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Seu Jorge: canción brasileña con voz de actor caníbal

10 Nov

Seu Jorge

por Carlos Fuentes

Habla como “un actor que canta”, pero también como “un cantante que actúa”. El brasileño Seu Jorge no respeta las barreras. Ya lo demostró en 2004, cuando tradujo al portugués buena parte del cancionero de David Bowie para la película Life aquatic. Y ahora dobla su apuesta con un disco de versiones de Michael Jackson, Kraftwerk, Roy Ayers, Jorge Ben y Tim Maia, que defendió en el festival Womad de Las Palmas de Gran Canaria. “Pertenezco al Brasil de la nueva generación, cosmopolita, con sueños de progreso. Y la música es parte de la cultura y la educación de mi país, sobre todo para los que no tienen acceso a los libros”, explica este músico carioca de 40 años, que en 2002 debutó como actor en Ciudad de Dios, retrato de Fernando Meirelles sobre la vida en las favelas.

De aquel Mané Galinha queda el chico de sonrisa contagiosa que se enfrenta al mundo como si la vida no tuviera segunda sesión, pero Seu Jorge reconoce haber ganado en madurez. Y habla con conocimiento de causa: nació en uno de los municipios del cinturón urbano de Río de Janeiro, donde no abundan las oportunidades. Hijo de familia numerosa, con 10 años trabajó como mecánico, luego fue chico para todo en unas oficinas y aprendiz de carpintero.

Seu  Jorge

Desde 1998, cuando grabó su primer disco grande con el grupo Farofa Carioca, Seu Jorge ha pasado de ser un cantante brasileño más de la escena sonora a convertirse en una referencia ineludible como puntal renovador de la música nacional. Y este recorrido ha fortalecido sus convicciones sociales sobre Brasil. “Los artistas estamos preocupados por el futuro; queremos incentivar a las nuevas generaciones a instaurar la ética para impedir que reine la anarquía de la corrupción. Debemos formar a una nueva generación de políticos, educadores y administradores, y ganar espacio para la libertad de expresión”, afirma el cantante, convencido del papel que el nuevo Brasil tiene en el desarrollo de América del Sur.

En lo musical, la obra de Seu Jorge oscila entre la genuina raíz brasileña y los condimentos de rock, soul, funk y electrónica. Actor principal del primer sonido globalizado del planeta, un cantante caníbal. “En la música de Brasil participan músicas de todo el mundo. España, Portugal, África esas culturas aportan a las músicas de Brasil y todas forman parte de nuestro país. Brasil es el producto de muchas influencias distintas”, señala Jorge, cuyo nuevo proyecto integra a músicos de Nação Zumbi, el revolucionario grupo de mangue-beat que Chico Science lideró en Pernambuco. ¿Y qué pensaría Michael Jackson si escuchara su versión de Rock with you? “Diría: ¡Oh, qué hace este chico!”, bromea Seu Jorge. “Es mi homenaje a un ídolo, alguien importante en mi cultura”.

Publicado en el diario Público en noviembre de 2010

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Cuerdas no tan lejanas

21 Oct

ARNALDO ANTUNES, EDGARD SCANDURRA & TOUMANI DIABATÉ

por Carlos Fuentes

Si fuera boxeo, sería un combate (sin golpes) de pesos pesados. La última pirueta de los brasileños Arnaldo Antunes y Edgard Scandurra es A Curva da Cintura, un disco compartido con el emperador malí de la kora Toumani Diabaté. ¿World music? Qué va: genuino vaso comunicante entre dos culturas no tan lejanas.

La idea es más fácil de explicar que de alcanzar: trazar un puente sonoro entre los instrumentos de cuerdas de Brasil y Malí. Y nadie mejor para intentarlo que el cantautor tribalista Arnaldo Antunes y el tañedor de kora Toumani Diabaté. El proyecto surgió en 2010 cuando el músico paulista y su socio guitarrista Edgard Scandurra coincidieron en Río de Janeiro con el africano para compartir recital en el festival Back2Black. Aquel intento embrionario despertó el apetito de unos artistas versátiles que antes colaboraron, anoten por el lado del exmiembro del grupo Titãs, con Chico Buarque, Tom Zé o Marisa Monte. Y Toumani Diabaté tampoco sabe lo que es estar quieto: Ali Farka Touré, Björk, Herbie Hancock, Taj Mahal y el Cuarteto Patria de Eliades Ochoa. “Quisimos acercarnos a la kora sin la pretensión de hacer un disco de “world music”, más bien crear algo completamente nuevo que trasciende una (im)posible y previsible sonoridad”, explican los dos músicos brasileños. “El álbum permitirá que la música de Malí sea conocida en un país donde estaban olvidando sus conexiones con África. Y hay colores que nunca se habían visto antes en las músicas de Brasil”, asegura Toumani Diabaté.

