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Adiós a Doudou N’Diaye Rose, matemático del ritmo africano

4 Nov

Doudou NDiaye Rose 1

por Carlos Fuentes

Cuando las emisoras de radio de Dakar anunciaron su fallecimiento, muchas personas salieron a las calles en señal de duelo. Se repitieron concentraciones en las esquinas, en las plazas de la populosa capital de Senegal. Había muerto un músico, una leyenda africana, pero sobre todo un artista identificado con su gente, siempre con su pueblo. Doudou N’Diaye Rose, uno de los percusionistas que más han hecho por el reconocimiento y la difusión internacional de los vigorosos ritmos del oeste de África, murió el pasado 19 de agosto.

En medio de las vacaciones, a este lado del mar su desaparición pasó, casi, sin pena ni gloria. Aunque su muerte, sin duda, supone un eslabón importante en la extinción de una especie artística. La generación de los primeros músicos africanos que lograron derribar fronteras, ganar prestigio para los sonidos del continente y, también, devolver parte de todo lo recibido al pueblo con la puesta en marcha de la primera escuela para la enseñanza de la percusión en Dakar.

Doudou NDiaye Rose 2

La historia vital de Doudou N’Diaye reproduce el patrón de los más valiosos protagonistas de la cultura africana contemporánea. Hijo de una familia de griots, esa suerte de notarios del devenir de los pueblos del oeste africano cuyas estirpes van pasando de generación en generación, N’Diaye Rose nació en el verano de 1930 en la Medina, uno de los barrios con mayor solera de la ciudad de Dakar y que décadas después daría uno de los artistas más reconocidos de África, Youssou N’Dour, quien por cierto también comenzó su carrera artística como instrumentista de percusión antes de lanzar su carrera internacional como cantante. N’Diaye Rose fue llamado Mamadou, aunque muy pronto fue apodado Doudou por sus familiares y amigos, y también empezó muy rápido a familiarizarse con instrumentos de percusión aún siendo adolescente, al tiempo que ayudaba a la familia con apaños de fontanería y trabajos en la construcción. Aunque su suerte cambió pronto con la independencia de Senegal en 1960.

Ese año, que luego pasó a la memoria colectiva como el Año de África por ser la fecha en la que varias antiguas colonias africanas lograron la emancipación de las metrópolis europeas, en esencia de Francia y los Países Bajos, Doudou N’Diaye Rose fue ayudado por la diva Josephine Baker, una de las primeras artistas de carrera internacional que tuvo interés por las percusiones africanas y por ayudar a ampliar los horizontes comerciales de sus intérpretes.

Doudou NDiaye Rose 4

Y cuando llegó esa oportunidad, Doudor N’Diaye Rose ya era un maestro del sabar, tambor alto característico de Senegal y de Gambia a partir de su origen en la comunidad serer, que utilizaba su repique como medio de transmisión de noticias entre aldeas y poblados alejados. Junto al sabar, que luego paseó por los principales escenarios del mundo, N’Diaye Rose también manejaba con destreza otros instrumentos de percusión y, acompañado por más de un centenar de instrumentistas, actuó en las celebraciones de la independencia de Senegal ante el primer presidente del nuevo país, el político y poeta Leopold Sedar Senghor. Muy pronto se hizo cargo de la tarea rítmica en el Instituto Nacional de las Artes y también en el Ballet Nacional de Senegal. Comenzaba así su pasión por la enseñanza de los ritmos africanos, una labor docente que con el tiempo le hizo merecer el reconocimiento de todo su pueblo senegalés y la denominación cariñosa de El Matemático de los Ritmos.

Doudou NDiaye Rose 3

Ya durante los años 80, posiblemente la década más importante para el prestigio y la proyección internacional de las músicas africanas contemporáneas, Doudou N’Diaye Rose desembarcó en Francia para actuar en un festival de jazz en la ciudad de Nancy. Allí desembarcó con un grupo de cincuenta percusionistas. Fue tal el estrépito del concierto, la destreza y la versatilidad de los ritmos de África, que el cineasta Martin Scorsese apostó por esas músicas para incluir algunos pasajes de percusión en la banda sonora de su largometraje La última tentación de Cristo. Después vendrían más aportaciones al cine y, sobre todo, la confianza ganada entre los músicos occidentales como maestro de las percusiones con esos ritmos tradicionales que nacieron para ambientar ceremonias de boda y actos sociales africanos. Con calor y color, el sabar iba a conquistar el mundo.

El siguiente artista europeo en apostar por la destreza rítmica de Doudou N’Diaye Rose fue el compositor francés de músicas celtas Alan Stivell. Después llegarían sus trabajos con artistas de la talla de Dizzy Gillespie, Miles Davis, The Rolling Stones y Peter Gabriel. Con este último, además, produjo uno de los álbumes más influyentes de las percusiones africanas, Djabote (1994), que en otro signo de compromiso con su pueblo senegalés fue registrado en vivo en Gorée, la pequeña isla situada en la bahía de Dakar desde donde se realizó gran parte del infame tráfico de esclavos negros hacia Europa y América.

Ya en 1988 se había producido su primera presentación en Estados Unidos con un concierto celebrado en el teatro Beacon de Nueva York junto a treinta percusionistas, un recital que generó comentarios entusiastas en The New York Times. “Incluso sin contemplar la puesta en escena”, escribió entonces el crítico norteamericano Jon Pareles, “la riqueza de estos ritmos africanos llevaría hasta el límite a cualquier percusionista occidental”.

Doudou NDiaye Rose 5

La desaparición de Doudou N’Diaye Rose provocó sentidas manifestaciones de duelo entre los ciudadanos senegaleses, también en las autoridades africanas que en 2006 impulsaron su reconocimiento como tesoro vivo de la humanidad por parte de la Unesco. Aunque quizá haya sido un músico joven el que mejor ha puesto en valor al gran maestro del sabar para las nuevas generaciones. Apenas conocer su fallecimiento (que, por cierto, coincidió con la desaparición de otro genio de la percusión senegalesa, Vieux Sing Faye, músico de la todopoderosa Super Êtoile liderada por Youssou N’Dour), el rapero Didier Awadi afirmó que “Doudou N’Diaye Rose conocía el lenguaje de nuestros tambores porque para muchos africanos los instrumentos de percusión fueron los primeros teléfonos móviles para comunicar noticias importantes entre pueblos”. “Y él fue capaz de convertir los sonidos de un centenar de tambores en una sinfonía delicada”, incidió el fundador de Positive Black Soul, que en 2010 se apoyó en el ritmo veterano de Doudou N’Diaye Rose para abrir con Dans mon revê su proyecto Presidents of Africa en uno de los videoclips mejor facturados en lo que va de siglo XXI en las músicas de toda África.

