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‘Ernestina’, un barco cargado de ilusiones hacia América

14 Mar

por Carlos Fuentes @delocotidianocf

Con el viento en las velas y las maletas repletas de ilusiones para buscar una vida mejor, miles de hombres y mujeres de Cabo Verde se jugaron todo a la carta de la emigración desde mediados del siglo pasado. Actor principal y testigo directo de estos viajes fue el barco Ernestina, un velero del que ahora se cumplen 125 anos de su botadura el día 1 de febrero de 1894 en Estados Unidos. Años después de su primera singladura, cumplida su etapa como buque pionero de la investigación pesquera en el Artico, el barco fue comprado por un empresario caboverdiano para dedicarlo a viajes del éxodo migratorio entre las costas africanas y Estados Unidos.

La historia del Ernestina refleja como pocas los viajes de los barcos la emigración desde las diez islas del archipiélago de Cabo Verde a las prósperas ciudades de la costa este de Estados Unidos. El barco fue construido en los astilleros de Gloucester (Massachusetts), donde en 1894 primero fue bautizado Effie M. Morrissey con el primer cometido de dedicarse a la búsqueda de grandes bancos de peces en las ricas aguas árticas. Después el barco fue derivado al transporte de mercancías en los duros años de la Segunda Guerra Mundial y, ya en la segunda mitad del siglo pasado, al transporte de pasajeros entre las costas de África y las emergentes ciudades de América del Norte. Se considera que el Ernestina fue el último velero que llevó a centenares de emigrantes a Estados Unidos de América y Canadá antes de que el éxodo americano de los ciudadanos europeos, africanos y asiáticos que apostaban por la emigración pudieran acceder al amplio mundo de oportunidades que abrió la aviación comercial internacional.

Fue en el año 1947, después de sufrir un grave incendio que dejó dañado este barco de 47 metros de eslora, cuando el capitán caboverdiano Henrique Mendes compró el velero para dedicarlo a los viajes de la emigración. Mendes lo rebautizó Ernestina en homenaje a su hija pequeña y con él hasta 1965 realizó decenas de viajes desde los puertos insulares de Praia y Mindelo, los dos principales de Cabo Verde, hasta la región norteamericana de Nueva Inglaterra. Los primeros viajes fueron comandados por el propio Mendes, pero otros nombres importantes en la historia del la tripulación del Ernestina fueron Ricardo Lima Barros, João Baptista, Arnaldo Mendes y Valentin Lucas, que han pasado a la historia de Cabo Verde gracias a la labor de documentación del marinero Traudi Coli.

Retirado de las travesías transatlánticas, la historia del velero Ernestina no se detuvo. Hasta 1972, este pailebote fue utilizado para viajes de cabotaje entre las islas de Cabo Verde. Cuatro años después, ya en 1976, los organizadores del bicentenario del encuentro de barcos en la costa este de Estados Unidos escribieron al presidente de la recién nacida República de Cabo Verde para solicitar el envío del Ernestina al cónclave marítimo. El presidente Aristides Pereira dio su visto bueno y el 11 de junio de 1976 el velero emprendió el viaje desde el puerto de Mindelo. Pero no fue una travesía fácil: el barco sufrió una avería de gravedad cerca de la costa americana y un posterior intento de remolque se saldó con daños severos en la estructura del velero. Su reparación llevó seis años de trabajo y una alta inversión que fue sufragada en parte por varios emigrantes caboverdianos y el propio gobierno del país africano.

El último viaje del velero Ernestina tuvo lugar en 1978, cuando Cabo Verde regaló el barco al pueblo de Estados Unidos como símbolo de las relaciones fructíferas con los emigrantes del archipiélago. Desde entonces esté atracado en el antiguo muelle ballenero de New Bedford, donde está abierto a las visitas de quienes quieran conocer esta historia emocionante del velero que ayudó a hermanar a dos países, dos pueblos, tan dispares como los Estados Unidos de América y la República de Cabo Verde. En las islas, no obstante, este capitulo histórico se guarda cada día en los bolsillos de isleños y visitantes: su estampa marinera, con las velas a todo trapo, ilustra una de las caras del billete de doscientos escudos caboverdianos.

 

Publicado en la revista de viajes NT en febrero de 2019

Sucupira, un mercado africano para conocer Cabo Verde

17 May

Sucupira 1

por Carlos Fuentes

Los mercados de África son un mundo aparte. En esta suerte de centros comerciales de lo cotidiano se dan cita cada mañana la vida, las noticias y los sueños de pequeños vendedores que salen adelante suministrando cualquier cosa que necesiten los vecinos. Y cualquier cosa abarca lo vivo y lo muerto, lo nuevo y lo viejo, lo propio y lo extraño. Como si fuera posible ofrecer África entera en un ramillete de calles. En la ciudad de Praia, la capital de Cabo Verde, el mercado africano se llama Sucupira. Y es un mundo aparte.

