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De Dakar a San Luis por un océano de baobabs en Senegal

7 Ene

baobab

por Carlos Fuentes

Hay ocasiones en las que un viaje por el interior de un país africano ofrece al visitante un intenso recorrido por la historia de un pueblo. En Senegal, el país de referencia del oeste africano, el trayecto entre la actual capital, Dakar, y la vieja ciudad que una vez lo fue, San Luis, permite al viajero hacerse una idea de cómo se ha desarrollado la vida cotidiana entre las tierras secas del Sahel y la siempre presente cornisa atlántica. También una visita interesante por las ricas huellas históricas de un país que disfruta de plena independencia política desde su emancipación de la metrópoli francesa lograda en 1960.

Con punto de partida en la populosa Dakar, casi tres millones de habitantes en su zona conurbana, este viaje africano de 260 kilómetros en dirección norte se puede realizar en coche particular pero también en transporte público, ya sea con vehículos compartidos que parten desde la estación principal de la capital o en autobuses de línea que realizan varias paradas en localidades intermedias como Thiès, tercera ciudad senegalesa y capital de la artesanía textil nacional, Kebemer o Louga. En estas ciudades se localizan antiguas estaciones de paso de la extinta línea ferroviaria que los colonos franceses construyeron en 1885 bajo dirección del ingeniero Ernest Goüin, uno de los técnicos que realizaron aportaciones al proyecto de la torre diseñada por Gustave Eiffel para París.

playa

No obstante la historia, el camino de Dakar a San Luis deslumbra por el rico abanico de paisajes africanos que atraviesa la carretera nacional N-2. Cerca de la capital, junto a la población de Niaga, se encuentra una de las atracciones naturales más visitadas de Senegal. El Lago Rosa toma nombre de su peculiar color, producto de la existencia de un alga que en la estación seca produce un pigmento rojo para absorber la luz solar. Con una extensión de tres kilómetros cuadrados, su elevado nivel de salinidad hace posible una experiencia única de caminar sobre las aguas rosáceas. Lógico, pues, que entusiasme a los turistas tanto como la vida tranquila que se puede disfrutar en la localidad de Mboro.

Superado el camino desde Dakar en un viaje trufado siempre por la imponente presencia del baobab, mítico árbol africano que puede llegar a alcanzar varios siglos de vida con proporciones de veinticinco metros de altura y hasta diez de diámetro. Un dato botánico revela la importancia de este árbol para los pueblos del oeste africano, siempre azotados por la falta de agua. Un baobab adulto es capaz de almacenar más de cien mil litros de agua, además de proporcionar un gran volumen de fruta con la que se elabora el popular refresco bouye e incluso sustituye el café. Citado por Saint-Exupéry en El Principito, con sus troncos y ramas se fabrican utensilios domésticos, cestería y material de construcción.

cayucos

El desembarco en San Luis devuelve al viajero a paisajes de otras épocas. No hay lugar en esta región de África que refleje tan bien esa sensación de tiempo detenido que esta ciudad portuaria que hasta 1902 ostentó la capitalidad de la posesión francesa en África occidental. San Luis late con vigor cada día por el trasiego laboral de su puerto, referencia no sólo para Senegal sino también para las poblaciones del sur de la vecina Mauritania, y los hitos que la historia ha dejado por el camino desde su fundación por colonos normandos en 1659. Pronto recibió San Luis el calificativo halagüeño de Venecia de África, con un casco viejo pespuntado todavía de edificios de la época colonial, característicos por sus paredes de cal, techos de barro, balcones de madera y barandas de hierro. Aunque la primera seña de identidad es el imponente puente Faidherbe, construido por los franceses en 1897 y cuyos 507 metros comunican la isla ribereña con el continente, donde vive la mayoría de sus 200.000 habitantes.

san luis

Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000, San Luis alberga una de las mayores comunidades de pescadores de esta parte de la costa africana. Es el barrio de Guet Ndar, donde cada año se desembarcan treinta mil toneladas de pescado. Sentarse una tarde en alguna de las terrazas del bulevar Mar Diop, bajo el sol trémulo de poniente, permite disfrutar del espectáculo cotidiano de la llegada de los cayucos pesqueros después de la jornada de faena. También es recomendable una visita a la catedral francesa de 1828, considerada el templo religioso más antiguo de África occidental, y un paseo sin prisas por el mercado central donde confluyen los productos de la agricultura y la artesanía nacional, pero también con presencia de comerciantes de Mauritania y Malí.

sol

En San Luis, como en casi toda la geografía de Senegal, el visitante no dejará de escuchar música. Suena música en las calles, música en las plazas, música en los mercados populares, porque quizá no haya país más sonoro que esta referencia cultural en toda África occidental. Y si tiene usted suerte, a finales de primavera la ciudad celebra cada año su reputado Festival de Jazz, una música que llegó a San Luis con la influencia de los marinos norteamericanos que hacían aquí parada técnica en el puerto senegalés. Abierto también a las atléticas músicas africanas, el certamen cultural fundado en 1993 ofrece cada año un nutrido cartel con primeros espadas de los ritmos étnicos. No en vano, hasta hace bien poco, Senegal atesoraba a un músico profesional, Youssou N’Dour, en funciones de ministro de Cultura. Pero esa ya es otra historia.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2015

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Adiós a Doudou N’Diaye Rose, matemático del ritmo africano

4 Nov

Doudou NDiaye Rose 1

por Carlos Fuentes

Cuando las emisoras de radio de Dakar anunciaron su fallecimiento, muchas personas salieron a las calles en señal de duelo. Se repitieron concentraciones en las esquinas, en las plazas de la populosa capital de Senegal. Había muerto un músico, una leyenda africana, pero sobre todo un artista identificado con su gente, siempre con su pueblo. Doudou N’Diaye Rose, uno de los percusionistas que más han hecho por el reconocimiento y la difusión internacional de los vigorosos ritmos del oeste de África, murió el pasado 19 de agosto.

