios creados por la llegada sobrevenida de nuevos emigrantes interiores. Las zonas de la ciudad más transitadas son las del centro administrativo, que además ofrecen posibilidad de realizar visitas culturales a lugares como el Museo Nacional, donde se expone una colección de objetos de la vida nómada, restos arqueológicos y muestras de las ciudades antiguas de Mauritania. Otra área destacada de la ciudad es el barrio de Tevragh Zeina, zona residencial del norte donde se ubican las sedes de la Presidencia de la República y de la Embajada de Francia. Aquí también están las redacciones de algunos de los periódicos más importantes del país y se encuentra la popular librería El Irvan.

En la sede del Instituto Francés, una de las instituciones más activas en la vida cultural de Nuakchot, exponen artistas nacionales, se organizan conciertos y se proyectan las últimas novedades del cine europeo. Para aprovechar una corta estancia de turismo o negocios en la capital de Mauritania, también es interesante consultar los programas de actos del Centro Cultural Marroquí, con exposiciones de pintura, artesanía y cursos de árabe; del Conservatorio de la Música y de las Artes, donde se imparten cursos de música, danza y también se organizan conciertos; y la Asociación de Artistas y Pintores de Mauritania, que tiene una muestra permanente. Otras salas de arte con exposiciones en Nuakchot son Zeinart Concept, que ofrece arte afro-mauritano, y Galerie Sinaa, con artesanía y joyería.

El escenario de la ciudad de Nuakchot, capital de una república islámica, está dominado por la presencia de las numerosas mezquitas que cada viernes congregan a los fieles de la primera ciudad de Mauritania. El templo más emblemático y de mayores proporciones es la llamada Gran Mezquita o Mezquita Saudí, por el diseño de sus pintorescos minaretes y también por el apoyo financiero que Arabia Saudí prestó a las obras de su construcción. Levantada en 1963 al sur de la avenida que honra al presidente egipcio Abdel Nasser, la denominada Mezquita Marroquí es otra estampa imprescindible del horizonte urbano de la ciudad de Nuakchot, con su único minarete blanco que tratar de emular al de la Kutubía de Marrakech. En la totalidad de los templos religiosos musulmanes de Mauritania, ya que muchos de ellos continúan en uso después de varios decenios, no se permiten visitas.

artesanía Mauritania

De compras sobre calles de arena

Cualquier visita a Nuakchot, ya sea de turismo o por motivos de trabajo (entre noviembre y marzo el clima es suave, con una temperatura media de veinte grados), puede completarse con un tiempo para el paseo y las compras. Cerca de la Mezquita Saudí se encuentra el mercado Capitale, donde es posible encontrar productos artesanos de Mauritania como el tradicional juego de té, abalorios y artículos de joyería, así como prendas confeccionadas en cuero. También es posible encontrar artesanías de los países vecinos como coloridas telas procedentes de Senegal o collares tradicionales de poblaciones nómadas de Mali. Junto a la Embajada de Francia se encuentra un mercado de artesanos donde se pueden adquirir piezas de joyería en plata con diseños típicos de las culturas del desierto, además de cajas y joyeros elaborados en metales finos. En la parte alta de la ciudad, cerca de la avenida de la Embajada de Senegal está abierta al público Zein Art, galería especializada en diseños contemporáneos que expone obras de los jóvenes creadores de Mauritania.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2014

 

Mercados, monumentos y playas infinitas en Dakar

16 Dic

Sandaga market

por Carlos Fuentes

Histórico lugar estratégico en las relaciones entre los cinco continentes, Dakar se ha convertido en la ciudad más importante de África occidental. La capital de Senegal condensa entre sus calles la importante huella de la presencia colonial francesa, el auge de la gestión africana y, en fin, se ofrece como una excelente puerta de entrada al continente negro. Rica en cultura y pujante en comercio, Dakar invita al viajero a emprender animadas rutas por su rica historia, la tranquilidad de sus playas y sus coloridos mercados.

