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Cheikha Rimitti: “Sin mí, Khaled no tendría que cantar”

12 May

 

por Carlos Fuentes

Nació en el puerto mediterráneo de Orán, la segunda ciudad de Argelia, allí donde hace sesenta años abandonó su pobre adolescencia para, a los dieciséis, apenas adolescente, comenzar a ganarse el pan cantando en burdeles de marineros y diletantes. En su vida de largo recorrido ha cantado como nadie composiciones populares ancestrales, surgidas hacia el año 1900 desde la poesía árabe y la música tradicional beduina, pero primero fue famosa por sus letras contestatarias. En el ecuador del siglo pasado puso en solfa aspectos de la vida tradicional para reivindicar los derechos de la mujer en el mundo árabe.

Con 76 años, Cheikha Rimitti exprime su vitalidad en Nouar, un nuevo disco de raï comprometido contra la plaga de fundamentalismo que asola su país. Tantos años ya de guerra. “Canto a las cosas buenas, el amor y la libertad, la rosa y su perfume”, explica la cantante argelina mientras enciende otro cigarrillo y saborea un café negro en un salón desvencijado del madrileño Hotel París.

Vestida con una falda verde, que hace juego con la camiseta de la selección de fútbol de Argelia que lleva puesta, Cheikha Rimitti es el vivo reflejo de la picardía veterana que dan los años. Deja atrás el álbum Sidi mansour, su aventura discográfica en clave tecno-raï pergeñada en 1993 junto a músicos procedentes del rock como Robert Fripp (King Crimson) y Flea (Red Hot Chili Peppers). Un invento moderno con el que la abuela genuina del raï no quedó muy contenta.

Desde Sidi mansour han transcurrido siete años. ¿Qué ocurrió con Cheikha Rimitti?

“Ese disco fue una mala experiencia, cogieron mi voz para hacer la producción sin consultarme nada. Y no lo considero un disco mío. Ahora he recuperado el control de mi carrera para hacer Nouar, que son mis canciones. Nouar es rosa, aroma, todo lo que venga de buena voluntad, amor, cosas buenas… por fin hay un disco de la reina del raï, que soy yo: Cheikha Rimitti”.

Ahora tiene más público, gente joven que descubrió a Rimitti con Sidi mansour

“Y espero que Nouar guste más que el disco anterior. Ojalá, porque al ser más mío, deseo que guste más. Pero no hay que confundirse con el éxito de Sidi mansour, que fue un triunfo sólo en Europa. Con las canciones de Nouar espero triunfar en todo el mundo, en los países árabes”.

En seis décadas de música, hasta el mundo ha cambiado. ¿Y sus canciones? ¿A qué canta hoy Cheikha Rimitti?

“Al amor y la vida, los sentimientos de siempre. Mi canción tiene raíz en la música andalusí del sur de España, sus contenidos no han cambiado demasiado. Sólo el mercado ha forzado algunos cambios por arreglos modernos, pero las canciones son las de siempre. Han llegado jóvenes del raï, Khaled, Faudel, Orchestre National de Barbès… pero están cantando las mismas canciones que yo canto hace años”.

Usted viaja con frecuencia a Orán. ¿Se siente Rimitti respetada por nuevos artistas de raï?

“No. No reconocen que sin mis canciones no tendrían nada que cantar. Llevan mucho tiempo ocultando al público europeo que existe una reina del raï, que se llama Cheikha Rimitti. Estoy muy decepcionada, porque son famosos pero lo han sido a costa de Rimitti. Sin Rimitti no existiría el raï con el que triunfan”.

Entonces, ¿cuál es su referencia musical actual? ¿Escucha nuevos ritmos del Magreb?

“Mi padre sería la flauta y mi madre, la darbouka. Son los instrumentos de mi vida. Puede haber sobre el escenario un montón de sintetizadores, batería y guitarras eléctricas, pero la sonoridad de la flauta y la darbouka es inimitable. Si tuviera que elegir, me quedaría con ella. Pero iré a Estados Unidos a presentar Nouar, ja, ja… a ver qué les parece a los americanos tras Sidi mansour”.