Publicado en El Confidencial en septiembre de 2015

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Seun Kuti: el hijo de la pantera

17 Sep

Seun Kuti

por Carlos Fuentes

Con catorce años heredó la todopoderosa orquesta de su padre, el mayor mito musical jamás surgido de África. Ahora, en el friso de la treintena, este cantante y saxofonista nigeriano intenta pergeñar la hoja de ruta del afrobeat futuro. Una música enérgica y contagiosa con la que, al frente de Egypt 80, se renueva como portavoz de los anhelos de todo un continente. Sí, el ritmo sigue siendo el arma.

No hay en este planeta mundo ritmo tan atlético, incendiario y zumbón como el afrobeat. Y pocas músicas llegadas del sur gozan de un estado de salud como este sonido fuerte, ardiente y pegajoso hijo de la jungla sonora de Nigeria. De procedencia urbana, pero con acentuados rasgos tribales, el afrobeat continúa renovándose década a década con la eclosión de nuevas bandas en (casi) los cinco continentes. Aunque es inevitable citar un apellido, ya una estirpe, como el factor determinante para la irrupción del afrobeat en el gran mercado musical occidental. Un apellido, un hombre: Fela Anikulapo Kuti. Quizá haya escuchado usted hablar de él: entre 1958 y 1997 lideró la mayor revolución musical que ha surgido de África. Junto al baterista Tony Allen y a su orquesta Africa 70 dejó una obra influyente como pocas se han visto irrumpir desde un país en vías de desarrollo. “Utilizo mi música como arma”, grita en el documental Music Is The Weapon el apóstol Fela Kuti, mito mayor del panteón yoruba afrobeat, y cuya primera biografía española, Espíritu indómito, publica ahora Sagrario Luna.

Seun Kuti live

Seun Kuti tiene 31 años y es el hijo menor de Fela Kuti. También ha heredado el grupo de su padre, renombrado Egypt 80 desde finales de los años setenta, y ya es responsable de tres discos grandes. De verbo combativo y con un perfil nada acomodaticio, Seun Kuti sabe que a pocos africanos de su generación les está permitido levantar la voz y aprovecha los focos de la música para vindicar las ideas valientes de su padre. “Como músico tengo la posibilidad de hablar y que mis palabras lleguen a mucha gente. Es lo que hago cuando me encuentro con mi público, dar mis propias opiniones y permitir que la gente conozca otros puntos de vista. Es la única manera que veo de ser útil a mi sociedad”. Por eso celebra Seun Kuti el estado de ánimo del afrobeat, también que su hermano mayor, Femi, defienda con solvencia el apellido y que el influyente baterista Tony Allen entregue por momentos discos esplendorosos y algún experimento interesante con Jimi Tenor, Paul Simonon, Damon Albarn o Flea. “Creo que la música no pertenece a nadie”, afirma Seun Kuti. “La música a su vez inspira a gente joven que hace música. No creo que esta música africana pertenezca a Fela, creo que el afrobeat pertenece al mundo. Ni siquiera pertenece a África. Otra cosa es que Fela Kuti y África hayan sido sus dos grandes inspiradores”.

Seun Kuti concert

No se dijo antes. Seun Kuti atiende al teléfono desde Burdeos porque está en plena gira de presentación de su nuevo disco, A Long Way To the Beginning (2014). A finales de mes formará parte de la doble apuesta afrobeat de Primavera Sound junto a los neoyorkinos Antibalas. Producido con el pianista americano de jazz Robert Glasper, A Long Way To the Beginning es el tercer álbum en seis años para Seun Kuti. Aquel chico que con apenas catorce heredó por accidente la orquesta de Fela es ahora cabeza de familia, padre reciente y, asegura, más consciente de que la vida es una cuestión de actitud. “Claro que he cambiado. Todos cambiamos y, en cierto sentido, esos cambios son como una prueba de vida. Cambiamos al afrontar la tolerancia, las relaciones con las personas e incluso cambiamos en nuestra condición humana. Yo cambio por mi condición de padre también. Acabo de tener una hija hace apenas tres meses. Y continúo con un proceso de cambio hacia una mejora continua para construir mi vida con más tolerancia. Es muy importante desarrollarse uno mismo como persona, pero también lo es como músico”, asegura Seun Kuti, autor también de Many Things (2008) y From Africa With Fury: Rise (2011). “Yo no creo que exista el músico perfecto, pero en ese camino hacia la perfección tu público va notando cómo has mejorado en algunos aspectos determinados en tus canciones. Y creo que esos cambios en la persona y el conocimiento de ese cambio personal se refleja en mi música”.

Seun Kuti & Egypt 80

Aunque aún es corta, la hoja de ruta discográfica de Seun Kuti tiene marcadas en rojo algunas colaboraciones de audacia. En 2011 su álbum de confirmación contó con la producción de Brian Eno y John Reynolds, y sólo un par de años después grabó Todo Se Mueve con los puertorriqueños Calle 13. Del trabajo con Robert Glasper habla sin aspavientos, como una etapa más en el camino. Quizá sí con cierto entusiasmo propio del que saca el pan del horno. “No estoy buscando ningún sonido nuevo sino mi sonido. Cada vez que escribo música, cada vez que grabo música busco mi sonido actual, mi sonido en ese momento preciso. Esa es mi única meta”. ¿Y por qué Robert Glasper, alguien a priori tan distante de su universo musical. “Sencillamente porque desde que conocí sus trabajos siempre quise colaborar con él. Hubo un tiempo en el que los asuntos de cada uno no lo permitió, pero yo siempre le decía a mi manager que quería trabajar con él. Me interesa su punto de vista sobre mi música, pero es cierto que él viene de otro campo musical”. ¿Y la memoria de Fela juega algún papel en su carrera, usted que heredó Egypt 80? “Es que realmente yo no heredé la banda de mi padre, yo ya estaba en la orquesta”, corrige Seun Kuti. “De cierta manera lo que ha habido es una continuidad, yo intenté seguir tocando y que el grupo siguiera haciendo sus músicas”. ¿Y Fela? “Mi padre fue un buen padre, ahora que lo veo siendo adulto me doy cuenta de que fue un buen padre para mí. Recuerdo mucho sus conversaciones, cuando tenía catorce años tal vez no lo veía tan claro, pero una vez que creces y recuerdas te das cuenta de lo buen padre que fue Fela Kuti. Cuando era adolescente muchas veces no era capaz de entender lo que él me quería decir y ahora ya soy consciente de quién fue”.

