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Salif Keita, el de la voz de oro

16 Mar

Salif Keita

por Carlos Fuentes

Pocas voces como la suya, emocionante y crepuscular, representan con tanta fidelidad el latido ancestral del desértico oeste de África. Convertido en una suerte de artista puente entre los sonidos tradicionales africanos y los ritmos contemporáneos occidentales, el imperial músico de Malí publica Talé, producido junto a Philippe Cohen-Solal, la mitad francesa de Gotan Project. Un ágil ejercicio bailable que, a lo peor, será el último disco de Salif Keita. ¿Por qué?

Acláreme, por favor, una duda: hace semanas dijo en la televisión francesa que Talé (Universal, 2012) será su último disco, al menos durante un tiempo. ¿Es cierto? “Sí”. ¿Por qué? Salif Keita respira hondo y repite lo que, seguro, responderá varias veces el año que empieza. “Será así principalmente porque la música se ha transformado en un regalo, en una descarga gratuita por los cambios en la industria musical”, indica el cantante de Malí, “pero yo tengo una familia que mantener y así, gratis, un artista no puede continuar”. La queja del imperial artista africano puede sonar a cuento pasado de fecha, aunque se entiende su desazón: los tiempos de banda ancha gangrenan la reinvención que surgió en 2002 con Moffou y siguió algo después con M´Bemba (2005). “Continuaré dando conciertos porque realmente vivo de ellos, pero no voy a publicar más discos”. Atrás refulgen cuatro décadas clave para las músicas del oeste de África, una historia sonora (y humana) que usted debería conocer.

Salif Keita TaléSalif Keita es un africano atípico. Nació en el pueblo de Djoliba en 1949, bajo el sol de agosto que ahora amenaza su salud. Negro mandinga albino, la falta de pigmentos en su piel ha jugado un rol importante en su itinerario vital: si las supersticiones se la tienen jurada (un albino en África es considerado portador de mala suerte), el lastre ancestral fue otro muro a tumbar. La familia Keita, de ancestral linaje noble con el emperador Sundiata Keita, no aceptó su vocación artística. Un noble no puede cantar. Y él marchó de casa, durmió en la calle, buscó una oportunidad. En 1967, ya afincado en Bamako, se unió a la Super Rail Band y, seis años después, al seminal conjunto Les Ambassadeurs. Eran tiempos de fiesta, bailes de noche y orquestas con alegría de vivir. “Aquella fue una época formidable”, recuerda, “para mí, que no pude estudiar, fue como ir a una escuela cada día”. Voz sobresaliente, Salif Keita decidió volar solo en 1982. Y voló alto. En París escribió y grabó Soro (1987). Seis canciones inmensas. Sin ambages, uno de los discos grandes de la música africana. Pero luego su voz de acero quirúrgico fue opacándose entre sonidos convencionales y arreglos voraces: Joe Zawinul produjo el nostálgico Amen (1991), Check Tidiane Seck hizo rebosar teclados en Folon (1995) y de poco sirvió el apoyo de Blue Note a Papa (1999).

Del cambio de rumbo dado con Moffou y M´Bemba surge ahora Talé. Salif Keita atiende al teléfono en París, preocupado por la situación en su país. Pero se anima al hablar de música. No es para menos. Sus once canciones nuevas, producidas por Philippe Cohen Solal, la mitad francesa de Gotan Project, dan dimensión a la importancia de un artista capital. Puente como pocos africanos entre las músicas tradicionales y los usos y costumbres sonoras occidentales. “Me planteé hacer un disco diferente a mis trabajos anteriores, nunca quise un mismo sonido para todos mis discos”, explica el autor maliense, “y creo que lo hemos conseguido porque Talé está hecho para bailar”. Para bailar aquí y allá. ¿Es acaso este el papel de Salif Keita: vincular dos universos musicales? “Sin duda. Yo soy una conexión entre las músicas tradicionales africanas y los sonidos contemporáneos. Me podría definir como un artista puente entre esos dos lados de África, quizá también entre África y Europa. Y mis canciones son una forma de dar a conocer la música tradicional africana a los más jóvenes”.