El hervidero social que es hoy la capital de Senegal está a la altura de su nivel de protagonismo en los viejos libros de historia. Territorio en continua disputa de dominio por portugueses, holandeses, británicos y, por último, franceses en los últimos cinco siglos, los orígenes de la ciudad de Dakar se encuentran en la parte más estrecha de la lengua de tierra donde culmina la península de Cabo Verde. Aquí en 1456, tras varios intentos fallidos, el navegante portugués Diogo Gomes logró afianzar un asentamiento en el puerto. Medio siglo después, ya la bahía de Dakar, entonces Bezeguiche, gozaba de reputación como lugar de parada y abastecimiento de los barcos que enfrentaban la ruta oceánica hasta América. También se convirtió esta costa en puerto de escala en las crecientes rutas comerciales hacia Asia. Y se cree que fue aquí donde el viajero Américo Vespucio defendió por primera vez el concepto de Nuevo Mundo para definir las tierras recién descubiertas por Cristóbal Colón en el continente americano.

Senegal pirogues

En la bahía de Dakar, en sus puertos vecinos y en la cercana isla de Goreé se desarrolló hasta el siglo XIX buena parte del tráfico comercial de esclavos hacia América. Abolida la trata, las autoridades coloniales pusieron en marcha varias iniciativas para mejorar su aprovechamiento económico de la tierra senegalesa. Así se potenció el cultivo del cacahuete, que durante algunas épocas alcanzó niveles altos de monocultivo, y en 1885 se culminó la línea de tren que desde entonces enlaza Dakar con la norteña ciudad de San Luis, que fue la capital colonial francesa entre 1673 y 1902. El siglo XX transcurrió entre sobresaltos y el desarrollo creciente de la ciudad. En los últimos días de septiembre de 1940 fue escenario de la llamada Batalla de Dakar, un intento de ocupación por parte de fuerzas de la oposición francesa al gobierno de Vichy. Acabada la guerra, el clima de conciencia social contra la presencia colonial se fue incrementando. Entre 1959 y 1960 Dakar albergó la capital de la denominada Federación Malí, un primer paso para la independencia absoluta que se obtuvo el 20 de agosto de 1960. El primer presidente de la República de Senegal, el reputado escritor Leopold Sedar-Senghor, se planteó entonces convertir la ciudad de Dakar en el principal polo de desarrollo económico, social y cultural de África occidental.

Soumbedioune market boats

De historia casi interminable, con tres millones de habitantes en su amplia zona metropolitana, Dakar se ofrece hoy como excelente puerta de entrada a los países francófonos de África occidental, y por extensión a los otros seis estados de África central con los que también comparte moneda, el franco CFA (656 francos CFA equivalen a un euro). Con mercado de consumo interno que continúa al alza, la economía de Senegal se apoya en el alto valor de su ubicación geográfica y su amplio litoral atlántico. Tráfico de mercancías vinculadas al petróleo, navegación industrial y pesca de altura constituyen tres áreas de especial importancia para la administración senegalesa. El aumento sostenido del comercio internacional, ya sea a través de la exportación de productos industriales, mineros o agrícolas o por la presencia de importantes firmas europeas en el tejido empresarial del país, se ha visto reflejado en los indicadores de crecimiento. Según previsiones para este año, Senegal logrará un crecimiento del 4,7% en su producto interior bruto. El país, que está situado en el puesto 105 en la lista de 132 países que elabora la ONU por su nivel de desarrollo, acoge en la actualidad a unas veinte empresas canarias que hacen negocios en áreas como alimentación, pesca, transporte y construcción.

Un paseo por Dakar podría empezar en uno de los museos más importantes de África. Creado en 1938 y ubicado en la popular plaza de Soweto, el Museo de las Artes Africanas ofrece una interesante exposición sobre el desarrollo de las manifestaciones culturales en el continente negro y también el resultado de las investigaciones que su equipo desarrolla junto a la cercana Universidad Cheikh Anta Diop. Esta visita cultural se antoja una estupenda introducción para un desplazamiento posterior a la cercana isla de Goreé, situada a tres kilómetros del puerto. Allí permanece abierta la Casa de los Esclavos como testimonio vivo de los tiempos de tráfico organizado de personas desde África. Construida a finales del siglo XVIII, la Maison des Esclaves fue reabierta como museo en 1962 y en ella se puede visitar la Puerta del no Retorno, un pequeño ventanuco de piedra donde eran embarcados esclavos con destino a Europa y América. Entre sus visitantes más ilustres figuran Barack Obama y Nelson Mandela, quien en 1991, apenas un año después de su liberación en Sudáfrica, estuvo rezando por la memoria de los africanos que fueron esclavizados siglos atrás.