En medio de las vacaciones, a este lado del mar su desaparición pasó, casi, sin pena ni gloria. Aunque su muerte, sin duda, supone un eslabón importante en la extinción de una especie artística. La generación de los primeros músicos africanos que lograron derribar fronteras, ganar prestigio para los sonidos del continente y, también, devolver parte de todo lo recibido al pueblo con la puesta en marcha de la primera escuela para la enseñanza de la percusión en Dakar.

Doudou NDiaye Rose 2

La historia vital de Doudou N’Diaye reproduce el patrón de los más valiosos protagonistas de la cultura africana contemporánea. Hijo de una familia de griots, esa suerte de notarios del devenir de los pueblos del oeste africano cuyas estirpes van pasando de generación en generación, N’Diaye Rose nació en el verano de 1930 en la Medina, uno de los barrios con mayor solera de la ciudad de Dakar y que décadas después daría uno de los artistas más reconocidos de África, Youssou N’Dour, quien por cierto también comenzó su carrera artística como instrumentista de percusión antes de lanzar su carrera internacional como cantante. N’Diaye Rose fue llamado Mamadou, aunque muy pronto fue apodado Doudou por sus familiares y amigos, y también empezó muy rápido a familiarizarse con instrumentos de percusión aún siendo adolescente, al tiempo que ayudaba a la familia con apaños de fontanería y trabajos en la construcción. Aunque su suerte cambió pronto con la independencia de Senegal en 1960.

Ese año, que luego pasó a la memoria colectiva como el Año de África por ser la fecha en la que varias antiguas colonias africanas lograron la emancipación de las metrópolis europeas, en esencia de Francia y los Países Bajos, Doudou N’Diaye Rose fue ayudado por la diva Josephine Baker, una de las primeras artistas de carrera internacional que tuvo interés por las percusiones africanas y por ayudar a ampliar los horizontes comerciales de sus intérpretes.

Doudou NDiaye Rose 4

Y cuando llegó esa oportunidad, Doudor N’Diaye Rose ya era un maestro del sabar, tambor alto característico de Senegal y de Gambia a partir de su origen en la comunidad serer, que utilizaba su repique como medio de transmisión de noticias entre aldeas y poblados alejados. Junto al sabar, que luego paseó por los principales escenarios del mundo, N’Diaye Rose también manejaba con destreza otros instrumentos de percusión y, acompañado por más de un centenar de instrumentistas, actuó en las celebraciones de la independencia de Senegal ante el primer presidente del nuevo país, el político y poeta Leopold Sedar Senghor. Muy pronto se hizo cargo de la tarea rítmica en el Instituto Nacional de las Artes y también en el Ballet Nacional de Senegal. Comenzaba así su pasión por la enseñanza de los ritmos africanos, una labor docente que con el tiempo le hizo merecer el reconocimiento de todo su pueblo senegalés y la denominación cariñosa de El Matemático de los Ritmos.

Doudou NDiaye Rose 3

Ya durante los años 80, posiblemente la década más importante para el prestigio y la proyección internacional de las músicas africanas contemporáneas, Doudou N’Diaye Rose desembarcó en Francia para actuar en un festival de jazz en la ciudad de Nancy. Allí desembarcó con un grupo de cincuenta percusionistas. Fue tal el estrépito del concierto, la destreza y la versatilidad de los ritmos de África, que el cineasta Martin Scorsese apostó por esas músicas para incluir algunos pasajes de percusión en la banda sonora de su largometraje La última tentación de Cristo. Después vendrían más aportaciones al cine y, sobre todo, la confianza ganada entre los músicos occidentales como maestro de las percusiones con esos ritmos tradicionales que nacieron para ambientar ceremonias de boda y actos sociales africanos. Con calor y color, el sabar iba a conquistar el mundo.

El siguiente artista europeo en apostar por la destreza rítmica de Doudou N’Diaye Rose fue el compositor francés de músicas celtas Alan Stivell. Después llegarían sus trabajos con artistas de la talla de Dizzy Gillespie, Miles Davis, The Rolling Stones y Peter Gabriel. Con este último, además, produjo uno de los álbumes más influyentes de las percusiones africanas, Djabote (1994), que en otro signo de compromiso con su pueblo senegalés fue registrado en vivo en Gorée, la pequeña isla situada en la bahía de Dakar desde donde se realizó gran parte del infame tráfico de esclavos negros hacia Europa y América.

Ya en 1988 se había producido su primera presentación en Estados Unidos con un concierto celebrado en el teatro Beacon de Nueva York junto a treinta percusionistas, un recital que generó comentarios entusiastas en The New York Times. “Incluso sin contemplar la puesta en escena”, escribió entonces el crítico norteamericano Jon Pareles, “la riqueza de estos ritmos africanos llevaría hasta el límite a cualquier percusionista occidental”.

Doudou NDiaye Rose 5

La desaparición de Doudou N’Diaye Rose provocó sentidas manifestaciones de duelo entre los ciudadanos senegaleses, también en las autoridades africanas que en 2006 impulsaron su reconocimiento como tesoro vivo de la humanidad por parte de la Unesco. Aunque quizá haya sido un músico joven el que mejor ha puesto en valor al gran maestro del sabar para las nuevas generaciones. Apenas conocer su fallecimiento (que, por cierto, coincidió con la desaparición de otro genio de la percusión senegalesa, Vieux Sing Faye, músico de la todopoderosa Super Êtoile liderada por Youssou N’Dour), el rapero Didier Awadi afirmó que “Doudou N’Diaye Rose conocía el lenguaje de nuestros tambores porque para muchos africanos los instrumentos de percusión fueron los primeros teléfonos móviles para comunicar noticias importantes entre pueblos”. “Y él fue capaz de convertir los sonidos de un centenar de tambores en una sinfonía delicada”, incidió el fundador de Positive Black Soul, que en 2010 se apoyó en el ritmo veterano de Doudou N’Diaye Rose para abrir con Dans mon revê su proyecto Presidents of Africa en uno de los videoclips mejor facturados en lo que va de siglo XXI en las músicas de toda África.