live Seun Kuti

Entre las enseñanzas que Seun Kuti enarbola en el nombre del padre está ese panafricanismo militante que no siempre fue bien entendido. Comprometido en la lucha contra la corrupción y el desgobierno que laceran al continente negro, el cantante y saxofonista participó hace un año en las duras movilizaciones de Occupy Nigeria contra la política petrolera del presidente Goodluck Jonathan. Nigeria es el primer productor de petróleo en África, pero el país apenas tiene capacidad de refinado. Las plusvalías del negocio se marchan fuera, la basura del crudo se queda en casa y la mayoría de los nigerianos sobreviven con algo menos de dos euros al día. Esta es la situación que enciende a Seun Kuti. “El problema del continente es que nunca ha habido una población con acceso a la educación”, arranca el músico una reflexión, ácida y triste, sobre la realidad de su país y, por extensión, de otros tantos estados de África. “Los porcentajes de la población africana que no han sido educados son muy grandes si comparas con cualquier otro continente”, lamenta Seun Kuti. “Quizá ahora las cosas han empezado a cambiar porque la gente joven está teniendo mayor conciencia de sí misma y está entendiendo el sistema mejor que nadie antes en África. No me refiero a que sea un sistema bueno o malo, pero es el sistema que gobierna el mundo y ellos ahora están entendiendo cómo funciona. Al sistema sólo puedes cambiarlo moldeándolo con esa conciencia que puede generar la gente joven y eso es muy difícil en países donde esos mismos jóvenes no pueden conseguir un trabajo digno. Y para un africano es difícil asumir que podría cobrar cuatro o cinco veces más por ese mismo trabajo si estuviera en otra parte del mundo”.

Kuti Seun

Pero el camino de Seun Kuti traza justo el sentido contrario. Con proyección y rentabilidad, del escenario al disco, como aprendió de su padre. Cada canción se gana sobre las tablas la entrada en el estudio. Queremos seguir hablando de música, de sus colaboraciones más recientes con los raperos M-1 (Dead Prez) y Blitz the Ambassador, también con la cantante de la diáspora Nneka. Aunque Seun Kuti está más por aprovechar el tiempo para hablar de África y de los africanos. “Ser padre es más importante que ser músico”, dice. Como si el futuro de África fuera ahora su principal prioridad. Y el futuro del continente, reafirma, es el porvenir de sus jóvenes. “Quiero que la gente joven africana se una, que trabaje junta por un futuro para todos. Intento colaborar en ese trabajo de concienciación. Intento llevar información allá donde voy, hablar con gente que va a mis conciertos. Porque esos países no pueden continuar más tiempo sin dar oportunidades a sus nuevas generaciones. En Nigeria, y en muchos otros países de África, demasiada gente se quiere marchar. E intenta emigrar. Cada vez es más importante el dinero que los emigrantes envían a sus casas desde Europa. Y la fuga de jóvenes africanos se convierte en un eterno volver a empezar porque la desigualdad no para de crecer. Ocurre en toda África”.

Retrato (en tres dimensiones) del nuevo afrobeat

Seun Kuti 1

“Many Things” (2008)

Las dos piezas que anunciaron la llegada del segundo heredero de Fela Kuti, incluidas en el maxi Think Africa (2007), abren un primer disco atlético pero contenido. Cantado en inglés, yoruba y pidgin nigeriano, ya ofrece pistas del rumbo propio que busca Seun Kuti. Producido por Martin Meissonnier, incluye siete temas accesibles en duración, entre cinco y ocho minutos, que huyen de las letanías del padre del afrobeat. Y surtió efecto: encendió el altavoz por el drama de África.

Seun Kuti 2

“From Africa With Fury: Rise” (2011)

El primer salto mortal de Seun Kuti llegó con su alianza con Brian Eno y John Reynolds. Disco de percusiones rebosantes, como un puñetazo sobre la mesa, con remates de vuelo electrónico, indaga en la innata capacidad de adaptación del afrobeat contemporáneo. Pero el discurso no ha cambiado en el atlético From Africa With Fury: Rise. Siete voces vehementes contra el expolio de África (atención al tema titular, Rise) citando con nombres propios a las multinacionales sin alma que roban el futuro ajeno.

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“A Long Way To the Beginning” (2014)

En seis años Fela Anikulapo Kuti hubiera publicado veinte discos, pero su hijo menor camina a otro ritmo. Producido junto al jazzman Robert Glasper, Seun Kuti culmina su trilogía inicial con un despliegue inusitado. Y vuelve al gimnasio del afrobeat para demostrar su peso pesado. Hay pespuntes bailables, pero aquí mandan el verbo y la denuncia. IMF, con el rapero M-1 (Dead Prez), suelta mandobles al Fondo Monetario Internacional. Entre tanta rabia, la joya se oculta al final: Black Woman recupera la atmósfera eléctrica, y erótica, del afrobeat de Fela.

Publicado en la revista Rockdelux en mayo de 2014

 

Congotronics: de las fiestas populares en África a las pistas del baile moderno en Europa

28 Nov

Congotronics

por Carlos Fuentes

Cuando la música africana daba señales de agotamiento, dos productores belgas buscaron a principios de siglo una alternativa al empacho de ritmos tradicionales. Marc Hollander y Vincent Kenis viajaron a un país en ruinas, la República Democrática del Congo, para indagar en ritmos que ampliaran el público de la música étnica. En 2004, sin hacer mucho ruido, el sello Crammed editó el disco Congotronics, de los desconocidos Konono Nº1.