No está claro el origen del término Sucupira, al menos aquí en la isla grande de Cabo Verde. Se sabe, eso sí, que en Brasil da nombre a un árbol del que, además de madera y forraje, se nutre la población de hojas para infusiones medicinales. En la ciudad de Praia, Sucupira es otra cosa. Es el gran mercado de la capital, el pulmón comercial de la vida cotidiana. Abierto todos los días del año. Sucupira, además, está rodeado por varios hitos importantes de la geografía urbana de Praia. Sucupira es vecino del estadio de Várzea, ubicado en el popular barrio del mismo nombre. Es el campo donde la selección de fútbol jugaba sus partidos hasta el año 2013, cuando se mudó al nuevo estadio del barrio Achada São Filipe. Ahora juegan aquí equipos de Praia, Sporting Clube, Boavista, Clube Desportivo Travadores y Académica, pero no es lo mismo. Quizá por eso, por esa sensación de días mejores que son pasado, Várzea contagia aires de saudade a los aledaños de Sucupira.

Sucupira 2

Desde el estadio, dejando atrás el Palacio de Gobierno y el cementerio, la avenida Cidade de Lisboa desemboca en la puerta principal del mercado de Sucupira. Puertas hay más, pero conviene tomar esta como referencia para intentar orientarse luego en el ramillete de calles, callejones y callejuelas que dan forma al mercado africano. Al otro lado, la nueva iglesia apostólica también es una señal para orientar los paseos por el mapa cotidiano de Sucupira. En el cruce que bordea el templo está la salida principal por carretera al centro de la isla de Santiago y abundan paradas de furgonetas que se encargan del transporte de pasajeros y de abundante carga menor que se compra en Sucupira. Son las populares Hiace, modelo de Toyota que se antoja fundamental para entender cómo funciona la economía de mercado (y el mismo mercado de Sucupira) en Santiago. Con ellas cada día se hacen viajes que distribuyen mercancía a los pueblos todo lo comprado en Praia.

Sucupira 3

En Sucupira se vende de todo. A la pieza y al peso. El tramo inicial es un conglomerado de pequeños puestos de textiles, bolsos y productos domésticos. El espacio es reducido, pero sobre las mesas lucen botes de champú y otros productos de baño y cocina. Alguna peluquería avisa de que en la parte central del bazar los salones de belleza al estilo africano serán los protagonistas. Más propio de un mercado es encontrarse con artesanos del cuero y el metal. También hay artistas que aprovechan el vaivén comercial para vender cuadros en los rincones más insospechados. Una señora anuncia una remesa de bolsos de Senegal elaborados con hilos de plásticos de colores. Ochocientos escudos la pieza, poco más de siete euros. Más baratas son las telas estampadas, importadas de Dakar y Costa de Marfil, que vende otro puesto regentado por una pareja caboverdiana. Un vecino ofrece fruta de baobab y flores de hibisco para hacer bissap. Todo rodeado por un sinfín de souvenires multicolores que cuelgan de alambres por todo el mercado.

Por un latera del mercado, camino del parque 5 de Julio, se encuentra la zona de productos frescos, desde frutas y hortalizas a pequeños animales de crianza. Ricos plátanos caboverdianos, pequeños y sabrosos, para un tentempié sobre la marcha en el paseo por Sucupira. Al fondo se venden pollos y lechones, también algunas gallinas como las que cocinan en los restaurantes caseros que dan a la avenida Machado Santos. Tres euros por un plato de gallina estofada con verduras y arroz. En el mercado sigue el trasiego. Los puestos se repiten, pero siempre aparece algo diferente. Una esquina con pinta de garaje es la tienda de música más antigua de Sucupira, y conviene aprovechar la ocasión para conocer la morna y algunas otras músicas que pusieron al archipiélago africano en el mapa mundi de la cultura internacional con figuras como Cesária Évora, Ildo Lobo o el grupo Simentera.