Publicado en El Confidencial en septiembre de 2015

Buena Vista Social Club: memoria cubana del son

4 May

Buena Vista Social Club

por Carlos Fuentes

Fue el último bolero del siglo XX. Hace casi veinte años, una casualidad logró reunir en La Habana a los supervivientes de la época dorada de las músicas cubanas. Ahora el disco Lost and Found rescata piezas inéditas de aquellas sesiones antológicas. Omara Portuondo, Eliades Ochoa y el productor Nick Gold glosan a Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Cachaíto y Rubén González en memoria del montuno, el cha cha chá, la guajira y el danzón.

Todo surgió de repente en La Habana. Nick Gold y Juan de Marcos González tenían estudio, pero no muchos músicos. Sí estaban Eliades Ochoa y Cachaíto López. Luego se sumaron Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Rubén González y Omara Portuondo. También Guajiro Mirabal, Puntillita y Pío Leyva. Seis días de marzo de 1996 para grabar lo que sería el álbum de resurrección de una de las músicas más poderosas del planeta, con el aliento de Ry Cooder siempre detrás. Con ocho millones de copias vendidas desde su publicación a final del año siguiente, Buena Vista Social Club fue luego película de Wim Wenders, colección de discos individuales (hasta una docena además del álbum titular), premio Grammy, gira mundial aún en marcha y, en fin, todo un acto de justicia histórica con los escasos supervivientes de la época dorada de la música en Cuba. “Sentía que me había estado preparando toda la vida para esto”, dijo Ry Cooder, que viajó a Cuba vía México para burlar el bloqueo norteamericano a la isla de los barbudos. Otros tiempos, casi ayer. Así renació el son montuno.

Buena Vista Social Club (1999)

OMARA PORTUONDO: LA REINA DEL BOLERO

Antes fue la novia del filin, aquel bolero preñado de jazz que hizo fortuna en los años 50, pero Omara Portuondo (La Habana, 1930) es mucho más que una voz cualquiera de mujer. En 1996, en una carrera con altibajos (cantó con Nat “King” Cole en Tropicana, luego su eco se opacó), anuló una gira por Vietnam para quedarse en La Habana. “La culpa de todo fue del inglés. Quería grabar con unos africanos y con Celina González, pero aquellos músicos africanos no llegaron y, como no tenían dama, me llamaron a mí”, explica divertida. Era un ajuste de cuentas con la historia. “Así es la vida. La música cubana se había olvidado, como ocurre en la vida con otras muchas cosas. Mira el rock, aún se hace en todas partes y los jóvenes no saben que por mucho tiempo la música cubana fue así. En todos lados se cantaba bolero, mambo y son campesino. La música tradicional es tan de Cuba como el guajiro o la bandera, y no exagero”.

Ya no están Compay Segundo (1907-2003), Rubén González (1919-2003) ni Ibrahim Ferrer (1927-2005). ¿Cómo era trabajar con ellos? “Muy fácil, todos eran magníficas personas. Eran tres maravillas de hombres”. Desde París, poco antes de volar para cantar en Australia, la voz de Silencio evoca también el tesoro humano del club de la Buena Vista. “Aquel éxito descubrió al mundo a esos grandes artistas, también sus historias humanas, que a veces no fueron tan alegres como parece”. Omara sabe de lo que habla: de reinar en la noche habanera a casi eclipsarse en discos de pobre repercusión en los duros años ochenta. Y ha hecho casi de todo. “He sido bailarina de rumba, mambo y cha cha chá”, dice. “Canté bolero, que nació para enamorar a las muchachas, y esa ha sido mi suerte, he podido hacer de casi todo. Y seguiré cantando hasta que me llegue el momento. La canción es parte de mi vida; sin ella me siento mal”.

En Lost and Found (World Circuit-Music As Usual, 2015), Omara interpreta dos piezas nutritivas: el seminal bolero-son de Matamoros Lágrimas Negras, grabado a última hora en las sesiones de 1996; y un guiño histórico registrado ocho años después: una versión de Tiene Sabor con el etéreo aire vocal que el cuarteto Las D’Aida interpretaba con Nat “King” Cole en las noches únicas del mítico salón de Marianao. “Era un tipo muy inteligente y como persona, muy decente. Cantaba muy bien, tenía un conocimiento musical extraordinario. En Cuba entonces había mucha afinidad con los músicos norteamericanos, venían a La Habana para gozar e intentar coger influencias de nuestro ambiente”.

Eliades Ochoa

ELIADES OCHOA: EL GUAJIRO DEL SON

Secundó en su grabación postrera al legendario Ñico Saquito, rescató al añejo Cuarteto Patria y mantuvo viva la llama del son cubano frente al olvido hasta la aparición de Compay Segundo con la antología Semilla del Son de Santiago Auserón. Guajiro de monte adentro, Eliades Ochoa (Santiago de Cuba, 1946) domina como pocos en Cuba la guajira campesina que hizo grande Portabales. Él ya estaba en el estudio EGREM cuando prendió la chispa de Buena Vista. “Me dijeron de grabar con africanos, pero esa gente nunca llegó. Y el productor decidió hacer un disco con los cubanos. A mí no me fueron a buscar, ya estaba sentado esperando para grabar”, recuerda el músico de Oriente, cuna del son. “Y me alegro de haber estado. Este disco abrió las puertas del mundo a las músicas cubanas. Los sonidos tradicionales estaban algo abandonados y llegó una ráfaga fuerte. Con Buena Vista todo lo que tenía olor a son cubano salía para el extranjero. Fue tremendo: llamaban desde cualquier rincón del mundo”.