La reacción a la letanía de distorsión interpretada con likembé, un piano de pulgar fabricado con una caja de madera barata y pestañas de latón reciclado, grabada a pelo con altavoces viejos, fue estruendosa. De repente hasta la islandesa Björk quiso ser africana y llamó al grupo de Kinshasa para grabar su disco Volta. También festivales de pop electrónico se rifaron al grupo liderado por el septuagenario Mawangu Mingiedi. Siete años después, la audacia ha vuelto a repetirse: Konono Nº1 lidera el proyecto Congotronics vs Rockers, donde el techno africano se mide con sonidos rock de la argentina Juana Molina, los californianos Deerhoof y los suecos Wildbirds & Peacedrums.

Congotronics vs Rockers

“Intentamos crear un lenguaje común, construir puentes entre dos mundos. Es un objetivo ambicioso, pero es posible”, explica Marc Hollander horas antes de llegar a Madrid con una gira que volverá en julio al Festival de Benicàssim. ¿Y existe conexión entre la polirritmia del Congo y el pop contemporáneo? “Sí y no”, admite Hollander. “Konono Nº1 quiere modernizar su música tradicional y su sonido tiene semejanzas con el rock, sobre todo por la distorsión”, añade el productor belga, que apela a la revisión de Congotronics que el año pasado editó con versiones de artistas como Animal Collective, Andrew Bird o Glenn Kotche, el baterista del grupo Wilco. “Tuvimos mucho éxito y decidimos dar un paso más en esa dirección, ahora en vivo, con esta colaboración cara a cara”.

A esta genuina alianza de civilizaciones se apuntó la argentina Juana Molina, cuyo ambient vocal se antojaría aceite para el agua fresca de Congotronics. Nada que temer, asegura esta hija de tanguero. “Siempre es más interesante intentar algo nuevo que recrearte en lo que ya existe. Ahora hemos revisado un par de canciones y han adquirido aromas distintos”, explica la autora de Tres cosas, sin negar que no fue sido cosa fácil. “El principal dilema que se presentó fue cómo resolver los compases de nuestra música común: ellos trabajan con uno por tres y nosotros solemos hacerlo en dos por cuatro, así que buscar un punto de encuentro dio muchos dolores de cabeza. Pero los músicos de Konono Nº1 y Kasai All Stars nos han regalado todo su empeño y al final lo logramos”. Hizo falta un intercambio de propuestas musicales a través de Internet y una sesión de ensayos realizada durante una semana de pruebas en Bruselas.

Congotronics vs Rockers live

Músico de largo recorrido desde que en 1977 formó el grupo de avant-rock Aksak Maboul, Marc Hollander reconoce que la intensa influencia urbana de Kinshasa, una de las ciudades más cosmopolitas, ruidosas y violentas de África, ha jugado un papel fundamental en el invento. “Konono Nº1 empezó haciendo músicas tradicionales, pero al trasladarse a la capital se vio obligado a amplificar sus instrumentos para lograr que el público pudiera entenderlos. Y como resultado apareció una música con mucho groove, casi punk-rock o electro-punk. Es maravilloso que una música concebida para acontecimientos sociales como fiestas populares o funerales haya terminado por convertirse en la preferida para bailar de la gente joven en Europa y EEUU. ¡Es casi un milagro!”, exclama su productor. Hollander ya trabaja en la grabación de un disco con los artistas participantes en la gira Congotronic vs Rockers junto a grupos de nuevo cuño como Skeletons, Hoquets y la cantante Maia Vidal. “No tenemos un plan”, asegura, “más bien funcionamos siempre por impulsos en función de nuestra curiosidad. Y este es un proyecto con el que había soñado desde hace años”.

Publicado en el diario Público en mayo de 2011

Ráfagas de eléctronica con África sonando de fondo

4 May

Buraka Som Sistema

BURAKA SOM SISTEMA

por Carlos Fuentes

No está claro si fue premeditado o pura casualidad, pero habría que dar un premio al promotor que se las ingenió para hacer coincidir el regreso de los portugueses Buraka Som Sistema con la primera noche del carnaval. Porque pocas músicas se antojan más apropiadas para ambientar el baile de una fiesta de disfraces urbanos. Con el calendario jugando a favor, los seis de Amadora desembarcaron con toda la energía posible: dos baterías enfrentadas sobre el escenario, tres cantantes saltimbanquis y, quizá el armazón del sonido Buraka, un DJ disparando ráfagas de electrónica industrial desde una mesa en el fondo.

Cuentan en Angola que el sonido kuduro, otro hijo putativo de las barriadas de las nuevas ciudades africanas, nació de la simbiosis inteligente entre porciones de electrónica barata, pespuntes infecciosos de ragga, abundante house y no pocos aromas africanos, brasileños y portugueses. Y si kuduro significa “culo duro” en el idioma criollo que se habla en Luanda, ya puede usted hacerse una idea cierta del ritmo frenético de Buraka Som Sistema. Así ocurrió en su festivo regreso madrileño: no hubo tregua durante la apenas hora de concierto, entre un chorreo de bases pregrabadas lanzadas como metralleta Kalashnikov y el baile agitado de tres vocalistas, tres raperos, que sí, carajo, se ganan el sueldo de cada noche. Puede ser que un análisis exhaustivo ponga en solfa que con tanto torbellino las canciones se solapan unas con otras, que en esencia todas las músicas suenan (demasiado) parecidas y que, en fin, la fina ingeniería que incluyen los cuatro discos del grupo pierde la guerra en este huracán casi pogo.

Obviando al sector fetichista del medio millar de espectadores (que, era obvio, recibieron su dosis con Kalemba y fueron contentos a dormir), estos conciertos catárticos vuelven a mostrar que, a veces, es más importante el continente que el contenido. Y los seis chicos de Buraka Som Sistema tienen bien aprendida la lección: baile sin freno, sonidos saturados y a volumen feroz. Una fórmula eficaz para agitar las pistas de baile en este ya viejo siglo nuevo. Porque a ciertas horas de la noche poco importa que su repertorio, aún en fase de crecimiento precoz, intente sumar mensajes de cierto calado social (Candonga), celebre el hedonismo noctámbulo (We stay up all night, Aqui para vocês) o se arrime al origen religioso de las músicas africanas (Komba). Porque a la postre, aquí se vino a bailar duro con Blaya vestida de esqueleto y con Rui Pité disparando alto. Sin hacer prisioneros. Lo resumió bien una chica sudorosa a la salida: “No me lo pasaba tan bien desde los tiempos del house”. Pues eso, bailad malditos.