Kermel market Dakar

De vuelta a la ciudad de Dakar, la vida agitada de los mercados populares es otro de los atractivos más emblemáticos de la capital senegalesa. En el centro de la ciudad vieja, próximo al antiguo ayuntamiento y a la catedral construida en 1920, se encuentra el mercado de Sandaga, dedicado tanto a la venta de alimentos y productos agrícolas como de artesanía y otros bienes de consumo cotidiano. Muy cerca, apenas un paseo entre calles de vida frenética, se puede visitar el mercado de Kermel. Del edificio de estilo victoriano fabricado en 1860 no quedan apenas vestigios, puesto que la sede actual es una reconstrucción de este popular mercado cubierto realizada en 1997 siguiendo el estilo colonial. Aires a tiempos añejos que también flotan en la estación central de trenes de la ciudad, donde el viajero puede visitar puestos de artesanía étnica de Senegal, Gambia y Malí. Un recorrido por los mercados populares de Dakar se puede completar con otros tres paseos: en el mercado de Tilene los comerciantes ofrecen objetos de oro, plata y maderas típicas; también en el gran mercado HLM5, donde se vende todo tipo de telas africanas; y el popular mercado de Soumbedioune, donde cada tarde se puede contemplar un animado trasiego de pescadores que llegan a la costa en cayucos después de la jornada de trabajo.

Mosque Dakar

Un primer viaje a la capital senegalesa no estará completo sin una visita a los principales templos musulmanes de la ciudad. Inaugurada por el presidente Senghor en 1964, la Gran Mezquita de Dakar se presenta con un estilo similar a la de la mezquita de Mohamed V en Casablanca, aunque con un minarete de 67 metros de altura. A su lado se encuentra el Instituto Islámico nacional, con una excepcional biblioteca, dedicado a investigar y difundir la principal religión del país. Otro importante templo musulmán de Dakar se encuentra situado en el barrio de Ouakam, apenas cinco kilómetros al oeste del centro de  la capital. Levantada en 1997, la Mezquita de la Divinidad ofrece un rato de tranquilidad al margen del bullicio de las calles del centro histórico. Por el camino se puede contemplar el imponente monumento del Renacimiento Africano, una mole de 49 metros de altura construida en bronce sobre la colina de Mamelles en una polémica iniciativa inaugurada hace apenas tres años por el anterior presidente Abdoulaye Wade. En Ouakam, por cerrar este círculo con sabor histórico, aún se mantiene activa la base militar en la que nació en 1953 la política francesa Segolene Royal, hija de un antiguo oficial francés destinado en el hoy Senegal.

Orchestra Baobab

La pachanga que volvió del Caribe

Leyendas de largo recorrido flotan en la bahía de Dakar, algunas con banda sonora. De vuelta de América, ritmos musicales caribeños fueron bien acogidos por los senegaleses a partir de los años 50. Y desde Dakar se propagaron por buena parte de África occidental. Desde la década siguiente, varios factores políticos, económicos y militares potenciaron el alcance de estas músicas en el continente africano. Canciones de Matamoros, Benny Moré, Orquesta Aragón y Abelardo Barroso se hicieron tan populares que muchas orquestas africanas incluyeron piezas populares cubanas como El manisero, El que siembra su maíz o Son de la loma en sus repertorios. De ahí al nacimiento de música africana heredera de las raíces negras en América Latina apenas faltaba un paso. Y lo dieron grupos tan populares como la Star Band y Orchestra Nº1 de Dakar, también los reyes de la pachanga, la Orchestra Baobab, formación que desaparecería ante el empuje del vibrante mbalax de la Super Êtoile de Dakar, el conjunto liderado por un joven cantante llamado Youssou N´Dour. Ahora, la renacida Orchestra Baobab puede verse en concierto en el club Just 4 You.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2013