Eliades Ochoa asume la herencia que recibió de los veteranos desaparecidos. “Eran los verdaderos maestros de nuestras músicas. Ahora tratamos de seguir su ejemplo para conservar la riqueza de su obra, su seriedad en el trabajo y la manera de proyectarse sobre el escenario. Marcaron el camino para llegar, nos señalaron una autopista para la música cubana”, indica el cantante, que ahora rescata Macusa a dos voces con Compay Segundo, similar combinación que bordó el emblemático Chan Chan que abre el disco original. “¿Qué me queda por hacer? Todavía mucho. Estoy empeñado en llevar estas músicas que tanto bien hacen por el ánimo de la gente a todos los rincones del mundo. Allá donde voy me reciben con cariño, con amor, y eso me da las fuerzas necesarias para continuar mi trabajo. Amor con amor se paga, y mientras respire y pueda mover mis manos, allí estaré enseñando al mundo qué es la música cubana”, añade Ochoa, a quien le gustaría ser recordado “como lo que soy, el Eliades que soy, un tipo de pueblo que camina por las mismas calles que camina el pueblo”.

Rubén González & Nick Gold NICK GOLD: NUESTRO HOMBRE EN LA HABANA

El productor Nick Gold (Londres, 1961) todavía se emociona cuando habla de aquellos días en La Habana. “Hace poco volví a escuchar las cintas originales y fue muy extraño: la música, como se grabó, me transportó de nuevo al estudio. Nunca creímos que fuera a pasar lo que pasó, ni tampoco nos dimos cuenta de lo que estábamos haciendo. Siempre había un ambiente increíble, la confianza de los músicos era absoluta, todos tocando para todos con mucho entusiasmo. La atmósfera era extraordinaria, muy orgánica, energética”, explica el director de World Circuit, disquera para la que nada fue igual tras editar Buena Vista. “Lo que vino después nos sorprendió a todos. El fenómeno fue creciendo poco a poco, empezó con el primer disco y fue cogiendo camino cuando se editaron los discos de cada músico. Ayudó mucho actuar en Amsterdam y Nueva York, también la película, por supuesto. A los tres años aquello ya era imparable”.

Para Gold, que antes había grabado al bluesman malí Ali Farka Touré y luego rescató a la senegalesa Orchestra Baobab, el éxito fue cuestión de apostar por la calidad dormida de los últimos de Cuba. “Nunca había escuchado una voz como la de Ibrahim. Era un maestro en las piezas lentas y también muy bueno con las bailables. Como persona era un tesoro, siempre amable y disciplinado. Nunca se creyó que era una estrella”. También añora los ratos compartidos con Rubén González. “Era un tío increíble. Tuve una suerte extraordinaria al poder sumarlo al proyecto. No podía parar de tocar, en 1996 ya llevaba mucho tiempo sin piano en casa. Y en el estudio estaba realmente on fire. Era muy inventivo, con un talento enorme y un gran sentido del humor. Cuando no tocaba, y eso ya era raro, siempre estaba con bromas”, explica el productor, quien apunta el primer disco en solitario del pianista como su capítulo preferido de la aventura cubana. “Aún recuerdo su grabación, a dos días de dejar el estudio. Él llegaba siempre muy temprano, siempre era el primer músico en llegar, y ya tenía en la cabeza todo lo que quería tocar. En ese disco yo sólo tuve que pulsar el botón de grabación, de algún lado de su memoria emergía una música poderosa”.

Catorce años después de Buena Vista Social Club, Nick Gold rescató aquella idea original de grabar con músicos africanos y cubanos. En Madrid logró reunir a Eliades Ochoa, Toumani Diabaté y Bassekou Kouyate para registrar el disco Afrocubism (2010). Son y guajira con kora y ngoni, pero ese ya es otro cantar.

Carnegie Hall

Aquel sonido ardiente y pegajoso

El mundo siguió girando tras Buena Vista Social Club y, en Londres, World Circuit continuó publicando buenas músicas cubanas y africanas, aquí bajo distribución primero de Nuevos Medios y ahora de Music As Usual. El disco más reciente, además, ajusta otra cuenta histórica. Abelardo Barroso fue una voz suprema de la música bailable del ecuador del siglo XX en Cuba. Lideró la Orquesta Sensación y, sorpresa, su fama engordó en África, donde su voz de exboxeador se equipara en popularidad con las de Benny Moré o la primera Celia Cruz. “Es otro cantante que realmente adoro. Escuché por primera vez su voz en algún lugar de África, Malí o Senegal, porque en toda África occidental sus canciones son tremendamente populares”, explica Nick Gold, satisfecho de poder invertir los réditos cubanos en redescubrimientos de la época dorada.

En la isla de Cuba, no obstante, tardó en calar el sonido añejo del rescate histórico del son y el bolero, músicas con las que se reconcilió buena parte de la población más joven que no conoce otra Cuba que la revolucionaria. El productor habanero René Espí dirigía Los Grandes Todos en Radio Ciudad de La Habana, una de las escasas ventanas a las gloriosas músicas de ayer en Cuba, e incide ahora en que “lo más positivo” del fenómeno Buena Vista Social Club “fue, sin duda, las oportunidades que dio a algunos músicos muy veteranos para reaparecer tras demasiados años de silencio y ostracismo”. “Compay Segundo, Ibrahim Ferrer y Rubén González tuvieron la segunda oportunidad de sus vidas”, explica el autor de la antología La Habana era una fiesta. “Por aquellos días en La Habana, el público más avezado, el más veterano, echaba en falta el empaste, la calidez y el timbre sólido que tenían los conjuntos cubanos en la época dorada”. En el disco, el ingeniero Jerry Boys apostó por un sonido más reposado que atlético. “Quizás fuera intencionado, quizás Ry Cooder tuviera en su cabeza el sonido de una casete reproducida hasta el desgaste absoluto”.

Publicado en la revista Rockdelux en abril de 2015

 

Youssou N’Dour & Super Étoile de Dakar – “Immigrés” (1984)

18 Mar

Youssou N'Dour - Inmmigrés

por Carlos Fuentes

Acaban los años 80: las músicas de África amortecen. Un disco gira el rumbo. En Dakar el ministro de la africanía publica Immigrés.