Sucupira 4

Todos los pasillos de Sucupira desembocan en la zona de los bidones, otra singularidad del mercado. Al fondo, en un patio triangular techado con plásticos y chapas metálicas, veinte vendedores despliegan cada día la ropa y el calzado usado que llega a Praia en grandes bidones plásticos con cierre hermético. Si las tiendas de nuevo están en la parte alta de la ciudad, casi todas en el barrio administrativo de Plateau, en Sucupira se venden camisas y pantalones a precios para todos los bolsillos. Remites pintados en los bidones explican el negocio: desde Boston, Londres o Lisboa, emigrantes, familiares y ONGs envían bienes usados que abastecen el mercado de ropa y calzado barato en Sucupira. Cualquier prenda de bidón llegada en barco con meses de travesía se paga con escudos caboverdianos. El billete de 200 escudos reproduce a Ernestina, un pailebote que hasta 1965 llevó a muchos africanos a la emigración americana. Antes fue barco de exploración científica y militar en la II Guerra Mundial. Un guiño a la historia compleja de un país que cuenta tantos residentes como emigrantes lejos de sus diez islas atlánticas.

Publicado en la revista NT en marzo de 2016 

De Dakar a San Luis por un océano de baobabs en Senegal

7 Ene

baobab

por Carlos Fuentes

Hay ocasiones en las que un viaje por el interior de un país africano ofrece al visitante un intenso recorrido por la historia de un pueblo. En Senegal, el país de referencia del oeste africano, el trayecto entre la actual capital, Dakar, y la vieja ciudad que una vez lo fue, San Luis, permite al viajero hacerse una idea de cómo se ha desarrollado la vida cotidiana entre las tierras secas del Sahel y la siempre presente cornisa atlántica. También una visita interesante por las ricas huellas históricas de un país que disfruta de plena independencia política desde su emancipación de la metrópoli francesa lograda en 1960.

Con punto de partida en la populosa Dakar, casi tres millones de habitantes en su zona conurbana, este viaje africano de 260 kilómetros en dirección norte se puede realizar en coche particular pero también en transporte público, ya sea con vehículos compartidos que parten desde la estación principal de la capital o en autobuses de línea que realizan varias paradas en localidades intermedias como Thiès, tercera ciudad senegalesa y capital de la artesanía textil nacional, Kebemer o Louga. En estas ciudades se localizan antiguas estaciones de paso de la extinta línea ferroviaria que los colonos franceses construyeron en 1885 bajo dirección del ingeniero Ernest Goüin, uno de los técnicos que realizaron aportaciones al proyecto de la torre diseñada por Gustave Eiffel para París.

playa

No obstante la historia, el camino de Dakar a San Luis deslumbra por el rico abanico de paisajes africanos que atraviesa la carretera nacional N-2. Cerca de la capital, junto a la población de Niaga, se encuentra una de las atracciones naturales más visitadas de Senegal. El Lago Rosa toma nombre de su peculiar color, producto de la existencia de un alga que en la estación seca produce un pigmento rojo para absorber la luz solar. Con una extensión de tres kilómetros cuadrados, su elevado nivel de salinidad hace posible una experiencia única de caminar sobre las aguas rosáceas. Lógico, pues, que entusiasme a los turistas tanto como la vida tranquila que se puede disfrutar en la localidad de Mboro.

Superado el camino desde Dakar en un viaje trufado siempre por la imponente presencia del baobab, mítico árbol africano que puede llegar a alcanzar varios siglos de vida con proporciones de veinticinco metros de altura y hasta diez de diámetro. Un dato botánico revela la importancia de este árbol para los pueblos del oeste africano, siempre azotados por la falta de agua. Un baobab adulto es capaz de almacenar más de cien mil litros de agua, además de proporcionar un gran volumen de fruta con la que se elabora el popular refresco bouye e incluso sustituye el café. Citado por Saint-Exupéry en El Principito, con sus troncos y ramas se fabrican utensilios domésticos, cestería y material de construcción.

cayucos

El desembarco en San Luis devuelve al viajero a paisajes de otras épocas. No hay lugar en esta región de África que refleje tan bien esa sensación de tiempo detenido que esta ciudad portuaria que hasta 1902 ostentó la capitalidad de la posesión francesa en África occidental. San Luis late con vigor cada día por el trasiego laboral de su puerto, referencia no sólo para Senegal sino también para las poblaciones del sur de la vecina Mauritania, y los hitos que la historia ha dejado por el camino desde su fundación por colonos normandos en 1659. Pronto recibió San Luis el calificativo halagüeño de Venecia de África, con un casco viejo pespuntado todavía de edificios de la época colonial, característicos por sus paredes de cal, techos de barro, balcones de madera y barandas de hierro. Aunque la primera seña de identidad es el imponente puente Faidherbe, construido por los franceses en 1897 y cuyos 507 metros comunican la isla ribereña con el continente, donde vive la mayoría de sus 200.000 habitantes.