 

Mindelo, el pueblo de la diva de los pies desnudos

3 Sep

Cesaria  Evora

por Carlos Fuentes

Ocurre a veces que un hecho histórico, un acontecimiento extraordinario, pone un lugar en el centro del mapa del mundo. Pero también ocurre que ese mérito deba atribuirse a una única persona, ya sea por su fama internacional, por su prestigio profesional o, y es el caso de la cantante caboverdiana Cesária Évora, por convertir su canción en altavoz de un pueblo entero. Dos años después de su muerte, la añeja ciudad portuaria de Mindelo recuerda a su mito cultural con un festival que coincide con la luna llena de agosto.

Del archipiélago volcánico de Cabo Verde ya se tenían noticias antiguas por haber sido durante siglos lugar de parada y paso obligado en las grandes rutas del comercio marítimo hacia importantes destinos de Europa, América y Asia. Esta antigua colonia portuguesa, que dispone de gobierno independiente desde la independencia lograda en 1975, de pronto regaló al mundo la voz trémula de una cantante veterana que supo retratar con humildad y emoción la compleja idiosincrasia insular de estas diez porciones de tierra macaronésica, apenas cuatro mil kilómetros cuadrados, mil seiscientos kilómetros al sur de Canarias.

Cesária Évora, que este mes de agosto hubiera cumplido 72 años, falleció el 17 de diciembre de 2011, pero tuvo tiempo de enseñar al mundo la melancolía de la morna, la canción tradicional caboverdiana que algunos expertos consideran crónica de un pueblo que siempre miró al mar con saudade. Saudade, palabra con la que medio millón de habitantes del archipiélago denominan a la morriña. Porque Cesária Évora sacó la saudade a pasear por los principales escenarios del mundo y ya entonces la gran audiencia occidental supo situar a Cabo Verde en un atlas. Y en la geografía se localiza una de las principales singularidades de las músicas de Cabo Verde: el intenso trasiego histórico por sus puertos fue dejando en las diez islas aspectos culturales de la metrópoli portuguesa, pero también pespuntes de músicas brasileñas y de ritmos africanos continentales. Con instrumentos acústicos como el cavaquinho, una suerte de guitarra de cuatro cuerdas que es prima hermana del timple canario y del ukelele y que terminó por complementar los sonidos más europeos del violín, el clarinete y el acordeón. La cosecha de esta hibridación, macerada como todos los buenos vinos, ha sido una música de profundo poder evocador, triste y contemplativa.

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En la antigua colonia portuguesa, que había sido descubierta por exploradores del reino luso a mediados del siglo XV y que muy pronto se ganó un lugar como puerto de aprovisionamiento en travesías transoceánicas, nació Cesária Évora el 27 de agosto de 1941. Como muchas otras mujeres del archipiélago menos desarrollado de África, la joven estaba llamada al duro trabajo doméstico, pero ella se rebeló contra la tradición social que, por entonces, separaba por clases a las personas de raza negra de la minoría selecta blanca que gozaba de cierta comodidad de medios para vivir. Marginada en su propia ciudad, Cesária Évora optó por salir a cantar cada noche para tratar de ganarse la vida en tabernas marineras de mala muerte que años atrás abundaban en los arrabales del puerto de Mindelo, su ciudad natal en la isla de San Vicente. Su primer público fueron marineros, pescadores y navegantes varados en tierra de nadie, entre alcohol barato y mucha desesperación. Gentes, en fin, del escalafón más bajo de la sociedad isleña. Y allí fue donde emergió la morna, esa canción triste que se podría definir como el trasunto caboverdiano del fado portugués. Porque la morna es para los habitantes de Cabo Verde lo que el bolero y el son montuno son para Cuba, el tango para Argentina y el flamenco para España. La sincera banda sonora del pueblo, de sus días de pena y de contadas alegrías efímeras.