Salif Keita & Philippe Cohen-SolalCantor de melodías cotidianas, a veces aires mínimos que caza al vuelo por la calle (“una melodía, algo que veo… todos los días uno se encuentra con gente, con hechos que pueden inspirar la canción”) y que a guitarra acústica suenan frágiles, incandescentes, Salif Keita lo apostó a doble o nada con una selección de riesgo. Su etapa eléctrica en los ochenta no aguanta muy bien el paso del tiempo y, salto mortal, la experiencia de Philippe Cohen Solal con las músicas de África se reducía (casi) a cero. El padre del tango electrónico era poco más que un oyente eventual de ritmos étnicos africanos. “Es cierto lo que recuerdas porque realmente yo no conocía mucho la música electrónica actual”, explica Salif Keita sobre la idea inicial para la producción de Talé. “En la discográfica me hablaron de Gotan Project, de Philippe Cohen Solal y nos hicieron coincidir. Él vino a algunos de mis conciertos y yo escuché sus trabajos anteriores. Y así fue como decidimos trabajar juntos en el disco. Ahora que lo pienso, creo que mi elección se basó en su capacidad para tratar bien las canciones originales y no distorsionar las esencias”. En el armazón de Talé participan los africanos Aboussi Cissoko (n´goni), Mamane Diabaté (balafón) y Prince (calabaza) con el apoyo en cuerdas de Hagar Ben Ari (The Dap Kings) y Christophe Chassol más el ágil percusionista Cyril Atef, del proyecto de trip-dub francés Bumcello.

Salif Keita (brazos)La experiencia, dice Salif Keita, le ha vacunado contra el rechazo del riesgo, de la aventura. Y la música, asegura el músico maliense, es riesgo. La audacia de insuflar nuevos aires a las ricas tradiciones musicales mandingas. “¡Quiero que el disco haga bailar!”, fue lo primero que pidió el cantante al productor. Remain In Light, de Talking Heads, fue una referencia guía. “Ya he tocado esa música siendo fiel a los orígenes populares, aunque a veces haya sido etiquetado como otro músico africano más”, explica el cantante, “y con Philippe, ya que él adora cualquier instrumento tradicional, hemos tratado de dar nuevos aromas a estas músicas”. Por el camino, Talé ha sumado algunas alianzas interesantes procedentes de los dos mundos musicales en los que se mueve la dupla Salif Keita-Cohen Solal. El saxofonista camerunés Manu Dibango aporta su robusto sonido añejo y Bobby McFerrin pespunta Simby con elegancia improvisada sobre la voz sincopada del amigo africano. Con desparpajo urbano el rapero británico Roots Manuva agita C’est Bon C’est Bon, el sencillo titular, con aires que gustarán a los seguidores de Lee “Scratch” Perry. Y la contrabajista Esperanza Spalding, bendita, dobla con voz emocionante la casi plegaria Chérie S’en Va, dedicada a las africanas que dejan el hogar familiar destino al altar. “Al igual que ocurrió con mis discos recientes, Talé permite ver un lado africano nuevo en mi labor como cantante”, incide Salif Keita, convencido de que el oyente sabrá apreciar “lo mucho que hay de África” en su nuevo disco. Por ejemplo, samplers de febril música gnawa (Yala), tentaciones con la cumbia a continente cambiado (Tassi) y, en la vivaz Natty, simpáticos recitados naif de su hija pequeña.

Salif Keita retrato sombreroMás serio suena Salif Keita cuando aborda su otro gran compromiso vital. Que su reputación artística sirva de altavoz a la lucha de los albinos en África. “Ser albino me impidió estudiar, ir a la escuela. No es fácil superar la marginación por tu color de piel”, explica el cantante para admitir que los recuerdos de los días tristes han marcado su voz artística. “Quizá por eso mi música tiene un componente de tristeza y de melancolía; no me gustaría que se repitiera lo que yo tuve que pasar para salir adelante”. De ahí el compromiso de Salif Keita con la fundación que dirige para la integración de las personas con albinismo. ¿Qué se necesita? “Principalmente, protección. Y en la práctica, cremas solares y gafas de sol para proteger la piel y los ojos. Prevenir el cáncer de piel. También intentamos que los albinos se agrupen para lograr mayor protección y que ellos mismos sean conscientes de cuál es su situación en la sociedad”. ¿Y dónde se puede ayudar? www.salifkeita.us “Y también los medios de comunicación y los gobiernos africanos deben asumir la gravedad de este problema”, remacha el cantante albino. “Hay que ofrecer mayor información a las personas, ya sean albinas o no. La gente debe conocer qué ocurre con los albinos en África”.