san luis

Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000, San Luis alberga una de las mayores comunidades de pescadores de esta parte de la costa africana. Es el barrio de Guet Ndar, donde cada año se desembarcan treinta mil toneladas de pescado. Sentarse una tarde en alguna de las terrazas del bulevar Mar Diop, bajo el sol trémulo de poniente, permite disfrutar del espectáculo cotidiano de la llegada de los cayucos pesqueros después de la jornada de faena. También es recomendable una visita a la catedral francesa de 1828, considerada el templo religioso más antiguo de África occidental, y un paseo sin prisas por el mercado central donde confluyen los productos de la agricultura y la artesanía nacional, pero también con presencia de comerciantes de Mauritania y Malí.

sol

En San Luis, como en casi toda la geografía de Senegal, el visitante no dejará de escuchar música. Suena música en las calles, música en las plazas, música en los mercados populares, porque quizá no haya país más sonoro que esta referencia cultural en toda África occidental. Y si tiene usted suerte, a finales de primavera la ciudad celebra cada año su reputado Festival de Jazz, una música que llegó a San Luis con la influencia de los marinos norteamericanos que hacían aquí parada técnica en el puerto senegalés. Abierto también a las atléticas músicas africanas, el certamen cultural fundado en 1993 ofrece cada año un nutrido cartel con primeros espadas de los ritmos étnicos. No en vano, hasta hace bien poco, Senegal atesoraba a un músico profesional, Youssou N’Dour, en funciones de ministro de Cultura. Pero esa ya es otra historia.

Publicado en la revista NT en noviembre de 2015

Chris Dercon: “El gran reto de un destino turístico es buscar una forma positiva de integrar a residentes y visitantes”

16 Oct

 

Chris Dercon 1

por Carlos Fuentes

Chris Dercon entra, despacio, en el centro cultural El Tanque. Con la curiosidad de un navegante, el director de la Tate Modern observa a ciegas este océano metálico de oscuridad. En un círculo de paredes negras, bajo una telaraña de acero. Dercon anotará luego que el ojo humano “necesita 900 segundos” para acostumbrarse a la ausencia de luz. Y dirá que esta singularidad predispone a la visita del viejo depósito de petróleo reconvertido en espacio cultural en 1997.

El belga Chris Dercon (Lier, 1958) está en Tenerife para defender una alianza entre arte y turismo con la puesta en valor de recursos naturales y tecnologías. Aprender del medio, pero también tener la valentía para abrir el escenario al mundo. Un buen símbolo es la Tate Modern, abierta el año 2000 en una vieja central eléctrica al sur de Londres. Desde entonces es uno de los museos más visitados del planeta: siete millones de visitantes al año. Toda una resurrección. Chris Dercon participa en los Encuentros Denkbilder sobre el papel de los museos y las salas de arte en el mundo contemporáneo.

El jefe de la Tate Modern defiende una mayor integración en el tejido social de las ciudades, visitantes incluidos. ¿En plena era smartphone? “Claro, los museos son lugares para descubrir o redescubrir una velocidad más razonable. Son sitios clave de presente y futuro porque aportarán experiencias al margen del ritmo de vida. Y ganarán espacio propio como ya hicieron el cine, la ópera e incluso la televisión. Cuando nos sentamos a ver una buena serie ya no hacemos tanto caso al móvil. De hecho, creo que series como The Wire o Breaking Bad demuestran su éxito al ser capaces de sentarte una hora ante la televisión. El museo será un lugar de sosiego y también un lugar de encuentro, grandes espacios de intercambios alrededor de la cultura”. Entonces, de prohibir móviles y tabletas ni hablar. “No, no. El museo ofrecerá una experiencia física en torno al arte, pero también una experiencia digital. Sería ridículo que una sala excluyera móviles y aplicaciones cuando con ellos yo puedo mejorar mi experiencia en la visita. Aunque se necesitará un equilibrio entre lo digital y la confrontación directa con las obras”.

Chris Dercon 3

¿Coexisten arte y turismo en tiempos de crisis? “El gran reto de destinos como Tenerife, y por extensión todas las islas de Canarias, es buscar una manera positiva de integrar a residentes y turistas. No solo en Canarias, también en Barcelona, Londres o Berlín. El gran reto es cómo gestionar la integración del turismo que llega. Actualmente Tenerife acoge muchos turistas por su patrimonio natural, que es increíble, pero la isla también puede desarrollar un turismo de cultura. El turismo en sí mismo no es malo ni bueno, depende de las formas. Por eso es tan importante lograr un buen vínculo entre visitante y entorno social. Con el tiempo, el turista será más curioso y va a pedir nuevos espacios, nuevas experiencias. Y la cultura puede mejorar mucho la calidad turística del destino, respetando siempre el territorio y sus tradiciones”.