Entre morna triste, mucha bebida barata y malos humos tabernarios transcurría la vida convencional de Cesária Évora, hija de una cocinera ciega y de un músico aficionado. Hermana de cuatro invidentes. Criada en un monasterio de monjas donde aprendió a cocinar, lavar y planchar. Luego madre con diecisiete años de un marinero que la abandonó. Allí cantaba por unas monedas, por un trago de aguardiente o un paquete de cigarrillos, aunque a veces lograba entrar en los estudios de emisoras de radio locales, Radio Barlovento y Radio Clube de Mindelo, para grabar piezas de B. Leza, el principal compositor de mornas del archipiélago. Pero su suerte pronto iba a cambiar. A finales de los años ochenta su voz frágil, macerada por cada noche de tragos, llamó la atención de un operario del servicio de ferrocarriles portugués. José da Silva se convirtió entonces en su fiel amigo, en un apoyo clave para presentar la morna a las grandes audiencias del mundo entero. Y el resto, valga por una vez el tópico, ya es historia grande. Porque Cesária Évora deslumbró cuando viajó a París, tan descalza como vivía en su austero hogar de Mindelo, para presentar en concierto en 1988 las canciones de su primer álbum, La diva aux pieds nus. Y así se le conoció desde entonces, ella era “la diva de los pies desnudos”.

Cesaria Évora (live)

El enamoramiento del público francés, y poco después de la gran audiencia europea, fue inmediato, instantáneo. Y comenzaron a surgir comparaciones de altos vuelos: que si Edith Piaf, que si Amália Rodrigues, que si Billie Holiday… pero Cesária Évora era una cantante única, con una personalidad arrolladora y combativa. “Nunca he compartido mi casa con un hombre, siempre viví con mi mamá. Para mí estar con un hombre es como beber agua. Te enamoras, te embarazas y ya. Me sorprenden las mujeres que permiten que los hombres las hagan sufrir sin hacerlas felices. No entiendo que sigan ahí, que se queden con ellos. No, no, yo no tengo paciencia para soportar a quien no me trata bien”, repetía en sus entrevistas, “pero lo que canto no es mi sufrimiento sino el de las personas que escribieron estas músicas”. Y con esas canciones ella conquistó teatros del mundo entero hasta su fallecimiento hace dos años. Atrás queda su discografía extraordinaria, canciones como Sodade, que ya está en la memoria colectiva de Cabo Verde, su pasaporte diplomático como embajadora cultural del pequeño país atlántico y su estampa amable de una señora que había comenzado a cantar descalza en las tabernas para denunciar la marginación racista que, durante muchos años, demasiados, impidió caminar por las aceras a los caboverdianos que no tenían dinero ni para comprar un par de zapatos.

Casas de Mindelo

Pasear por la historia de Cesária Évora, a quien sus compatriotas llamaban con cariño sincero Cizé, es también recorrer la ciudad de Mindelo. Situada en la isla de San Vicente, séptima en extensión de las nueve habitadas del archipiélago y capital cultural del país, la población está vinculada a su puerto y al histórico trasiego de barcos en las rutas comerciales hacia América y Asia. La intensa actividad portuaria tuvo su época de esplendor en la segunda mitad del siglo pasado y testimonio de ese auge es el patrimonio arquitectónico colonial que aún se conserva en un aceptable estado en el centro de la localidad. Allí, entre calles empedradas con sabor añejo, se puede visitar el antiguo Palacio del Gobernador, renombrado como Palacio del Pueblo a partir de la independencia de Portugal en 1975, y el Liceo Nacional Infante Henrique, construido en 1917 y ahora Escuela Jorge Barbosa en honor del poeta autor de Archipiélago, hito de las letras insulares. También se puede visitar el histórico colegio infantil Lar de Nhô Djunga, la Iglesia Mayor, el Fortín del Rey, el edificio más antiguo de la ciudad, y una retrospectiva del artista João Cleofas Martins, pionero del retrato fotográfico en Mindelo. Y para los amantes de la música, la luna llena del 21 de agosto iluminará el festival anual que se celebra en la bahía de las Gatas.