Publicado en la revista Rockdelux en marzo de 2012

La alegre música africana de los ciegos de Malí

18 Dic

Amadou & Mariam

AMADOU & MARIAM

por Carlos Fuentes

Se equivocó quien pensó que apenas eran otra anécdota simpática llegada de África. Quince años y siete discos grandes después, los malíes Amadou Bagayoko y Mariam Doumbia han logrado trasladar su afro-pop ardiente y pegajoso a sitios nuevos en la música actual. El cuento feliz de la pareja de ciegos de Bamako reivindica audacia y superación ante la tristeza contagiosa de estos días de cólera.

Esta es la historia de una lucha cotidiana, el cuento optimista de una pareja de invidentes africanos que, lejos de caer en el derrotismo, hizo de la necesidad virtud para defender su carrera artística en una de las minas sonoras del oeste de África. El guitarrista Amadou Bagayoko y la cantante Mariam Doumbia ya habían publicado cuatro discos entre 1999 y 2003, pero fue la aparición de un socio europeo el factor que terminó por diseñar ese sonido ardiente y pegajoso que caracteriza el afro-pop de la pareja de ciegos más famosa de Malí. Con la llegada de Manu Chao a Bamako, provocada por la escucha accidental de una canción del dúo mientras viajaba en taxi por las calles de París, la música de Amadou & Mariam dio un salto en calidad y proyección internacional en el disco Dimanche à Bamako (2004). Paso adelante en profundidad de campo, con el sonido pespuntado con retazos de música global que caracteriza al superhéroe que una vez fue capitán de Mano Negra. Y el resto, valga el tópico, es historia. Pero una historia de las buenas, de esas que conviene leer en días de cólera para, por si aún quedan dudas, entender que el mundo no acaba hoy. Y que es mejor seguir camino a estar bloqueado en la melancolía de la derrota pasajera.

amadou et mariam

Amadou Bagayoko, que antes de conocer a Mariam Doumbia, ya participaba en los recitales que el seminal grupo Les Ambassadeurs ofrecía cada noche en el hotel de la estación de trenes de Bamako, luce contento y satisfecho. Ahora se cumplen treinta años de su unión, sentimental y artística, con Mariam tras conocerse en un colegio para ciegos. Él, que pronto cumplirá 58 años, perdió la visión a los dieciséis. Mariam, cuatro años más joven, sufrió una enfermedad a los cinco. En 1982 comenzaron a cantar juntos en la orquesta Eclipse dirigida por Idrissa Soumaouro. “Nuestra música ha evolucionado mucho estos años porque cada vez que grabamos hemos intentado añadir novedades a nuestras canciones”, cuenta por teléfono el guitarrista. “Ahora somos más universales porque hemos adoptado aspectos de la música electrónica, pero también del jazz y del blues. Esta voluntad también se puede ver en la diversidad de instrumentos que utilizamos, a balafón y kora tradicionales añadimos otros contemporáneos. Y eso ha permitido evolucionar a nuestra música hacia mayor universalidad”. ¿Y esta mayor proyección internacional ha cambiado también a las personas? “No, no creo”, responde, “seguimos siendo los mismos Amadou y Mariam, aunque quizás sí se han modificado algunas de nuestras preocupaciones. Tener éxito y ser conocidos a nivel mundial nos ha permitido implicarnos más en otros aspectos humanitarios. En ese sentido sí que hemos cambiado, pero quizá desde fuera no se vea. Nunca esperas éxito tan grande que permita que tus canciones sean conocidas por tanta gente a nivel mundial. A veces habíamos pensado en ser conocidos en nuestro ámbito, pero no en todo el planeta”.

amadou bagayokoDebe ser así. De hecho, su nuevo disco, Folila (Because Music, 2012), ofrece una invitación al baile. “En el idioma bambara, la palabra folila significa “vengan todos juntos a hacer música” y lo hemos titulado así porque en el disco hemos invitado a algunos amigos”, explica Amadou Bagayoko. “Las canciones fueron grabadas en tres lugares diferentes, en Estados Unidos, en África y en Europa, porque quisimos dar una dimensión universal a los nuevos temas. Planteamos este disco como encuentro de músicos de diferentes estilos, del rock al blues y los ritmos tradicionales”. Sin embargo, el álbum final es el producto de cambios sobre la marcha. Porque el plan original era grabar Folila en un formato doble: registrar las canciones con arreglos, digamos, tradicionales y también añadir un segundo disco con las mismas piezas pasadas por un tamiz más global. ¿Que haya quedado todo en un solo disco supone cierto fracaso? “No lo creo”, rebate Amadou Bagayoko. “Es cierto que al principio planteamos grabar dos álbumes diferentes, pero durante la grabación íbamos cayendo en la cuenta de que todo lo que hacíamos tenía un punto de conexión. Y finalmente decidimos combinar todo lo logrado en esas sesiones para publicar la música en un único disco”. En Folila participan artistas occidentales como el francés Bertrand Cantat (Noir Désir), Santigold, TV On The Radio y Jake Shears (Scissors Sisters). “Muchas de las colaboraciones suelen surgir a partir de encuentros en festivales en los que coincidimos con otros artistas. Y suele ser gente con la que hemos tenido la oportunidad de tocar en un escenario. En el caso de Bertrand Cantat, él nos fue a ver actuar y así surgió la idea de una futura colaboración. Con TV On The Radio nos encontramos en Nueva York. Así surgen colaboraciones con las que buscamos una diversidad basada en la diferencia. Buscamos artistas capaces de aportar otros colores, otras formas de hacer música y otras voces a nuestras canciones. Y todo ese proceso nos enriquece como músicos y como personas”.