Chris Dercon 4

No ha sonado un móvil, pero el tiempo apremia. Aunque Chris Dercon prefiere seguir hablando de arte y naturaleza. ¿Qué parece el Teide? André Breton salió fascinado de aquí hace 80 años, puro surrealismo. “Y también el gran explorador alemán Humboldt”, recuerda el director de la Tate Modern. “Ahora entiendo por qué esta montaña es patrimonio de la humanidad. La visita es una experiencia que debes vivir por ti mismo. Pasear entre esos ríos de lava donde solo pocos microorganismos logran sobrevivir, ese suelo es fascinante”.

Publicado en la revista C Magazine en septiembre de 2015

Días de sol y playas junto al volcán más joven de África

1 Oct

volcán Fogo 1

por Carlos Fuentes

Son diez pedazos de África situados en medio del océano Atlántico. Diez islas de naturaleza exigente y paisajes marcados por la tranquilidad. Diez porciones de desierto volcánico trasterradas mar adentro que durante los últimos años se ha convertido en uno de los mejores destinos turísticos para conocer la rica cultura africana. Cabo Verde, que ni es cabo ni es verde, se brinda ahora al visitante como destino amable cerca de Europa con su melancólica música morna sonando siempre de fondo.  

El archipiélago de Cabo Verde está situado a seiscientos kilómetros al oeste de la costa africana de Dakar, la capital de Senegal, y a 1.600 kilómetros al sur de Canarias. La historia de este territorio repartido en diez islas habitadas nació en el año 1456 con su todavía controvertido descubrimiento, ya que tres marinos se atribuyeron su hallazgo hace cinco siglos. Sea como fuere, gracias a la labor descubridora del explorador genovés Antonio da Noli, del navegante veneciano Luis Cadamosto y del viajero portugués Diogo Gomes de Sintra, las islas de Cabo Verde fueron sumadas a la corona portuguesa por orden directa del infante Henrique de Avis, también conocido por el sobrenombre El Navegante.

Poco tiempo después, casi todas las rutas marítimas y comerciales enlazaban ya los puertos europeos con los nuevos destinos coloniales en América y Asia, lo que con el paso de los siglos terminó de dibujar la singular personalidad social, económica y cultural caboverdiana que hoy se conoce. En la actualidad, la población de Cabo Verde alcanza medio millón de personas que se reparten en los poco más de cuatro mil kilómetros cuadrados que tienen estas diez islas de la Macaronesia africana. Convertido ahora en un creciente destino turístico de sol, playa y naturaleza, Cabo Verde lleva un lustro afianzando su mercado de turismo y ocio. Sólo durante el pasado año 2014 más de medio millón de turistas extranjeros visitaron una de las islas de este archipiélago volcánico.

Fogo isla

Con solo 476 kilómetros cuadrados de extensión y una población de 37.000 personas, la pequeña isla de Fogo se encuentra situada al sur del arco de diez islas del archipiélago de Cabo Verde. Comparte el denominado grupo de cuatro islas de sotavento con las islas de Santiago, la de mayor extensión por sus 991 kilómetros cuadrados y que cuenta con 266.000 habitantes; Maio, con 269 kilómetros cuadrados y una población de ocho mil personas; y Brava, con solo 67 kilómetros cuadrados y apenas seis mil habitantes. Al norte de estas cuatro islas caboverdianas se halla el denominado grupo de barlovento, compuesto por seis islas: San Antonio, con 779 kilómetros cuadrados de extensión y una población de cincuenta mil personas; Boa Vista, con seis mil vecinos residiendo en sus 620 kilómetros cuadrados; San Nicolás, de 357 kilómetros cuadrados de extensión y catorce mil habitantes; Sal, con 216 kilómetros cuadrados y 18.000 habitantes; San Vicente, con 227 kilómetros cuadrados de extensión y una población cercana a las ochenta mil personas; y la deshabitada Santa Luzia.

volcán Fogo 2

La isla de Fogo fue uno de los primeros lugares que fueron poblados en este país insular atlántico, aunque durante buena parte de la primera etapa de su poblamiento la isla se denominó San Felipe. Fue precisamente una erupción volcánica anterior, ocurrida en el año 1860, el hecho que provocó el cambio de la denominación oficial de la isla. Fogo posee una naturaleza singular por su dureza, marco natural que se corona con el volcán homónimo de 2.829 metros de altura. Habitada desde el año 1500, la isla ha dominado las rutas por mar entre Europa, América y Asia, así como por los buenos resultados que dieron pronto las explotaciones de pescado y sal, principalmente, desde el siglo XVI.

