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Tinariwen: “El pueblo tuareg no renunciará a su identidad”

16 Ene

Otoño Cultural - Tinariwen. Espacio Cultural de Cajacanaias © Aarón S. Ramos

por Carlos Fuentes

Su música narra la vida nómada al norte del mayor desierto del planeta, una tradición con más de diez siglos de historia. Tinariwen, grupo de Malí ganador de un Grammy al mejor disco de músicas étnicas, reivindica la forma de vida del pueblo tuareg, sus ansias de desarrollo pacífico en el corazón de África y el deseo de autogobierno en la región de Azawad.

Eyadou Ag Leche frisa dos metros de altura. Impresiona este músico tuareg de edad mediana (“en el desierto no celebramos cumpleaños, allí cada día es un regalo”) que timonea el rumbo de Tinariwen, grupo de Malí que ha sorprendido al mundo con una música intensa, espesa y tremendamente emotiva. Sonidos con olor a blues macerados en el norte del desierto del Sáhara que lograron un Grammy en 2012 y, quizás más importante, el respeto de artistas de alcurnia como Keith Richards o Tom Yorke. De vuelta a estas islas para actuar en la Fundación CajaCanarias, el bajista y director musical de Tinariwen aborda la situación de su país, sacudido por cíclicas revueltas en el norte, la amenaza del fundamentalismo y la necesidad social de un mayor desarrollo económico que frene la sangría de la emigración clandestina de africanos hacia Europa.

Otoño Cultural - Tinariwen. Espacio Cultural de Cajacanaias © Aarón S. Ramos

“En Malí la vida es problemática porque hay muchos refugiados que salieron al exilio por culpa de los combates. Pero mi pueblo está feliz porque ve cerca el momento de la liberación de Azawad y está luchando por defender su vida como tuaregs. Se está negociando una solución, aún no hay resultados, pero los tuaregs esperamos novedades”, explica el músico. Eyadou Ag Leche habla sereno, quizá con la tranquilidad que da la distancia. “Emmaar”, sexto disco de Tinariwen, se grabó en el desierto de California para esquivar el conflicto armado en Malí. “El desierto en América es como Azawad, está en un país rico pero es igual de desierto”, indica el bajista para conectar con el deseo de autogobierno tuareg. “Defendemos nuestros ideales de vida, la vida nómada en un sitio tan duro como el desierto. Europa es responsable de mucho de lo que está pasando en África. La colonización se hizo sin respetar a sus pueblos. Se repartieron nuestro continente como si fuera un campo de fútbol, como si allí no viviera gente. Trazaron fronteras que antes no existían en el mapa de África”.

Política aparte, Eyadou Ag Leche asume que un reto por resolver es la sangría de la emigración clandestina. Un freno al desarrollo de África. “Mucha gente no tiene la más mínima oportunidad de vivir una vida digna. Es un gran problema que África arrastra hace mucho, demasiado tiempo, y ahora sus jóvenes se han cansado de esperar una oportunidad y piden resultados a sus gobernantes”, subraya el bajista, para quien la música juega un papel esencial en África. “Es una fuente de energía tremenda para el pueblo tuareg”, asegura, “nuestras tradiciones musicales tienen muchos siglos y la gente está orgullosa de ellas: representan nuestras costumbres y nos han dado esta identidad como pueblo”.

Publicado en la revista NT en enero de 2015

 

Tombuctú, la biblioteca milenaria del desierto

20 Nov

Tombuctú manuscritos

por Carlos Fuentes

El viajero puede llegar en avión desde Bamako, la capital de Malí, aunque el trayecto resultaría demasiado efímero, fútil. Mejor, tan cautivador como incómodo, es hacerlo en un cayuco de madera, catorce horas río Níger abajo desde Mopti a Niafunké, y luego, en vehículo todoterreno, tres horas de pista arcillosa hasta Tombuctú.

En la capital del desierto, frontera mítica entre la región del Magreb y la inmensidad infinita del África negra, sobrevive la biblioteca Ahmed Baba, donde más de treinta mil documentos manuscritos son la memoria impresa de la presencia islámica en África. “¡Aquí está nuestra historia!”, exclama Ghair Abdel. Y abre una puerta de chapa metálica, la última frontera que nos separa de legajos con hasta mil años de vida que ahora hibernan entre decenas de cajas de cartón, vitrinas llenas de polvo y montañitas de arena amarilla en el suelo.

De nombre oficial Instituto de Investigación y Documentación Islámica Ahmed Baba, la biblioteca de Tombuctú atesora más de 30.000 manuscritos y ediciones de textos religiosos y literarios, mapas de viaje y notas comerciales. Son el disco duro de una ciudad que durante seis siglos tuvo lugar preferente en la historia.

Fundada en el siglo XI por grupos de nómadas de la etnia tuareg para organizar el trueque de esclavos y el comercio de oro procedente del sur por sal y cobre originarios del norte, Tombuctú ejerció como eje neurálgico del Impero Malí. Fue ocupada en el año 1468 por guerreros songhai, arrasada luego por hordas de soldados marroquíes en 1591 y, al fin, reconquistada por el ejército de los hombres azules en 1737. Por este acervo, Tombuctú mereció halagos de “ciudad misteriosa” del desierto, y fue considerada como “la Atenas de África”. En la actualidad, la ciudad malí de los 333 santos acoge a unos 35.000 habitantes.

Timbuktu - Tombuctú

El mayor patrimonio de la capital del desierto, situada a novecientos kilómetros al norte de la capital Bamako, reside en la biblioteca Ahmed Baba y en otro par de centros privados de conservación de manuscritos que gestionan familias de larga estirpe. Creado en 1970 por Naciones Unidas, el Instituto Ahmed Baba concentra el esfuerzo internacional para que la memoria impresa de la presencia islámica en África no se disuelva en la arena. Pero, vistas las condiciones en las que se almacena el legado, el visitante termina por ceder a la tentación pesimista. Aquí no abundan medios de conservación, pero sobran el polvo, el calor infame de los días y el frío, seco y afilado, de las noches de invierno. “No es la mejor manera de cuidar libros, pero trabajamos duro”, indica su vigilante.

Afuera, entre calles resecas por el polvo del desierto y algunas mínimas bibliotecas familiares, como la denominada Kader Haidara, donde se conservan varios miles de legajos y manuscritos del total de cien mil que ahora existen en la ciudad de Tombuctú, la fotografía actual de esta ancestral Meca literaria del Sáhara oscila entre el perfil puntiagudo de sus tres grandes templos de adobe, las mezquitas de Djingareyber (construida en el siglo XIV), de Sankoré y de Sidi Yéhia (edificadas ambas en el siglo XV), y la destartalada plaza de mercado en la que se realiza la actividad comercial, reducida en estos tiempos de penuria a la compra-venta de alimentos, enseres domésticos y productos textiles.

Tombuctú libros

Porque en las calles de Tombuctú niños empobrecidos de cara empolvada trasiegan con pollos vivos que están en venta mientras buscavidas se acercan y tratan de colocar sus navajas repujadas en cuero o pedazos de sal mineral excavados más al norte, en la localidad desértica de Taoudenni. Pero toca regresar a Niafunké, otras tres horas de pista agreste aq través del desierto, el pequeño pueblo rural situado a orillas del río Níger que gobernó como alcalde el mítico bluesman Ali Farka Touré. Una visita a su tumba, modesto enterramiento alicatado de blanco situado bajo un árbol escaso a las afueras de la villa, devuelve al ritmo cansino que marca la vida cotidiana en este lugar de África.

Publicado en el diario Público en abril de 2009