Final del siglo XX: amenaza tormenta en África, con riesgo de que el aparato eléctrico arramble el acervo cultural de todo un continente. Acabó la fiesta tras la larga noche colonial. Y la población de los nuevos estados, ya no tan joven ni tan rebelde, despierta: una cosa es independencia y otra, más exigente, buena gobernanza. Youssou N´Dour tiene un año cuando Senegal es libre. Pronto entiende que la panoplia sonora debe dar un salto audaz. Percusionista en la Star Band, capta el atlético soniquete de lo que será el mbalax: genuino pop africano sin renunciar a la esencia. Y un instrumento, el tambor de axila tama, que arrasa la pachanga de ínfulas cubanas que brilla en Dakar, Bamako y Abidján. La implosión de la Star Band abre dos vías: futuro conservador en la Orchestra Baobab (de vida efímera, volverá luego a lo vintage) o apuesta ágil en la Super Êtoile de Youssou N’Dour. Immigrés presenta su voz de plata líquida, como dijo Peter Gabriel. Primer aliado europeo en una lista que sumará a Paul Simon, Neneh Cherry… Immigrés son cuatro temas pergeñados poco antes del viaje sin vuelta de sus hermanos. El sueño de un joven africano que no quiere dejar África. Africano antes que músico, tan músico como africano. Dura 34 minutos, pero refunde la sabiduría de un siglo. Nada fue igual después de Immigrés.

Publicado en 2014 en la revista Rockdelux especial 30 años

“Retrato la realidad de África con la que convivo cada día”

5 Ago

Elise Fitte Duval

ELISE FITTE-DUVAL

por Carlos Fuentes

Comenzó a hacer fotografías con el anhelo de retratar el instante actual de la sociedad africana contemporánea. Afincada desde hace trece años en Dakar, la capital de Senegal, Elise Fitte-Duval viene pergeñando un genuino fresco poliédrico sobre la vida cotidiana en el gran país del oeste africano. Su trabajo puede contemplarse en la muestra Dakar cuerpo a cuerpo que Casa África expone en agosto.

La obra de Elise Fitte-Duval (Martinica, 1867) busca cuatro objetivos básicos: documentar cómo el cambio climático afecta a los ciudadanos en los países más pobres, retratar la movilización social en una de las grandes ciudades de África, reivindicar lazos de negritud que son patrón común en países africanos y, en esencia, testimoniar la vida cotidiana en Senegal. “La fotografía forma parte de mi vida y la vida me ha conducido a África. Allí intento fotografiar lo que me rodea, todo lo que está alrededor de mi vida. Llegué a Senegal, a Dakar, por trabajo y allí es donde vivo y trabajo. No me muevo mucho fuera del país, así que opto por retratar la realidad del país en el que vivo y convivo, en especial Dakar”, explica la fotógrafa de Martinica, que ya fue reconocida con el premio Casa África en la última edición de la Bienal de Fotografía de Bamako.

Elise Fitte Duval (Bailando la esperanza)

En Las Palmas, donde su muestra se incluye en el ciclo África Vive organizado por Casa África y Binter Canarias para celebrar el Día de África, la exposición ofrece pistas de la utilidad del arte en la creación de conciencia social y política en el continente negro. “En África la fotografía puede hacer mucho. Si compara la historia de la fotografía en otros lugares, allí siempre ha habido fotógrafos para retratar a sus sociedades y la vida cotidiana de sus ciudades. Ahora, con la fotografía digital, nuevas técnicas permiten que fotógrafos contemporáneos puedan contar la vida cotidiana de las sociedades en las que viven y, también, transmitir cualquier acontecimiento que ocurre en estos lugares. La técnica digital y sobre todo los medios de transmisión a partir de Internet permiten contar estas historias con una continuidad en el tiempo”, indica Fitte-Duval.

La autora de Martinica subraya la “función esencial” de la fotografía para que “los africanos tengan capacidad de verse a sí mismos, pero es muy importante también que no se olviden del momento de la historia que están viviendo”. “En especial”, precisa Fitte-Duval, “para los jóvenes africanos porque para ellos todo pasa rápido y también se suele olvidar demasiado rápido. La fotografía es la certificación de un momento acontecido y vivido por protagonistas africanos. Y también ocurre que Internet ofrece una gran plataforma para memorizar este tipo de documentos de la historia”. ¿Y no existe cierto riesgo de banalización del dolor y la desgracia ajena? “Esa es una pregunta que atañe más a Europa por cómo Europa percibe el resto del mundo. Mi trabajo como fotógrafa, y debe ser la tarea de todo reportero honesto, es construir mi propia imagen del África que quiero mostrar con un trabajo honesto y su difusión en medios rigurosos”.

Floods in Dakar's suburbs

Formada en la Escuela de Arte de Martinica, Elise Fitte-Duval tuvo que esperar a su llegada a Francia para ampliar estudios en Escuela de Artes Decorativas de París y disponer de equipo propio. “Era una cámara de segunda mano, de formato cuadrado, lo que permitió profundizar en el encuadre y la composición de imágenes para intentar trabajar con cierto vuelo poético. Porque yo elegí la fotografía como medio de expresión artística”, indica la reportera de Panapress. ¿Y existe conexión real entre las culturas negras africanas y las del Caribe? “Somos de la misma madera”, afirma Fitte-Duval, “pero realmente los puentes entre unos y otros se han cortado por la propia distancia. Pero esas conexiones vuelven a aparecer porque son más intensas de lo que a priori puede parecer”.

Elise Fitte Duval (Retratos de una revolución ciudadana) mujeres

“Senegal espera cambios, sobre todo los jóvenes”

Su residencia en Dakar permite a Elise Fitte-Duval asistir al proceso de cambio político, económico y social que fraguó el relevo en la presidencia de Senegal. La autora de Martinica es consciente de la importancia del reto africano y de la expectativa creada. “El gobierno de Abdoulaye Wade no era autoritario, sino que simplemente quería manipular la Constitución. Pero si realmente hubo esa movilización tan importante es porque Senegal posee una democracia que defender”, indica la fotógrafa. Asuntos de política aparte, la situación actual es más o menos similar a la anterior, aún se mantienen los mismos retos. “Los más jóvenes aún tienen muchas dificultades para encontrar trabajo y eso es muy duro porque genera mucha desesperación por el futuro. El Gobierno sabe que hay que cambiar el tejido económico, pero eso no se podrá hacer en uno o dos años. Aún faltan medios para revertir esta situación de dificultad y ahora estamos en un periodo de espera para ver si el nuevo Gobierno ofrece algún resultado efectivo y el país cambia para mejor. Si no es así, habrá problemas”.