lava Fogo

El auge creciente de las diferentes formas de turismo en la naturaleza sumó, de improviso, la atracción incomparable de una erupción volcánica en Cabo Verde. Desde finales de noviembre pasado, el volcán de Fogo, del que tomó nombre la isla, se encuentra activo. En los primeros momentos se temió por problemas de seguridad importantes, así como por las consecuencias que la emisión del material volcánico tuvo en el tráfico aéreo nacional e internacional, pero al final los daños causados directamente por la lava del pico de Fogo se limitaron a los daños en dos pequeñas aldeas, Portela y Bangaeira, ambas situadas a los pies de la caldera que rodea el volcán y que los nativos caboverdianos llaman Chã das Caldeiras. También se produjeron daños materiales en la aldea de Ilhéu de Losna, donde el riesgo principal se relacionó con los cultivos vinícolas isleños.

lava 2 Fogo

Al pie de las calderas está situado el recoleto pueblo de Pedro Brabo, cuyo millar escaso de habitantes viven dedicados a las labores agrícolas de la vid, el café, los árboles frutales y las plantas leguminosas, todas cultivadas sobre el singular suelo de lava volcánica caboverdiana. Desde Pedro Brabo, la subida a pie hasta el pico de Fogo se puede realizar por un sendero que enlaza con el cráter en una excursión que se alarga entre tres y cuatro horas de paseo con un desnivel de mil metros. Justo al final del sendero está la parte más exigente de esta ruta en la naturaleza, pero las vistas desde la cima merecen la pena porque el pico posee unas extraordinarias vistas que abarcan casi toda la isla. Desde la base de la montaña, ya en el camino de vuelta, se puede conectar por carretera con la pequeña localidad de San Felipe, que es el principal núcleo de población de la costa oeste de Fogo y cuenta con alrededor de 55.000 vecinos.

volcán Fogo 4

En San Felipe el visitante verá recompensado su esfuerzo, ya que la oferta en gastronomía local ofrece lo mejor de la isla de Fogo. Es típico aquí disfrutar de la sopa de legumbres llamada catxupa, así como de pescado fresco a la brasa y carnes de cerdo y cabrito. Para refrescar en Cabo Verde se toma buen café, ricos zumos de frutas autóctonas y un licor elaborado con albaricoques llamado Espírito da Caldeira. Quesos artesanales de leche de cabra, vinos dulces y secos completan un menú que se corona con licores típicos de hierbas y frutas. También son importantes en Cabo Verde las huellas que su pasado colonial ha dejado en calles, edificios y costumbres. Entre el patrimonio cultural de las islas destaca su música híbrida de influencias africanas, europeas y americanas. De hecho, la principal referencia personal de Cabo Verde es la cantante Cesaria Évora, natural de la ciudad portuaria de Mindelo. Allí maceró un tipo de canción emocionante y melancólica llamada morna. Fue la música que desde principios de los años 90 del pasado siglo puso a Cabo Verde en un lugar protagonista en el universo de las músicas étnicas. Aunque la diva de los pies descalzos murió en 2011, en Mindelo se pueden visitar su casa natal y los lugares donde cantó.

gente volcan

Crecen los viajes de turismo en Cabo Verde

Los atractivos de diez islas sembradas en medio del Atlántico, a medio camino entre Europa, América y Asia, continúan cotizando al alza en el mercado de los viajes turísticos internacionales. Cabo Verde se ofrece al visitante como lugar singular, casi no tocado por la actividad humana y, sobre todo, a tiro de piedra de los países emisores de turismo europeo. Según datos del Instituto Nacional de Estadística del país africano, los establecimientos hoteleros de Cabo Verde sumaron más de medio millón de visitantes durante la temporada del año 2014, con lo que el número de pernoctaciones diarias ascendió hasta 3,5 millones de estancias. En los países de origen de los visitantes destacan Reino Unido, que abarcó el 18% de visitantes con una estancia media de nueve noches en hotel; Alemania, con el 13% de las visitas anuales; Francia (11,5%) y la antigua potencia colonial de Portugal (11%). Por islas, Sal fue el principal destino para el 41,5% de los turistas, seguida por Boa Vista (33%) y Santiago (13%).