“Malí debe permanecer como un país laico”

MaliCorren tiempos malos para Malí y sus quince millones de habitantes, cinco etnias distintas en 1,2 millones de kilómetros cuadrados. Salif Keita atiende la llamada telefónica el día en que el presidente de Francia confirma el envío de tropas al país africano. Se enfrenta Malí a una creciente amenaza islamista: la revuelta tuareg, sempiterna hace ya casi un siglo, ha sido vampirizada por fundamentalistas que aplican los rigores de la ley islámica sharia. Ocurre en el norte, en Niafunké, cerca de Tombuctú, en la tierra de su amigo bluesman Ali Farka Touré. ¿Se esperaba este brote de islamismo radical? “No sé, no lo sé”, masculla Salif Keita, realmente preocupado por el riesgo que corre su país. “La verdad es que no sé cómo se ha podido llegar a esta situación, pero lo que sí puedo decir es que Malí es un país laico y debe permanecer como un país laico”. ¿Corre riesgo el país de romperse en dos? No, el cantante niega la mayor: “Malí permanecerá siempre como un país unido, como una única entidad territorial. Ahora la solución debe ser militar y los militares se deben preparar para esa misión”. ¿Y usted, que fue candidato secundario en las elecciones de 2007, ha pensado en potenciar su papel en la política africana? “Sí, claro que he pensado mucho en ello porque para un maliense el compromiso con su país es un deber. Y como ciudadano tienes que tener un compromiso político con tu pueblo, con tu gente”. Sin embargo, el autor de Talé no ve las cosas claras. “Para tomar una decisión debo valorar todo, música y política, pero hay una diferencia esencial. Mientras la música se ve como algo positivo, la política está muy mal considerada, se la ve como algo malo. Y es muy difícil para mí hacer esa transición entre música y política”.

Publicado en la revista Rockdelux en febrero de 2013

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La alegre música africana de los ciegos de Malí

18 Dic

Amadou & Mariam

AMADOU & MARIAM

por Carlos Fuentes

Se equivocó quien pensó que apenas eran otra anécdota simpática llegada de África. Quince años y siete discos grandes después, los malíes Amadou Bagayoko y Mariam Doumbia han logrado trasladar su afro-pop ardiente y pegajoso a sitios nuevos en la música actual. El cuento feliz de la pareja de ciegos de Bamako reivindica audacia y superación ante la tristeza contagiosa de estos días de cólera.

Esta es la historia de una lucha cotidiana, el cuento optimista de una pareja de invidentes africanos que, lejos de caer en el derrotismo, hizo de la necesidad virtud para defender su carrera artística en una de las minas sonoras del oeste de África. El guitarrista Amadou Bagayoko y la cantante Mariam Doumbia ya habían publicado cuatro discos entre 1999 y 2003, pero fue la aparición de un socio europeo el factor que terminó por diseñar ese sonido ardiente y pegajoso que caracteriza el afro-pop de la pareja de ciegos más famosa de Malí. Con la llegada de Manu Chao a Bamako, provocada por la escucha accidental de una canción del dúo mientras viajaba en taxi por las calles de París, la música de Amadou & Mariam dio un salto en calidad y proyección internacional en el disco Dimanche à Bamako (2004). Paso adelante en profundidad de campo, con el sonido pespuntado con retazos de música global que caracteriza al superhéroe que una vez fue capitán de Mano Negra. Y el resto, valga el tópico, es historia. Pero una historia de las buenas, de esas que conviene leer en días de cólera para, por si aún quedan dudas, entender que el mundo no acaba hoy. Y que es mejor seguir camino a estar bloqueado en la melancolía de la derrota pasajera.