Publicado en la revista NT en julio de 2014

Dakar está de moda

12 May

Dakar Sow House

por Carlos Fuentes

Paisajes que cambian de color al ritmo del sol, playas infinitas de arenas blancas, hoteles con encanto que combinan lo típico y lo contemporáneo, edificios de diseño moderno, desfiles de moda africana que sueñan con las pasarelas de París, Milán y Nueva York… Senegal está de moda. Y su capital, la siempre sorprendente ciudad de Dakar, se presenta ahora al mundo como renovada puerta de entrada a todo un continente en el que también hay espacio para el viaje de descanso y el turismo de alto nivel.

La identidad urbana de Dakar se encuentra en gran medida a la orilla del mar Atlántico, al calor de un sol que nunca suele fallar. Entre las tareas cotidianas de la importante flota pesquera senegalesa, la incesante actividad comercial en mercados callejeros y tiendas de nuevo cuño, así como en una creciente oferta de hoteles y otros alojamientos con encanto que ofrecen a los visitantes un merecido descanso antes de afrontar excursiones por la abigarrada ciudad y paseos silvestres en las zonas naturales que rodean a la capital de Senegal. Las tierras secas que definen el norte del país y los bosques tropicales situados en el sur son dos de los atractivos de este tranquilo país africano al que la mayoría de los turistas extranjeros se desplazan en busca de días de descanso y sosiego sobre playas infinitas de arenas blancas. A estos atractivos de ocio, que las autoridades del país vienen potenciando en estos años a través de regulares campañas de promoción turística en importantes capitales de Europa y América del Norte, se une una creciente oferta en las conexiones aéreas que enlazan el aeropuerto de Dakar con los principales destinos internacionales.

En el ámbito de los alojamientos destinados al uso turístico, Senegal continúa desarrollando un crecimiento sostenido en estos últimos años. A partir de la construcción de los nuevos hoteles en los barrios de Dakar más próximos a primera línea de playa, la capital senegalesa ofrece una estimable oferta de establecimientos para el turista nacional y extranjero que están dotados de las máximas comodidades y los mejores medios posibles. Es el caso de la zona de hoteles de alto nivel situada en la zona de Saly Portudal, sobre una antigua factoría de origen portugués situada a ochenta kilómetros al sur de la capital e impulsada por las autoridades senegalesas a principios de los años ochenta para elevar el nivel de los servicios turísticos en el país. En esta región, en la que está considerada la mayor zona de resorts de los países del oeste de África, están ubicados algunos de los hoteles más emblemáticos de Senegal, país que en la actualidad dispone de más de quince mil habitaciones turísticas y que pretende potenciar nuevos destinos en San Luis, Casamance y Tamba.

Dakar Sow House (escalera)

Con un rinoceronte tallado por artesanos en madera tailandesa franqueando sus modernas instalaciones, el hotel Rhino Resort & Spa defiende un prestigio de excelente infraestructura y gran servicio cosechado en certámenes como el International Hotel Awards Africa, que hace dos temporadas reconoció a este establecimiento como el mejor hotel de spa en el continente. En la actualidad, el hotel Rhino ofrece un centenar de habitaciones totalmente equipadas con los últimos medios técnicos, zonas de playa de uso preferente y, quizá la seña de identidad del resort senegalés, un prestigioso servicio de spa con tratamientos para la salud basados en el agua. Entre sus visitantes más recientes destacan los deportistas Leo Messi, Pape Diop, Boniface N’Dong, el cantante Youssou N´Dour o el jeque árabe Cheikh Al Thani Faisal. También situado en la costa de Saly se encuentra el hotel Lamantin, característico por un estilo de construcción que trata de reproducir influencias de la arquitectura tradicional de esta parte del continente sin descuidar la calidad de medios y servicios. Su centro de spa no escatima facilidades: piscina para hidroterapia, masaje, baño turco, salas de tratamiento cosmético y cuidados con productos naturales. Desde estos hoteles al sur de Dakar se puede acceder también a una nutrida oferta de excursiones de compras a la capital comercial o a regiones de alta riqueza natural como el singular Lago Rosa, situado a media hora en coche al norte de la capital.

El auge sostenido de estas nuevas construcciones destinadas al sector del ocio no es una característica exclusiva del Senegal turístico. También ciudadanos senegaleses aportan estampas de sofisticación al país africano, sobre todo en su capital. En la zona de Sow, uno de los barrios de Dakar que miran al océano Atlántico, se levanta la casa de diseño que despierta interés por la arquitectura contemporánea en África. Diseñada por Stefan Antoni, Philip Olmesdahl y Greg Truen, de la firma sudafricana Saota, la obra de la casa de Sow aprovechó una colina y los restos de un viejo búnker construido durante la II Guerra Mundial para levantar dos plantas mirando al mar dotadas de amplios espacios, diseño con materiales de última generación, cómodas terrazas, piscina y, donde antes había un nido de ametralladoras, se levanta ahora un cine para uso familiar. En esta casa de Sow, la construcción principal está dotada de dos espacios donde se encuentran la cocina, una terraza-barbacoa, la piscina y una sala de juegos. Construida en 2011 por encargo de un hombre de negocios senegalés, la casa de Sow ocupa actualmente una extensión total de 1,4 kilómetros cuadrados.

diseño Dakar

Al calor del auge turístico y de la mayor conectividad aérea de Senegal con los importantes mercados emisores de turismo internacional, la capital de este país africano continúa ampliando su oferta de actividades de ocio y comercio de alta gama. Buena prueba de este objetivo impulsado por las autoridades nacionales es la semana de la moda que se desarrolla a finales de cada primavera en Dakar. Entre los días 17 y 22 de junio próximo comenzará la decimosegunda edición de la Dakar Fashion Week, un certamen que bajo la dirección de la diseñadora senegalesa Adama Ndiaye (también conocida como Adama Paris e impulsora de festivales similares de moda alternativa en Salvador de Bahía y Praga) se ha ganado un lugar en el calendario de los festivales internacionales de moda y diseño. “Nos gustaría alcanzar el nivel que tienen las semanas de la moda de París o Nueva York, pero sin abandonar nuestro enfoque netamente africano”, explicó Adama Ndiaye en entrevista con la emisora pública La Voz de América, prueba del interés creciente que la nueva moda africana despierta en Estados Unidos y en la numerosa colonia senegalesa expatriada en América.