Publicado en la revista NT en agosto de 2013

Cinco siglos de historia ante quince kilómetros de mar

10 Jun

Cabo Verde mapa 1746

CABO VERDE

por Carlos Fuentes

Puede hacerlo en cómodo autobús o en bicicleta, incluso a pie. Apenas quince kilómetros separan Praia, la capital del archipiélago de Cabo Verde, de su añeja vecina, Cidade Velha, la primera población fundada hace cinco siglos en estas islas africanas. Quinientos años de recorrido entre vestigios del auge colonial, reposada vida callejera, huellas de religión antigua y, ya hoy, una tranquila ciudad comercial y turística abierta al oceáno Atlántico.

La historia del archipiélago de Cabo Verde, situado a algo más de seiscientos kilómetros al oeste de la costa continental africana de Dakar (Senegal) y a unos mil seiscientos kilómetros al sur de las islas Canarias, arrancó en el año 1456 con una controversia entre caballeros de ley por la autoría de la primera noticia de su descubrimiento. Porque tres hombres de mar son aún los aspirantes al hallazgo de estas diez islas africanas: el explorador genovés Antonio da Noli, el navegante veneciano Luis Cadamosto y el viajero portugués Diogo Gomes de Sintra. Suele atribuirse la gloria a este último marino, aunque los tres nobles trabajaban para el infante Henrique de Avis “El Navegante” (1394-1460) y, a la postre, el reino de Portugal sumó la conquista de una decena de islas deshabitadas que, en los siglos siguientes, se iban a convertir en puertos fundamentales para el desarrollo de las importantes rutas comerciales atlánticas hacia destinos de América y Asia. Fue durante este intenso trasiego histórico cuando, poco a poco, se tejió para siempre la singular personalidad social y cultural del pueblo caboverdiano.

Cabo Verde campoMedio millón de personas residen actualmente en Cabo Verde, cuyas diez islas suman una extensión total de poco más de cuatro mil kilómetros cuadrados. En lo relacionado con la actividad económica, comercial y turística de Cabo Verde, tres islas sobresalen por su importancia: la isla de Santiago, donde se ubica la ciudad de Praia como capital de la república; la isla de Sal, centro de actividad turística con un aeropuerto de escala internacional; y la isla de San Vicente, en cuya capital Mindelo late el corazón cultural de los caboverdianos. Es curioso el caso de Cabo Verde: muchas personas no han sido capaces de dar su ubicación concreta hasta la aparición de una cantante menuda que cautivó al mundo con sus canciones de melancolía, morriña y nostalgia. Con Cesária Évora no solo se conoció la morna, esa canción emblemática del folclor caboverdiano, ya que al mismo tiempo muchos lograron, por fin, situar a este archipiélago en un mapa. Y por cerrar el círculo musical, no sólo de morna vive el caboverdiano, aficionado desde siempre a otros ritmos bailables como el funaná y las festivas coladeiras.

 Aunque todo empezó cinco siglos antes. En 1462 el primer asentamiento tomó el nombre de Ribeira Grande y se convirtió en el primer núcleo poblacional de un país europeo más allá de la cornisa mediterránea del Magreb, ya al sur del gran desierto del Sáhara. Posteriormente, en el año 1532, con la concesión de la bula del papa Clemente VII, Cidade Velha acogió la primera diócesis de la iglesia católica asentada en la costa occidental de África. Estos factores de desarrollo incipiente elevaron la importancia social, económica y comercial del primer puerto de la isla de Santiago. En épocas posteriores por su bahía pasaron marinos ilustres como el portugués Vasco de Gama, que en 1497 se detuvo en Cabo Verde en su ruta marítima hacia la India, y el genovés Cristóbal Colón, que se aprovisionó en Cidade Velha en su tercer viaje a América realizado en 1498. También son famosas las visitas del corsario inglés Francis Drake, que asaltó la ciudad varias veces entre 1578 y 1585. Menos orgullo causa el protagonismo que esta ciudad antigua tuvo durante los siglos XV y XVI debido al tráfico de esclavos y al comercio de madera, caña de azúcar, algodón y frutas tropicales.