Publicado en la revista revista NT en abril de 2015

Gorée, una isla para no olvidar las lecciones de la historia

26 Ago

por Carlos Fuentes

Pocos lugares condensan tanta historia y tanta carga emocional como esta pequeña isla situada en la bahía de Dakar, frente a la capital de Senegal. Con un pasado marcado por la explotación del ser humano, la esclavitud y el expolio de África, la isla de Gorée es ahora un lugar de recogimiento, respeto y sentido homenaje para recordar aquellos tiempos pasados que fueron peores.

Accesible en una cómoda excursión de media hora en transbordador, a apenas tres kilómetros de distancia del agitado puerto de Dakar, la capital de Senegal, la isla de Gorée tiene una superficie de diecisiete hectáreas con forma de bumerán. Al abrigo de su pequeña rada se encuentran el puerto pesquero y la playa donde locales y vecinos de Dakar acostumbran a disfrutar del descanso, el mar y el sol. Declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1978, esta pequeña prolongación isleña del país de referencia del África occidental atesora una historia de intensidad incomparable.

Aquí, en Gorée, se encuentra la Casa de los Esclavos, el lugar desde donde se traficaba con seres humanos hacia las potencias coloniales de Europa y, sobre todo, hacia las grandes plantaciones agrícolas de América. Construida a finales del siglo XVIII, la Maison des Esclaves fue reabierta como museo en 1962 para honrar la memoria de los millones de africanos que fueron secuestrados de sus pueblos, vendidos como cualquier otra mercancía y luego transportados a la fuerza en condiciones infames de salud hacia los puertos del nuevo mundo.

Malecón de isla de Gorée (Senegal)

En la isla de Gorée se puede visitar la Puerta del No Retorno, una pequeña ventana de piedra labrada donde eran embarcados los esclavos capturados en el interior del continente con destino a América. Los traficantes esclavistas, que llevaban a África productos manufacturados, estaban establecidos en puertos europeos como Nantes y El Havre (Francia), Bristol y Liverpool (Gran Bretaña) y Amsterdam (Holanda), adonde llegaban después materias primas, metales preciosos y maderas que lograban en América con los beneficios de la trata. En ese triángulo vicioso, que comenzó en 1619 cuando un barco negrero holandés desembarcó con los primeros esclavos africanos en las costas de Virginia, se estima que fueron transportados más de diez millones de personas africanas.

Ahora en la isla de Gorée la estampa austera de la Puerta del No Retorno, pura piedra marcada por las huellas del salitre, testimonia el último recuerdo africano que los miles de esclavos se llevaban del continente. Punto neurálgico de esta isla senegalesa, la Puerta del No Retorno ha sido homenajeada entre otros por figuras emblemáticas de la raza negra como el primer afroamericano elegido presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el emblemático líder para la emancipación de África Nelson Mandela. “Este es un testimonio de lo que pasa cuando no estamos vigilantes para defender los derechos humanos, pero esta visita me da incluso mayores motivos para defender los derechos humanos en cualquier lugar del mundo”, señaló el presidente Obama en su viaje de 2013. En 1992 el papa Juan Pablo II ya pidió perdón por los siglos de esclavitud.

Casa de los Esclavos en Gorée (Senegal)

Pero la historia de la isla de Gorée no es sólo el recuerdo de una tragedia, de aquella época oscura de la historia que también es reivindicada en otras zonas de las costas de África occidental como las localidades senegalesas de Podor, Matam, Juffure, Saint Louis o Saly, así como en Fort James (Gambia). Esta acogedora isla sin coches ni carreteras asfaltadas ofrece más puntos de interés histórico, social y cultural como el Museo de la Historia de Senegal, el Museo del Mar, el Museo de la Mujer Africana, la veterana escuela William Ponty y la antigua fortaleza que daba protección a Gorée de asaltos navales de piratas.

Puerto de la isla de Gorée (Senegal)

También es interesante la oferta de ocio, centrada en la zona de la pequeña bahía con algunos restaurantes y cafeterías con terrazas que ofrecen comidas típicas senegalesas como el chebuyem de arroz y pescado fresco o bebidas tradicionales como el té hecho con flores del hibisco llamado bissap. Antes de regresar al transbordador que devuelve a los visitantes a la agitada vida urbana de Dakar, merece la pena pasar un rato de descanso en alguna de estas terrazas para disfrutar de una panorámica única sobre el puerto de la isla de Gorée y no olvidar nunca las lecciones que nos deja la historia más trágica de África.  