A Curva da Cintura, editado por el sello Um Discos, incluye catorce canciones que oscilan entre el pop ágil de los brasileños y la destreza a prueba de bomba del malí. Y en las catorce letras abundan referencias a la melancolía cotidiana, quizá el principal signo de identidad del también poeta Arnaldo Antunes, aunque es el campo sonoro de este cruce de orillas lo más deslumbrante. Laten, claro, esencias del samba y de la bossa-nova, también un ligero aroma de melismas árabes flotando entre guitarras brasileñas y kora. “Hay gran musicalidad entre ambos instrumentos, que se acercan a través de la improvisación. Y hay ritmos que mezclan de forma estupenda con las influencia del blues”, señala Edgard Scandurra. “Como ya ocurrió con Björk y otros artistas que han viajado a Malí, la atmósfera que se respira allí para crear es algo muy especial, y es muy difícil que suceda en una ciudad occidental. Bamako tiene otra magia”, dice Toumani Diabaté, “y ellos fueron valientes al aceptar el reto de mi invitación, no se arrepintieron”.

En efecto, A Curva da Cintura se trabajó en los dos países. En São Paulo, en una etapa inicial, Antunes y Scandurra pergeñaron el esqueleto sonoro. Luego, en el estudio de Bamako, los tres músicos completaron un viaje sin precedente entre los sonidos de Brasil y África occidental. Nos dimos cuenta de que sería una sonoridad única, una gran afinidad musical, y no podíamos dejar pasar esa oportunidad. La mezcla entre la guitarra eléctrica y la kora es genial”, reivindica el guitarrista brasileño. “Como llevo demostrando hace más de veinte años, la kora conecta con todo y con todos. Aunque no existan precedentes, la realidad es que funciona. Y se aprecia en mi hijo Sidiki, de veinte años, la generación número 72 de la familia Diabaté que toca la kora, que ha grabado efectos que no habían sido registrados antes con la kora. Muchos piensan que es la guitarra eléctrica”, indica Diabaté sobre piezas de satén como Ir, mão, Kaira o Grão de chãos que, además, ponen banda sonora a un documental que retrata el viaje africano.

Sorprende la cosecha si se valora el desconocimiento recíproco previo. Porque Antunes y Scandurra supieron del tañedor de kora en la reunión negra de Río de Janeiro, “pero luego hicimos una intensa búsqueda de sus discos, también a través de YouTube”, admite el guitarrista. Para Toumani Diabaté, la única referencia previa del dúo paulista era Tribalistas, el disco de pop que Antunes grabó en 2002 con Marisa Monte y Carlinhos Brown. “No fue algo premeditado. En una creación a tres bandas cada uno aporta sus experiencias, y en nuestros casos ya son muchas y muy variadas”, explica el malí. “Es la primera grabación entre músicos de Brasil y Malí, quisimos acercarnos a la kora y a esa habilidad que tiene Toumani con pop y rock; es lo mismo que Arnaldo y yo hacemos en Brasil. Me siento ciudadano del mundo que recibe informaciones e influencias, y que busca transcribirlas a sus composiciones. Nunca quisimos hacer un disco folclórico, solo teníamos samba o ritmos africanos”, añade Edgard Scandurra.

De hecho, A Curva da Cintura nació sin un pasaporte cultural predeterminado. “Siempre compusimos sin pensar si debería tener orígenes brasileños o latinos. Hacemos música y punto. Sin embargo, vivimos en una ciudad donde existen grandes influencias del mundo. He escuchado mucho flamenco y, tal vez por eso, hay ciertas influencias árabes en mis canciones. Y Toumani, por vivir en un viaje permanente a través del mundo, también hay cogido otras influencias. Eso explica su internacionalidad”, indica el guitarrista. “No conozco lo suficiente de los ritmos brasileños, pero que en su mayor parte tienen origen en África es algo que no se debe olvidar”, subraya Diabaté. “Y nuestro objetivo es el mismo de siempre: defender la cultura aunque la economía sea la que mande. Porque sin la cultura no vamos a ninguna parte. Y como olvidemos esto, entonces sí habrá crisis. Yo, como griot que soy, estoy aquí para recordarlo a todas horas”.

Publicado en la revista Rockdelux en julio de 2012