Para sus desfiles en la ciudad, los organizadores de la Dakar Fashion Week concentran sus actividades en alguno de los hoteles de alto nivel situados en la capital, como el Radisson Blue, aunque también se han conquistado espacios públicos para los desfiles de moda como la céntrica plaza del Centenario. Allí han mostrado su pujanza nuevos diseñadores de la moda africana como Eli Kuame, Sophie Nzinga, Mame Fagueye Bâ, Bibas junto a jóvenes diseñadoras internacionales como la brasileña Carol Barreto y la modista marroquí Meryem Boussikouk. “Se está intentando levantar todo un certamen de clase alta, algo tan sofisticado como un desfile de moda, lo que es excepcional para toda África”, señaló durante su última visita el reputado diseñador camerunés Martial Tapolo, quien después de participar en la Black Fashion Week de París viaja a Senegal para impulsar esta pasarela de moda y diseño a las puertas de África.

Centro Cultural Francés de Dakar

Encuentro entre culturas por el poeta presidente

Uno de los legados que dejó a su país el poeta Leopold Sedar Senghor, primer presidente del Senegal independiente entre 1960 y 1980, fue la reivindicación del concepto de francofonía. Esto es, la defensa de los intereses comunes que comparten los países africanos que estuvieron bajo dominio colonial francés o belga y que ven en el idioma francés más posibilidades que una barrera para la colaboración entre países. Y el panorama cultural, en especial el cuidado por el patrimonio cultural de los pueblos de esta región de África, ha sido uno de los ámbitos más beneficiados por la labor del escritor y político panafricano. En la ciudad de Dakar, desde hace una década, el veterano Instituto Francés lleva el nombre de Leopold Sedar Senghor y, cada mes, en sus tres sedes urbanas se programa una interesante agenda con actividades de teatro, cine, literatura, exposiciones y tertulias sobre el futuro social y cultural de Senegal. El Instituto para la Cultura y la Lengua Jean Mermoz es algo menos conocido, quizá por estar situado en la ciudad San Luis, antigua capital, a doscientos kilómetros al norte de Dakar. Lleva el nombre del pionero de la aviación entre Europa, África y América Latina, amigo de Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito.

Publicado en la revista NT en abril de 2014

Mercados, monumentos y playas infinitas en Dakar

16 Dic

Sandaga market

por Carlos Fuentes

Histórico lugar estratégico en las relaciones entre los cinco continentes, Dakar se ha convertido en la ciudad más importante de África occidental. La capital de Senegal condensa entre sus calles la importante huella de la presencia colonial francesa, el auge de la gestión africana y, en fin, se ofrece como una excelente puerta de entrada al continente negro. Rica en cultura y pujante en comercio, Dakar invita al viajero a emprender animadas rutas por su rica historia, la tranquilidad de sus playas y sus coloridos mercados.

El hervidero social que es hoy la capital de Senegal está a la altura de su nivel de protagonismo en los viejos libros de historia. Territorio en continua disputa de dominio por portugueses, holandeses, británicos y, por último, franceses en los últimos cinco siglos, los orígenes de la ciudad de Dakar se encuentran en la parte más estrecha de la lengua de tierra donde culmina la península de Cabo Verde. Aquí en 1456, tras varios intentos fallidos, el navegante portugués Diogo Gomes logró afianzar un asentamiento en el puerto. Medio siglo después, ya la bahía de Dakar, entonces Bezeguiche, gozaba de reputación como lugar de parada y abastecimiento de los barcos que enfrentaban la ruta oceánica hasta América. También se convirtió esta costa en puerto de escala en las crecientes rutas comerciales hacia Asia. Y se cree que fue aquí donde el viajero Américo Vespucio defendió por primera vez el concepto de Nuevo Mundo para definir las tierras recién descubiertas por Cristóbal Colón en el continente americano.

Senegal pirogues

En la bahía de Dakar, en sus puertos vecinos y en la cercana isla de Goreé se desarrolló hasta el siglo XIX buena parte del tráfico comercial de esclavos hacia América. Abolida la trata, las autoridades coloniales pusieron en marcha varias iniciativas para mejorar su aprovechamiento económico de la tierra senegalesa. Así se potenció el cultivo del cacahuete, que durante algunas épocas alcanzó niveles altos de monocultivo, y en 1885 se culminó la línea de tren que desde entonces enlaza Dakar con la norteña ciudad de San Luis, que fue la capital colonial francesa entre 1673 y 1902. El siglo XX transcurrió entre sobresaltos y el desarrollo creciente de la ciudad. En los últimos días de septiembre de 1940 fue escenario de la llamada Batalla de Dakar, un intento de ocupación por parte de fuerzas de la oposición francesa al gobierno de Vichy. Acabada la guerra, el clima de conciencia social contra la presencia colonial se fue incrementando. Entre 1959 y 1960 Dakar albergó la capital de la denominada Federación Malí, un primer paso para la independencia absoluta que se obtuvo el 20 de agosto de 1960. El primer presidente de la República de Senegal, el reputado escritor Leopold Sedar-Senghor, se planteó entonces convertir la ciudad de Dakar en el principal polo de desarrollo económico, social y cultural de África occidental.