En Argelia, su mensaje optimista choca con la cruel realidad del fundamentalismo. ¿Qué acogida tuvo allí Nouar? ¿Es posible disfrutar en esa vida?

“Ha tenido un éxito sin precedentes en la música raï, el pasado verano fue un gran triunfo. Espero que mis canciones sirvan de ayuda para recuperar la ilusión y olvidar los problemas, Cheikha Rimitti sólo puede esperar eso. ¡Ojalá!”, exclama la cantante antes de recuperar su optimismo de mujer. Se levanta, regala tres besos al periodista y le da un consejo de longevidad: “Esta noche haz el amor, y mañana ven a bailar con Rimitti”.

Publicado en el periódico Diario de Avisos en abril de 2001

 

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Cesária Évora: “África se merece una vida mejor”

7 Dic

Cesária Évora

por Carlos Fuentes

En la distancia que impone una conversación telefónica, la voz de Cesária Évora suena cansada. Pero también suena feliz. Es lunes y la cantante africana que con su música de melancolía y nostalgia ha puesto en el mapa de las músicas del mundo al humilde archipiélago de Cabo Verde está satisfecha. En febrero [de 2004] recibió el premio Grammy al mejor disco contemporáneo y el pasado sábado recogió en París el premio anual Victoria que concede la música francesa.

Ambos reconocimientos llegan por Voz d’amor, su noveno disco, que presentará en concierto en el Auditorio de Tenerife. Cesária Évora nació en la ciudad marinera de Mindelo, en la isla de São Vicente, y tiene ahora 62 años. Aunque han sido los últimos diez los que han marcado la vida de esta mujer que, pese a ganar con el tiempo cariños y reconocimientos, no renuncia a sus raíces, a vivir en su pueblo natal. Huye del falso halago y de creerse más que otros caboverdianos como Teófilo Chantre, Biús, Tito París o Simentera. “Prefiero pensar que, por fortuna, mis músicas han servido para abrir puertas a otros artistas de mi país, que han tenido la oportunidad de emprender carreras en el mercado occidental”, explica desde París.

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Con cuatro millones de discos vendidos en todo el mundo de sus ocho álbumes anteriores, la cantante de Cabo Verde a quien la crítica de París bautizó “la diva de los pies desnudos” tras su aparición en 1993 con Sodade valora el interés que su música ha merecido en la última década. “La acogida de Voz d’amor está siendo muy cálida”, asegura, “durante la promoción internacional estoy comprobando que el público está pendiente de lo que hago y satisface comprobar una vez más el aprecio que tiene el público europeo por mi música”.

Inmersa en una nueva gira europea, que hasta finales de abril la llevará a países como Alemania, Lituania, Estonia, Bélgica y, en especial, a Francia, donde ofrecerá trece recitales (con tres noches consecutivas en el teatro Grand Rex de París), Cesária Évora mantiene su devoción por las gentes de Cabo Verde, los primeros que disfrutaron de su moma melancólica en las tabernas portuarias de Mindelo. “Tengo buenos recuerdos de mi tierra porque todavía vivo allí, aunque salga a cantar a muchos sitios en el extranjero”, señala, “sé que en el mundo hay muchos lugares bonitos, pero prefiero seguir viviendo en mi pueblo, en mi casa, porque allí tengo mis raíces”.

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Observadora privilegiada de la evolución de los países africanos poco favorecidos, Cesária Évora es consciente de que la visión idílica, romántica, que sus canciones ofrecen de África no se corresponde, por desgracia, con la realidad. De las plagas de corrupción, las guerras y el subdesarrollo, la cantante caboverdiana habla con tristeza, pero con esperanza de prosperidad. “Espero que las cosas cambien para mejor, pero desgraciadamente no puedo influir en los problemas que ocurren en el mundo”, asume, “aunque tengo esperanza de que esta situación mejore, sobre todo para África. Todos los pueblos de África se merecen una vida mucho mejor”.