mariam doumbia¿Y el hecho de que sean ciegos juega algún papel en la proyección lograda en los últimos tiempos? Porque, con el debido respeto, hay quienes dicen que la repercusión internacional de Amadou & Mariam tiene que ver con cierta caridad mal entendida con África. Amadou Bagayoko no esquiva la pregunta. Es más, parece que la esperaba. “Creo que nuestro éxito tiene mucho que ver con el valor, con el hecho de que seamos dos personas ciegas y que no nos hayamos quedado quietas en nuestro mundo. Eso ha sido muy apreciado por el público. Y nuestro éxito depende mucho de nuestro valor y de nuestra determinación, es lo que la gente ha valorado mucho”. No es habitual esta visión de África, donde parece que solo hay novedades cuando llegan malas noticias. Porque África, por desgracia, se sigue asociando a pobreza, guerra y discriminación. Y quizá la música de Amadou & Mariam permita que el mundo occidental abra los ojos. “Estoy absolutamente de acuerdo con este análisis que haces de África. Y por eso nuestra lucha es hacer ver otras caras de África. Porque es cierto que hay problemas graves en África, pero también hay otras muchas cosas… la alegría, la cultura y una gran solidaridad entre las personas. Nuestro combate es hacer ver al resto del mundo esas otras partes positivas de nuestro continente, otros aspectos que por desgracia no son tan conocidos como las malas noticias”.

Sin embargo, la actualidad última de Malí no augura buenos tiempos. En el norte del país la rebelión tuareg ha sido vampirizada por grupos de islamistas radicales, se ha comenzado a aplicar la ley islámica sharía, se tienen noticias de primeras lapidaciones y, a lo peor, el horizonte de una guerra civil abierta amenaza con acabar con el desarrollo sostenido que Malí había experimentado en la última década. Cuesta no preguntarse qué opinaría Ali Farka Touré de los combates fanáticos en su región natal. “Todo lo que está ocurriendo en el norte de mi país es algo muy lamentable para todos los malíes”, reconoce Amadou Bagayoko. “No es para nada una situación ventajosa para ninguno de nuestros compatriotas y ya es necesario encontrar una solución definitiva a ese conflicto. Pero los músicos solo podemos ofrecer las canciones como zona de encuentro. Nuestra música siempre se concibió como un lugar de encuentro entre culturas diferentes, incluso dentro de nuestro país. La música como un lugar de disfrute común de la alegría. Siempre hemos cantado para que la gente se pueda dar la mano, y seguiremos en este empeño aunque ahora no corran buenos tiempos”.

amadou bagayoko & mariam doumbia

Entretanto, la vida continúa. Amadou & Mariam siguen en una gira internacional mientras su nuevo álbum no deja de cosechar parabienes. Rolling Stone ya lo ha destacado como uno de los mejores discos de la primera mitad del año. E incluso su hijo Sam Bagayoko ha afianzado el trío SMOD, también con ayuda de Manu Chao. Después de esta década espléndida, ¿queda algo por lograr, algún sueño por cumplir? “En la vida hay que ser ambicioso y tener ganas de ir siempre más allá, pero creo que nosotros ya hemos llegado más lejos de lo que nunca habíamos soñado”, explica Amadou Bagayoko. “Ahora disfrutamos una situación que supera con creces cualquiera de nuestros sueños, pero seguimos apegados a nuestra realidad. Aunque tengamos más éxito, lo compartimos con nuestra gente, con nuestras familias, amigos, hermanos… con toda esa gente que nos quiere. El éxito de nuestras canciones no nos ha alejado de nuestra realidad social ni de nuestros orígenes. Nunca hemos pensado de una manera distinta porque ahora nuestra música tenga tanto éxito en todo el planeta”.

La estación que era una fiesta

les ambassadeursCon siete discos publicados desde la presentación con Je Pense à Toi (1998), la proyección de Amadou & Mariam ha desbordado fronteras. Pero antes del éxito, el guitarrista ya había probado las mieles de la fama nacional. Entre 1974 y 1980, Amadou Bagayoko integró Les Ambassadeurs, uno de los grupos pioneros de la música malí. Creado en 1971 como zona de encuentro entre sonidos tradicionales, jazz y ritmos latinos, el conjunto titular del hotel de la estación ferroviaria de Bamako dio un salto de calidad con la incorporación, en 1973, del cantante albino de la voz de oro, Salif Keita. “Les Ambassadeurs fue, sobre todo, una escuela para los músicos de Malí”, recuerda Amadou. “En aquella época empecé a aprender a tocar cualquier tipo de música. Mis años en Les Ambassadeurs fueron una gran escuela cultural donde aprendí las músicas de África, pero también otros sonidos como el blues, el jazz o el rock”. Intérpretes como Idrissa Soumaouro, Kanté Manfila o Sory Bamba afianzaron la reputación de Les Ambassadeurs, que compartía trono con otras bandas influyentes como Super Rail y Orchestra Badema, esta última liderada por la voz trémula de Kasse Mady Diabaté, ahora en AfroCubism. “Fue una época de mucha alegría, y también de aprendizaje”.

Publicado en la revista Rockdelux en octubre de 2012

Cuerdas no tan lejanas

21 Oct

ARNALDO ANTUNES, EDGARD SCANDURRA & TOUMANI DIABATÉ

por Carlos Fuentes

Si fuera boxeo, sería un combate (sin golpes) de pesos pesados. La última pirueta de los brasileños Arnaldo Antunes y Edgard Scandurra es A Curva da Cintura, un disco compartido con el emperador malí de la kora Toumani Diabaté. ¿World music? Qué va: genuino vaso comunicante entre dos culturas no tan lejanas.

La idea es más fácil de explicar que de alcanzar: trazar un puente sonoro entre los instrumentos de cuerdas de Brasil y Malí. Y nadie mejor para intentarlo que el cantautor tribalista Arnaldo Antunes y el tañedor de kora Toumani Diabaté. El proyecto surgió en 2010 cuando el músico paulista y su socio guitarrista Edgard Scandurra coincidieron en Río de Janeiro con el africano para compartir recital en el festival Back2Black. Aquel intento embrionario despertó el apetito de unos artistas versátiles que antes colaboraron, anoten por el lado del exmiembro del grupo Titãs, con Chico Buarque, Tom Zé o Marisa Monte. Y Toumani Diabaté tampoco sabe lo que es estar quieto: Ali Farka Touré, Björk, Herbie Hancock, Taj Mahal y el Cuarteto Patria de Eliades Ochoa. “Quisimos acercarnos a la kora sin la pretensión de hacer un disco de “world music”, más bien crear algo completamente nuevo que trasciende una (im)posible y previsible sonoridad”, explican los dos músicos brasileños. “El álbum permitirá que la música de Malí sea conocida en un país donde estaban olvidando sus conexiones con África. Y hay colores que nunca se habían visto antes en las músicas de Brasil”, asegura Toumani Diabaté.