Soumbedioune market boats

De historia casi interminable, con tres millones de habitantes en su amplia zona metropolitana, Dakar se ofrece hoy como excelente puerta de entrada a los países francófonos de África occidental, y por extensión a los otros seis estados de África central con los que también comparte moneda, el franco CFA (656 francos CFA equivalen a un euro). Con mercado de consumo interno que continúa al alza, la economía de Senegal se apoya en el alto valor de su ubicación geográfica y su amplio litoral atlántico. Tráfico de mercancías vinculadas al petróleo, navegación industrial y pesca de altura constituyen tres áreas de especial importancia para la administración senegalesa. El aumento sostenido del comercio internacional, ya sea a través de la exportación de productos industriales, mineros o agrícolas o por la presencia de importantes firmas europeas en el tejido empresarial del país, se ha visto reflejado en los indicadores de crecimiento. Según previsiones para este año, Senegal logrará un crecimiento del 4,7% en su producto interior bruto. El país, que está situado en el puesto 105 en la lista de 132 países que elabora la ONU por su nivel de desarrollo, acoge en la actualidad a unas veinte empresas canarias que hacen negocios en áreas como alimentación, pesca, transporte y construcción.

Un paseo por Dakar podría empezar en uno de los museos más importantes de África. Creado en 1938 y ubicado en la popular plaza de Soweto, el Museo de las Artes Africanas ofrece una interesante exposición sobre el desarrollo de las manifestaciones culturales en el continente negro y también el resultado de las investigaciones que su equipo desarrolla junto a la cercana Universidad Cheikh Anta Diop. Esta visita cultural se antoja una estupenda introducción para un desplazamiento posterior a la cercana isla de Goreé, situada a tres kilómetros del puerto. Allí permanece abierta la Casa de los Esclavos como testimonio vivo de los tiempos de tráfico organizado de personas desde África. Construida a finales del siglo XVIII, la Maison des Esclaves fue reabierta como museo en 1962 y en ella se puede visitar la Puerta del no Retorno, un pequeño ventanuco de piedra donde eran embarcados esclavos con destino a Europa y América. Entre sus visitantes más ilustres figuran Barack Obama y Nelson Mandela, quien en 1991, apenas un año después de su liberación en Sudáfrica, estuvo rezando por la memoria de los africanos que fueron esclavizados siglos atrás.

Kermel market Dakar

De vuelta a la ciudad de Dakar, la vida agitada de los mercados populares es otro de los atractivos más emblemáticos de la capital senegalesa. En el centro de la ciudad vieja, próximo al antiguo ayuntamiento y a la catedral construida en 1920, se encuentra el mercado de Sandaga, dedicado tanto a la venta de alimentos y productos agrícolas como de artesanía y otros bienes de consumo cotidiano. Muy cerca, apenas un paseo entre calles de vida frenética, se puede visitar el mercado de Kermel. Del edificio de estilo victoriano fabricado en 1860 no quedan apenas vestigios, puesto que la sede actual es una reconstrucción de este popular mercado cubierto realizada en 1997 siguiendo el estilo colonial. Aires a tiempos añejos que también flotan en la estación central de trenes de la ciudad, donde el viajero puede visitar puestos de artesanía étnica de Senegal, Gambia y Malí. Un recorrido por los mercados populares de Dakar se puede completar con otros tres paseos: en el mercado de Tilene los comerciantes ofrecen objetos de oro, plata y maderas típicas; también en el gran mercado HLM5, donde se vende todo tipo de telas africanas; y el popular mercado de Soumbedioune, donde cada tarde se puede contemplar un animado trasiego de pescadores que llegan a la costa en cayucos después de la jornada de trabajo.

Mosque Dakar

Un primer viaje a la capital senegalesa no estará completo sin una visita a los principales templos musulmanes de la ciudad. Inaugurada por el presidente Senghor en 1964, la Gran Mezquita de Dakar se presenta con un estilo similar a la de la mezquita de Mohamed V en Casablanca, aunque con un minarete de 67 metros de altura. A su lado se encuentra el Instituto Islámico nacional, con una excepcional biblioteca, dedicado a investigar y difundir la principal religión del país. Otro importante templo musulmán de Dakar se encuentra situado en el barrio de Ouakam, apenas cinco kilómetros al oeste del centro de  la capital. Levantada en 1997, la Mezquita de la Divinidad ofrece un rato de tranquilidad al margen del bullicio de las calles del centro histórico. Por el camino se puede contemplar el imponente monumento del Renacimiento Africano, una mole de 49 metros de altura construida en bronce sobre la colina de Mamelles en una polémica iniciativa inaugurada hace apenas tres años por el anterior presidente Abdoulaye Wade. En Ouakam, por cerrar este círculo con sabor histórico, aún se mantiene activa la base militar en la que nació en 1953 la política francesa Segolene Royal, hija de un antiguo oficial francés destinado en el hoy Senegal.

Orchestra Baobab

La pachanga que volvió del Caribe

Leyendas de largo recorrido flotan en la bahía de Dakar, algunas con banda sonora. De vuelta de América, ritmos musicales caribeños fueron bien acogidos por los senegaleses a partir de los años 50. Y desde Dakar se propagaron por buena parte de África occidental. Desde la década siguiente, varios factores políticos, económicos y militares potenciaron el alcance de estas músicas en el continente africano. Canciones de Matamoros, Benny Moré, Orquesta Aragón y Abelardo Barroso se hicieron tan populares que muchas orquestas africanas incluyeron piezas populares cubanas como El manisero, El que siembra su maíz o Son de la loma en sus repertorios. De ahí al nacimiento de música africana heredera de las raíces negras en América Latina apenas faltaba un paso. Y lo dieron grupos tan populares como la Star Band y Orchestra Nº1 de Dakar, también los reyes de la pachanga, la Orchestra Baobab, formación que desaparecería ante el empuje del vibrante mbalax de la Super Êtoile de Dakar, el conjunto liderado por un joven cantante llamado Youssou N´Dour. Ahora, la renacida Orchestra Baobab puede verse en concierto en el club Just 4 You.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2013