amadou et mariam

Amadou Bagayoko, que antes de conocer a Mariam Doumbia, ya participaba en los recitales que el seminal grupo Les Ambassadeurs ofrecía cada noche en el hotel de la estación de trenes de Bamako, luce contento y satisfecho. Ahora se cumplen treinta años de su unión, sentimental y artística, con Mariam tras conocerse en un colegio para ciegos. Él, que pronto cumplirá 58 años, perdió la visión a los dieciséis. Mariam, cuatro años más joven, sufrió una enfermedad a los cinco. En 1982 comenzaron a cantar juntos en la orquesta Eclipse dirigida por Idrissa Soumaouro. “Nuestra música ha evolucionado mucho estos años porque cada vez que grabamos hemos intentado añadir novedades a nuestras canciones”, cuenta por teléfono el guitarrista. “Ahora somos más universales porque hemos adoptado aspectos de la música electrónica, pero también del jazz y del blues. Esta voluntad también se puede ver en la diversidad de instrumentos que utilizamos, a balafón y kora tradicionales añadimos otros contemporáneos. Y eso ha permitido evolucionar a nuestra música hacia mayor universalidad”. ¿Y esta mayor proyección internacional ha cambiado también a las personas? “No, no creo”, responde, “seguimos siendo los mismos Amadou y Mariam, aunque quizás sí se han modificado algunas de nuestras preocupaciones. Tener éxito y ser conocidos a nivel mundial nos ha permitido implicarnos más en otros aspectos humanitarios. En ese sentido sí que hemos cambiado, pero quizá desde fuera no se vea. Nunca esperas éxito tan grande que permita que tus canciones sean conocidas por tanta gente a nivel mundial. A veces habíamos pensado en ser conocidos en nuestro ámbito, pero no en todo el planeta”.

amadou bagayokoDebe ser así. De hecho, su nuevo disco, Folila (Because Music, 2012), ofrece una invitación al baile. “En el idioma bambara, la palabra folila significa “vengan todos juntos a hacer música” y lo hemos titulado así porque en el disco hemos invitado a algunos amigos”, explica Amadou Bagayoko. “Las canciones fueron grabadas en tres lugares diferentes, en Estados Unidos, en África y en Europa, porque quisimos dar una dimensión universal a los nuevos temas. Planteamos este disco como encuentro de músicos de diferentes estilos, del rock al blues y los ritmos tradicionales”. Sin embargo, el álbum final es el producto de cambios sobre la marcha. Porque el plan original era grabar Folila en un formato doble: registrar las canciones con arreglos, digamos, tradicionales y también añadir un segundo disco con las mismas piezas pasadas por un tamiz más global. ¿Que haya quedado todo en un solo disco supone cierto fracaso? “No lo creo”, rebate Amadou Bagayoko. “Es cierto que al principio planteamos grabar dos álbumes diferentes, pero durante la grabación íbamos cayendo en la cuenta de que todo lo que hacíamos tenía un punto de conexión. Y finalmente decidimos combinar todo lo logrado en esas sesiones para publicar la música en un único disco”. En Folila participan artistas occidentales como el francés Bertrand Cantat (Noir Désir), Santigold, TV On The Radio y Jake Shears (Scissors Sisters). “Muchas de las colaboraciones suelen surgir a partir de encuentros en festivales en los que coincidimos con otros artistas. Y suele ser gente con la que hemos tenido la oportunidad de tocar en un escenario. En el caso de Bertrand Cantat, él nos fue a ver actuar y así surgió la idea de una futura colaboración. Con TV On The Radio nos encontramos en Nueva York. Así surgen colaboraciones con las que buscamos una diversidad basada en la diferencia. Buscamos artistas capaces de aportar otros colores, otras formas de hacer música y otras voces a nuestras canciones. Y todo ese proceso nos enriquece como músicos y como personas”.

mariam doumbia¿Y el hecho de que sean ciegos juega algún papel en la proyección lograda en los últimos tiempos? Porque, con el debido respeto, hay quienes dicen que la repercusión internacional de Amadou & Mariam tiene que ver con cierta caridad mal entendida con África. Amadou Bagayoko no esquiva la pregunta. Es más, parece que la esperaba. “Creo que nuestro éxito tiene mucho que ver con el valor, con el hecho de que seamos dos personas ciegas y que no nos hayamos quedado quietas en nuestro mundo. Eso ha sido muy apreciado por el público. Y nuestro éxito depende mucho de nuestro valor y de nuestra determinación, es lo que la gente ha valorado mucho”. No es habitual esta visión de África, donde parece que solo hay novedades cuando llegan malas noticias. Porque África, por desgracia, se sigue asociando a pobreza, guerra y discriminación. Y quizá la música de Amadou & Mariam permita que el mundo occidental abra los ojos. “Estoy absolutamente de acuerdo con este análisis que haces de África. Y por eso nuestra lucha es hacer ver otras caras de África. Porque es cierto que hay problemas graves en África, pero también hay otras muchas cosas… la alegría, la cultura y una gran solidaridad entre las personas. Nuestro combate es hacer ver al resto del mundo esas otras partes positivas de nuestro continente, otros aspectos que por desgracia no son tan conocidos como las malas noticias”.