A Curva da Cintura, editado por el sello Um Discos, incluye catorce canciones que oscilan entre el pop ágil de los brasileños y la destreza a prueba de bomba del malí. Y en las catorce letras abundan referencias a la melancolía cotidiana, quizá el principal signo de identidad del también poeta Arnaldo Antunes, aunque es el campo sonoro de este cruce de orillas lo más deslumbrante. Laten, claro, esencias del samba y de la bossa-nova, también un ligero aroma de melismas árabes flotando entre guitarras brasileñas y kora. “Hay gran musicalidad entre ambos instrumentos, que se acercan a través de la improvisación. Y hay ritmos que mezclan de forma estupenda con las influencia del blues”, señala Edgard Scandurra. “Como ya ocurrió con Björk y otros artistas que han viajado a Malí, la atmósfera que se respira allí para crear es algo muy especial, y es muy difícil que suceda en una ciudad occidental. Bamako tiene otra magia”, dice Toumani Diabaté, “y ellos fueron valientes al aceptar el reto de mi invitación, no se arrepintieron”.

En efecto, A Curva da Cintura se trabajó en los dos países. En São Paulo, en una etapa inicial, Antunes y Scandurra pergeñaron el esqueleto sonoro. Luego, en el estudio de Bamako, los tres músicos completaron un viaje sin precedente entre los sonidos de Brasil y África occidental. Nos dimos cuenta de que sería una sonoridad única, una gran afinidad musical, y no podíamos dejar pasar esa oportunidad. La mezcla entre la guitarra eléctrica y la kora es genial”, reivindica el guitarrista brasileño. “Como llevo demostrando hace más de veinte años, la kora conecta con todo y con todos. Aunque no existan precedentes, la realidad es que funciona. Y se aprecia en mi hijo Sidiki, de veinte años, la generación número 72 de la familia Diabaté que toca la kora, que ha grabado efectos que no habían sido registrados antes con la kora. Muchos piensan que es la guitarra eléctrica”, indica Diabaté sobre piezas de satén como Ir, mão, Kaira o Grão de chãos que, además, ponen banda sonora a un documental que retrata el viaje africano.

Sorprende la cosecha si se valora el desconocimiento recíproco previo. Porque Antunes y Scandurra supieron del tañedor de kora en la reunión negra de Río de Janeiro, “pero luego hicimos una intensa búsqueda de sus discos, también a través de YouTube”, admite el guitarrista. Para Toumani Diabaté, la única referencia previa del dúo paulista era Tribalistas, el disco de pop que Antunes grabó en 2002 con Marisa Monte y Carlinhos Brown. “No fue algo premeditado. En una creación a tres bandas cada uno aporta sus experiencias, y en nuestros casos ya son muchas y muy variadas”, explica el malí. “Es la primera grabación entre músicos de Brasil y Malí, quisimos acercarnos a la kora y a esa habilidad que tiene Toumani con pop y rock; es lo mismo que Arnaldo y yo hacemos en Brasil. Me siento ciudadano del mundo que recibe informaciones e influencias, y que busca transcribirlas a sus composiciones. Nunca quisimos hacer un disco folclórico, solo teníamos samba o ritmos africanos”, añade Edgard Scandurra.

De hecho, A Curva da Cintura nació sin un pasaporte cultural predeterminado. “Siempre compusimos sin pensar si debería tener orígenes brasileños o latinos. Hacemos música y punto. Sin embargo, vivimos en una ciudad donde existen grandes influencias del mundo. He escuchado mucho flamenco y, tal vez por eso, hay ciertas influencias árabes en mis canciones. Y Toumani, por vivir en un viaje permanente a través del mundo, también hay cogido otras influencias. Eso explica su internacionalidad”, indica el guitarrista. “No conozco lo suficiente de los ritmos brasileños, pero que en su mayor parte tienen origen en África es algo que no se debe olvidar”, subraya Diabaté. “Y nuestro objetivo es el mismo de siempre: defender la cultura aunque la economía sea la que mande. Porque sin la cultura no vamos a ninguna parte. Y como olvidemos esto, entonces sí habrá crisis. Yo, como griot que soy, estoy aquí para recordarlo a todas horas”.

Publicado en la revista Rockdelux en julio de 2012

Rumbas y orgullo africano en el jardín del zoo de Kinshasa

15 Sep

STAFF BENDA BILILI

por Carlos Fuentes

Se anuncian como lo nunca visto en África, y parece cierto. Staff Benda Bilili es un grupo formado en Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo, por músicos afectados por la poliomielitis. Sus canciones han sido el pasatiempo preferido durante el trabajo que realizaban como taxistas entre Kinshasa y Brazzaville, capital de Congo, aprovechando una exención de impuestos autorizada por el gobierno. Los músicos tunearon sus vehículos especiales en vistosos triciclos y, a la sombra del jardín del zoológico nacional, comenzaron a fabricar canciones que tienen una pata en el sonido palm-wine y otra, más marcada, en influencias melódicas afrocubanas. Imagine usted rumba zaireña en versión lo-fi con letras preñadas de compromiso social y el sonido espiritual del satonge, un laúd de una sola cuerda. Su disco de estreno, Très très fortlleva cinco meses liderando la lista europea de músicas étnicas.

La aparición de Staff Benda Bilili, revelada al mundo tras la visita que Damon Albarn (Blur, Gorillaz) y los músicos de Massive Attack realizaron hace dos años a África, ha encandilado al público occidental. “Valió la pena venir hasta aquí sólo para conocerlos”, afirmó Robert del Naja, conmovido ante la voluntad de hierro del conjunto congoleño, que grabó bajo un árbol apenas con ayuda de un ordenador portátil enchufado al motor del bar local. La tenacidad y no poca audacia ante las adversidades de la enfermedad son, sin duda, las primeras lecciones que transmite Staff Benda Bilili, cuyo nombre significa “mira más allá de las apariencias”. Su productor, el veterano músico belga Vincent Kenis, está de acuerdo. “Una de las cosas que más me han gustado de este proyecto es el entusiasmo que pusieron todos los músicos para hacer su trabajo. A los dos minutos de estar ante los micrófonos, allí ya nadie se acordaba de los problemas”, explica el responsable del mayor éxito africano de la temporada.