Praia Chaves (Boavista, Cabo Verde)

En Cidade Velha la historia late en las calles y en su patrimonio arquitectónico. Designada en 2009 ciudad patrimonio de la humanidad por la Unesco, una ruta turística por la añeja capital de Cabo Verde ofrece visitas a edificios singulares como las iglesias de Gracia y de Nuestra Señora del Rosario, el templo colonial más antiguo del mundo y superviviente de media docena de iglesias de la época portuguesa dedicados a la Virgen de la Concepción, Santa Lucía y San Pedro. En la parte baja de la ciudad se encontraba la casa hospital de la Misericordia y el antiguo centro de la Compañía de Jesús, muy próximos al Palacio Episcopal y a las ruinas de la catedral de Cidade Velha, edificada en estilo renacimiento tardío en 1705 y arrasada siete años después. Aquí sobreviven la fortaleza real de San Felipe, que vigila la bahía desde 120 metros de altura; el convento de San Francisco, construido a mediados del siglo XVI y luego saqueado por piratas franceses liderados por Jaques Cassard en 1712; y una picota o “pelourinho” con rollo de mármol esculpido en estilo manuelino sobre tres peldaños en 1520. Es el símbolo del esplendor colonial de Cidade Velha, antigua capital de las islas de Cabo Verde, que aún se mantiene entre las siete maravillas históricas de origen portugués en el mundo junto a sitios de Brasil, India, China y Marruecos.

El relevo de Cidade Velha como capital del archipiélago, estado independiente desde el 5 de julio de 1975, lo había tomado la ciudad de Praia en el año 1769. En la actualidad esta urbe portuaria de 125.000 habitantes ofrece razonables oportunidades para pasear con tranquilidad y disfrutar de sus atractivos turísticos. En Praia se desarrollan también buena parte de las actividades comerciales y empresariales del país, e incluso en algunos lugares emblemáticos de la ciudad es posible combinar el ocio con el negocio al aire libre. Uno de los paseos recomendables transcurre entre árboles y calles de tierra por el popular mercado central de Sucupira, un laberinto de tiendas y puestos móviles ubicado en el barrio de Várzea en el que cada día se ofrecen las mercancías más diversas. En este amplio centenar de establecimientos populares se venden desde las típicas telas africanas estampadas de colores a un importante catálogo de productos artesanales destinados para la mesa o el salón. Todo siempre ambientado con música popular isleña, pasatiempos de ocasión y sabrosas comidas tradicionales caboverdianas. Junto a este epicentro comercial de uso diario, la ciudad de Praia también ofrece visitas interesantes al Palacio de la Cultura, al Museo Etnográfico, al cuartel de Jaime Mota y al Archivo Histórico Nacional. Asimismo, en la parte baja de la ciudad se encuentra el animado campus de la Universidad de Cabo Verde, muy cerca de las plazas de Luis de Camões y Alejandro de Albuquerque.

Iglesia Cidade Velha Cabo verdeY en Cabo Verde no hay historia antigua en la que no aparezca una iglesia centenaria. Aquí la tradición conserva un hito fundamental para comprender la propagación intercontinental de la fe cristiana. La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario es el templo más importante del archipiélago africano. Y no es una iglesia cualquiera: está considerado el primer recinto sagrado católico que se construyó en la costa occidental de África y, sin duda más importante, la primera iglesia construida en suelo colonial. Levantada en 1495 con una obra de estilo manuelino portugués, el templo situado en el corazón de Cidade Velha, que fue capital nacional en la isla de Santiago hasta el año 1769, se mantiene en pie gracias a su restauración con fondos portugueses y españoles. Similar a la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz, otro ejemplo del gótico tardío portugués ubicado en Mindelo, isla de San Vicente, este templo de Cidade Velha acogió en 1652 al padre Antonio Vieira en la ruta de apostolado hacia Brasil. Todavía hoy se puede asistir a misa domingo y recordar la generosa descripción del lugar que hace tres siglos y medio hizo el religioso portugués: “Hay aquí padres tan negros como azabache. Pero sólo aquí son diferentes de los de Portugal, porque tan doctos, tan bien criados, tan buenos músicos que dan envidia a los mejores de las mejores catedrales de Portugal”.

Publicado en la revista NT en junio de 2013