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Artesanía africana para todos los gustos

Cualquier viaje a Senegal es una buena excusa para pertrecharse de objetos de artesanía africana con los que luego recordar las vacaciones. Y en Dakar la oferta es casi infinita. En la gran metrópoli del África occidental existe media docena de mercados callejeros en los que el visitante puede adquirir vistosas telas estampadas, esculturas fabricadas con maderas nobles y joyería étnica. Si usted regresa de una excursión a la isla de Gorée tiene muy cerca uno de los mercados más interesantes. Instalado en la antigua estación ferroviaria que comunica Dakar con la ciudad de Bamako, capital del vecino Malí, el mercado abunda en abalorios de plata, bolsos de piel y piezas tradicionales con motivos religiosos. Aquí todo viene envuelto en ese reposado saber vivir africano en el que nunca falta la buena música, el trato cordial de los comerciantes y algunas ventas de comida y repostería africana recomendable para todos los gustos.

Publicado en la revista NT en febrero de 2015

Arcos de arena, osos, géiseres y bisontes camino de Yellowstone

6 Ago

Montañas Rocosas 2

por Carlos Fuentes

Edmund Hillary dejó dicho que los humanos “no conquistamos las montañas, sino a nosotros mismos”. Y Belén Prieto y Paco Sánchez, dos apasionados por los grandes picos, no están por la labor de llevar la contraria al héroe del Everest. El verano pasado estos madrileños realizaron una excursión de altos vuelos: recorrer buena parte de los 3.220 kilómetros de las Montañas Rocosas, la gran cordillera que transcurre entre Nuevo México (Estados Unidos) y Columbia Británica (Canadá). “Elegimos este destino porque somos grandes amantes de las montañas”, recuerda ahora esta pareja de treintañeros. “Y es cierto que las Rocosas son una maravilla natural, pero también nos impresionó la calidez y la amabilidad de muchos estadounidenses que conocimos”, agregan.

El itinerario de Belén y Paco comenzó en Colorado y acabó en Montana. Por el camino pararon en los parques nacionales de Rocky Mountain y de Grand Teton, en el desierto de Utah y en Yellowstone y Glacier. El Parque de los Glaciares sólo conserva 27 de las 150 masas de hielo originales. Y en Utah se encuentra la mayor concentración de arcos de arenisca naturales del mundo, extraordinarios fenómenos geotérmicos como géiseres y manantiales de agua caliente”, explica la pareja, cuyos paseos entre rocas se vieron acompañados por abundante fauna salvaje. Desde ciervos, alces, linces, bisontes, coyotes y lobos hasta los peligrosos osos negros y grizzlies. “Pasamos algo de miedo los primeros días, mientras hacíamos senderismo y montañismo, por la presencia de osos”.

Bisontes Yellowstone

Belén y Paco buscaron remedio: en el parque de Yellowstone se apuntaron a una charla práctica con los guardas forestales para conocer cómo se puede prevenir un encuentro fatal con un oso salvaje: “Se debe ir haciendo ruido al caminar, cantando o dando palmas, para avisar de nuestra presencia. Si los osos notan la presencia humana tienden a esconderse, pero pueden atacar si se sienten amenazados”. ¿Pies para que os quiero? Pues no, todo lo contrario. “No hay que correr ni trepar a los árboles porque los osos corren más y trepan mejor”. ¿Entonces? “Si eres atacado, debes tirarte al suelo bocabajo para proteger el estómago y esperar a que el oso se aburra de zarandearte”. Belén y Paco no tuvieron problemas con los osos. “Seguimos la recomendación y sólo los vimos a distancia segura, con prismáticos. También hay que tener cuidado con los bisontes: son herbívoros, pero si se les molesta pueden atacar”.

Yellowstone

Al final de la aventura americana, estos viajeros madrileños se toparon con otra amenaza: los efectos del calentamiento del planeta. “El Parque de los Glaciares, en Montana, apenas conserva 27 de los 150 glaciares que existían a mediados del siglo XX. De continuar el efecto invernadero se prevé ya no quedará ninguno en el año 2030”, lamentan Belén y Paco. Preocupaciones ambientales aparte, el balance del viaje dejó un grato sabor de boca en los españoles. “Nos alojamos en el interior de los parques nacionales, donde se puede disfrutar de la experiencia de dormir en cabañas fabricadas de forma artesanal con maderas del bosque. Fue allí donde, ya maravillados por el paisaje, comprobamos que la amabilidad de los locales nos permitía hacer amigos, ver que mucha gente se interesa por la naturaleza salvaje y que entre todos podemos ayudar a que la conservación del planeta sea una realidad”, concluyen, optimistas, Belén y Paco.

Publicado en el diario Público en agosto de 2011