Y no es el primer hallazgo de Kenis. En 2004 ya asombró al mundo con el rescate de Konono Nº1, banda formada en los años setenta que despliega una tormenta de distorsión utilizando varios pianos de pulgar llamados likembés y vetustos amplificadores fabricados con chatarra. La cantante islandesa Björk, que los fichó para su disco Volta, cayó rendida ante la ceremonia de ruido de los congoleños, que acaban de triunfar en los festivales Sónar (Barcelona) y La Mar de Músicas (Cartagena). Más allá de modas posmodernas, la historia de superación de Staff Benda Bilili merece ser contada. En las calles de las grandes ciudades de la República Democrática del Congo sobreviven alrededor de cincuenta mil jóvenes sin hogar. Allí son denominados sheges, al parecer por una derivación para mayor gloria del guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara, quien en 1965 llegó a Kisangani para apoyar la incipiente rebelión congoleña.

Instalados en barrios periféricos rodeados de basura y chatarra, las llamadas bidonvilles, los congoleños de la calle se ganan la vida con empleos de tercera división, limpiando botas, vigilando aparcamientos o con la venta de frutos agrícolas. En los años setenta, lograda ya la independencia de Bélgica, el nuevo gobierno congoleño aprobó una supresión de impuestos para las personas afectadas por movilidad reducida. Pronto este colectivo se agrupó y, organizado en torno al sindicato Plataforma, impulsó una modalidad de negocio que con los años ha florecido con el continuo trasiego de mercancías entre las dos ciudades que separa el caudaloso río Congo, Brazzaville al norte y Kinshasa al sur. No sólo se dedicaron a comerciar. También se promovió un sistema de ayuda social para permitir, primero, la vacunación de niños contra la polio y, a medio plazo, armar un sistema educativo con colegios adaptados a sus necesidades especiales.

Benda-Bilili

Ahora, Staff Benda Bilili es la banda sonora de esta ilusión. Los músicos, que se consideran los voceros de la vida cotidiana en Kinshasa, reflejan en sus canciones cualquier aspecto destacado de la actualidad congoleña, ya sea el aumento del precio de los alimentos o la importancia que tiene la vacunación de los niños contra la polio. “Porque la única discapacidad real no está en el cuerpo sino en la mente”, dicen, orgullosos, en posición de guardia constante contra una enfermedad que, según la Organización Mundial de la Salud, aún afecta de manera endémica a cuatro países en vías de desarrollo, Afganistán, India, Nigeria y Pakistán. Por eso, la batalla vital de Staff Benda Bilili continúa: “Mientras un solo niño siga infectado por el virus de la polio, los niños de todos los países correrán riesgo de contraer la enfermedad, porque puede propagarse con rapidez entre las poblaciones no inmunizadas, especialmente en menores”.

En lo musical, el disco publicado por el sello belga Crammed condensa con esmero el vasto patrimonio sonoro de la región vecina de los grandes lagos. Allí nació el soukous, la rumba zaireña que a este lado del mar ha hecho populares a músicos como Kékélé, Papa Wemba o Kanda Bongo Man. Sin embargo, la vieja escuela tiene como héroes a dos cantantes que ya no están: el influyente Wendo Kolosoy y el orondo Pépé Kallé. A su manera, Staff Benda Bilili amplía el campo de acción de la rumba africana con un sonido más sosegado, muchas veces acústico y, sorpresa, menos bailable. “No se ha cambiado demasiado lo que ellos ya hacían, únicamente los reuní delante del equipo de sonido, busqué una nueva amplificación y trabajamos juntos en los arreglos. Quería grabar lo que había escuchado la primera vez, nada más”, precisa Vincent Kenis. “Ellos suenan naturales, aunque fueron necesarios algunos ajustes en determinados instrumentos tradicionales que requerían algo más de fuerza, menos distorsión. También las percusiones se mejoraron porque las originales eran primitivas, apenas unas latas que golpeaban con palos corrientes”, explica su productor.

Staff Benda Bilili
El origen del encanto musical de Staff Benda Bilili se nutre de las raíces mestizas que tienen las músicas en el centro de África, pero también han jugado factores externos vinculados a la política convulsa en la región. “El sonido del grupo está relacionado con su origen. Ellos viven en el centro de Kinshasa y tienen acceso a influencias muy variadas en las calles. Por allí pasan visitantes blancos, soldados enviados por Naciones Unidas y algunos pocos turistas. Todos, sin darse cuenta, van dejando músicas diferentes a las congoleñas”, anota Vincent Kenis para buscar otros factores influyentes en los tiempos pasados. “Es importante saber que en Congo existió durante mucho tiempo una especie de autarquía cultural provocada por la prohibición del terrorífico régimen de Mobutu a toda influencia extranjera. Allí se impuso que la cultura extranjera era mala por definición, lo que provocó un desconocimiento grande sobre la música foránea. Eso va cambiando y Staff Benda Bilili es un ejemplo”.

El disco Très très fort desembarcó en el mercado musical occidental al calor del éxito mayúsculo logrado por los conjuntos congoleños Konono Nº1 y Kasai All Stars en la serie Congotronics. ¿Hay hueco ahora en el gran mercado para una apuesta más serena, menos estrambótica? “Por supuesto que sí”, afirma su productor. “Staff Benda Bilili serán más grandes que Konono Nº1. Primero, porque hacen una música más accesible, y también porque con Konono Nº1 el público europeo reacciona cuando ya han pasado veinte minutos de concierto. Con Staff Benda Bilili, la sorpresa y el entusiasmo son inmediatos, a los cinco minutos. Y tendrán mayor impacto en la audiencia europea, seguro”, avanza Vincent Kenis, que ya tiene ideas para continuar el trabajo con otro disco. “Tenemos dos o tres canciones nuevas”, anuncia, “pero ahora debemos esperar a que acabe la gira europea de otoño”. Serán veinte conciertos entre octubre y diciembre. Para enero queda el proyecto de regresar a Congo y ampliar el catálogo musical con la banda del zoo de Kinshasa.

Publicado en el diario Público en agosto de 2009