El trasiego internacional por los escenarios de medio mundo no impide que Cesária Évora tenga una visión real de la inmigración clandestina, quizá el mayor mal que asola a los jóvenes africanos. ¿Actúa Europa con justicia ante el drama del nuevo siglo? “La actitud siempre podría ser mejor, pero en mis viajes compruebo que, no sólo los africanos sino otras personas, han encontrado una oportunidad para mejorar sus vidas en Europa y en América”, explica quien hace unos años fue confundida con una emigrante irregular en el bulevar de Cartagena. “Estos viajes son buenos para el progreso de África: sus pueblos pueden ver que existe otra forma de vida, creo que hay sitio para la comunidad africana en estas sociedades”.

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Además del compromiso africano, Cesária Évora ha prestado su voz y sus canciones a experimentos modernos. En 2003 artistas electrónicos como Carl Craig, 4 Hero o Señor Coconut remezclaron piezas como Angola, Bésame mucho y Miss Perfumado para el disco Club Sodade. “No es mi estilo original, pero creo que ayuda a lograr un mayor interés de las nuevas generaciones, a ampliar el destino de mis canciones y de mi voz”, dice divertida la cantante, “y estoy feliz por ello, pero es evidente que ese no es mi estilo de hacer música”.

Más cómoda se siente Cesária Évora con socios musicales más naturales como el brasileño Caetano Veloso (Regresso), el pianista cubano Chucho Valdés (Negue), el maliense Salif Keita (Yamore) o Jacques Morelenbaum (Café Atlántico). “Todas fueron buenas experiencias porque ayudan a ampliar las influencias en la música, en la mía y en las de ellos”, asegura la caboverdiana para recordar su dúo con el cantautor Pedro Guerra en la canción Tiempo y silencio, de su disco São Vicente di Longe. ¿Existe una particular sensibilidad isleña? “Hay muchas similitudes, en las culturas y en los instrumentos que usamos”, reflexiona Cesária Évora, “porque nuestras culturas son muy parecidas y cantar con él fue una experiencia muy bonita”.

Siempre generosa, Cesária Évora habla con cariño sincero de los amigos que le ha regalado la música, pero no se olvida del público. De su público, al que nunca ha dado la espalda pese al aluvión de músicas étnicas que abundan en los anaqueles. ¿Por qué nadie se aburre de Cesária? Ella se quita méritos: “Es el público el que te lleva al éxito y es el público el que sigue queriendo escucharme. No sé decir por qué ocurre, solo que estoy muy contenta de que sea así”.

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Publicado en el periódico Diario de Avisos en marzo de 2004

 

Canciones de amor y lucha para el futuro del mundo árabe

23 Sep

Souad Massi 1

SOUAD MASSI

por Carlos Fuentes

Canción militante con voz de terciopelo. La intérprete y compositora argelina Souad Massi regresa a los anaqueles con un quinto disco de estudio edificado en torno a la arraigada tradición poética del mundo árabe. En este nuevo álbum El Mutakallimun, la cantante magrebí ofrece argumentos para la vida y la lucha, el amor y el optimismo, frente a las convulsiones que padece el mundo árabe debido, en gran parte, a conflictos sociales nunca resueltos, una desigualdad que parece una plaga bíblica y, en esencia, para recordar las raíces nutritivas de la cultura musulmana ante las tentaciones del fanatismo político-religioso.

No es una voz cualquiera la de Souad Massi. Muchas veces comparada con las de colegas occidentales como Joan Baez, Tracy Chapman o incluso Patti Smith, esta joven cantante nacida en 1972 se ha revelado en la última década como uno de los altavoces más potentes, sentidos y respetados por las nuevas generaciones de hombres y mujeres de los países de la cornisa mediterránea de África, sobre todo ellas, en el convulso mundo árabe contemporáneo. “Creo en la gente de nuestros pueblos que pelea por su libertad y con mis canciones intento transmitir esperanza en la lucha por nuestro futuro mejor”, indica Souad Massi sobre el motivo central de esta nueva producción discográfica, cuyo título se traduce como “maestros de la palabra” en clara intención de dotar a clásicos poemas musicados la voluntad de ser arma política frente al fanatismo. “Por supuesto que mi intención es política”, afirmó la cantante en entrevista con el diario británico The Guardian para presentar El Mutakallimun. “Siempre he soñado con una democracia real en el mundo árabe, también en los países de África, pero cierta gente, ciertos poderes, no quieren una vida en libertad”.