Sin embargo, la actualidad última de Malí no augura buenos tiempos. En el norte del país la rebelión tuareg ha sido vampirizada por grupos de islamistas radicales, se ha comenzado a aplicar la ley islámica sharía, se tienen noticias de primeras lapidaciones y, a lo peor, el horizonte de una guerra civil abierta amenaza con acabar con el desarrollo sostenido que Malí había experimentado en la última década. Cuesta no preguntarse qué opinaría Ali Farka Touré de los combates fanáticos en su región natal. “Todo lo que está ocurriendo en el norte de mi país es algo muy lamentable para todos los malíes”, reconoce Amadou Bagayoko. “No es para nada una situación ventajosa para ninguno de nuestros compatriotas y ya es necesario encontrar una solución definitiva a ese conflicto. Pero los músicos solo podemos ofrecer las canciones como zona de encuentro. Nuestra música siempre se concibió como un lugar de encuentro entre culturas diferentes, incluso dentro de nuestro país. La música como un lugar de disfrute común de la alegría. Siempre hemos cantado para que la gente se pueda dar la mano, y seguiremos en este empeño aunque ahora no corran buenos tiempos”.

amadou bagayoko & mariam doumbia

Entretanto, la vida continúa. Amadou & Mariam siguen en una gira internacional mientras su nuevo álbum no deja de cosechar parabienes. Rolling Stone ya lo ha destacado como uno de los mejores discos de la primera mitad del año. E incluso su hijo Sam Bagayoko ha afianzado el trío SMOD, también con ayuda de Manu Chao. Después de esta década espléndida, ¿queda algo por lograr, algún sueño por cumplir? “En la vida hay que ser ambicioso y tener ganas de ir siempre más allá, pero creo que nosotros ya hemos llegado más lejos de lo que nunca habíamos soñado”, explica Amadou Bagayoko. “Ahora disfrutamos una situación que supera con creces cualquiera de nuestros sueños, pero seguimos apegados a nuestra realidad. Aunque tengamos más éxito, lo compartimos con nuestra gente, con nuestras familias, amigos, hermanos… con toda esa gente que nos quiere. El éxito de nuestras canciones no nos ha alejado de nuestra realidad social ni de nuestros orígenes. Nunca hemos pensado de una manera distinta porque ahora nuestra música tenga tanto éxito en todo el planeta”.

La estación que era una fiesta

les ambassadeursCon siete discos publicados desde la presentación con Je Pense à Toi (1998), la proyección de Amadou & Mariam ha desbordado fronteras. Pero antes del éxito, el guitarrista ya había probado las mieles de la fama nacional. Entre 1974 y 1980, Amadou Bagayoko integró Les Ambassadeurs, uno de los grupos pioneros de la música malí. Creado en 1971 como zona de encuentro entre sonidos tradicionales, jazz y ritmos latinos, el conjunto titular del hotel de la estación ferroviaria de Bamako dio un salto de calidad con la incorporación, en 1973, del cantante albino de la voz de oro, Salif Keita. “Les Ambassadeurs fue, sobre todo, una escuela para los músicos de Malí”, recuerda Amadou. “En aquella época empecé a aprender a tocar cualquier tipo de música. Mis años en Les Ambassadeurs fueron una gran escuela cultural donde aprendí las músicas de África, pero también otros sonidos como el blues, el jazz o el rock”. Intérpretes como Idrissa Soumaouro, Kanté Manfila o Sory Bamba afianzaron la reputación de Les Ambassadeurs, que compartía trono con otras bandas influyentes como Super Rail y Orchestra Badema, esta última liderada por la voz trémula de Kasse Mady Diabaté, ahora en AfroCubism. “Fue una época de mucha alegría, y también de aprendizaje”.

Publicado en la revista Rockdelux en octubre de 2012