Souad Massi 2

El acercamiento de Souad Massi a la vasta tradición poética árabe no es fruto de nueva cosecha, ni tampoco producto de la desesperación o el oportunismo. Criada en Argel en una familia que incluye también un escritor y una bailarina, Souad Massi estudió los orígenes de la música árabe-andaluza antes de subir a un escenario apenas adolescente. Con 17 años ya cantaba a la manera de las cantautoras tradicionales, guitarra en mano y sin más apoyo instrumental. A la vez, por aquello de no cerrar puertas a las músicas que trajo el mar, también practicaba el flamenco en un conjunto aficionado llamado Las Trianas de Argel. Todo con una pátina amateur que, poco a poco, fue dando paso a la vocación de vivir profesionalmente de la canción. Y el primer fruto fue Atakor, el conjunto con el que Souad Massi se dio a conocer en numerosas provincias de Argelia con las campañas de nacionalismo cultural impulsadas tras la batalla de Argel.

Soaud Massi 4

Pronto vino el salto continental. En el invierno de 1999 Souad Massi aterrizó en Francia buscando una oportunidad en la vibrante escena franco-argelina de los barrios de París. Con Cabaret Sauvage, acompañada de otras voces árabes de mujer, Souad Massi comenzó a llamar la atención con su ágil mezcla de formas amables y verbo combativo. Comenzaron a caer los muros de la indiferencia y la audiencia occidental, que por aquellas mismas fechas disfrutaba del atlético rai de Khaled y de la canción añeja de la septuagenaria Cheikha Rimitti, hizo un hueco en sus corazones para la joven argelina. Estuvo ágil la disquera Island, que firmó a Souad Massi para su sello Mercury y, ya en 2001, publicó un primer disco realizado con Bob Coke, reconocido por sus trabajos para Ben Harper. La alianza surtió efecto. A la voz trémula de Souad Massi, entre la música folk y el rock, se unieron los sonidos envolventes de la instrumentación tradicional: laúd árabe, el bajo acústico llamado gumbri y la percusión metálica de la karkabous. Y así quedaron definidas las líneas estructurales del sonido de Souad Massi.

Con una carrera que se fue afianzando con pasos firmes, la cantante argelina también amplió perspectiva con sus asociaciones con bandas como Orchestra National de Barbès o el cantante Idir, con quien compartió una gira apenas un año después de haber llegado a París. Ahora, después de dos años de trabajo entre traducciones y adaptaciones de poemas, así como sesiones de estudio, Souad Massi reivindica los mensajes de poetas de la época preislámica como Zouhair Ibn Abi Salma o Ahmed Matar, autor iraquí exiliado en Londres que ha aportado dos piezas de hondo significado político como The visit y Freedom. Del poeta tunecino Abou El Kacem Chebbi, autor de las estrofas centrales del himno nacional, fulge la contundente A message to the tyrants o The world, que los jóvenes tunecinos cantaban en las calles para protestar contra el dictador Ben Ali durante la única primavera árabe que trajo cierta democracia a un país africano. “Ese poema tiene un verso que dice “Ten cuidado de que la primavera no te embauque”, y lo elegí porque me pareció una premonición de lo que iba a ocurrir”, indica Souad Massi sobre una de las piezas clave de El Mutakallimun.

Souad Massi 3

Con este nuevo disco, el primero en cinco años después de Raoui (2001), Deb (2003), Mesk Elil (2005) y Ô Houria (2010), la cantante hace valer sus raíces familiares bereberes que permitieron desde muy pronto una conciencia propia para la defensa de los lugares de encuentro entre culturas, en aras del respeto y la comprensión mutuas frente a las tentaciones del enfrentamiento fanático. Por eso Souad Massi cuestiona con vigor tanto el fundamentalismo religioso como la asociación viciada de vincular la fe musulmana con la violencia social. Y no está por la labor de callarse para pasar desapercibida ante la adversidad: “Quedarse en silencio significaría que los terroristas han triunfado y que todos los intelectuales del mundo árabe que han muerto asesinados murieron para nada”, afirma la cantante argelina, que se define como “una mujer feliz, pero melancólica”, porque “no puedo ignorar todo lo qué está pasando en el mundo”.

Publicado en el diario El Confidencial en julio de 2015